Los jardines de la luna. Steven Erikson.

Hay autores que se lanzan a crear un universo y recrean miles de años desde la formación de los continentees hasta la época en que transcurre la acción. Hay otros que cuentan la historia que tienen en mente y, como pertenecen a una corriente que sigue la senda de Tolkien o la de George R.R. Martin, casi se apoyan en sus mundos recreando ese trasfondo en sus novelas.

Huelga decir que estos segundos suelen hacer novelas mucho más pobres, con muy poca originalidad y que basan su encanto en que la Fantasía es de por sí interesante y si pones muchos diálogos y una búsqueda o hazaña adecuada se lee rápido, se disfruta rápido porque recuerda a otras cosas mejores que ya has leído, y se olvida aún más rápido.

En cambio los autores que realmente quieren contar algo propio, que les importa que lo que escriben sea bueno, suelen dar un resultado realmente distinto. Ejemplos de universos propios hay varios, La Rueda del tiempo de Robert Jordan, El Señor de los Anillos de Tolkien, Canción de Hielo y Fuego de George R.R. Martin o Elantris de Brandon Sanderson son cuatro buenos ejemplos.

Steven Erikson es otro que ha creado su propio universo.

Comienza en medio de una guerra en la que suceden multitud de cosas a multitud de gente y en general bastante malas. Esto contrasta porque la mayoría de las novelas de fantasía comienzan con un viaje iniciático. Sea para llevar un anillo o para luchar con el señor oscuro y no volverse loco, suele haber un elegido.

Aquí hay un cierto elegido por una moneda conectada con los dioses del azar, pero la novela es bastante coral con varios personajes muy distintos: asesinos, magos, brujas, alquimistas, ladrones, caballeros, espías, demonios, emperadoras, soldados, seres no humanos, pseudo-zombies y todos con caracteres y formas de ser bien marcadas. Especialmente interesante es Kruppe, un personaje desconcertante y con gran importancia en la novela.

En medio de esa guerra se desarrollan los acontecimientos en la ciudad libre de Darujisthan donde se enfrentan las facciones del imperio, los "abrasapuentes" (un grupos de comandos especialmente queridos por el anterior emperador y bastante prescindibles apra la actual), los poderes de la ciudad, los tiiste andii, especie de elfos negros que luchan contra el imperio, la guardia Carmesí de Caladan Brood, héroe rebelde, y el dominio painita que queda como amenaza que se cierne en el este.

Muchos personajes, muchas insidias, mucha magia y mucha acciión con bastante originalidad en el tratamiento de la magia y en general en los hechos.

 Además, veo que en las novelas que tienen asesinos como protagonistas, por fin han llegado a la conclusión de que los asesinos lo que buscan es matar de la manera más efectiva. Eso es un problema cuando quieres que el héroe, que es un gran luchador capaz de enfrentase solo a cien soldados con su imponente espada, sobreviva, teniendo en cuenta que se le puede envenenar de múltiples formas o matarlo de multtud de formas bastante seguras sin que el héroe tenga tiempo a decir "Santiago y cierra España" o lo que dijeran los antecesores del Capitán Trueno.

Es un desafío pero se empieza a asumir y los buenos escritores son capaces de resolverlo con elegancia como Steven Erikson.

La novela en general es muy buena. El desconcierto inicial tarda unas cuantas páginas en superarse y es densa porque se extrae la información sobre la marcha, aunque realmente es la mejor forma de meterse en la historia. Además, el resultado del sobresfuerzo merece la pena y se obtiene una magnífica historia con un  buen final que a su vez es un final abierto y con un acto final por parte del" elegido" que a cualquiera que haya leído otras historias sobre elegidos le provocará una sonrisa.

Muy recomendable, pero más en la línea dura y ambiciosa de la fantasía que en las novelas de Margaret Weiss y Tracy Hickman.

 Saludos fremen.