[Análisis] Mario Kart 7

¿Qué ocurre cuando la novedad se convierte en hábito? ¿Es innovar sinónimo de mejoría? Todas estas preguntas sólo pueden surgir tras echar unas partidas a la última entrega de Mario Kart, para Nintendo 3DS. Y es que, como suele ser costumbre, Nintendo nos brinda un nuevo título de la saga con cada consola del mercado, y por supuesto, la “nueva” portátil de la compañía no podía faltar a la cita.

Fue en 1992 cuando nace el germen de todo esto: Super Mario Kart, la primera entrega de la saga que significó un punto de inflexión en la franquicia del fontanero, consiguiendo desdoblar la saga principal de distintos spin-offs que empezaron con Mario Kart y otros que se extienden hasta nuestro días. En cualquier caso, es notable la función que ejerció en su día esta primera entrega para SNES. Bajo la premisa de ofrecer una experiencia para dos jugadores (recordemos que en la época, el concepto de videojuego estaba enfocado al arcade, y más en el género de carreras), Super Mario Kart cumplía su cometido y aportaba aire fresco al género, entendiendo por primera vez las carreras como algo más que mera competición, pues sobre todo, era sinónimo de diversión.

Numerosas entregas que llegarían en los años posteriores continuaron las premisas del primer título, con pequeñas mejoras que atestiguaban la buena forma de la franquicia, siendo posiblemente la única del mundo Mario que pueda hacer frente a la saga principal del fontanero. Y es que seamos sinceros, Mario Kart nunca se ha caracterizado por ofrecer excesivas novedades con cada nueva entrega, principalmente porque no lo necesita… ¿verdad?

Quizás ha llegado el momento de preguntarse esto, pues tras encender nuestra consola y comenzar a jugar, es inevitable llegar a esa reflexión. La pantalla de título ya nos advierte la permanencia de los modos de juego que ya vimos en anteriores entregas, como son el archiconocido Grand Prix, Contrarreloj, Batalla de globos y Batalla de monedas (rescatado de Mario Kart: Super Circuit, para Game Boy Advance). Por supuesto, también incluye las habituales opciones multijugador. ¿Espectacular eh? Bueno, que nadie se alarme. Y es que si algo caracteriza a esta nueva entrega a parte del 3D, son sus pocas -pero interesantes- mejoras.

¡La nostalgia nos invade!

¡La nostalgia nos invade!

Y no hablo de nivel gráfico, donde evidentemente hay cierta mejoría, sino de las nuevas mecánicas que plantea. A los diferentes karts hay que sumarles nuevos accesorios como el ala delta para planear o la turbina para conducir bajo el agua. No son un reclamo de última hora, pues realmente tienen peso en las carreras que disputemos, permitiendo un extenso abanico de posibilidades que junto con la elección del vehículo y las ruedas (otra de las nuevas posibilidades de personalización) permiten un mayor realismo dentro del particular concepto que maneja el propio juego. Para demostrar nuestra valía, tenemos la opción de participar en las distintas copas del Grand Prix o competir contra otros jugadores a través de la conexión Wi-Fi. Quizás esta falta de variedad sea el principal achaque a un apartado jugable que no adolece en ningún momento, sólido y ante todo práctico. En cualquier caso, es necesario mencionar que a las mejoras ya explicadas (principalmente enfocadas a personalizar nuestro vehículo) se añade el uso de tres nuevos objetos: la flor de fuego, la hoja Tanooki y la ruleta 7. ¿Os suenan? A excepción de las dos primeras -que no necesitan explicación-, la ruleta 7 es posiblemente el objeto más importante, pues una ruleta de siete objetos rodeará nuestro kart.

Es de agradecer los nuevos elementos que incorporan las pistas de esta entrega, aportando variedad y dinamismo a situaciones que ya conocíamos. Y ese dinamismo no sólo está presente gracias a los continuos pasadizos, zonas de vuelo… sino también a las monedas que encontraremos repartidas por las diferentes pistas. Sí, las monedas regresan y su función es casi imprescindible, pues con ellas se canjearán nuevos accesorios. Esto además de aportar duración (tendremos que disputar muchas carreras si queremos recolectar gran cantidad de monedas), nos permite seguir cierta evolución a medida que jugamos.

Tampoco deja de sorprender la nueva vista en primera persona que podremos elegir de forma opcional, controlando nuestro kart con el sensor de movimiento que incorpora la portátil. Una mecánica muy bien resuelta que aporta una nueva visión a lo ya visto, que a pesar de todo, no logra su cometido por culpa del 3D de la consola. Como era de esperar, no podremos mover la consola mientras hacemos uso de las tres dimensiones, pues perderemos el efecto y con ello, la sensación de inmersión. Una auténtica pena, pues es un interesante concepto que no llega a buen puerto por las propias posibilidades del dispositivo. Aún con todo, no nos queda otra que maravillarnos por lo bien resuelto que está el apartado gráfico, que sin sobresalir en ningún momento, nos transmite una experiencia más cercana a Wii que a la de Nintendo DS.

La vista en primera persona aporta mayor sensación de velocidad

Sin embargo, ante todas estas supuestas novedades, Mario Kart 7 sufre unos recortes importantes respecto a lo visto anteriormente. De los 25 personajes de los que consta la versión de Wii, nos encontramos con 17 personajes en esta edición (Metal Mario, Lakitu, Floruga y Abeja Reina como novedades). Una decisión poco acertada, pues no existía la necesidad de reducir el número de corredores. Además, se eliminan las motos y se vuelve a las carreras de ocho jugadores, en vez de doce. Pero si echamos en falta algo, es sin duda el magnífico modo Misiones que disfrutamos en DS y que en esta ocasión desaparece. Un modo de juego casi imprescindible para una portátil, aportando continuos retos para el jugador.

A la fórmula habitual de la que hace gala en el plano online, hay que sumarle el nuevo sistema de comunidades privadas, grupos donde podremos definir diferentes opciones para personalizar nuestro propio Grand Prix. Una idea brillante y ajustada a los nuevos tiempos que peca de simplona, poco útil y lo que es más importante, sin posibilidades de comunicación. ¿Cómo podemos quedar con nuestros amigos en línea si no tenemos ni un chat de voz que nos invite a ello? Una vez más, Nintendo adopta nuevas mecánicas con grandes posibilidades que finalmente fallan en la infraestructura. Y no porque Nintendo 3DS no pueda realizarlo -su sólido online, sin ningún tipo de lag, así lo atestigua-, sino por el poco empeño impuesto en ello. Un paso más hacia el buen camino, un camino aún demasiado largo y extenso respecto a sus principales competidores (Sony y Microsoft), que junto al arcaico sistema de códigos de amigos, no pone las cosas demasiado fáciles.

Los nuevos escenarios no tienen nada que envidiar a los clásicos

Los nuevos escenarios no tienen nada que envidiar a los clásicos

Por todo esto, y tras haberle dedicado muchas horas de juego, las dudas planteadas al inicio de este análisis se despejan sin ningún problema. Mario Kart 7 es justo lo que el jugador espera de él, aportando pequeñas mecánicas que no alteran sustancialmente el conjunto pero con suficientes elementos para pensar en esta entrega como necesaria y por qué no, imprescindible. Una apuesta segura que no pretende buscar el cambio, sino pulir el concepto.Y es que, como afirmaba el escritor holandés Everhardus J. Potgieter: ”Solo la renovación puede mantener, el que se queda parado, se retrasa”.