Pesadilla de la Eternidad

 

La pesadilla de la eternidaddesfila ante mis ojos.

Conocía ese soldado, demonios, claro que lo conocí. Karl von Draven, segundo deInfantería, tercer pelotón de fusileros. Solíamos cartearnos a menudo desde quenos conocimos en aquella conferencia. ¿Cómo hemos podido dejar que nosconvirtiesen en enemigos? Él era un escritor importante, demonios, valíamuchísimo más que yo. Dios santo, ¿por qué estoy aquí, contemplando susdespojos vestidos de uniforme? ¿Acaso lo merecía? ¿Lo merecemos alguno?

Nopuedo, no soy capaz, ni por un momento, de recordar o imaginar como fue o serála vida fuera de las trincheras. La gente habla de que ganaremos, que la guerramerecerá la pena, que no es más que un mal necesario. Ilusos, inocentes,hipócritas civiles. ¿Cómo pueden siquiera atreverse a hablar de ganadores yperdedores? Un día en el campo de batalla y se tragarían hasta la última de suspalabras. Himnos, vítores, discursos de victoria. Engaños, miserias, fuego paradesatar las más bajas pasiones humanas.

Lasbanderas volaron de los mástiles cuando el primer fusil se disparó y cayó elprimer cuerpo sobre el barro del campo de batalla. Con ellas se fueronorgullos, patrias y naciones, y sólo quedó miseria, botas de cuero sobre carney sangre, galletas podridas por la peste y unos pocos desgraciados que supimosmantener la cabeza a salvo bajo los sacos de arena.

Yanada importa. Demonios, ni siquiera importa si sobrevivo. ¿Cómo vivir una vidacon el olor a carne quemada grabado en el tuétano, con el polvo de lastrincheras nublándome la vista? Aquella firma en la hoja de reclutamiento fuela soga de mi horca. Estaba muerto desde el día en el que me alisté en estaguerra de mierda.

Tansólo lo siento por todos estos muchachos a los que hemos arrebatado la vida.¿Cómo decirles que no era nuestra intención, qué fuimos llamados a las armaspor un país al que solíamos amar?

Derrotista

¿Qué?

 Mírate.Derrotista de mierda.

¿Quécoño quieres decir con eso?

 Madrete espera al otro lado del océano. ¿Vas a dejarte morir, sin más?

  …

 Recuerdaporqué luchas. Recuerda a Maxi.

-¡Soldado,despierta! ¡¿Es que quieres que te

…maten?!…

 

 

 -…unnnnngghhh…

 -Quieto. Estás herido.

 -¿Madre?

 -No soy tu madre. Soy el enemigo.

 -¿Qué?

 -El enemigo. Alemanes.

 -…nggghhhh…

 – Quieto.

 – Y… porqué…?

 – ¿Por quéque?

 – Por qué…me estás… curando?

 – Tus hombresmataron a mis tres hijos y a mi marido. ¿Acaso esperabas que te dejásemosdisfrutar del alivio de la muerte?

 – …

 – No llorestodavía, que mucho te queda por llorar. Y que las ardientes cicatrices deldolor que causaste desquicien tu mente hasta el fin de los tiempos.

 

La pesadillade la eternidad desfila ante mis ojos. 


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La doctrina del shock

La doctrina del shock es muy conocida desde que Klein publicara su imprescindible libro. Esta doctrina ha sido aplicada de forma sistemática desde los años cincuenta para implementar las medidas económicas que la escuela de Chicago. Estas políticas económicas no respondían a ningún criterio racional, sino a la necesidad de favorecer las inversiones de las multinacionales y de los medios financieros de Wall Street.

 

 

 El futuro que nos espera.

Las medidas que se aplicaron en los años setenta en los países citados arriba son: reducción del gasto público en Sanidad y Educación, que provoca un aumento del gasto en los sistemas privados entre la población que lo puede pagar. Disminución de los trabajadores públicos y la consiguiente reducción del empleo Eliminación de las trabas para la repatriación de capitales por parte de los inversores y protección de las inversiones especulativas. Movilización de los medios de comunicación para que defiendan las medidas adoptadas por gobiernos impuestos e indignos, si no directamente golpistas.
El resultado fue introducir sus economías en un bucle destructivo que les llevó a perder las pocas conquistas que habían adquirido, entre ellas cierta autonomía y una aceptable protección social. Esto mismo es lo que se está aplicando en Europa, en Grecia, Portugal, Italia y España, especialmente.
 
 España, año 2012 
 
El caso de España es especialmente sangrante. Los capitales internacionales, impulsados por los intereses del capital español, lanzaron una campaña perfectamente orquestada en 2008 para salvar su riqueza a costa del país entero.
Sabían muy bien que la población no aceptaría la cruda verdad de lo que se iba a realizar, de ahí que se hizo paso a paso. Lo primero fue convencer al anterior gobierno que había que rescatar a los bancos, medida que se realizó con la excusa del Bien común y que ya ha costado la friolera de 280 mil millones de euros, el 25% del PIB español. La deuda privada se convirtió en pública con la ayuda del Banco Central Europeo: los bancos toman el dinero al 1% y lo prestan a España a una media del 4%.
Con este procedimiento hemos pasado de tener una deuda del 36,9% del PIB (2008), la menor de Europa, a ser del 68,7% (2012) y con perspectiva del 79% a fin de año. La maquinaria mediática ha empezado la agresión contra la verdad, inculcando que la deuda es culpa de ZP y del Estado, que es un manirroto. Los datos están claros: el aumento de la deuda se debe en un 80% al rescate bancario y en un 20% a los efectos de la crisis. Ni es culpa solo de ZP, ni mucho menos del Estado social. 

El último de los pasos de este shock contra el Estado social pasa por convencer a la población de que estas medidas nos sacarán de la crisis. Es una pura falacia, saben que España va camino de la quiebra absoluta y este mentalidad es buscada para conseguir meter tanto miedo que nos quedemos paralizados, como ya hicieron en Argentina o Chile, en Indonesia o El Congo. La doctrina del shock se está aplicando contra los españoles de forma precisa y sistemática y nos va a costar el futuro de nuestros hijos. Nos dejan pocas salidas y ninguna buena, pero hacemos algo o esto nos llevará a una oscura caverna durante decenios.
Quizás sea esta la forma de crear otra vez la conciencia perdida. Pero a un precio demasiado alto.

La utopía de nuestra sanidad

 

 "Ahora que ya no estamos en campaña electoral y han pasado las elecciones andaluzas y generales" es el momento de "decir la verdad" sobre el futuro de la sanidad en España y, en este sentido, el portavoz del PP en el Senado ha asegurado que hablar de solidaridad, universalidad o gratuidad es "una utopía".

 

¿Qué se extrae de las palabras de este muy preocupado señor?

 

-A) Que su partido ha utilizado la mentira como arma electoral: por lo visto, "el momento de decir la verdad" llega cuando ya has arrebañado todos los votos que podías con un programa electoral falso o, siguiendo a rajatabla las palabras del buen señor, ocultador de la verdad.

 

-B) Que el dinero de nuestros impuestos ya no vale lo mismo: por más nos dan menos, menos sanidad, menos educación, menos dignidad.

 

– y C) Que la sanidad pública ya no es rentable.

 

En apenas un par de semanas, el recorte de sanidad, 7000 millones de euros (siete mil millones, amigo) se hará efectivo, y en los antes maravillosos ambulatorios y hospitales públicos nos preguntarán si lo que tenemos es tan grave como para que el Estado se haga cargo. Un catarro irá a parar a la privada, y muchas otras más también. Adiós, seguridad social. Adiós, Constitución. Bienvenida sea la sanidad al estilo americano, sólo que, ah, en EEUU no disfrutan de un paro del 23,6%. 

 

Nos quieren matar, joder, y al paso que van lo están consiguiendo. Tú, amigo mío, un día enfermarás, tendrás un accidente de tráfico, uno de tus hijos tendrá que ser operado por cualquier cosa, por que así es la vida, y te encontrarás con unos hospitales hacinados, unas ambulancias que no llegan a tiempo, unos medicamentos que ya has pagado con tus impuestos y que, sin embargo, tendrás que pagar de nuevo. Y te dirán "la sanidad gratuita y universal no es más que una utopía". Y pensarás, como pensarán nuestros hijos de nosotros, "¿cómo coño no hicimos nada al respecto?". 

 

Si estáis tan hartos como yo, basta con echar un ojo por este link o escribir a info@casmadrid.org . Les falta gente como tú, que sepa de cualquier materia existente y que les pueda echar un cable.

 

Si preferís seguir sentados, poneos cómodos. Y esperad a la muerte, sentados, que al paso que va la cosa llegará más pronto que tarde.

Battleship, o «qué buena está la negra y qué alto vuelan los escombros»

 

   

Extraterrestres lanzan una invasión sobre la Tierra y unos apuestos marines han de dar la vuelta a la tortilla. ¿Hace falta decir más?

 

Basta con mirar el cartel: es pura épica hasta las cejas de esteroides, es escombros volando por encima del espectador, es escenas de acción pinchadas de Red Bull hasta el tuétano. Es fantasía. Pura y emocionante fantasía.

 

Un consejo: deja fuera de la sala los prejuicios, las expectativas, la pose y olvídate de todo aquello que te pueda enturbiar la experiencia. Apaga el cerebro y déjate llevar por la montaña rusa de emociones. De verdad que merece la pena. Y, al terminar la película, abstente de odiosas comparaciones, de gafapastismos sin sentido; aleja tus manos del botón de "nueva entrada" en tu blog y guárdate la experiencia para tí mismo. 

 

Que nadie te arruine el viaje a través del universo de emociones que acabas de experimentar. Felicidades, amigo; la chispa de tu inocencia sigue intacta.      

Él

Él. Era Él de nuevo.

 

Todas las noches, pasada y más que pasada la medianoche, él, ese hombre que la robaba el sueñonoche sí y noche también, atravesaba la carretera colindante al pequeño clarodonde ella y su familia política vivían, en algún rincón perdido entre losbosques de Virginia. Corría acompañado del petardeo de su moto militar paraleloa la vía del tren, como si en algún momento pensara abordarlo a su paso, hastaque su camino se desviaba y él se perdía entre la espesura que le rodeaba,hasta que la oscuridad se tragaba las luces traseras de su austera motocicleta,hasta que ella, con los ojos húmedos de emoción, veía desaparecer a su amante,al hombre que la obsesionaba desde que conoció la pubertad, a la vez que eltren de la madrugada rompía el silencio de la noche con un pitido lejano yensordecedor, dejando tras de sí un palpitante humo negro que se camuflabaentre la noche.

 

Todas las noches, exactamente a la misma hora, JohnnyMalone, su amor de juventud, atravesaba su alma de extremo a extremo. Todas lasnoches.

 

El viento le arrancó el cigarrillo de la boca a la vez queel joven John se subía el pañuelo con desdén. El mismo viento se coló por loshuecos de sus mitones de cuero hasta alcanzar su pecho, provocándole un infelizescalofrío que no hacía sino recordarle lo inútil que había sido correr elriesgo de salir esa noche de la base.

 

Las escapadas nocturnas eran una costumbre diaria quecultivó desde la primera noche que pasó entre los muros de la base militar deAtalaya. Con el tiempo, a la vez que subía su rango, sus fugas de medianoche seconvirtieron en algo tan común como el toque de corneta entre los soldados dela base, esa base en la que todo el mundo conocía o se había pegado en algunaocasión con el joven Johnny Malone. Hasta entonces, no fueron pocas las semanasque pasó en prisión ni anduvieron escasas las vueltas de castigo alrededor deldesolador patio del lugar.

 

John Malcolm Malone entró como recluta allá por el soleadootoño del 36, cuando era  poco más que unimberbe novato, un rookie entrado a filas por razones que sólo compartíaconsigo mismo, aunque estas en realidad no eran tan misteriosas como el mutismodel joven soldado daba a entender.

 

La bella, su bella Maximilianne había sido apartada de susbrazos por su malvada familia, que consideraba poco recomendable para unaseñorita del Sur, tan pretendidamente frágil como su nombre hacía imaginar, lacompañía de un bala perdida sin oficio ni beneficio como era John por aquelentonces.

 

Pero él la amaba, la amaba muchísimo, la amaba tanto quehubiera arrancado la finca donde la tenían confinada contra su voluntad y lahubiera llevado de nuevo consigo, al estado de Luisiana, donde se vieron porprimera vez entre los sudores del vestuario y la besó, la besó como nunca habíabesado a nadie tras las gradas de un estadio perdido en el firmamento en unabrazo infinito que fundió sus almas en el vacío de la eternidad.

 

Así que por eso se alistó, aquí, en Virginia, abandonandotodo por su querida Maxi y dando el disgusto de su vida a su sacrificada madre,que no volvió a saber de él hasta el final de la guerra.

 

Él no quería entrar en el Ejército, en realidad. Sus valoresy principios no iban mucho más allá de lo que su abnegada madre le había podidoinculcar con un horario de dieciocho horas y varios trabajos temporales. Johnvagaba por la vida, escapando del instituto día sí y día también, a la vez queprobaba nuevas y peores compañías a cada día que pasaba. A él le bastaba coneso; no soñaba con grandes fortunas, no quería salir en la radio ni nadaparecido. Remolonear tirado en el césped en compañía de un cigarro o vagabundearde emoción ante un robo a tiro era más que suficiente para el joven. No es queJonnhy no supiese qué hacer con su vida; es que lo sabía perfectamente.

 

Pero entonces llegó Maxi, el sexo y todo eso que ocurre enlos 16, y el Ejército se convirtió en precio a pagar por tenerla cerca.

 

Así, todas las noches desde el día que se alistó, se hacíacon una de las motos aparcadas fuera y la ciencia de la calle hacía el resto.Tras arrancarla con métodos muy ilegales, se lanzaba a la carretera queatravesaba el bosque de Fleetwoods. Se cubría la cara hasta la nariz con elpañuelo rojo decorado con arabescos que su tía le regaló cuando cumplió diezaños, para evitar así que algún soldado vagabundo de la zona lo reconociese enuna de sus muchas paradas nocturnas por los bares y gasolineras perdidos por ellugar.

 

Infinitos cafés y copas y tartas de manzana cayeron a supaso por las madrugadas de desvelo, dependiendo si las horas estaban máscercanas a la medianoche o al toque de corneta. Poco a poco fue perfeccionandola técnica de comer y beber con el pañuelo puesto a modo de embozado paraconservar el incógnito, aunque jamás se percató de que el águila americana quellevaba cosido en la espalda de su chupa lo hacía más que reconocible.

 

Al llegar a la pintoresca finca rústica en la que vivían lostíos de Maxi, el soldado embozado tenía buen cuidado en interpretar las señalesluminosas que su novia le dejaba frente a la ventana de su cuarto. Una luzencendida sin discreción significaba que sus tíos seguían despiertos y que notenían intención de abandonar el sofá de vigilia en un tiempo accesible paralos enamorados, por lo que al del uniforme no le quedaría más remedio que tragarsesu frustración y volver a la base, o vagabundear por ahí hasta el amanecer. Laluz apagada venía a significar lo mismo, pero de manera muy distinta; laversión oficial era que el cansancio había podido con la muchacha, peronormalmente era una señal de castigo por algún conflicto entre ellos. Maxijamás le confesó lo mucho que la divertía la picaresca de apagar la luz,esconderse entre las cortinas y esperar la llegada de su amante, que solíahusmear por la zona con velada desesperación antes de volver a la base con elcorazón vacío. Ella se sentía un poco culpable cuando hacía una de estastravesuras, pero siempre buscaba la manera de recompensar al muchacho al díasiguiente.

 

Nada más temía nuestro soldado que el encontrarse con laventana de su amor a oscuras, tras hora y media de viaje en moto a través delos bosques de Fleetwood. Todos sus anhelos nocturnos pasaban por llegar a lacasa y encontrarse una velita discretamente oculta frente a la ventana, símboloque venía a significar que los enamorados tendrían su encuentro, encuentros quelas más de las veces consistían en observarse fijamente durante largo ratomientras conversaban entre susurros y se decían tonterías entre gestos, quehabían de ser inaudibles tanto para los familiares como para Tom, elinsoportable bulldog de la familia. En algunos y muy escasas ocasiones, cuandolos ocupados tíos de Maxi marchaban en atención a alguno de sus negocios, lacasa quedaba en manos de la cómplice sirvienta sudamericana y los enamorados seentregaban a la cópula más escandalosa jamás concebida, como si los gritos deplacer de la muchacha y los tremendos bufidos del soldado, envueltos en losahora insignificantes ladridos del minúsculo perro, hubieran de compensar todasaquellas noches de terrible silencio y ahogo emocional.

 

Gritaban, gritaban sin temor a sabiendas de que nadie losoiría. Uno y mil polvos se sucedían en un torrente de placer que sanaba todoslos males que sufrieron los amantes, entre gritos de placer y susurros deteamo, entre cigarros baratos y whisky fino, entre el presente y el ahora, sinnada ni nadie pudiera atravesar el foso del castillo que un soldado y unaseñorita habían construido sobre una cama de finas sábanas y un edredón bordadoen flores de tela.

 

El amanecer los sorprendía despiertos, y Johnny Malonemaldecía por haber descuidado la hora una vez más, mientras se preguntaba conqué pie se habría levantado esa mañana el Sargento Brody. Se decían adiós entrebesos, y Maxi permanecía largo rato mirando por su ventana para ver desaparecera su amante motorizado entre las nieblas de la madrugada. El corazón de losmuchachos se estremecía de melancolía, pues los dos sabían que quedabaninfinitos días de insoportable rutina hasta que una noche como aquella volviesea darse.

 

 

Base Militarde Atalaya

Virginia,EEUU

 

INFORME DE ARRESTO

 

El Sargento Primero John Malcolm Malone, número deidentificación N-04357, fue arrestado el pasado miércoles, doce de enero de1943, bajo cargos de deserción a la llamada de reclutamiento, desobedienciaviolenta a sus superiores, resistencia e intento de fuga. Como estipulan losTratados de la Guerradel Ejército Americano, la pena que le habría de ser impuesta, doce meses ytres días bajo prisión militar, ha sido sustituida por el reclutamiento forzosodel cual pretendía escapar. Siguiendo lo indicado en los Tratados, el SargentoPrimero John M. Malone ha sido destinado a la base de Rabaul, Filipinas, encumplimiento de su deber, y será devuelto cuando las autoridadescorrespondientes consideren oportuno. Por último, señalar que este mismosoldado ha sido denunciado recientemente en tribunal militar por la familiaHachette-Lauvender, residentes en las cercanías de esta base, bajo acusación deviolación de menores y tentativa de asesinato.

 

A catorce de enero de 1943,

 

C. Baltimore

 

 

Él-Encuentros Rúnicos 2012 by Javier Noriega is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-CompartirIgual 3.0 Unported License.

Noble-Seis

Noble-Seis se despertó en mitad del desierto frente a Nueva Alejandría. Tenía la armadura bloqueada y el cerebro noqueado.

-Umf…

¿Qué había pasado? ¿Cómo había terminado allí? Todo se diluía en un mar de confusión. Trató de revisar los archivos de vídeo del disco duro de su armadura, sin éxito. Había resultado dañado en la caída.

-Sí, una caída…recuerdo una caída -pensó un confuso Noble-Seis.

Jorge.

Un nombre cruzó su mente de extremo a extremo. Jorge. Noble-Cinco.

Jorge y Noble-Seis habían estado luchando por el control de una corbeta Covenant. Pensaban redirigirla a uno de los gigantescos cruceros alienígenas, saturar el motor desliespacial que portaban y mandar al infierno de una vez por todas aquella nave aniquiladora.

Pero algo salió terriblemente mal. El motor desliespacial resultó dañadodurante el forcejeo con las tropas del Covenant y el temporizador habíadejado de funcionar. Alguien debería quedarse, encenderlo manualmente, permanecer allí hasta el final… y entregar su vida por la causa.

Noble-Seis se negó en redondo a dejar morir al Spartan más valioso del Noble Team, pero Jorge no le dejó opción. Lo que parecía un amistoso apretón de manos se convirtió en un fuerte agarrón que arrojó a Noble-Seis por el puente de mando de la corbeta. El más bien delgado Spartan no tuvo opción frente a la corpulencia de Jorge y a su mejorada –y posiblemente ilegal- armadura.

Pero, ¿por qué luchaban? Noble-Seis aún seguía confuso. Recuerdos de su infancia se mezclaban con hechos relativamente recientes, formando un túrmix mental confuso y espeso.

Estaba…¿en casa? Bueno, algo así. Reach había sido su hogar desde que lo destinaron, pero su lugar estaba en la Tierra.

Nació en Midtown-III, una decadente ciudad situada al Norte de lo que hasta el S. XXII había sido España. La antes próspera Tierra, cuna de lahumanidad, se había convertido en un lugar frío y deprimente cuya belleza había sido sustituida por enormes bloques de pisos. Cinco siglosde industria y vehículos unipersonales habían borrado las estrellas delfirmamento, y las farolas debían permanecer encendidas día y noche parasuplir la falta de luz solar. El cielo de la Tierra hacía tiempo que dejó de ser azul.

Sin embargo, él se había criado allí, y aún tenía cariño a su planeta natal. Donde los demás veían decadencia, el veía sus recuerdos, su vida.Su planeta.

Hijo de padres profesores, su infancia pasó alegremente en una hermosa casita a las afueras de la ciudad. Su patio de recreo era un pedazo de bosque superviviente de los excesos humanos, donde jugaba largos días a todo lo que jugaría cualquier niño.

La realidad adulta no tardó en presentarse en su vida, y llegó marcada por tres siglas; E.O.P., plan de ocupación terráquea.

Durante su infancia, la dispersión de la humanidad por las colonias interestelares había provocado que la Tierra perdiese a más de la mitad de su población, que se fue en busca de cielos más azules a otros planetas. Las industrias se fueron en busca de recursos, las personas semarcharon en busca de trabajo y la Tierra, poco a poco, fue recuperandosu verdor.

Pero este éxodo provocó que la gente se rebelase contra la huida de su futuro. Exigían un gobierno independiente frente a aquellos que habían permitido la marcha de sus trabajos, y poco a poco lo fueron consiguiendo. Sin embargo, la ONI no estaba dispuesta a permitir que la capital humana escapase de su control, así que envió batallones de marines a reprimir la revuelta… no necesariamente de manera pacífica.

Los primeros días, los soldados de la UNSC se limitaron a reprimir manifestaciones y a dar sensación de seguridad y control. Pero las protestas siguieron y la ONI decidió cortar el problema de raíz.

Se otorgó el control total de la sociedad a la UNSC, que invadió todas las facetas de esta: Controlaba el comercio, la justicia, la educación. Cientos de personas fueron ejecutadas por “incitación a la desobedienciacivil en tiempos de guerra”. No dejaban salir a nadie de su propia casasin dar explicaciones, prohibieron la circulación sin rumbo fijo, instalaron cámaras en todas las casas y talaron hasta el último de los bosques para “evitar el desarrollo de grupos subversivos en zonas parcialmente inaccesibles”.

Las manifestaciones dejaron de ser pacíficas. Auténticas batallas campales entre soldados y civiles se producían a diario. Decenas de miles murieron, mientras el control de la UNSC se hacía aún más férreo.

La infancia de Noble-Seis terminó el día que los soldados talaron su bosque, y con él toda una vida de recuerdos y experiencias. Mientras losárboles caían, su alma se veía invadida por un torrente de nuevos sentimientos. Ira, frustración. Venganza…

La llegada de la UNSC a las aulas vino acompañada de un nuevo temario más apropiado a “la defensa de los intereses de la ONI y de la Tierra por extensión”. El padre de Seis, profesor de historia terráquea, no pudo tragar con la presencia de soldados en sus clases. Tuvo el valor deencararse con un uniformado que se atrevió a corregirle sus propios apuntes y a repartirlos entre sus alumnos sin su permiso. Le dijo, literalmente, “antes de corregirme en mi propio trabajo, debería limpiarde sangre inocente su uniforme fascista”.

Su madre consiguió burlar las defensas cibernéticas de la ONI en Internet, y desde allí impartió sus clases pro-revolucionarias. Los mismos alumnos que por la mañana recibían las arengas militaristas de laUNSC se conectaban por las noches a su red privada de Intranet para empaparse de enseñanzas guerrilleras.
Ambos lo pagaron caro.

Su madre recibió un disparo en la frente delante de todos sus alumnos, Noble-Seis incluido. A su padre lo condenaron a arresto domiciliario en una casa que ni siquiera era la suya, pues fue demolida por “no adaptarse a los nuevos estándares de ocupación del terreno marcados por el E.O.P.”. Allí se pudrió de pena.

Conscientes de que la represión militar no duraría para siempre, la ONI impulsó la ocupación total de la Tierra y su transformación en el vertedero social, industrial y humano del resto de las colonias; el E.O.P., Earth Ocupation Plan.

Eliminaron los impuestos y regalaron el terreno a las industrias, de manera que les resultase rentable instalarse allí, a sabiendas de que deberían importar la materia prima ya que la Tierra quedó esquilmada tiempo ha. Demolieron las casas unifamiliares y las sustituyeron por enormes bloques de pisos, que invadieron todos los rincones con sus viviendas-cajón a precios ridículos.

De esta manera, convirtieron la Tierra, el planeta azul, en ese suburbioen el que todo el mundo nace y del que todo el mundo huye. El planeta quedó absolutamente esquilmado, un muerto viviente, un enfermo terminal alimentado de los recursos de otros planetas más verdes.

Y Noble-Seis se sentía morir. La Tierra, su Tierra, había sido destrozada, pisoteada y enjaulada por unos burócratas fascistas forasteros. Habían asesinado a su madre y a su padre lo habían desterrado a la más absoluta soledad entre cuatro paredes. A él lo habían condenado a vivir en las calles, sin rumbo, sin hogar y sin futuro, pero sin duda prefería esta vida frente al alistamiento forzoso que la UNSC imponía a mendigos como él.

Pasó dos largos años huyendo de la UNSC, comiendo y viviendo del vertedero que construyeron en su antiguo bosque. Durante ese tiempo, su mente se centró en dos objetivos; sobrevivir y encontrar la cárcel amueblada en la que estaba encerrado su padre. Ya conocía los riesgos; alos condenados a arresto domiciliario las visitas les estaban total y absolutamente prohibidas, para “evitar el contacto con agentes subversivos que pudieran alterar el objetivo de la condena”. Pero Seis quería volver a su padre, y le daban igual las consecuencias.

Aquella noche, Noble-Seis seguía con su incansable búsqueda piso por piso. El cielo brillaba con un potente color rojo bomba, y la calle olíaprofundamente a restos mortales. Seis tenía un aspecto realmente deplorable, con una piel tiznada de suciedad de la que surgían unos finos pelillos que revelaban su verdadera edad. Había envejecido veinte años de golpe, pero mantenía el entusiasmo incondicional propio de su juventud.

Estaba observando por una esquina cuando una voz susurró en su oído;

-¿A quién buscas?

El corazón de Noble-Seis dio un tremendo salto, y todas las fibras de su cuerpo se prepararon para salir corriendo.

Demasiado tarde. El soldado lo había inmovilizado antes de que pudiese reaccionar.

-Tranquilo, chaval. Somos amigos – agarró el walkie y se puso en contacto con su colega- Street Cleaning, 1-1-3. Responda. –Seis se percató de la voz cargada de estática que surgió del walkie- Tengo otro candidato. Calle 235B, esquina con 374. Le espero.

Seis intentó escapar de la llave experta del soldado, sin éxito. Sea lo que sea lo que los soldados quisieran de él, no le quedaba más remedio que escucharlos…

-Somos Independence for Earth, la rama revolucionaria de la UNSC. Buscamos la independencia de la Tierra de la única manera posible hoy endía, dentro del Ejército.
Nuestros rangos nos evitan la vigilancia constante de la ONI y nos permiten acceder a documentos clasificados de vital importancia.

-Creo que lo ha pillado

-Ya, y… ¿qué queréis de mí? – Seis no se encontraba en el mejor estado como para comprender la situación.

-Sabemos que buscas a alguien –dijo el segundo soldado- Y creemos que podemos ayudarte.

-Sí, yo…busco a mi padre. Arresto domiciliario.

-Con una condición. –Seis lo esperaba- Que te unas a nosotros.

-Soy todo vuestro. ¿Qué queréis que haga?

-No es tan fácil –y esto no lo esperaba- Para poder unirte a nosotros, debes alistarte en la UNSC, con todo el entrenamiento, sacrificio y…frustración que supone ingresar en filas enemigas.

-¿Es imprescindible?

-Totalmente.

-Y supongo que no estaríais dispuestos a ayudarme desinteresadamente, ¿verdad?

-Lo siento, amigo. A estas alturas ya nadie da nada gratis.

-Ya…bueno, supongo que lo pensaré. ¿Cómo contacto con vosotros?

-Mañana, en este mismo sitio, a esta misma hora. Y ahora búscate la vida, mendigo. Nosotros haremos la vista gorda.

Noble-Seis huyó por los tejados y llegó hasta la periferia más alejada que pudo encontrar. Necesitaba pensar, y pronto.

Alistarse en la UNSC…la mera idea le daba arcadas. Esos hijos de puta uniformados habían asesinado a su madre, y a su padre lo habían desterrado en la más absoluta soledad. Le habían arrebatado todo aquelloque le importaba, sus seres queridos, su hogar, sus recuerdos….su vida.Alistarse no era una opción.
Pero…¿qué alternativa tenía? Tarde o temprano, los soldados lo capturarían y el Ejército lo usaría como carne de cañón, como hacían contodos los sin techo. Los de Independence for Earth le habían asegurado su aval al alistarse, así que su seguridad estaría relativamente garantizada.

Y lo más importante, necesitaba ayuda médica, y pronto. Llevaba dos añoscomiendo comida podrida de vertedero y durmiendo sobre fría roca. Teníatoda su ropa hecha jirones y todo su ser se veía regularmente invadido de un terrible dolor punzante que no lograba localizar. Necesitaba comida caliente, un techo y una cama. No duraría mucho si seguía viviendo de la basura ajena.

Pero él siempre había sido un hombre íntegro…

Recordó unas palabras de su padre; “En tiempos difíciles, todo se reducea sobrevivir”. Sí, su padre…tenía tantísimas ganas de verle…

Además, él no se alistaba para servir al Ejército, sino para boicotearledesde dentro. Siguió repitiéndoselo durante un buen rato.

Puede que así consiguiera creérselo.

Noble-Seis entró en uno de los baños de la Base Asylum y se vió a sí mismo reflejado en el espejo rectangular.

Sintió que una arcada le doblaba en dos, y vomitó.

La imagen de su madre fusilada se clavó en lo más profundo de su mente.

Volvió a mirarse en el espejo, y de nuevo vomitó.

Comprobó el parche de su hombro. Las siglas de la UNSC lo miraban sin compasión. Se imaginó a sí mismo reprimiendo manifestaciones, talando bosques y matando inocentes.

Esta vez pudo reprimir la arcada, pero poco le quedaba ya en el estómago. Se lavó la cara, las manos y se pellizcó varias veces antes delanzar un gemido ahogado.

Aquello…aquello no era una pesadilla.

Seis aún mantenía las costumbres de mendigo que lo habían mantenido con vida aquellos infernales años. Comía con voracidad y atropelladamente, sus manos le servían como cubiertos y se aseguraba de engullir hasta reventar. Es muy posible que estuviese infringiendo varias normas militares y del buen gusto, pero a estas alturas ya le daba francamente igual.

-Soldado, existen los cubiertos, ¿sabes? –uno de los uniformados de IE le sorprendió en pleno festín.

-Grrrrmf…-la mirada de lobo hambriento de Seis lo dijo todo, y más-

-Ya. Entiendo. En fin, traemos buenas noticias, cadete. Hemos encontradoel lugar donde encerraron a tu padre. Podremos visitarlo esta misma noche.

Seis no estaba seguro de querer oír eso.

Desde el momento en el que subió al Warthog que lo llevaría hasta la cárcel de su padre, Noble-Seis supo perfectamente lo que iba a encontraruna vez allí.

Aquella noche, el cielo parecía estallar sobre sus cabezas. La capa de humo en la que habían convertido el brillante firmamento reflejaba la luz de las farolas con fuerza desmedida, casi nuclear, y apenas dejaba levantar la vista del suelo. El aire estaba terriblemente contaminado, tanto que hacía tiempo que no se podía salir a la calle a pie.

Y mi deber es asegurar que todo esto siga así, pensó un desalentado Noble-Seis.

Apartó ese pensamiento de su mente y se centró en su objetivo actual; alfin daría con su padre. Trató de recordarlo, pero el tiempo había pasado implacable sobre su memoria. Era increíble que sólo hubieran pasado dos años, pensó el soldado. Parecía toda una vida.

El Warthog aceleró a través de una avenida desierta, y al fin llegaron a la cárcel de su padre.

El edificio donde estaba encerrado era como el resto –ladrillo descubierto, diez alturas- salvo por un detalle; las ventanas eran diminutas y todas estaban implacablemente cerradas. Un mal presentimiento le recorrió el espinazo.

Desde el primer hasta el último escalón de los nueve pisos que lo separaban de su padre, Seis sintió ese escalofrío agudizarse, más y más acada paso que daba. Sabía, sentía y casi tocaba lo que iba a encontrar,pero se veía incapaz de asumirlo.

Al fin llegaron al noveno piso. Una puerta carcelaria los recibió. Esta tenía una placa metálica con un número inscrito, 2589. Cerradura triple,dos seguros en cada una. Reflejaba a la perfección el pavor de la ONI hacia la libertad humana y de pensamiento.

La cerradura plateada giraba sobre sí misma, en infinita espiral, produciendo un curioso sonido como de huesos fracturándose a cada vueltaque daba. Noble-Seis sintió que se le retorcía más y más el estómago, como si la llave estuviese girando dentro de lo más profundo de su ser…

Y al fin, la puerta se abrió.

Sus ojos se entrecerraron y sus pupilas se dilataron, abrumadas por el blanco brillante que dominaba la habitación.

Sus fosas nasales se abrieron y captaron un fuerte olor familiar, como de… ¿vertedero?

Su oído captó el desaforado volar de las moscas hambrientas en torno a su sustento…

Sintió una gota de sudor helado deslizándose por su espalda…

…y su boca se vio invadida por un gusto pastoso, como a plástico salado…

Allí estaba su padre, tendido sobre el suelo acolchado, con la cabeza abierta sobre la pared rodeado por un enorme charco de sangre vieja.

De su cara totalmente descompuesta pendían dos ojos llenos de orificios que resbalaban sobre una piel completamente enmohecida. Seis observó quele faltaba la parte anterior de la muñeca derecha. Su padre se había cortado las venas… a mordiscos.

Observó el cadáver desfigurado una y otra vez, esperando sentir ira, frustración, venganza. Algo.

Tan sólo sentía el mismo vacío que llevaba arrastrando todo este tiempo-

Permaneció impávido, mirando fijamente los restos podridos de su antigua vida durante largo tiempo.

Y no sintió más rabia, odio e ira de lo que ya estaba acostumbrado. Finalmente, apartó la vista del enmohecido cadáver y comprendió la situación.

Ya no le quedaba nada que perder. No tenía nada, no tenía a nadie.

Tan sólo tenía una misión que cumplir.

Los años siguientes pasaron rápido.

Noble-Seis y media Base Asylum fueron destinados al planeta Reach, corazón militar de la humanidad. Allí, Seis y los muchachos de IE pudieron acceder a muchísimos más documentos clasificados que ayudaron alos habitantes terráqueos en su lucha por la independencia. Seis se labró una reputación letal a base de pegarse con medio Ejército, pero ledaba exactamente igual. La rabia, el odio y la frustración seguían ahí,y necesitaba desahogarse de alguna manera.

Sin embargo, no se podía decir que estuviese allí a disgusto. Por primera vez en mucho tiempo, Seis sentía que había encontrado un hogar. Tenía amigos, tenía manutención y tenía algo por lo que luchar.

Y es que su traslado a Reach no había sido casual; la guerra contra el Covenant estaba llegando a un punto crítico, y la UNSC necesitaba todo el músculo que pudiese encontrar. Y Seis se sentía profundamente aliviado de que sus principios coincidiesen con los objetivos de la misión; una raza alienígena con aires de grandeza –por lo visto, no eramos los únicos- venía a aniquilarnos y a arrasar verdes planetas, y había que impedírselo. Nada de doble moral, nada de la mierda que sentíaen su interior cuando lo enviaban a operaciones contrainsurgencia.

Había que para los pies al Covenant, y pronto.

De hecho, Noble-Seis se sentía profundamente implicado en su lucha contra el Pacto. Se ofreció a todas las pruebas, proyectos y experimentos que pudo, no sin antes asegurarse de que todos los datos e informes de sus primeros años se extraviaran “accidentalmente”. Lo último que necesitaba es que alguien rebuscase en su pasado.

Uno de esos proyectos fue el programa Spartan-III.

Seis había oído hablar de ellos. Auténticos guerreros acorazados, invencibles máquinas de guerra, verdaderas leyendas entre las tropas y un valor seguro en combate. Ya conocía los riesgos, el dolor y el sacrificio necesarios para convertirse en uno de ellos. La mayoría de los soldados habría rechazado inmediatamente, pero él había visto de cerca lo que el Covenant hacía a los mundos, y no soportaría ver caer más planetas por falta de músculo. Por falta de su músculo.

La falta de candidatos para el programa –por lo visto, los del proyecto III al menos se dignaban a preguntar- y el alarmante rumbo que estaba tomando la guerra hicieron que Noble-Seis fuese inmediatamente aceptado.

Los meses siguientes fueron duros, terriblemente duros.

Sufrió física y psicológicamente más de lo que cualquier soldado hubiesesoportado jamás antes de morir exhausto. Pero ya estaba acostumbrado a sufrir.

Sintió en sus carnes el azote del hambre, el pinchazo de la angustia, laintensa lanza del dolor. Sin embargo, no era nada nuevo para él.

Su cuerpo creció con más dolor del que jamás hubiera sentido. Se le doblaba el estómago regularmente, su cabeza parecía estallar y sufría ataques de ansiedad todas las noches, sin excepción.

Pero no era nada que no sintiera antes.

Así, Noble-Seis se convirtió en el Spartan-III número 312.

Se trabajó una fulgurante carrera en la lucha contra el Covenant. Salvó vidas, muchas vidas de la destrucción alienígena, mientras su rango militar subía como la espuma a la par que las medallas en su pecho.

Se sentía profundamente orgulloso, tanto de sí mismo como de sus colegas. En su uniforme ya no veía vergüenza o terror, solo esperanza y futuro.

Su implicación en el proyecto SABRE salvó al mundo de Mamore de la amenaza Covenant y lo catapultó al Salón de los Héroes del Ejército, honor reservado a unos pocos privilegiados.

Pero Noble-Seis era perfectamente consciente de lo que le esperaba en la Tierra una vez terminada la guerra.

Independence for Earth había aprovechado la relajación de la ocupación contrainsurgencia causada por la guerra, y tenían todo listo para que, una vez ganada la guerra –en el supuesto de que la humanidad venciese- la Tierra rompiera las cadenas de la opresión y se liberase del yugo de la ONI. Tan sólo necesitaban la implicación de Spartan-312 para conseguirlo.

Y Noble-Seis estaba listo para afrontar su destino en la Tierra, costara lo que costase.

Pero antes, había una guerra que ganar.

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El rugido de un motor despertó a Noble-Seis de su ensimismamiento.

Alzó la vista y se dio de bruces con un gargantuesco crucero Covenant que flotaba en el aire, esperando la señas de sus camaradas en tierra para comenzar a vidriar Reach.

Y eso es algo que Noble-Seis no estaba dispuesto a permitir.

Noble-Seis, in mémoriam

 

Noble-Seis por Javier Noriega se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Reconocimiento-CompartirIgual 3.0 Unported.
Basada en una obra en www.bungie.net.

Mi corazón se quedó en Disneyland

Normalmente, no me suele costar tanto empezar una entrada, así que vayamos derechos al tema. Hará un par de días volví de un viaje de fin de curso en Francia. De este viaje hay mucha tela que cortar, y, si mi vieja amiga la pereza crónica me lo permite, procuraré publicar un resumen, porque realmente lo merece.

 

Volviendo al tema, dicho viaje incluía una visita a Disneyland. En principio, no parecía gran cosa (ya sabe a esta edad; uno se cree demasiado mayor para estas cosas), pero oíganme, fue llegar y sentirme invadido por un optimismo y una alegría vital que pocas veces (nunca, para que nos entendamos) he tenido oportunidad de sentir. Ya sé que para un chicarrón de tal enjundia está feo decirlo con semejante orgullo infantil, pero bueno, asín semos.

Y es que todo, todo parecía perfecto. Los inmensos jardines, bien provistos de toneladas de azúcar y merengue, pero que, a ojos de alguien ya inmerso en su particular ambiente, se mostraban bellos y perfectos. Los magníficos decorados (y aquí si que no falla nada; son simplemente perfectos, mención especial a Westland y al espacio dedicado a la ci-fi). El cosquilleo antes de montar al Space Mountain, entre emoción y miedo (con extras para este último; a los desafortunados pasajeros del viaje anterior a mío se les paró la atracción debido a una avería, con el consiguiente pastel intragayumbero) y el subidón posterior, absolutamente todo perdía ese aroma a cartón piedra que destilaba en principio y tus ojos lo veían desde un prisma infantil, desde el cual la frontera entre realidad y ficción se difuminaba.

 

Pero aclarémonos: Todo esto sólo puede haberse construido con cantidades obscenas de dinero, tan necesario en otros lugares del mundo. Y obviamos el hecho de que Disney representa el capitalismo más imperialista y globalizador. Pero eh, desde dentro, la sensación que deja al títere, al muñeco en sus manos, nosotros, es auténticamente… perfecta.

Nótese el hecho de que la palabra más repetida en este artículo es "perfección". Disney, hija de la gran puta. Conmigo lo has conseguido.