Mil años de sueños: Viven en conchas

Viven en conchas

 

 Se encuentran a oscuras.

A diferencia de la oscuridad de la noche, esta es cerrada, carente deprofundidad o extensión.

Oye una pesada puerta que se abre lentamente.

Un rayo de luz entra disparado, pero no está tan bien definido comoeso.

Sin embargo, para unos ojos acostumbrados únicamente a la oscuridad, eldébil destello se ve como fuegos artificiales.

-¡Parad! Por favor, ¡os lo ruego! ¡Soltadme!

Los gritos de un joven resuenan en el vacío.

Ninguna voz le responde.

En la oscuridad, Kaim cuenta los pasos. Han entrado tres hombres.

Los pasos desacompasados probablemente son los que marca el joven. Losotros dos están perfectamente coordinados.

-Por favor, os lo ruego. Si lo que queréis es dinero, fuera osconseguiré todo el que podáis pedir. Lo prometo. Sabré agradecéroslo. Porfavor.

La única espuesta de los dos hombres que han traído aquí al joven es elruido metálico de una cerradura de hierro al abrirse.

-¡No!¡No! Por favor, os lo ruego. Haré lo que queráis. ¡Lo que sea!

Un ruido sordo es el sonido de la carne la rasgarse y el hueso aldislocarse. Alguien se desploma sobre el suelo. Un grito ahogado. El ruidometálico de una cerradura de hierro al cerrarse.

Kaim sabe que han arrojado al joven en la concha de enfrente endiagonal a la suya. Cuando estás encerrado en una de estas conchas sinventanas, tus oídos se vuelven sumamente sensible.

-¡No lo hagáis!¡Sacadme de aquí!¡Por favor!¡Quiero salir!

Por el sonido de la voz, Kaim imagina la cara de un joven con rasgosinfantiles: un matón de poca monta apenas un escalón por encima de un miembrode una banda adolescente.

Sin duda, cuando aún estaba en la calle, solía pavonearse por la aceracon sus astutos pero cobardes ojos mirando a todas partes.

Los dos hombres que lo han traído se mantienen en silencio hasta elfinal; sus pasos se alejan al compás. La pesada puerta se abre y se cierra denuevo.

Solo en la oscuridad, el joven berrea sus súplicas durante un tiempo,pero cuando comprende que no servirán de nada, grita hasta quedarse ronco,soltando una maldición tras otra hasta que empieza a sollozar.

-Cálmate -grita un anciano desde una de las conchas interiores-. No teservirá de nada montar un alboroto. Ríndete, chaval.

Es la voz del hombre más viejo de los que viven en las alrededor dedoce conchas alineadas en las oscuridad. Ya estaba aquí cuando mandaron a Kaima este lugar.

Siempre calma y da consuelo a los recién llegados escandalosos.

-Si tienes tiempo de vociferar así, mantén los ojos cerrados.

-¿Cómo…?

-Tan solo asegúrate de seguir disfrutando tus recuerdos del exterior,como si fueran un trozo de caramelo.

De las conchas de los alrededores llegan sonidos de risas contenidas.

Kaim se une con una sonrisa y un suspiro.

Se supone que todas las conchas en esta oscuridad están llenas, peropocos de sus habitantes se ríen.

La mayoría ha perdido las fuerzas para reír.

-Oye, chaval -el viejo sigue en su papel de asesor del recién llegado-.Tanto alboroto no sirve de nada.

La mayoría ha perdido las fuerzas para reír.

-Tan solo cálmate y acepta tu suerte. De lo contrario… – aquí apareceuna nota de intensidad en la voz del hombre-, te sacarán de aquí con los piespor delante.

Eso es exactamente lo que le pasó ayer al anterior inquilino de laconcha del joven.

Había estado gritando intermitentemente durante un día. Hasta que llegóal punto de golpearse la cabeza contra la pared de la concha. Después nada…hasta que lo sacaron a rastras en silencio.

-Así que aguanta,chaval. No dejes que la oscuridad te trague. Cierra los ojos e imagina unbonito paisaje de fuera, cuanto más grande, mejor: el mar, el cielo o un campode hierba inmenso.

Recuerda.Imagina. Es el único modo de sobrevivir en este lugar.

Siempre da eseconsejo a los recién llegados.

Pero el jovengrita con lágrimas en los ojos:

-¿A quién diabloscrees que estás engañando? ¿Sobrevivir en este lugar?

¿Y después qué?Sé lo que es este sitio. Una prisión "sin salida".

Mandan a loscondenados a cadena perpetua aquí,

les dan la comidajusta para mantenerlos vivos y al final palman de todos modos.

¿Me equivoco? Nohay nada por lo que tener esperanza.

Los gritos seconvierten en sollozos de nuevo.

Esta es lareacción de la mayoría de recién llegados.

Y sus razonestienen. Esto es una prisión.

Cada"concha" es una celda solitaria con barrotes, y el sol brilla sobreel prisionero solo el día de su funeral.

-Todo el mundomuere, chaval, eso está claro.

Pero no puedesdejar que tu mente se vaya antes que tu cuerpo.

La esperanza no sepierde a menos que tú mismo la deseches

-continúa elviejo en voz baja, y prosigue solemnemente-. El sistema bajo el que vivimostampoco puede durar mucho más.

El viejo es unprisionero político. Como líder de una facción opuesta al gobierno, se resistióa la dictadura durante mucho tiempo hasta que finalmente perdió la lucha y loencarcelaron.

Sin embargo, eljoven no oye las palabras del viejo. Sigue tirado en el suelo llorando.

Este tipo noestará en su concha mucho más que su predecesor. En unos pocos días, o en menosde un mes como máximo, se hará pedazos.

Así de fuerte esla oscuridad.

Privar alprisionero de luz es bastante más cruel que arrebatarle la vida en un momento.

-Vaya, vaya-reflexiona el viejo- este tipo no nos servirá de mucho en una fuga.

El viejorevolucionario se ríe. Puede que sea una risa auténtica o una fachada atrevida,pero en cualquier caso casi nadie responde con una risa.

Mañana por lamañana, o mejor dicho, y ya que en la oscuridad no hay una "mañana"bien definida, después de que se duerman, despierten y tomen la siguientecomida, sacarán otro frío cadáver de una concha sin una palabra.

-Oíd, muchachos.¿Cuántos estamos aquí ahora? -pregunta el viejo revolucionario-. Responded sipodéis oírme.

-Te escucho -diceKaim.

La única voz esla suya.

Vaya calamidad.Hace poco estábamos hasta arriba -el viejo ríe entre dientes.

-Me pregunto sihabrá pasado algo ahí fuera -dice Kaim.

-Puede que sí-responde el viejo revolucionario-.

En mi opinión,este sería el momento apropiado para un golpe de estado o una revolución. Migente no va a estarse quieta mucho más…

-Eh,¿cómo dijisteque te llamabas? ¿Kaim? ¿Te has dado cuenta de lo que ocurre’

Últimamente ya noencierran a tanta gente como antes, y de los que traen nuevos, la mayoría sonauténticos don nadie que no merece la pena condenar de por vida.

-Pues sí…

El joven era unode ellos, tan solo un ladrón de poca monta.

Lo que sucedió esque entró a robar en un almacén que pertenecía a un rico con contactos con unpolítico poderoso. Por eso lo metieron en una concha.

Las conchassiempre solían estar llenas.

Traían aquí a unpuñado de hombres, que morían; entonces traían hombres nuevos, y ellos morirían…

El chico era unode esos. El terror de estar envuelto en tinieblas fue demasiado para él, y sehizo pedazos. Aparentemente al final tenía alucinaciones: "Ya voy, mamá,ya voy. Espérame, por favor, mamá…". Repetía una y otra vez al igual queun niño. "¿Dónde estás mamá?¿Aquí?¿Estás aquí?"… y se arrancó losojos con sus propias manos.

Supongo que lascosas se estaban poniendo feas ahí fuera, con la policía perdiendo el control,y el gobierno a punto de derrumbarse, y por eso las conchas estaban siemprellenas.

Eso es lo quetrajo aquí al joven.

Murió con lasangre corriéndole de las cuencas de los ojos y mascullandoentrecortadamente:-¿Qué he hecho yo?Todo el mundo lo sabe… Hay muchos tipos peores que yo…

-Pero ahora está todo vacío. ¿Sabes lo que significa, Kaim?

Claro. Hay tantos crímenes ahí fuera que el gobierno ya no puedecontenerlos.

Lo has pillado.Por lo que sabemos puede que hayan colgado a toda la familia real. Es unarevolución. Ocurrirá cualquier día. Eso significa que tú y yo saldremos deaquí. Mi gente vendrá y nos sacarán. Tan solo aguanta un poco más.

Kaim asiente ensilencio. El viejo revolucionario continúa.

-No muchospodrían permanecer en calma como tú, arrojados en una concha y envueltos porlas tinieblas de esa manera.

Ni siquiera Kaimpuede explicarlo.

Es cierto queestaba extrañamente tranquilo cuando lo metieron en la concha. Parecíareconocer la oscuridad como un recuerdo distante. En el pasado remoto, puedeque él también hubiera saboreado la angustia de los habitantes de otras conchastorturados por el miedo de estar encerrados en la oscuridad.

-No, yo no…

Apenas merece lapena hablar de su crimen. Se resistió a las preguntas cuando lo trajeron comosospechoso, por eso se le tachó de rebelde y lo metieron en una concha. Aunqueel viejo probablemente tenga razón. Es casi seguro que la dictadura del paísestá en sus últimos días.

-Ya no quedamucho. Estaremos de vuelta en el mundo real antes de que nos demos cuenta.Tengo esperanza, y no la perderé hasta que no me abandone a mí mismo

-masculla elviejo revolucionario como si tratara de convencerse a sí mismo.

Poco después laprisión cae. Jóvenes armados entran cargando en la oscuridad y abren  las puertas de las conchas.

El viejorevolucionario abraza a su gente y sale.

-¡Espera!-gritaKaim, intentando retenerlo.

Pero es demasiadotarde. Ansioso por ver el nuevo mundo después de la destrucción del antiguosistema, el viejo revolucionario sale afuera y abre los ojos.

Es por la tarde.

Aunque el solcasi se ha puesto, la luz es lo bastante fuerte como para quemar unos ojosacostumbrados a la oscuridad total.

El viejorevolucionario se pone las manos sobre los ojos y con un gruñido cae derodillas.

Kaim se salva así mismo cubriéndose los ojos con el brazo.

Ni siquiera élsabe qué le hizo hacer esto. ¿Acaso los recuerdos del pasado le han enseñadoque lo realmente aterrador del castigo en la oscuridad es lo que sucede despuésde la liberación?

¿Cuánto tiempo he estado prisionero y dónde? Y loque es más importante, ¿cuánto tiempo llevo en este viaje sin fin?

Con los ojossangrando, rodeado en el suelo por sus chicos, el viejo revolucionario busca aKaim.

-Llegué hastaaquí, Kaim, solo para cometer un terrible error al final. Ahora probablementemis ojos son inútiles.

Por esoprecisamente le pide a Kaim un último favor.

-Dime Kaim, ¿cómoes el mundo de fuera? ¿Ha triunfado la revolución? ¿Se ve a la gente feliz?¿Sonríen con alegría?

Kaim abre losojos lentamente, y tan solo un poco, bajo la sombra de su mano.

Hasta donde puedever, el suelo está lleno de cadáveres. Los cuerpos de las tropas reales y lasrevolucionarias se apilan unos sobre otros, y hay innumerables civiles muertos.Una madre yace muerta con su pequeño hijo en brazos; el sangriento cadáver delpadre está junto a ellos, con los brazos extendidos en un intento inútil deprotegerlos.

-Dime lo que ves,Kaim.

Kaim reprime unsuspiro y responde.

El viejorevolucionario siente la verdad.

-Pase lo quepase, no abandonaré la esperanza, Kaim.

Kaim asiente,consciente de que así lo hará, y comienza a caminar.

-¿Adónde vas?

-No lo sé… Acualquier parte.

-Por qué no tequedas aquí y construyes un nuevo mundo con nosotros? De entre todos, tú puedeshacerlo, lo sé.

-Gracias, pero memarcharé de todas formas.

El viejorevolucionario no trata de retener a Kaim más.

En su lugar, comoregalo de despedida, le repite las palabras que tan a menudo decía en laconcha:

-Siempre habráesperanza, donde quiera que estés, hasta que tú mismo la abandones. ¡Nunca loolvides!

Kaim sigueadelante.

Sus ojos seencuentran por casualidad con el cuerpo de un joven muchacho asus pies. Elchico exhaló su último aliento con los ojos completamente abiertos por elmiedo.

Kaim se arrodillay con cuidado cierra los párpados del chico.

Muy adentro sabe,en un recuerdo demasiado alejado para que incluso él lo alcance, que mientrasque la oscuridad puede ser una gran fuente de terror, también puede traer pazintensa y duradera.

Fin