Oda a la Felicidad [Reflexión De-Mente]

Hay días de días. Días soleados, días lluviosos, días nublados, días tornasolados y para los más románticos hay días enamorados. 

Hay días fugaces, días eternos, días aburridos, días hiperactivos, días dormidos, días hambrientos, días flacos, días gordos, días muy flacos y días muy gordos.

 

También hay días para dormir, días para trabajar, días para arreglar la casa, días para estudiar alemán, días para soñar, días para matar, días para ti, días para los demás, días para odiar y días para amar.

 

Además, están los días de Rayuela, los días de Castaneda, los días de Hoffman, los días de Sartre, los días de Goethe, los días del Principito, los días de Concurso de Relatos, los días de lectura apasionada, los días de lectura obligada, los días de no quiero leer, e incluso, una vez cada dos años, los días de Harry Potter.

 

Y están los días de carne, días de pollo, días vegetarianos, días de café o para los más rolos días de tinto, días de maracuyá, días de Coca-Cola, días de ayuno y días de festín.

 

Hay días de negro, días de blanco, días de beige, días de azul, días de camisa, días de saco, días de capota, días arropados y los más divertidos, los días desnudos.

 

Y como ya no se te va a olvidar no lo repetiré más: días lleva tilde. Pero más allá de que un día sea soleado, fugaz, para ti, del Principito, de café y de capota o que un día sea enamorado, muy flaco, para soñar, de Hoffman, de ayuno y desnudo siempre existirán los días tristes y los días felices.

 

Y aunque los días tristes son menos siempre opacan a los más felices. ¿Por qué? Esos días felices, donde casi todo llega a la perfección, donde todas las personas son una sonrisa que se extiende más allá de los límites de las mejillas, donde todo lo que puede salir mal sale bien, y donde todo lo que puede salir bien sale mejor; esos días los olvidamos, los sellamos, no los compartimos, los dejamos pasar sin ton ni son, o acaso has escuchado a un amigo tuyo decirte: “¡marica! Si le contara, es que tuve un día TAN FELIZ”

 

¡No! Eso no pasa. Somos felices contando nuestras tristezas (que ironía) los enamorados solo cuentan sus peleas, los deportistas solo cuentan sus derrotas, los estudiantes solo cuentan sus malas notas, los hijos y los padres solo cuentan sus peleas, los noticieros solo hablan de guerra y esa tristeza, ínfima entre tanta felicidad, crece elevada a la n potencia, y todo es culpa de nosotros.

 

Por unas historias más felices, por unos días más bonitos, por una vida más sonriente, por una sociedad más alegre, DESAHOGA TUS DÍAS FELICES, opaquemos esa tristeza, llenemos nuestra memoria de recuerdos agradables, compartamos nuestra felicidad.