Cazadores de sombras – Capítulo VII

Antes que todo, ofrezco mis más sinceras disculpas por el enorme retraso de esta entrada, estimados lectores; y, claro, les deseo un muy próspero año 2009. Ésta será mi última entrada del año (en mi país) y la primera del 2009 (en España), así que, estimados lectores, considérenla como un regalo de año nuevo/viejo según les convenga. Éste es el último capítulo de "presentación" para los personajes centrales de la historia, donde Aaxos deberá afrontar su destino en aras de cumplir una importante promesa.

Bueno, sin mayores preámbulos, he aquí el séptimo capítulo de la historia de Los Cazadores de Sombras.


Cazadores de sombras

Capítulo VII
La promesa de Aaxos

Norum era uno de los Nueve Grandes Reinos del Norte, las naciones más poderosas del mundo conocido por su riqueza, poderío militar e innovaciones tecnológicas. Norum era especialmente famoso por ser la sede donde residía el célebre cuartel de La Orden de Los Cazadores de Sombras. El reino era llamado “el muro del este”, dado que era el primer lugar que los demonios debían sortear para llegar a los demás Reinos del Norte.

Areyoum, una gran y próspera ciudad, era la capital del reino; era ahí donde vivía Sathií, un intrépido caballero al servicio del rey, cuyo joven hijo, Aaxos, era un diestro guerrero en entrenamiento instruido desde muy joven en avanzadas tácticas de combate. Desde muy temprana edad, Aaxos había sido educado por su padre en lo que él llamaba “el arte de la guerra”.

-Hijo, nunca olvides mantener una buena defensa y jamás te confíes de tus enemigos… no importa que parezcan débiles, pequeños o indefensos… un enemigo será siempre un enemigo- le decía Sathií a su hijo mientras ambos entrenaban a las afueras de su hogar.
-Entiendo, padre… el enemigo siempre será un… enemigo- dijo Aaxos esquivando una diestra estocada de la vara de madera que su padre empuñaba.
-Valora estas enseñanzas, hijo; las aprendí cuando fui al lejano oriente por órdenes de Su Majestad.
-Lo sé, padre, me lo has contado muchas veces…
-Hemos entrenado suficiente por hoy, hijo; ya es tiempo de descansar.
-Claro, padre… además, el cielo comienza a oscurecer.

Tanto padre como hijo se adentraron en su morada, una espléndida residencia en la zona alta de la ciudad, muy cerca del palacio real. La oscura noche fue iluminada por una brillante luna, que Aaxos contempló por un momento antes de dormir; el astuto joven sabía que al día siguiente tendría que superar una dura prueba para demostrar sus habilidades en la academia militar enfrentado a cuatro adversarios simultáneamente.

A la mañana siguiente, tras un plácido descanso, Aaxos estaba preparado para afrontar su combate en la academia militar. Su padre le había dado diversos consejos sobre cómo enfrentar a sus múltiples oponentes sin esforzarse demasiado. El intrépido joven tenía sus espadas preparadas para el combate, vestía una armadura ligera; sus adversarios se hallaban frente a él, cada uno era más alto que él, pero de igual complexión.

Su maestro dio la orden para que el combate diera inicio. Aaxos empuñó firmemente sus espadas, teniendo los brazos separados entre sí y viendo fijamente hacia los otros jóvenes; sus enemigos comenzaron a rodearlo, dos se acercaban por el frente y los otros dos, por los costados.

Aaxos dio un rápido vistazo hacia su alrededor y arrojó una de sus espadas hacia el joven que tenía a la izquierda, con la única intención de crear una distracción momentánea. Posteriormente, se arrojó hacia el oponente que tenía a la derecha y, con ágiles movimientos, lo desarmó con facilidad dado que éste se había desconcentrado por ver la acción de Aaxos. El sagaz joven arrojó a su enemigo contra el adversario que tenía más lejano de sí al frente.

Aprovechando la distracción de su rival más próximo al frente, lo desarmó y rindió con un diestro movimiento de su espada. Finalmente, sólo quedaban él y el joven que había atacado primero; su enemigo era consciente de la habilidad del sagaz joven, pero decidió abalanzarse sobre él con una firme estocada. Aaxos esquivó tal movimiento con agilidad y desarmó a su oponente sin mayores dificultades, venciéndolo de inmediato.

-¡Increíble, Aaxos…! ¡Los has vencido en muy poco tiempo! No cabe duda del gran legado que cargas- le decía, con una ligera expresión de asombro, su maestro al joven -, tu padre es un caballero diestro y sagaz, inigualable en batalla.
-Muchas gracias maestro- respondió cortésmente el joven.
-Tu habilidad con las espadas es grandiosa, pero mañana veremos tu habilidad con el arco y flecha. Es todo por hoy, puedes retirarte.

El joven regresó con gran alegría a su hogar, pero se decepcionó al no ver a su padre ahí. Su madre le dijo que él había sido llamado por la Corte Real y que, probablemente, volvería por la noche. El día fue largo para Aaxos, era la primera vez que practicaba solo durante la tarde; llegada la noche, el joven contempló las estrellas desde fuera de su casa, pensaba en su padre.

Sathií retornó a su hogar pasada la medianoche, encontró a su esposa e hijo durmiendo. El caballero había sido informado de una terrible noticia y no sabía cómo se lo explicaría a su familia, era la primera vez que tendría que ir a una guerra tras el nacimiento de Aaxos. Se quitó la armadura y dejó sus armas cerca de ésta; ésa no sería una buena noche para el caballero.

Los primeros rayos de luz iluminaron el rostro de Sathií algunas horas después. El aspecto de su rostro dejaba entrever que no le había sido posible tener un pacífico descanso al caballero. Decidió no seguir intentando dormir en vano y se vistió sin despertar a su esposa. Se dirigió al recinto donde tenía guardada su armadura de guerra y sus mejores armas, incluyendo un delgado sable plateado que le había obsequiado el rey años atrás por sus servicios.

Poco tiempo después, el resto de su familia despertó. Tanto su esposa como su hijo se sorprendieron al verlo entrenar a las afueras de su hogar portando su imponente armadura de guerra. Él terminó de hacer algunos complicados movimientos con sus espadas y dirigió la vista hacia su familia.

-Debo marcharme hoy por la tarde, un grupo de bárbaros ha tomado la torre de las montañas del este. El rey cree que desean iniciar la guerra, como hace 14 años atrás.
-¿Una nueva guerra, padre? Creí que los bárbaros habían sido asesinados por los demonios en los últimos años.
-Eso creíamos, pero algunos exploradores han descubierto que los bárbaros se han aliado con los demonios. Mañana por la mañana, las tropas reales marcharemos hacia allá; yo seré el general al mando, dado que Su Majestad debe atender algunos incidentes con los demonios al sur.
-¿Será un batalla fácil, padre…?
-No, no lo creo, hijo. Pero te prometo que volveré.

Ninguno de los tres volvió a hablar durante varias horas. Comieron sin discutir tema alguno, después Aaxos partió hacia la academia militar. El joven demostró tener poca habilidad para el arco y flecha, ya que su padre no solía entrenarlo en dicha arma y, aquel día en particular, Aaxos no se hallaba muy concentrado en su entrenamiento.

Por la tarde, Aaxos se limitó a ver a su padre entrenando con su pesada armadura en lugar de entrenar él mismo. Sathií demostraba gran agilidad sin importar el gran peso de su armadura, además del de sus armas. A lo largo del día, el intrépido caballero tuvo un corto entrenamiento con sus espadas, cimitarras, sables y dagas. Al extinguirse los últimos rayos de sol tras el horizonte, Sathií cesó su entrenamiento. Guardó su armadura nuevamente y llamó a su hijo, deseaba conversar con él.

-Aaxos, comprendes por qué debo ir a la guerra, ¿cierto?
-Sí, padre. Es tu deber como caballero al servicio del reino.
-Sí, así es. No debes sentirte angustiado, hijo, he librado muchas batallas y siempre he regresado victorioso al reino.
-Pero, esta vez, debes enfrentar a los bárbaros y a los demonios juntos.
-Algunos cazadores de sombras vendrán con nosotros, no te preocupes por ello hijo.
-De acuerdo, padre.
-Y es de ellos de quien deseo hablarte, sobre los cazadores de sombras. Hace tiempo, los conocí personalmente; son grandes caballeros y con una férrea disciplina, los admiro por tal hecho. Deseo, hijo, que en el futuro seas parte de su orden.
-¿Por qué me lo dices ahora, padre…?
-Siempre se deben tomar precauciones antes de ir a una guerra, hijo, nunca sobran… ¿prometes entrenar con dedicación para convertirte en un cazador de sombras, hijo?
-Claro, padre… te lo prometo.
-Bien, vayamos con tu madre… debo despedirme de ella antes de partir.

Sathií se despidió rápidamente de su familia porque, si no lo hacía así, quizá se arrepentiría de su partida.  Aaxos le hizo prometer una vez más a su padre que volvería sano y salvo a su hogar tras el fin de la guerra, a lo que su padre contestó firmemente: “claro hijo, debes estar seguro de mi regreso.”

Los días transcurrieron lentamente para Aaxos y su madre. El joven guerrero se empeñó fuertemente en mejorar sus habilidades dentro de la academia militar, pronto fue capaz de enfrentar a seis enemigos simultáneamente usando sus habituales espadas. Sus habilidades con el arco y la flecha progresaron notablemente.

Tras ocho angustiosos meses después de no tener noticias sobre su padre, llegó finalmente un mensajero al hogar de Aaxos y su madre. El mensajero les entregó un modesto pergamino y se retiró inclinando la cabeza, al tiempo que susurraba un débil… “lo lamento.”

Aaxos desdobló rápidamente el maltratado pergamino, impregnado de sangre, y leyó velozmente el mensaje; momentos después, cayó arrodillado gritando desgarradoramente. Su madre tomó el pergamino del suelo y, tras leer las primeras líneas, comenzó a sollozar amargamente sobre él…

“Mi esposa, mi querida esposa… lamento no poder regresar a casa, pero debemos llevar a cabo una estrategia muy arriesgada si deseamos obtener la victoria. Lamento tener que abandonarte con Aaxos, pero él es un buen joven y podrás educarlo adecuadamente sin mi presencia. Ni por un solo momento dudes que te amé con toda mi alma, has sido la mayor victoria de mi vida.

Mi querido hijo, ahora deberás ayudar mucho más a tu madre en el hogar. Lamento tener que romper mi promesa, pero comprende que un caballero nunca abandona la guerra. Si no detenemos a los bárbaros aquí, pronto invadirán nuestra ciudad y el resultado será mucho peor. Recuerda tu promesa, debes entrenar duramente aun sin mí. Tú, mi querido hijo, has sido la mayor recompensa de todas mis victorias.”

Desde ese día, el único propósito de Aaxos fue convertirse en el mejor caballero del reino y reclamar un sitio entre los cazadores de sombras algún día. Un año después de la muerte de su padre, Aaxos fue nombrado caballero por el rey de Norum; quien le afirmó que era la viva imagen de su difunto padre: intrépido, osado y decidido… tenía su plena bendición para convertirse en un cazador de sombras.

El joven se despidió afectuosamente de su madre antes de partir hacia el noroeste: el cuartel general de los cazadores de sombras era su siguiente objetivo, deseaba llegar antes del anochecer del siguiente día y comenzar de inmediato con su nuevo entrenamiento. El osado joven cabalgó velozmente, descansando únicamente cuando era necesario; llegó a su destino en el tiempo que había planeado, bajo un manto nublado en el cielo.

Se sorprendió de sobremanera al ver el aspecto del cuartel general de La Orden rodeado de cadáveres y con visibles señas de combates entre humanos y demonios. Aaxos empuñó rápidamente sus espadas y se acercó con cautela a uno de los caballeros más próximos a él, pero envainó nuevamente sus armas al ver que era un cazador de sombras.

-¿Qué ha pasado aquí?
-Hubo un gran ataque por parte de los demonios, murieron muchos de los nuestros.
-Que terrible noticia, ¿por qué ha sido el ataque?
-Nadie sabe. Fue un ataque totalmente sorpresivo, sin mayores avisos. Pero, ¿qué haces tan lejos del palacio real, caballero?
-Vengo a servir a La Orden como un cazador de sombras más.
-Bien, esta noche hemos perdido a grandes caballeros; algunos aprendices más serán excelentes para formar una nueva generación de cazadores. Sé bienvenido a La Orden de Los Cazadores de Sombras, puedes dejar a tu caballo en aquellas caballerizas y eres libre de acceder al cuartel general cuando desees.

Aaxos volteó a ver la insignia de La Orden y susurró débilmente: “Padre, yo no fallaré en mi promesa.”


El siguiente capítulo tratará sobre una perspectiva diferente de la historia, por lo que podrán comprender mucho mejor lo sucedido a lo largo de estos 7 primeros capítulos. Faltan 2 capítulos para concluir la primera parte de la historia, de los cuales el final será publicado en Mundo Destierro

¡Feliz 2009!

Nota importante: No publicaré comentarios en mis propias entradas, la razón aquí.

Saludos,
Desmodius.