Colección «Grandes clásicos intemporales». Fascículo 2: Buster Bros

El clásico de hoy es relativamente reciente en comparación con algunos títulos que trataré, pero no por ello es el peor: de hecho, es el que yo considero el rey de los salones recreativos cuando estaban en pleno auge, dorada época ya pasó debido a la popularización de las consolas domésticas. Hablaremos del Buster Bros, conocido por las nuevas generaciones como Pang.

Comencemos por repasar la mecánica del juego: una pareja de hermanos, el azul y el rojo [en el modo de un jugador sólo manejaremos al azul], se enfretan a una invasión de lo más curiosa: esferas de colores que rebotaban por todo obstáculo que pillaban. Como buenos héroes [seguro que americanos], cuentan con un arsenal para luchar contra las bowlings: arpones y ametralladoras, todas con munición infinita. Cuando disparas a una bola, se va dividiendo en esferas más pequeñas, llenando de pelotitas la pantalla. El quid del juego no es destruir las pelotitas, sino hacerlo mientras las esquivas, teniendo cuidado con que cuanto más pequeñas son, más rebotan y más rápido lo hacen… sumado a que nuestros héroes no son precisamente el Correcaminos, pues la gracia del juego podéis verla.

Este título [saga más bien] no tiene la misma historia que Tetris, por ejemplo, pero bueno, algo sí tiene para contar. Aunque todo el mundo conoce las versiones de Pang de Capcom [incluido, de hecho, en Capcom Puzzle Collection de PSP], el padre original de esta criatura fue Mitchell Corporation, basándose en un juego anterior perdido en los albores del tiempo llamado Bubble Buster [que podéis encontrar en múltiples páginas de juegos en Flash]; justo debajo os ofrezco una pantalla de la versión de ZX Sinclair Spectrum.

En versiones más avanzadas, ya conocido como Buster Bros, nuestros aventureros protagonistas disfrutaban de fondos más coloridos, recreando paisajes y hasta monumentos históricos. El trayecto mundial que realizaban los hermanos Buster era: Japón, Tailandia, Australia, India, Rusia, Francia, Inglaterra, España [Barcelona city], Grecia, Egipto, Kenia, Estados Unidos, Sudamérica, Antártida y finalmente la Isla de Pascua, siempre representando alguna imagen característica del país [las pirámides de Egipto, las ruinas de Atenas, el Taj Majal de la India, los moais de la Isla de Pascua…].

Por suerte para el sufrido jugador, porque el juego es difícil con cojones, teníamos a nuestra disposición un interesante arsenal de armas: comenzábamos con unos arpones que podíamos transformar en arpones dobles, un gancho que se colgaba del techo y que ahí se quedaba hasta que una pelotita golpease y una ametralladora estupenda para cuando las pelotillas rebotaban alto, pero que perdía eficacia a medida que las esferas perdían fuerza. Aparte, había unos items que podíamos conseguir previa destrucción de unos bloques especiales [que, por cierto, no podían romperse con la ametralladora]: un campo de fuerza que permitía una distracción momentanea [el item más útil sin duda], un reloj que paraba el tiempo 4 segundos [de sobra si llevabas una ametralladora y las pelotillas estaban en lo alto], un reloj de arena que ralentizaba las bolitas, vidas extras [nunca sobran y casi nunca aparecen] y cartuchos de dinamita que convertían todas las esferas de la pantalla en su mínimo exponente [este item era una puñeta a veces, porque a ver cómo te las apañas con tanta pelotita dando la lata].

Una de las primeras versiones domésticas, como comenté arriba, aparecieron para el Spectrum de Sinclair en 1991, pero el horrible sistema de cargas que los usuarios de este ordenador tuvimos que sufrir [horrible en ocasiones y totalmente desaconsejado para quien quiera una partidita rápida] no hizo que se luciera como debe ser. No fue hasta la versión de Commodore 64 y Amstrad GX4000 que el gran público no pudo conocer este título en todo su esplendor, pues se eliminaron los tiempos de carga, permitiendo partidas más fluidas y obligándote a estar pendiente del juego [no, ya no te daba tiempo de hacerte un bocata y pasear al perro entre fase y fase]. Por cierto, cabe destacar que la versión de Spectrum, a pesar de lo dicho, fue consagrada como uno de los 100 mejores juegos de esta plataforma [el número 74 exactamente].

Desde entonces, muchas otras consolas han albergado este clásico de los recreativos, alcanzando su máximo nivel el Super Pang Collection de PSX y Capcom Puzzle Collection de PSP, no sólo permitiendo jugar con el Pang clásico, sino con otras versiones con nuevos niveles y nuevos añadidos… pero dado que estas innovaciones se alejan del clásico, no creo que merezca la pena entrar en ellas.

Y con esto creo que ya me quedé sin nada que contaros de este juego que tantas monedas de 100 pesetas me hizo perder… Pang es un juego para toda la familia, así que si un día os hacéis con una copia de las chorrocientas versiones que las consolas ofrecen no dudéis en proponerle una partida a un amigo, os aseguro que los piques están asegurados. Y por último una pista: quien haya jugado al recopilatorio de puzzles de Capcom, que sepa que uno de los títulos que vienen incluidos será el siguiente objeto de mis análisis.