EURET: Capítulo XI, por Arawna11

Esta serie de entradas sobre el proyecto Escribamos un Relato entre Todos 4.0, está llegando a su fin, ya es hora de publicar la penúltima entrada con el capítulo XI, escrito por Arawna11. Éste fue posteado originalmente el 14 de mayo de 2007, alrededor de 20 días después del capítulo anterior. Si alguien desea leerlos capítulos anteriores, puede consultar el índice del proyecto.

Bueno, al fin he aquí esta nueva entrega del proyecto en curso.


Pisando fuerte

Pisando fuerte la tierra húmeda y oscura marchaban Dariem, Ishari y Felas, armas en mano. Habían entrado en el Bosque de Hierro cuando el sol había empezado a descender y ahora la oscuridad a su alrededor era casi tan densa como sangre de demonio. Pit iba unos metros por delante, silencioso y veloz. Su vista era mejor que la de sus compañeros, y en la oscuridad veía casi tan bien como durante el día más luminoso. Su madre le decía siempre cuando era pequeño que había sido bendecido por Dios al nacer. “En los tiempos más oscuros te alzarás y guiarás a los tuyos hasta el final de tortuosos caminos y hacia la libertad”, solía decirle mientras le acariciaba un mechón de pelo rubio. Ahora aquellas palabras parecían estar cobrando vida. Nunca antes habían sido tan apropiadas.
De repente un sonido a su derecha le sacó de sus pensamientos y le obligó a detenerse, cubriéndose tras el tronco de un árbol. Por unos segundos solo escuchó su propia respiración, hasta que el rumor de pasos de sus compañeros llegó hasta él. “¡Maldita sea!” pensó. Fuera lo que fuera lo que había oído permanecería oculto o se habría alejado ya tras escuchar el clamor del avance de sus amigos. Deseó con todas sus fuerzas que se tratara de un cervatillo o de la cría de un jabalí, aunque algo le decía –quizás aquel olor a azufre que le había llegado de repente, precediendo al ruido que le había alertado- que Dios no estaba hoy para recibir peticiones.
-¿Qué ocurre? –preguntó Dariem al llegar junto a él.
-Espero que nada –respondió Pit en un susurro, no muy convencido y llevándose el dedo índice a los labios, indicándoles que guardaran silencio.
El bosque a su alrededor estaba más oscuro que nunca, y pronto sintieron que algo no andaba bien. Ni un solo sonido llenaba la noche. Ni siquiera el zumbido de un mosquito.
-¿Qué ves, Pit? –preguntó Felas, inquieto.
-Nada. Nada se mueve. Hay casi demasiada calma…
Y la había. Una tranquilidad que helaba la sangre. Una calma que hedía a azufre, llenando las fosas nasales y bajando hasta los pulmones, intentando ahogarles.
-Hombro con hombro –dijo Dariem, alzando la voz, la espada y el escudo -¡Ya!
Justo en ese instante aparecieron los demonios, como si hubieran malinterpretado la órden del guerrero humano y la hubieran tomado como suya. Negras cimitarras aparecieron en la oscuridad, seguidas por dientes y garras de las que supuraba el mortal veneno del averno.
-¡Cuento más de cincuenta! –gritó Pit haciendo girar el bastón frente a él.
-Bien –dijo Dariem, tranquilo. A Pit le pareció ver por el rabillo del ojo como éste incluso sonreía –Podrían haber sido más. Me temo que nos han subestimado, o que más bien son una patrulla que se ha tropezado con nosotros por casualidad. Sea como sea, van a lamentar habernos encontrado. ¡Devolvámoslos adonde pertenecen!
El choque que se produjo a continuación fue brutal, y si hubiera habido algún testigo lo habría considerado épico.
El martillo de Ishari iba de un lado a otro, aplastando cabezas, brazos y torsos de demonio sin esfuerzo, como si fueran muñecos de barro. Lo blandía en su furia como si no pesara nada, y el mutismo del gigante junto al odio que transmitía su mirada parecía aterrar a muchos de los demonios que llegaban frente a él, dejándolos a merced del arma destructora.
A su lado, la espada de Felas cantaba una canción de muerte, sangre y venganza. Las cornudas cabezas empezaron pronto a amontonarse a sus pies.
Situado a su espalda, Dariem paraba una estocada tras otra y avanzaba, haciendo perder el equilibrio a sus enemigos para después ensartarlos.
Mientras, Pit esquivaba, saltaba y acuchillaba con la punta de su largo bastón. Aquello parecía un juego de niños. Los cuatro compañeros estaban ya cubiertos de sangre negra de los pies a la cabeza y los demonios que quedaban cada vez llegaban menos dispuestos a presentar batalla. Aquello estaba resultando demasiado fácil, pensó.
Y en ese momento, por encima de los seres demoníacos que se alzaban aún frente a él, los vió avanzar hacia ellos a través del bosque.
-¡Dariem! ¡Ishari! ¡Felas! –gritó. Ésta vez el tono de su voz mostraba preocupación, incluso miedo -¡Vienen dos escuadras hacia aquí desde el oeste! -cada escuadra demoníaca solía constar de cien guerreros y un demonio mayor que las comandaba. Una cosa era un grupo de cincuenta exploradores y otra aquello. Era una batalla que no podían ganar -¡Nos han visto! –gritó de nuevo. Calculó que llegarían hasta ellos en un par de minutos – ¡Vienennnnnnnnnn!
El grito del joven se vió apagado por el bramido de un cuerno de batalla. Los demonios se iban a dar un festín con su carne y ya lo celebraban.
Dariem se situó junto a Pit mientras Ishari y Felas enviaban de vuelta al infierno a los demonios exploradores que aún vivían.
-¿Qué hacemos, Dariem?
Dariem, Comandante Real de la Guardia de Dloun, último vástago de la familia Agila, solo acertó a decir:
-Lo que podamos, Pit. Lo que podamos.

Los cuatro guerreros esperaron en mitad del bosque, hombro con hombro, dejando a su espalda la montaña de cadáveres a la que habían prendido fuego y que ahora iluminaba la noche. Si iban a morir, que fuera viendo el rostro de sus enemigos.
Cuando tuvieron al ejército infernal más cerca, pudieron ver a los dos Garlaks comandantes, pero lo que más les sorprendió fue la presencia de un humano que avanzaba en el centro, flanqueado por las dos escuadras de demonios. Un humano de belleza imposible.
-¡El Furiah! –exclamó Felas -¡Ahora sí que estamos perdidos!¡Maldita sea…! Ahora que estábamos tan cerca…
-¡No! – le cortó Dariem. Una idea desesperada le rondaba por la cabeza -¡Aún tenemos una posibilidad! ¡Si matamos al Furiah y a los comandantes es probable que el resto de demonios salga huyendo! ¡Recordad las palabras de Angeloaquím!
Pit y Felas se miraron. Sus rostros mostraban incredulidad. Ishari gruñó a su lado, levantó el martillo, señaló al Furiah, y de repente se lanzó en dirección a la horda de demonios que ya estaban a menos de un centenar de pasos.
Dariem le siguió, alzando la espada y gritando:
-¡Vosotros dos encargaos de los comandantes! ¡Yo ayudaré al gigantón a llegar hasta el Furiah! ¡Por Dloun, ésta será una noche que pasará a los anales de la historia!
Felas y Pit vieron alejarse a sus dos amigos, se volvieron a mirar el uno al otro, se encogieron de hombros y se lanzaron con una sonrisa hacia lo que parecía una muerte segura.


Antes de la publicación original de este capítulo, ya había sido publicada la segunda recapitulación del proyecto, con los capítulos 6 al 10 del relato compartido. Igualmente, antes de la publicación de este capítulo, el autor original posteó varias críticas a los capítulos anteriores que, en su mayoría, no fueron bien recibidas.

Aquí un breve comentario del autor original sobre su capítulo:

Ale ya está, es cortito pero prefería dejarle la batalla al siguiente, que sé que os gusta relatar escabechinas Very Happy
Si quereis que lo alargue lo alargo, pero es que justamente éste capítulo estaba muy trillado. El ángel dice demasiado en el anterior capítulo  Twisted Evil
Demasiada poca libertad de acción, a menos que me dedicara a contar el pasado de otro personaje, y ahora tan seguido no era el momento creo
Razz

Aprendiendo a escribir: La correcta ortografía (Vol. II)

Aprendiendo a escribir: La correcta ortografía (Vol. II)

Al fin, éste es el segundo volumen de las entradas sobre "La correcta ortografía" de la serie "Aprendiendo a escribir". Por quien desee leer (o volver a leer) el primer volumen, aquí el enlace. Las fuentes de la información se citan al final del texto.

Esta entrada esta enfocada al uso correcto del acento (en sus diversas aplicaciones) y los signos ortográficos.


Reglas básicas de la ortografía (2)

ÍNDICE

a) Uso del acento

1.- El acento
2.- Palabras agudas
3.- Palabras graves
4.- Palabras esdrújulas
5.- Acento diátrico
6.- Diptongos, triptongos e hiatos

b) Signos

1.- De puntuación

I.- El punto
II.- Coma
III.- Punto y coma
IV.- Dos puntos
V.- Puntos suspensivos

2.- De interrogación
3.- El paréntesis
4.- El guión
5.- La diéresis
6.- Las comillas

USO DEL ACENTO

El acento está definido por la Real Academia Española como: Tilde, rayita oblicua que en la ortografía española vigente baja de derecha a izquierda de quien escribe o lee (´). Se usa para indicar en determinados casos la mayor fuerza espiratoria de la sílaba cuya vocal la lleva, p. ej., cámara, símbolo, útil, allá, salió; y también para distinguir una palabra o forma de otra escrita con iguales letras, p. ej., sólo, adverbio, frente a solo, adjetivo; o con ambos fines a la vez, p. ej., tomó frente a tomo; él, pronombre personal, frente a el, artículo

1. El Acento

En general, el primer elemento de la palabra compuesta pierde la tilde, mientras que el segundo la conserva.

Ej.: Decimoséptimo, ciempiés, voleifútbol.

Las palabras compuestas por dos o más elementos unidos por guión conservan la tilde en cada uno de los elementos.

Ej.: Teórico-práctico, físico-químico.

Según las últimas normas, los compuestos de verbo más complemento no deben llevar tilde.

Ej.: Sabelotodo, metomentodo.

Los adverbios terminados en "-mente", siguen una norma especial: conservarán la tilde si la llevaban cuando eran adjetivos.

Ej.: Dócil – dócilmente, útil – útilmente, fría – fríamente, alegre – alegremente.

Los monosílabos, en general, no llevan tilde; excepto los que necesitan "tilde diacrítica".

Ej.: Fui, fue, vio, dio, Luis, pie, Dios, cien, seis, vais, pez, ven, fe, dos, etc.

Cuando a una forma verbal se le añaden pronombres personales se le pondrá tilde si lo exigen las normas generales de la acentuación.

Ej.: Da – Dámelo, lleva – llévatelo, mira – mírame.

Las letras MAYÚSCULAS llevan tilde como las demás.

Ej.: Ángel, Ángeles, África, Ávila.

Los infinitivos terminados en -eir, -oir llevan tilde.

Ej.: Reír, freír, oír, desoír.

No llevan tilde los infinitivos terminados en -uir.

Ej.: Huir, derruir, atribuir, sustituir, distribuir.

2. Palabras Agudas

Las palabras agudas llevan tilde cuando acaban en vocal (a, e, i, o, u), en n o en s.

Ej.: mamá, bebé, jabalí, dominó, champú, volcán, compás.

3. Palabras Graves

Las palabras llanas llevan tilde cuando terminan en consonante que no sea n ni s.

Ej.: árbol, carácter, césped, álbum, Pérez.

4. Palabras Esdrújulas

Las palabras esdrújulas y sobreesdrújulas llevan tilde siempre.

Ej.: bárbaro, húmedo, médico, cuéntamelo

5. Acento diacrítico

La tilde diacrítica sirve para diferenciar palabras que se escriben de la misma forma pero tienen significados diferentes.

Ejemplo: Llegamos más lejos, mas no los encontramos.

MÁS es un adverbio de cantidad. MAS es equivalente a “pero”.

Reglas de uso

Él | Pronombre personal | Él llegó primero.

El | Artículo | El premio será importante.

Tú | Pronombre personal | Tú tendrás futuro.

Tu | Adjetivo posesivo | Tu regla es de plástico.

Mí | Pronombre personal | A mí me importas mucho.

Mi | Adjetivo posesivo | Mi nota es alta.

Sé | Verbo ser o saber | Ya sé que vendrás.

Se | Pronombre | Se marchó al atardecer.

Sí | Afirmación | Sí, eso es verdad.

Si | Condicional | Si vienes, te veré.

Dé | Verbo dar | Espero que nos dé a todos.

De | Preposición | Llegó el hijo de mi vecina.

Té | Planta para infusiones | Tomamos un té.

Te | Pronombre | Te dije que te ayudaría.

Más | Adverbio de cantidad | Todos pedían más.

Mas | Equivalente a "pero" | Llegamos, mas había terminado.

Sólo | Equivale a "únicamente" | Sólo te pido que vengas.

Solo | Indicativo de soledad | El niño estaba solo.

Aún | Equivalente a "todavía" | Aún no había llegado.

Aun | Equivalente a "incluso" | Aun sin tu permiso, iré.

Por qué | Interrogativo o exclamativo | ¿Por qué te callas? ¡Por qué hablas tanto!

Porque | Responde o afirma | Porque quiero destacar.

Porqué | Equivalente a “razón” | Ignoraba el porqué.

Qué, cuál, quién, cuánto, cuándo, cómo, dónde | Interrogativos o exclamativos | ¿Qué quieres? No sé dónde vives.

Éste, ése, aquél, ésta, ésa… | Se permite la tilde cuando son pronombres pero sólo es obligatorio si hay riesgo de ambigüedad. | Dijo que ésta mañana vendrá.

Este, ese, aquel, esta, esa… | Adjetivos o pronombres sin riesgo de ambigüedad | Este libro es mío. Aquel está dormido.

6. Diptongos, triptongos e hiatos

Los diptongos y triptongos siguen generalmente las normas generales de la acentuación y se colocará la tilde en la vocal que suena más fuerte.

Ejemplos: diócesis, diáfano, también, después, huésped, náutico, náufrago, sepáis, lleguéis, limpiéis, averiguáis, cuídalo, cuídame, farmacéutico.

La "h" muda entre vocales se considera inexistente con respecto a la acentuación de diptongos.

Ejemplos: desahuciar, rehilar.

La "y" final forma diptongos y triptongos pero nunca se pondrá tilde en los mismos.

Ejemplos: convoy, Eloy, Uruguay, Paraguay, virrey, Valderaduey.

Los hiatos siguen, casi siempre, las normas generales de la acentuación.

Ejemplos: león, aéreo.

Hay un caso especial que lleva tilde para romper diptongo que no sigue las normas generales.

Ejemplos: raíz, búho, baúl, Raúl, tío, río, María, cantaría, rehúso, ahínco, caída, iríais, reúne, actúa…

Palabras compuestas son las formadas por dos o más simples.

Ej.: Sabelotodo, paraguas, correveidile.

SIGNOS

1. De Puntuación

I. El Punto

El punto es una pausa que indica que ha terminado una oración.

Clases de punto:

Punto y seguido: Se usa cuando se ha terminado una oración y se sigue escribiendo otra sobre el mismo tema.

Punto y aparte: Se usa para indicar que ha finalizado un párrafo.

Punto final: Indica que ha acabado el escrito.

Se escribe punto:

Detrás de las abreviaturas.

Ej.: Etc. Sr. D. Srta. Sra.

En las cantidades escritas con números para separar las unidades de mil y de millón.

Ej.: 1.580, 28.750, 12.435.565

Observación: En México, al menos, 1.580 se interpreta como “1 entero con 580 milésimas”; para que sea leído “mil quinientos ochenta” debe usarse coma en lugar de punto (1,580).

No se pone punto:

-En los números de teléfono.
-En los números de los años.
-En los números de páginas.

Cuando se cierran paréntesis o comillas el punto irá siempre después de los mismos.

Ej.: Le respondieron que "era imposible atenderlo".

Esa respuesta le sentó muy mal (llevaba muchos años en la empresa).

"Es imposible entenderlo". (Lleva muchos años en la empresa).

Después de los signos de interrogación y admiración no se pone punto.

Ej.: -¿Estás cansado? Sí. ¡Qué pronto has venido hoy!

II. Coma ( , )

No hay unas reglas exactas para el uso de la coma; pero sí unas normas generales que se detallan a continuación.

Se usa coma:

Para aislar los vocativos que van en medio de las oraciones.

Ej.: Luchad, soldados, hasta vencer.

Para separar las palabras de una enumeración.

Ej.: Las riqueza, los honores, los placeres, la gloria, pasan como el humo.

Antonio, José y Pedro.

Para separar oraciones muy breves pero con sentido completo.

Llegué, vi, vencí. Acude, corre, vuela.

Para separar del resto de la oración una aclaración o explicación.

La verdad, escribe un político, se ha de sustentar con razones.

Los vientos, que son muy fuertes en aquella zona, impedían la navegación.

Para separar de la oración expresiones como: esto es, es decir, en fin, por último, por consiguiente…

Ej.: Por último, todos nos fuimos a casa.

Para indicar que se ha omitido un verbo.

Ej.: Unos hablan de política; otros, de negocios.

Perro ladrador, poco mordedor.

Cuando se invierte el orden lógico de los complementos en la oración.

Ej.: Con esta nevada, no llegaremos nunca.

III. Punto y Coma ( ; )

Se usa el punto y coma:

Para separar oraciones en las que ya hay coma.

Ej.: Llegaron los vientos de noviembre, glaciales y recios; arrebataron sus hojas a los árboles…

Antes de las conjunciones adversativas mas, pero, aunque, etc., si la oración es larga. Si es corta se puede usar la coma.

Ej.: Todo en amor es triste; mas triste y todo, es lo mejor que existe.

Delante de una oración que resume todo lo dicho con anterioridad.

Ej.: El incesante tránsito de coches, el ruido y el griterío de las calles; todo me hace creer que hoy es la primera corrida de toros.

Para separar oraciones yuxtapuestas.

Ej.: Tendremos que cerrar el negocio; no hay ventas

IV. Dos Puntos ( : )

Se escriben dos puntos:

Para iniciar una enumeración.

Ej.: Las estaciones del año son cuatro: primavera, verano, otoño e invierno.

En los encabezamientos de las cartas.

Ej.: Mi querido amigo:

En el saludo al comienzo de un discurso.

Ej.: Señoras y señores:

Para reproducir palabras textuales.

Ej.: Ya os dije el primer día: tened mucho cuidado.

Después de palabras o expresiones como: por ejemplo, declaro, certifico, ordeno, expone, suplica…

Ej.: En la zona ecuatorial hay ríos muy importantes. Por ejemplo: el Amazonas, el Congo…

Para llamar la atención o resumir lo anterior.

Ej.: Lo primero de todo vean la plaza mayor. Una vivienda ha de estar limpia, aireada y soleada, en una palabra: habitable.

V. Puntos Suspensivos ( … )

Se escriben puntos suspensivos:

Cuando se omite algo o se deja la oración incompleta.

Ej.: Dime con quién andas…

Para indicar duda, inseguridad, temor o sorpresa con una forma de expresarse entrecortada.

Ej.: Bueno… en realidad… quizá… es posible…

Cuando se deja sin completar una enumeración.

Ej.: Tengo muchas clases de flores: rosas, claveles…

Cuando se quiere dar emoción.

Ej.: Y en lo más interesante… se apagó la luz.

Para dejar algo indefinido o indeterminado.

Ej.: De la subida de precios… mejor ni hablar. El marisco… ni tocarlo.

2. De Admiración e Interrogación

En castellano, los signos de interrogación (¿ ?) y admiración (¡ !) se ponen al principio y al final de la oración que deba llevarlos.

¿De dónde vienes? ¡Qué bien estás!

Normas sobre la interrogación y la admiración:

Cuando la interrogación es indirecta no se usan signos.

Ej.: No sé de dónde vienes. Dime cómo estás.

Los signos de interrogación o admiración se abrirán donde comience la pregunta o la exclamación, no donde empiece la oración.

Ej.: Tienes mucha razón, ¿por qué no han empezado? Se hizo Pablo con la pelota y ¡qué golazo, madre mía!

3. El Paréntesis

Se usa el paréntesis ( ):

Para aislar aclaraciones que se intercalan en la oración, lo mismo que el guión.

Ej.: Las hermanas de Pedro (Clara y Sofía) llegarán mañana.

Para separar de la oración datos como fechas, páginas, provincia, país…

Ej.: Se lee en Machado (pág. 38) esta importante poesía. El Duero pasa por Toro (Zamora).

Al añadir a una cantidad en número su equivalente en letra o viceversa.

Ej.: La factura era de 50.000 (cincuenta mil) pesetas.

Para añadir la traducción de palabras extranjeras.

César dijo: "Alea jacta est" (la suerte está echada).

4. El Guión

El guión se usa (-):

Para unir palabras.

Ej.: Se trataron temas socio-políticos. Hubo un acuerdo franco-español.

Para relacionar dos fechas.

Ej.: Guerra civil (1936-1939). Rubén Darío (1876-1916).

Para cortar palabras al final de línea.

Ej.: pro-mo-ción, con-si-guien-te.

Consideraciones al cortar palabras:

Una vocal nunca quedará sola. | ate-neo

"ll", "rr", "ch" nunca se separan; "cc" sí. | po-llo, ca-rro, ca-cha-rro, ac-ción

Monosílabos, siglas y abreviaturas no se separan. | buey, UNESCO, Excmo.

Para intercalar en una oración una aclaración o comentario.

Ej.: La isla de Tenerife -según creo- es maravillosa.

Para introducir diálogos en el texto separándolos de lo que dice el narrador.

Ej.: – ¿Cómo te llamas?
– Diego -contestó el valiente.
– ¿De dónde eres?
– De Toledo

5. La Diéresis

Se usa la diéresis o crema sobre la vocal "ü" de las sílabas "gue", "gui" cuando queremos que la "u" se pronuncie.

Ej.: Vergüenza, cigüeña, averigüe, pingüino, lingüística

6. Las Comillas

Se usan las comillas (" "):

Para encerrar una cita o frase textual.

Ej.: Contestó Felipe II: "Yo no mandé mis barcos a luchar contra los elementos".

Para indicar que una palabra se está usando en sentido irónico no con su significado habitual.

Ej.: Me regaló una caja de cerillas. ¡Qué "espléndido"!

Para indicar que una palabra pertenece a otro idioma.

Ej.: Sonó la alarma y lo pillaron "in fraganti".

Para citar el título de un artículo, poema…

Ej.: Voy a leeros el poema "A un olmo seco".


BIBLIOGRAFíA

Reglas de la ortografía (Monografías.com)
Acento (RAE.es)

Música de ambientación

Queridos lectores, en esta entrada iré colocando la música que circule en el bloque lateral de mi blog "Música". La lista se actualizará cada semana y las 3 últimas canciones serán las que estén disponibles en el bloque anteriormente mencionado. Por supuesto, agradaceré toda clase de aportaciones, comentarios y sugerencias en beneficio de esta entrada.

Preliator
Globus

Lux Aeterna
Clint Mansell

The Mass
Era

Lithium
Evanescence

Duel
Bond

Introitus: Requiem
Wolfgang A. Mozart

Ya Shola S Uma
t. A. T. u.

Oceanic
Bond

Kyrie
Wolfgang A. Mozart

Saludos,
Desmodius.

EURET: Capítulo X, por Cantaneitor

Por fin la siguiente entrada de la serie destinada a revivir el proyecto Escribamos un Relato entre Todos 4.0, es hora de publicar la entrada del capítulo X, escrito por Cantaneitor. Éste fue posteado originalmente el 15 de abril de 2007, 8 días después del capítulo anterior; pero, un importante error de continuidad hizo que la versión definitiva del capítulo se retrasara hasta el 24 de abril, tiempo en el que la lista de colaboradores tenía ya 12 colaboradores. Si alguien desea leerlos capítulos anteriores, puede consultar el índice del proyecto.

Bueno, aquí el esperado capítulo X.


SI YO FUERA DIOS

– Ten fe en el Señor… cuántas veces había dicho esa frase yque poco creía en ella en los últimos años.

Dariem, último vástago de la familia Agila. Nacido de padreguerrero, hijo de madre amante y hermano de grandes pensadores y filósofos.Todos ellos pusieron de su parte para convertir al joven en un hombre de espaday letras. Un hombre que aunaba una extraordinaria inteligencia estratégica enla batalla y eficacia, con las armas en el fragor de la misma. Amado por sumadre, amigos y amantes. Temido por sus enemigos y respetado por los compañerosde armas. Estimado por los sabios pues era ducho en filosofía, matemáticas yartes manuales. En definitiva, el hombre perfecto para comandar la Guardia Real de Dlounen pocos años. Hasta que un día… un soleado día de primavera…se marchó.

Pidió el exilio voluntario a la Reina, y esta, como era sudeber, no pudo rechazarlo. Tontas costumbres arcaicas pensó… pero hay quecumplirlas. En la vida de un guerrero Dlouano solía ser normal pedir el exiliovoluntario para curtirse en todas las artes posibles y así volver máspreparado; y servir al reino. Tenían para elegir varios destinos. Como porejemplo Daosh, famoso por sus grandes pintores como Rafael o escultores comoMiguel Ángel (autor de la estatua en mármol del legendario Fenrick, quegobernaba el portón principal de Dloun). Más alejado, bordeando el océano, sesituaba Ocram. En este lugar cualquier soldado aprendería técnicas de combateextraordinariamente eficaces para la lucha sin armas. Muy útiles cuando elacero no está bien forjado. Además la belleza de las mujeres de la ciudad hacíaque Ocram fuera de los lugares más solicitados. Pero, sin duda, donde todosdeseaban pasar un tiempo era en la isla de Gal. Allí se encontraba el hombremás curioso (e inteligente) que la humanidad conocerá nunca: Leonardo. Tratadode genio por muchos y de “viejo chiflado” por otros tantos, se trataba de unanciano que vivía solo en su taller en el pico más alto de la isla; bajando aésta solo para dar pequeñas conferencias sobre la estrategia en la batalla.Esta excusa era la que servía a los jóvenes para visitarlo, pues eraconsiderado el mejor estratega en todo el Mundo conocido. Ahora, el que iba averlo era por otro motivo bien diferente. Este brillante personaje seconsideraba inventor y, por sus logros, cualquiera podría corroborarlo. Dicenlas malas lenguas que, en días de viento, lo habían visto surcar los cielos abordo de una máquina alada; o, a veces, mediante el uso de unos extraños polvosnegros, lo vieron destrozar una roca gigantesca. Pero claro, todo esto teníaque hacerlo con cautela pues ya se sabe que los Arcángeles y gentes de Dios, demente cerrada la mayoría, eran de lengua fácil; y de eso a ser acusado deherejía iba un paso.

– Pero, ¿por qué se marcha mi soldado más prometedor? – lepreguntó la reina. No tuvo respuesta.

-¿Por qué ahora? ¿Por qué pasados los veinte años de edad sequiere ir, si antes ni siquiera había imaginado la idea? ¿Por qué deja a suprometida, mancillada ya, si sabe que ahora tendrá muy difícil volver aencontrar pareja? ¿Por qué, Dariem, abandonas a tu madre y hermanos sindespedirte?

Como antes…su única respuesta fue el silencio.

La respuesta obtuvo su solución la noche anterior, cuando sufutura esposa dormía junto a él en el lecho, plácidamente, tras haber hecho elamor. Sus gratos pensamientos se mezclaban con el olor a flores frescas queemanaba del cuerpo de su prometida. Sabía que faltaban pocos días para elquinto aniversario de la muerte de su padre: Lont Agila. Aunque este encontróla muerte de forma dolorosa y poco honorable, (la peste acabó en poco tiempo sutrabajo) murió feliz por dejar el recuerdo de un hombre honrado y luchador; yun legado envidiable. Cuando el sueño parecía vencer a Dariem oyó a alguientocar suavemente la puerta. Agitado se colocó el calzón torpemente debido a laoscuridad y, a tientas, salió del lecho. Cruzó el comedor y entreabrió lapuerta. Tras ella vio a una anciana…una anciana que cambiaría toda su vida.

Enjutada en un polvoriento traje negro hasta los tobillos,se presentó ante él la extraña. Tenía la espalda encorvada y utilizaba unaespecia de cayado para caminar, no sin problemas. Sus manos y su cara eran lasúnicas partes de su cuerpo expuestas a la luz y se antojaban (pues la noche erade luna menguante) arrugadas como en pocos humanos había visto. Su cabellototalmente canoso estaba coronado por un pañuelo de tono entre marrón y rojizo.Los dientes brillaban por su ausencia – salvo uno que bailoteaba en la parteinferior de sus encías – y un peludo lunar en la parte siniestra de su carahizo que Dariem la identificase con las brujas de cuentos infantiles. Por susdotes, el hombre se daría cuenta pronto de que no iba muy desencaminado.

-¿Qué quieres a estas horas, anciana?- preguntó.

– ¿Eres Dariem? – musitó la anciana casi como un susurro.

– Si lo soy. Dariem de la familia Agila de Dloun – reafirmóél.

– Eso lo tenemos que discutir… nieto mío – sentenció aquellamujer misteriosa.

Tras estas palabras ella alzó la mano, colocando la palma deésta hacia arriba. Dariem pudo distinguir unos polvos verdosos en ella pero nopudo reaccionar cuando la mujer los sopló contra su rostro. Acto seguido empujóal hombre hacia dentro del hogar y cerró la puerta a su paso. Dariem cayó debruces al suelo y cuando intentó levantarse notó como sus músculos yarticulaciones no le respondían, estaba paralizado. Pudo oír como la viejaentraba al cuarto donde antes yacía junto a su prometida y como ésta daba unpequeño grito de sorpresa. Acto seguido la anciana salió, cogió, no sindificultades, el cuerpo inerte del muchacho y lo sentó en la silla de maderaque presidía la mesa.

– No te preocupes querido, le he echado una fragancia dehongo rojo que la hará dormir plácidamente toda la noche.

Él no dijo nada…no podía.

La anciana se deslizó hasta la chimenea aún encendida, cogióuna jarra, la lleno de agua y posteriormente le echó unas hierbas. Una vezcaliente vertió el pestilente potingue en una taza, la puso en la mesa ysuavemente, como un susurro, se sentó enfrente del perplejo hombre.

-Tranquilo hijo, el efecto de las sustancias que os headministrado durará unas horas. He tenido que hacer esto pues sino no mehabrías escuchado y lo que tengo que decirte es tan importante, que necesitoque me prestes toda tu atención. – Le explicó.

-Ahora, abre bien los oídos, pues no tengo mucho tiempo. Soyvieja, muy vieja y la muerte está cercana. De hecho esta noche la parca, porfin, vendrá a por mí y yo la acogeré serenamente entre mis brazos. – Comentótristemente.

Dariem apenas hacía esfuerzos ya por moverse. La maldita lehabía engañado como a un crío. Menos mal que, aunque desequilibrada, parecíainofensiva y cada vez temía menos por la vida de su amante y la suya propias.Decidió oírla pues no tenía otra opción.

Ella prosiguió su monólogo.

– Soy tu abuela, pero ni soy madre de María Agila, ni soymadre del valeroso Lont Agila…la pareja que te acogió como hijo suyo. Verás tevoy a contar una historia; una historia que sucedió hace unos treinta años.

Tras esto la mujer dio varios sorbos pequeños al pestilentepotingue y continuó hablando:

– Tras la gran guerra contra los demonios, como sabrás, lahumanidad volvió a su cauce. Obedeciendo a Dios, Fenrick destruyó y dividió la Espada Sagrada entres partes. Por los servicios prestados la Reina de entonces, le condecoró como Héroe Mayorde Dloun; siendo este cargo especialmente creado para él y cuyas funcionesbásicamente consistían en ejercer de jefe de la guardia personal tanto de lamonarca, como de palacio, como de todo el reino. Tras ella, Fenrick seconvirtió en la persona más importante e influyente de Dloun. Los primeros añosde esta especie de “reinado compartido” fueron espléndidos, pues el hombre sedestacó, más que como militar o estratega, como político manejando lascuestiones más puntiagudas de palacio; (económicas o sociales) con gransolvencia. Se reunía en numerosas ocasiones, con gobernantes, reyes yjerifaltes de reinos amigos. Todo esto hizo que se fuera uniendo cada vez más ala soberana y, unos años después, los dos –ya en edad madura- se casaron ytuvieron dos hijos. Primero, un fuerte varón al que llamaron Fenrick II; y, alpoco tiempo, una preciosa niña, que resultó ser madre de la actual Reina Trisha.–tras esto la anciana hizo una pausa y echo otro trago de la infusión.

Dariem mientras tanto oía lo que le tenía que decir, aunqueesa historia la sabía; de hecho en la escuela se le enseñaba a todos los niños.

La mujer frunció el ceño y continuó.

– A pesar de ser el primogénito, el muchacho sabía que nuncapodría llegar a tomar el mando de Dloun; pues –como sabrás- en este reino esuna tradición ancestral que gobierne una mujer. Así pues, tras la muerte de lospadres, Fenrick II quedó (como su progenitor) a la sombra de la monarca. Alprincipio, al igual que con sus padres, los dos asumieron bien sus funcionescorrespondientes. De buena gana el muchacho se convirtió en el brazo derecho desu hermana…pero el hombre, como humano que es, cambió con el tiempo. Como decíael que fuera hombre honrado, valiente y justo se fue convirtiendo, debido a loslujos, a la avaricia y al vino, en un déspota. Subía cada vez más los impuestosa los ciudadanos, bajaba la cuota de trigo por cabeza y apresaba a todos aquellosque contrariaran sus órdenes. La reina trataba de controlarlo y ya, al final,pensó en despojarle de su cargo. De hecho un día hubo en palacio una grandiscusión, Fenrick II estaba borracho y su hermana le recriminaba el habersubido de nuevo los impuestos para ensanchar sus bolsillos. Éste harto de lasnuevas quejas de ella y debido al vino le propinó una bofetada. Los consejerosdel reino lejos de ayudar a la agredida, cuchichearon entre ellos, algunosincluso rieron. El maldito los tenía comprados. No acabó la cosa en eso puestras esto y cuando ella se retiró a llorar humillada a su habitación, el cerdola siguió y la violó. A su propia hermana. Los celos acabaron por desquiciarlo.La única que consolaba a la mujer esos aciagos días, fue su asistenta personalde aquel entonces, una adolescente con una docena de años…mi hija Sonia – lamujer paró de nuevo y su mirada se perdió en la lumbre de forma melancólica.Dariem intuyó que esos recuerdos le causaban dolor, aún así ella siguiócontando su historia.

– El tiempo transcurrió despacio y, la que antiguamente erala máxima responsable del Estado se convirtió en una marioneta desautorizada enmanos del tirano. No volvió a abusar de ella nunca, pues aunque su locura eramáxima en algunos momentos, tenía cierto temor a lo que el llamaba “la ira deDios”…al maltratar a una de sus siervas más leales. No obstante, su apetitosexual tenía que saciarlo de alguna manera y Fenrick II, por destino, o porhumillar más aún a la soberana, se encaprichó de la única amiga verdadera deésta; Sonia.

Dariem observó tristemente como la anciana se emocionabacada vez que su hija aparecía en el relato. Ya no trataba de moverse, laspalabras de la mujer parecían sinceras, aunque la historia no podía creerla.Ella tragó saliva y prosiguió.

-Un mañana la reina se fue de cacería con sus homónimos deOcram, como es costumbre en verano. Fenrick II no pudo acompañarles, pues habíaalegado que la cena de la noche anterior le sentó mal. Sorprendentemente, puesel día amaneció muy soleado y caluroso, empezó a llover fuertemente. Este hechoaceleró la vuelta de las dos monarcas y sus séquitos al castillo. Entró en elsalón principal y lo primero que hizo, como siempre, fue dar orden para quellamasen a mi hija y le ayudara a ponerse el vestido para el almuerzo. Ledijeron que no estaba, que el señor la había mandado llamar a sus aposentos. Enese momento la reina intuyó lo peor. Podía ver las miradas lascivas que elbastardo le echaba a la niña pero pensaba que nunca sería capaz de hacerle nadamalo – por lo menos hasta que ésta creciera. Subió rápidamente las escalerasprincipales y entró como un torbellino en la habitación de él. La cama estabadesecha pero no había nadie en el habitáculo. A continuación fue a la celda dela criada, vacía. Miró en alguna otra habitación de invitados que Fenrick IIhabía utilizado a veces para sus escarceos amorosos, nada, tampoco. Más calmadadecidió volver a sus aposentos y cambiarse de ropa; quiso convencerse a símisma de que la chiquilla estaría visitando a su madre y él estaría realizandocualquier maldad por ahí. Cuando abrió, suavemente, la pequeña puerta de suhabitación la escena fue dantesca. Sobre su propio lecho, donde antes habíasido ultrajada, Fenrick, totalmente desnudo, se movía frenéticamente encima deljoven cuerpo de mi Sonia. Ésta tenía su pequeño camisón de noche blanco; aunquepor algunas zonas del vestido se podían ver manchas rojizas –seguramente desangre. La chiquilla estaba tumbada boca arriba, con la mandíbula desencajadapor algún mal golpe. Los ojos desorbitados miraban al techo de formainexpresiva. Parecería que no sentía dolor alguno sino fuera por un pequeñodetalle: sus pequeñas y huesudas manos agarraban con fuerzas las sábanas cadavez que el violador le propinaba un embite. Ninguno de los dos, víctima yverdugo, se dieron cuenta de su presencia.

– La reina salió de la habitación. Tranquilamente, como sino hubiese visto nada, fue al pequeño armario situado en una esquina delvestíbulo superior. Abrió el primer cajón y de él saco una pequeña daga que lehabía sido regalada en uno de sus innumerables viajes. La cogió y con pasofirme volvió a la habitación de los horrores; y, sin mediar palabra,silenciosamente, clavó el cuchillo en las costillas de su hermano. Este emitióun gritito y, al instante expiró. Como después me contaría la monarca, Sonia secomportó como la mujer valiente que era. No chilló ni lloró, solamente apartó,con sus débiles manos, el gran cuerpo del violador de encima suya; cayendo elcadáver de boca en la alfombra. Más tarde mi hija le confesaría que Fenrick IIla había ultrajado en numerosas ocasiones el último mes, pero que amenazaba concortarle el cuello a ella y a la reina si le contaba algo a ésta. La soberanala abrazó con cariño y compasión, y le mandó lavarse y vestirse. Cerraron lahabitación con llave y, mientras ella fue a atender a los invitados, le dijo aSonia que fuera a mi casa a buscarme; pues era la única persona de confianzaque no tenía nada que ver con la gente de palacio.

– Llegamos por la tarde, cuando el sol comenzaba aesconderse. Las dos me explicaron lo sucedido momentos antes. Durante unosminutos no pude más que abrazar a mi hija y llorar con ella. A pesar de laprofunda tristeza y rabia que sentía tenía que hacer algo. Ellas como asesinasy yo como cómplice podíamos ser sentenciadas a muerte. Sin excusa. Se meocurrió un plan. Lavaríamos a Fenrick profundamente (labor que me resultósumamente repugnante) y le vestiríamos con su ropaje de cama. Mientras, mi hijacogería tierra roja de la despensa de palacio, pues yo sabía que ese tipo dearena sirve muy bien para disimular los cortes; aunque también sabía que unotan profundo era imposible de esconder. Lo hicimos y todo resultó. – La mujerhizo una pausa y tomo otro sorbo del brebaje. Dariem no podía dar crédito a loque estaba oyendo. A él, como a todo el mundo en Dloun, le aseguraron queFenrick II falleció plácidamente mientras dormía. Los maestros de historia lescontaban que Dios se lo llevó consigo para que fuera su mano derecha en losReinos Celestiales, ya que sus labores terrenales eran demasiadoinsignificantes. Ya entendía porque, aunque se le enterró con todos los honores(como si de un monarca se tratase) la reina de entonces, ordenó no estudiar sucuerpo inerte para no deshonrar su memoria. Interesado siguió escuchando laspalabras de la anciana.

– Meses después la reina dio a luz una linda niña de nombreTrisha. Al no tener marido ni conocérsele amante alguno, la gente comentaba.Raudos los altos poderes eclesiásticos gritaron a la masa que el bebe era unregalo del cielo; que Dios había puesto su semilla en el vientre de la virginalsoberana. Triste lo sé, pero como siempre el pueblo creyó las palabras de laiglesia, cual rebaño sigue a su pastor. Las pocas voces discordantes fueronacalladas de forma, digamos, poco ortodoxa. Poco tiempo después, mi hija, unaescuálida muchacha de trece años, dio a luz también. Pero este nacimiento seprodujo con circunstancias totalmente diferentes. La reina, cuando comenzó anotar los síntomas del embarazo de Sonia la mandó a vivir conmigo. No podíapermitirse un escándalo de ese tipo en la corte, pues una menor preñada solíaser una pobre furcia dedicada al oficio más antiguo del mundo. La lectura queyo saque en su momento, fue que la monarca volvía a tener poder y ya nonecesitó el apoyo, que antes tanto le ayudo, de una chiquilla con problemas.Por lo que la despidió y le dijo que sería mejor que no se vieran más para nocomprometer al reino. Hijo, – se dirigió a Dariem mirándolo a los ojos- hazmecaso en esto, los mayores males del hombre son tres: la vanidad, el egoísmo yla avaricia. Debes saber pues, que en los poderosos, sobre todo, estos trespecados se acentúan.

Palabras sabias pensó el oyente. Ella mientras proseguía suparlamento.

– Como te decía, me quede con mi hija en la ciudadela. Peroclaro, por muchos corsés y disimulos que se pusiera, en una muchacha tandelgada, era imposible disimular los síntomas del embarazo. Las malditasvecinas comenzaron a cuchichear, y si esas habladurías llegaran al SantoTribunal, tendríamos problemas. Opté, por tanto, en mudarme con ella al bosque.Fueron buenos tiempos los que pasamos juntas, hasta el día en que dio a luz.Era una noche calurosa pero húmeda; típica de los primeros días de primavera.La fiebre de la primeriza subía sin parar y yo, como pude, la fui tratando conpaños mojados y tisanas. Era demasiado joven y sin la ayuda de un médico osanador sufriría mucho. Al rato y, tras pasar muy malos (y doloridos) momentos,un lloroso niño brotó del vientre de mi hija. Se le veía fuerte y saludable,con unos mechoncitos morenos en la diminuta cabeza. Lo cubrí con trapos y loapreté contra mi pecho. Se lo mostré a Sonia pero ésta no pudo verlo – laanciana tragó saliva- pues había muerto. No pudo resistir tanto dolor. Nolloré, no había tiempo. Había que pensar que hacer con el pequeño. Yo no podíaquedármelo, pues apenas tenía recursos suficientes como para mantenerme yomisma. Podía trabajar en la ciudad, pero nadie daría empleo a una mujer maduracon un hijo ilegítimo bajo el brazo. Solo me quedaba una opción, una opcióncobarde. Tres noches después del alumbramiento, tras haber enterrado a mi hija,fui a la ciudad al caer la noche. Me acerqué al monasterio situado al norte ydeje, en la puerta, una cestita de ébano con el bebe en el interior. Tras estevil acto, me refugie en la tumba de mi hija, donde lloré por varios días. Añosdespués me entere de que una familia de buena alcurnia había acogido al niño. –en ese momento los cansados ojos de la mujer se posaron sobre los de Dariem; ysentenció con voz grave:

– Por cierto, Sonia quería llamarlo Ferro, como su difuntopadre; pero la familia que lo adoptó le puso Dariem; Dariem Agila.

Esas palabras se clavaron como puñales en los oídos delmuchacho. No podía creerlas pero era evidente que su interlocutora no estaba mintiendo.Descubrir embusteros era una prueba a la que te sometían los altos cargos desdemuy joven y el la había superado siempre. Tenía muy buen ojo. Además, pensó,que quizás por esto era por lo que su aspecto físico era tan diferente al desus padres y hermanos. Mientras que todos sus familiares eran de pielblanquecina y ojos claros, él había lucido desde pequeño una piel tostada yunos ojos oscuros típicos de lugares de costa. Otro punto que hacía que creyesela historia era, sin duda, que la vieja le resultó familiar en cuanto cruzó lapuerta. Una vocecita interior le gritaba que la conocía de algo. Pero eso eraimposible, era un bebe cuando la vio por última vez.

-No quería contarte esto hijo –seguía hablando pero mirandola jarra esta vez. No tenía derecho a amargar tu existencia con un pasado tantormentoso. Pero, como te he dicho antes, hoy es el día de mi muerte y no podíadejar caer en el olvido la memoria de mi hijita. Dariem –era la primera vez quelo llamaba por su nombre- tu serás poderoso en esta vida. No seas como ellos,lucha por la justicia y por la verdad; y no dejes que nunca vuelva a pasar loque le paso a tu madre. Hazlo por ella, que murió alumbrándote y que en susúltimos días de vida mostró por su futuro hijo más amor que cualquier criaturaen este mundo.

Ahora, sin más, me voy a reunirme con ella. Años lleva mitumba preparada para acogerme. Solo me ha faltado el valor que he tenido estanoche. Venir a tu casa y contarte la historia; mientras bebo este brebaje queme reportará una muerte dulce –dijo esto último señalando la taza.

Acabó la historia y se levantó de la silla lentamente. Dejólos trastos que había utilizado en el poyete y metió la silla bajo la mesa.Dariem la observaba mientras pululaba de un lugar a otro de la salita.Finalmente, se acercó a él, le dio un cariñoso beso en la frente y se marchó.Justo cuando salía por la puerta, se giró y le hablo por última vez:

-No te olvides hijo. Sé justo con todo el mundo, pero sobretodo con los más desfavorecidos y recuerda a tu madre. –salió por la puerta yse fue para siempre.

Al día siguiente y tras darle vueltas toda la noche, Dariemse despidió de la que hasta la noche anterior fue su prometida. Le dio una malaexcusa y fue a la casa familiar. Allí preguntó a su madre sobre su procedencia.Tras un rato logró sonsacarle la verdad; no era su madre biológica. No sabíacual era su familia. También se despidió de ella y se marchó a hablar con lareina Trisha. Tras pedirle (más bien exigirle) el exilio atravesó el portón surcon su espada, su escudo y algunos utensilios que le pudieran servir en losinhóspitos caminos. No tenía rumbo ni destino. No le hacía falta. No leapetecía servir al reino que abandonó a su madre. Solo quería venganza, pero noera tan cruel como para unirse a los enemigos de su patria, en la que habitabantantas personas que le habían ayudado y querido. Todas estas ideas de venganzay muerte nublaban su pensamiento; y lo nublarían varios meses mientras caminabaen solitario por todo Dloun.

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Hacía mucho frío. Sus huesos se helaban y sus músculos seencogían mientras todo su ser tiritaba acompasadamente. Habían pasado variosmeses y el invierno lo había alcanzado en “Los Dientes”; montañas conocidas porsus duras nevadas y escarpados picos. No se dio cuenta ni de lo que tardó enllegar allí; ni como llego; ni a que altura se encontraba. De hecho no sabíahacia donde caminaba desde que salió de la ciudad. Su mente estaba en otrosmenesteres y, a veces, se encontraba con un animal recién cazado entre manos,sin saber como llegó a ellas. Decían, los ancestrales hechiceros, que el mayormal que se le puede hacer a un hombre no reside en el aspecto físico; más bien,el dolor más tormentoso, suele acaecer en el intelecto. Las facultades mentalesdel, otrora guerrero más prometedor de Dloun, eran pésimas. Andaba como unzombi entre gente sin, ni siquiera, prestarse al saludo o a la ayuda, en ciertocasos, que le había sido solicitada. Pasaba días y noches sin dormir y sinprobar bocado. Su cuerpo, anteriormente cultivado y cuidado, se mostrabadesdeñoso. Lo que antes era una musculatura remarcada, se convertía ahora en unconjunto de huesos pronunciados. Su cara estaba totalmente demacrada siendo susojeras el significado mismo del cansancio. Cuando se disipaba un poco la nieblaque nublaba su razón, en sus breves momentos de lucidez, no se explicaba comoseguía aún con vida. No se había encontrado con saqueadores o con bestiassalvajes; lo que era verdaderamente extraño, teniendo en cuenta lo numerosasque resultaban en las laderas de esas montañas. Parecía como si una fuerzasobrenatural lo fuera empujando por un sendero, esquivando todos los obstáculosde su camino. Esa fuerza le estaba impidiendo alcanzar el objetivo deseado: lamuerte; maldita.

Seguía tiritando y medio mareado. No podía afirmar cuántosdías llevaba sin alimentarse, pero calculó, por encima, una semana. El escudo yla espada pesaban más que nunca pero, como si fueran los últimos enlaces con sutierra, jamás pensó en despojarse de ellos. Se encontraba arrastrándose por unsendero nevado. La temperatura seguía bajando mientras el subía. Se tambaleabadebido al frío y a la falta de comida; pues hacía días que en su camino no sehabía cruzado animal alguno. Los árboles, lógicamente por la época, no teníanfruto alguno. Estaba atravesando uno de sus malditos momentos deesclarecimiento de ideas. Tenía un hambre voraz; hubiese sido capaz de devorara un humano. Tuvo suerte. A varios pasos de él, observó entre algo de malezaque sobresalía de la nieve, como un pequeño conejo blanco bebía algo de agua.Le recordó a uno similar que le regalaron sus padres en su quinto cumpleaños.Su pelaje, blanco radiante, era suave y meloso. Recordó las risotadas cuandomovía fugazmente los ojitos y la minúscula nariz; o cuando las grandes paletasmordían la hierba. Era idéntico, hubiera jurado que era el mismo.

Sigilosamente se acercó al animal. Éste se percató de supresencia por lo que lo miró alertado. Dariem esperó sin moverse un ápice parano asustarlo. Al momento, confiado, como si conociese al hombre, la bestiacomenzó a beber de nuevo. Cuando se giró, el Dlouano prendió el escudo y con unrápido movimiento lo lanzó contra el pobre bicho. Le seccionó una pata, por loque no pudo escapar cuando el cazador se lanzó sobre él. El hambre pudo con larazón. El hombre, salvaje, lo cogió del cuello y, sin compasión, le propinó unfuerte mordisco en el lomo. El desesperado animal gritaba y gemía pidiendo elperdón, como si de un niño se tratase. No lo obtuvo. Dariem de un fuerte tirónle arrancó de cuajo la otra patita, mientras un hilillo de sangre se desprendíade la anteriormente seccionada. Cuando momentos después, al salvaje se leocurrió atacar el cuello, el pobre animal aún se retorcía. En el momento quehubo terminado el festín, siguió su camino. Un poco más arriba encontró unacálida cueva; encendió una hoguera con la poca madera seca que encontró y sedurmió.

Se despertó al amanecer. No sabía cuanto tiempo habíadormido. La niebla seguía en su cabeza. Se observó las manos y las encontróllenas de sangre reseca. Se acordó del conejo. ¿Por qué le había hecho eso?,¿por qué no mostró compasión?, ¿por qué no le asestó un golpe en el cuello paraacabar con su sufrimiento?

– No lo sé. – se dijo en alto a sí mismo.

El día era soleado, aunque el frío seguía latente. Seenderezó decidido a seguir su curso. No sabía adonde, solo que debía continuar.Tomó el camino que había abandonado anteriormente. Observó que su vista seperdía en el zigzag ascendente que formaba el sendero. Andó durante horas,hasta mediodía. Se le antojaba que debía estar ya en lo más alto del “PicoLuna” (la montaña más baja de “Los Dientes”). Oyó una especie de gruñido detrásde unas rocas; soltó sus armas y lentamente se acercó a ellas rodeándolas ensilencio. Cuando asomó sus cautelosos ojos por encima de un recodo, le faltopoco para sufrir un ataque de pánico. La diosa Fortuna le había, por fin,concedido la muerte. Lo que se encontraba detrás de aquellos riscos era, ni másni menos, que un furiah; en su forma demoníaca. Estaba retrepado contra lasrocas. Parecía, a simple vista, extasiado, cansado y hambriento. Era sabido portodo el mundo que, tras “La Gran Guerra”, algunos demonios consiguieron escapar;refugiándose en los lugares más insospechados del mundo. De todas formas, quemejor manera de acabar con su tormentosa existencia que luchando contra uno deestos indeseables. Se alejó lentamente a recoger sus cosas y tras tomarlas seaproximó de nuevo al monstruo. Aspiro profundamente, notando como sus pulmonesse ensanchaban ante la entrada de un torrente de aire puro y fresco. Lo expulsóy se presentó ante la bestia sin más dilación.

-Saludos demonio –gritó con convicción-. Soy Dariem de lafamilia Ag… de Dloun rectifico, y hoy es el día de tu muerte.

El furiah se mostró sorprendido ante el intruso. Debido aesto tardo unos segundos en contestar…

-Un humano en estos picos en plena época de nevadas… Tu Diosdebe de existir, pues acaba de mandarme alimento, jejeje.- reíadesconsideradamente.

– No me manda Dios para alimentarte. Me manda para enviarteal abismo por siempre -dijo esto mientras se fijaba mejor en el contrario. Suaspecto no era mucho mejor que el suyo; parecía que los dos habían pasadomuchas fatigas últimamente.

-Vaya, eres muy pretencioso. Bueno llevo días buscandocomida en estos malditos parajes, pero ya sabes que escasea. Tu me serviráshasta que encuentre otra cosa más apetecible – dijo esto mientras lo miraba deforma distraída. Has de saber que tu aspecto es deleznable y como guerrerodejas mucho que desear. Serás un bocado indigno para mí.

Dariem sabía que ya no había vuelta atrás. La suerte estabaechada y su muerte era más que segura. Nunca ningún hombre había derrotado, porsí solo, a un Furiah. Eran precisos, al menos diez, para derrotar a uno.Además, como decía el monstruo, estaba muy demacrado y débil; con toda certezamoriría aquel soleado día. Se preparó pues, para recibir a la parca.

Por un lado, el furiah, en su forma demoníaca. Dos metros ymedio de bestia sanguinaria. Gruesos brazos rojizos terminados en unas enormesgarras. Zarpas, que con el simple roce en el cuerpo humano resultaban un venenomortal. Sus dientes sucios y afilados estarían pronto devorando el pequeñocuerpo del humano…

…Por otro lado, acero. En su mano izquierda, un escudoredondo con un águila en bronce incrustado en él. Resistente, muy resistente,para un brazo poderoso, claro; no para el que lo iba a utilizar ese día. En ladiestra, una espada grande pero ligera. Maniobrable al cien por cien. Forjadapor los mismos herreros que fabricaban las armas celestiales. Afilada siempre.Dispuesta, en todo momento, para sesgar vidas demoníacas.

Era la hora del combate y, como toda gran batalla, el cielose encapotó por completo. Lo que segundos antes era un cielo azul rematado conun sol radiante; se había convertido en un instante en un cúmulo de nubes, queamenazaban con la mayor tormenta existente. Uno enfrente del otro; hombre ybestia. Golpeo primero el demonio. El escudo aguantó bien la embestida; elbrazo aguantó menos bien. Un hueso crujió; el hombro desencajado. Solía pasarlea Dariem cuando llevaba tiempo sin luchar, no obstante lo aguantaba bien.Contraatacó el humano. La espada fue a parar contra las putrefactas zarpas. Dañocero. La daga fue repelida hacia atrás, por suerte no se le escapó de lasmanos. El monstruo se abalanzó sobre él, pero pudo rechazarlo con el escudo. Unrespiro para continuar con más fuerza. Una zarpa sobrevuela cortando el cielo,ahora cruje el escudo también. Otro golpe de ese tipo y el águila volará sola.La siniestra del furiah golpea al otro brazo. No le da tiempo a protegersebien, solo a retirarse un poco. No muere al instante, pero morirá pronto. Elveneno entra en sus venas. – Por fin, suspira aliviado. Llegó su ansiada hora.La niebla de su cabeza se disipará en el limbo.

– ¡Humano, peleas como una hembra! –gruñe la bestia. ¡Acabasde morir! Deja que te arranqué el corazón. No sufrirás, lo prometo.

– ¡Escucha bien! –contesta el otro. Yo he muerto, pero noseré el único hoy.

Dariem tira el escudo y cambia el arma de mano. Con un brazoinmovilizado sus posibilidades son menos que mínimas. Al menos sabe manejar elacero con ambas manos. Realiza un corte transversal que el monstruo no espera.Resultado: número de extremidades igualado. El seccionado brazo rojizo va aparar a escasos metros de los combatientes. El furiah grita y patalea como unniño. El insignificante ser que tiene enfrente le ha cogido desprevenido.Furioso se tira contra él. Los dos se revuelcan como uno solo hacia elacantilado. Paran justo al borde. Se levantan dispuestos a acabar con aquello.Dariem nota como la herida del brazo le palpita bruscamente. Lo mira y observacomo se cangrena rápidamente. Tiene que ser raudo si quiere acabar con elmonstruo. Éste está malherido también. Sabe que necesitará varios días paracurar el muñón. Ahora le será aún más difícil conseguir alimento. Esta rabiosoy, por ello, descarga sobre el humano el golpe más violento posible. Éste lopara con la espada; pero el impacto es tan fuerte que ésta sale despedida. Seacabó el combate, sin acero está perdido. El Furiah lo sabe. –Te mataré poco apoco por lo que has hecho, miserable – grita enajenado. Salta sobre élviolentamente. El suelo cruje. Durante unos instantes los dos se quedanparalizados. La cornisa sobre la que luchan cede. Rocas y cuerpos caen alvacío. Dariem sonríe, ha conseguido su objetivo; los dos morirán.

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-Dariem despierta. -Un susurro lejano penetró en la cabezadel hombre.

-Despiertaaaaaaaa –repitió el susurro. Era una suave voz demujer que resonaba como si de un eco se tratase.

Le dolía mucho todo el cuerpo. Estaba tumbado de brucessobre un montón de nieve y matorrales. Giró un poco el cuello. Lo primero queobservó fue su brazo infectado. Seguía cangrenado, pero parecía que la nievahabía parado, en cierta forma, la infección. Miró hacia el otro lado y vio alfuriah. El cuerpo de éste estaba situado encima de una gran roca. La cabeza latenía totalmente destrozada. Por lo que parece se la había reventado en lacaída. Que pena que nadie pudiese ver aquella hazaña. Quedaría a la altura delmaldito Fenrick.

-Ven Dariem. Date prisa. No puedes morir. – De nuevo aquellavoz. ¿Serían delirios suyos?

Se levantó a horcajadas. Se sentía mareado y sabía que teníavarias costillas rotas; al igual que el brazo izquierdo. No obstante había sidopreparado para aguantar el dolor. A su espalda descubrió una pequeña apertura,a lo que parecía ser, una cueva. La voz provenía de allí, por lo que acumulófuerzas y se dirigió a ella. Con sus desnudas manos apartó unos cuantosmatorrales y algunas piedras. Dentro la oscuridad era total. Sin la posibilidadde a hacer fuego para poder ver algo, decidió entrar a tientas. Caminó en línearecta tropezándose varias veces. Cuando hubo andado varios cientos de pasos,distinguió algo al fondo. Había claridad, parecía el final del túnel. Aligerócomo pudo el paso, y en pocos instantes veía claramente, gracias a la luz qentraba.

Cuando llegó a la luz, sus ojos se abrieron de par en par ysu corazón comenzó a palpitar violentamente. No podía creer lo que allí veía.Era como un oasis en ese maldito desierto nevado. Enfrente suyo, un gran lagocristalino era observado por un radiante sol primaveral. La temperatura eracálida y los árboles tenían sus frutas maduras. Los pájaros silbaban yrevoloteaban a su alrededor; mientras varios peces de diferentes coloresjugueteaban en el agua. Un paisaje idílico, pensó Dariem; esto debía ser elcielo o el limbo. Nada más lejos de la realidad, la voz hizo su aparición conla forma de una brillante luz redondeada. El hombre pudo distinguir en ella auna mujer semidesnuda de formas perfectas. Sin duda, aquella no podía ser suDios.

-¿Quién o qué eres? –preguntó extrañado.

-Soy Naturaleza Dariem –contestó la voz de ultratumba.

-¿Estoy muerto ya?, ¿qué es este sitio?

– ¿Acaso has dejado de respirar?, ¿acaso no te duelen lasheridas?

Desde luego que si le dolían. La sorpresa del lugar le habíahecho olvidarse de ellas, pero la maldita voz se las había recordado.

-¿Qué quiere de mí?, ¿por qué no me dejas morir en paz?–contesto amargado.

-Porque no es tu hora aún. No quiero que mueras.

-Esos designios no te corresponden a ti. Le corresponde aDios fechar la muerte de los hombres.

-¿Tu crees que el destino de los hombres está en manos deDios, Dariem? –preguntó curiosa.

-No tengo lugar a dudas. El creador es el que decide cuandonacemos y cuando encontramos la muerte. Si es en batalla, contra las brutaleshordas demoníacas como es mi caso, tendré un lugar en el cielo, a su lado, paratoda la eternidad. ¿Eres acaso una sierva de Satanás?

-Je, je, je –rió la voz. No, Dariem, no lo soy. Ni tampoco de Dios. Soy Naturaleza. Mi existencia es anterior a la de Dios o a la de cualquier elemento del Universo. No soy nada y lo soy todo. Soy el marco en el que se mueve la vida. Soy la esencia pura de la existencia. En definitiva, soy tú, soy los árboles, los peces o los pájaros; soy el furiah que murió junto a ti. Soy todos vosotros y todos vosotros sois yo.

-¿Intentas engañarme, maldita?, ¿cómo puedes ser yo mismo yel furiah asesino que yacía conmigo? –protestó exaltado.

-¿Furiah asesino? Tenía hambre y en ti vio alimento. Intentócazarte pero escapaste de él.

-¿Cazarme? –volvió a protestar en el mismo tono. Quisoarrancarme el corazón de cuajo, para después comérselo.

-¿Acaso no hiciste tu lo mismo con un pobre conejo tiempoatrás?, ¿acaso no lo hiciste para alimentarte igual que él? –dijo sosegadamentela luz.

-No es lo mismo, maldita seas. El hombre caza para podervivir mientras que los demonios solo quieren apropiarse de nuestro mundo ydespojarnos de lo que nos pertenece. –gritaba ya, visiblemente enfadado.

-Dariem, sobre la tierra hay millones de alimentos; notenéis porque cazar. Además, ¿por qué consideras que el mundo es vuestro y node ellos?, ¿acaso en algún lugar está firmado ese contrato? –preguntó curiosa.

-Eso es así porque Dios quiso que lo fuera. Satanás, esepuerco traidor, lanzó sus hordas demoníacas contra sus hijos. Dios tuvo quedefenderse y por ello nos mandó a nosotros y a los arcángeles a luchar contraellas. Tú, que te haces llamar Naturaleza y que crees que todo lo sabes… si tufueras Dios…¿qué harías?

– Si yo fuera Dios las noches tendrían más estrellas. Si yofuera Dios viajaría más a la tierra, para intentar ser hombre; aunque al finalme muriera un atardecer cualquiera. Si yo fuera Dios, el diluvio aún seguiría,para asolar toda esta ruina, llamada mundo; y acabar así, con lágrimas quenunca terminan. Estaría aburrido, pues fabriqué todo en siete días, hace yamucho tiempo; sin saber que hacer ni lo que hacía. Si yo fuera Dios, le tendríamiedo al tiempo, años sin luces y silencio; caminos sin retorno de los días;horas que no se escapan; horas que se suicidan. Si yo fuera Dios, le pediríaperdón al Diablo; Lucifer, que al nacer así fue llamado, y que por negarse aser un criado, –no serviré dijo- al Infierno, por siempre, fue desterrado. Siyo fuera Dios, nunca podría ser Dios. Me marcharía al otro lado de la noche;cansado de mí; cansado de Dios; cansado de hacer sufrir; cansado de vivir; y,más que nada, cansado de estar solo. Si yo fuera Dios, y tú me pidieras mivida… ¿sabes lo que haría? Escucha bien lo que te digo; sin dudarlo ni unmomento, te juro por mí, te juro por Dios, que te la daría.

Ante la respuesta Dariem se quedó petrificado. No había oídojamás tal cantidad de blasfemias. No obstante sus creencias se habían vistoafectadas, tanto por las aberrantes palabras del ser, como por el injustocastigo que el creador había propinado a su madre biológica y, en general, amuchos hombres. Era sabido que Dios había creado al hombre a su imagen ysemejanza, por lo tanto su mezquindad podía ser equiparada a la de mismísimoFenrick II. Recordó, además, las palabras de su abuela sobre los poderosos y nohabía en el Universo un ser con más poder que el Señor.

-Escucha Dariem –susurró la voz cariñosamente. Dios fue elcreador y por ello merece vuestra admiración sin duda. Pero también fue elcreador de Satanás, el cual se reveló como sabes. Por lo tanto es parteimplicada en esta guerra. Comprende que se ha excedido en su papel. Debiera sersimple observador de vuestros avances y acoger vuestra alma en su regazo, sipiensa que lo merecéis. No es de recibo que mande a sus guardianes celestialesa combatir en una guerra en la tierra, con las víctimas que supone para esta.Animales, árboles y humanos estáis muriendo antes de lo debido. Esto esabominable y tú lo sabes. Piénsalo. Debes cortar esto Dariem. No permitas queDios o Lucifer se mezclen con los humanos antes de tiempo. – pidiódesesperadamente.

-Pero, ahora mismo estamos en paz. No hay ninguna guerra–protestó él.

-La habrá Dariem. Dentro de un tiempo la habrá. Y, cuandoacabe esa, vendrá otra. Y después otra más. No parará nunca. Si no haces algo.

-¿Por qué?, ¿por qué me corresponde a mí una misión tan importante?

-Es sencillo Dariem. En tu corazón siento odio. Odio hacialos demonios, claro; pero también odias al hombre y, dentro de ti, odias aDios. Necesito a alguien que sea neutro en esta guerra. Alguien que acabe conel diablo y alguien que mate –hizo una pausa-, a Dios.

-¿Cómo pretendes que haga yo eso?, ¿cuántos castigos, a mimuerte, me esperan por hacer eso?

– Eso es sencillo. Cierra todos los portales de comunicacióncon el cielo y el infierno. Destruye a los hechiceros que permiten la entradade seres de otras dimensiones. Habla con el mundo y dile lo que yo te he dicho.Si eres justo y valeroso te entenderán. Y, lo que es más importante, cuandollegue tu muerte, Dios, como padre tuyo que es, te perdonará y te acogerá en suseno; porque tu tarea es digna de un héroe.

La neblina que acosaba la mente de Dariem se disipó porcompleto. Aquella voz, tan suave como maldita, tenía razón. Cuanto sufrimientohabía sobre la faz de la tierra por culpa del altísimo. Si hubiera sido justo,Satanás estaría a su lado y el mundo sería apacible. Podía morir en aquelmomento y seguramente fuera a parar al cielo; donde la eternidad, y sus seresqueridos, estarían con él eternamente. Pero en la tierra la gente seguiríasufriendo y muriendo. Estaba decidido pues, y por ello contestó a la voz.

– Tu, Naturaleza, me has abierto los ojos y has disipado miniebla interior. Haré lo que me pides. Iré al castillo de Dloun y reuniré gentepara buscar los portales y a los hechiceros. Convenceré a estos con tuspalabras.

– No Dariem. Ahora no es el momento. Acabas de exiliarte detu ciudad y te tomarían por loco. Sé paciente. Viaja por el mundo y aprende.Aprende a luchar mejor; pero también aprende de la gente y de tu entorno, todolo que los libros no puedan enseñarte. Cultivaté en todas las materias, inclusoen la brujería que tanto temes. Y, cuando cumplas veintiocho años, vuelve a tucasa, pues allí recibirás una tarea que te servirá para cumplir tu misión.Busca el objeto que te digan y úsalo para acabar con esta batalla de una vezpor todas. Ahora, bebe del agua del lago; repondrá tus heridas y curará elveneno; recoge tus armas y vuelve al mundo a aprender.

Raudo, pues el dolor se tornaba insoportable, Dariem seagachó delante del agua cristalina y dio dos pequeños sorbos. Al instante notócomo su cuerpo recobraba su fuerza vital .Su brazo, segundos antes cangrenado,ofrecía ahora un color muy saludable. Se levantó y se dirigió por última vez ala luz.

-Debes saber que a ti te debo la vida, tanto física comomental. Lucharé por hacer del mundo un lugar mejor. Adiós Naturaleza.

Y el hombre se giró y entró de nuevo a la cueva. Encontró suescudo y espada y comenzó a bajar la montaña. Su primer destino sería la ciudadde Cand. El sol se apagaba mientras, a contraluz, el hombre era observado.

-Sé fuerte pues te espera un camino tortuoso. ¡Oh Dariem de Dloun hijode Naturaleza!


Aquí un comentario del autor original, después de haber posteado la primera versión de este capítulo:

En primer lugar perdón por la extensión del capítulo. Debeís entender que tenía muchas cosas que contar sobre Dariem y no pude reprimirme 😉 . He pensado que esta historia se estaba convirtiéndo en la típica de el bien contra el mal. Yo esto lo veo muy manido por lo que he querido ofrecer una figura que este en medio de los dos bandos. Esta figura cuando lo hayaís leido vereís que es Dariem. Otra cosa, me he inspirado, descaradamente, en una canción de Los Suaves: "Si yo fuera Dios". Ésta me impacto hace tiempo, por lo que le hago un pequeño homenaje en un párrafo, escribiendo parte de la letra en él. Es un gran disco que os recomiendo. Bueno, espero que os guste el capítulo y que no me tireís muchas piedras. Lo de Agila es por el nombre de un disco de Extremoduro.

EURET: Capítulo IX, por Zollkron

Cada vez el final de esta serie de entradas, destinadas a revivir el proyecto Escribamos un Relato entre Todos 4.0, está más cerca… es hora de publicar la entrada del capítulo IX, escrito por zollkron. Éste fue posteado originalmente el 07 de abril de 2007, 12 días después del capítulo anterior. Si alguien desea leerlos capítulos anteriores, puede consultar el índice del proyecto.

Sin mayores preámbulos, aquí el capítulo.


El Retorno del Ángel Abismado

La noche se cernía cerrada sobre Pulgaris y susalrededores, pero de ningún modo amedrentó esto la gran determinaciónde Dariem, que resuelto, fue a buscar a Malakian, sin más dilación.Felas y Pit secundaban a Dariem en su camino mientras escoltabancuidadosamente el cuerpo de Ishari, el cual yacía sin vida sobre sucaballo. Siguiendo las indicaciones de los guardias de Pulgaris,llegaron a una casa incrustada sobre la ya desgastada roca de la laderamontañosa de Sonam, el monte de la ciudad. Las inclemencias de loselementos erosionaron con fuerza el que en otrora fuera un grandiosomonte, en el que desde su cima, aún podía divisarse en la lejanía losnegros y oscuros horizontes del Mar Avernal.

– ¿Quién anda ahí? -gritó la fuerte voz de un anciano, la cual procedía desde dentro de la casa.

– Soy Dariem, Capitán de las tropas de la reina Trisha de Dloun, yvengo con mis amigos Pit, Felas e Ishari, el cual acaba de morir haceunos minutos. Necesito ver a Malakian para que me lleve hasta Yoah-respondió Dariem, alzando su voz totalmente resuelto.

– No tengo nada que ver con vos, ni con la reina de Dloun. Largaostodos de aquí y dejadme dormir en paz ¡Que no son horas de molestar!

– ¡El asunto es importante señor! ¡Necesitamos de los servicios deYoah, le pagaremos bien! -gritó Dariem un tanto airado, a la vez quecontrariado. Todos esperaban ansiosos la respuesta del anciano, sinembargo, este guardó silencio y no quiso decir más nada.

– ¡Maldito seais, señor! ¡Mal hombre y mal amigo! -gritó el jovenPit olvidando toda compostura-. ¿Acaso vos no haríais nada por Yoah siestuviese en la misma situación que Ishari, nuestro amigo?

– ¿Maldito? -preguntó el anciano, mientras salía por la puerta-.Malditos estamos todos en Pulgaris, desde que Yoah utilizó esos poderespara utilizar los cuerpos de nuestros muertos para luchar contra esasmalvadas bestias.

– ¡Ya lo sabemos! -replicó Pit.

– ¡No me interrumpas, y muestra más respeto, joven! -dijo airadoel anciano, Pit quiso replicar una vez más, pero Dariem le hizo unaindicación, y Pit asintió de mala gana-. Mi nombre es Malakian, y sí,soy amigo de Yoah desde nuestra más tierna juventud. Sé donde el mora,pero ¿Porqué habríamos de nuevo de desafiar a Dios? Vivimos en rocas,como ratas, por culpa de nuestra osadía. Dadme una buena razón para queos lleve hasta a él.

– La vida de nuestro amigo, nuestro oro… -dijo Felas.

– ¿La vida de vuestro amigo? ¿Vuestro oro? -Malakian, hace unapausa y mira a su alrededor-. Observad a vuestro alrededor, vuestroamigo yace muerto y Pulgaris es una ciudad devastada donde el polvo yla arena pasean a sus anchas por las calles, mientras nosotros tenemosque confinarnos en cuevas para evitar la maldición. ¿De verdad creéisque un puñado de oro hará algo en nuestra situación? ¿Quién ha sugeridotal cosa?

– El guardia que está apostado en el camino, antes de entrar a la ciudad.

– ¿Eso os dijo? -Malakian empezó a reír. Dariem y los demás lomiraban con extrañeza-. No quiero oro, quiero una razón, una razónpoderosa. Dadme esa razón y os llevaré hasta Yoah.

– Señor, discúlpenos unos segundos, por favor -inquirió Dariem conprofundo respeto y cuidado, mientras se retiraba junto con Pit y Felasunos metros para debatir-. ¿Tenéis alguna idea de la razón que podríaconvencer a este hombre, ya que ni oro ni un hombre que acaba de morirno es suficiente razón para él?

– Yo le haría hablar a ese vejestorio por las buenas o por lasmalas, pero vos decidís, mi capitán -dijo Pit aún enfadado por haberlomandado a callar.

– Ahórrate las formalidades para otro día Pit. Tenemos que hacer algo por Ishari, y tenemos que hacerlo pronto.

– Creo que este viejo sabe más de lo que parece. Sabe que no es solo lo de Ishari lo que nos ha traído hasta aquí.

– ¿A dónde quieres llegar a parar, Felas?

– ¿No os parecería raro que un capitán de las tropas de un reinocomo el de Dloun irrumpa de pronto llamando a vuestra casa pasada másde la medianoche sin más? Está claro, este hombre nos dará lo quequeremos, si antes nosotros le damos lo que él quiere saber, ¿o másbien debería de decir “ver”?

– ¡Ni hablar! ¡De eso nada! ¡No lo haré! -gritó Dariem enfadado.

– ¡Capitán! ¡Capitán! -inquirió Felas-. ¿Qué mayor razón que esa, para salvar a nuestro amigo, o lo que queda de él?

– Está bien, de acuerdo. Lo haré por la memoria de Ishari y por elbien mayor de nuestra causa -asintió Dariem un tanto resignado,mientras los tres, junto con el cuerpo de Ishari, ya se disponían denuevo a hablar con el anciano Malakian.

– ¿Qué, por fin, os habéis decidido ya? He estado a punto de sacar un taburete y sentarme. La noche ya refresca ¿sabéis?

– Prométame anciano Malakian, que la razón que le voy a mostraresta noche no la comentará a nadie, excepto al mismo Yoah, ni siquieraa su mujer, o hijos, o nietos, a nadie ¡Júremelo por el dios vivo!

– Lo juro -respondió Malakian solemne.

– He aquí los objetos por el que Ishari ha dado su vida, y por losque día y noche arriesgamos las nuestras -dijo Dariem mientras mostrabael mango y el trozo de la hoja de la Espada Sagrada.

– ¡Dios santo, entonces es verdad! -exclamó Malakian-. ¡Vamos! ¡Vamos! ¡Seguidme! ¡Por aquí!

El anciano Malakian, corrió deprisa hacia su caballo, lo montó sindilación y salió al galope, tan rápido como si el mismo Aleluya loestuviese persiguiendo. Dariem lo seguía con presteza desde el suyo,mientras que Pit y Felas hacían grandes esfuerzos por seguirlos a lavez que asían fuertemente las riendas del caballo donde estaba elcuerpo sin vida de Ishari. Salieron pronto de la ciudad devastada dePulgaris, y prosiguieron su camino hasta el sur hasta que llegaron auna de las desembocaduras del Río Viejo. A partir, de ahí el camino eraescarpado y los acantilados sustituyeron a las suaves arenas que habíajunto a la orilla del mar. Por lo que tuvieron que girar hacia el oesterío arriba, hasta que pudieron avistar el gran Árbol Sagrado, el cualse elevaba majestuoso en el horizonte. Cruzaron el río, y siguieron sucamino hacia el sur, en la lejanía podía ya entreverse lossobrecogedores árboles del Bosque de Hierro, con sus puntas afiladascomo sables.

– ¿Porqué nos aproximamos tanto al Bosque del Hierro? ¡Es demasiado peligroso! -gritó Dariem a Malakian.

– ¿Queréis ver a Joah, ¡sí o no!? -replico Malakian-. Seguidme,pues, y avanzad sin temor, porque a donde vamos, ni el mismísimo señorde la sombra conoce.

Raudos y veloces calbagaron hasta llegar a la Colina de los SietePicos, un monte cercano a La Barrera, maldito para hombres y demoniospor igual, símbolo del Gehena, la Muerte Segunda, la Destrucción Eternade donde no hay retorno ni fin. Los caballos relincharon fuertemente yse negaron a continuar.

– Mi trabajo ha concluido aquí -apostilló Malakian-. Desmontar loscaballos y seguid el sendero, a pie, hasta llegar a la cumbre de lamontaña. Yoah estará por allí. Espero que tengáis suerte vosotros yvuestro amigo, la necesitaréis. y ahora si me disculpáis, he de volvera Pulgaris -concluyó Malakian que dando una voz a su caballo dio mediavuelta perdiéndose en la oscuridad de aquel lugar.

– He de admitirlo, no me gusta nada este lugar -dijo Felas mirando a su alrededor.

– A mi lo que no me gusta nada es esa colina tan amenazadora -dijo Pit algo acongojado.

– Dejad a un lado vuestros miedos y vuestras dudas. Tenemos quehacerlo por Ishari. Subiremos esta misma noche, es más, subiremos ahoramismo -concluyó Dariem, que una vez más resuelto, desmontó su caballo yavanzó sin temor alguno por el sendero. Pit y Felas lo secundaron, nosin antes sujetar bien a los caballos en un árbol cercano mientrasasían el cuerpo de Ishari entre ambos.

Anduvieron por un rato por el sendero hasta que este se hizo mássinuoso y abrupto. La roca viva de la colina era tan afilada que eracapaz de cortar si uno no se andaba con cuidado. Conforme ascendíannotaban como las piernas empezaban a pesarles y el aire se hacía cadavez más difícil de respirar, además Pit y Felas tenían que transportarel cuerpo de Ishari, el cual era muy voluminoso, pero aún así nocejaron en su empeño por seguir adelante. De repente, unas rocas sedesprendieron frente a ellos, Dariem las evitó haciendo un saltoacrobático hacia atrás en un acto reflejo, eso le salvó de una muertesegura. Enseguida notaron que detrás de ellos se erguía una figurablanca, casi resplandeciente, sus alas plateadas no dejaba lugar adudas era…

– ¿¡Saeri!? -gritaron los tres al unísono.

– ¡El mismo! -exclamó Saeri con autoridad-. ¿Qué habéis venido ahacer a esta colina? ¿Por qué no seguís con vuestra misión? ¡Hablad!

– Necesitamos a Ishari, no podremos conseguirlo sin él -alegó Dariem.

– Ishari está muerto. Dio su vida para salvar a la niña enTormouth, su gesto fue loable y será recompensado por nuestro Señor, nopermitiré que corrompáis el cuerpo de Ishari con la magia de Yoah.

– ¡Es por un buen propósito! -gritó Pit.

– Por un buen propósito fue devastada la ciudad de Pulgaris-apostilló otro arcángel con autoridad. Era Rozeik, el cual se hallabamás arriba, pues fue él quien lanzó las rocas al paso de Dariem y susamigos.

De repente, el cielo se nubló y empezó a tronar y a caer rayoscerca de donde todos se hallaban. El ruido era ensordecedor y la escenapavorosa, todos se arrojaron al suelo, el cual también empezó a temblarbajo sus pies, hasta los mismo arcángeles cedieron en su temor. Una vozprocedente de cielo empezó a clamar y a decir:

“Dejen al hombre mortal seguir su camino.
Dejen al hombre mortal buscar su destino
¿Quiénes son ustedes para decidir por ellos?
Vayan, no obstante, y ayúdenlos en cuanto les pidan,
esta es ahora la misión de la Cuarta Espada Blanca”

Los arcángeles se arrodillaron y asintieron con un contundente“Amén”. Tras esto ayudaron a los hombres a erguirse, y a proseguir sucamino hacia la cima de la montaña. Allí encontraron a Yoah, el cuallos recibió algo sorprendido pues no solía tener visitas con asiduidad,y menos de esta índole, pero esta noche era muy especial, porque estanoche se decidiría buena parte del destino de los hombres.

– Yoah, hemos venido a ti, para que obres en el cuerpo de Ishari,y le devuelvas su vitalidad de modo que luche de nuevo a nuestro lado-dijo Dariem.

– Sabed que no será realmente vuestro amigo, sino un cuerpo vacíosin alma, sin sentimientos, solo un arma sedienta de sangre de aquellosque fueron sus enemigos.

– ¿Alguno de vosotros teníais algo contra él? -dijo Pit, al fin, sonriente y féliz.

– Está decidido -dijo Dariem-. Queremos que sea con Ishari justamente así.

– Entonces que comience el ritual. Dejad su cuerpo en el altar que hay en lo alto de la cumbre más alta.

Entonces subieron el cuerpo de Ishari a la cumbre más alta, y lopusieron en el altar tal y como dijo Yoah. Sin más dilación, Yoahempezó a conjurar, en un lenguaje antiguo, los conjuros que devolveríanla vitalidad al cuerpo de Ishari, hasta que algo, o más bien, alguienle interrumpió.

– ¡Alto! -exclamo una fuerte voz descendiendo de los cielos, unaestela dorada seguía tras de sí-. No es la voluntad de Dios que estecuerpo obre sin alma.

– ¿¡Cómo!? -preguntaron Pit y Felas contrariados-. Entonces la voz de antes…

– ¡No, no, no puede ser que seas tú! ¡Angeloaquím! ¿¡Qué haces túaquí!? -Preguntó Saeri con estupor a la vez que con indignación.

– ¡Eso! ¿¡Como has podido escapar del abismo!? ¡Maldito asesino! -exclamó Rozeik.

– No he escapado del abismo. He sido liberado del Tartarus, por orden expresa de nuestro Señor.

– ¡No puede ser! -gritó Saeri-. Tú fuiste el que ajusticiaste a laciudad de Pulgaris por orden de Dios, sin embargo, Dios no te dijo quematases a hombres, mujeres y niños inocentes sin piedad. Te excedisteen el castigo matando a gente inocente ¿¡Cómo que has sido liberado delTartarus!?

– Los años en el Tartarus dan para pensar, y para que alguien comoyo se arrepienta de sus acciones. He me aquí, precisamente paraenmendar mis errores y para evitar que algo como lo de Pulgaris vuelvaa ocurrir.

– ¿De verdad piensas Angeloaquím que vamos a creerte? ¡Saeri! ¿¡Deverdad vas a creer las falacias del hermano de Aleluya!? -dijo Rozeik-.¡Antes prefiero el Gehena que creerle! ¡Apresémosle!

Ambos arcángeles se abalanzaron sobre el ángel de luz, cuyas alaseran doradas, y su mirada firme. Angeloaquím sólo tuvo que extender lapalma de la mano contra ellos para que estos saliesen despedidos haciaatrás, y no pudieran ni alcanzarlo.

– ¡Maldito seas, Angeloaquím! -gritó Saeri.

– Sí, yo soy Angeloaquím, hermano de Aleluya, pero tambiénQuerubín de la Corte Celestial, Lugarteniente del Señor, su manosiniestra, el ejecutor de sus sentencias, más conocido como el Ángel dela Muerte, El Destructor. Antes abismado y ahora de nuevo al serviciode Aquel que es Uno y Verdadero. ¡Vuestro superior! ¡Así que unrespeto! No seréis vosotros quienes tuerzan la voluntad de Dios. Muchasvidas he segado a los hombres, es hora de que empiece a devolverlas dealguna manera en compensación por mis males. Verdaderamente, estehombre que yace muerto sobre el altar, volverá a la vida, es lavoluntad del Señor. Recobrará su alma y luchará para vengar la muertede esa niña que le atormentaba día y noche en vida. Sí, él será quienacabe con la vida de Pargon el Furiah que asesinó a aquella niña y aotra mucha gente inocente. Que sea justamente así. Amén.

– ¡Amén! -gritaron los arcángeles a regañadientes.

Entonces Angeloaquím extendió sus brazos hacia el cielo y este seabrió dejando pasar un haz de luz dorado tan potente que todos lospresentes, excepto Angeloaquím y los arcángeles quedaron cegados. Elcuerpo de Ishari, empezó a reaccionar a la luz, sus heridas se sanaron,sus pulmones se volvieron a llenar de aire, y su corazón volvió aimpulsar la sangre que aún ardía por sus venas. Pronto el rostro deIshari recobró de nuevo el color de sus mejillas, y sus ojos nuevamentecomenzaron a abrirse.

– ¿umm? -balbuceó Ishari aún un tanto desconcertado.

– ¡Ishari! -gritó Pit de alegría mientras lo abrazaba con lágrimasen los ojos. Dariem y Felas a duras penas podían contener su emoción.

– ¡Ummrrgggggg! -gruñó Ishari, pues tenía a Pit encima.

– ¡Alabado sea el señor! ¡Ishari está vivo! Es el de siempre -gritó Felas.

– Sí, pero por desgracia aún no puede hablar ¿Por qué? -preguntó Dariem a Angeloaquím.

– ¡Escuchadme todos! ¡Sobre todo tú Ishari! -exclamó el ángeldorado con solemnidad-. Te ocuparás de la niña de Tormouth como sifuera tu propia hija, ella llenará el vacio que hay en tí y aliviará tudolor, no obstante, no hablarás hasta que hayas acabado con Pargon elFuriah. En cuanto a Dariem y los demás, debéis de adentraros con Isharien el Bosque del Hierro y recuperar el objeto que andáis buscando. Unode los tres trozos de la Hoja Sagrada ha caído en manos de Pargon elFuriah. Pero no os entristezcáis por ello, al contrario, este hecholejos de ser un éxito para los demonios será el motivo de sus disputas.Debéis recuperar el tesoro divino, y provocar la guerra entre losFuriah y el resto de la horda.

– ¿¡Pero cómo lo haremos!? ¡Es demasiado arriesgado! -preguntó Dariem por primera vez escéptico.

– Os adentraréis esta misma noche. Os adelantaréis a la enviada deAleluya, Ishari matará a Pargon el Furiah justo antes de que éstallegue, recuperaréis el trozo sagrado, y haréis saltar las alarmas delos Furiah de modo que la descubran y capturen. La guerra estallará enese mismo momento. Cuando todo esto suceda, podréis aprovechar laconfusión para escapar del lugar.

– ¿Y porqué no nos ayudas tú directamente? -preguntó Pit con algo de impertinencia.

– ¿Acaso no habéis oído antes al Señor decir “Dejen al hombreseguir su camino… y buscar su destino”? Vayan, por tanto, y continúen,la Cuarta Espada Blanca os ayudará en esta misión también. Sea la pazde Dios con todos ustedes -concluyó Angeloaquím, y después de estaspalabras, se marchó y se fue dejando su estela dorada tras de sí.

– Bien muchachos -dijo Dariem-. Ya sabéis lo que tenemos quehacer. No perdamos el tiempo, recuperemos ese trozo sagrado yprovoquemos esa guerra. Ánimo Ishari, por fin, podrás vengar a esaniña. Ten fe en el Señor, si Él lo ha dicho, seguro que lo harás.

– ¡Hum! -exclamó Ishari totalmente resuelto asiendo de nuevo su gran hacha.


Aquí un comentario del autor original, después de haber posteado este capítulo:

Bueno ya he terminado de escribir el capitulo IX, espero que os guste. He intentado respetar al máximo el hilo de la historia, aunque he querido introducir algunas cosas nuevas (como el personaje de Angeloaquím, espero que sea de vuestro agrado, y la Colina de los Siete Picos, entre otras cosas). Bueno la verdad, es que si pudiera y me dejarais me gustaría repetir, la historia me ha encantado, bravo por todos los autores anteriores. Me ha enganchado.

Un detalle curioso de este capítulo es que la presencia de Felas estuvo en duda por un tiempo, dado un fallo de antigüedad producido en el capítulo anterior; sin embargo, ambos autores (skunkdf y Zollkron) decidieron dejar sus capítulos con la inclusión del susodicho personaje.

EURET: Capítulo VIII, por skunkdf

Es tiempo de publicar la siguiente entrada de las 13 destinadas a revivir el proyecto Escribamos un Relato entre Todos 4.0, la entrada del capítulo VIII, escrito por skunkdf. Éste fue posteado originalmente el 26 de marzo de 2007, 8 días después del capítulo anterior. Si alguien desea leerlos capítulos anteriores, puede consultar el índice del proyecto.

Hora de continuar con la serie de entradas que les prometí.


El rumor de la muerte

Ni siquiera una grande y redonda luna llena era capaz de iluminaraquella horrenda noche. Era como si un manto de oscuridad se hubieracernido sobre la población de Aiducal y no dejara pasar ni un mínimoresquicio, ni un miserable hilo de famélica luz.
La Vieja Marna miraba aquello con incredulidad, casi no era capazde distinguir donde acababa la tierra y donde empezaba el cielo y nimucho menos podría encontrar a su extraviada gata en tan desoladorascondiciones. Su temblorosa mano derecha sostenía una lámpara de aceiteque a penas era capaz de iluminar más allá de unos escasos pies.
Pensó que aquello no era buen augurio. Estaba en lo cierto.
Una agradable caricia en los tobillos le sobresaltó, bajó la mirada ypudo distinguir a su blanca gata que maulló al sentirse reconocida porsu dueña.
– ¡Ay! ¡Cuantos disgustos me dará esta bestia! ¿Cómo se te ocurre escaparte en una noche como esta?
La anciana no pudo agacharse para recoger al animal y abrazarlo,hacía años que eso le era del todo imposible. Así que empezó a caminarhasta la cercana entrada de su casa, seguida por su gata que parecíadarse cuenta de que no era buen momento para juegos.
Cuando ya había alcanzado el marco de su puerta y resoplabacansada mientras buscaba apoyo en él, una voz surgió de la oscuridad yaunque su tono era débil y suplicante le recorrió todo su cuerpo comosi a la misma muerte perteneciera.
– Por favor, ayúdeme.
Habló la voz
– ¿Quién anda?
Preguntó Marna con su voz todavía afligida por el sobresalto.
– Solo soy un joven mendigo, que teme a la oscuridad y a lo que ella representa más que nada en este mundo.
Contestó el misterioso individuo.
– En esta casa no recogemos mendigos. Si quieres comida puedo darte una barra de pan y algo de queso.
– Por favor… tengo más hambre que un animal salvaje, pero hacemucho frío y en una noche como esta nadie quiere dormir en la calle. Notengo ropa y estoy tan sucio que no creo que me reconociera en unespejo. Solo le pido…
La anciana iba a responder con un monosílabo y a cerrar la puertatodo lo contundentemente que su atrofiado brazo la permitiera, cuandoalgo pasó. La misteriosa figura había avanzado lo suficiente como paraque su cara se viera iluminada por la escasa luz de la lámpara. Unsangriento y joven rostro angelical apareció en escena e irrumpió contanta fuerza que Marna se quedó sin aliento y sin habla por unosinstantes. El joven al que pertenecía no caminaba, mas bien searrastraba. Lo poco de su cuerpo que la vieja acertaba a ver estabacubierto de oscura sangre y barro.
– ¡ay Dios! ¿Pero qué te han hecho hijo mío? ¿Quién habrá sidocapaz de tal atrocidad? ¿Quién en su sano juicio puede infringir talesmales en una criatura tan hermosa? Hijo te ayudaría a pasar, pero elpeso de los años, como ves, se ha hecho notar y se ha cebado conmigo.Pasa como buenamente puedas, aunque sea arrastrándote, que yo haré lopropio, sanaré tus heridas y te alimentaré lo mejor que pueda.
– Gra… gracias benevolente anciana, Dios se lo pa… pagará, la gente como usted es digna del cielo.
Y así, arrastrándose, entró el mendigo en la casa cerrando Marna lapuerta tras el. Continuó reptando hasta que llegó a una silla, y conmucho esfuerzo consiguió escalarla y sentarse en ella. La vieja sequedó mirándolo incrédula.
– ¿Es acaso usted hijo de rey? Preguntó.
– ¿Yo? No… no soy hijo ni de herrero.
– Un rostro así solo puede provenir de la sangre del más bondadoso de los reyes, o tal vez de un ángel.
– O de diablo.
Susurró el joven.
– ¿Cómo dices? Mis fatigados oídos no oyen como antaño.
– Que no soy nada de eso y que se de lo que hablo.
Dijo con las pocas energías que fue capaz de reunir.
La anciana le miró de nuevo, cada momento que pasaba parecíarecomponerse poco a poco, y aunque todavía parecía demasiado débil comopara aplastar una mosca su mirada ya no estaba tan perdida como laprimera vez que se había fijado en sus verdes ojos.
– Y dígame ¿Quién y por qué le ha dejado en tal estado? que parece que le hayan traído a hachazos desde donde quiera que venga.
– En este estado estoy por celos y por envidia, que son los peores males de este mundo si no se controlan.
– Ya suponía yo que se trataría de esta cosa. Un chico tan bienparecido debe tener muchos rivales solo por la ira de quien no puedeposeer tales bendiciones.
– Bueno, supongo que querrá comer, y luego le indicaré donde puedelavarse y curarse esas heridas, aunque he de confesarle que fueraparecía peor parado, que ahora que lo veo bien con la lumbre de micasa.
Dicho esto, Marna se giró y empezó a organizar el fuego quecalentaría la comida del joven. Al momento se empezaron a oír voces porfuera, era el bullicio de una multitud que iba aumentando poco a pocode intensidad, a medida que se acercaba.
– ¿Que será eso que se oye? Pareciera que están cazando brujas.
Farfulló la anciana mientras se incorporaba y giraba su cabeza hacia laventana. Por ella ya se podían distinguir a lo lejos algunas luces deantorcha. Pero de pronto oyó algo que llamó todavía mas su atención,fue como un crujido muy breve a sus espaldas. Tuvo un malpresentimiento, se giró lentamente y vio una escena que nuca hubieraquerido ver. El joven de belleza extraordinaria se había levantado. Sumirada era bella, pero en estos momentos no tenía nada de angelical. Enla mano derecha sostenía algo, como un pellejo blanco adornado conchorretones rojos. Y su barbilla estaba inundada de sangre, pero estaera sangre roja como el fuego, sangre caliente. Su boca mostraba unamaliciosa sonrisa, sus dientes parecían ahora más afilados yamenazantes.
– No quería tener que recurrir a esto, pobre animal. Pero sepa quegracias a el tendré suficientes fuerzas para comérmela a usted. Ygracias a usted podré ir a resolver un asuntito que requiere mipresencia. No creo que la viole, aunque costumbre no me falta, ydiscúlpeme, porque, después de una reina ¿quien querría penetrar a unvejestorio?

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En el castillo de Dloun las cosas estaban agitadas. El día en queAlrol había escapado había sido un día muy oscuro en palacio. Primerolas doncellas encontraron a la reina moribunda con los finos ropajes desu cama empapados en sangre real, sangre que solo debería ser derramadaen heroicas batallas. Pero lo que realmente hizo estremecerse a todo elreino fue la noticia que llegó una hora después, cuando se descubrióque el furiah había hecho algo más que usurpar el honor de su amadareina.

Glodus había tenido que trabajar muy duro. Primero tuvo que coser todoslos desgarros que aquel mal nacido le había infringido a Trisha ycontrolar la infección y la violenta fiebre que provocaban. Después setuvo que asegurar que la reina no quedara fecundada por esa bestia, yaque las consecuencias para el reino de Dloun hubieran sido del todoimpensables. Para ello recurrió a unas milenarias recetas con especiasexóticas que supuestamente darían buen resultado. Muy conocidas entrelos sitios de moral distraída. Pero imposibles de encontrar en palacio.

La reina estaba acostada, fuera de sus aposentos ya que desde elfatídico día no había querido volver a entrar en su dormitorio real.Así que se encontraba en una cama, en una de las numerosas habitacionespara invitados.
Trisha estaba pálida como la nieve pero su hermosura era ahora muchomás evidente y la pureza de su linaje real se dejaba entrever en cadauna de sus proporcionadas facciones iluminadas por los primeros rayosdel sol. Su pelo de color rojizo y fino como un sedal, despedíaresplandores de un dorado celestial y se repartía de forma equitativa ymatemáticamente perfecta a lo ancho de la almohada.
Pero a pesar de su frágil y delicado aspecto una insana rabia le comía por dentro.
Glodus hacía su inspección diaria comprobando que todo marchara bien.
– Glodus.
Llamó la reina impaciente.
– ¿En qué me requiere su majestad?
– He oído mucho escándalo en palacio. ¿Ya ha vuelto el grupo de búsqueda?
– Así es, pero no traen buenas noticias me temo y les he dicho que…
– Haz venir a Torth.
– Mi majestad, está usted demasiado débil, casi no puede ni hablar, yo le re…
– He dicho que traigas a Torth ante mí.
Interrumpió la reina tajante y con autoridad.
– Ahora mismo alteza. Lejos de mi intención estaba el contrariarla.
En escasos minutos se abrió la puerta y apareció Torth ante ella. Elchico había cambiado desde su llegada al palacio, había pasado de serun simple herrero a convertirse en un guerrero con coraje y fuerza apartes iguales que había aprendido los secretos de la guerra y elmanejo de la espada mucho más rápido que cualquier otro soldado antes.Además era una persona de confianza para la reina. Por ello eraadmirado y envidiado a partes iguales. Prueba era que la reina lollamara a él y no otro para que le informara.
– Dime Torth ¿Qué nuevas me traes?
– Mi majestad, se detectó al Furiah entre Saf y Aiducal. Un grupode safianos le seguía, fue sorprendido en la parte norte intentandollevarse a una niña. Por suerte la falta de alimento le mantenía débily entre cien que le seguían casi le dan caza.
La reina asintió con la cabeza y le invitó a seguir.
– Nosotros íbamos siguiendo su rastro y llegamos a Saf, donde noscontaron que una muchedumbre lo iba persiguiendo hacia el norte. Asíque nos dirigimos sin demora en busca del maldito diablo y nosencontramos con el grupo de safianos que lo habían perdido ya que notenían un buen rastreador. Empezaba a caer la noche y la tarea era cadavez más difícil. Todos sabemos que estos diablos son como gatos, quelas sombras son su mejor aliado. Pero sabíamos que el buscaba algo enAiducal, y que además necesitaba alimento imperiosamente. No podíahaber ido muy lejos ya que algunos aldeanos lo alcanzaron y le dierontanto que raro era que todavía permaneciera vivo.
– Los que tienen suerte de seguir vivos son ellos. Insensatos pensarían que estaban cazando conejos.
– Seis fueron los que perecieron por acercarse demasiado a esemaldito, pero como eran más de cien los que le pisaban los talones nose pudo alimentar de ninguno.
– Oh, ¡que desgraciada tragedia!, la pena me abruma ¿Cuántasdesgracias nos traerá este condenado diablo? Ahora, mi fiel amigo,cuéntame como término la búsqueda y porque no tengo aquí su cabeza.
– Entramos en Aiducal pero no había el más mínimo rastro de él,así que fuimos a toda prisa a la iglesia, pero la noche era muy oscuray la bestia es muy sigilosa. Cuando llegamos la reliquia habíadesaparecido.
La reina acarició inconscientemente la muñeca donde lucia su sortija.Ya sabía que las noticias no eran buenas, pero los sucesos estabantomando un trágico desenlace. Cerró los ojos e intentó pensar conclaridad, no debía fallar en su próximo movimiento.
– El futuro de la raza humana depende de encontrar a ese ser,envía emisarios a todos los reinos, cueste lo que cueste, el fragmentodebe aparecer y la bestia perecer.

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Hay gente que asegura que mirando a una persona a los ojos, puedesadivinar gran parte de lo que es y de lo que puede llegar a ser. Muchosdicen que esta verdad es doble si se aplica a un héroe. Unos ojos dehéroe; astutos, silenciosos y fieros.
Unos ojos muy parecidos a los de Dariem, con la mirada cansada por elpeso de sus años de general pero segura de hacia donde debe dirigirse.
Pero a pesar de todas estas virtudes existen cosas que pueden empañar oenturbiar los sentidos de un héroe. Algo tan simple y la vez tanmolesto como el polvo que levanta un caballo que corre a suficientevelocidad por un terreno demasiado suelto.
– Dariem, ya se divisa la ciudad.
– ¿Cómo? ¿Dónde?
Unos ojos demasiado desgastados.
– Allí.
Pit señaló hacia el este, donde se alzaba el monte de Sonam, bajo el cual se halla Pulgaris.
– Estamos a una hora escasa si seguimos a este ritmo, no perdamos ni un valioso segundo.

Pulgaris no era una ciudad normal. Todas y cada una de las casasque en ella se levantaban estaban talladas en roca, incrustadas en lafalda de la montaña que tan buena defensa les había proporcionado ensus antiguas batallas contra demonios.
El resto de la ciudad estaba rodeada por una sólida muralla de estamisma roca y los guardianes que vigilaban la entrada eran cautelosos enextremo con la gente a la que permitían gozar de la extraña belleza dela ciudad.
Dariem, Felas y Pit se habían adelantado al resto del grupo ya que lasituación de Ishari requería atención inmediata y los cuatro caballosque utilizaron –otro para el inerte cuerpo de de su amigo herido-fueron los mas rápidos de los que podían disponer.
Llegaron a las puertas de Pulgaris en un tiempo relativamentebreve, mucho menor que el que habrían empleado viajando con todo elgrupo. Los guardas se interpusieron entre ellos y la ciudad.
– Quien anda y con que motivo vienen al reino de Pulgaris.
– Mi nombre es Dariem y soy capitán a las órdenes de la reinaTrisha del reino de Dloun. Este que está a mi lado es Pit, uno de mismás rápidos guerreros, el gentil caballero del corcel negro no es otroque Felas y el caballo que viene arrastrado es el de mi buen amigoIshari, herido grave en batalla, que necesita de los remedios delvenerable y sabio Joah.
– Es el vuestro un gran y glorioso reino y nobles vuestrasintenciones. Pero los asuntos de Joah no son asuntos de Pulgaris ya quefue desterrado de aquí por tratar con la magia que no debe ser tratada.
Esta noticia atravesó a Felas y a Pit el estómago como una dagaenvenenada. Dariem cogió aire e hizo acopio de fuerzas después de esteduro revés.
– ¿Y no se sabe nada del paradero del desterrado? En este momentoel tiempo apremia pues es grave la situación de nuestro amigo y sonpocas las esperanzas que tenemos si el infame destino no nos da unrespiro.
Uno de los guardias el mas alto y de semblante mas honorable, se acercó al herido y lo examinó durante un minuto.
– Seguro que el Rey Tilif pondría a vuestro servicio al mismomédico de la corte, pero de nada serviría pues vuestro amigo hafallecido. Siento ser portador de tales noticias.
Los dos guerreros bajaron la cabeza y guardaron unos segundos desilencio de obligatorio cumplimiento en honor de su difunto amigo.Algunas lágrimas recorrieron las mejillas de Pit que no habíapresenciado tantas muertes de amigos como Dariem, versado en diez milbatallas. Los guardias hablaban entre ellos en voz baja intentando nointerrumpir tan solemne momento. Hasta que uno de ellos dio un paso alfrente y se dispuso a hablar con Dariem.
– De verdad que sentimos la muerte de vuestro amigo y granguerrero Ishari. Hasta aquí llegaron historias de la fuerza y de lasgestas de este hombre en el campo de batalla. A su amigo ya nunca lorecuperarán, tengan siempre esto presente…
Dicho esto paró el soldado de hablar y miró a su compañero, que hizo un gesto de asentimiento.
– …pero son estos tiempos de dolorosa guerra y no viene mal contar hasta con los muertos si los demonios les aprietan.
Dariem y Pit se quedaron mirando al soldado intrigados.
– ¿Qué es lo que quieres decir exactamente?
– Que la poderosa hacha de Ishari puede estar de nuevo con vosotros,aunque no su alma, que ya está muy lejos de aquí. La magia negra espoderosa y con ella algunos fueron los cuerpos inertes de héroes quefueron levantados para luchar contra diablos en tiempos difíciles comolos que ahora nos ocupan. Cuerpos sin alma pero con fuerza y sed desangre enemiga.
Pit miraba incrédulo al soldado, no sabía si tomar sus palabrascomo un insulto hacia su amigo o hacia sus creencias. Entonces entró enla conversación mientras se secaba las lágrimas con el puño y con lavoz todavía bobalicona.
– Y bueno, ¿por que nos vienes ahora con historias de magia prohibida? ¿Acaso en tu reino se permiten tales cosas?
– No. En tiempos difíciles se recurrió a tales artimañas de las quenadie está muy orgulloso. Por este motivo cayó la desgracia sobrePulgaris, ofendimos a Dios y nos lo hizo pagar. Un incendio asoló laciudad, quemó todas nuestras casas y mató a la mitad de la población.Tuvimos que reconstruir nuestro reino tal y como lo veis ahora, depiedra para vencer al fuego. Joah fue culpado de lo sucedido ydesterrado.
– ¡Maldito bastardo! ¿Y quieres la misma suerte para nosotros? ¿Quieres que ardamos también?
Replicó Pit, demasiado afectado por la muerte de su amigo.
– Ningún mal quiero para mis aliados, pero para ser sincero sin laayuda de nuestros guerreros revividos nunca hubiéramos plantado cara alos diablos. Sin ellos ahora todos seríamos polvo, como ese que tantoparece molestar a tu capitán.
Dariem se dio cuenta que había estado rascándose los ojos desde que llegó al portón.
– Estos terrenos arenosos no son los más adecuados para cabalgar.
Se excusó no sin cierta vergüenza, un héroe nunca debe mostrar debilidad.
– Marchémonos capitán, las tropas todavía estarán a medio camino.Llegaremos hasta ellas y daremos merecida tierra a nuestro amigo.
– Espera Pit. Ishari recibirá tierra, pero en su debido momento,por ahora haremos lo que el hubiera querido, que es matar a demoniosincluso después de muerto.
– Pero mi capitán. ¿Qué hay de los malos auspicios?
– Creo que Dios no tendrá nada en contra de matar a demonios, ycreo que a veces suceden accidentes, como el que aconteció en estaciudad.
Dariem se dirigió al guarda alto.
– ¿Como podemos llegar hasta Yoah?
– Conozco a una persona que les guiará por unas monedas, es un pocoexcéntrico pero es buen amigo de Yoah y les guiará bien. Su nombre esMalakian.
– Me gustaría verle ahora mismo, partiremos de inmediato. Cuandolleguen mis tropas decidles que no tardaremos ¿habría algún problema enque acamparan aquí?
– No seréis los primeros ni los últimos aliados que hacen noche en esta explanada.

Lo que Dariem no sabía es que una hueste de demonios llevabasiguiendo a su ejército desde que abandonaron Tormouth, acechando yesperando el momento adecuado para el ataque.

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Una sombra traviesa se movía grácilmente entre la densa niebla. El airedel bosque de hierro no parecía aire, más bien era una mezcla dehumedad e insectos minúsculos e imperceptibles. Los árboles no eran demetal alguno, pero su color gris oscuro y su forma fálica les dabancierto semblante macabro y artificial. La tierra no era tal, era masbien una superficie cenagosa en la que podías hundirte si no te andabascon mucho cuidado. Era ciertamente un lugar difícil de atacar. Losdemonios, mas acostumbrados a estas condiciones, masacrarían acualquier ejército que intentara internarse en él.
Pero un Furiah se movía por estos territorios como por su casa, aunqueellos solían vivir escondidos entre los humanos, muchas veces, comocualquier diablo que se precie, se veían obligados a revolcarse en ellodo.

En lo mas profundo de este bosque hay una fortaleza, es allí dondeAleluya y Abigor ultiman detalles de lo que va a ser su golpe maestroen la guerra contra los humanos.
– Un ejército de demonios va raudo a dar muerte al miserable deDariem y a sus amigos, entre los que se encuentra tu padre, Abigor.Otros van camino de Aiducal, ciudad de ignorantes en donde yace unfragmento de la hoja. A la vista de todo ser vivo lo tienen, nisospechan lo que realmente es. Y los atrasados de Dloun nos han dejadoel trabajo fácil. En unos días la balanza se inclinará hacia nuestrolado. Satanás renacerá y yo degustaré las mieles de la victoria comodebió ser hace muchos años. ¡Altas torres construiremos! Tan altas quela vista no alcanzará a ver. Con carne humana todos los días nosalimentaremos y por la noche encenderemos hogueras con libros ocualquier vestigio de esta miserable cultura humana. Esta raza seráolvidada en la noche de los tiempos como bien se merece.
Abigor escuchaba atentamente. Las palabras de Aleluya le causaban una diabólica excitación.
– Aleluya, la sangre y el fuego me llaman. Mi espada está inquieta.
– No seas impaciente, pronto partirás al campo de batalla donde podrás cortar cuantas cabezas te venga en gana.
En ese momento un demonio entró en la sala con intención de hacer un anuncio.
– Mi amo, fuera espera Pargon que desea comunicarle las nuevas de su misión.
– ¿Pargon el furiah?
Pasaron unos segundos en los que Aleluya reflexionaba, tal vezintentando adivinar porque su espía no se encontraba donde debieraestar.
– Hazlo pasar.
Dijo al fin.
El diablo salió y en un momento el furiah entró con paso firme.
– No esperaba verte por aquí tan pronto. Has debido averiguar algo importante, o eso espero.
– Así es, traigo importantes noticias, tan importantes que la guerra podría quedar aquí decidida.
– Veamos si es verdad lo que vienes pregonando, adelante.
– Pargon miró a Abigor y le dedicó una pequeña sonrisa y un cortés saludo.
– Discúlpame que no reparara en tan distinguida presencia. Estaré perdiendo facultades.
Abigor acarició el mango de su espada. Y Pargon se dispuso a comenzar la narración de los hechos
– La verdad, fue extremadamente fácil infiltrarme en el castillo.La raza humana no es desconfiada por naturaleza. Inventé un nombre,fingí traer importantes noticias a palacio. Y así era, aunque nada dijeque no fuesen a averiguar de otras formas en un breve periodo detiempo. Fingí también que unos demonios me habían herido, aunque enrealidad yo fui el que me infringí todo el daño. Por el día un malditomatasanos me atosigaba con sus innecesarios cuidados y con indiscretaspreguntas que muy cerca estuvieron de llevarle a la muerte. Gracias aSatanás me supe contener, pues para ello estaba preparado.
Pargon, paró súbitamente de hablar, miró hacia Abigor y sonrió de de esa forma angelicalmente malvada.
– Aunque creedme bella diablesa, que no siempre me puedo contener.
Abigor sacó su espada a una velocidad imperceptible para el furiah,se la puso en el cuello apretando lo justo para cortar su respiración.El furiah tuvo unos momentos de desorientación intentando adivinar quehabía pasado. Su sudor empezó a correr por la afilada hoja. No es fáciltarea la de coger desprevenidos a estos seres, la sorpresa era algo muydifícil de provocar en ellos, así como el miedo. Pargon sintió las doscosas y le gustó. Una vez más recobró su sonrisa y la miró fijamente entono desafiante.
– Aplaca tu metal, otra ocasión tendrás –dijo Aleluya -, este tiene noticias importantes que a todos nos incumben.
– Eso es, relájate, no sea que tengamos un disgusto.
Dijo el furiah todavía alterado pero con voz serena.
– Espero que no se te ocurra volver a importunarme o ni el mismo Satanás podrá salvar tu cabeza.
Espetó antes de retirar su acero.
– Me estas haciendo perder la paciencia con tus impertinencias a mi también y esto si que no te conviene.
Dijo Aleluya
– No os impacientéis, mi señor. Controlaré mi lengua, aunque a veces pareciera que anda sola.
Volvió a respirar con normalidad después del sobresalto y se preparó para continuar con la narración de los hechos.
– El matasanos por la noche me dejaba descansar. Yo aprovechaba ysalía en busca de alimento, ya que la comida de palacio no era de miagrado. En una de estas salidas un arcángel me sorprendió. Yo le dijeque salía a mirar las estrellas, que en ese reino se veían como enningún sitio del mundo, que era un espectáculo tan bello que con su luzcreía sanar. Así poco a poco gané su amistad. En poco tiempo tuvealguna información de poca trascendencia, ya que en alguna ocasión estearcángel había acompañado a la reina en sus quehaceres. Una noche mecontó que estuvo allí, junto a la reina, aquel día en que el caballeroDariem descubrió el mapa con los fragmentos de la espada sagrada. Yo nocabía en mi gozo con la fortuna que había tenido, solo faltaba algo demi astucia para sacar la información que tanto anhelaba. Así, conrequiebros y engaños tejí una tela de mentiras que condenarían a estemaldito mundo para siempre.
– Si vas a informarme del paradero de los fragmentos, ahórratetanta palabrería y vuelve a tu agujero, pues ya lo he averiguado yo pormi cuenta.
– Por favor señor, déjeme continuar, quedará sorprendido, se lo aseguro.
Aleluya no pudo evitar un gesto extraño, ya que daba por seguro queera el sitio donde yacían los metales lo que le iba a desvelar.
– Finalmente me reveló que uno de los fragmentos en Aiducal seencontraba. Yo no quise preguntar por el otro en ese momento pues seque hay que ser precavido en estos menesteres y no parecer demasiadocurioso sin motivo. Así que decidí esperar unos días para, de formacasual, sacar el tema y averiguar lo que me faltaba. Pero el infortuniose cebó sobre mí y me vi descubierto y encarcelado. Engañando alguardia conseguí escapar, la verdad, si los arcángeles no son demasiadolistos ¡a los humanos que los quemen por patanes! Pensaba que mecostaría varios días engañarle, pero en apenas unos minutos no era masque un saco de huesos rotos y yo un demonio libre. A la reina le di unalección que nunca olvidará, y debo decir que disfruté profanando susmás oscuros retiros. Deshonré a todo Dluin con mis acciones y con ellogozo más todavía.
– Me gusta lo que hiciste con la reina, se lo tenía merecido pero ¿era esa la cosa tan importante que nos haría ganar la guerra?
Preguntó Aleluya en tono burlón.
– No señor, esto es solo el entremés.
– Sigue pues con la historia y acaba ya. Te advierto que como no meagrade la información que me traes, no tendré ningún reparo en dejarque Abigor haga lo que le venga en gana contigo, se que disfrutaríaenormemente.
– Estoy seguro que yo también disfrutaría señor, pero estoyconvencido de que no serán así como transcurran los acontecimientos,permítame terminar.
– Adelante pues.
– Escapé y corrí. Un caballo fuerte y rápido robé pero no tenía enmente venir aquí, algo mas quería hacer antes, algo en Aiducal. Recorrívastos terrenos sin detenerme ni a alimentarme, sabiendo que actuaba acontra reloj. Seguí hasta que casi al final de mi camino, donde tuveque pararme a tomar un bocado, pues notaba que me faltaban fuerzas paracumplir con mi empeño. Así entré en Saf pero las cosas no salieron comoyo pensaba y tuve que huir a pie, perseguido por una marabunta furiosade mal nacidos. Finalmente, cubierto bajo el protector manto de lanoche, despisté a los patanes y entré en Aiducal. Allí me alimenté ycon las fuerzas recobradas partí a por el fragmento que estaba expuestoen la iglesia como reliquia de algún héroe. Allí cogí la hoja y meresguardé en la negrura, los soldados de Dloun llegaron justo detrás demí pero no me vieron, ni sospecharon que podría encontrarme en aquellugar. Una vez mas su torpeza quedó patente.
Aleluya se levantó de su trono, parecía satisfecho con lo queacababa de oír. Abigor parecía decepcionada, había parado de acariciarel mango de su espada y miraba fijamente al furiah, como midiendo susaptitudes.
– En vano he enviado a una tropa hacia allá. Has hecho un gran trabajo pero ¿donde está el metal si se puede saber?
– No tan rápido Aleluya, por ahora prefiero quedármelo.
No era un tipo de respuesta que estuviera acostumbrado a oír. Aligual que para Pargon hoy era un día para nuevas e imprevistassensaciones. Supo en ese momento que se podía derramar mucha sangre yno era que no le agradara la idea, pero sabía que Pargon era un fieroguerrero, tanto como sádico y que era una gran ayuda en el campo debatalla.
– ¿Qué me quieres decir insolente furiah? Yo soy impaciente perote aseguro que el que está arriba de mí lo es mucho más. No teconvienen estos juegos, te lo aseguro.
Dijo Aleluya con una voz tan oscura y retorcida que hubiera amedrentado al mismo Lucifer.
– Pues a mi si que me apetecen los juegos, y no creo que estés enposición de hacer amenazas. Te aseguro que el metal está en buenasmanos y como algo me ocurra no te agradará su destino.
Abigor miraba a Aleluya, buscando un gesto como el que un díadesencadenó la muerte de Averak. Pero el general no tenía intención deacabar con Pargon por ahora. Sabía que no era la mejor opción. Se quedópensativo, en silencio, hasta que al final articuló unas palabras.
– Habla pues ¿Qué quieres?
Pargon sonrió, todo salía según lo previsto.
– Durante muchos años hemos sido denostados los furiah. Por nuestroparecido con los humanos hemos sido objeto de mofa y privados decualquier tipo de recompensa o privilegio mas allá de lo que puedarepresentar sucio un trozo de carne. Como animales hemos sido tratadospor Garlaks y Kreiges, siendo nosotros mucho más fuertes einteligentes. Nuestra falta de pretensiones y sed de poder nos hanllevado a esta incómoda y degradante situación.
Abigor sentía un renovado respeto hacia este ser, no esperaba semejanteinsurrección por su parte. Ni mucho menos que se atreviera a hablar asía Aleluya.
– He expuesto los hechos ante mis hermanos y están de acuerdo enque no es este trato nada digno. Así que, dado el artefacto que tenemosy sabiendo de su importancia para el desenlace de la guerra, exigimosla mitad de todos los reinos conquistados así como la mitad de todasriquezas incautadas. No hay negociación posible.
Es justamente lo que Aleluya pensaba. Debía actuar astutamente, no era el momento de dar un paso en falso.
– Como bien sabrás este tipo de decisiones no me corresponden a mí,sino a nuestro amo. Así que te pido que esperes dos días, y que aceptesuna negociación, pues es mucho lo que pedís, excesivo a mi parecer.
– En vuestras manos está pues decidir la guerra lo antes posible y sin riesgos. Dos días.
Dicho esto Pargon dio media vuelta y se largó.
– Abigor, esta es tu oportunidad para demostrar que la confianzadepositada en ti no ha sido vana. Síguele, quiero el metal y quiero quemates a todos los furiah que se crucen en tu camino. No tengas piedad
– Para mi será un placer, mi señor.
Abigor sonrió, oía el rumor de la muerte acercarse poco a poco.


Cabe destacar que, después del capítulo anterior, la muerte de Averak fue un punto que a varios foreros disgustó y que criticaron los días siguientes. Fue después de la publicación de este capítulo, cuando Esdrás decidió abandonar el proyecto por atender el concurso de relato que, aún hoy en día, organiza en el foro de Literatura.

Pero, para compensar nuevamente el número de participantes, se unió Cantaneitor a la lista de colaboradores, argumentando que: "Tras haberlo leido (el relato) me he animado pues me ha parecido genial…no obstante tengo en mente un giro en la trama que me gustaría escribir"

La bitácora

El imperio perdido de Zion

Después de algún tiempo, estimados lectores, he tenido a bien crear esta entrada (bajo los consejos y guía de esta entrada de RikkuInTheMiddle) con el objetivo de crear un vínculo más personal entre ustedes y yo. Aquí podrán escribir sus opiniones, quejas o sugerencias acerca de mi blog en general o cualquier proyecto en específico. Así mismo, aquí iré colocando un listado con el historial de los eventos más sobresalientes que hayan ocurrido o, bien, vayan a suceder.

Bueno, comenzaré por dar una pequeña reseña de lo que ha sido la historia de este blog, su diseño, sus entradas, sus logros, etc.

HISTORIAL

20082009 2010

2008

09 de febrero

Me creo una cuenta en Gamefilia, nombrando a mi blog: "El imperio perdido de Zion"

26 de marzo

Elijo algunas preferencias básicas del diseño del blog, creo el primer banner del blog. Publico mi primera entrada, destinada a pedir su opinión acerca de la temática que debería tener el futuro contenido del blog.

03 de abril

Reemplazo el banner original que había diseñado para el blog, por éste.

17 de junio

Publico la entrada Historias en el tintero, donde comento los futuros proyectos que tengo planeado llevar a cabo dentro de este blog y, quizá, el foro de Literatura de MeriStation.

20 de junio

Escribo la entrada Reviviendo un gran proyecto, destinada a servir de índice para las futuras entradas acerca del proyecto Escribamos un relato entre todos, desarrollado en MeriStation.

21 de junio

Comienzan los cambios de aspecto del blog que lo conducirían a su segundo diseño y configuración.

26 de junio

RikkuInTheMiddle decide que esta entrada merece el reconocimiento de ser una "entrada 100% literaria". Comienza a formarse mi listado de relatos publicados con esta pequeña historia de humor.

04 de julio

Gano el reconocimiento de "Medalla de plata", bajo la consideración de Ellolo17 por la entrada de Licantropía (un breve historia de suspenso). Ese mismo día, me hago merecedor del reconocimiento de "Medalla de oro", nuevamente gracias a Ellolo17, con la entrada EURET: Capitulo IV por brandochdahá.

05 de julio

Baalard me invita a colaborar en los Relatos de Suburbia.

12 de julio

Inicio el proyecto "Aprendiendo a escribir" con esta entrada.

19 de julio

"La bitácora", mi libro de visitas, es creado.

22 de julio

Descubro el sitio de música Deezer, gracias al blog de fabrimuch, y agrego un bloque lateral con una modesta lista de canciones.

25 de julio

Abro esta entrada para que sirva como archivero de la música de ambientación de mi blog.

27 de julio

Actualizo brevemente la entrada Historias en el tintero con información que aún necesita edición.

25 de agosto

Termino la serie de entradas destinadas a revivir el inconcluso proyecto de Escribamos un Relato entre Todos 4.0 con esta entrada.

07 de septiembre

Alcanzo las 5000 visitas, decido tomar un pequeño descanso para recobrar fuerzas y refrescar mis ideas. Abro esta entrada para celebrar mis 5000 visitas.

28 de septiembre

Termino mi descanso un poco antes de lo previsto para publicar el primer capítulo del proyecto "El Guardián", coordinado desde el blog de Shaiyia.

29 de septiembre

Obtengo una "cthulhumedalla" por el primer capítulo de "El Guardián" gracias a ErikAdams.

06 de octubre

Publico el video de "El Guardián", mi primera creación de este tipo subida a Youtube, en esta entrada.

16 de octubre

Comienzo el proyecto literario cazadores de sombras en esta entrada, el índice de las 3 series de capítulos.

24 de octubre

Hago una importante aclaración sobre mis comentarios en mi propio blog en esta entrada.

02 de noviembre

Con esta entrada, sobre la creación de pinceles en Adobe Photoshop, inauguro una futura serie de videotutoriales centrados en el diseño gráfico.

07 de noviembre

Soy nombrado miembro de honor del Club de la Lectura por LoganKeller en esta misma entrada.

16 de noviembre

Publico mi primer AMV subido a Youtube en esta entrada, con diversos detalles sobre su elaboración.

17 de noviembre

Hago oficial el cambio de diseño de mi blog (elaborado por electroduende), inspirado en la historia "cazadores de sombras", en esta entrada.

20 de noviembre

Mi blog alcanza las 10,000 visitas.

21 de noviembre

Publico esta entrada para celebrar mis 10,000 visitas.

23 de noviembre

Publico esta entrada dando a conocer el nuevo servicio de sindicación RSS disponible en mi blog.

26 de diciembre

Para concretar mi colaboración en el proyecto "amigo invisible 2008" propuesto por Shaiyia, publico esta entrada dedicada a Zerael.

27 de diciembre

Publico esta entrada "falsa" a modo de broma por el día de los Santos Inocentes, con ayuda de electroduende.

30 de diciembre

Por motivo de mi cumpleaños, abro esta entrada.

2009

04 de enero

Esta entrada funge como el primer análisis formal que hago sobre un juego dentro de este blog.

05 de enero

Concluyo la primera parte de cazadores de sombras con el capítulo IX como una colaboración en Mundo Destierro.

(…)

2010

(Actualizaciones pendientes, perdón por las molestias)

FUTURAS ENTRADAS

EURET: capítulo XIII

Tutoriales de diseño gráfico

Reseñas de algunos Survival Horror

Y muchas más…

===

La entrada queda hasta aquí, a la espera de sus comentarios. Iré agragando información según sea necesario (con nuevas entradas destacadas o, bien, algún cambio importante de diseño del blog).

Saludos,
Desmodius.

EURET: Capítulo VII, por Esdrás

Siguiendo adelante con las entradas destinadas a revivir el proyecto Escribamos un Relato entre Todos 4.0, es turno del capítulo VII, escrito por Esdrás. Éste fue posteado originalmente el 18 de marzo de 2007, 6 días después del capítulo anterior. Si alguien desea leerlos capítulos anteriores, puede consultar el índice del proyecto.

Bueno… hora de publicar este peculiar capítulo dividido en 4 partes.


LA DANZA DE LA PARCA

1ª PARTE

Paredes de pizarra negra se alzan casi sin fin. Aquí y allá, estriadas aberturas como heridas de garra dejan entrar una tímida luz rojiza pronto devorada por la oscuridad del inmenso salón. Ninguna decoración rompe la sobriedad: ni esculturas, ni tapices, ni cuadros, ni alfombras, ni ninguna otra obra tan del gusto de los hombres desvían la atención del único mobiliario que realmente cuenta, un inmenso trono de obsidiana. A sus pies, Aleluya, hincado de rodillas y con la cabeza gacha ha concluido su informe ante Él.

– Me defraudas, querido hijo – la voz, suave y tentadora, es una promesa de eterno dolor -. Has perdido tu tiempo y me lo haces perder a mí. Y ¿qué esperas? ¿Comprensión? ¿Perdón, acaso? – una risita pura, infantil, brota de su garganta -. Aleluya, corrige tus errores y sólo vuelve cuando tengas algo interesante que decirme. Entonces y sólo entonces recibirás aquello de lo que te hagas merecedor. Y sabes que sólo aceptaré el triunfo.

La figura de Shaitán Nahas, conocido entre los hombres como Satanás, se alza, sombra sobre la oscuridad, y despliega sus alas de humo y ceniza ardiente.

– Ah, se me olvidaba – comenta con cierta dejadez -. Ten esto.

Aleluya recoge la pequeña caja de plata que se le tiende. Abre la tapa y contempla su contenido.

– ¡Mi Señor! ¡Hicimos una promesa!
– Sí, es cierto. La hicimos, pero ya no podemos mantenerla. Ahora ¡vete!

Doblado sobre sí y sin girarse, Aleluya avanza de espaldas hacia la salida. Su mente empieza a trabajar. Ha llegado la hora de los sacrificios.

2ª PARTE.

El ambiente del campamento está enrarecido. Algo ominoso flota en el aire y hasta los mismísimos demonios están nerviosos. Un silencio antinatural se extiende por todas partes, miradas oscuras prestas a la lucha se intercambian, se busca la soledad. El mismo infierno parece haber subido a la superficie y todos rehuyen una presencia, la de Aleluya. Impaciente, con el humor sombrío de las fieras enjauladas, recorre los escasos metros de su tienda, tenso a la espera de su favorito.

– ¿Me has mandado llamar, Aleluya?
– Así es, Averak. Tengo una misión para ti.
– Estoy a tus órdenes. Dime qué deseas y lo cumpliré.
– Así lo espero, pero debes saber que no estás obligado. La misión es … desagradable y no pretendo imponerte algo que ni a mí mismo me agrada. En caso necesario, hallaré a otro.
– Me tienes intrigado y no veo razones por las cuáles fuera a rechazar una misión – comenta sorprendido.
– Tal vez ahora lo entiendas.

Aleluya se aproxima a la gran mesa sobre la que reposan mapas y documentos y toma la caja de plata que le fue entregada por Shaitán Nahas. Su pulso se acelera y su rostro parece oscurecerse. Volviéndose hacia Averak se la tiende.

– ¿De qué se trata? – pregunta intrigado.
– Ábrela y lo averiguarás.

Averak alza la tapa y mira sorprendido el interior de la caja. Intermitentemente, desvía su mirada de la caja a Aleluya y de Aleluya a la caja, confundido. Sabe qué es, de qué se trata, pero, es imposible.

– Veo que has reconocido el contenido.
– Sí, claro que lo he hecho, pero… no puede ser. ¡Fueron destruidos!
– Así se le hizo creer a todo el mundo. Incluso a mí. Ahora ambos conocemos la verdad y tenemos un objetivo. Debemos usarlos una vez más.
– No, Aleluya, no podemos. Se hizo un juramento.
– Es cierto, pero los juramentos se quebrantan. Vivimos momentos difíciles y que la guerra se incline a un lado o a otro depende de factores como este. Si hemos de romper una promesa lo haremos.
– Lo entiendo Aleluya, pero no puede ser – hay cierta desesperación en su voz -. Hay ciertos conceptos, ciertos principios que deben respetarse incluso en la guerra. Respeto, honradez, dignidad en la pelea. No Aleluya, no podemos jugar así. Si es cierto cuanto afirmaste al principio, rechazo esta misión. Busca a otro. No puedo impedir la misión, pero puedo no participar en ella.

Los ojos de Aleluya brillan con el fuego de una fragua y miran fijamente a Averak. Todo su cuerpo parece estar en tensión, listo para saltar y despedazar, cuando súbitamente se relaja. Su cabeza hace una pequeña inclinación que Averak interpreta de reconocimiento a sus palabras. No ve la sombra que se materializa a sus espaldas, ni la fulgurante línea de acero que se dibuja en el aire y separa su cabeza del tronco. Ni siquiera llega a sentir la mano de Aleluya arrancándole el alma antes de expirar completamente.

– Hermano – hay pena en su voz -, nunca pudiste superar tu naturaleza humana. Tu perdición. No lo sabías, pero esta ha sido tu prueba y has fracasado.

Aleluya llama a los guardias de su tienda.

– Sacad esta basura de aquí y empaladlo allí donde todos puedan verlo. Cabeza y cuerpo por separado. Que conozcan el destino de los que no saben cumplir con su deber. Has actuado bien – comenta una vez a solas con la sombra ejecutora -, Abigor. Eres una recién llegada a nuestras filas mas te auguro un brillante futuro. Ten esta espada – dice ofreciéndole el arma que poseyera Averak – como pago a tu acción. Te deseo mejor suerte que a su anterior propietario.
– La suerte no existe, mi Señor. El destino nos lo labramos nosotros mismos. La naturaleza nos impulsa y la mente encauza.
– Es posible. En cualquier caso, tú también fuiste humana. Recuérdalo y recuerda también lo que aquí ha ocurrido. Quizá llegue el día en que te sientas tentada por tu naturaleza humana y no sepas dominarla. Esa será tu perdición. Y no creas que no te verás sometida a esa prueba. Pero nunca podrás recuperar tu humanidad y tu alma ya está condenada. Ese fue tu pago.
– Lo sé y no me arrepiento.
– ¿Ni siquiera te arrepentirás cuando te encuentres con tu padre en el campo de batalla y debas atravesarlo con tu espada? ¿No dudarás?
– No mi Señor. No habrá dudas ni lamentaciones. Mi mano será firme y no temblará cuando atraviese al enemigo, aunque este lleve el nombre de Felas, mi progenitor.

3ª PARTE.

El calabozo era maloliente y húmedo. Pero eso a Alrol no le pesaba. Ni siquiera era capaz de sentirlo. El dolor que las argollas de mitras causaban a sus tobillos y muñecas era insoportable. Un frío acerado le atravesaba las articulaciones y se extendía por todo su cuerpo en una agonía que le impedía pensar con claridad. Le alcanzó el ruido de unas pisadas. Tocaba cambio de guardia. Realmente, no era necesario que nadie guardara a Alrol, pues el metal era la mejor jaula para inmovilizar al Furiah.

Un sollozo sorprendió al guardia que se asomó al ventanuco de la maciza puerta de madera remachada. Había sido advertido del peligro que encerraba el prisionero pero sólo alcanzó a ver a un ser de extremada hermosura, cuyo rostro pálido parecía atormentado por el dolor. Además, estaba encadenado.

Un nuevo sollozo acompañado de una débil petición de agua fueron más de lo que el noble corazón del guardia pudo soportar. Abrió la puerta y se aproximó al prisionero.

– Agua, agua, por favor – pidió Alrol con un hilo de voz.
– Bebed, así, despacio, despacio – dijo el guardia que amablemente le atendió acercándole una escudilla y dándole de beber.
– Gracias, noble señor. Hace horas que no pruebo el agua y creía morir de sed.
– No tenéis que agradecérmelo, es …

Sus palabras se vieron interrumpidas por una humillante escena. Un creciente cerco empapó los pantalones del prisionero y el olor a orín asaltó sus fosas. Alrol se sonrojó violentamente.

– Perdón, señor. No he podido evitarlo – y un nuevo sollozo acompaña a la vergüenza -. No puedo tenerme en pie, ni moverme. Estoy herido y encadenado y… – el llanto es ahora desgarrador.
– No os preocupéis. No me habéis ofendido.
– Os agradezco vuestro gesto, señor, pero sería mejor que volvierais a vuestro puesto. Mi hedor es insoportable, incluso para mí – sus ojos miran cándidos y llenos de pudor al guardia.
– Ciertamente, no oléis muy bien. Tal vez quisierais un poco de agua para lavaros.
– ¿Sería posible?
– No veo por qué no ha de ser posible.

El guardia se levantó y salió del calabozo cerrando la puerta tras de sí. Momentos después regresaba con un cubo de agua y un lienzo limpio.

– Gracias, señor. Os estaré eternamente agradecido. Pero ¿cómo voy a asearme? Estoy encadenado y no alcanzo ciertas partes de mi cuerpo.
– No os preocupéis. Yo lo haré.
– Sí, pero… – el rubor tiñe las mejillas de Alrol – ¿también me lavaréis… eso?
– ¿Eso? – pregunta extrañado.
– Eso – y una mirada significativa aclara el tema al guardia que también se sonroja un tanto azorado -. A mí no me importa si es lo que deseáis. Me parecería poco pago por vuestra amabilidad
– No, no, por favor. No os confundáis. Vaya, parece que tenemos un pequeño problema. Quizás, mmm, no sé, podríamos soltar la cadena de vuestra mano izquierda. Sí, eso bastará.

El guardia alza el rostro y ve la más maravillosa de las sonrisas en el más hermoso rostro que haya visto nunca. La mirada limpia y agradecida de Alrol es el mejor pago que un mortal pueda recibir en esta vida. Cualquier duda se desvanece, la injusticia de la situación es más que clara para el guardia que coge la llave y procede a soltar la mano izquierda de la esclavitud de la cadena de mitras.

Unos minutos después, Alrol se levanta. A sus pies el cadáver encadenado del guardia es testigo de la brutalidad de su crimen. Su pecho abierto es una carcasa vacía sin corazón, devorado por Alrol.

– Justo lo que necesitaba para terminar de curarme, amable guardia – dice con incontenible sarcasmo -. Y ahora, la venganza.

Agilidad, fuerza y oscuridad fueron las armas de Alrol. Nadie fue testigo de su avance y nadie pudo llegar a saber cómo hizo para alcanzar la ventana entreabierta de la cámara de la reina. Sólo un Furiah es capaz de moverse con tanto sigilo que ni un ave nocturna lo detectaría y sólo a Alrol se le hubiera ocurrido un plan semejante. A los pies del lecho, contempló a la mujer que se agitó levemente. La lujuria brilló en los ojos de Alrol que de un salto se sentó a horcajadas sobre la reina. Esta despertó bruscamente para descubrir que una poderosa mano le impedía gritar.

– Mi reina, hoy concebiréis un heredero. El legado de un Furiah si es que sobrevivís – siseó.

El horror se dibujó en el rostro de la mujer antes de desvanecerse. La naturaleza, a veces, es piadosa y su desmayo le evitó sentir las manos del Furiah rasgando sus vestiduras y penetrándola salvajemente.

Hasta el amanecer, cuando las damas de compañía entraron en la cámara, nadie supo qué había ocurrido. De Alrol, no había rastro.

4ª PARTE.

Una suave brisa procedente del este arrastra los efluvios del mar. La anciana, sentada junto a la puerta de la pequeña cabaña, siente su caricia y aspira ávida el perfume salino. Los últimos rayos del atardecer se despiden con el calor y la luz de la sangre y tiñen el bálago del techado que parece arder. El rostro marchito se regocija ante la calidez que la rodea y el vago recuerdo del abrazo de un amante la asalta. Ríe traviesa.

– ¿De qué te ríes, abuela? – preguntó una voz desde el interior.
– De nada, de nada. Tonterías de una vieja.

Una joven se asoma a la puerta limpiándose las manos en el mandil que lleva a su cintura. Observa a la anciana en cuyo rostro aún vuela una sonrisa pícara. Hace tiempo se acostumbró a las cicatrices de sus ojos, a sus cuencas vacías y al silencio sobre las causas de tan terrible mutilación. Una oleada de afecto la inunda y se acerca a su abuela para colocarle bien una guedeja de pelo que baila con el aire. La anciana toma su mano y se la lleva a la nariz.

– Mmm, siempre me ha gustado este olor, Lía.
– No es más que harina, abuela. He estado amasando pan y he preparado una buena hornada que nos durará varios días. De hecho, he pensado en acercarme al pueblo para vender algunas hogazas. Además, necesitamos algo de sal y … bueno, la última vez vi una rebeca que te abrigará bien. El otoño se acaba y pronto llegarán los primeros fríos.

Un relincho interrumpe la conversación. Lía alza la mirada y ve un jinete entre las dunas y brezos que conducen a la cabaña. Nunca ha visto un caballo igual: largas crines, patas finas, cuello poderoso, negro como la muerte. Cabriolea entre los brezales como un barco experimentado entre los arrecifes, seguro de que llegará a buen puerto.

– ¿Quién viene, Lía?
– No lo sé, abuela. Es un jinete. Probablemente pasará de largo.
– Para ir ¿a dónde? No hay nada aquí cerca.
– Seguro que irá al pueblo.
– Un rodeo demasiado largo para quien desee ir allí.
– Se habrá perdido.
– Es posible – en la voz de la anciana asoma la duda -. ¿Cómo es el jinete?
– Alto, fuerte. Parece llevar algún tipo de armadura y monta un caballo como jamás vi otro.

El viento cambia súbitamente de dirección. El silencio se apodera del páramo. Ningún trino despide al día, ningún insecto revolotea molesto, el tiempo mismo parece haberse detenido.

– Entra en la casa Lía y enciérrate. Y bajo ningún concepto salgas de ella. ¡Oigas lo que oigas! – ordena la anciana de cuyo rostro ha huido todo color.
– Pero ¿por qué? – pregunta extrañada y un tanto asustada.
– Haz lo que te digo – su voz ha adquirido el tono de quien no admite replica, pero añade más amable -, por favor.
– Haré lo que pides, abuela.

El jinete llega junto a la cabaña. Desciende del caballo y se aproxima a la anciana.

– Hola, Cumana. Ha pasado mucho tiempo desde nuestro último encuentro.
– Eso depende de la perspectiva, … demonio – escupe.
– Veo que me has reconocido.
– Tu pestilencia te delata. Seré ciega, pero esto – dice tocándose la nariz – aún funciona. No eres bienvenido aquí, así que márchate.
– Mucho me temo que eso sea imposible. Necesito de tus facultades.

Una risa amarga brota desagradable de la boca de la anciana.

– ¿Mis facultades? Permita que me ría, Aleluya – el nombre suena como un insulto -. Tú mismo te encargaste de que desaparecieran o ¿acaso no recuerdas ya nuestro compromiso y el precio que pagué por él? Para mí es como si hubiera ocurrido ayer mismo.
– Lo recuerdo, pero digamos que las circunstancias han cambiado.
– Para ti, tal vez, no para mí. Renuncié a mi visión profética en aras de la neutralidad, para que ninguna de las dos fuerzas de esta guerra sin sentido, aquellos que os llamáis adalides del bien y del mal, pudierais obligarme a trabajar en favor de unos u otros. Vuestra guerra no me afecta, no me incumbe. Sois sanguijuelas que desangráis a la humanidad en una lucha eterna y yo estoy al margen. Tú arrancaste mis ojos aceptando tu parte del contrato y ahí se acabó todo. Vivo retirada y … ciega. No poseo ninguna facultad visionaria. No tienes poder sobre mí.
– ¿Eso crees? ¿Acaso me tomas por estúpido? Cumana, no hubiera hecho un viaje tan largo, ni me hubiera tomado tantas molestias si no supiera que harás lo que te pida. Permite que te exponga mi punto de vista. Cumana, tu retiro no ha impedido que te hayamos mantenido vigilada. Eres demasiado valiosa. Sabemos de la existencia de tu nieta, encerrada ahora tras esa frágil puerta, y esa será la nueva moneda de cambio. Si deseas que viva harás lo que se te diga. En caso contrario, yo mismo la conduciré al averno donde sufrirá tormentos, que mente alguna pueda imaginar, por el resto de la eternidad y tú oirás sus lamentos impotente. Esa será tu penitencia.
– ¡Maldito!
– Me aburres, vieja. Ahora, decide.
– ¿Decidir? Decidir ¿qué? ¿Si ayudarte y salvar a mi nieta o negarme y condenarla? ¿Tengo elección?
– Siempre existe – señala encogiéndose de hombros.
– ¿Qué quieres que haga? – pregunta derrotada.

Aleluya se acerca a las alforjas de su caballo y saca la pequeña caja de plata que su Señor le dio días atrás. Durante unos segundos la contempla, siguiendo con su mirada la compleja talla de la misma. Finalmente, abre la tapa y no puede evitar un escalofrío ante la visión de dos globos oculares que parecen mirarle fijamente.

– Ten, te pertenecen – dice colocando la caja en manos de la anciana.
– ¿Qué es esto?
– Tus ojos, Cumana, tus ojos. Ahora podrás volver a ver. Permíteme que te ayude.

Aleluya se arrodilla ante la anciana. Con suavidad, toma con su mano derecha uno de los globos y con la izquierda abre los párpados heridos y ligeramente supurantes de Cumana. Sus gestos son suaves, precisos y llenos de afecto, un afecto invisible a la aún ciega anciana. Repite la misma acción con el otro globo. Aleluya cubre con una mano ambos ojos y murmura un apenas perceptible salmo.

– Ahora verás – dice apartando la mano.

La anciana abre sus párpados. Su mente, que ya había olvidado las imágenes, se ve emborrachada de colores y formas y, por un momento, parece que vaya a desmayarse. Durante unos minutos, observa con ansiedad cuanto la rodea. Las dunas, los brezos, el pequeño huerto, la cabaña, el cielo. Una lágrima furtiva cae por su rostro arañado por el tiempo.

– ¿Qué quieres de mí, Aleluya?
– La Espada Sagrada.
– ¿La Espada Sagrada?
– Sí. La perdida está camino de ser reencontrada. La empuñadura más uno de sus fragmentos ya obran en poder de nuestro enemigos. Pero aún faltan dos partes. Necesito que me digas dónde localizarlas.

Cumana se pone en pie y se vuelve hacia el este, donde nace el sol. Alza las manos artríticas e inicia un mantra en una oscura lengua hace tiempo olvidada. Sus ojos se cubren de una pátina blanca e inician su búsqueda. Cumana, la última de las sibilas, maldecida y bendecida con la visión profética y con la obligación de no mentir a quien acuda a ella, suspira. La búsqueda ha concluido.

– Ya está. He encontrado lo que deseas.

En un murmullo, Cumana da a Aleluya su información y este sonríe satisfecho.

– Gracias, Cumana.
– Y ahora ¿qué? ¿Me volverás a arrancar los ojos para volver cuando me necesites?
– No, Cumana. No será necesario. Has cumplido bien. Me corresponde hacer lo mismo.

Aleluya remonta la duna y se detiene en la cúspide. El último rayo de sol desaparece sumergido en un mar profundamente azul. Un chotacabras lanza un desabrido grito y alza el vuelo desde un brezal próximo. Su aleteo le lleva hasta la cabaña y se posa en su tejado de bálago. Curioso, observa las dos formas femeninas abrazadas, inmóviles en el suelo, muertas.

Aleluya tira de las riendas de su caballo, haciéndolo girar en dirección a su cuartel general. Clava sus espuelas y el corcel galopa tan salvaje como el grito de Aleluya.

– Te lo debía Cumana. Ahora eres libre junto a tu nieta. Que tu Dios te acoja.


Aquí la peculiar forma de haber escrito este capítulo, según las palabras del propio autor: "se pone uno cómodo, gin tonic a mano. Se lee todo lo escrito de un tirón (para eso lo tengo ya imprimido) y tras ello, se coloca ante el ordenata y empieza a escribir. Y sale lo que sale."

Además, he aquí un comentario adicional escrito por Esdrás para aclarar algunos puntos del texto al día siguiente:

Ya me había leído todo antes de la intervención de Vinn y no sé, tenía cierta sensación, y ya me perdonaréis, que esta era la típica de buenos listísimos a los que todo les sale bien y encima van de sobrados y de malos tontos, pero tontos del todo. En definitiva, que era un relato estereotipado donde desde el principio sabes que los buenos van a ganar. Y entonces ¿para qué participar? Personalmente, necesitaba un contrapunto. Equilibrar la batalla.

Lógicamente, este es un relato compartido y es de recibo respetar loo que el personal escribe. Es también su historia y desea que las cosas sigan una determinada línea.

Sin embargo, me encontraba con un grupo que en un pis-pas había dado ya con dos fragmentos de la espada (si no con tres, aunque tras releer 20 veces el párrafo seguía sin quedarme claro que el metal oxidado fuera un pedazo de la espada). Que se había cepillado a un rey (por muy maldito que estuviera) así porque sí. Con unos demonios sin plan ni estrategia alguna que sólo corrían detrás de los buenos para perder. Y llego a Averak, un personaje que me gustaba pero que súbitamente siente despertar su lado humano. La línea de actuación subsiguiente era que traicionara a los demonios (o no, pero era lo que yo interpretaba). Seguimos con el traidor que, sin hacer nada en la trama, van y me lo pillan y acaba en la celda. Y tenemos a un herido grave, pero ya estamos en camino de un poderoso mago que es capaz de curar e incluso de resucitar. No sé, pero para mí una más una son dos.

Y así llegué a la conclusión de que o le daba un giro o … le daba un giro. No sabía muy bien cómo, pero uno se pone a escribir y oye, las cosas salen.

Averak debía morir y dar paso a otro personaje. Las constantes referencias de Felas a su hija me dieron la pista. Y así surge Abigor, un demonio real de la mitología judeocristiana. Demonio de la guerra para más inri. Aleluya es un personaje fantástico y deseaba darle mayor énfasis a su figura. Y en general, deseaba dar a los demonios una estrategia y un modus operandi además de cierto carácter y unos mínimos de inteligencia. Es un ejercito de demonios y nuca he entendido que los malos sean tontos. De hecho, gozan de una gran ventaja frente a otros al carecer de las limitaciones morales que coartan a los buenos.

El concepto o la idea de matar a personajes es algo que ya experimentamos en el relato anterior de fantasía. Y funciona. No hay que tener miedo a perder personajes, sin necesidad de que esto se convierta en un holocausto.

Sigo: la idea de Cumana, una clara referencia a la sibila de Cumas, me daba la oportunidad de que los demonios actuaran con independencia del grupo que busca la espada. Además, la presencia de secundarios que aporten cosas y desaparezcan (sin necesidad de morir) siempre me resulta agradable.

El Furiah, con las descripciones de Vinn, me parecía muy atractivo y no entendía que acabara en el calabozo a la primera de cambio. Por ello organicé su huida. Mi idea original era que asesinara a la reina, pero me parecía un tanto excesivo por muy efectista que resultara. De ahí a la violación, el paso era pequeño. Vinn lo había dicho: se basan en su belleza para conseguir lo que desean o para embaucar, devoran corazones y violan mujeres. Era sencillo. Ahora corresponderá a otro darle salida a esto.

Y finalmente, el superjefe. Me apetecía recrear un Satanás visual pero sin dar detalles. Que cada uno lo viera a su modo dentro de ciertos parámetros, como el poseer unas alas tipo ¿Balrog? o tener una voz seductora y temible. O que su risa sea la de un niño. Descoloca y a mí me daría miedo que alguien básicamente malvado riera con la risa de un niño.

La historia de mis firmas

Bueno… es tiempo de dedicar una sencilla entrada a un aspecto que consideré sumamente importante dentro del Foro por mucho tiempo: mis firmas. He tenido, desde el 04 de febrero de 2007 hasta hoy, 12 firmas en total (2 con 2 versiones y una adicional que usé el 28 de diciembre).

La gran mayoría, estrenadas en la versión en curso del Rincón de Las Firmas en el Off Topic. He aquí las firmas que me han identificado por más de un año, algunas hechas por mí, otras por otros foreros.


Galería de Firmas

Firma 1

Firma 1

Versión original (descartada)

Firma 2

Firma 2

Firma 3

Firma 3

Firma 4

Firma 4

Versión original (descartada)

Firma 5

Firma 5

Firma 6

Firma 6, hecha por David_Pxndx
Firma hecha por David_Pxndx21

Firma 7

Firma 7

Firma 8

Firma 8

Firma 9

Firma 9, hecha por Loeva
Firma hecha por Loeva

Firma 10

Firma 10

Firma 11

Firma 11

Firma 12

Firma 12, hecha por killopower1
Firma hecha por killopower

Firma del 28 de diciembre (2007)

Firma del 28 de diciembre, hecha por esdenoche
Firma hecha por esdenoche

EURET: Capítulo VI, por Vinn

Ya es hora de continuar con las entradas sobre el proyecto Escribamos un Relato entre Todos 4.0, con el capítulo VI, escrito por Vinn. Éste fue posteado originalmente el 12 de marzo de 2007, poco más de un mes después del capítulo anterior. Si alguien desea leerlos capítulos anteriores, puede consultar el índice del proyecto.

Bueno, al fin he aquí esta nueva entrega del proyecto en curso.


Perséfone

Glodus caminaba con paso firme por el pasillo del palacio hacia la enfermería. La claraboya del techo permitía pasar los primeros rayos matutinos, aun con tan poca fuerza que eran incapaces de alumbrar la estancia. A ambos lados de aquel estrecho pasadizo, que habría de conducirle a la camilla del mensajero enfermo, estaban colgados de las paredes los cuadros gigantes de los retratos de todas las reinas que un día alzaron el cetro del reino de Dloun. El sanador se entretuvo en observar el rostro de la reina y distinguió entre sus facciones aquella sonrisa despreocupada que le caracterizaba durante los días de paz. Ahora, que los demonios volvieron a cruzar el portal, la desolación y la crueldad de sus actos entristecieron todos los rostros de los mortales, ensombrecieron las sonrisas inocentes de los niños, envolvieron con un halo de tinieblas la brillante luz del sol, incluso afectaron a personas beatas y optimistas como la reina, que confiaban en que la balanza cayera en el lado de los mortales y arcángeles, al finalizar la guerra.

Había transcurrido el periodo de dos días y lo único que le rondaba por la cabeza a Glodus era descifrar el misterioso símbolo que escondía Alrol, el mensajero, debajo de su axila. Abrió la puerta con delicadeza, asomando disimuladamente la cabeza antes de entornarla del todo, para asegurarse de que Alrol dormía. Así era, profundos ronquidos defendían la habitación, como cuando el oso hiberna y sus rudos suspiros ahuyentan a los asustadizos animalillos que osan meter el hocico en la cueva. El aire enrarecido de la habitación, impregnado con un olor a rancio preocupó al sanador. Entró sin dudar a la estancia y entonces se acercó de puntillas al hombre semidesnudo. Las heridas, como había sospechado, sanaron del todo. Pero no quería despertarlo hasta comprobar el signo que tanto le preocupó durante aquellos dos días. Le cogió el brazo con suavidad, como si estuviera manipulando un objeto frágil, quebradizo como migas de pan, y lo levantó a la altura de la cabeza del mensajero. ¡Caspita!, exclamó para sus adentros Glodus al contemplar el símbolo. No podía asimilar lo que sus ojos veían, recibió una información inesperada que le colapsaba el intelecto. Un circulo blanco tatuado en su piel con dos cruces negras en su interior, la misma cruz que lucían orgullosos los arcángeles pero vueltas del revés. Se trataba de la marca de los Furiah, los demonios más crueles y despiadados de todos los tiempos. De aspecto humano y una belleza sublime, sólo se podían distinguir de los mortales por la marca que les tatuaban al nacer debajo de la axila. Su belleza era su arma más mortífera, porque embelesaban a todo aquel que los contemplaba, engañados por una apariencia inofensiva, y cuando los enemigos bajaban la guardia les atacaban por la espalda sin miramientos. También dotados de una fuerza sobrenatural, capaces de levantar a veinte hombres con una mano y algunos decían que los habían visto mover montañas enteras de un golpe. No se les vio jamás empuñar un arma, les bastaban sus manos para despedazar a sus contrincantes y no luchaban por poder o dinero, luchaban para engullir al ejercito rival, vivían de carne humana. Los Furiah eran terriblemente temidos, atacaban como lobos en manadas pequeñas, pero su poder era devastador. Arrasaban aldeas, incendiaban iglesias, atravesaban los pechos de los niños con sus garras, violaban a las mujeres, arrancaban los corazones a sus maridos y se los comían crudos. Cuando se sabía que un grupo de Furiah se acercaba a una aldea, las gentes tan sólo se dedicaban a rezar y a pedir ayuda al cielo para que los demonios cambiaran de rumbo, porque sabían que ante ellos no tenían escapatoria. Los Furiah se divertían como niños que van a cazar lagartijas y les cortan la cola, y luego las tiran al río. Aleluya solía usarlos también como espías debido a su similitud con los humanos. No cabía duda ante la evidencia. Alrol era un Furiah.

Glodus reaccionó rápidamente ante el aturdimiento y llamó a los guardias de inmediato.
Hubieron de traer cadenas especiales hechas de mitras, un metal que sólo se fabricaba en las entrañas de las montañas de El Pico. Lo ataron por las muñecas y los tobillos. El Furiah se despertó al notar el frío contacto de las cadenas.

—¿Qué hacéis malditos? — decía mientras se retorcía como un gusano intentando desprenderse de sus ataduras.
—Estate quieto traidor, —le dijo un guardia— si no quieres sufrir como un cochinillo.
—¿Le llamas traidor a uno de los vuestros? ¿Osas llamarle traidor a quien llegó moribundo para avisar a la reina de que Aleluya había conseguido desatarse de sus cadenas?
—¡Cállate, Alrol! — le ordenó el sanador.
—No pienso callarme, malditos seáis todos —dijo el Furiah, mientras escupía una masa pastosa sobre la cara de Glodus.
Glodus sacó un pañuelo de su bolsillo y se limpió los restos verdosos del escupitajo de Alrol.
—¿Sabes lo que le hacemos a los espías? —le preguntó con una mirada dictatorial.
No esperó a que respondiera.
—Cortarle la lengua a pedacitos pequeños y dársela a los perros.

La chiquilla tenía un brillo especial en la mirada, algo que la hacía diferente del resto de las niñas. Sus ojos almendrados enternecieron a los bravos guerreros que la habían rescatado y pasó a ser la protegida del grupo, su apadrinada. Ella, les estaría agradecida hasta el resto de su vidas, y más allá de la muerte seguiría protegiéndolos. Se llamaba Perséfone, en honor a la diosa del inframundo. Más tarde descubrirían que aquel nombre no le fue asignado al azar. Ishari empeoraba cada vez más. La mayor parte del tiempo deliraba acompañando a su alta fiebre con gruñidos y palabras sin sonido. Entre Dariem y Felas los sacaron a cuestas fuera de la ciudad, no sin poca dificultad debido al gran tamaño que ocupaba el mudo.

Perséfone cuidaba de Ishari a todas horas, se sentía culpable del estado en que se encontraba el grandullón. Le ponía compresas húmedas en la frente, le curaba las heridas como si fuera su propia hija y le apretaba la mano mientras murmuraba unas palabras en una lengua antigua, esperando que aquellos párpados se abrieran. La casualidad los unió. Decía la gente, aunque nadie lo supo con certeza, que Ishari dió la voz durante la batalla de Saf. En un día en que un furiah atravesó el pecho de una niña de cabello azabache y piel aceitunada ante la mirada impotente de Ishari, que llegó demasiado tarde para salvarla de las garras del demonio, el cual no tuvo compasión en penetrar el pecho de la niña con sus manos, extraerle el corazón aun palpitante y comérselo vivo. Fue una tortura espantosa para Ishari. Se quedó en las puertas de la aldea de rodillas y temblando de horror. Esperaba que el furiah lo matase allí mismo, pero habría sido un acto demasiado compasivo para el demonio, así que decidió dejarlo vivir y que se arrastrase con esa agonía durante el resto de su vida, con ese peso en su conciencia. Desde aquel día Ishari no habló nunca más.

Dariem decidió que trasladarían a Ishari a Pulgaris, una ciudad que no estaba muy lejos de su actual ubicación.

—¿Pulgaris? —le preguntó Felas.
—Sí, allí podrá acampar el ejército, en la gran explanada que separa la ciudad del árbol sagrado.
—Ishari está agonizando —dijo Pit con el rostro compungido—, no sé si podrá soportar el viaje.
—Hemos de llegar a Pulgaris —Dariem apretó el hombro de Pit— si queremos salvar la vida de nuestro amigo. Cuando lleguemos a la ciudad, yo viajaré hasta el árbol sagrado para entrevistarme con el gran maestro Yoah, capaz de sanar aquellas heridas incurables e incluso resucitar a los muertos.
—¿Yoah? —volvió a sorprenderse Felas— Dicen que utiliza magia negra y sus hechizos son demasiado peligrosos.
—¿Ves otra solución?
—La única, dejarlo morir —dictaminó Felas.
Pit se le acercó y lo abofeteó sin miramientos. Felas se acercó la mano a la cara, pasmado por la reacción de su compañero.
—¡No quiero volver a escuchar eso! —le gritó Pit.
Felas se calló.
—Coged vuestras cosas —les ordenó Dariem—, yo avisaré a los demás que partimos inmediatamente.
—¿Y qué hacemos con la niña? —preguntó Pit.
—Protegerla.


Antes de la publicación original de este capítulo, ya había sido publicada la primera recapitulación del proyecto, con los primeros 5 capítulos y la introducción del relato compartido. Maverik 2, el 13 de febrero, abandonó el proyecto sin dar mayores explicaciones.

Para este tiempo, la lista de colaboradores ya era de 10 personas y otras 2 foreras que expresaron su interés por el relato, pero que no han sido capaces de hallar el tiempo que requiere la escritura de un capítulo -algo lamentable-… claro, ellas siempre serán bienvenidas cuando deseen integrarse -de nuevo- a la lista de participantes.