Cazadores de sombras – Capítulo III

He aquí, estimados lectores, el tercer capítulo de la primera parte de esta historia; el capítulo trata sobre las razones de Asther para convertirse en un cazador de sombras, este ágil guerrero es uno de los cazadores con mayor experiencia previa antes de recluirse en el cuartel general de La Orden.

Bueno, sin más preámbulos, he aquí el tercer capítulo de la historia de Los Cazadores de Sombras.


Cazadores de sombras

Capítulo III
La salvación de Asther

Desde hacía varios días, había habido una mayor cantidad de saqueos y asesinatos a las afueras de Czev, la pequeña y cálida ciudad donde vivía el joven Asther, un hábil y valiente guerrero. El joven deseaba ayudar a su pueblo en aquella época de desgracia, pero su entrenamiento militar terminaría en algunos meses y, hasta entonces, no tenía derecho a poseer arma alguna.

Corrían rumores sobre el regreso de un poderoso demonio llamado Luxiel, pero Asther sabía que eso era casi imposible ya que tal demonio había sido derrotado junto con Samael siglos atrás. Asther conocía poco sobre la historia de la caída de “los grandes demonios”, Samael y Luxiel, pero sabía que ellos habían sido enemigos y habían ambicionado conquistar el mundo con titánicas hordas de demonios. Finalmente, ambos fueron derrotados y aprisionados por los primeros cazadores de sombras.

Asther dejó de rememorar sobre las leyendas del pasado y acudió a ayudar a su padre a cortar leña para la cena, pues esa mañana habían ido al bosque para cazar algunas presas; sin embargo no habían tenido mucho éxito y sólo habían logrado conseguir 2 despistados conejos. Asther era capaz de cumplir con su labor mucho más rápido que su padre, pues éste ya no era tan vigoroso como años atrás.

-Hijo, hoy hemos tenido una cacería bastante mala, tendremos que ir nuevamente mañana antes del amanecer-dijo con cierto desánimo Vanth, el delgado, alto y de entrecana cabellera, padre de Asther.
-Así es padre, por desgracia. Además, sigo sin explicarme aquel extraño rastro de sangre que vimos antes de salir del bosque; parecía que había habido una gran pelea entre dos animales bastante grandes- dijo el corpulento y moreno Asther.
-Debieron ser un par de osos o, quizá, fue obra de algún demonio. De cualquier forma, era arriesgado investigar al respecto, el rastro de sangre indicaba que había sido una gran lucha y bastante reciente, por lo que alguno de los animales podía seguir merodeando ese sitio.
-Por desgracia, las flechas se nos habían terminado; de lo contrario, habríamos podido cazar a la otra bestia, ¿cierto, padre?
-Siempre es mejor ser precavido y sensato, hijo; no vale la pena correr riesgos absurdos como ése.
-Claro, tienes razón padre.

La tarde transcurrió de forma habitual para Asther, entrenando en la academia militar junto con sus compañeros; el joven guerrero siempre había demostrado gran destreza y agilidad para el combate, aun cuando debía enfrentarse (en entrenamiento) a 2 ó 3 oponentes al mismo tiempo. Las armas preferidas de Asther eran las espadas gancho; con un par entre las manos, era casi invencible. Algunos maestros orientales le ofrecían clases especiales a Asther para que su dominio con dichas armas mejorara.

Espadas gancho

Llegada la noche, Asther escuchó algunos débiles gritos a la lejanía; su inutilidad ante tal situación le envenenaba el alma. En poco tiempo, podía escucharse el paso de varios guardias, debían ir en rescate de quien había pedido ayuda, hecho que reconfortaba levemente la conciencia del joven guerreo; su padre, mientras tanto, reforzaba las puertas y ventanas de la casa.

El sol comenzó a iluminar el rostro de Asther al amanecer, cuya apariencia revelaba que no había logrado dormir a causa de la incertidumbre de los hechos de la noche anterior; sin embargo, no podía seguir pensando en aquello porque su padre le decía que estaban retrasados si deseaban tener una mejor cacería que la del día anterior.

-Date prisa, hijo, sólo podemos cazar por la mañana; cada vez las noches son más peligrosas a causa de los demonios.
-Sí, padre… estaré listo de inmediato.

En pocos minutos, Asther terminó de vestirse adecuadamente para salir de cacería; bajo el amparo de su padre, y a campo abierto, no tenía problema alguno para portar arco y flecha. Padre e hijo llegaron pronto al bosque; no tardaron mucho en encontrar un sinuoso rastro de sangre que se perdía entre la maleza y diversos signos de batalla. Vanth le ordenó a su hijo ir hacia la dirección contraria a la del rastro.

Pronto, ambos cazadores se hallaron en lo profundo del bosque, siguiendo el rastro de algunos animales de considerable tamaño. Tardaron un par de horas en encontrar una pequeña manada de venados, de los cuales lograron herir a cerca de la mitad; mataron rápida e indoloramente a los animales que habían logrado atrapar y se dirigieron nuevamente hacia su hogar.

Antes de salir del bosque, Asther vislumbró un rastro de sangre más abundante que los que había visto con anterioridad, el rastro comenzaba cerca de un árbol donde había signos evidentes de un gran combate entre dos o más bestias y terminaba al borde un precipicio, donde quizá ambas criaturas tropezaron. Aquel rastro era demasiado vasto como para haber sido un simple forcejeo entre dos animales comunes, debía ser obra de algún demonio hambriento.

El joven guerrero no pudo dejar de pensar acerca de lo que había visto en el bosque en sus últimas cacerías y los eventos de la noche anterior; durante su entrenamiento, fue vencido con movimientos poco elaborados. Al regresar a su hogar, encontró a su padre observando hacia el bosque… parecía no prestar atención a nada más que aquello.

-Padre… ¿qué sucede?
-Nada, hijo, no es algo importante. Sólo creí escuchar sonidos extraños en el bosque, pero desde hace varios minutos no he escuchado algo más.
-Tomaré una antorcha, padre, iré a investigar un poco… regresaré antes del anochecer.
-No, no seas insensato, Asther… ¡Asther, vuelve!
-¡Volveré antes del anochecer!

Asther había tomado rápidamente una antorcha cercana a la entrada de su casa y había partido con agilidad hacia el bosque, desobedeciendo las órdenes de su padre; por su ardua y constante formación, sabía perfectamente que aquello no era correcto, pero deseaba aliviar su sentimiento de culpa por los asesinatos a las afueras de la ciudad… consideraba que, aunque él no era el verdadero asesino, su inacción ante tales eventos lo convertía inevitablemente en un cómplice.

La oscuridad invadió el bosque con rapidez mientras Asther seguía el débil y lejano eco de desesperados gritos de ayuda; por el tono de voz, debía ser una mujer bastante joven quien estaba en peligro. Pronto pudo observarse una brillante luna de color perla en el cielo, algo que brindaba guía y protección al joven guerrero en medio de tan densa oscuridad.

Repentinamente, Asther se hallaba ante un sendero enmarcado por diversos rastros de sangre; quizá era demasiado tarde para lograr salvar a quien pedía ayuda, pero eso no le importaba al joven guerrero, él deseaba ver al cruel asesino que había rondado aquel bosque los últimos días y detenerlo sin importar las consecuencias.

Asther continuó adentrándose en las profundidades del bosque sin prestar atención al incesante paso del tiempo. Después de algunos minutos de tomar el sendero con rastros de sangre, el intrépido joven pudo ver el cadáver de una hermosa joven, desgarrado y cercenado a la mitad. Aquella visión era realmente impactante en tan tétrico ambiente.

El osado joven decidió buscar con mayor esmero al vil autor de tan atroces crímenes. Siguió avanzando hacia donde el rastro de sangre le indicaba; no tardó mucho en encontrar algunos guardias de la ciudad muertos y mutilados de forma similar a la de la joven que él había visto anteriormente. Por fortuna, uno de los guardias había llevado un par de espadas gancho, cuales prevalecían cercanas a su cadáver.

Asther tomó decididamente ambas espadas con la mano derecha y se las colocó en el cinto, sujetando firmemente la antorcha con la otra mano. Siguió avanzando hacia las profundidades del bosque, guiado por una senda de dolor y muerte. Un feroz aullido lo detuvo en seco… por fin tenía al asesino frente a sí, un enorme hombre lobo, con descomunales garras teñidas de sangre, al igual que su alargado hocico atestado de filosos y amenazadores colmillos.

El ágil guerrero esquivó el primer zarpazo de la bestia, superando rápidamente la impresión de ver a tan aterradora criatura frente a él. Arrojó la antorcha hacia su oponente, quien no se inmutó ante tal ataque; sin embargo, Asther ahora tenía ambas manos libres para usar sus espadas gancho.

Asther esquivó nuevamente un violento zarpazo y tomó ágilmente sus armas, colocándose tenazmente frente a su enemigo… no le importaba morir, ya que la muerte y la victoria tendrían la misma consecuencia para él: desaparecer su culpa. La penetrante mirada de la feroz criatura no era capaz de intimidar al joven guerrero, quien estaba decidido a conseguir la victoria en tal contienda.

Un potente y sombrío aullido dio inicio a la batalla entre Asther y el hombre lobo, cada uno con una agilidad impresionante. El tamaño, fuerza y garras del hombre lobo le daban gran ventaja, pero el joven Asther poseía una destreza inigualable con las espadas gancho, habilidad que demostraba con cada movimiento en tan impresionante batalla bajo la luz de la luna.

El ágil guerrero lograba dañar a su enemigo con finos cortes en los brazos y piernas, mientras éste era incapaz de acertar sus ataques. Con un rápido salto, Asther consiguió enterrarle sus espadas en el cuello a la bestia, cual aulló ferozmente de dolor al mismo tiempo que intentaba liberarse de las espadas que lo desgarraban; con el forcejo, el hombre lobo consiguió únicamente herirse las manos y perder un par de dedos.

La bestia, gravemente herida, logró asestarle un zarpazo en el abdomen a Asther, quien seguía pendiendo de sus espadas; el intrépido guerrero, vencido por el dolor, logró causarle mayor daño en el cuello a la criatura antes de caer pesadamente al suelo. El hombre lobo, con la poca fuerza que aún conservaba, logró encajarle ferozmente los colmillos en el brazo izquierdo a Asther.

El joven guerrero sintió una infinidad de filosas y alargadas dagas atravesándole el brazo, el dolor era insoportable, tenía una sensación intolerable de ardor en todo el brazo… creyó que se desangraría a través de sus heridas. El hombre lobo perdió su salvaje aspecto tras caer rendido al lado de Asther, quien perdió la conciencia a causa del intenso dolor.

En medio de un cielo nublado, el malherido y desconcertado joven despertó cerca de un lago, con la ropa rasgada y sus heridas sanadas; aquello era difícil de explicar, pero Asther concluyó rápidamente en que no había logrado vencer completamente al hombre lobo, por lo menos, no a su maldición. Buscó un arma, pero sus espadas no estaban cerca de él… sabía que en cuanto la luna dejara de esconderse tras la nubes, él se convertiría en el monstruo que acaba de asesinar.

Asther vio aterrado el reflejo del cielo en el lago… la luna comenzaba a brillar de nuevo tras las nubes, los haces de luz iluminaban el pálido rostro del joven… su corazón comenzó a latir con mayor fuerza, sus pupilas se dilataron, su respiración se agitó fuertemente… su aspecto comenzó a cambiar, su figura aumentaba de tamaño, un grueso bello brotaba por todo su cuerpo, la cara se le alargaba para formar un poderoso hocico, sus manos crecían y se convertían en descomunales garras… un sonoro aullido concluyó su metamorfosis: Asther había sucumbido ante la maldición de su enemigo vencido.

Sus pensamientos eran confusos y difíciles de controlar, sabía que asesinar gente inocente era un acto imperdonable, pero la feroz hambre que lo invadía le indicaba lo contrario; la ciudad cercana estaba atestada de comida, debía ir allá y saciar su gula.

Repentinamente, dos finas cadenas terminas en filosas hojas curvas se le encajaron en el pecho a la criatura y un corpulento guerrero emergió de entre la maleza, portaba una armadura ligera y parecía estar confiado de su victoria. Asther tomó las cadenas, evitando el filo final, y se las desenganchó del cuerpo; intentó usarlas en contra de su oponente, pero éste demostraba tener una fuerza excepcional.

El misterioso guerrero se abalanzó contra Asther y le asestó una potente patada en el abdomen, al mismo tiempo de volvía a enterrarle las espadas en el pecho. Asther, desconcertado, no comprendía la increíble agilidad de su enemigo, pero sabía que sería un manjar exquisito. Tomó velozmente al caballero por los hombros y lo lanzó nuevamente hacia la maleza, el golpe le debería haber causado el suficiente daño como para marcar una gran ventaja hacia Asther.

Un inesperado hombre lobo emergió de entre la oscuridad de la maleza; antes de que Asther pudiera reaccionar, su nuevo enemigo le asestó potentes golpes en el rostro, al tiempo que lo hería frenéticamente con sus garras. Asther no tuvo oportunidad de defenderse, se desvaneció ante el feroz y sádico ataque del otro hombre lobo.

Los dorados rayos del sol iluminaron el rostro de Asther, quien intentó incorporarse, pero fue detenido por sus heridas; sentía profundos arañazos en el torso y era incapaz de mover el brazo izquierdo. Estaba en una habitación dentro de la academia militar, rodeado por el caballero que había enfrentado anteriormente y una anciana bastante encorvada, una de las mejores chamanes de la ciudad.

-Tranquilízate, Asther, estás a salvo- dijo suavemente la anciana.
-¿Qué paso…? ¿Por qué estoy aquí…? ¿Quién es él…?- preguntó dificultosamente Asther.
-Yo fui quien te trajo aquí, joven Asther, soy un caballero de La Orden de Los Cazadores de Sombras, un cazademonios; me llamo Adinath y estoy a tu servicio- aclaró el misterioso caballero.
-¿Usted era el hombre lobo que…?- preguntó Asther, recordando los sucesos de su batalla en el bosque.
-Los detalles de nuestra batalla y tu curación respecto a la maldición no importan realmente, pero debes saber que eres la primera persona que he visto superar este problema, quizá porque logré ayudarte la misma noche en que adquiriste la maldición.
-¿Cuánto tiempo…?
-Has estado aquí 3 días, pronto podrás abandonar este lugar y recuperarte por tu propia cuenta. Tu padre fue por algo de beber, pronto vendrá a verte. Yo debo irme, sólo deseaba comprobar que hubieras sobrevivido a nuestra batalla.

El hombre se marchó sin mayores contratiempos. Vanth llegó pocos minutos después al reciento donde se hallaba su hijo, se alegró enormemente al verlo consciente por fin. La chamán le dio un extraño té verdoso a Asther al cabo de algunos minutos, cual el joven bebió sin muchos ánimos. Después de algunos días de consumir diversas infusiones de hierbas, Asther tuvo la fortaleza suficiente como para ir a su casa.

2 meses después, Asther se hallaba plenamente recuperado. Al estar en plena forma, regresó de inmediato a la academia militar donde todos habían oído ya sobre su hazaña de vencer a un hombre lobo sin ayuda alguna. Nadie comentaba sobre su transformación en hombre lobo o el extraño incidente con el cazademonios, pero prefirió no profundizar en esos detalles. Sus maestros decidieron otorgarle el título de noble guerrero ante su proeza, lo cual le daba la posibilidad de usar armas libremente y abandonar la ciudad para buscar a otros maestros.

Asther recibió con humildad su nombramiento y, por supuesto, pidió un par de espadas gancho como armas para emprender su viaje. Su destino estaba claro: buscaría a los cazadores de sombras y se convertiría en uno de ellos. Su familia se despidió afectuosamente de él pocos días después. Asther prometió volver algún día, convertido en un gran cazademonios, para liberar a Czev de los vástagos del infierno.

Una despejada mañana, Asther emprendió el viaje hacia el cuartel general, al noroeste de su ciudad. Llevaba algunas provisiones, sus armas y una ligera malla de acero como armadura; acamparía antes de cruzar el río que dividía a las ciudades del sur y las del norte. Un día después de haber cruzado el río, una nublada tarde, el astuto guerrero pudo divisar a una pequeña horda de demonios a la lejanía, avanzaban por el mismo camino de Asther.

El intrépido guerrero rodeó a los demonios con agilidad, oculto tras algunos árboles de los alrededores. Se preparó unos metros delante de ellos y tomó sus espadas, listas para erradicar a aquellos sanguinarios monstruos; al tenerlos debajo de él, se abalanzó contra el más rezagado, degollándolo con un simple movimiento de sus espadas; utilizó el cadáver de su enemigo para bloquear el ataque de los otros demonios, al tiempo que liberaba sus espadas y les cercenaba las piernas a los dos demonios más próximos.

Los cuatro demonios restantes se lanzaron ferozmente contra el joven guerrero, pero éste eludió la embestida con una gran destreza decapitando a dos demonios con sus espadas; finalmente, utilizó sus espadas como lanzas para atravesar el oscuro corazón de los dos demonios que aún seguían en pie. Asther desenterró sus espadas del pecho de los cadáveres y liquidó a los dos demonios sin piernas que aún seguían vivos.

Asther apresuró su paso, algo extraño sucedía en aquel lugar. Llegó al anochecer al cuartel general de La Orden de Los Cazadores de Sombras, el lugar tenía diversos signos de haber sido asediado; varios caballeros deambulaban fuera del templo-fortaleza, vestidos de luto. Asther se acercó a uno, aquella situación lo había sorprendido realmente.

-¿Qué sucedido aquí?- preguntó Asther.
-Ha habido un gran ataque por parte de los demonios… algunos de los nuestros murieron durante el asedio- respondió el sombrío caballero.
-Adinath, debo ver al caballero llamado Adinath.
-Adinath… un noble caballero al servicio de La Orden, lamentamos su pérdida.
-¿Qué…? ¿Está… muerto? No puedo creerlo.

Asther afrontaba la trágica muerte de su salvador, del aguerrido caballero que lo había salvado de su maldición. Antes de regresar a Czev, el intrépido guerrero debía cumplir un nuevo cometido: vengar la muerte de aquel caballero caído. Sería un diestro cazador de sombras con el único propósito de liberar al mundo del caos causado por los demonios.

-Adinath, tu muerte no habrá sido en vano.


Éste será el único capítulo que publicaré esta semana, queridos lectores, porque por ahora estoy dedicando mi tiempo en otro aspecto de la historia, algo que podrán ver -espero- el lunes, día en que publicaré el capítulo IV de la historia. Además, he podido incluir la primera ilustración sobre algún elemento mencionado dentro de la historia; en esta ocasión, consideré de suma importancia ilustrar las "espadas gancho".

Respecto a esta encuesta, participen si desean votar acerca del número y días en que desean que publique los capítulos de esta historia.

Nota importante: No publicaré comentarios en mis propias entradas, la razón aquí.

Saludos,
Desmodius.