Kobayashi, Serpientes en la Noche.

    Apuntó al pecho. La cabeza era un objetivo arriesgado a ciertas distancias, un blanco demasiado pequeño y muchos factores que podían provocar que errase el tiro. El torso era la opción más segura, ya que con un proyectil de aquel calibre las posibildades de alcanzar un organo vital eran sumamente altas.

El asesino, tumbado sobre la gravilla que cubría la azotea del edificio, ajustó la culata del rifle al hombro y colocó la mejilla sobre la parte trasera del arma. Era importante posicionar bien la cara. Con el pómulo separado de la culata en el momento del disparo, el retroceso provocaría que el arma golpease el rostro del tirador de la misma forma que lo haría un puñetazo directo y certero. Tras afianzar la posición, cerró el ojo izquierdo y observó silencioso a través del arma.

La mujer seguía ahí de pie, totalmente distraída, con la mirada perdida a través de la gran ventana que dominaba la habitación. Vestía una camisa larga medio desabrochada. Y nada más.

Kobayashi chasqueó la lengua molesto consigo mismo.

Ella era sumamente atractiva, pero aquello no era una cuestión sexual. Sus labios carnosos, esos ojos preciosos y almendrados y esa piel que parecía tan suave a una distancia tan amplia… Agitó la cabeza casi sonriendo. No, estaba seguro de que ella no era para nada su tipo de mujer.

Deslizó el dedo sobre el gatillo y aspiró profundamente, contando los segundos y manteniendo la cruz de la mira en el pecho de su objetivo.

  
   La sargento de policía Jane Kaneda apartó la vista del enorme ventanal que gobernaba su estudio, un ático situado en el centro de la ciudad que había alquilado tan solo unos meses atrás.

Observar la ciudad durante la noche producía en ella una sensación de relax casi adormilante. Podía pasarse horas mirando las luces, la gente, el ajetrero… Todo ello silenciado por la distancia y el grueso cristal. Se dio la vuelta y anduvo despacio hacia el escritorio situado frente al ventanal, mientras se recogía el pelo y se pasaba la mano por el cuello, cansada.

Odiaba reconocerlo, pero finalmente aquel caso estaba pudiendo con ella. Logicamente no se lo había insinuado a nadie, ya que hacerlo habría significado mostrar debilidad por su parte y eso era algo que no se podía permitir en su puesto.

Tras tres años de investigaciones, tan sólo dos días antes habían consegido intervenir con éxito en un traspaso de drogas de suma importante en los muelles de Tokyo. La redada había sido un éxito total ya que tres importantes familias de la yakuza participaban en el negocio. Cuarenta y dos personas fueron detenidas en el mismo momento o en horas posteriores a la operación. Tras los interrogatorios habían obtenido direcciones, nombres, situaciones de casas francas… Y, lo que era más importante, suficiente información como para relacionar a poderosas empresas en negocios nada respetables.

Pero todo éxito tenía su cara amarga y las amenazas no tardaron en llegar. La prensa se había hecho eco de la operación y ahora la cara de Kaneda aparecía en todos los informativos relacionados con la "profesional y existosa operación policial" en los muelles de la ciudad. Gracias a la televisión, todos y cada uno de los miembros de las mafias implicadas en las detenciones sabían su nombre y su aspecto, y aquello era algo muy peligroso.

En apenas unas horas, Kaneda se había ganado más enemigos que en sus siete años de servicio. En el cuerpo habían insistido en asignarle protección las veinticuatro horas, pero ella había rechazado tal idea. Reconocer que tenía miedo no era su estilo. No lo había sido nunca, y no iba a empezar a serlo a ahora, pero el estrés comenzaba a consumirla poco a poco.

Se sentó pesadamente en el grueso sillón de cuero frente al escritorio mientras se encendía uno de aquellos cigarrillos americanos. Sobre la mesa había una marea de informes y documentos que casi devoraban un pequeño pero moderno portatil situado en el centro. Entrecerró los ojos a medida que el humo se expandía, envolviéndola pesadamente hasta perderse sobre el pequeño haz de luz que proporcionaba la pequeña lámpara del escritorio, y comenzó a repasar por enésima vez los documentos y las declaraciones tomadas en los días anteriores.

Un crujido sumamente descarado llamó su a atención.

Giró sobre si misma lo más rapido que pudo, mientras su mano derecha se dirigía de forma instintiva hacia dónde debería estar su arma. Pero la glock descansaba junto al resto de su ropa sobre la cama, en le habitación contigua. El asaltante, vestido completamente de negro, la estaba a apuntando directamente a la cabeza con una pequeña automática.

Era de eseperar. Había sido demasiado imprudente y temeraria. Aquellas poderosas organizaciones buscaban eliminar los problemas, y ahora ella representaba el problema más molesto de toda la maldita ciudad.

La Yamaguchi-gumi te envía recuerdos… .-dijo la sombra en apenas un susurro tras afianzar el arma con ambas manos.

Kaneda no abrió la boca. Flexionó las piernas y colocó los brazos en posición defensiva. Se dispuso a girar al rededor de su atacante, paso a paso, dispuesta a abalanzarse e intentar luchar por su vida en un angustiosos combate cuerpo a cuerpo. El hombre giró en el mismo sentido que ella, lentamente y apuntándola firmemente con el brazo extendido. Sus miradas se cruzaron durante unos segundos a medida que sus cuerpos describían un circulo perfecto, como dos serpientes buscando el momento preciso para lanzarse y hundir los colmillos profundamente. Kaneda se preparó para actuar, pues el disparo a quemarropa era inminente.

En apenas una milésima de segundo, el hombre se dobló sobre si mismo y salió despedido a tres metros de distancia con un agujero del tamaño de un puño sobre el vientre. La sangre salpicó repentinamente la cara y la camisa de Kaneda, que apenas tuvo tiempo de parpadear. Antes de que el cuerpo sin vida de su atacante tocase el suelo, el ventanal estalló en miles de diminutos y brillantes pedazos.

La mujer saltó agilmente tras el escritorio. Sujetó la mesa con fuerza y tiró de ella hacia abajo de forma que el grueso tablón de la mesa se interpuso entre ella y el amplio marco del ventanal. Los papeles que descansaban sobre la mesa se esparcieron caóticamente por toda la habitación, ayudados por la brisa que provenía del exerior.

Se limpió la cara con energía y comprobó que la sangre aún estaba caliente. Resopló entre dientes, furiosa consigo misma por no tener su arma cerca, y, con la esplada pegada a la mesa, se asomó cuidadosamente por uno de los extremos para mirar hacia el exterior e identificar al tirador.

¿Había fallado y el disparo y aquel proyectil tenía como destino su cabeza? En ese instante se encontraba completamente indefensa… ¿Por qué no volvía a actuar? ¿Por qué un francotirador tras haber enviado a alguien dentro de la misma habitación? Decenas de preguntas comenzaron a agolparse repentinamente en el interior de su confundida cabeza, mientras intentaba controlar el pequeño temblor involuntario que recorría sus piernas de arriba abajo.

Las cortinas se agitaban con una ululante canción, mecidas por la suave corriente de aire que llegaba a través del ventanal.

    Kobayashi retiró la cara del arma. Habída sido un blanco perfecto. Durante aproximadamente una hora, había tenido tiempo de identificar al objetivo, un hombre vestido completamente de negro, dentro de la habitación. El cazador cazado, pensó. Ahora, tras la satisfacción que aquello le había producido, se sentía molesto por haber destrozado un cristal que parecia tan caro.

Observó a la atractiva mujer detenidamente, mientras se repetía una y otra vez que no era su tipo. Su rápida reacción resultaba sorprendente. Había saltado tras el escritorio en busca de cobertura con una rapidez admirable. Sin duda alguna, otro disparo de aquel calibre habría atravesado diez mesas como aquella abatiendo al blanco tras ellas, pero no por ello su reacción dejaba de ser lógica e inteligente. Guapa, dura y con cabeza. Quizás si que era su tipo.

-Esta noche no, sargento.-susurró mientras cerraba ambas partes de la mira.

Recogió el casquillo del proyectil, aún humeante, y retiró el rifle de la cornisa del edificio, plegando el bípode que sostenía el cañón. Tras esto, sujetó el arma contra el pecho y comenzó a arrastrarse por la gravilla lentamente, en dirección a la puerta que daba a las escaleras de servicio.

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   El sonido producido por la vibración del teléfono móvil sobre la mesa resultaba sumamente desagradable. Kobayashi alargó el brazo lentamente, con la cara aún hundida en las mantas.

La habitación estaba sumida en una suave penumbra, rota de vez en cuando por la suave iluminación que producia la televisión, encendida y con el volumen al mínimo.

En un esfuerzo casi titánico, abrió un ojo para leer el contenido de la bandeja de entrada.

De: Corporación Kaizen Suru [ ????]

Asunto: Frustrar intento de asesinato. Sargento de policía especial Kaneda, Jane. Entre las 20:00 y las 02:00. Resto de datos adjuntos. 8.375.000 yenes.

El asesino frunció el ceño extrañado. Los asuntos de la corporación no eran problema suyo, pero resultaba curioso que quisieran proteger a un agente de policia. Los últimos trabajos habían consistido en eliminar a importantes nombres dentro de la yakuza. Y ahora esto… El trabajo era el trabajo, pero quizás había llegado el momento de investigar un poco por cuenta propia.

Hundió de nuevo la cara en la almohada, murmurando palabras incomprensibles y dispuesto a aprovechar las últimas horas de sueño antes de volver a su aburrida vida cotidiana.

Tiró el teléfono sobre la mesa y el aparato se deslizó para caer por el otro lado, golpeando el suelo de forma contundente. En la televisión, junto con las imágenes de unas detenciones, emitían un noticiario con la cara de una atractiva y joven mujer.

"Jane Kaneda, responsable de la exitosa redada en los muelles, se niega a prestar declaraciones…"


"Kobayashi tiene clase, es profesional y está loco. ¿Quieres saber más?"

Hasta aquí la tercera entrega sobre las andanzas de este peculiar personaje. Como los anteriores capítulos, Serpientes en la Noche queda añadido a los bloques laterales.

A pesar de que, muy probablemente, en el siguiente capítulo no se mencionen, la Corporación Kaizen Zuru y la sargento Jane Kaneda cobrarán más importancia en un futuro próximo.

Espero que hayáis disfrutado de éste último capítulo. Recordad que durante la próxima semana comenzaremos con una nueva colaboración de manos de M4rk09. ¡Permaneced atentos!

Baalard, Relatos de Suburbia.