Educación y videojuegos

Desde hacetiempo vengo observando un tema preocupante, la despreocupación y elpasotismo de la mayoría de padres respecto a sus hijos. Y uno de losmundos que frecuentemente se usan como chivos expiatorios son losvideojuegos.

Pongamos un ejemplo. Un matrimonio decide que poredad ha llegado el momento de tener hijos, tienen a su pequeño -opequeña, recordemos que desde hace un tiempo este mundo ha dejado deestar monopolizado casi exclusivamente por el género masculino-, esteniño va creciendo, sus padres preocupados exclusivamente de otros temascomo su trabajo, pagar la hipoteca, o bien, de ellos mismos, dejan deprestar atención al muchacho -o al menos, no toda la que requiere-, envez de sacar tiempo de debajo de las piedras para pasar tiempo con suhijo, que al fin y al cabo es algo muy valioso, deciden comprarle unabonita maquinita que lo tenga entretenido para conseguir que el chicodeje de dar la lata, y de paso, les sirva a ellos, si cabe, a dedicarsemucho más tiempo a sus asuntos. Esto, se une al hecho de que, son unosincultos tecnológicamente hablando y, evidentemente, tampoco sepreocupan de interesarse por ver que videojuegos serían más aptos parasu hijo, y cuales, por el contrario, no debería ver ni en anuncios detelevisión.
El caso es que después vienen las quejas, esos padres enun momento de lucidez descubren que aquel juego -por poner un ejemplo-llamado Gears of War que su hijo les pidió por navidades, consiste enque cuatro soldados castigados por la vida se dedican a reventarcabezas de criaturas y a serrar extremidades mientras no paran de decirtacos (como se puede extraer, he obviado el gran trasfondo argumentaldel juego, ya que eso, ni en sueños, sabrían apreciarlo ni siquierapara su uso y disfrute personal). Estos padres ponen entonces el gritoal cielo en todos los medios de comunicaciones afirmando que esosvideojuegos deberían estar prohibidos, afirmando que son la causa de laadolescencia problematica de hoy en día, sin enterarse de que la causason ellos mismos. Y, evidentemente, el resto de sociedad que no tieneni idea de lo que es un videojuego se traga gustosamente la falacia delos medios, y no duda en tachar de "practicamente degenerados" a losmiles de jugadores que hay en todo el mundo.

De todo esto, quiero extraer varias cosas.
Laprimera es que los padres de hoy en día se deberían tomar más en seriolo que significa el hecho de tener un hijo, ya que este no se cría soloy hay que ser extremadamente cuidadoso con él, todo esto sin dejar deenseñarle lo que es la vida real.
La segunda, que existen organismosque regulan los contenidos de los videojuegos sin censurarlos mediantesimbolos, con la intención de orientar a los compradores casuales devideojuegos de lo que puede ser apropiado o lo que no, o ayudarles aencontrar lo que buscan. Uno de estos organismos es el PEGI,que regula perfectamente todos y cada uno de los videojuegos a la ventaen Europa, dando gran información al comprador de la aptitud del título.
Latercera, que por suerte, la industria de los videojuegos se ha abiertoenormemente a todos los públicos ofreciendo un abanico donde elegir unamultitud de juegos ingente, y además, de multitud de estilos. Hoy endía, por ejemplo, ya no es tan extraño ver jugar a padres e hijos a losllamados juegos sociales.

Mi esperanza para el futuro es queacabe de calar la idea en la retrógrada mentalidad de esta sociedad deque los videojuegos ya no son cosa de niños, que se den cuenta de unavez por todas que parte de la generación que fueron niños a finales delos ochenta y principios de los noventa ahora son adultos que disfrutanjugando. Y sobretodo, y más importante, que los videjuegos hoy en díason un asunto de adultos, exceptuando algunos, que son para niños.

Medejo cosas en el tintero, pero este es uno de esos temas de los quepodría estar discutiendo durante horas sacando multitud deconclusiones. Así que esto es todo por hoy, amigos.