Mil años de sueños: Viven en conchas

Viven en conchas

 

 Se encuentran a oscuras.

A diferencia de la oscuridad de la noche, esta es cerrada, carente deprofundidad o extensión.

Oye una pesada puerta que se abre lentamente.

Un rayo de luz entra disparado, pero no está tan bien definido comoeso.

Sin embargo, para unos ojos acostumbrados únicamente a la oscuridad, eldébil destello se ve como fuegos artificiales.

-¡Parad! Por favor, ¡os lo ruego! ¡Soltadme!

Los gritos de un joven resuenan en el vacío.

Ninguna voz le responde.

En la oscuridad, Kaim cuenta los pasos. Han entrado tres hombres.

Los pasos desacompasados probablemente son los que marca el joven. Losotros dos están perfectamente coordinados.

-Por favor, os lo ruego. Si lo que queréis es dinero, fuera osconseguiré todo el que podáis pedir. Lo prometo. Sabré agradecéroslo. Porfavor.

La única espuesta de los dos hombres que han traído aquí al joven es elruido metálico de una cerradura de hierro al abrirse.

-¡No!¡No! Por favor, os lo ruego. Haré lo que queráis. ¡Lo que sea!

Un ruido sordo es el sonido de la carne la rasgarse y el hueso aldislocarse. Alguien se desploma sobre el suelo. Un grito ahogado. El ruidometálico de una cerradura de hierro al cerrarse.

Kaim sabe que han arrojado al joven en la concha de enfrente endiagonal a la suya. Cuando estás encerrado en una de estas conchas sinventanas, tus oídos se vuelven sumamente sensible.

-¡No lo hagáis!¡Sacadme de aquí!¡Por favor!¡Quiero salir!

Por el sonido de la voz, Kaim imagina la cara de un joven con rasgosinfantiles: un matón de poca monta apenas un escalón por encima de un miembrode una banda adolescente.

Sin duda, cuando aún estaba en la calle, solía pavonearse por la aceracon sus astutos pero cobardes ojos mirando a todas partes.

Los dos hombres que lo han traído se mantienen en silencio hasta elfinal; sus pasos se alejan al compás. La pesada puerta se abre y se cierra denuevo.

Solo en la oscuridad, el joven berrea sus súplicas durante un tiempo,pero cuando comprende que no servirán de nada, grita hasta quedarse ronco,soltando una maldición tras otra hasta que empieza a sollozar.

-Cálmate -grita un anciano desde una de las conchas interiores-. No teservirá de nada montar un alboroto. Ríndete, chaval.

Es la voz del hombre más viejo de los que viven en las alrededor dedoce conchas alineadas en las oscuridad. Ya estaba aquí cuando mandaron a Kaima este lugar.

Siempre calma y da consuelo a los recién llegados escandalosos.

-Si tienes tiempo de vociferar así, mantén los ojos cerrados.

-¿Cómo…?

-Tan solo asegúrate de seguir disfrutando tus recuerdos del exterior,como si fueran un trozo de caramelo.

De las conchas de los alrededores llegan sonidos de risas contenidas.

Kaim se une con una sonrisa y un suspiro.

Se supone que todas las conchas en esta oscuridad están llenas, peropocos de sus habitantes se ríen.

La mayoría ha perdido las fuerzas para reír.

-Oye, chaval -el viejo sigue en su papel de asesor del recién llegado-.Tanto alboroto no sirve de nada.

La mayoría ha perdido las fuerzas para reír.

-Tan solo cálmate y acepta tu suerte. De lo contrario… – aquí apareceuna nota de intensidad en la voz del hombre-, te sacarán de aquí con los piespor delante.

Eso es exactamente lo que le pasó ayer al anterior inquilino de laconcha del joven.

Había estado gritando intermitentemente durante un día. Hasta que llegóal punto de golpearse la cabeza contra la pared de la concha. Después nada…hasta que lo sacaron a rastras en silencio.

-Así que aguanta,chaval. No dejes que la oscuridad te trague. Cierra los ojos e imagina unbonito paisaje de fuera, cuanto más grande, mejor: el mar, el cielo o un campode hierba inmenso.

Recuerda.Imagina. Es el único modo de sobrevivir en este lugar.

Siempre da eseconsejo a los recién llegados.

Pero el jovengrita con lágrimas en los ojos:

-¿A quién diabloscrees que estás engañando? ¿Sobrevivir en este lugar?

¿Y después qué?Sé lo que es este sitio. Una prisión «sin salida».

Mandan a loscondenados a cadena perpetua aquí,

les dan la comidajusta para mantenerlos vivos y al final palman de todos modos.

¿Me equivoco? Nohay nada por lo que tener esperanza.

Los gritos seconvierten en sollozos de nuevo.

Esta es lareacción de la mayoría de recién llegados.

Y sus razonestienen. Esto es una prisión.

Cada»concha» es una celda solitaria con barrotes, y el sol brilla sobreel prisionero solo el día de su funeral.

-Todo el mundomuere, chaval, eso está claro.

Pero no puedesdejar que tu mente se vaya antes que tu cuerpo.

La esperanza no sepierde a menos que tú mismo la deseches

-continúa elviejo en voz baja, y prosigue solemnemente-. El sistema bajo el que vivimostampoco puede durar mucho más.

El viejo es unprisionero político. Como líder de una facción opuesta al gobierno, se resistióa la dictadura durante mucho tiempo hasta que finalmente perdió la lucha y loencarcelaron.

Sin embargo, eljoven no oye las palabras del viejo. Sigue tirado en el suelo llorando.

Este tipo noestará en su concha mucho más que su predecesor. En unos pocos días, o en menosde un mes como máximo, se hará pedazos.

Así de fuerte esla oscuridad.

Privar alprisionero de luz es bastante más cruel que arrebatarle la vida en un momento.

-Vaya, vaya-reflexiona el viejo- este tipo no nos servirá de mucho en una fuga.

El viejorevolucionario se ríe. Puede que sea una risa auténtica o una fachada atrevida,pero en cualquier caso casi nadie responde con una risa.

Mañana por lamañana, o mejor dicho, y ya que en la oscuridad no hay una «mañana»bien definida, después de que se duerman, despierten y tomen la siguientecomida, sacarán otro frío cadáver de una concha sin una palabra.

-Oíd, muchachos.¿Cuántos estamos aquí ahora? -pregunta el viejo revolucionario-. Responded sipodéis oírme.

-Te escucho -diceKaim.

La única voz esla suya.

Vaya calamidad.Hace poco estábamos hasta arriba -el viejo ríe entre dientes.

-Me pregunto sihabrá pasado algo ahí fuera -dice Kaim.

-Puede que sí-responde el viejo revolucionario-.

En mi opinión,este sería el momento apropiado para un golpe de estado o una revolución. Migente no va a estarse quieta mucho más…

-Eh,¿cómo dijisteque te llamabas? ¿Kaim? ¿Te has dado cuenta de lo que ocurre’

Últimamente ya noencierran a tanta gente como antes, y de los que traen nuevos, la mayoría sonauténticos don nadie que no merece la pena condenar de por vida.

-Pues sí…

El joven era unode ellos, tan solo un ladrón de poca monta.

Lo que sucedió esque entró a robar en un almacén que pertenecía a un rico con contactos con unpolítico poderoso. Por eso lo metieron en una concha.

Las conchassiempre solían estar llenas.

Traían aquí a unpuñado de hombres, que morían; entonces traían hombres nuevos, y ellos morirían…

El chico era unode esos. El terror de estar envuelto en tinieblas fue demasiado para él, y sehizo pedazos. Aparentemente al final tenía alucinaciones: «Ya voy, mamá,ya voy. Espérame, por favor, mamá…». Repetía una y otra vez al igual queun niño. «¿Dónde estás mamá?¿Aquí?¿Estás aquí?»… y se arrancó losojos con sus propias manos.

Supongo que lascosas se estaban poniendo feas ahí fuera, con la policía perdiendo el control,y el gobierno a punto de derrumbarse, y por eso las conchas estaban siemprellenas.

Eso es lo quetrajo aquí al joven.

Murió con lasangre corriéndole de las cuencas de los ojos y mascullandoentrecortadamente:-¿Qué he hecho yo?Todo el mundo lo sabe… Hay muchos tipos peores que yo…

-Pero ahora está todo vacío. ¿Sabes lo que significa, Kaim?

Claro. Hay tantos crímenes ahí fuera que el gobierno ya no puedecontenerlos.

Lo has pillado.Por lo que sabemos puede que hayan colgado a toda la familia real. Es unarevolución. Ocurrirá cualquier día. Eso significa que tú y yo saldremos deaquí. Mi gente vendrá y nos sacarán. Tan solo aguanta un poco más.

Kaim asiente ensilencio. El viejo revolucionario continúa.

-No muchospodrían permanecer en calma como tú, arrojados en una concha y envueltos porlas tinieblas de esa manera.

Ni siquiera Kaimpuede explicarlo.

Es cierto queestaba extrañamente tranquilo cuando lo metieron en la concha. Parecíareconocer la oscuridad como un recuerdo distante. En el pasado remoto, puedeque él también hubiera saboreado la angustia de los habitantes de otras conchastorturados por el miedo de estar encerrados en la oscuridad.

-No, yo no…

Apenas merece lapena hablar de su crimen. Se resistió a las preguntas cuando lo trajeron comosospechoso, por eso se le tachó de rebelde y lo metieron en una concha. Aunqueel viejo probablemente tenga razón. Es casi seguro que la dictadura del paísestá en sus últimos días.

-Ya no quedamucho. Estaremos de vuelta en el mundo real antes de que nos demos cuenta.Tengo esperanza, y no la perderé hasta que no me abandone a mí mismo

-masculla elviejo revolucionario como si tratara de convencerse a sí mismo.

Poco después laprisión cae. Jóvenes armados entran cargando en la oscuridad y abren  las puertas de las conchas.

El viejorevolucionario abraza a su gente y sale.

-¡Espera!-gritaKaim, intentando retenerlo.

Pero es demasiadotarde. Ansioso por ver el nuevo mundo después de la destrucción del antiguosistema, el viejo revolucionario sale afuera y abre los ojos.

Es por la tarde.

Aunque el solcasi se ha puesto, la luz es lo bastante fuerte como para quemar unos ojosacostumbrados a la oscuridad total.

El viejorevolucionario se pone las manos sobre los ojos y con un gruñido cae derodillas.

Kaim se salva así mismo cubriéndose los ojos con el brazo.

Ni siquiera élsabe qué le hizo hacer esto. ¿Acaso los recuerdos del pasado le han enseñadoque lo realmente aterrador del castigo en la oscuridad es lo que sucede despuésde la liberación?

¿Cuánto tiempo he estado prisionero y dónde? Y loque es más importante, ¿cuánto tiempo llevo en este viaje sin fin?

Con los ojossangrando, rodeado en el suelo por sus chicos, el viejo revolucionario busca aKaim.

-Llegué hastaaquí, Kaim, solo para cometer un terrible error al final. Ahora probablementemis ojos son inútiles.

Por esoprecisamente le pide a Kaim un último favor.

-Dime Kaim, ¿cómoes el mundo de fuera? ¿Ha triunfado la revolución? ¿Se ve a la gente feliz?¿Sonríen con alegría?

Kaim abre losojos lentamente, y tan solo un poco, bajo la sombra de su mano.

Hasta donde puedever, el suelo está lleno de cadáveres. Los cuerpos de las tropas reales y lasrevolucionarias se apilan unos sobre otros, y hay innumerables civiles muertos.Una madre yace muerta con su pequeño hijo en brazos; el sangriento cadáver delpadre está junto a ellos, con los brazos extendidos en un intento inútil deprotegerlos.

-Dime lo que ves,Kaim.

Kaim reprime unsuspiro y responde.

El viejorevolucionario siente la verdad.

-Pase lo quepase, no abandonaré la esperanza, Kaim.

Kaim asiente,consciente de que así lo hará, y comienza a caminar.

-¿Adónde vas?

-No lo sé… Acualquier parte.

-Por qué no tequedas aquí y construyes un nuevo mundo con nosotros? De entre todos, tú puedeshacerlo, lo sé.

-Gracias, pero memarcharé de todas formas.

El viejorevolucionario no trata de retener a Kaim más.

En su lugar, comoregalo de despedida, le repite las palabras que tan a menudo decía en laconcha:

-Siempre habráesperanza, donde quiera que estés, hasta que tú mismo la abandones. ¡Nunca loolvides!

Kaim sigueadelante.

Sus ojos seencuentran por casualidad con el cuerpo de un joven muchacho asus pies. Elchico exhaló su último aliento con los ojos completamente abiertos por elmiedo.

Kaim se arrodillay con cuidado cierra los párpados del chico.

Muy adentro sabe,en un recuerdo demasiado alejado para que incluso él lo alcance, que mientrasque la oscuridad puede ser una gran fuente de terror, también puede traer pazintensa y duradera.

Fin

Mil años de sueños: Viven en conchas

Viven en conchas

 

 Se encuentran a oscuras.

A diferencia de la oscuridad de la noche, esta es cerrada, carente deprofundidad o extensión.

Oye una pesada puerta que se abre lentamente.

Un rayo de luz entra disparado, pero no está tan bien definido comoeso.

Sin embargo, para unos ojos acostumbrados únicamente a la oscuridad, eldébil destello se ve como fuegos artificiales.

-¡Parad! Por favor, ¡os lo ruego! ¡Soltadme!

Los gritos de un joven resuenan en el vacío.

Ninguna voz le responde.

En la oscuridad, Kaim cuenta los pasos. Han entrado tres hombres.

Los pasos desacompasados probablemente son los que marca el joven. Losotros dos están perfectamente coordinados.

-Por favor, os lo ruego. Si lo que queréis es dinero, fuera osconseguiré todo el que podáis pedir. Lo prometo. Sabré agradecéroslo. Porfavor.

La única espuesta de los dos hombres que han traído aquí al joven es elruido metálico de una cerradura de hierro al abrirse.

-¡No!¡No! Por favor, os lo ruego. Haré lo que queráis. ¡Lo que sea!

Un ruido sordo es el sonido de la carne la rasgarse y el hueso aldislocarse. Alguien se desploma sobre el suelo. Un grito ahogado. El ruidometálico de una cerradura de hierro al cerrarse.

Kaim sabe que han arrojado al joven en la concha de enfrente endiagonal a la suya. Cuando estás encerrado en una de estas conchas sinventanas, tus oídos se vuelven sumamente sensible.

-¡No lo hagáis!¡Sacadme de aquí!¡Por favor!¡Quiero salir!

Por el sonido de la voz, Kaim imagina la cara de un joven con rasgosinfantiles: un matón de poca monta apenas un escalón por encima de un miembrode una banda adolescente.

Sin duda, cuando aún estaba en la calle, solía pavonearse por la aceracon sus astutos pero cobardes ojos mirando a todas partes.

Los dos hombres que lo han traído se mantienen en silencio hasta elfinal; sus pasos se alejan al compás. La pesada puerta se abre y se cierra denuevo.

Solo en la oscuridad, el joven berrea sus súplicas durante un tiempo,pero cuando comprende que no servirán de nada, grita hasta quedarse ronco,soltando una maldición tras otra hasta que empieza a sollozar.

-Cálmate -grita un anciano desde una de las conchas interiores-. No teservirá de nada montar un alboroto. Ríndete, chaval.

Es la voz del hombre más viejo de los que viven en las alrededor dedoce conchas alineadas en las oscuridad. Ya estaba aquí cuando mandaron a Kaima este lugar.

Siempre calma y da consuelo a los recién llegados escandalosos.

-Si tienes tiempo de vociferar así, mantén los ojos cerrados.

-¿Cómo…?

-Tan solo asegúrate de seguir disfrutando tus recuerdos del exterior,como si fueran un trozo de caramelo.

De las conchas de los alrededores llegan sonidos de risas contenidas.

Kaim se une con una sonrisa y un suspiro.

Se supone que todas las conchas en esta oscuridad están llenas, peropocos de sus habitantes se ríen.

La mayoría ha perdido las fuerzas para reír.

-Oye, chaval -el viejo sigue en su papel de asesor del recién llegado-.Tanto alboroto no sirve de nada.

La mayoría ha perdido las fuerzas para reír.

-Tan solo cálmate y acepta tu suerte. De lo contrario… – aquí apareceuna nota de intensidad en la voz del hombre-, te sacarán de aquí con los piespor delante.

Eso es exactamente lo que le pasó ayer al anterior inquilino de laconcha del joven.

Había estado gritando intermitentemente durante un día. Hasta que llegóal punto de golpearse la cabeza contra la pared de la concha. Después nada…hasta que lo sacaron a rastras en silencio.

-Así que aguanta,chaval. No dejes que la oscuridad te trague. Cierra los ojos e imagina unbonito paisaje de fuera, cuanto más grande, mejor: el mar, el cielo o un campode hierba inmenso.

Recuerda.Imagina. Es el único modo de sobrevivir en este lugar.

Siempre da eseconsejo a los recién llegados.

Pero el jovengrita con lágrimas en los ojos:

-¿A quién diabloscrees que estás engañando? ¿Sobrevivir en este lugar?

¿Y después qué?Sé lo que es este sitio. Una prisión "sin salida".

Mandan a loscondenados a cadena perpetua aquí,

les dan la comidajusta para mantenerlos vivos y al final palman de todos modos.

¿Me equivoco? Nohay nada por lo que tener esperanza.

Los gritos seconvierten en sollozos de nuevo.

Esta es lareacción de la mayoría de recién llegados.

Y sus razonestienen. Esto es una prisión.

Cada"concha" es una celda solitaria con barrotes, y el sol brilla sobreel prisionero solo el día de su funeral.

-Todo el mundomuere, chaval, eso está claro.

Pero no puedesdejar que tu mente se vaya antes que tu cuerpo.

La esperanza no sepierde a menos que tú mismo la deseches

-continúa elviejo en voz baja, y prosigue solemnemente-. El sistema bajo el que vivimostampoco puede durar mucho más.

El viejo es unprisionero político. Como líder de una facción opuesta al gobierno, se resistióa la dictadura durante mucho tiempo hasta que finalmente perdió la lucha y loencarcelaron.

Sin embargo, eljoven no oye las palabras del viejo. Sigue tirado en el suelo llorando.

Este tipo noestará en su concha mucho más que su predecesor. En unos pocos días, o en menosde un mes como máximo, se hará pedazos.

Así de fuerte esla oscuridad.

Privar alprisionero de luz es bastante más cruel que arrebatarle la vida en un momento.

-Vaya, vaya-reflexiona el viejo- este tipo no nos servirá de mucho en una fuga.

El viejorevolucionario se ríe. Puede que sea una risa auténtica o una fachada atrevida,pero en cualquier caso casi nadie responde con una risa.

Mañana por lamañana, o mejor dicho, y ya que en la oscuridad no hay una "mañana"bien definida, después de que se duerman, despierten y tomen la siguientecomida, sacarán otro frío cadáver de una concha sin una palabra.

-Oíd, muchachos.¿Cuántos estamos aquí ahora? -pregunta el viejo revolucionario-. Responded sipodéis oírme.

-Te escucho -diceKaim.

La única voz esla suya.

Vaya calamidad.Hace poco estábamos hasta arriba -el viejo ríe entre dientes.

-Me pregunto sihabrá pasado algo ahí fuera -dice Kaim.

-Puede que sí-responde el viejo revolucionario-.

En mi opinión,este sería el momento apropiado para un golpe de estado o una revolución. Migente no va a estarse quieta mucho más…

-Eh,¿cómo dijisteque te llamabas? ¿Kaim? ¿Te has dado cuenta de lo que ocurre’

Últimamente ya noencierran a tanta gente como antes, y de los que traen nuevos, la mayoría sonauténticos don nadie que no merece la pena condenar de por vida.

-Pues sí…

El joven era unode ellos, tan solo un ladrón de poca monta.

Lo que sucedió esque entró a robar en un almacén que pertenecía a un rico con contactos con unpolítico poderoso. Por eso lo metieron en una concha.

Las conchassiempre solían estar llenas.

Traían aquí a unpuñado de hombres, que morían; entonces traían hombres nuevos, y ellos morirían…

El chico era unode esos. El terror de estar envuelto en tinieblas fue demasiado para él, y sehizo pedazos. Aparentemente al final tenía alucinaciones: "Ya voy, mamá,ya voy. Espérame, por favor, mamá…". Repetía una y otra vez al igual queun niño. "¿Dónde estás mamá?¿Aquí?¿Estás aquí?"… y se arrancó losojos con sus propias manos.

Supongo que lascosas se estaban poniendo feas ahí fuera, con la policía perdiendo el control,y el gobierno a punto de derrumbarse, y por eso las conchas estaban siemprellenas.

Eso es lo quetrajo aquí al joven.

Murió con lasangre corriéndole de las cuencas de los ojos y mascullandoentrecortadamente:-¿Qué he hecho yo?Todo el mundo lo sabe… Hay muchos tipos peores que yo…

-Pero ahora está todo vacío. ¿Sabes lo que significa, Kaim?

Claro. Hay tantos crímenes ahí fuera que el gobierno ya no puedecontenerlos.

Lo has pillado.Por lo que sabemos puede que hayan colgado a toda la familia real. Es unarevolución. Ocurrirá cualquier día. Eso significa que tú y yo saldremos deaquí. Mi gente vendrá y nos sacarán. Tan solo aguanta un poco más.

Kaim asiente ensilencio. El viejo revolucionario continúa.

-No muchospodrían permanecer en calma como tú, arrojados en una concha y envueltos porlas tinieblas de esa manera.

Ni siquiera Kaimpuede explicarlo.

Es cierto queestaba extrañamente tranquilo cuando lo metieron en la concha. Parecíareconocer la oscuridad como un recuerdo distante. En el pasado remoto, puedeque él también hubiera saboreado la angustia de los habitantes de otras conchastorturados por el miedo de estar encerrados en la oscuridad.

-No, yo no…

Apenas merece lapena hablar de su crimen. Se resistió a las preguntas cuando lo trajeron comosospechoso, por eso se le tachó de rebelde y lo metieron en una concha. Aunqueel viejo probablemente tenga razón. Es casi seguro que la dictadura del paísestá en sus últimos días.

-Ya no quedamucho. Estaremos de vuelta en el mundo real antes de que nos demos cuenta.Tengo esperanza, y no la perderé hasta que no me abandone a mí mismo

-masculla elviejo revolucionario como si tratara de convencerse a sí mismo.

Poco después laprisión cae. Jóvenes armados entran cargando en la oscuridad y abren  las puertas de las conchas.

El viejorevolucionario abraza a su gente y sale.

-¡Espera!-gritaKaim, intentando retenerlo.

Pero es demasiadotarde. Ansioso por ver el nuevo mundo después de la destrucción del antiguosistema, el viejo revolucionario sale afuera y abre los ojos.

Es por la tarde.

Aunque el solcasi se ha puesto, la luz es lo bastante fuerte como para quemar unos ojosacostumbrados a la oscuridad total.

El viejorevolucionario se pone las manos sobre los ojos y con un gruñido cae derodillas.

Kaim se salva así mismo cubriéndose los ojos con el brazo.

Ni siquiera élsabe qué le hizo hacer esto. ¿Acaso los recuerdos del pasado le han enseñadoque lo realmente aterrador del castigo en la oscuridad es lo que sucede despuésde la liberación?

¿Cuánto tiempo he estado prisionero y dónde? Y loque es más importante, ¿cuánto tiempo llevo en este viaje sin fin?

Con los ojossangrando, rodeado en el suelo por sus chicos, el viejo revolucionario busca aKaim.

-Llegué hastaaquí, Kaim, solo para cometer un terrible error al final. Ahora probablementemis ojos son inútiles.

Por esoprecisamente le pide a Kaim un último favor.

-Dime Kaim, ¿cómoes el mundo de fuera? ¿Ha triunfado la revolución? ¿Se ve a la gente feliz?¿Sonríen con alegría?

Kaim abre losojos lentamente, y tan solo un poco, bajo la sombra de su mano.

Hasta donde puedever, el suelo está lleno de cadáveres. Los cuerpos de las tropas reales y lasrevolucionarias se apilan unos sobre otros, y hay innumerables civiles muertos.Una madre yace muerta con su pequeño hijo en brazos; el sangriento cadáver delpadre está junto a ellos, con los brazos extendidos en un intento inútil deprotegerlos.

-Dime lo que ves,Kaim.

Kaim reprime unsuspiro y responde.

El viejorevolucionario siente la verdad.

-Pase lo quepase, no abandonaré la esperanza, Kaim.

Kaim asiente,consciente de que así lo hará, y comienza a caminar.

-¿Adónde vas?

-No lo sé… Acualquier parte.

-Por qué no tequedas aquí y construyes un nuevo mundo con nosotros? De entre todos, tú puedeshacerlo, lo sé.

-Gracias, pero memarcharé de todas formas.

El viejorevolucionario no trata de retener a Kaim más.

En su lugar, comoregalo de despedida, le repite las palabras que tan a menudo decía en laconcha:

-Siempre habráesperanza, donde quiera que estés, hasta que tú mismo la abandones. ¡Nunca loolvides!

Kaim sigueadelante.

Sus ojos seencuentran por casualidad con el cuerpo de un joven muchacho asus pies. Elchico exhaló su último aliento con los ojos completamente abiertos por elmiedo.

Kaim se arrodillay con cuidado cierra los párpados del chico.

Muy adentro sabe,en un recuerdo demasiado alejado para que incluso él lo alcance, que mientrasque la oscuridad puede ser una gran fuente de terror, también puede traer pazintensa y duradera.

Fin

Mil años de sueños: La pequeña embustera

La pequeña

 

embustera

 

Ninguno delos comerciantes soporta a esta niña.

 

Aunque aúnno tiene ni diez años y le queda mucho para dejar atrás la  tierna edad de la inocencia, ya se haganado el desprecio de los tenderos.

 

Por unasencilla razón.

 

Solo sabecontar mentiras.

 

-¡Eh, señor,acabo de ver a un ladrón entrando en su casa!

 

-¡Mire,señora, se le ha caído todo el género del mostrador!

 

-Oigan,¿saben lo que ha dicho el viajante? ¡Que unos bandidos piensan asaltar este mercado!

 

Hasta lasmentirijillas más inocentes pueden resultar fastidiosas si se repiten una yotra vez, de modo que los tenderos ya están más que hartos.

 

Más te valetener cuidado con ese piojo –avisa la verdulera a Kaim-.

Como aquí yanadie le hace caso, ahora lo que quiere es reírse de los recién llegados y losforasteros. La gente como tú sois la presa perfecta para ella.

 

Podría tenerrazón. Kaim lleva poco tiempo en el pueblo. Llegó hace unos días y hoy aempezado a trabajar en la plaza.

 

-¿A qué se dedicansus padres? –pregunta Kaim mientras descarga un carro de verduras.

 

La mujerfrunce el ceño y suspira meneando la cabeza.

 

-No tiene.

 

-¿Murieron?

 

-Por lomenos la madre sí. Hará unos cuatro o cinco años.

Era unamujer lozana que jamás cogió un resfriado, pero un día cayó enferma y todoacabó para ella.

 

-¿Y supadre?

 

Suspira aúnmás profundamente que antes y dice:

-Se marchó abuscar trabajo a la ciudad.

 

Los padresregentaban un bazar en el mercado. Aunque la madre se encargaba prácticamenteella sola de comprar y vender la enorme variedad de género con que comerciaban.Cuando murió, los ingresos de la tienda cayeron en picado, de manera que laacabó llevando otra persona. El padre se marchó a la lejana capital en busca deun trabajo bien pagado que le permitiera saldar sus deudas.

 

Prometió queregresaría al cabo de seis meses, pero ya hace un año que se fue. Al principioenviaba alguna que otra carta a su amigo el sastre, pero ya hace medio año queno se sabe nada de él.

 

-Es tristeque una niña tan pequeña esté esperando a que su padre regrese, pero…

 

La niñaduerme en un rincón del almacén comunal de los comerciantes.

 

Antes sehablaba de encargarnos de ella, de adoptarla hasta el regreso de su padre.

 

A Kaim no leextraña. Sabe por experiencia que los comerciantes (no solo esta mujer oronda ybondadosa) son gente generosa y de buen corazón, pese a su escasez de medios.De lo contrario, nunca habrían contratado a un forastero como él.

 

-Sinembargo, antes de que transcurriera ese medio año, ya estábamos hartos de ella.Cuando su madre vivía, era una niña dulce y educada, pero esta desgracia la hahecho muy retorcida.

 

Ahora dedulce no tiene un pelo.

 

Claro quenos da pena y nos turnamos para alimentarla y vestirla con ropa usada, perocomo ahora solo piensa en engañarnos a todos, ya nadie se preocupa demasiadopor lo que le pase.

 

¿Por qué nose da cuenta de que…

 

-Debesentirse muy sola, ¿no crees?

 

La mujer seencoge de hombros, sonríe afligida y exclama:

 

-Ya basta decháchara por hoy. ¡Venga, vamos a trabajar! –Dicho esto, corre al interior dela tienda.

 

Kaim estácolocando en la entrada del establecimiento las verduras que ha descargadocuando oye una vocecilla a sus espaldas.

 

-Oiga,señor, ¿es usted nuevo aquí?

 

Es la niña.

 

-Ajá…

 

-No es deeste pueblo, ¿verdad?

 

-No, no losoy…

 

-¿Vas avivir arriba, mientras trabaje aquí?

 

-Durante untiempo. Al menos esa es mi intención.

 

-Le contaréun secreto, ¿le parece?

 

Ya empieza.–De acuerdo –contesta Kaim sin interrumpir su trabajo.

 

-En estaplaza vive un fantasma.

Los tenderosno se lo cuentan a nadie porque es malo para el negocio, pero está aquí. Yo loveo a menudo.

 

¡¿Enserio?!    Exclama Kaim haciéndose el sorprendido.

 

Decideseguirle el juego en lugar de regañarla por mentir.

A lo largode su existencia interminable, ha conocido una legión de niños huérfanos yabandonados por sus padres.

 

La tristezay la soledad de los niños dejados a su suerte son las mismas que asolan a Kaimen su continuo vagar por el paso del tiempo.

 

-¿Qué clasede fantasma?

 

-El de unamujer. Y yo sé quien es.

La niña leexplica que se trata del espíritu de una madre que perdió a su hija.

 

Su niña (suúnica hija) murió víctima de una epidemia.

 

Presa de latristeza, la madre se dejó morir y ahora su fantasma se aparece en el mercadocada noche para buscar a su pequeña.

 

-¡Pobremadre! Decidió morir para reunirse con su hijita pero tampoco la encuentra enel otro mundo. Por eso la sigue buscando aquí, sin dejar de gritar: “¿Dóndeestás? Corre, ven con mamá al otro mundo”.

La niñanarra la historia con sorprendente seriedad.

 

-¿A que esmuy triste? –le pregunta. Tiene los ojos bañados de lágrimas, lo que le indicaa Kaim que está mintiendo.

Aunque lamujer no le hubiera avisado, sabría que es una mentira basada en lo que lecontó sobre las circunstancias de la cría.

 

Kaimamontona con cuidado unos racimos de uvas maduras en una caja de muestra y lepregunta a la niña:

-¿Por quécrees que la madre no puede encontrar a su hija?

 

-¿Cómo?-pregunta la niña mirándolo extrañada.

 

-Bueno–explica Kaim-, la niña no está en el otro mundo y tampoco anda vagando poreste, así que ¿dónde está?

 

Kaim nopretende someterla a un interrogatorio.

 

Solo creeque alguien que miente porque se siente triste puede hallar cierto alivioadmitiendo su mentira. La soledad de una niña que ha perdido a su madre y cuyopadre la ha abandonado no consiste en contar una mentirijilla sino en tener quementir siempre.

 

-Um, ahoraque lo dice, es una buena pregunta –dice la niña sonriendo con calma-.Cierto… ¿dónde está?

A kaim se lepasa por la cabeza señalarla y decir “aquí mismo”

La niña, quese adelanta, prosigue:

-Es laprimera vez que me lo preguntan. Usted es… distinto.

 

-Puede…

 

-Que sí. Queusted no es como los demás –insiste la pequeña-.

 

Creo quepodemos ser amigos. –Ensancha la sonrisa.

 

Kaim ledevuelve el gesto sin decir nada.

 

En eseinstante se oye la voz de la verdulera procedente de la trastienda y la niñasale espantada.

 

Justo antesde doblar una esquina y escabullirse por el callejón, la pequeña se despide deKaim con la mano como si dijera: “¡Hasta pronto!”.

Por primeravez, la mirada de la niña que habla como un adulto revela la infantilidadpropia de sus años.

 

La niñasorprendida se acerca a la tienda para ver a Kaim varias veces al día,

cuando laverdulera no está cerca.

 

Le cuentauna mentira detrás de otra.

 

-Anocheayudé a mi madre a hacer galletas. Quería haberle traído unas pocas, peroestaban tan buenas que me las comí todas.

 

-Losladrones me secuestraron cuando solo era un bebé pero mi padre me rescató y lesdio una paliza a todos, así que sobreviví.

 

-¿Mi casa?Es una muy grande y blanca que está al pie de la montaña. Como usted es nuevoaquí, no lo sabrá. Es la más grande del pueblo.

 

-¿Que notiene familia? ¿Estás solo? ¡Pobre Kaim! ¡Ojalá pudiera compartir mi felicidadcon usted!

 

Cada una desus metiras es fruto de su pesar; se trata siempre de embustes triste ypatéticos que nunca podría contar a los mercaderes que ya la conocen. Siempreque termina de hablar con Kaim, mientras se aleja, se lleva el índice a loslabios y le dice:

 

“Seránuestro secretito. No se lo cuente a la verdulera”.

 

Porsupuesto, Kaim no se lo dice a nadie.

Siempre quelos comerciantes se ponen a hablar mal de la pequeña, se marcha con discreción.

 

Tanto lasmentiras como los cotilleos son ridículos. No se extienden porque alguien loscuente, sino porque siempre hay quien los escucha y se los cree.

 

Quien estásolo de verdad nunca critica a nadie.

 

Lo mismo sepuede decir de las mentiras.

 

La niña,puesto que tiene a alguien a quien mentir, no necesita caer en el abismo de laverdadera soledad.

 

Paraproteger la escasa felicidad que le queda, Kaim finge creerse a pies juntillastodo cuanto le cuenta.

 

Un día enque la niña se acerca a hablar  conKaim, ella toma más precauciones de lo normal para que no la descubran ni laverdulera ni los demás comerciantes.

 

 

-Dígame,señor. ¿tiene pensado quedarse aquí mucho, mucho tiempo?

-No, laverdad –contesta Kaim sin dejar de descargar hortalizas y frutas.

 

-¿Semarchará cuando haya ahorrado suficiente dinero?

 

-Es posible.

 

-Pero aún nolo ha ganado.

-Ya me faltamenos –dice forzando una sonrisa.

 

Ahora letocaba mentir a él. Ya dispone del dinero suficiente para continuar suandadura. En realidad no se ha puesto a trabajar de ayudante porque tenga unanecesidad urgente de dinero.

 

Está aquíporque todavía no ha decidido su próximo destino.

Un viaje sinun lugar adonde ir es un viaje sin fin.

Los sabiosdicen que en la vida necesitas tener un sueño y un objetivo.

Pero lossueños que cumplir y los objetivos que perseguir brillan como postesindicadores en el camino de la vida precisamente porque este es finito.

Entonces,¿cuáles deberían ser las ilusiones y las metas de alguien que carga con el pesode una vida sin final?

 

Kaim debetomarse su viaje con calma.

 

De hecho, nopuede afrontarlo de otra manera. Tal vez a vivir a la deriva no se le puedallamar viaje.

 

Si yo fuerausted –le recomienda la niña-, me marcharía de este mercado en cuanto ahorrara losuficiente para dos o tres jornadas de viaje.

 

Kaim leresponde con una sonrisa muda y fría.

 

¿Qué carapondría la pequeña si Kaim le contestara:

“Estoy aquípor ti”?

 

“Porahora, el sentido de mi vida es ser depositario de tus embustes”.

 

En cuanto sele ocurre esto, algo que no debe revelarle jamás, la mentirosilla miraalrededor furtivamente y dice casi susurrando:

 

-Si quiereirse pronto, yo sé la mejor manera.

 

-¿La mejormanera…

 

-Entre ahurtadillas en la sastrería y robe el dinero.

Encontrará unbotecito en el armario de la trastienda. Está lleno de dinero.

 

-¿Me estásdiciendo que robe al sastre?

 

-Sí.

 

La pequeñamira a Kaim sin la menor sombra de duda en los ojos. Se pone seria y empieza aexplicarse:

Ese sastremerece que le roben. –Argumenta que el dinero del bote está mancillado.

 

-Conozco auna niña, una buena amiga mía –dice-: es tan triste lo que le ha pasado…

Su madremurió y su padre se marchó a trabajar a la capital, así que está sola.

 

Su padredebería haber regresado a por ella a los seis meses, pero no se sabe nada deél.

 

Otra mentiranacida de su dolor.

 

Kaim lepregunta con tranquilidad: -¿Hay alguna relación entre tu amiga y el sastre?

Por supuesto–contesta la embustera-. Muy estrecha. Lo que pasó en realidad es que su padre leenviaba dinero cada mes, como prometió, para facilitarle la vida en el pueblo.Y siguió escribiéndole. Quería decirle que había conseguido un buen empleo enla ciudad y que debería irse a vivir con él lo antes posible. Como él estádemasiado ocupado, es ella quien tendría que desplazarse a la ciudad. Hastaenvió dinero para el viaje. Pero ni el dinero ni las cartas llegaron a susmanos.

¿Y por quécree usted?

 

Antes de queKaim responda, la niña continúa:

-El errordel padre fue mandar las cartas y el dinero a la dirección del sastre. Se haquedado todo el dinero para él.

 

Kaim apartala mirada de la niña.

 

La pequeña,para dar credibilidad a una mentira, ha inventado otra aún más triste con laque además puede perjudicar a otra persona.

 

Esto es lomás lamentable de todo.

 

El candadode la trastienda de la sastrería tiene que ser muy fácil de romper. –deja caerla niña, que sale corriendo sin esperar la respuesta de Kaim.

 

A la mañanasiguiente la niña entra corriendo en la verdulería, llamando a gritos a ladueña.

En lugar decon Kaim, habla directamente con la mujer:

-¡Anocherobaron en la sastrería!

Asegura quevio cómo un grupo de ladrones entraba a hurtadillas por la noche, después deque la plaza se vaciara.

 

-Ay, quetragedia –dice la verdulera fingiendo una sonrisa-. Habrá sido terrible.

-Obviamente,no cree una palabra de lo que dice la cría.

 

-¡Es verdad!¡Yo lo he visto!

 

-Escúchamebien, mocosa, no pienso seguir aguantándote. Si ahora eres una pequeñaembustera, no quiero ni pensar que de mayor serás una ladrona o una estafadorao algo peor. Estoy muy ocupada abriendo la tienda, ¿me oyes? Vete a incordiar aotro.

 

Apenas haterminado de regañar a la niña cuando alguien grita en la calle.

 

-¡Socorro!¡Que alguien me ayude! –El sastre está en medio de la plaza, aterrorizado ygritando con todas sus fuerzas.

 

-¡Lad…ladrones! ¡Me han robado todo el di.. dinero!

 

La niña huyeen cuanto se acerca el sastre.

 

Toda laplaza está revolucionada.

 

La pequeñano mentía; al menos eso es verdad.

 

Sin embargo,puesto que de la boca de la niña nunca han salido más que invenciones, la gentecree que se trata de un embuste más.

-Quizá lohizo ella. ¿Qué pensáis?

 

Y poco apoco… –Tal vez tengas razón.

-¡Estaríafingiendo! –No me extrañaría de ella.

 

Vamos a buscarla.La obligaremos a hablar… aunque tengamos que ser duros con ella. Nadie seopone a esta idea.

 

Algunoscorren al almacén y otros empiezan a buscar por la plaza.

-¡Aquí noestá! –En el almacén tampoco. -¡Huyó con el dinero!

 

Por fin,cuando los perseguidores regresan con sus conclusiones y sus conjeturas, Kaimlo entiende todo.

 

Después detantas mentiras, la niña se ha despedido con la verdad.

 

-¡No puedehaber ido muy lejos!

 

-¡Sí,todavía podemos cogerla!

 

-¡Esaladronzuela! ¡Como le ponga las manos encima!

 

Los hombresmontan en cólera y las mujeres avivan el fuego:

 

-¡Vamos!¡Hay que darle su merecido!

 

-¡Con lobien que la hemos tratado, y así nos lo agradece! ¡No podemos dejar que sesalga con la suya!

 

Una docenade hombres sale a buscarla.

 

Pero Kaim secuadra en medio del camino para impedirles el paso.

 

-¡Eh,apártate!

 

Los hombresestán sedientos de sangre pero Kaim sabe que si fuera necesario, no leconstaría derribarlos sin que lo rozaran si quiera.

 

En vez deeso, adopta una postura más relajada y arroja a los pies de los mercaderes unzurrón repleto de monedas.

 

-Ahí tenéisel dinero robado –les dice.

 

-¿Cómo?

 

-Lo robé yo,lo siento.

La confusióninicial da paso a un alboroto de jauría.

 

Kaim levantalos brazos para hacer ver que no se resistirá.

 

-Hacedconmigo lo que queráis. Estoy preparado.

 

La verdulerasale de entre la muralla de hombres y grita:

-¿Cómo haspodido hacerlo, Kaim?

 

-Quería eldinero, eso es todo.

 

-¿No lodirás para proteger a la niña?

 

La tenderatiene una intuición demasiado afilada.

 

Kaim fuerzauna sonrisa, mira al sastre y le dice.

-Estaba enel bote del armario, ¿verdad?

 

El hombreafirma enérgicamente con la cabeza.

 

-¡Escierto!¡Tiene que haber sido él! ¡Guardaba el dinero en el bote! ¡El ladrón esél!

 

Aunque enese bote no solo había dinero, ¿no es cierto?

 

-¿De quéhablas?

 

En élescondía también unas cartas. Las del padre de la niña.

 

-¡Eso esmentira! ¡Estás loco!

 

-Sin embargoes verdad.

 

-¡No, ahí nopodía haber ninguna carta! ¡Las tiré todas…

 

El sastre setapa la boca con la mano.

 

Aunque ya esdemasiado tarde.

 

La verduleralo mira.

 

-¿Qué estáocurriendo aquí? –exige saber.

 

                  -Er…No… Yo…

 

-Más te valecontárnoslo todo.

 

La gentedeja de mirar a Kaim para clavar los ojos en el comerciante.

 

Días mástarde, llegan dos cartas de la niña a nombre de “la señora de la verdulería” y“el hombre bueno de arriba”.

 

A Kaim lecuenta que encontró a su padre en la capital.

 

No tienemanera de saber si es verdad o no.

 

Es difícilcreer que una niña sea capaz de dar con su padre en la gran ciudad con tantafacilidad sin saber ni dónde vive ni dónde trabaja.

 

Aun así,prefiere pensar que es verdad cuando lo lee:

 

“Ahora soyfeliz”.

 

El serhumano es el único animal que miente.

 

Miente paraengañar a los demás, para beneficiarse y también para que ni la soledad ni latristeza le asfixien el corazón.

 

De noexistir la mentira, la gente evitaría muchos conflictos y malentendidos.

 

Por otrolado, puede que gracias a que este mundo sea un revoltijo de verdades y mentiras,las personas hayan aprendido a creer.

 

Cuandotermina de leer su carta, Kaim mira a la mujer.

 

Laverdulera, que está concentrada leyendo la suya, levanta tímidamente la cabezaal percibir la mirada de Kaim.

 

-¡No puedo!–exclama-. Escucha esto:

 

“Os estoymuy agradecida a ti y a los demás comerciantes por todo lo que habéis hecho pormí. No os olvidaré mientras viva”.

 

Qué niñaesta, embustera hasta el final –dice con una sonrisa mojada de lágrimas.

 

Fin

Mil años de sueños: Una madre vuelve a casa

 

Unamadre vuelve a casa

 

 

El chico haperdido la sonrisa pero lo niega.

 

-No seastonto, Kaim.

 

¡Mira! Estoysonriendo, ¿ves?

 

Fuerza unasonrisa y deja ver sus dientes marfileños, que contrastan con su piel morena.

 

-Si esto noes una sonrisa, ¿qué es?

 

Kaim asienteen silencio. Le da una palmada en el hombro como para decir:

“Claro,claro”.

 

-Venga, enserio, mírame. Estoy sonriendo, ¿vale?

 

-Sí, estássonriendo.

-Bueno,déjalo. Venga, vamos.

 

El chico esafable y abierto.

 

Se hizoamigo de Kaim enseguida mientras los demás habitantes del pueblo se manteníanalejados del “extraño fortastero”.

 

Tampoco esque el chico eligiera al milenario Kaim como amigo.

 

Lleva a Kaima la taberna, que hoy todavía no ha abierto.

 

-Odio pedirteque hagas esto pero… si no te importa, por favor.

La voz delchico parece haberse apagado.

 

En lataberna hay un hombre que emite un alarido de borracho. Hoy parece másperjudicado de lo normal, Kaim reprime un suspiro y entra en la taberna.

 

El hombreque ocupa el taburete es el padre del chico, ebrio de nuevo ya al mediodía. Elchico ha venido para llevárselo a casa. Mira a su padre con ojos tristes.

 

Kaim toma alpadre por el hombro y aparta de él con disimulo la botella de whisky.

 

-Ya bastapor hoy –dice. El hombre se quita de encima el brazo de Kaim y se derrumbasobre la barra.

-Os odio–gruñe.

-Lo sé –diceKaim-. Pero es hora de volver a casa. Ya has bebido bastante.

-Óyeme bien,Kaim. ¡Vagabundo! Os odio.

 

Os odiotanto, tanto, tanto.

 

El padresiempre se pone así cuando se emborracha:

Maldice atodos los “vagabundos”, se pelea con cualquiera que tenga aspecto de viajero ytermina durmiéndola en el suelo. Su hijo es demasiado pequeño para llevárselo acasa.

 

Kaim suspiray vuelve a sostener al padre beodo para que no se caiga del taburete.

 

El chicomira a su padre, sus ojos dos pozos de tristeza, rabia y lástima.

 

Cuando miraa Kaim, se encoge de hombros como para decir: “Lamento hacerte pasar poresto”.

 

Sin embargo,Kaim está acostumbrado. Lleva un año viendo al padre como una cuba casi adiario, desde que el chico y él se quedaron solos.

 

-Oh,vamos…-dice el chico forzando una sonrisa como si se resignara a lasituación-.

Pobrepapá… Pobre de mí.

 

Con el padreapoyado en el hombre, Kaim sonríe al chico y le dice.

 

-Sí, peroprocura no acabar emborrachándote igual que él.

 

-Perdona–replica el chico sacando pecho-.

 

A veces losniños aguantamos más que los adultos.

 

Kaim amplíala sonrisa, como dándole la razón.

 

“Claro quela tengo”, contesta el chico con la sonrisa que le devuelve.

 

Es la únicaque el niño de diez años ha conseguido esbozar en todo el año:

 

Tan amargaque te entumecería la lengua si pudieras saborearla.

 

La madre delchico (la esposa del padre) se marchó de casa hace un año.

 

Se enamoróde un vendedor ambulante y abandonó al chico y a su padre.

 

-Mamá estabaaburrida.

-Dice elchico con frialdad al recordar la infidelidad de su madre-.

 

Se cansó dehacer lo mismo cada día. Entonces lo conoció.

A la tiernaedad de diez años, el chico ya ha aprendido, que algunas historias hay quecontarlas con naturalidad.

 

El padrenació y se crió en este pueblo y trabajaba en la oficina de administración. Notenía ningún talento especial, aunque su oficio no requería ningún virtuosismoni demasiada inteligencia. Lo único que tenía que hacer era cumplir órdenes condiligencia y sumisión, y eso era exactamente lo que hacía, año tras año, sincausar nunca ningún problema.

 

-Decía quenuestra vida era “tranquila”, aunque mamá no opinaba igual.

Se quejabade que era “normal” y “aburrida”.

 

Le atrajo lavida del astuto vendedor ambulante.

Le parecíaarriesgada y emocionante, como caminar por lo alto del muro de una prisión: sipisas mal, acabas encerrado.

 

-Papá ledecía a mamá que el vendedor la estaba engañando, que solo la quería por eldinero, pero no conseguía hacérselo entender. Mamá se había olvidado denosotros.

 

Con absolutaobjetividad, como si lo viera todo desde fuera, el chico reflexiona sobre latragedia que hundió a su familia.

 

-Había oídoque el amor es ciego. ¡Vaya si lo es! –exclama a la vez que se encoge dehombros y esboza una sonrisa sardónica de adulto desengañado.

 

Kaim guardasilencio.

 

También sedice que los niños deben ser inocentes, aunque algo así no debe de tener muchosentido para un pequeño que ha perdido el amor de su madre.

 

Y aunqueKaim intentara hablar con él, el chico intentaría quitarle importancia con unamedia sonrisa y diciendo:

 

“A veces losniños aguantamos más que los adultos”.

 

El padre delchico, sin embargo, muestra su desagrado cuando su hijo se expresa como sifuera mayor.

 

-Este mocosoha espabilado mucho. Ahora me desprecia. Cree que soy patético. En el fondo seríe de mí por dejar que mi esposa se fuera con otro, el maldito.

 

Le molestasobre todo cuando está borracho.

Entonces sudesprecio asfixia el cariño que siente por su hijo. A veces incluso loabofetea, o lo intenta. Cuando se ha pasado con la bebida, al niño no le cuestaesquivar los sopapos, con lo que su padre termina cayéndose al suelo.

 

Pero aunquese esté ahogando en un mar de licor, a veces recupera la cordura y empieza ahacer preguntas.

 

-Dime, Kaim,tú llevas mucho tiempo viajando, ¿verdad?

-Pues sí.

 

-¿Es tanemocionante como parece? Visitar ciudades desconocidas, conocer gente nueva nopuede ser tan… ¿Tan maravilloso es que lo dejarías todo por vivir siempreasí?

 

Pregunta lomismo una y otra vez. Kaim siempre le responde lo mismo.

-Unas vecesdisfrutas más y otras menos.

 

No sabe quémás decir.

 

-Sabes,Kaim, nunca he salido de este pueblo. Tampoco mi padre, ni mi abuelo, ni mibisabuelo ni ninguno de mis ascendientes. Siempre hemos vivido y muerto aquí.La familia de mi esposa también. Llevan generaciones echando raíces aquí, asíque no entiendo por qué lo hizo. ¿Por qué se marchó?¿Por qué esa necesidadacuciante de dejarnos a mí y a su hijo?

 

Kaim sonríesin decir nada. No se puede responder a algo así con palabras. Por mucho queintentara explicársela, la razón por la que algunas personas se lanzan a laaventura no se puede hacer entender a quienes no sienten esa ansia. El padre esde los que nunca entenderán.

 

Incapaz deobtener una respuesta de Kaim, se hunde de nuevo en un mar de embriaguez.

 

-Tengomiedo, Kaim-confiesa-. Tal vez mi hijo también lo haga. Puede que algún día semarche y me deje aquí solo. Cada vez que lo oigo hablar como un adulto, measusto tanto que no lo soporto.

 

La madre delchico acaba regresando.

 

El vendedorambulante le quitó todos sus ahorros y en cuanto vio que ya no le servía denada, la dejó. La madre, desecha física y mentalmente, solo tiene un sitio alque ir: el hogar que abandonó.

 

Primeroenvía una carta desde el pueblo vecino, de la que su marido, después de leerlauna y otra vez con el corazón emponzoñado de licor, se ríe burlonamente.

 

-Le estábien empleado a esa bruja.

Se deleitahaciendo pedazos la carta delante de Kaim, sin enseñársela antes a su hijo.

 

Kaim se locuenta al chico y le pregunta:

 

-¿Quéquieres hacer? Decidas lo que decidas, cuenta conmigo.

-¿Decida loque decida? –repite el pequeño con su sonrisa de desencanto.

 

-Si quieresmarcharte de este pueblo, te proporcionaré dinero suficiente para que te lasarregles durante una temporada –dice Kaim-. Puedo hacerlo.

 

-Susemblante es de absoluta seriedad.

 

El padre notiene la menor intención de perdonar a su esposa. Seguramente la rechazará siesta se presenta, y tal vez incluso ponga una sonrisa de venganza.

 

No obstante,Kaim sabe que si la madre no vuelve al hogar y abandona el pueblo para siempre,el padre volverá a beber cada día, maldecir la infidelidad de su esposa, alamentar su suerte, a pagarla con los forasteros y a mostrar todo el tiempo lopeor de sí mismo a su hijo.

 

Las largastemporadas que Kaim ha pasado en el camino se lo han enseñado. Viajarcontinuamente significa conocer todo tipo de gente y no cabe duda de que elpadre del chico es uno de los hombre más débiles con los que se ha tropezado enla vida.

 

-Podríasreunirte con tu madre y vivir en otro pueblo.

O, siprefieres ir solo a alguna parte, yo podría conseguirte trabajo.

 

Kaim creeque cualquiera de las dos opciones es preferible a que el chico siga viviendoasí con su padre.

 

Pese a todo,el chico, que parece intrigado, mira a Kaim a los ojos y le muestra sus dientesblancos.

-Llevasmucho tiempo viajando, ¿verdad, Kaim?

-Pues sí.

-¿Siempresolo?

-Unas vecessí y otras no…

 

-Hmm…

 

-El chicoasiente con la cabeza y, con el gesto de un adulto, dice- No acabas deentenderlo , ¿verdad?

 

-¿El qué?

 

-Con todo loque has viajado y todavía no has comprendido lo más importante.

 

Su sonrisatriste se vuelve amarga como de costumbre.

 

Tres díasmás tarde Kaim entiende a qué se refería el pequeño.

 

Una mujer deaspecto cansado y vestida con harapos sale de la carretera y entra en elmercado.

 

La gente seaparta  de ella y se quedamirándola, de tal manera que forma un círculo a su alrededor.

 

La madre delchico ha vuelto.

 

Este se abrepaso entre la multitud   yentra en el círculo.

En cuanto lamadre ve a su hijo, una sonrisa se abre entre sus mejillas abrasadas.

 

Paso a paso,el niño se va acercado a su madre, demacrada y sonriente.

Al principiovacila, pero en seguida se arroja a sus brazos.

 

Llora.Sonríe. Por primera vez desde que lo conoce, Kaim lo ve sonreír como a un niñoinocente.

 

-Lo siento.Lo siento mucho. Por favor, perdóname…

-Suplica sumadre bañada en lágrimas.

 

Aprieta lacabeza de su hijo contra su pecho y dice, sonriendo a pesar del llanto:

-¡Cuánto hascrecido!

 

Luego añade:

-Nuncavolveré a abandonarte. Me quedaré contigo para siempre…

 

Los curiososque están más cerca de la taberna se agitan extrañados.

 

Ahora es elpadre quien se abre paso entre la gente hasta llegar al círculo.

Estáborracho.

Tambaleándose,se acerca a su esposa y su hijo. Mira a su mujer.

 

El chico sequeda entre ambos para proteger a su madre.

-¡Papá, no!–grita-.

Mamá havuelto. Ya está bien, ¿no? ¡Perdónala, papá, por favor! –exclama sollozando.

 

El padre nocontesta.

Los mira ycae de rodillas con los brazos abiertos.

 

Los abraza.

La familiadesmembrada está completa de nuevo.

 

-Papá, porfavor.

El niñollora y ríe.

 

La madresolloza.

 

El padregime de pura rabia.

 

 

Kaim, que hacontemplado toda la escena desde el fondo de la multitud, se da media vuelta.

 

-¿Te vas deverdad?

-le preguntael niño a Kaim una y otra vez mientras lo acompaña a la salida del pueblo.

 

-Sí. Quieroatravesar el océano antes de que llegue el invierno.

 

-Papá ya teecha de menos. Dice que confiaba en que a partir de ahora podríais beber juntosen la taberna.

 

-Ya beberástú con él cuando crezcas.

 

-¿Cuándocrezca?

-el chicoladea la cabeza, un tanto avergonzado, y murmura- No sé si seguiré aquí paraentonces.

 

Nadie losabe, por supuesto. Puede que de aquí a unos años el padre se vuelva a dar a labebida por que su hijo ha abandonado al pueblo y a su familia.

Y aun así…

 

Kaimrecuerda algo que olvidó decirle al cobarde padre del niño.

 

-Lo llamamos“viaje” porque tenemos un hogar al que regresar. No importa cuántas vueltas déuna persona ni cuántos errores cometa; mientras tenga un hogar al que volver,siempre podrá intentarlo de nuevo.

-No loentiendo –dice el niño.

 

Kaimrecuerda algo más.

 

-Sonríe pormí

-dice porúltima vez poniendo la mano en el hombro del chico.

 

-¿Así?

Le enseñasus dientes níveos y sus mejillas se arrugan levemente.

Es una sonrisasincera.

 

Por finpuede sonreír como un niño feliz.

 

-Ahora tetoca a ti, Kaim.

-Er…Claro.

 

El chicoescruta la sonrisa de Kaim como si fuera a calificarla.

 

-Tal vez unpoco triste –dice. El hecho de que bromee hace que sus palabras duelan más.

El niñosonríe otra vez como para instruir a Kaim.

 

-Bueno –dicesacudiendo la mano-.

 

Hoy me voyde compras con papá y mamá.

 

Kaim ledevuelve la sonrisa y hecha a caminar.

 

Entonces oyeal chico gritar su nombre por última vez:

-¡Aunqueesto sea un adiós, no pienso llorar, Kaim!

¡A veces losniños aguantamos más que los adultos!

 

Kaim sinmirar atrás, responde despidiéndose con la mano. La expresión del chicocambiaría si cruzaran la mirada.

 

Decide serfuerte hasta el final.

 

 


Kaim sigueadelante.

 

 

 

Tras unbreve descanso, su viaje sin un hogar al que regresar comienza de nuevo.

 

 

 

Un viaje sinun hogar al que regresar: los poetas lo llaman “errar”.

 

Fin

Mil años de sueños: Los Contracorrientes

Los Contracorrientes

Esta extensa pradera siempre ha estado surcada por fuertes vientos.

Puede que la topografía de la zona tenga algo que ver, pero ladirección del viento siempre es la misma, sin importar la estación del año:

de Este a Oeste, desde levante hasta poniente.

 

 

Debido al viento incesante, los troncos y ramas deformes de losarbustos se inclinan hacia el oeste. Aquí la hierba no crece alto y las plantasque se elevan un poco más acaban doblándose apuntando hacia el Oeste.

 

Las caravanas  los pastorespasan por el único camino que atraviesa la llanura. No es que "vengan yvayan" sino que solo van, trasladándose de Este a Oeste, ayudados por elimpulso del viento. Los viajeros que se desplazan de Oeste a Este siempresiguen la ruta tortuosa que serpentea alrededor de las montañas del sur. Así esmucho más largo pero también mucho más rápido que atravesar la llanura contrael viento.

 

El camino que atraviesa la pradera recibe el nombre de Río del Viento.

 

Del mismo modo que las aguas de un gran río no cambian de direcciónjamás, las pisadas surcan este camino en el sentido, desde una pasado remoto, yseguirán así por mucho tiempo: de Este a Oeste.

 

Las siluetas de los hombre que se recortan contra el horizonte por dondese eleva el sol desaparecen en el horizonte tras el que el sol se oculta.

 

Nunca se cruzan con ningún viajero, excepto en muy contadas ocasiones.

 

La primera vez que se encontró Kaim con el Río del Viento, la muchachaera una niña.

-¿Mi abuela vivía entonces?

En respuesta a la pregunta despreocupada de la chica, Kaim sonríe ycontesta:

-Sí. Y era una anciana muy agradable.

La joven mira atrás y señala hacia la cordillera que se pierde en ladistancia.

-Mi abuela atravesó siete montañas cuando hizo el viaje.

-¿Siete son muchas?

-Ajá. Mi abuela vivió mucho tiempo. La mayoría termina el viaje despuésde cinco montañas. La gente que dejan atrás excava una pequeña tumba dondefinalizó el viaje, y después continúan su andadura…

La muchacha señala el suelo que pisa.

-Esto es todo lo lejos que he llegado -anuncia con una sonrisaorgullosa y jovial. La religión de la joven y su familia profesa la creenciapía de que si dedican su vida a caminar hacia el Este, contra el soplo del Ríodel Viento, llegarán al nacimiento del mismo.

A los que siguen esa religión la gente los llama"Contracorrientes".

El término amalgama trazas de miedo y tristeza con otras de desprecio yrecelo.

 

Los Contracorrientes desconocen los deseos terrenales. La únicafinalidad de su existencia es desplazarse hacia el Este a pie. Están libres deduda. Sus hijos nacen por el camino y los crían a medida que avanzan. Cuandoenvejecen y las fuerzas los abandonan, su marcha acaba. Pero los familiares nose detienen.

 

Su fe se transmite de los hijos a los nietos, a los bisnietos…

 

La andadura de lafamilia de la muchacha la inició su difunta abuela, quien empezó a caminardesde el extremo oeste del Río del Viento junto a su hijo, que entonces teníala edad que ahora tiene la chica.

 

Los Contracorrientesno caminan a lo largo de todo el año, por supuesto. Durante la estación en quelos vientos soplan con más fuerza de lo habitual (desde finales de otoño hastaprincipios de primavera), se albergan en los distintos pueblos que haydistribuidos a lo largo de la ruta, en los que ahorran algún dinero realizandolos trabajos que los habitantes se niegan a hacer. Algunos Contracorrientesdeciden quedarse en los pueblos, mientras que otros, por el contrario,convencen a algún residente para que los acompañen cuando retoman la marcha enprimavera. Se trata de personas de las que se han enamorado durante el largoinvierno, de jóvenes que sueñan con viajar o de adultos cansados de la vidasedentaria.

 

Por esto es porlo que los aldeanos miran con desconfianza a los Contracorrientes. La madre dela joven fue de los que se unieron por el camino y tal vez, dentro de unosaños, la muchacha se enamore de alguien al hospedarse en algún pueblo. Entoncestendrá que elegir entre establecerse en ese lugar o invitar a su pareja aacompañarla. A día de hoy no tiene ni idea de lo que le deparará el futuro.

 

Su padre lallama: -¡Hora de continuar!

-El brevedescanso ha terminado.

La chica parecelamentar tener que seguir y se pone de pie a regañadientes.

-Lo siento-dice-. Ojalá pudiera seguir conversando contigo, pero hemos de llegar alpróximo pueblo antes de que caigan las primeras nieves.

Tiene lasmejillas coloradas y secas y los labios agrietados debido al castigo continuodel viento, pero su sonrisa es deslumbrante cuando le desea a Kaim un buenviaje. Es el gesto sereno de quien cree con firmeza en el sentido de su vida,sin albergar la menor duda.

 

-¿Nos volveremosa ver? -pregunta.

-Quizá

 

-Responde Kaim,quien le devuelve la sonrisa, que no se puede equiparar a la de la joven. Seencuentra realizando un viaje que lo llevará más allá del extremo oeste del Ríodel Viento. Se dirige, como el mercenario que es, hacia el campo debatalla  para cuando finalicen loscombates del Oeste, un nuevo conflicto habrá estallado al Este.

 

Será un viajelargo y cruel que no le ofrecerá nada en lo que creer.

Cuando por elcamino se vuelva a encontrar a la muchacha, la sonrisa de Kaim será aún máslúgubre que ahora.

 

Tal vez a modo deregalo de despedida, la joven le canta unos versos:

Este viento, ¿de dónde proviene?

¿Dónde su viaje comienza?

¿Viene de donde la vida nace?

¿O empieza donde todo termina?

 

-Adiós, entonces-dice la chica, que camina penosamente, con paso forzado, mientras el viento lepeina el cabello.

 

 

Han pasado diezlargos años cuando Kaim se reencuentra con la muchacha.

 

Es primavera y lallanura está moteada de hermosas flores blancas.

Ahora es laesposa de un joven sastre y zapatero de uno de los pueblos.

-Es la terceraprimavera que paso aquí -dice al tiempo que se pasa la mano con cariño por labarriga abultada.

Dentro de unosdías dará a luz a su bebé. Será madre.

 

-¿Y tuspadres…? -pregunta Kaim.

La muchacha seencoge de hombros y mira hacia el Este.

 

-Continúan suviaje. Soy la única que se quedó aquí.

 

Kaim no le preguntapor qué lo ha hecho.

Seguir viajandoes un estilo de vida y establecerse en un pueblo es otro.

Lo uno no es máscorrecto que lo otro. La única respuesta que la joven puede dar la expresa susola sonrisa.

 

-Pero no tepreocupes por mí -dice mirándolo extrañada-. No has cambiado nada desde el díaen que nos conocimos, hace tanto tiempo. Para el milenario Kaim, diez años noson más que un parpadeo.

-Hay a quien leocurre -dice Kaim forzando una sonrisa-.

Algunas personasno envejecen nunca, por muchos años que tengan.

-Mira a lamuchacha, que ya es toda una mujer, y se pregunta de nuevo

 

si vivir eternamente es una bendición o unamaldición.

 

 

El comentario deKaim apenas le sirve como explicación a la joven, pero esta lo mira como si locomprendiera.

-Si ese es tucaso -observa-, no tendrías problema en llegar a la cuna del viento. Serías elContracorriente perfecto.

La chica podríatener razón: después de todo, la vida de los seres humanos es demasiado brevepara que a ninguno le dé tiempo a viajar en contra del soplo del Río del Vientohasta donde este nace.

 

Aún así, Kaimresponde meneando la cabeza con pesar.

-No estoypreparado para hacer el viaje.

-¿No? Cualquierapuede ser un Contracorriente. Es decir, cualquiera que desee ver con suspropios ojos de dónde brota el viento.

-Dicho esto,empero, la muchacha añade con tono triste-: Aunque supongo que nadie lo havisto en realidad.

 

La cuna delviento: ese lugar no existe. Incluso aunque después de un largo viaje sellegara al extremo Este del Río del Viento, allí también soplaría el viento. Yno solo el del este, sino también el del oeste, el del norte, y el del sur:vientos sin límite, sin fin.

Los humanos, queno viven para siempre, se atreven a emprender un viaje sin término. Esta podríaser la tragedia última, aunque también la comedia final. Con todo, Kaim sabeuna cosa: no es algo que se deba considerar un ejercicio de futilidad.

 

-¿Y tu? – lepregunta a la chica-. ¿No piensas retomar tu viaje?

La joven se lopiensa durante lo que dura un suspiro y, a la vez que se acaricia el vientre,ladea la cabeza y responde: -Tal vez quiera vivir siempre como ahora. O quizásme abandonaré algún día al deseo de conocer la cuna del viento.

 

Todos loscontracorrientes sin excepción dicen que nunca se sabe qué te puede hacerretomar el viaje. Un día, sin más, abandonas la vida en el pueblo y empiezas acaminar.

No solo escuestión de que te encuentres con un Contracorriente y este te haga volver alcamino: muchos parten en soledad el día menos pensado.

Según la filosofíade los Contracorrientes, todas las personas albergan el deseo de viajarconstantemente. Quizá no sean conscientes de este ansia porque lo tienen tanenterrado en el pecho que ni siquiera lo intuyen.

Pero en cuantoalgo lo hace emerger, la persona se convierte en Contracorriente.

 

-Incluso tútienes ese deseo -le asegura la muchacha a Kaim.

-Me pregunto…

-Es cierto -diceella-. No lo dudes.

La mirada de lajoven es tan franca  y segura comola última vez que la vio.

 

Apresándolo conlos ojos, la chica se señala al pecho.

 

-Todavía tengouna oportunidad.

-Pero seguro queeres feliz con la vida que llevas.

 

-Desde luego quesí.

-¿De verdad creesque llegará el día en que querrás reanudar el viaje, aunque ello implique ponerfin a tu felicidad? – En lugar de contestar, la muchacha le sonríe con ternura.

 

 

 

Han transcurridomuchos años pero de cuando en cuando Kaim encuentra algo que le trae a lamemoria las palabras de la chica: todo el mundo alberga el deseo de viajarininterrumpidamente. Para Kaim la vida es en sí misma un viaje infinito.

 

A lo largo de superiplo ha sido testigo de incontables muertes y ha presenciado innumerablesnacimientos. La vida humana es demasiado fugaz, demasiado frágil y efímera.

 

Aunque mientrasmás medita sobre su evanescencia, más siente, inexplicablemente, que palabrascomo "eterno" y "perpetual" definen mejor la vida, finitacomo es, que ninguna otra cosa.

 

Kaim ha remontadoel Río del Viento por primera vez enmuchos años, cuando ve que se está celebrando el funeral de un Contracorriente.

 

Junto al caminohay un joven vestido de luto ofreciendo flores silvestres a los viajeros quepasan e instándolos a "ofrendar una flor a un alma noble cuyo largo viaje ha terminado aquí".

 

Kaim toma unaflor y le pregunta: -¿Era familiar tuyo?

 

-Sí, era miabuela.

-El muchachoasiente con la cabeza.

Es la viva imagende alguien que Kaim conoció hace mucho.

 

La anciana delataud debe de ser la muchacha. Kaim está seguro.

 

-Mi abuela viajódurante muchos, muchos años. Partió con mi padre cuando él todavía era un niño.¿Ves aquella montaña de allí? Comenzó a caminar desde mucho más allá y llegóhasta aquí.

 

Entonces al finalla joven decidió retomar la marcha.

 

Abandonó la vidadel pueblo y con su niño de la mano continuó avanzando en su viaje sin fin.

 

El deseo deconocer la cuna del viento se lo legó a su hijo, que se lo transmitió a sunieto, y así el resto de generaciones.

 

Dirigirse a unlugar al que no se puede llegar, generación tras generación:

este también esun viaje infinito.

 

¿Tragedia?

 

¿Comedia?

 

Quizá la sonrisaserena de la anciana de ataúd sea la respuesta.

 

Kaim coloca laflor a sus pies a modo de ofrenda.

 

Los familiaresque viajaban con ella cantan a coro una canción por la difunta:

 

                                    Esteviento, ¿de dónde proviene?

                                    ¿Dóndesu viaje comienza?

                                    ¿Vienede donde la vida nace?

                                    ¿Oempieza donde todo termina?

 

El viento sopla.

Acaricia la vastapradera.

Kaim da un pasolargo y lento hacia su destino.

-¡Que tengas unbuen viaje! -grita el joven.

Sus mejillas,abrasadas como las de la muchacha hace tanto tiempo, se ablandan al esbozar unasonrisa mientras despide con la mano al caminante.

 

Fin

 

 

Mil años de sueños: Flores blancas

 

Flores blancas

 

 

Adorablesflores blancas adornan la ciudad, por todos los rincones de las calles, no enparterres o jardines dedicados a su cultivo, sino mezclándose de manera naturaly en profusión con cada hilera de casas, como si los edificios y las floreshubieran crecido juntos.

 

Es elcomienzo de la primavera y la nieve aún no ha desaparecido de las montañascercanas, pero la refulgente luz del sol baña ya la franja de océano que lamecon delicadeza la orilla sur de la ciudad. Esta es una antigua y prósperaciudad portuaria. Todavía hoy, sus muelles son testigos cada día del ir y venirde transatlánticos y cargueros.

 

 

Sin embargo,su historia está dividida claramente entre el “antes” y el “después” de unacontecimiento que sucedió un día hace mucho tiempo.

 

Aquí lagente prefiere no hablar sobre aquello: es la marca divisoria grabada en lacronología de la ciudad.

 

Losrecuerdos son demasiado tristes para contar historias sobre ellos.

 

Kaim lo sabey, por eso, ha regresado una vez más.

 

-¿De paso?-le pregunta el dueño de la taberna.

 

Kaimresponde al sonido de su voz con una leve sonrisa.

 

-Supongo queestá aquí por el festival. Debería tomarse su tiempo y disfrutarlo.

 

El hombreestá de muy buen humor. Lleva bebiendo con sus clientes vaso tras vaso y tienela cara bastante roja, pero nadie muestra signos de culparlo por excederse.Todos los asientes de la taberna están llenos y el aire retumba con lasrisotadas. De vez en cuando también se oyen voces felices que vienen del camino.

 

La ciudadentera está de celebración. Una vez al año el festival hace que la gente sedivierta toda la noche hasta que sale el sol.

 

-Espero quetengas habitación para esta noche, señor. Ahora es demasiado tarde paraencontrar una. Todas las posadas están a rebosar.

 

-Eso parece.

 

-Tampoco esque nadie vaya a ser tan tonto como para pasar una noche como estatranquilamente en su habitación metido bajo las mantas.

 

El dueño dela taberna guiña un ojo a Kaim como si le dijera “usted no, señor, estoy seguro”.

-Esta nochevamos a celebrar la mayor y más divertida fiesta jamás vista, y todo el mundoestá invitado, sean lugareños o no. Bebida, comida, juego, mujeres: dígame loque quiere. Le puedo conseguir lo que desee.

 

Kaim toma unsorbo de su bebida y no dice nada. Planea permanecer despierto toda la noche,por lo que no ha alquilado una habitación; aunque tampoco piensa disfrutar delfestival.

 

Kaim va aofrecer una oración la hora antes del amanecer, cuando la noche es más oscura yprofunda. Se marchará de la ciudad, movido por el sol de la mañana conformeeste asome la cara entre las montañas y el mar. Al igual que hizo en su últimavisita.

Porentonces, el dueño de la taberna, que hace unos minutos le contaba a uno de susclientes habituales que su primer nieto estaba a punto de nacer, era solo uncrío.

 

A esta invitoyo, ¡Beba! –dice el dueño de la taberna rellenando e lvaso de Kaim mientrasescudriña a este con recelo-. Viene para el festival, ¿verdad?

 

-En realidadno –dice Kaim.

 

-¡No me digaque no sabía nada! ¿Quiere decir que ha venido de casualidad?

 

-Me temo quesí.

 

-Bien, si havenido por negocios, olvídelo. Nadie hablará en serio en una noche tan especialcomo esta.

 

El dueño dela taberna le explica lo que de especial tiene esta noche.

 

-Debe haberoído algo. Una vez, hace mucho, mucho tiempo, esta ciudad por poco quedódestruida del todo.

 

Hay dosclases de acontecimientos que dividen la historia en un “antes” y “después”:uno es el nacimiento o muerte de algún gran personaje, un héroe o un salvador.

 

El otro esalgo como una guerra, una plaga o un desastre natural.

 

Lo quedividió la historia de esta ciudad en un “antes” y un “después” fue un terribleterremoto.

 

Ocurrió sinprevio aviso mientras la gente de la ciudad dormía profundamente; no tuvieronoportunidad de huir.

 

Con unrugido se abrió la tierra, y los caminos y los edificios se hicieron pedazos.

 

Surgieronfuegos que se extendieron en un abrir y cerrar de ojos.

 

Casi todosmurieron.

 

-No puedo niimaginarlo. Todo lo que yo sé es lo que me enseñaron en la escuela. ¿y quésignifica el “Festival de la resurrección” para un niño? Tan solo era algo quehabía ocurrido hace mucho tiempo. Vivo aquí y eso es todo lo quesignifica para mí, así que un viajero como usted probablemente no pueda nihacerse una idea de cómo fue.

 

-¿Así escomo llaman a esta fiesta? ¿”Festival de la resurrección”?

 

-Pues sí. Laciudad resucitó desde su ruina total y se convirtió en esto. De esotrata la celebración.

 

Kaim sonríea pesar de todo y apura su trago.

 

-¿Qué es tangracioso? –pregunta el dueño de la taberna.

 

-La últimavez que estuve aquí, lo llamaban el “Día conmemorativo del terremoto”.

 

No era unafiesta con celebraciones desenfrenadas.

 

-¿Qué estásdiciendo? Ha sido el “Festival de la resurrección” desde que era niño.

 

-Eso fueantes de que fuera lo bastante mayor como para recordar algo.

 

-¿Cómo?

 

-Y antes deeso, se llamaba “Consuelo de los espíritus”. Quemaban una vela por cada personaque murió, y rezaban para que descansaran en paz. Era una fiesta triste. Conmucho llanto.

 

-Habla comosi usted lo hubiera visto.

 

-Lo vi.

 

El dueño dela taberna ríe con un fuerte resoplido.

 

Parecesobrio, pero debe de haber perdido la cabeza con el alcohol. Escuche, es lanoche del festival, así que va a librarse aunque me haya tomado el pelo, perono diga bobadas así delante de otra gente de la ciudad. Nuestros ancestros,incluidos los míos, son los que sobrevivieron por poco.

 

Kaim sabebien lo que hace. Jamás esperó que el hombre le creyera. Solo quería averiguarpor sí mismo si la gente de la ciudad aún transmitía los recuerdos de latragedia; si, detrás de sus caras sonrientes, todavía quedaba la pena quehabían heredado desde la época de sus antepasados.

 

Cuando otrode los clientes lo llama, el dueño de la taberna deja a Kaim, pero primero lehace una advertencia.

 

-Cuidado conlo que dice, señor. Ese tipo de tontería le meterá en un lío. De verdad. Pienseen ello: ¡el terremoto ocurrió hace doscientos años!

 

 

Kaim no leresponde. En su lugar, bebe su licor en silencio.

Entre losque murieron en la tragedia hace doscientos años estaban su esposa y su hija.De todas las docenas de esposas y cientos de hijos que Kaim ha tenido en suvida eterna, la mujer y la niña que tuvo aquí le resultan especialmente inolvidables.

 

En aquellosdías, Kaim tenía un trabajo en el puerto.

 

Solo estabanlos tres: él. Su esposa y su niñita. Vivían de forma sencilla y feliz.

 

El mismotipo de días que habían precedido a hoy continuarían como mañanas sin fin.Todos en la ciudad lo creían: incluidas la mujer y la hija de Kaim, porsupuesto.

 

Pero Kaim nopensaba lo mismo.

 

Precisamenteporque su propia vida era larga sin fin y en consecuencia había saboreado eldolor de innumerables despedidas. Kaim sabía demasiado bien que en la vidacotidiana de los humanos no había nada “para siempre”.

 

Esta vidaque su familia había llevado acabaría en algún momento. No podía continuar sincambios. Sin embargo, esto no le provocaba pena alguna. Al negárseles el “parasiempre”, los seres humanos sabían cómo amar y valorar el aquí y ahora.

 

A Kaim legustaba especialmente enseñarle flores a su hija, cuanto más frágiles yefímeras mejor.

 

Las floresque se abrían con el sol de la mañana y se marchitaban antes de que el sol sepusiera podían encontrarse en cualquier parte de la ciudad portuaria; adorablesflores blancas que brotaban al comienzo de la primavera.

 

A su hija leencantaban las flores. Era una niña dulce que nunca cogería una flor que habíaluchado tan valientemente por abrirse. En su lugar, simplemente las mirabadurante horas.

Ese año,también…

 

-¡Mira quégrandes son los capullos!¡Están a punto de abrirse! –dijo felizmente alencontrar flores blancas en el camino cercano a la casa.

 

-¿Mañana,tal vez? –preguntó Kaim en voz alta.

 

-Seguro–dijo su mujer contenta-. Mañana levántate temprano y échales un vistazo.

 

-Pobresflores –dijo la niña-. Son bonitas cuando florecen, pero se marchitanenseguida.

 

-Tanto mejor–dijo la esposa de Kaim-. Da buena suerte verlas florecer. Eso lo hace más divertido.

 

-Puede serdivertido para nosotros –respondió la niña-. Pero piensa en las pobres flores.Se esfuerzan tanto por abrirse y se marchitan el mismo día. Es triste…

 

-Bueno,supongo que sí…

 

Una tristezamomentánea invadió la habitación, pero Kaim la disipó rápidamente con una risa.

 

-Felicidadno es lo mismo que “longevidad” –dijo.

 

-¿Quéquieres decir, papá?

 

-Puede queno florezca durante mucho tiempo, pero la flor es feliz si puede ser lamás bella y dar el mejor perfume que tiene mientras está abierta.

 

La niñaparecía tener dificultades para comprender esto y simplemente asintió con unligero suspiro. Entonces se puso a sonreír y dijo:

-Si tú lodices será verdad, papá.

 

Tu sonrisa es más bonita que cualquier florabierta.

 

Debería habérselo dicho. Después Kaim lamentó nohaberlo hecho.

Llegó acomprender que las palabras que había pronunciado tan a la ligeraresultaron ser una especie de profecía.

 

-Bueno,damisela –dijo-, si vas a levantarte temprano para ver las flores mañana por lamañana, será mejor que te vayas a la cama.

 

-De acuerdo,papá, si es necesario…

 

-Yo tambiénme voy a la cama –dijo la mujer de Kaim.

 

-Vale.Buenas noches, papá.

 

La mujerdijo a Kaim.

-Buenasnoches, querido, me voy a la cama de verdad.

-Buenasnoches –respondió Kaim, disfrutando de una última bebida para calmar la fatigadel día.

 

Estasresultaron ser las últimas palabras que la familia compartiría.

 

Un violentoterremoto asoló la ciudad “antes” del amanecer.

 

La casa deKaim quedó reducida a un montón de escombros.

 

Los dosseres queridos de Kaim partieron para ese distante mundo antes de poderdespertar de su profundo sueño y sin siquiera tener la oportunidad de decirle“buenos días”.

 

El sol de lamañana se elevó sobre una ciudad que había sido destruida en un momento.

 

Entre losescombros, las flores brotaban: las flores blancas que la hija de Kaim habíaansiado tanto ver.

 

Kaim pensóen poner una flor como ofrenda par el frío cadáver de su hija, pero rechazó laidea.

 

No podíacoger flores.

 

Comprendióque nadie, ningún ser vivo sobre la faz de la tierra, tenía derecho dearrebatarle la vida a una flor que solo vivía un corto día.

 

Kaim nuncapudo decirle a su hija “ve al cielo primero y espérame: estaré allí dentro depoco”.

 

Tampococonocería jamás la alegría de reunirse con sus seres queridos.

 

Vivir milaños significaba soportar el dolor de mil años de despedidas.

 

Kaimcontinuó su largo viaje.

Unvertiginoso número de años y meses siguieron: años y meses en los queinnumerables guerras y catástrofes naturales azotaron la tierra. La gente nacíay moría. Se amaban y se separaban de los seres queridos. Había alegríasimposibles de medir y penas igualmente inconmensurables. La gente se peleaba ydiscutía sin parar, pero también se amaba y perdonaba constantemente. Así sedesarrollaba la historia conforme las lágrimas del pasado evolucionaban poco apoco en plegarias por el futuro.

 

Kaimcontinuó su largo viaje.

Después deun tiempo, rara vez pensaba en la esposa y la hija con las que había pasadoaquellos breves días en la ciudad portuaria. Pero nunca se olvidó de ellas.

Y en eltranscurso de sus viajes, volvió a detenerse en la ciudad portuaria.

 

Comforme lanoche se hacía más profunda, el barullo de las multitudes aumentaba, peroahora, según aparecía una luz en el cielo orienta, sin una señal de nadie, elruido dio paso al silencio.

 

Kaim hapermanecido en la plaza central de la ciudad. Los juerguistas también hanllegado hasta aquí de uno en uno, hasta que antes de que se diera cuenta, laplaza adoquinada se ha llenado de gente.

Kaim sienteuna mano en su hombro:

-¡Noesperaba encontrarle aquí !-dice el dueño de la taberna.

Cuando Kaimle sonríe silenciosamente, el duelo de la taberna parece avergonzado y dice:

-Hay algoque olvidé contarle antes… -¿Eh…?

-Bueno, yasabe, el terremoto sucedió hace mucho tiempo. Antes de la época de mipadre y de mi madre, incluso antes de la generación de mis abuelos. Puede quesuene raro, pero no puedo imaginar esta ciudad en ruinas.

 

-Sé a qué terefieres.

 

-En realidadcreo que es probable que haya cosas en este mundo que no puedan olvidarseaunque no hayas llegado a vivirlas. Como el terremoto: no lo he olvidado. Y nosoy el único. Puede que sucediera hace doscientos años, pero nadie de la ciudadlo ha olvidado. No puedo imaginármelo, pero tampoco puedo olvidarlo.

 

Cuando Kaimasiente de nuevo para indicar que comprende las palabras del tabernero, unalúgubre melodía resuena en la plaza. Es la hora en la que el terremoto destruyóla ciudad.

 

Todos losreunidos, el dueño de la taberna y Kaim entre ellos, cierran los ojos, juntanlas manos y ofrecen una oración.

 

Con los ojoscerrados Kaim ve las caras sonrientes de su esposa e hija muertas.

¿Por quéestas caras que creen con todo su corazón que mañana vendrá seguro son tanbellas y tristes?

 

La músicatermina.

 

El sol de lamañana se eleva en el horizonte.

 

Y por todaspartes de la ciudad se abren innumerables flores blancas.

 

Endoscientos años, las flores han cambiado.

 

Loscientíficos han planteado la hipótesis de que el terremoto cambió la naturalezamisma de latiera, pero nadie sabe la causa con seguridad.

 

La vida delas flores se ha alargado.

 

Cuando antesse abrían y marchitaban en un solo día, ahora se mantienen en flor durante treso cuatro días de una vez.

 

Humedecidaspor el rocío de la noche, bañadas por la luz del sol, las flores blancas seesfuerzan por vivir la vida al máximo, embelleciendo la ciudad como si lucharanpor vivir la parte de vida que se les negó a aquellos cuyos “mañanas” les fueronarrebatados para siempre.

 

Fin

 

 

Mil años de sueños: En la mente del cautivo

 

En lamente del cautivo

 

Sabe que esinútil.

Pero nopuede reprimir el impulso que brota del interior de lo más hondo de su cuerpo.

 

Necesitahacerlo, arrojar su cuerpo entero contra los barrotes.

 

No sirve denada. Su cuerpo simplemente rebota contra los gruesos barrotes de hierro.

 

-¡Número8!¿Qué demonios estás haciendo?

 

El gritofurioso del guardia resuena por el corredor.

 

Nunca llamana los prisioneros por su nombre, solo por los número de sus celdas. Kaim es elnúmero 8.

 

No dicenada. En su lugar, arremete con el hombro contra los barrotes.

 

Los sólidosbarrotes de hierro nunca se mueven. Tan solo le dejan un dolor sordo y pesadoen los músculos y huesos condicionados a la perfección.

 

Esta vez, enlugar de gritar de nuevo, el guardia hace sonar su silbato y los otros guardiasvienen corriendo desde su puesto.

 

-¡Número8!¿Qué hace falta para que lo entiendas?

¿Quieres quete metamos en la celda de castigo?

A mí no memires así. Empieza a resistirte y todo lo que conseguirás será quedarte mástiempo aquí.

 

Sentado enel suelo de su celda, con las piernas separadas, Kaim ignora los gritos delguardia.

 

Ha estado enla celda de castigo muchas veces. Sabe que lo han tachado de “prisioneroaltamente rebelde”.

 

Pero nopuede evitarlo.

 

Algo seretuerce muy dentro de él.

 

Algo cálidoatrapado dentro está bullendo y convulsionándose.

 

-Vaya unhéroe de guerra has resultado ser.

Aquí novales nada. ¿Qué te pasa, soldadito?¿No puedes hacer nada sin un enemigomirándote a la cara?

 

El guardiade al lado se burla de Kaim con una carcajada.

 

-Lo sientomucho por ti, colega, aquí no hay enemigos. Tampoco nadie de tu bando. Tetenemos encerrado completamente solo.

 

Cuando losguardias se marchan, Kaim se enrosca en el suelo, agarrándose las rodillas, conlos ojos muy cerrados.

Completamentesolo…

 

Elguardia tiene razón.

Pensé queestaba acostumbrado a vivir solo. En el combate, en la carretera.

 

Lasoledad de esta prisión es más profunda que cualquiera que haya sentido antes.

Y da másmiedo.

 

Paredes portres lados, y más allá de los barrotes nada salvo otra pared cerrando elestrecho corredor.

 

Estamazmorra se construyó para evitar que los prisioneros se vieran, o que inclusosintieran la presencia de otros.

 

También la faltatotal de cambio en la vista paraliza el sentido del tiempo, Kaim no tiene niidea de cuántos días han pasado desde que lo metieron aquí.

 

El tiemposigue fluyendo, eso seguro. Pero sin un sitio al que ir, simplemente se estancadentro de él.

 

La verdaderatortura que inflinge una prisión a un hombre no es privarle de la libertad niobligarle a sentir la soledad.

 

El auténticocastigo es tener que vivir en un sitio en el que nada se mueve jamás dentro detu campo de visión y el tiempo nunca discurre.

 

El agua deun río nunca se pudre, pero enciérrala en un recipiente y eso es exactamente loque hará con el tiempo.

 

Aquí ocurrelo mismo.

 

Quizáspartes de su cuerpo y su mente muy dentro de él ya han empezado a despedir unhedor a podrido.

 

Kaim,consciente de ello, se levanta del suelo de nuevo y se estampa con los barrotesuna y otra vez.

No existe lamás remota posibilidad de que al hacerlo se rompa un barrote.

 

Tampocopiensa que pueda lograr escapar de esta forma.

 

Aun así, lohace repetidas veces.

 

No puedeevitarlo. Tiene que hacerlo una y otra vez.

 

En cadaintento, justo antes de que su cuerpo choque contra los barrotes, durante unafracción de segundo, un soplo de viento le toca la mejilla. El aire inamoviblese mueve, aunque solo sea por ese breve intervalo. El tacto del aire es loúnico que le da a Kaim un indicio incompleto del fluir del tiempo.

 

Los guardiasvienen corriendo con caras cargadas de ira.

 

Ahora veoformas humanas donde antes solo había una pared. Eso solo es suficiente paraanimarme. ¿Acaso los guardias no comprenden eso?

 

-Muy bien,número 8, te toca la celda de castigo. Veamos si tres días allí te calman lasideas.

 

Los labiosde Kaim se relajan en una sonrisa cuando oyen la orden.

 

¿Es queestos tipos no lo entienden?

Ahora elpaisaje cambiará. El tiempo empezará a fluir de nuevo. Eso me reconforta.

 

Kaim ríe envoz alta.

Los guardiasle atan las manos a la espalda, le ponen cadenas en los tobillos y se dirigenal cuarto de castigo.

 

-¿De quédemonios te ríes, número 8?

 

-Eso, paraya o el castigo será aún peor.

 

Pero Kaimsigue riendo. Riendo a pleno pulmón.

 

Si llenolos pulmones con aire nuevo, ¿desaparecerá el hedor?

 

¿O acasomi mente y mi cuerpo están ya tan podridos que no puedo librarme del hedor tanfácilmente?

 

¿Cuánto tiempovan a tenerme aquí encerrado?

 

¿Cuándosaldré de aquí?

 

¿Serádemasiado tarde entonces?

 

Cuandotodo se haya podrido, ¿seré menos una persona que una cosa, como cuandonuestras tropas contaban los cadáveres enemigos?

 

Kaim apenaspuede respirar.

 

Es como sile sacaran el aire del pecho y el insoportable dolor lo llevara de vuelta delmundo de los sueños a la realidad.

 

¿Estaríaen prisión en un pasado muy remoto?  se pregunta a mediasen el espacio entre el sueño y la realidad.

 

Ha tenidoeste sueño muchas veces ya, aunque bien podría llamarlo pesadilla. Después dedespertar, intenta recordar, pero nada se le queda en la memoria. Aunque unacosa es segura: el aspecto de la cárcel y los guardias del sueño siempre es elmismo.

 

¿Podríaser esto algo que he vivido de verdad?

 

Si esasí, ¿cuándo ha sido?

 

No hay formade que pueda decirlo.

 

Cuando estádespierto del todo, esas preguntas que se hacía en el sueño y la realidad se leborrar de la memoria.

 

Se levantacon un grito, respirando con dificultad. Con el reverso de la mano se limpialos chorros de sudor de la frente, y todo lo que queda es un terror que haceque se estremezca.

Siempre esasí.

 

Ahoratambién.

 

Habla entredientes consigo mismo conforme intenta recuperar cualquier recuerdo que quedeen un rincón distante de su cerebro. ¿Qué clase de vida he tenido en el pasado?

 

Ahoratambién.

 

-¿Qué clasede vida he tenido en el pasado?

 

 

Fin

Mil años de sueños El retorno de un héroe

Kaim se encuentra solo entre una multitud de hombrestoscos,

dando cuenta de su bebida en un rincón de la únicataberna de

la vieja ciudad.

Un hombre solitario cruza la puerta de la taberna.Recubre sus enormes proporciones el atuendo de un guerrero. Su sucio uniformesugiere que viene de lejos. La fatiga se refleja en la cara, pero sus ojostienen un brillo penetrante, la mirada de un luchador en acción.

 

  El retorno de un héroe

 

El ruido de la taberna se silencia al momento.

Todas las miradas del lugar se clavan en el soldadocon respeto y gratitud.

 

Por fin ha terminado la larga guerra contra el paísvecino, y los hombres que han luchado en el frente vuelven a casa. Ese es elcaso de este militar.

 

El soldado se sienta en la mesa de al lado de Kaim, yengulle un trago de licor con la contundencia de un bebedor habitual, un hombreque bebe para matar su dolor.

 

Dos tragos, tres, cuatro…

 

Otro cliente, el típico rufián de ciudad, se leacerca con una botella en la mano y una sonrisa obsequiosa.

 

-Deja que te ofrezca un trago –dice el hombre -, comomuestra de gratitud por tus heroicos esfuerzos.

 

Sin sonreír, el soldado deja que el hombre llene sucopa.

 

-¿Cómo ha sido estar en el frente? Apuesto a querealizaste muchas hazañas en el campo de batalla.

 

El soldado vacía su copa en silencio.

 

El rufián la vuelve a llenar y muestra una sonrisa aúnmás zalamera.

 

-Ahora que somos amigos, ¿qué tal si me cuentasalgunas historias de la guerra?

 

Tus brazos son grandes y fuertes, ¿a cuántos soldadosenemigos matas…?

 

Sin mediar palabra, el soldado arroja el contenido desu copa en la cara del hombre.

 

El rufián se pone hecho una furia y saca un cuchillo.En cuanto sale de la vaina, el puño de Kaim lo lanza volando por el aire.

 

Ante la poderosa unión de Kaim y el soldado, el rufiánsale corriendo mascullando maldiciones.

 

Los dos hombretones lo ven huir y comparten una débilsonrisa. A Kaim no le hace falta hablar con el soldado para saber que vive enuna profunda tristeza. Por su parte, el soldado, tras haber engañado a lamuerte en repetidas ocasiones, es consciente de la sombra que acecha en laexpresión de Kaim.

 

El barullo volvió a la taberna.

 

Kaim y el soldado comparten unas bebidas.

 

-Tengo una esposa y una hija que no he visto desdeque me enrolé

-dice el soldado -.

 

Hace ya tres largos años. Por primera vez se permitesonreír tímidamente mientras saca del bolsillo una foto de su mujer y su hija yse la enseña a Kaim: la esposa es una mujer de lozana frescura, la hija es aúnmuy joven.

-Ellas son la razón por la que he sobrevivido. Laidea de volver vivo a casa con ellas era lo que me daba fuerzas en el combate.

 

-¿Tu hogar está lejos de aquí?

 

-No, mi pueblo está justo tras el siguiente paso.Estoy seguro de que han oído que la guerra ha terminado y están deseando quevuelva.

 

Si él quisiera podría estar en casa esta noche. Estámuy cerca.

 

-Pero… –el soldado acaba el trago de licor y gruñe-. Tengo miedo.

 

-¿Miedo? ¿De qué?

 

-Quiero ver a mi esposa y a mi hija, pero tengo miedode que me vean.

 

No sé cuántos hombres habré matado en estos tres años.No tuve elección. Tuve que hacerlo para seguir vivo. Si quería volver con mifamilia, no tenía otra opción salvo matar a un soldado enemigo tras otro, ycada uno de ellos tenía una familia que había dejado en casa. Ese era el códigode la guerra, el destino del soldado. Para sobrevivir en el combate, tenías queseguir matando para que no te mataran.

 

-En el frente no tenía tiempo para pensar en esascosas. Estaba demasiado ocupado intentando sobrevivir. Aunque ahora lo veo,ahora que la guerra ha terminado. Hay tres años de pecados grabados en mi cara.La cara de un asesino. No quiero enseñar esta cara a mi mujer y a mi hija.

 

El soldado saca una bolsa de piel de la que extraeuna pequeña piedra. Le dice a Kaim que es una gema sin pulir, algo que encontrópoco después de marchar al campo de batalla.

 

-¿Una gema? –pregunta Kaim sin convencimiento. Lapiedra de la mesa es de un negro apagado sin indicios del brillo que deberíatener una gema.

 

-Brillaba cuando la encontré. Estaba seguro de que ami hija le encantaría cuando se la llevara a casa. Pero, poco a poco, la piedraperdió su brillo y se volvió oscura.

 

Cada vez que mataba a un soldado enemigo, algoparecido a la mancha de su sangre aparecía en la superficie de la piedra. Comopuedes ver, después de tres años está casi completamente negra. La piedra estámanchada con los pecados que he cometido. La llamo mi “piedra de los pecados”.

 

-No tienes porqué sentirte tan culpable. Tuviste quehacerlo para seguir vivo.

-Lo sé –dice el soldado-. Lo sé. Pero aún así… Aligual que yo, los hombres que maté tenían pueblos a los que volver y familiasque los esperaban allí…

 

El soldado hace una pausa antes de dirigirse de nuevoa Kaim:

-Supongo que tú también tendrás familia.

 

Kaim niega con la cabeza.

-No –dice-. No tengo familia.

-¿Un pueblo al menos?

-No tengo hogar al que volver.

-Un eterno viajero, ¿eh?

 

-Pues sí. Ese soy yo.

 

El soldado sonríe un poco y muestra a Kaim unasonrisa amarga. Cuesta decir cuánto cree lo que Kaim le ha dicho. Desliza su “piedrade los pecados” en la bolsa de piel y le dice:

 

-¿Sabes lo que creo? Si la piedra se vuelve másoscura cada vez que quito una vida, debería recuperar algo de su brillo cadavez que salve una.

 

En lugar de responder, Kaim apura las últimas gotasde licor de su copa y se levanta de la mesa. El soldado permanece en su silla yKaim, mirándole fijamente, le da un consejo:

 

-Si tienes un lugar al que volver, deberías volver.Tan solo ve, por mucho que te abrume la culpa. Estoy seguro de que tu esposa ytu hija lo entenderán. No eres un criminal. Eres un héroe: luchaste con elcorazón para seguir vivio.

 

-Me alegro de haberte conocido –dice el soldado-.Necesitaba oír eso.

Le ofrece la mano derecha a Kaim, y éste se laestrecha.

 

-Espero que tus viajes vayan bien. –dice el soldado.

 

-Los tuyos acabarán pronto –dice Kaim con una sonrisadirigiéndose a la puerta.

 

Justo entonces el rufián se lanza contra Kaim desdedetrás, pistola en mano.

 

-¡Cuidado!- grita el soldado lanzándose hacia Kaim.Conforme Kaim gira, el rufián apunta y grita.

 

-¡A nadieme trata así, hijo de perra!

 

El soldado salta entre los dos hombres y recibe unbalazo en el abdomen.

 

Y así, tal y como ansiaba hacer, el soldado hasalvado una vida. Irónicamente, el soldado ha dado su única vida por la deKaim, un hombre que no puede envejecer ni morir.

 

Tumbado en el suelo, casi inconsciente, el soldadopone la bolsa de piel en la mano de Kaim.

 

-Mira mi “piedra de los pecados”, por favor. Quizás…quizás –dice sonriendo débilmente-, haya recobrado algo de su brillo.

 

La sangre brota de su boca, ahogando la risa.

 

Kaim mira dentro de la bolsa y dice:

-Ahora brilla. Está limpia.

-¿De verdad?-jadea el soldado-. Bien. Mi hija se pondrámuy contenta…

Sonría con satisfacción y extiende la mano en buscade la bolsa. Con cuidado, Kaim coloca la bolsa en la palma de la mano delhombre y cierra sus dedos sobre ella.

El soldado exhala su último aliento y la bolsa cae alsuelo. La cara del hombre muerto tiene una expresión de paz.

 

Sin embargo, la “piedra de los pecados” del hombre,que se ha deslizado de la bolsa, sigue negra como siempre.

Fin

Mil años de sueños: La partida de Hanna

Los miembros de la familia tienen los ojos llorososcuando dan la bienvenida de nuevo en la posada a Kaim tras su largo viaje.

-Muchísimas gracias por venir.

Kaim comprende la situación al instante.

La hora del adiós está cerca.

La partida de Hanna

Pronto, demasiado pronto. Pero ya sabía que este díallegaría tarde o temprano, y no en un futuro lejano.

“Puede que no te vuelva a ver más”, le había dicho ellacon una triste sonrisa cuando partió de viaje. Estaba acostada en la cama,sonriendo con su rostro de blancura casi transparente, terriblemente frágil, ypor ende indescriptiblemente bello.

-¿Puedo ver a Hanna?

El posadero asiente ligeramente con la cabeza.

-Pero no creo que vaya a reconocerte.

Le advierte a Kaim de que no ha abierto los ojos desdeanoche. El ligero movimiento de su pecho indica que aún se aferra a un frágilhilo de vida, pero podía romperse en cualquier momento.

-Qué pena… Sé que para ti era muy importante venir averla…

Otra lágrima resbala por la mejilla de la mujer.

-No te preocupes, no pasa nada –la tranquiliza Kaim.

Ha presenciado innumerables muertes, y su experiencia leha enseñado mucho. La muerte arrebata el habla en primer lugar, luego la vista.Sin embargo, lo que sí que aguanta hasta el final es el oído. Aunque el enfermopierda la conciencia, no es extraño que las voces de los familiares provoquensonrisas o lágrimas.

Kaim rodea con su brazo el hombro de la mujer.

-Tengo muchas historias de viajes para ella.

Llevo esperando esto todo el tiempo que he pasado fuera.

En lugar de sonreír, la mujer deja escapar otra lágrima yasiente.

-Y Hanna esperaba poder oír tus historias –dice conpalabras entrecortadas por el llanto.

El posadero interviene. –Ojalá pudiera pedirte quedescansaras del viaje antes de verla, pero…

-Por supuesto, la veré ahora mismo –dice Kaim,interrumpiendo la disculpa del hombre.

Queda muy poco tiempo.

Hanna, la única hija del posadero y de su esposa,probablemente no pase del próximo amanecer.

Kaim deja su equipaje en el suelo y abre sin hacer ruidola puerta del cuarto de Hanna.

Hanna fue muy débil desde su nacimiento. Lejos dedisfrutar de la oportunidad de viajar, apenas había salido del pueblo, siquieradel vecindario, donde había nacido y crecido. El médico había dicho a suspadres que aquella niña difícilmente llegaría a adulta. Los dioses habíanreservado un triste destino para aquella diminuta niña de rasgos de muñecaextraordinariamente bellos.

Tal vez los propios diioses intentaran expiar esta cruelinjusticia haciendo que la niña fuera la hija única de los dueños de unapequeña posada de carretera.

Hanna no podía ir a ninguna parte, pero los huéspedes dela posada de sus padres le solían contar historias sobre ciudades, países,paisajes y gentes que ella nunca conocería. Cuando un nuevo huesped llegaba ala posada, Hanna siempre desplegaba su batería de preguntas:

“¿De dónde eres?”, “¿A qué te dedicas?”, “¿Me cuentas unahistoria?”.

Solía sentarse y escuchar aquellas historias con ojosbrillantes y vivos, instaba al viajero a pasar rápido al siguiente episodio conun “¿Y luego? ¿Y luego?”.

Cuando se marchaban, siempre les rogaba:

“¡Por favor, vuelvey cuéntame montones de historias sobre países lejanos!

Solía quedarse despidiendo con la mano al viajero hastaque desaparecía de la vista por la carretera. Luego soltaba un melancólicosuspiro y volvía a la cama.

Hanna duerme profundamente.

No hay nadie más en la habitación, lo que tal vez indicaque hace tiempo que los médicos la dieron por perdida.

Kaim se sienta en una silla cercana a la cama y la saludacon una sonrisa. –Hola, Hanna. He vuelto.

Ella no responde. Su pequeño pecho, que aún no tiene losrasgos del de una adulta, sube y baja casi imperceptiblemente.

-Esta vez fui mucho más allá del océano –le cuenta Kaim-.El océano del lado desde el que sale el sol. Tomé un barco, en un muelle lejos,lejísimos, mucho más allá de las montañas que ves desde esta ventana, y estuveen alta mar desde el momento en que la luna era un círculo perfecto en elcielo, mientras fue haciéndose cada vez más pequeña y luego cada vez másgrande, y hasta que estuvo llena de nuevo. Allá donde alcanzaba la vista nohabía más que mar. Tan solo agua y cielo. ¿Te lo imaginas, Hanna? Nunca hasvisto el mar, pero estoy seguro de que la gente te habrá hablado sobre él. Escomo un charco enorme e infinito.

Kaim se ríe para sí mismo y parece que las mejillaspálidas de Hanna se mueven ligeramente.

Puede oírlo. Aunque no pueda hablar ni ver, sus oídos aúnestán vivos.

Kaim, convencido y confiando en que eso sea verdad,continúa el relato de la historia de sus viajes. No dice palabras de despedida.

Como siempre con Hanna, Kaim sonríe con una dulzura quenunca ha tenido con nadie más, y prosigue narrando sus historias con una vozalegre, que a veces incluso acompaña de gestos exagerados.

Le habla del océano azul.

Le habla del cielo azul.

Pero no le dice nada sobre la despiadada batalla navalque tiñó de rojo el océano.

Nunca le habla sobre esas cosas.

Hanna aún era una niña muy pequeña cuando Kaim se hospedópor primera vez en el hostal.

Cuando, con su condición infantil y su sonrisa inocente,ella le asaltó con sus preguntas sobre su origen y le pidió que le contara sushistorias, Kaim sintió algo dentro de su pecho.

Aquella vez volvía de una batalla.

Más exactamente, había terminado una batalla e iba caminode otra.

Su vida consistía en vagar de un campo de batalla a otro,y nada de eso había cambiado desde entonces.

Ha sesgado la vida de innumerables soldados enemigos ypresenciado la muerte de infinidad de camaradas en el campo de batalla. Enrealidad, lo único que separa a los enemigos de los camaradas es una meracuestión de suerte. Si las ruedas del destino hubieran girado de maneradiferente, sus enemigos habrían sido camaradas y sus camaradas, enemigos. Tales el sino del mercenario.

En aquella época, su ánimo estaba destrozado y se sntíainsoportablemente solo. Como ser inmortal, Kaim no temía a la muerte, razón porla cual los rostros de los soldados están deformados por el miedo, y por la queel rostro de cada hombre que murió sufriendo quedó grabado a fuego en sumemoria.

Normalmente, solía pasar las noches bebiendo en lacarretera. Sumiéndose en el sopor etílico –o fingiendo sumirse en él- intentabaobligarse a olvidar lo inolvidable.

No obstante, cuando vio la sonrisa de Hanna al pedirleque le contara historias sobre su largo viaje, sintió un consuelo más cálido yprofundo del que nunca hubiera obtenido del licor.

Le habló de muchas cosas…

De una flor preciosa que descubrió en un campo debatalla.

De la belleza cautivadora de la bruma cuando invade elbosque la noche previa al combate final.

Del incomparable sabor del agua del manantial de unbarranco en el que sus hombres y él se habían refugiado tras haber perdido unabatalla.

Del vasto e inabarcable cielo azul que vio tras unabatalla.

Nunca le contaba nada triste. Omitía todo lo referente ala mezquindad del ser humano y la estupidez  que presenciaba sin cesar en el campo de batalla.

Le ocultó su condición de mercenario, las razones que lellevaban a viajar constantemente, y le hablaba solo de cosas bonitas, dulces yagradables.

Ahora comprende que si sólo le contó a Hanna ese tipo dehistorias bonitas sobre sus viajes no fue tanto por no corromper la inocenciade la niña, sino por el bien de sí mismo.

Quedarse en la posada en la que Hanna esperaba verle denuevo terminó por convertirse en uno de los pequeños placeres de la vida deKaim. Narrarle los recuerdos con los que volvía de sus viajes le hacía sentiruna ligera redención, por tenue que fuera.

Su amistad con la niña continuó cinco años, diez años.Poco a poco, ella se acercaba a la edad adulta, lo que significaba que, talcomo los médicos habían predicho, cada día se acercaba más a la muerte.

Y ahora, Kaim termina la última historia de viajes quecompartirá con ella. No podrá volver a verla, no podrá contarle sus historiasde nuevo.

Antes del alba, cunado la oscuridad de la noche alcanzasu cenit, las pausas en la respiración de Hanna se vuelven más largas.

El frágil hilo de su vida está a punto de ceder mientrasKaim y sus padres la cuidan.

La lucecita que anidó en el pecho de Kaim se apagará. Sussolitarios viajes, esos largos viajes sin fin, comenzarán de nuevo mañana.

-Pronto estarás partiendo hacia tus propios viajes, Hanna–le dice Kaim con dulzura-. Partirás a un mundo que nadie conoce, un mundo quenunca ha aparecido en las historias que has oído hasta ahora. Por fin podrásdejar tu cama y vagar por donde quieras. Serás libre.

Quiere hacerle saber que la muerte no es sufrimiento,sino una mezcla de alegría y lágrimas. –Ahora te toca a ti. Procura contarle atodo el mundo los recuerdos de tu viaje.

Sus padres harán ese mismo viaje algún día. Y algún díaHanna podrá reecontrarse más allá del cielo con todos los huéspedes de queconoció en la posada.

Y yo, sin embargo,nunca viajaré allí.

Nunca podré escaparde este mundo.

Nunca te volveré aver.

-Esto no es una despedida. Es solo el comienzo de tuviaje.

Le dice una última cosa.

-Nos volveremos a ver.

Es su última mentira.

Hanna parte hacia su viaje.

En su rostro aparece una sonrisa tranquila, como siacabara de decir un “hasta pronto”.

Sus ojos no volverán a abrirse. Una solitaria lágrimaresbala lentamente por su mejilla.

Fin

Mil años de sueños

En las próximas horas o días, subiré una transcripción de los 31 relatos que componen Mil años de sueños de Lost Odissey. Empezando ahora.

Tengo que aclarar que los relatos están correctos, esos comandos raros del principio deben salir por alguna cosa del word al seleccionarlo todo, y no sé cómo quitarlo. Disculpen las molestias.

 Si a alguien le interesa, tengo el archivo word con los 31 relatos, portada e índice. Si alguien lo quiere, que me dé un email y se lo envío.