Arckanoid ayudó a la literatura: Dame Alas

Dame Alas

La oscuridad llegó al pequeño y tranquilo pueblo de Mure?acompañada por una música celestial, un murmullo de alas queirónicamente presagiaba lo que habría de pasar en el transcurro de esaoscura y lúgubre noche. Sin embargo, todo empezó un poco antes delatardecer, mientras Ioana jugaba en el patio de su casa.

La pequeña niña correteaba inocentemente, sin alejarse mucho de sumadre, quien recogía la ropa que se secaba bajo los rayos del sol. Unpequeño gato acompañaba a la niña en sus juegos, siguiéndola a travésdel patio, pisando con vehemencia las semillas que Ioana le tiraba, ytratando de atrapar un hilo blanco que colgaba del vestido de lainfanta.

Ioana y su gato jugueteaban, esperando a que su madre terminará suslabores en el patio para poder ir a casa, esperar a su padre y cenar enfamilia; pero cuando el sol estaba a punto de desaparecer para dar pasoa la noche, un curioso suceso cambiaría el curso de lo que debió habersido una noche como cualquier otra: Sin previo aviso y sin aparenterazón, el gato de la pequeña Ioana se detuvo en seco, con la miradaperdida en algún punto del horizonte, alzó sus pequeñas patas y maulló,maulló como nunca en su vida había maullado. Un maullido que conteníala tristeza del mundo, de un mundo que cambiaría muy pronto. Y cuandose hizo silencio, el gato corrió en dirección al bosque, dejando a laniña atrás.

Ioana, quien aún era demasiado pequeña para discernir entre locorrecto y lo incorrecto, simplemente corrió tras su adorada mascota,esa que había estado ahí el día que ella nació, y que jugueteaba conella cuando aún no podía caminar. Ese gato era el mejor amigo de Ioana,y ella no lo dejaría ir tan fácilmente. Su madre alcanzó a gritarle quetuviera cuidado, pero las palabras se las llevó el viento,

Cansada llegó Ioana a los linderos del bosque, y vio como su gatose adentraba en él, ya no corriendo endiabladamente, sino por elcontrario, caminando, con las patas en alto y la cola apuntando alcielo, majestuosamente.

Ioana entró también al bosque, buscando a su gato, al que llamabacon su aguda vocecita, que a pesar de ser poco más que un susurro nocontenía dentro de sí ni un ápice de miedo.

Alin, Alin, dónde estás…es hora de ir a casa.

Y los minutos pasaban, el bosque se hacía cada vez más oscuro, laluna se elevaba en el cielo, iluminando el camino de la pequeña, peroAlin, su gato, no aparecía.

Alin, gatitoooo, mamá se va a poner brava si no volvemos pronto a casa.


Pero la pequeña seguía caminando sin encontrar rastros de su gato,y a pesar de lo desconocido que era el bosque para ella, seguíaempeñada en reencontrarse con Alin. Pero de pronto, tras dar unapequeña curva, vio a su gato. Estaba sentado sobre una pequeña roca,que parecía un altar en medio del bosque. Y en el momento en que susmiradas se encontraron, la pequeña vio algo en los ojos de Alin, quehizo que por primera vez en toda la noche sintiera miedo. Aún así esasensación fue momentánea, y rápidamente el gato se acercó a ella ycomenzó a ronronear alrededor de sus piernas.

Ioana tomó a Alin en sus brazos e inició el camino de vuelta acasa. Pero algo había cambiado en el ambiente. La luna se había tornadode un color rojizo intenso, y el bosque estaba envuelto en un silenciosepulcral, un silencia al que ni la niña ni su gato estabanacostumbrados. Aún así, ella no tenía miedo.

El aire ya le faltaba a la pequeña niña cuando llegaron a loslinderos del bosque, desde donde se podía ver una escena grotesca, quepor alguna razón estremeció al gato pero no a la niña:

La casa de la niña estaba completamente destruida. La ropa que sumadre estaba recogiendo estaba esparcida por todo el patio, decorada deforma macabra con su sangre; el pequeño rancho se encontraba en ruinas,destrozado ferozmente, y el cuerpo de su padre colgaba macabramente dela puerta. Y aún así la pequeña Ioana no sentía miedo.

Y dando pequeños pasos, la niña se acercó a lo que quedaba de sucasa, dejando ir a Alin, quien luchaba por alejarse de allí lo másrápido posible, y cuando llegó al patio los vio: una docena de hombresmontados a caballo, vestidos de negro y rojo, colores que contrastabancon el tono de su piel, más blanco que la misma luna.

Razvan, el más grande y corpulento del grupo, se acercó a lapequeña Ioana; los ojos de la niña y del hombre se encontraron, y unasonrisa se dibujó en el rostro de los dos. Razvan miró a sus camaradas,y una voz siniestra y macabra, salió de sus entrañas:

Abandonados en una pequeña isla,en un mar infinito, confinados a un pequeño grano de arena, sin poderescapar. Siglos y siglos han pasado, y hemos observado todas y cada unade las estrellas del cielo. Pero está noche, en este pequeño planeta,la tierra, todo va a cambiar.

Algunos de los hombres asintieron, otros sonrieron, y otros estabanimpávidos, y todavía no podían creer lo que estaba sucediendo. Raznovmiró de nuevo a la niña, con ternura, con miedo, pero sobre todo con unrespeto profundo y se acercó a ella.

Dame alas.

La pequeña Ioana asintió, tomó de la mano a Raznov y en un instanteél y todos los demás hombres que lo acompañaban tenían alas, unas alashermosas, negras, gigantes. Las sonrisas de los hombres se adornaroncon colmillos perfectos, y Ioana abrazo a Raznov, y le dio las gracias.Él contuvo las lágrimas, y sólo puedo pensar en lo hermosa que seríaesta nueva época, en la que los vampiros dominarían el mundo.


Esta mañana he recibido una colaboración en mi blog, a fin de contribuir a la iniciativa propuesta por Desmodius; Yo Ayudé a la Literatura. Sin más, espero que hayáis disfrutado tanto como yo, el relato elaborado por Arckanoid.