Mil años de sueños El retorno de un héroe

Kaim se encuentra solo entre una multitud de hombrestoscos,

dando cuenta de su bebida en un rincón de la únicataberna de

la vieja ciudad.

Un hombre solitario cruza la puerta de la taberna.Recubre sus enormes proporciones el atuendo de un guerrero. Su sucio uniformesugiere que viene de lejos. La fatiga se refleja en la cara, pero sus ojostienen un brillo penetrante, la mirada de un luchador en acción.

 

  El retorno de un héroe

 

El ruido de la taberna se silencia al momento.

Todas las miradas del lugar se clavan en el soldadocon respeto y gratitud.

 

Por fin ha terminado la larga guerra contra el paísvecino, y los hombres que han luchado en el frente vuelven a casa. Ese es elcaso de este militar.

 

El soldado se sienta en la mesa de al lado de Kaim, yengulle un trago de licor con la contundencia de un bebedor habitual, un hombreque bebe para matar su dolor.

 

Dos tragos, tres, cuatro…

 

Otro cliente, el típico rufián de ciudad, se leacerca con una botella en la mano y una sonrisa obsequiosa.

 

-Deja que te ofrezca un trago –dice el hombre -, comomuestra de gratitud por tus heroicos esfuerzos.

 

Sin sonreír, el soldado deja que el hombre llene sucopa.

 

-¿Cómo ha sido estar en el frente? Apuesto a querealizaste muchas hazañas en el campo de batalla.

 

El soldado vacía su copa en silencio.

 

El rufián la vuelve a llenar y muestra una sonrisa aúnmás zalamera.

 

-Ahora que somos amigos, ¿qué tal si me cuentasalgunas historias de la guerra?

 

Tus brazos son grandes y fuertes, ¿a cuántos soldadosenemigos matas…?

 

Sin mediar palabra, el soldado arroja el contenido desu copa en la cara del hombre.

 

El rufián se pone hecho una furia y saca un cuchillo.En cuanto sale de la vaina, el puño de Kaim lo lanza volando por el aire.

 

Ante la poderosa unión de Kaim y el soldado, el rufiánsale corriendo mascullando maldiciones.

 

Los dos hombretones lo ven huir y comparten una débilsonrisa. A Kaim no le hace falta hablar con el soldado para saber que vive enuna profunda tristeza. Por su parte, el soldado, tras haber engañado a lamuerte en repetidas ocasiones, es consciente de la sombra que acecha en laexpresión de Kaim.

 

El barullo volvió a la taberna.

 

Kaim y el soldado comparten unas bebidas.

 

-Tengo una esposa y una hija que no he visto desdeque me enrolé

-dice el soldado -.

 

Hace ya tres largos años. Por primera vez se permitesonreír tímidamente mientras saca del bolsillo una foto de su mujer y su hija yse la enseña a Kaim: la esposa es una mujer de lozana frescura, la hija es aúnmuy joven.

-Ellas son la razón por la que he sobrevivido. Laidea de volver vivo a casa con ellas era lo que me daba fuerzas en el combate.

 

-¿Tu hogar está lejos de aquí?

 

-No, mi pueblo está justo tras el siguiente paso.Estoy seguro de que han oído que la guerra ha terminado y están deseando quevuelva.

 

Si él quisiera podría estar en casa esta noche. Estámuy cerca.

 

-Pero… –el soldado acaba el trago de licor y gruñe-. Tengo miedo.

 

-¿Miedo? ¿De qué?

 

-Quiero ver a mi esposa y a mi hija, pero tengo miedode que me vean.

 

No sé cuántos hombres habré matado en estos tres años.No tuve elección. Tuve que hacerlo para seguir vivo. Si quería volver con mifamilia, no tenía otra opción salvo matar a un soldado enemigo tras otro, ycada uno de ellos tenía una familia que había dejado en casa. Ese era el códigode la guerra, el destino del soldado. Para sobrevivir en el combate, tenías queseguir matando para que no te mataran.

 

-En el frente no tenía tiempo para pensar en esascosas. Estaba demasiado ocupado intentando sobrevivir. Aunque ahora lo veo,ahora que la guerra ha terminado. Hay tres años de pecados grabados en mi cara.La cara de un asesino. No quiero enseñar esta cara a mi mujer y a mi hija.

 

El soldado saca una bolsa de piel de la que extraeuna pequeña piedra. Le dice a Kaim que es una gema sin pulir, algo que encontrópoco después de marchar al campo de batalla.

 

-¿Una gema? –pregunta Kaim sin convencimiento. Lapiedra de la mesa es de un negro apagado sin indicios del brillo que deberíatener una gema.

 

-Brillaba cuando la encontré. Estaba seguro de que ami hija le encantaría cuando se la llevara a casa. Pero, poco a poco, la piedraperdió su brillo y se volvió oscura.

 

Cada vez que mataba a un soldado enemigo, algoparecido a la mancha de su sangre aparecía en la superficie de la piedra. Comopuedes ver, después de tres años está casi completamente negra. La piedra estámanchada con los pecados que he cometido. La llamo mi “piedra de los pecados”.

 

-No tienes porqué sentirte tan culpable. Tuviste quehacerlo para seguir vivo.

-Lo sé –dice el soldado-. Lo sé. Pero aún así… Aligual que yo, los hombres que maté tenían pueblos a los que volver y familiasque los esperaban allí…

 

El soldado hace una pausa antes de dirigirse de nuevoa Kaim:

-Supongo que tú también tendrás familia.

 

Kaim niega con la cabeza.

-No –dice-. No tengo familia.

-¿Un pueblo al menos?

-No tengo hogar al que volver.

-Un eterno viajero, ¿eh?

 

-Pues sí. Ese soy yo.

 

El soldado sonríe un poco y muestra a Kaim unasonrisa amarga. Cuesta decir cuánto cree lo que Kaim le ha dicho. Desliza su “piedrade los pecados” en la bolsa de piel y le dice:

 

-¿Sabes lo que creo? Si la piedra se vuelve másoscura cada vez que quito una vida, debería recuperar algo de su brillo cadavez que salve una.

 

En lugar de responder, Kaim apura las últimas gotasde licor de su copa y se levanta de la mesa. El soldado permanece en su silla yKaim, mirándole fijamente, le da un consejo:

 

-Si tienes un lugar al que volver, deberías volver.Tan solo ve, por mucho que te abrume la culpa. Estoy seguro de que tu esposa ytu hija lo entenderán. No eres un criminal. Eres un héroe: luchaste con elcorazón para seguir vivio.

 

-Me alegro de haberte conocido –dice el soldado-.Necesitaba oír eso.

Le ofrece la mano derecha a Kaim, y éste se laestrecha.

 

-Espero que tus viajes vayan bien. –dice el soldado.

 

-Los tuyos acabarán pronto –dice Kaim con una sonrisadirigiéndose a la puerta.

 

Justo entonces el rufián se lanza contra Kaim desdedetrás, pistola en mano.

 

-¡Cuidado!- grita el soldado lanzándose hacia Kaim.Conforme Kaim gira, el rufián apunta y grita.

 

-¡A nadieme trata así, hijo de perra!

 

El soldado salta entre los dos hombres y recibe unbalazo en el abdomen.

 

Y así, tal y como ansiaba hacer, el soldado hasalvado una vida. Irónicamente, el soldado ha dado su única vida por la deKaim, un hombre que no puede envejecer ni morir.

 

Tumbado en el suelo, casi inconsciente, el soldadopone la bolsa de piel en la mano de Kaim.

 

-Mira mi “piedra de los pecados”, por favor. Quizás…quizás –dice sonriendo débilmente-, haya recobrado algo de su brillo.

 

La sangre brota de su boca, ahogando la risa.

 

Kaim mira dentro de la bolsa y dice:

-Ahora brilla. Está limpia.

-¿De verdad?-jadea el soldado-. Bien. Mi hija se pondrámuy contenta…

Sonría con satisfacción y extiende la mano en buscade la bolsa. Con cuidado, Kaim coloca la bolsa en la palma de la mano delhombre y cierra sus dedos sobre ella.

El soldado exhala su último aliento y la bolsa cae alsuelo. La cara del hombre muerto tiene una expresión de paz.

 

Sin embargo, la “piedra de los pecados” del hombre,que se ha deslizado de la bolsa, sigue negra como siempre.

Fin