Jugando con el Destino -Parte Primera-

He decidido terminar de publicar un relato escrito por mi, el cual empezó a publicarse en el fantástico blog de Lester Knight: Mundo Destiero. Faltaban unos pocos capitulos para terminar la historia, así que voy a ir poniendolos paulatinamente desde el principio aquí en el blog. Empezamos…

Enlace a la Segunda Parte

Enlace a la Tercera Parte

Enlace a la Cuarta Parte 

Parte Primera -Las Cadenas del Fin-


Nada más llegar desmontódel caballo. La capa que le cubría era del mismo color del cielo; oscuro. Erauna noche cerrada y el viento agitaba un intenso hedor a podredumbre y muerte.Provenía del triste estanque que rodeaba la zona. En el centro del estanque,ante él, se levantaba una estructura antaño gloriosa, pero la cual seencontraba en ruinas debido al paso del tiempo. Era de formas redondeadas, ytenía varios agujeros en la zona frontal. Se veían piedras y demás partes deledificio a los pies de este y sobresaliendo del estanque. Por encima de ella,en suspensión, levitaban dos anillos concéntricos, uno encima de otro, que eranatravesados por un débil rayo de luz ámbar el cual parecía provenir delimpenetrable y negro cielo. Aun en el estado en el que se encontraba laestructura, se adivinaba su naturaleza arcaica, sobrenatural. Llevaba en piedesde el principio de los tiempos, generación tras generación, y así debíacontinuar por toda la eternidad.

 

El jinete de la capaoscura se aproximó a la entrada sorteando toda suerte de obstáculos: piedras,plantas, charcos y toda clase de restos humanos y animales. La zona estaballena de cadáveres en diferentes estados de descomposición. Los había queparecían recientes y otros que tan solo estaban compuestos de pocos ydesgastados huesos. Siguió ascendiendo la escalinata que le aproximaba a suobjetivo y se paró ante la puerta. Se podía intuir en el borde grabados deescritura rúnica. Apenas se podían leer, y el jinete los recorrió con los dedossucios de la mano, como intentando reconocerlos. Apenas llegó al último, agachóla cabeza, juntó las palmas, cogió aire, y emitió un gritó grave, antinatural,inhumano. Todo el ruido de la zona cesó, las aves negras se elevaron desde lascopas de los árboles que crecían en el estanque, los grillos cesaron de cantar,los sapos dejaron de croar. El tiempo que siguió al alarido no se puedeprecisar. Tal vez fueran segundos, o tal vez horas, pero lo que es seguro esque la vida parecía haber dejado de existir allí. El jinete había caído abatidode rodillas ante el portal. Se levantó cansinamente y se internó lentamente enla oscuridad de la estancia.

 

Una vez dentro, esperó aque sus ojos se acostumbraran a la oscuridad. Se hallaba en un pasillo que seextendía hacia el fondo y terminaba en una estancia iluminada. Avanzólastimosamente hasta llegar al final del pasillo. La habitación que seencontraba ante él era amplia y circular. En centro de la cúpula del techo sehallaba una enorme abertura que dejaba vislumbrar el cielo. Esta era atravesadapor el rayo de luz ámbar. El rayó iba a desembocar justo en el centro de laestancia; y fue en ese momento cuando se percató. 

 

Allí, en el centro, estaba su objetivo, el motivo por el cual se habíadesplazado hasta aquel rincón alejado de toda civilización. Era un anciano. Seencontraba encadenado a los extremos de un majestuoso y a la vez escalofriantetrono de marfil negro. Su cuerpo estaba encogido flotando sobre la base deltrono, y el rayo ámbar le atravesaba por la cabeza y recorría todo su cuerpo,lo cual le daba un brillo sobrehumano. No respiraba. El jinete no se movió. Elanciano siguió sin respirar. Entonces, el jinete, lentamente, se fue acercandopaso a paso hacia él. El anciano seguía sin respirar y con los ojos cerrados.Apenas le faltaban por recorrer dos metros y todo habría acabado. Desenfundo suarma y la alzó para asestar la mortal puñalada. En ese momento, el ancianoabrió los ojos. O lo que quedaba de ellos. En su lugar tan solo se encontrabasangre reseca de muchos años. Aun así, parecía poder ver al atacante, ya quedirigió la cabeza hacia él. Este dejó caer el arma entre gritos de dolor y echoa correr hacia la salida. Mientras corría se llevó las manos temblorosas a lacara y se metió los dedos en las cuencas de los ojos. La sangre comenzó a manardescontrolada desde sus parpados. No paraba de gritar. De un fuerte tirónconsiguió sacárselos. En la entrada tropezó con una piedra y cayó al estanque.No volvió a salir a la superficie. El único vestigio de su paso por allí seríansus ojos, que se encontraban en un peldaño de las escaleras. Unos ojos sinvida. Unos ojos que habían mirado a la cara de la agonía. A la cara del dolor.A la cara de un fin que se hallaba muy próximo…