Cazadores de sombras – Capítulo VIII

Con unos días de retraso, estimados lectores, he aquí el octavo y penúltimo capítulo de la primera parte de esta historia. Éste trata sobre "el otro lado" de los primeros siete capítulos, narra las razones del asedio de "aquella nublada tarde" en el reino de Norum. Por si acaso no lo han hecho, les recomiendo leer el primer anexo de la historia en los Relatos de Suburbia.

Bueno, sin mayores preámbulos, he aquí el octavo capítulo de la historia de Los Cazadores de Sombras.


Cazadores de sombras

Capítulo VIII
El regreso del caos

Nueve años atrás, La Orden de Los Cazadores de Sombras había sido traicionada por uno de sus más nobles caballeros: Sarianset. La última vez que La Orden supe de él fue cuando se le encomendó una sencilla misión en Eurrer, de la que nunca volvió. Cuando algunos cazadores de sombras fueron en su búsqueda, descubrieron que su colega había dirigido un poderoso asedio contra la pequeña ciudad.

Los cazadores de sombras ayudaron a algunos sobrevivientes, pero el estrago causado en la ciudad era aterrador. Las pocas personas que habían sobrevivido aseguraban que los demonios habían tomado algunas personas como prisiones. Desde ese día, los cazadores de sombras siempre tenían en mente la duda del destino de Sarianset y el por qué de su repentino e inexplicable cambio de actitud.

Sarianset, desde su última cacería de demonios, había cambiado radicalmente: su aspecto era el de un aterrador demonio negro con penetrantes ojos rojos, su voz era áspera y poco quedaba de la imagen del aguerrido y leal cazador de sombras que algún día había sido.

Poco tiempo después de aterrorizar a la ciudad de Eurrer, Sarianset buscó pequeñas hordas de demonios con las cuales formar un ejército. Dos años después, tenía a cientos de demonios a su disposición. Algunos veían en él la resurrección del único demonio que se había atrevido a enfrentar a Samael siglos atrás: Luxiel, el demonio de ojos rojos.

Sarianset se hallaba confundido y desconcertado, pero sabía que las acciones que llevaba a cabo eran por voluntad del último demonio que había vencido, no por sus deseos; desconocía su verdadera identidad y se debatía entre su esencia humana y la esencia de su demoníaco invasor. Bastaron algunos meses más para que él mismo se proclamara como el gran demonio de sangre negra Luxiel.

Los demonios a su servicio y él se escondían en una pequeña ciudad subterránea abandonada al sur del reino de Norum. Era un lugar hostil y rodeado de acantilados, pocos humanos habían osado acercarse más allá de unos escasos pasos a tal lugar. Luxiel había convocado a sus soldados a la plaza central de la ciudad, iluminada tenuemente por algunas antorchas; tras reunirse todos los demonios en el sitio indicado, Luxiel se dirigió a ellos:

-Hace milenios, hermanos de la oscuridad… nuestro reinado cayó por causa del poder de los hechiceros blancos. Ellos murieron pronto, como todos los humanos; pero nosotros nunca pudimos recuperar lo que siempre ha sido nuestro por derecho… ¡el mundo entero!

Tras el discurso del reencarnado demonio de ojos rojos, todos los demonios frente a él lo aclamaron enérgicamente. Unos segundos después, Luxiel continuó:

-Debemos reclamar nuestra herencia y convertir a los débiles humanos en nuestros esclavos… ¡como siempre debió ser! Así es, hermanos demoníacos, ésa es la misión que debo cumplir con ustedes; pero aún no es tiempo para ello. Nuestro principal obstáculo para alcanzar la victoria son los desdichados cazadores de sombras, sin duda alguna. Por ahora, debemos refugiarnos en la oscuridad, forjar nuestras armas, preparar nuestro ejército y, cuando sea el tiempo adecuado, ¡destruiremos a los cazadores de sombras!

Nuevamente, los demonios prorrumpieron salvajemente en aplausos ante las palabras de su líder. Los años continuaron transcurriendo, con lo cual el número de siervos al servicio de Luxiel incrementaba lentamente.

Algunos demonios lo consideraban como una deidad infernal, dado su enorme e inigualable poder; pero otros se oponían a él alegando que Samael era el único dios oscuro al que debían adorar y servir. Conforme Luxiel conseguía adeptos, también conseguía enemigos; transcurrió poco tiempo para que las guerras entre los seguidores de Samael y los soldados de Luxiel fueran habituales dentro de las murallas de Norum. Las tribus se enfrentaban en campos abiertos o, bien, adelantando sus estrategias y conquistando las fortalezas enemigas en nombre de su dios oscuro.

El gran río que dividía al reino se convirtió, con el paso de los años, en la muralla entre ambos bandos. El norte era controlado por los demonios que adoraban al caído demonio Samael y el sur, por los siervos de Luxiel. El poder y la presencia de los demonios comenzaron a incrementar en Norum desde el inicio de sus guerras, hecho que los cazadores de sombras no podían impedir a causa de su desventaja numérica y lo poco favorable que eran los lugares donde se llevaban a cabo las guerras para ellos.

Luxiel había adquirido un gran poderío y un imponente séquito de demonios a su disposición con el paso del tiempo, su ataque contra el cuartel general de La Orden estaba cerca. Habían transcurrido siete años desde su exilio, como Sarianset, del mismo lugar que deseaba destruir. Dado el caos que volvía a cernir sobre Norum, pronto fueron capaces de volver algunas tribus de orcos al reino para servir al culto demoníaco que más le conviniera.

Los orcos eran grandes y leales guerreros al servicio de quien pudiera prometerles libertad y, por supuesto, carne humana en sus batallas; igualmente, eran excelentes herreros. Luxiel consiguió convencer a algunas tribus de unirse a él y, de inmediato, les ordenó forjar las mejores armas que pudieran ofrecerle.

El gran ataque de Luxiel se acercaba cada día más, el caos volvería a apoderarse del mundo entero con la caída de La Orden. Norum sería la capital del imperio demoníaco, bajo su poderío. Dos años después, cuando Luxiel contaba a sus hombres por millares, se dispuso a llevar a cabo su plan final contra los cazadores de sombras.

Todo su ejército se preparó para el combate con las armaduras y armas forjadas por los orcos, eran ligeras y muy resistentes; hechas de minerales muy extraños y que pocas criaturas en el mundo sabían manipular adecuadamente. Él, el gran demonio de sangre negra, decidió usar una armadura plateada con los símbolos característicos de La Orden; deseaba revivir viejos recuerdos en sus adversarios antes de asesinarlos.

Dio instrucciones a su ejército sobre lo que debían hacer, qué ciudades debían atacar y cuáles eran sus principales objetivos. Primero, una pequeña horda de demonios iría a Areyoum para distraer al ejército real e impedir que interfirieran en su batalla con los cazadores de sombras. La mitad del ejército demoníaco atacaría diversas ciudades desde los exteriores del reino con dirección hacia el cuartel general de La Orden; en medio del caos y la confusión, el resto del ejército de demonios y él irían a la fortaleza de La Orden para destruirla completamente.

Poco tiempo después de que Luxiel y su ejército emergieron de Ceudryll, su ciudad subterránea, el cielo se cubrió de oscuridad con densas nubes. Las tropas se dividieron según sus objetivos y avanzaron rápidamente. El asedio demoníaco fue súbito e inesperado, las ciudades sucumbieron rápidamente ante el caos y la desesperación. El plan de Luxiel funcionaba perfectamente, las tropas del rey se hallaban combatiendo a los demonios que asediaban Areyoum; varias ciudades del reino habían caído rápidamente ante sus tropas demoníacas y él se hallaba frente al cuartel general de La Orden, preparado con cerca de cinco mil demonios a su disposición.

El asedio en Norum era cruel y, conforme el tiempo transcurría, caía mayor cantidad de humanos que de seres infernales. Los cazadores de sombras tardaron cierto tiempo en estar preparados para contraatacar el asedio, pero su ofensiva fue eficaz. Lograron contener el asedio a su fortaleza en poco tiempo, pese a ser superados ampliamente en número. Estando parapetados tras las impenetrables murallas de la fortaleza, sellada con símbolos mágicos para que los demonios no pudieran traspasar sus puertas, algunos cazadores eludieron a los demonios y se dirigieron velozmente hacia las demás ciudades del reino montados sobre sus mejores corceles.

En medio del caos, Luxiel combatía diestramente contra diversos cazadores de sombras, quienes no se explicaban por qué su enemigo conocía sus técnicas de combate o por qué exhibía algunas insignias de La Orden. El demonio de ojos rojos confiaba en su victoria aquel día, sería inevitable.

Repentinamente, una poderosa presencia oscura lo distrajo… parecía provenir del cuartel general, había algo anormal en aquel sitio… pronto, notó la presencia de un enigmático niño que contemplaba la batalla desde los límites de un bosque cercano… su esencia no era humana por completo… podía tratarse de… no, eso era imposible… la mente de Luxiel se tornó confusa por un efímero instante, hecho que los cazadores de sombras aprovecharon para mutilarle un brazo sin piedad alguna.

Luxiel, malherido, adquirió su imagen humana por un efímero momento, tras lo cual supo que no podría obtener la victoria en aquella batalla si ese niño utilizaba sus habilidades ocultas, habilidades que quizá él mismo desconocía. Luxiel ordenó la retirada de inmediato y regresó velozmente a Ceudryll con los pocos soldados que lograron seguirlo. Ese día había perdido a más de la mitad de su ejército, un brazo y la oportunidad para derrotar a los cazadores de sombras, pero aquello no era lo peor… había descubierto que su más grande enemigo seguía vivo…


Finalmente, estimados lectores, hoy terminará la primera parte de esta historia. Falta un capítulo más para concluir la primera parte de esta historia y será publicado, si Lester no tiene mayores contratiempos, hoy mismo en Mundo Destierro

Nota importante: No publicaré comentarios en mis propias entradas, la razón aquí.

Saludos,
Desmodius.