Mil años de sueños: Una madre vuelve a casa

 

Unamadre vuelve a casa

 

 

El chico haperdido la sonrisa pero lo niega.

 

-No seastonto, Kaim.

 

¡Mira! Estoysonriendo, ¿ves?

 

Fuerza unasonrisa y deja ver sus dientes marfileños, que contrastan con su piel morena.

 

-Si esto noes una sonrisa, ¿qué es?

 

Kaim asienteen silencio. Le da una palmada en el hombro como para decir:

“Claro,claro”.

 

-Venga, enserio, mírame. Estoy sonriendo, ¿vale?

 

-Sí, estássonriendo.

-Bueno,déjalo. Venga, vamos.

 

El chico esafable y abierto.

 

Se hizoamigo de Kaim enseguida mientras los demás habitantes del pueblo se manteníanalejados del “extraño fortastero”.

 

Tampoco esque el chico eligiera al milenario Kaim como amigo.

 

Lleva a Kaima la taberna, que hoy todavía no ha abierto.

 

-Odio pedirteque hagas esto pero… si no te importa, por favor.

La voz delchico parece haberse apagado.

 

En lataberna hay un hombre que emite un alarido de borracho. Hoy parece másperjudicado de lo normal, Kaim reprime un suspiro y entra en la taberna.

 

El hombreque ocupa el taburete es el padre del chico, ebrio de nuevo ya al mediodía. Elchico ha venido para llevárselo a casa. Mira a su padre con ojos tristes.

 

Kaim toma alpadre por el hombro y aparta de él con disimulo la botella de whisky.

 

-Ya bastapor hoy –dice. El hombre se quita de encima el brazo de Kaim y se derrumbasobre la barra.

-Os odio–gruñe.

-Lo sé –diceKaim-. Pero es hora de volver a casa. Ya has bebido bastante.

-Óyeme bien,Kaim. ¡Vagabundo! Os odio.

 

Os odiotanto, tanto, tanto.

 

El padresiempre se pone así cuando se emborracha:

Maldice atodos los “vagabundos”, se pelea con cualquiera que tenga aspecto de viajero ytermina durmiéndola en el suelo. Su hijo es demasiado pequeño para llevárselo acasa.

 

Kaim suspiray vuelve a sostener al padre beodo para que no se caiga del taburete.

 

El chicomira a su padre, sus ojos dos pozos de tristeza, rabia y lástima.

 

Cuando miraa Kaim, se encoge de hombros como para decir: “Lamento hacerte pasar poresto”.

 

Sin embargo,Kaim está acostumbrado. Lleva un año viendo al padre como una cuba casi adiario, desde que el chico y él se quedaron solos.

 

-Oh,vamos…-dice el chico forzando una sonrisa como si se resignara a lasituación-.

Pobrepapá… Pobre de mí.

 

Con el padreapoyado en el hombre, Kaim sonríe al chico y le dice.

 

-Sí, peroprocura no acabar emborrachándote igual que él.

 

-Perdona–replica el chico sacando pecho-.

 

A veces losniños aguantamos más que los adultos.

 

Kaim amplíala sonrisa, como dándole la razón.

 

“Claro quela tengo”, contesta el chico con la sonrisa que le devuelve.

 

Es la únicaque el niño de diez años ha conseguido esbozar en todo el año:

 

Tan amargaque te entumecería la lengua si pudieras saborearla.

 

La madre delchico (la esposa del padre) se marchó de casa hace un año.

 

Se enamoróde un vendedor ambulante y abandonó al chico y a su padre.

 

-Mamá estabaaburrida.

-Dice elchico con frialdad al recordar la infidelidad de su madre-.

 

Se cansó dehacer lo mismo cada día. Entonces lo conoció.

A la tiernaedad de diez años, el chico ya ha aprendido, que algunas historias hay quecontarlas con naturalidad.

 

El padrenació y se crió en este pueblo y trabajaba en la oficina de administración. Notenía ningún talento especial, aunque su oficio no requería ningún virtuosismoni demasiada inteligencia. Lo único que tenía que hacer era cumplir órdenes condiligencia y sumisión, y eso era exactamente lo que hacía, año tras año, sincausar nunca ningún problema.

 

-Decía quenuestra vida era “tranquila”, aunque mamá no opinaba igual.

Se quejabade que era “normal” y “aburrida”.

 

Le atrajo lavida del astuto vendedor ambulante.

Le parecíaarriesgada y emocionante, como caminar por lo alto del muro de una prisión: sipisas mal, acabas encerrado.

 

-Papá ledecía a mamá que el vendedor la estaba engañando, que solo la quería por eldinero, pero no conseguía hacérselo entender. Mamá se había olvidado denosotros.

 

Con absolutaobjetividad, como si lo viera todo desde fuera, el chico reflexiona sobre latragedia que hundió a su familia.

 

-Había oídoque el amor es ciego. ¡Vaya si lo es! –exclama a la vez que se encoge dehombros y esboza una sonrisa sardónica de adulto desengañado.

 

Kaim guardasilencio.

 

También sedice que los niños deben ser inocentes, aunque algo así no debe de tener muchosentido para un pequeño que ha perdido el amor de su madre.

 

Y aunqueKaim intentara hablar con él, el chico intentaría quitarle importancia con unamedia sonrisa y diciendo:

 

“A veces losniños aguantamos más que los adultos”.

 

El padre delchico, sin embargo, muestra su desagrado cuando su hijo se expresa como sifuera mayor.

 

-Este mocosoha espabilado mucho. Ahora me desprecia. Cree que soy patético. En el fondo seríe de mí por dejar que mi esposa se fuera con otro, el maldito.

 

Le molestasobre todo cuando está borracho.

Entonces sudesprecio asfixia el cariño que siente por su hijo. A veces incluso loabofetea, o lo intenta. Cuando se ha pasado con la bebida, al niño no le cuestaesquivar los sopapos, con lo que su padre termina cayéndose al suelo.

 

Pero aunquese esté ahogando en un mar de licor, a veces recupera la cordura y empieza ahacer preguntas.

 

-Dime, Kaim,tú llevas mucho tiempo viajando, ¿verdad?

-Pues sí.

 

-¿Es tanemocionante como parece? Visitar ciudades desconocidas, conocer gente nueva nopuede ser tan… ¿Tan maravilloso es que lo dejarías todo por vivir siempreasí?

 

Pregunta lomismo una y otra vez. Kaim siempre le responde lo mismo.

-Unas vecesdisfrutas más y otras menos.

 

No sabe quémás decir.

 

-Sabes,Kaim, nunca he salido de este pueblo. Tampoco mi padre, ni mi abuelo, ni mibisabuelo ni ninguno de mis ascendientes. Siempre hemos vivido y muerto aquí.La familia de mi esposa también. Llevan generaciones echando raíces aquí, asíque no entiendo por qué lo hizo. ¿Por qué se marchó?¿Por qué esa necesidadacuciante de dejarnos a mí y a su hijo?

 

Kaim sonríesin decir nada. No se puede responder a algo así con palabras. Por mucho queintentara explicársela, la razón por la que algunas personas se lanzan a laaventura no se puede hacer entender a quienes no sienten esa ansia. El padre esde los que nunca entenderán.

 

Incapaz deobtener una respuesta de Kaim, se hunde de nuevo en un mar de embriaguez.

 

-Tengomiedo, Kaim-confiesa-. Tal vez mi hijo también lo haga. Puede que algún día semarche y me deje aquí solo. Cada vez que lo oigo hablar como un adulto, measusto tanto que no lo soporto.

 

La madre delchico acaba regresando.

 

El vendedorambulante le quitó todos sus ahorros y en cuanto vio que ya no le servía denada, la dejó. La madre, desecha física y mentalmente, solo tiene un sitio alque ir: el hogar que abandonó.

 

Primeroenvía una carta desde el pueblo vecino, de la que su marido, después de leerlauna y otra vez con el corazón emponzoñado de licor, se ríe burlonamente.

 

-Le estábien empleado a esa bruja.

Se deleitahaciendo pedazos la carta delante de Kaim, sin enseñársela antes a su hijo.

 

Kaim se locuenta al chico y le pregunta:

 

-¿Quéquieres hacer? Decidas lo que decidas, cuenta conmigo.

-¿Decida loque decida? –repite el pequeño con su sonrisa de desencanto.

 

-Si quieresmarcharte de este pueblo, te proporcionaré dinero suficiente para que te lasarregles durante una temporada –dice Kaim-. Puedo hacerlo.

 

-Susemblante es de absoluta seriedad.

 

El padre notiene la menor intención de perdonar a su esposa. Seguramente la rechazará siesta se presenta, y tal vez incluso ponga una sonrisa de venganza.

 

No obstante,Kaim sabe que si la madre no vuelve al hogar y abandona el pueblo para siempre,el padre volverá a beber cada día, maldecir la infidelidad de su esposa, alamentar su suerte, a pagarla con los forasteros y a mostrar todo el tiempo lopeor de sí mismo a su hijo.

 

Las largastemporadas que Kaim ha pasado en el camino se lo han enseñado. Viajarcontinuamente significa conocer todo tipo de gente y no cabe duda de que elpadre del chico es uno de los hombre más débiles con los que se ha tropezado enla vida.

 

-Podríasreunirte con tu madre y vivir en otro pueblo.

O, siprefieres ir solo a alguna parte, yo podría conseguirte trabajo.

 

Kaim creeque cualquiera de las dos opciones es preferible a que el chico siga viviendoasí con su padre.

 

Pese a todo,el chico, que parece intrigado, mira a Kaim a los ojos y le muestra sus dientesblancos.

-Llevasmucho tiempo viajando, ¿verdad, Kaim?

-Pues sí.

-¿Siempresolo?

-Unas vecessí y otras no…

 

-Hmm…

 

-El chicoasiente con la cabeza y, con el gesto de un adulto, dice- No acabas deentenderlo , ¿verdad?

 

-¿El qué?

 

-Con todo loque has viajado y todavía no has comprendido lo más importante.

 

Su sonrisatriste se vuelve amarga como de costumbre.

 

Tres díasmás tarde Kaim entiende a qué se refería el pequeño.

 

Una mujer deaspecto cansado y vestida con harapos sale de la carretera y entra en elmercado.

 

La gente seaparta  de ella y se quedamirándola, de tal manera que forma un círculo a su alrededor.

 

La madre delchico ha vuelto.

 

Este se abrepaso entre la multitud   yentra en el círculo.

En cuanto lamadre ve a su hijo, una sonrisa se abre entre sus mejillas abrasadas.

 

Paso a paso,el niño se va acercado a su madre, demacrada y sonriente.

Al principiovacila, pero en seguida se arroja a sus brazos.

 

Llora.Sonríe. Por primera vez desde que lo conoce, Kaim lo ve sonreír como a un niñoinocente.

 

-Lo siento.Lo siento mucho. Por favor, perdóname…

-Suplica sumadre bañada en lágrimas.

 

Aprieta lacabeza de su hijo contra su pecho y dice, sonriendo a pesar del llanto:

-¡Cuánto hascrecido!

 

Luego añade:

-Nuncavolveré a abandonarte. Me quedaré contigo para siempre…

 

Los curiososque están más cerca de la taberna se agitan extrañados.

 

Ahora es elpadre quien se abre paso entre la gente hasta llegar al círculo.

Estáborracho.

Tambaleándose,se acerca a su esposa y su hijo. Mira a su mujer.

 

El chico sequeda entre ambos para proteger a su madre.

-¡Papá, no!–grita-.

Mamá havuelto. Ya está bien, ¿no? ¡Perdónala, papá, por favor! –exclama sollozando.

 

El padre nocontesta.

Los mira ycae de rodillas con los brazos abiertos.

 

Los abraza.

La familiadesmembrada está completa de nuevo.

 

-Papá, porfavor.

El niñollora y ríe.

 

La madresolloza.

 

El padregime de pura rabia.

 

 

Kaim, que hacontemplado toda la escena desde el fondo de la multitud, se da media vuelta.

 

-¿Te vas deverdad?

-le preguntael niño a Kaim una y otra vez mientras lo acompaña a la salida del pueblo.

 

-Sí. Quieroatravesar el océano antes de que llegue el invierno.

 

-Papá ya teecha de menos. Dice que confiaba en que a partir de ahora podríais beber juntosen la taberna.

 

-Ya beberástú con él cuando crezcas.

 

-¿Cuándocrezca?

-el chicoladea la cabeza, un tanto avergonzado, y murmura- No sé si seguiré aquí paraentonces.

 

Nadie losabe, por supuesto. Puede que de aquí a unos años el padre se vuelva a dar a labebida por que su hijo ha abandonado al pueblo y a su familia.

Y aun así…

 

Kaimrecuerda algo que olvidó decirle al cobarde padre del niño.

 

-Lo llamamos“viaje” porque tenemos un hogar al que regresar. No importa cuántas vueltas déuna persona ni cuántos errores cometa; mientras tenga un hogar al que volver,siempre podrá intentarlo de nuevo.

-No loentiendo –dice el niño.

 

Kaimrecuerda algo más.

 

-Sonríe pormí

-dice porúltima vez poniendo la mano en el hombro del chico.

 

-¿Así?

Le enseñasus dientes níveos y sus mejillas se arrugan levemente.

Es una sonrisasincera.

 

Por finpuede sonreír como un niño feliz.

 

-Ahora tetoca a ti, Kaim.

-Er…Claro.

 

El chicoescruta la sonrisa de Kaim como si fuera a calificarla.

 

-Tal vez unpoco triste –dice. El hecho de que bromee hace que sus palabras duelan más.

El niñosonríe otra vez como para instruir a Kaim.

 

-Bueno –dicesacudiendo la mano-.

 

Hoy me voyde compras con papá y mamá.

 

Kaim ledevuelve la sonrisa y hecha a caminar.

 

Entonces oyeal chico gritar su nombre por última vez:

-¡Aunqueesto sea un adiós, no pienso llorar, Kaim!

¡A veces losniños aguantamos más que los adultos!

 

Kaim sinmirar atrás, responde despidiéndose con la mano. La expresión del chicocambiaría si cruzaran la mirada.

 

Decide serfuerte hasta el final.

 

 


Kaim sigueadelante.

 

 

 

Tras unbreve descanso, su viaje sin un hogar al que regresar comienza de nuevo.

 

 

 

Un viaje sinun hogar al que regresar: los poetas lo llaman “errar”.

 

Fin