El Guardián – Capítulo I

Aquí empieza la historia del Guardián, un ser bendecido por los dioses y condenado por los hombres. He tenido que adelantar mi regreso de vacaciones para dar marcha a este proyecto en el que Shaiyia aceptó generosamente ayudarme; Lo curioso del asunto es que hasta ahora hay 11 colaboradores para el proyecto, de los cuales sólo Shaiyia y yo sabemos de qué va la historia, por lo que 9 personas se anotaron para participar a ciegas en un proyecto del cual no tenían idea de qué trataba realmente… bueno, la vida está llena de curiosidades.

Y sin mayores preámbulos, he aquí el inicio de -la que espero sea- una gran historia.


El Guardián

Capítulo I
"Bendecido por los dioses, condenado por los hombres"

Nada existía en los inicios del tiempo, todo era oscuridad, muerte y caos; no existía la vida ni nada que animara aquel gélido vacío, morada de siete poderosos dioses. Cansados y fastidiados de tal hecho, los dioses comenzaron a discutir sobre la posible solución a tan deprimente panorama.

Así decidieron crear el Universo, los planetas, las estrellas y la vida; cada deidad aportó algo a la creación del todo. El Mundo y la raza humana fueron sus mejores creaciones, porque estaban llenos de vida y calidez. Durante muchos siglos, los dioses permanecieron observando y protegiendo a sus más grandes creaciones, descuidando al resto del Universo, un hecho demasiado irresponsable y egoísta del cual se percataron muy tarde.

El resto del Universo era un caos, la luz de las estrellas no podía disipar la oscuridad y la demás vida se había extinto. De inmediato, los dioses tomaron conciencia de sus actos y decidieron ir hacia los confines del cosmos para reparar sus errores; pero, antes de partir, nombraron a un elegido humano como "El Guardián", alguien que tendría la habilidad de convocarlos si se desataba la guerra que ellos mismos habían profetizado como el fin de la humanidad. Para distinguirlo de los demás humanos, fue ungido con un signo especial en la frente, un símbolo que lo marcaría por siempre.

Cada dios le concedió un don especial al elegido para que pudiera cumplir adecuadamente su cometido:

-Inmortalidad.
-Juventud eterna.
-Fuerza sobrehumana.
-Uso de magia elemental.
-Adoptar la forma de cualquier animal.
-La sabiduría de todos los pueblos del Mundo.
-Manipular la esencia del tiempo y cambiar el destino.

Cada habilidad que se le fue concedida al Guardián conllevaba una enorme responsabilidad; especialmente el don de manipular el tiempo y el destino, un poder que inclusive los dioses usaban con suma cautela. Se le fue prohibido al Guardián cambiar el curso de los eventos para su beneficio propio, pues sería un acto irresponsable y egoísta; de esa forma, sólo podría usar dicha habilidad para beneficio de los necesitados.

Al partir los dioses, El Guardián fue venerado casi como una deidad misma; sin embargo, algunos hechiceros envidiaron de sobremanera los dones del elegido y utilizaron magia negra y demás tretas para intentar arrebatárselos; pronto, la ciudad donde El Guardián vivía fue asediada por los ejércitos de los ambiciosos reyes que deseaban robar sus dones divinos. Esto obligó al Guardián a abandonar su ciudad y el mundo conocido.

Cuentan las leyendas que El Guardián vaga por los confines del mundo, más allá de los reinos de la noche eterna, donde ningún otro hombre ha sido capaz de llegar; que espera ansioso el momento en el que deba llamar a las deidades de vuelta al Mundo y pueda librarse de lo que considera su maldición…

“…Y es así como la desmedida ambición de los hombres hizo que perdieran el más valioso tesoro que poseían: el salvador de su propia raza…”

-Sí, sí… conozco muy bien la historia de Los Siete Dioses y El Guardián, no necesito más información de lo que he sabido toda mi vida, Lezith- replicó un hombre de estatura bastante baja, corpulento, de larga y rubia caballera enmarañada; de tez clara y con facciones bastante adustas, acentuadas en ese momento con un gesto de fastidio, vestido con una ligera cota de acero.

-Lo lamento Syok, pero deseo que comprendas adecuadamente por qué te pedí que vinieras aquí, a las afueras del bosque, antes del amanecer y la importancia de lo que estoy por contarte…- dijo tajantemente el hombre alto y delgado, de cabello corto y negro; de tez morena, facciones suaves y una gruesa vestimenta sucia que delataba rápidamente su oficio: era herrero.

-Si es tan importante, no te detengas; te ayudaré como pueda en lo que me pidas, no en vano te debo innumerables victorias por el poderío de mis armas y la dureza de mi armadura.

-Gracias, en verdad agradezco tus palabras. Hace tres días, tuve un sueño profético donde se me reveló que… la guerra está cerca. Debo encontrar al Guardián y avisarle sobre tal hecho para que convoque a los dioses a tiempo y esto pueda ser solucionado antes de que se pierdan muchas vidas inocentes.

-¿Un sueño profético… como aquel donde veías nuestra derrota ante Dork y por el cual pudimos salvarnos? No dudo de tus habilidades para predecir el futuro en sueños, pero la empresa que dices es imposible de realizar: Nadie sabe dónde se halla exiliado El Guardián.

-El sueño me mostró algunos indicios para poder encontrarlo, sólo debo hallar el camino de las mil luces, más allá del bosque de los dragones y los reinos de la noche eterna.

-Intentar atravesar un bosque atestado de dragones es una locura, pero intentar ir más allá de los reinos de los más poderosos hechiceros oscuros es un suicidio seguro; creo que ésta es una tarea que no puedes llevar a cabo, aún con mi ayuda o la del ejército completo del rey.

-Confío en mis visiones. Sé que puedo lograr mi cometido sólo con tu ayuda, si primero decides ayudarme…

-Mi espada y mi martillo estarán siempre a tu servicio, herrero; aún en una misión imposible de realizar como ésta. Cuenta conmigo si es tu deseo morir en esos lugares malditos.

-No moriremos, te lo puedo asegurar plenamente. Prepara tu armadura de batalla, tus mejores armas y provisiones para un largo viaje, partiremos mañana al amanecer. Nos veremos aquí mismo. Iré a terminar algunas tareas pendientes antes de mañana: algunos guerreros necesitan sus armas hoy mismo.

Syok partió sin hablar más, su rostro reflejaba un gran desánimo. Lezith no se movió, veía fijamente hacia el horizonte mientras pensaba sobre la verdadera razón que tenía para ir en búsqueda del Guardián, algo que inició con un extraño incidente.

Tres días antes, un mago blanco lo había interrumpido en su herrería; después de algunas preguntas sin importancia, el mago comenzó a hablarle sobre el destino de la humanidad. Le dijo que El Guardián sería la causa y la solución de la guerra del fin del mundo y que él, un noble y bondadoso herrero, era la única persona capaz de detener tal evento.

Debía encontrar al Guardián y matarlo antes de que alguien lograra arrebatarle los dones divinos que poseía e iniciar la cruenta guerra que exterminaría a la humanidad. Ése era su destino, sólo él podría cumplirlo. Para lograrlo, debería viajar muy lejos, más allá del mundo conocido, y encontrar el camino de las mil luces, una senda que el mismo Guardián creó para no olvidar la forma de regresar a su hogar después de cumplir su propio cometido.

El mago, después de explicarle su destino a Lezith, pronunció un breve sortilegio en una lengua antigua y se desvaneció súbitamente en el aire; el herrero pudo oír un susurro después de tan confuso evento: “cumple tu destino, te he brindado algunas habilidades mágicas para que puedas lograrlo… pero ésta es tarea de dos guerreros…”

El herrero comprobó de inmediato su poder y, efectivamente, con unos simples movimientos y un poco de concentración, era capaz de romper rocas y prender en llamas los árboles más cercanos a él. A partir de ese momento, Lezith supo que debía mantener su poder en secreto y cumplir su destino con la ayuda de su amigo Syok, el más hábil guerrero del imperio.

Pero una poderosa duda era lo único que ocupaba su mente y lo hacía evocar aquellos recuerdos una y otra vez: ¿debería o no matar al Guardián? Si le advertía a tiempo sobre la guerra, podría llamar a los dioses y el destino fatal se evitaría, pero un nuevo Guardián sería nombrado y la amenaza de la guerra volvería a cernir el destino de la humanidad; sin embargo, si lo lograba matar, la guerra nunca sucedería y los dioses no tendrían la obligación de regresar al Mundo…

Lezith dejó de rebuscar en su memoria, debía concentrarse en sus labores y la forma en que afrontaría su difícil misión; se hallaba en su herrería, terminando de forjar algunos escudos. El mediodía había pasado ya, el día avanzaba rápidamente. El momento de emprender un viaje hacia la muerte segura y cumplir un cometido imposible se acercaba cada vez más.


Pues, he ahí el principio de esta historia. Espero haya sido de su agrado y, si la historia los ha enganchado, lean el capítulo II en el blog de Shaiyia. Si desean revisar la lista completa de los capítulos y/o colaborades del proyecto, consulten el índice.

Saludos,
Desmodius.