El quejica: El cine, tras Megaupload, agonizante. ¡Anda, como mi cartera!

 

 Es imposible que me sienta identificado con esta imagen. Me falta el ron.

 

Yo, si me lo permitís, quisiera romper una lanza a favor de la piratería (concretamente la del sector cinematográfico), esa demoníaca lacra del siglo XXI; aunque procuraré que mi opinión no sea tan simple y baladí como decir lo típico que esbozan pre-purbers que no saben como era la vida antes de internet, o que para su desgracia, han olvidado lo que era.

A veces, al leer comentarios al respecto, sobre todo al tratarse del problema de la piratería y las descargas masivas de cine, tengo la sensación de que la historia de la humanidad empezó el día que se inventó internet. Lo digo concretamente por todos esos comentarios del tipo: "Si te parece caro, no pagues y no la veas, pero no descargues, porque bla bla bla". Vamos a ver, internet no ha cambiado apenas NADA en realidad dentro de este asunto. Desde siempre, la gente ha visto cine, y no necesariamente ha pagado por todas las películas que han visto. Antiguamente, cuando no había internet, estaba la TV, y sigue estando la TV. Los estrenos de cine tarde o temprano acaban apareciendo en la pantalla pequeña, y es solo cuestión de tiempo que se emitan la mayoría de ellas. Lo único que ha cambiado internet en este sentido, es el tiempo que tardábamos en ver una película, desde el día que se estrenaba, hasta que se emitía a través de un medio por el que no teníamos que pagar. Por otro lado, internet incluso ha mejorado y potenciado la difusión de este arte, poniéndonos al alcance de nuestras manos metrajes que de otra manera ni siquiera habríamos sabido de su existencia; pero volviendo a las desfasadas VHS, nunca estuvimos obligados tan siquiera a tragarnos la publicidad entre corte y corte (que sería nuestro “pago” por consumir cine de los canales de TV), ¿o soy el único que ha grabado cintas VHS programadas desde que empezaba la película hasta que acababa, para verla al día siguiente tranquilamente? No iba a ser yo el que empezara a ver un film a las 22:00 hasta la 1:00, e ir a clase al día siguiente con sueño, ojeras, y suspender ese examen chungo de matemáticas que tanto odio pero que necesito aprobar para mi porvenir personal y profesional.

 

Tu banda sonora hasta que te mueras de viejo/a.

Ahí es donde internet ha causado, por así decirlo, mayor impacto dentro de este sector. Antes, mucho antes de todo esto, también éramos unos "piratas". Grabábamos películas en VHS y las veíamos, o se las dejábamos a un colega, o los cinéfilos llenaban estanterías de cintas que habían grabado en TV (una herencia en vida de mi padre que le agradezco de corazón). Seguíamos consumiendo, y no pagábamos, y era perfectamente legal. Siempre lo ha sido, porque las herramientas ya estaban listas, y todo el mundo sabía perfectamente cómo se usaban, incluso aquellos que se quejan de este "problema"; pero aun así se permitió.

Yo lo veo de esta manera. Internet ha hecho que el consumo audiovisual se haya disparado, pero además de ser posible cuantificar su flujo (porque dudo que antes contaran cuantas grabadoras de VHS se dejaban encendidas mientras se emitía un film), y este mismo efecto ha provocado una visión distorsionada en productoras, editoras, y demás sectores de este medio. Se ha dado por hecho que una descarga equivalía a una entrada perdida, y por ello se ha utilizado la piratería a través de internet, como el principal chivo expiatorio para inculpar todos los problemas que haya podido atravesar el sector; pero siempre han omitido gran parte de la realidad que duele admitir, más afrontar, y más aún solucionar; y es que el propio crecimiento de este sector es el que está provocando sus periodos de declive.

 

De las más caras, y desastrosas.

Si echamos un vistazo, por ejemplo, a los presupuestos empleados en el cine actual, en comparación con el cine de hace 15-20 años, podemos encontrar algunas respuestas. Si antes los grandes referentes de superproducciones eran cintas como Jurassic Park o Independence Day (muy justificados sobre todo desde la perspectiva de post-producción), cuyas cifras oscilaban entre los 70 y 80 millones de dólares, ahora los grandes referentes son títulos como John Carter, Battleship o la próxima Total Recall (Desafío Total) que andan entre los 200-250 millones de dólares sin incluir gastos de promoción, y como veréis, no necesariamente se va todo ese dinero en contratar estrellas de gran renombre. En ese otro bando, el de las películas con grandes estrellas que llenan el cartel con su cara y su nombre, tenemos ejemplos como Ángeles y Demonios, que contó con un presupuesto cercanos a los 150 millones de dólares, y de los que se estima que un tercio fue a parar solamente al bolsillo de Tom Hanks.

Así que hago cuentas y me encuentro con que el cine, a nivel de costes, se ha disparado como Froilan apuntando a su pie la espuma, duplicando o triplicando sus presupuestos. Una pregunta general: ¿vuestros sueldos se han duplicado o triplicado en estos últimos 10-15-20 años? ¿O el de vuestros padres? Ajam, seguro que pocos pueden decir que sí. Sin embargo, hay una única razón por la que este cine de consumo masivo ha ido recibiendo más y más dinero a medida que pasaban los años, y es que la gente ha pagado por ver dichas películas. De otra manera, esto hace tiempo que se habría considerado insostenible. Es cierto que el crecimiento de público que asistía a las salas de cine, o que pagaban para disfrutar de él, es el que propicia todo esto pero, ¿acaso este crecimiento no se está (o se ha estado) produciendo en el mismo periodo temporal en el que las descargas masivas de internet se sucedían un día sí y otro también? Entonces… ¿las descargas de internet son las responsables de que las recaudaciones de taquilla hayan descendido en los últimos tiempos? ¿Seguro? ¿Y no es posible que esa misma masificación que ha producido internet, haya hecho que la gente pueda acceder más fácilmente al cine, y obtener así una mayor afición a la misma, ergo, mayor asistencia a salas? Quizás me esté adentrando demasiado en el país de las gominolas y los arcoíris, pero lo que tengo claro es que no todo es tal y como lo han ido contando desde hace tiempo. Al menos algo sí que sé con seguridad: No es la sociedad la que debe amoldarse a la industria, sino que la industria debe amoldarse a la sociedad.

Es cierto que iban a cambiar las cosas tras su cierre… a peor.

Yo lo tengo claro. Si no hubiese existido crecimiento a nivel de beneficios, no debió haberlo a nivel de costes de producción. Todo ese crecimiento se ha producido en una época que el cine y otros medios han convivido directamente con el P2P, torrents o los servers de descargas directas, los medios más "inmediatos" y masivos de consumir cine sin ir al cine o pagar por un DVD, así que yo, personalmente, veo muchas contradicciones, y más aún si solo se señala a la piratería como único "responsable" del declive de menor asistencia a las salas. Ahora se decía que con el cierre de Megaupload todo mejoraría, pero no lo ha hecho, sino que ha empeorado. Siguen habiendo programas P2P, torrents o DDs en servers menores, pero está claro que se ha debido de sentir el impacto en internet y en el nivel de descargas, ya que las demás marcas más conocidas como Mediafire, Rapidshare, etcétera, han creado un efecto dominó. Sites y webs especializadas en descargas han visto todos sus enlaces rotos o borrados, y consecuentemente, se ha necesitado un periodo prolongado para “retomar” las cosas como estaban antes. Sin embargo, eso no ha hecho que la gente vaya más al cine. ¿Por qué?

Las razones, para muchos, saltan a la vista cuando miramos nuestra cuenta corriente o la lista de la compra, o cuando nos hincamos de codos con la calculadora delante y el calendario al lado, deseando poder pasar página. Cuando una persona normal, como tú, como yo, como cualquier espectador potencial de cualquier película, tenemos una báscula con un tope, y en ella ponemos y apilamos gastos como el alquiler o la hipoteca, facturas de electricidad, gas y agua, gastos en alimentos, gastos en ropa y calzado, objetos de higiene, sanidad… transporte público o coche propio, móvil/teléfono, etcétera, nos damos cuenta de que el porcentaje para nuestros “caprichos” suele ser bastante bajo, y una parte de él se va a tu banda ancha de internet (si es que todavía no tienes que recurrir a robársela al vecino). Si a eso sumamos que gracias a este periodo de crisis económica, la cantidad de desempleados está disparada y en plena subida de la “Tourmalet” (solo que va a una velocidad más propia de un descenso en picado con doble tirabuzón), los EREs en las empresas se producen día sí y día también, y los descensos en nuestros sueldos, cortesía de las magníficas reformas de nuestro gobierno, dando vía libre para que un empresario pueda recortarte tranquilamente, un 5, un 10, o hasta un 15% de tu sueldo (y puede que más)… Por favor, ¿quieren que vaya a la taquilla más cercana corriendo? ¿Quieren que alimente día sí y día también a una industria que mueve millones con un simple apretón de manos, y que ni siquiera forma parte de ese no reducido grupo de gastos que se consideran “de primera necesidad”?

 

Balance de taquilla española en 2012 y comparativa con 2011:

1º Semana
2º Semana 15,20%
3º Semana 2,50%
4º Semana 19,00% <- cierre megaupload
5º Semana 1,10%
6º Semana 29,70%
7º Semana 22,00%
8º Semana 35,00%
9º Semana 22,50%
10º Semana 16,10%
11º Semana 47,00%
12º Semana 24,00%
13º Semana 23,00%

Pero por supuesto, si no puedes pagarlo, no lo descargues. Afortunadamente para ellos (la industria cinematográfica), yo aún me acuerdo de cómo sentarme en una butaca al menos una vez al mes.

Por mi parte, y por la parte de muchos, creo que lo tenemos claro. El día que no se pueda ver cine por internet mediante un torrent o un DD, y no dispongamos de una alternativa viable, NO será el día en que decida ir a la taquilla del cine corriendo, sino el de desempolvar nuestra vieja VHS, o hacer mejor uso de nuestra TV con disco duro, o nuestra capturadora de video, programarlo a la hora concreta, y disfrutar al día siguiente de una película moderna, quizás con un par de añitos de retraso, pero bueno, nadie dijo "cuándo" tenía que verla.


 

Videojuegos: Rage

 

Sinopsis: El mundo ha sido destruido a causa de un meteorito que se estrelló contra la tierra. La única esperanza para que la humanidad sobreviviera más allá del cataclismo, eran las personas criogenizadas en arcas enterradas y diseñadas para aguantar el mismísimo fin del mundo. Muchos años más tarde, tu cámara se abre, y te toca explorar un mundo desconocido y árido, donde algo sobrevivió a la hecatombe.

Opinión del autor: Rage es un FPS desarrollado por Id Software, es decir, los padres de los FPS modernos y de sagas como Doom o Quake. Hay mucho renombre tras este juego, muchos años de desarrollo, y unas expectativas que saltaban por las nubes desde su anuncio. Lamentablemente para mí, Rage ha sido una de las experiencias más decepcionantes que he tenido. Rage se concibió para ser un híbrido entre los shooters tradicionales en primera persona, y los sandbox al más puro estilo Borderlands. El primer error quizás es ese, llegar después de Borderlands, u otros juegos como Fallout, que aunque son distintos a estilo, inevitablemente recuerdan mucho por la estética y planteamiento.

 

 
 

A medida que juguemos a Rage, visitaremos un reducido número de localizaciones y ciudades donde podremos realizar misiones y encargos, algunos vitales para seguir la aventura principal y otros como alternativa. Fuera de estas ciudades tenemos el yermo, por donde nos desplazaremos con vehículos que iremos obteniendo, y accederemos a lugares como ruinas, escondites de bandidos y otras edificaciones donde cumpliremos las distintas misiones. Hay un buen puñado de lugares que hacen las veces de “fases”, y a medida que avancemos en la trama principal, veremos que lo de “fases” está descrito en el sentido más clásico de la palabra, pese a que sea un sandbox a grandes rasgos.

Además de las misiones normales en las que jugaremos como si fuese un tradicional FPS, tendremos carreras de vehículos y otras pruebas motorizadas al más puro estilo Mad Max, y también tendremos alternativas on-line en cooperativo y multijugador que hacen más completo el juego, aunque todo lo bueno queda ahí. Rage, a las pocas horas de jugar, se desenmascara como un título extremadamente mecánico. Argumentalmente está vacío, sin ningún tipo de peso o relevancia (y ojo al dato con el final, que te viene sin que casi lo esperes y muy abruptamente). Jugablemente el juego se maneja bien, pero como he dicho, todo es muy mecánico y simple. Las localizaciones no tienen apenas alternativas, volviéndose por momentos algo “pasillero”, y las misiones a ejecutar se repiten en exceso. Las alternativas dan algo más de variedad, pero se tornan aburridas.

 

 
 

Técnicamente, al menos en la versión de PS3 que es la que he jugado, tiene graves problemas a la hora de cargar texturas, y tampoco resulta demasiado sorprendente en pleno rendimiento. La IA es algo más competente en ocasiones, pero el juego es tremendamente sencillo (de hecho, es el primer juego que he empezado a jugar en su dificultad más alta, y solo me ha llevado 12 horas completarlo, por lo que tenemos que apuntar en la lista la duración como factor negativo). En fin… Rage es decepción pura para mí. Su principal virtud, quizás, es el hecho de que como FPS resulta sencillo de manejar, y adictivo durante los primeros compases, a medida que recolectamos más armas, recetas para fabricarnos nuestros útiles y munición, o con algún minijuego como el de las cartas. Sin embargo, el juego es mucho más genérico de lo que aparentaba, se torna aburrido a medida que jugamos, muy mecánico en desarrollo, vacío e insípido en argumento, con fallos técnicos importantes, una duración bastante corta para tratarse de un sandbox, y una dificultad más sencilla de lo que podría haber ofrecido. Además ni siquiera plantea cosas nuevas, pues todo lo que ofrece lo hemos visto en anteriores juegos. Definitivamente, es un juego que tiene muy poco que ofrecer, y que solo le medio salva disponer de varias opciones on-line para variar, y parte del contenido.

 

Nota Metacritic: 81 (PS3/X360) – 79 (PC)

Nota mía: 5

El quejica: Series de TV con “síndrome del heliocentrismo”.

 

Señor, usted padece el "síndrome del heliocentrismo",
(que es tener más caradura que cinismo).

Bueno, voy a iniciar un nuevo apartado de mi blog que, como su propio nombre indica, va a centrarse en quejas y críticas duras contra todo. Cuando digo todo, digo que hoy igual tocan series, mañana películas, y al día siguiente política, sociedad, o la teoría de la relatividad. Esta es una sección expresamente dedicada para abrir debates constructivos donde poder discutir distintos puntos de vista de un mismo tema, y así compartir nuestras opiniones y teorías, de manera amena y civilizada, con argumentos razonados y no fruto del fanatismo o de posibles boicots. Dicho esto, creo que dejo claro que este tipo de entradas reflexivas no son con ánimo de crear una mala atmósfera, ni se van a construir por mi parte alrededor de argumentos que busquen simplemente defenestrar y despotricar contra algo o alguien. De hecho, como el propio nombre de la sección indica, me lo tomaré con un puntito de humor si es posible.

Y ahora, ¡¡¡AL TURRÓN!!!

 

Yo soy el Sol. Vosotros giráis alrededor de mí.

Hasta ahora, no había dedicado apenas tiempo para hablar de series de TV, otra de mis aficiones que no podía faltar teniendo en cuenta que soy un fanático del cine. La hermana prima II lejana de la pantalla grande, llamémosla “pantalla pequeña”, también tiene un lugar en mi corazoncito y en mi tiempo de ocio, y que me ha regalado o me está regalando en la última década una gran cantidad de series que merecen mucho la pena. Tanto es así que se dice que está siendo una nueva era de oro para la TV con programaciones que sobrepasan en calidad a sus parientes híper-presupuestados de la gran pantalla. De hecho, es casi lo único de lo que pueden presumir hoy en día muchas películas, pues ni siquiera el contar con más actores estrella de renombre es una ventaja, ya que actualmente muchas series cuentan con grandes nombres en sus filas o con la suficiente fama como para añadir un plus de interés en los espectadores, y los que no, cuentan muchas veces con profesionales suficientemente solventes.

 

Ejemplo de seriaza cojonuda, para que me entendáis.
 
 

El caso es que, después de esta lamida de poronga, la cosa no es tan magnífica como parece, y de hecho, me he podido dar cuenta de que hay un buen número de series de TV que juegan sucio con nosotros, espectadores, y que lamentablemente, como los índices de audiencia muestran, lo hacen de puta madre vendiéndonos algo como “la rehostia” cuando en realidad nos estamos comiendo un producto mediocre de cojones. Voy a hacer especial hincapié en un sub-grupo al que he calificado como los afectados por el “síndrome del heliocentrismo” (termino inventado por servidor. Haré patente). Como algunos sabréis, el heliocentrismo es la teoría de que el Sol (y otras estrellas) es el centro sobre el que giran el resto de astros (planetas, etcétera). Algo igual pasa con algunas series de TV actuales, donde todo gira alrededor de un único elemento; y concretamente me refiero a un personaje crucial. Generalmente el protagonista. Algunos diréis: ¡¡¡Buuuhhh, si el resto de series también giran en torno al argumento, pero qué coño hablas tú!!! Dejemos esto claro cuando me refiero a un ”elemento concreto”. Un argumento sobre el que gira un film o una serie suele ser mucho más amplio, provisto de tramas y sub-tramas que cobran su importancia a lo largo del desarrollo (o no, en el caso de malas historias), y no fijamos nuestra atención en un único punto concreto. Los pacientes de “síndrome del heliocentrismo” depositan casi toda la atención en un único punto muy concreto, y es el principal motor que mueve el conjunto.

Creo que muchos conocéis series que han sido construidas de esta manera, alrededor de un protagonista carismático y llamativo por distintas razones. Uno de los casos más conocidos y famosos es “House”, la famosa serie médica donde el Dr. House es un hombre con un humor ácido, cínico, negro, y borde, muy borde. Es uno de los mejores ejemplo para explicar y razonar por qué este tipo de series de TV, por mucho que gusten, son en su mayoría una trampa de dudosa calidad. De entrada, ya me parece bastante arriesgado plantear una serie que se apoye únicamente en un elemento clave como es el protagonista. Si por cualquier razón este no cae bien a la audiencia, o no funciona por lo que sea, la serie está condenada al fracaso y el ostracismo. En caso de salir bien, la jugada puede ser maestra y albergar a una gran cantidad de seguidores que se engancharán al programa simplemente para seguir las aventuras y desventuras de su personaje favorito. Así que, visto así, creo que se deben tener muy seguras las opciones antes de lanzar una moneda que es a cara o cruz.

 

Sip, síndrome a la vista.

¿Por qué considero que este tipo de series son mediocres, y en algunos casos, una tomadura de pelo? Porque realmente no nos están mostrando nada de interés, y en última instancia, sustituyen el que debería ser el núcleo central de cada serie (historia, argumento) por una amalgama de situaciones que, una vez más, giran en torno al protagonista. Es decir, el argumento de un film o una serie por lo general, debería ser el centro sobre el que deberían girar todos los elementos, incluido protagonista, y no ser el argumento el que vaya al ritmo del personaje principal. En caso de ser la segunda opción, se deberían plantear desarrollos argumentales más ricos, variados, y bien estructurados, pero como veremos, mucha series caen en la redundancia y la repetición, lo cual hace que todo se vaya al traste.

Esto no es por sí solo algo malo (que todo gire alrededor de un protagonista). Muchas películas giran en torno de un personaje para crear las distintas situaciones que se suceden, y en algunos casos, dan como resultados grandes films. El problema es que las series son un formato excesivamente largo para emplear este recurso. Una película durará aproximadamente lo que duran 2-3 capítulos de una serie “prime time” como House, y si esta, en cada temporada, es alargada hasta más de veinte capítulos, os podéis hacer una idea. Más aún en el caso de la mencionada “House”, si la serie completa se alarga (si no me equivoco) hasta las 8 temporadas. Haced cálculos. Lo lógico es que en algún momento el hastío aparezca por adoptar la repetitiva fórmula que describiré a continuación.

Para dar la sensación de que estas series son mucho más extensas e interesantes, se adopta una estructura genérica en la que cada capítulo supone un caso distinto que resolver (con alguna que otra excepción que puede alargar el mismo caso a un par de capítulos). No nos engañemos. Volviendo a “House” como ejemplo empleado, da igual si el doctor debe curar un ictus o una tuberculosis, que siempre será igual. En muchos casos, se resuelve de idéntica forma. Vease:

“Paciente llega al hospital, aparentemente no es para tanto, y luego le da un jamacuco que se queda medio muerto. Investigar a saco (incluido sacar trapos sucios, lo hace más interesante), descartar enfermedades, y dar “in extremis” con la solución, a veces (demasiadas veces) por iluminación sagrada (llamémosle “casualidad oportuna”) tipo: El barrendero me pregunta la hora, y se me ilumina la bombilla (como cuando al profesor Layton se le ocurre un puzle). Añadir desenlace trágico cada dos o tres veces por temporada para aportar un punto de sensibilidad.”

– ¿Cómo diste con la cura?
– Me miré al espejo y se me ocurrió. No preguntes.
 
 

Y así, se van sucediendo capítulos que, durante sus 40 minutos aproximados de duración, 35 se destinan a ese caso concreto, y el restante para una hipotética progresión en lo que sería el “argumento principal” de la serie. Esto se emplea en muchas otras series. Poniendo otra como ejemplo, “El Mentalista”, tenemos todos los capítulos con casos sueltos donde el protagonista salva el día con algún malabarismo mental y un jueguecito donde engaña a todos los presentes para dar con el culpable; y por otro lado tenemos el caso de “John el Rojo”, el “Némesis” de nuestro protagonista, que aparece de vez en cuando en algún capítulo dedicado a él, otras veces reaparece de manera breve un par de minutos, y otras ni existe. Este tipo de “trama principal”, más que cumplir su obligación como centro de atención, lo que hacen es cumplir la función de “gancho”; es decir, es la “excusa” a la que se aferran distintas series para seguir desarrollándose “ad infinitum”.

Este es el verdadero problema de estas series de TV. El 90% de lo que nos enseñan es paja, simple relleno. Historias cortas que vistas desde una perspectiva más amplia, no suponen más que un “corta y pega” indiscriminado de situaciones vistas ya en otras series e incluso en la misma serie. Una estructura manida y engañosa que se camufla alrededor de una figura icónica, un personaje que hace de gancho junto a su posible trama central, que no es tal, sino que es otro gancho más con la que mantener al ajeno atento a ver como progresa esa historia. La trampa es que, en la mayoría de los casos, no existe tal progresión. Suelen declinar por tramas personales entre protagonista y secundarios, y juegos de esquive tal como: “ahora ya está solucionado, ahora no, ahora resulta que el que creías que era el malo no es el malo, bla bla bla”.

Y una vez más, resuelvo la situación de puta casualidad. Pero como soy el prota, a la mierda todo.
 
 

Este tipo de estructuras y desarrollos se aplica a todo tipo de géneros. Ya he mencionado el caso de “House”, o en series de tema policiaco como serían “El Mentalista” o “Castle”. Todas siguen un mismo patrón, y suelen degenerar en el mismo tipo de conflictos (asesinos o casos complejos y con un agravante personal hacia el protagonista. Relaciones sentimentales con otros personajes…). Incluso en las conocidas “sitcom” existen casos así, como es el caso de, por ejemplo, “Cómo conocí a vuestra madre”. ¿Cuál es la historia central (en teoría)? Cómo conoció Ted Mosby a su esposa y madre de sus hijos, y cómo se lo cuenta a estos. ¿Cómo va la cosa? Pues llevan 6 temporadas (si no me equivoco), y todavía no saben quién es la puñetera madre. La única diferencia es que aquí la historia no gira en torno a un solo personaje (y en todo caso ha ido inclinándose cada vez más a lucir a un secundario de esos que aparecen muy de vez en cuando y salvan la situación, véase, Barney Stinson), pero aun así, podríamos hablar de un hipotético caso/variante de “síndrome del heliocentrismo”.

Sin embargo, hay casos de que una serie que aun sufriendo un “síndrome del heliocentrismo”, hace las cosas bien. Un buen ejemplo que se me ocurre sería la serie “Dexter”. Independientemente de que guste más o menos la serie o su protagonista, cumple las reglas del “síndrome del heliocentrismo” (argumento y otros personajes giran alrededor del protagonista, el cual a su vez es el principal gancho de la serie por su carisma o su singularidad), pero a su vez, establece una estructura totalmente distinta a otras muchas series. En vez de dedicar cada capítulo a un caso distinto, plantea una trama principal que se alarga durante toda una temporada completa. Por otro lado el protagonista (Dexter) tiene una serie de casos independientes, y aun más importante, tiene una historia central que se prolonga a lo largo de toda la serie (en este caso, el propio protagonista, Dexter, y su evolución tanto a nivel psicológico como a nivel de entorno a su alrededor: Familia, amigos, etc.). Es decir, pese a estar centrado en un único personaje, la serie plantea casos independientes, casos más amplios, y una trama más a nivel personal que evoluciona a lo largo de toda la serie, y su progresión es evidente y contundente en algunos casos, sin estancarse en tópicos manidos aunque incluya elementos sentimentales, etc.

 
 
Incluso él sabe que mola más.
 
 

Finalizando este artículo, considero que muchas series que sufren de este “síndrome del heliocentrismo”, pese a que gustan mucho y calan en el espectador, están muy desprovistas de elementos que realmente hagan de ellas una buena serie; y es que no se puede simplemente crear un protagonista carismático y a partir de ahí echar a correr. Es necesario que se vea una progresión más clara y evidente, y que a ser posible, no caiga en los tópicos redundantes que podemos ver en muchas series, y mejor aún, que sus distintos casos no parezca un “copia y pega” ya visto, añadiendo un par de paridas para justificar y argumentar diferencias. Por supuesto, estoy seguro de que muchos de vosotros seguiréis algunas de estas series que he citado o que cumplen esta regla, y estaréis encantados de ello. No caeré en la hipocresía, pues yo mismo he seguido varias de estas (obvio, si no, no hablaría de ello), pero seamos honestos, ¿Cuántos de vosotros habéis terminado de verlas al completo, y habéis acabado con un buen sabor de boca? ¿Estáis de acuerdo con la tesis planteada en este escrito? Comentad.

Cine: Independence Day

 
 
 

Argumento: Una serie de naves extraterrestres de tamaño descomunal han llegado a la tierra y se han posado en el cielo de distintas ciudades y países de todo el globo. Ahora la humanidad tendrá que averiguar si vienen en son de paz o con la intención de iniciar una invasión, y si es esto último, cómo hacer frente a un enfrentamiento con una raza provista de tecnología claramente superior.

Opinión del autor: Seguramente mucha gente en su día quedó impresionada de este film en un principio por el apabullante apartado audiovisual del que hacía gala, y la magnitud de las naves alienígenas. Lo cierto es que, sin duda alguna, es lo más destacable de la película, e incluso hoy en día creo que conserva bastante bien la capacidad de impresionar. Es este elemento clave el encargado de hacer que, durante el primer tercio del film, antes de la invasión y del inicio de los ataques masivos, nosotros como espectadores viviésemos esos momentos previos con tensión. La puesta en escena, los diseños y el clima que genera todo ello hacen de este inicio algo realmente impresionante, y que consigue su objetivo con creces, que no es otro que hacer que el espectador entre dentro de los acontecimientos que están sucediendo en pantalla, y sea uno más de los muchos personajes que contemplan el suceso con inquietud y nerviosismo.

 

Después del ataque, parece que las naves extraterrestres mataron por el camino a los guionistas (uno de ellos el propio Roland Emmerich, director de la cinta). Pese a que las batallas aéreas conservan la espectacularidad y el buen hacer para que el ritmo no decaiga demasiado, la coherencia de la historia cada va cayendo más y más en picado, y los actores no ayudan en absoluto, los cuales cada vez toman más forma de cliché y estereotipo, sin olvidar el tan asquerosamente sobado “modo patriota: ON” que se gastan muchas películas yankees, con discursos “emotivos” con música épica de fondo, y un presidente de los EE.UU que no duda en subirse a un caza y luchar contra los invasores. Yeah, los “americans” los tienen cuadrados, los más chulos del planeta, of course.

 

Sin mucho más que profundizar (porque no nos engañemos, tampoco da para tanto el film), Independence Day fue una gran producción palomitera que quedará grabada en nuestras mentes por suponer en su día un nuevo cénit en los efectos visuales, y como estos, y el desarrollo inicial, hacen del primer acto de esta cinta algo realmente remarcable. Desde que cae el gran petardazo y las naves se cargan medio mundo, no me habría importado un cartel donde pusiera “The End” y un texto a modo de epílogo en plan “pues sí, venían a invadirnos y lo hicieron”, y cerrar así la trama. Me habría ahorrado unas actuaciones tópicas, un argumento cada vez más absurdo e inverosímil, y una descarga de patriotismo y épica casposa propia de fantoches con aires de superioridad. Lo único bueno, y que realmente hace que esta película salve el culo, es que no aburre apenas, y eso que no es precisamente corta la jodida, pero es un genial ejemplo de cómo desaprovechar un potencial visual impresionante con una historia simple y llanamente gilipollas.

 

Nota IMDb: 6.7

Nota Metacritic: 59

Nota Filmaffinity: 5.2

Nota mía: 5