Cerrado por depresión

Quisiera saludar pero no tengo ganas, así que directo al grano.

¿Alguna vez has sentido que una acción simple, inocente, sin ningún tipo de malicia empeaba a crecer y a crecer y se hacía una bola que cuanto más rodaba más crecía y al final esa bola te aplasta? Yo lo llamo depresión. Y así es como me siento cuando la gente te falla.

Hoy me ha fallado un amigo. Confiaba en él, pero ya no. Cinco años de amistad tirados por la borda. En fin. Así es la vida. Prefiero no pensar en ello, sólo sirve para entristecerme. Claro, que eso solo no tiene la menor importancia.

Pero entonces, algo que hiciste en el pasado resurge. Hiciste algo con buena fe, sin pensar en ningún momento que podría tener consecuencias. Te encuentras intentando integrarte en un grupo nuevo, decides ir participando en actividades para mezclarte con los demás, sentirte uno más. No piensas que una estupidez pueda crecer y crecer tanto.

Y entonces llega. Decidiste participar en el lugar inadecuado en el momento inadecuado. Eres un novato, no quieres problemas ni meterte con nadie, pero los demás se meten contigo. Te ves envuelto en una polémica, en una batalla dialéctica y al final en una guerra. Pero tú eres un hombre de paz, te encanta debatir y sólo intentas calmar los ánimos. Que consigues? Que te ignoren.

Pero lo peor aún no ha empezado. De pronto tu nombre aparece en medio de la guerra. Una minucia, una broma blanca sin gracia ni mal gusto es usada como excusa. Los sucesos se precipitan, te ves obligado a intervenir para defenderte. No quieres enfrentarte a nadie pero si permaneces pasivo te despellejan. Intentas poner paz por segunda vez. Y por segunda vez fracasas.

Y llega el súmmum. Te acusan de mentir. El pequeño error queda subsanado, pero los demás ya no te ven igual. Cometiste un error, ni siquiera eso, no te expresaste bien, y ahora todos te miran mal. Ya nada es igual. Te tachan de mentiroso sin pruebas, te utilizan sin que tú lo sepas en una guerra que no va contigo. Y la verdad, me he hartado.

Porque yo no cometí ningún error. Bueno, uno sí: pensar que lo que yo creí era una broma pudiera ser tomado en serio por alguien. Y ahora mis propias palabras se vuelven contra mí. Alguien que no me conoce me tacha de mentiroso. ¿Debo permanecer impasible? No, pero soy demasiado cobarde y parece que eso de estar en un grupo no está hecho para mí. Lo intenté, no me metí con nadie (y si lo hice fue con argumentos y sin llegar a insultar) y así he acabado.

Pero una cosa tengo clara: no me arrepiento de nada. En ningún momento actué con malícia, fue todo culpa de terceras personas que no sé por qué me utilizaron sin mi consentimiento, me manipularon sin yo darme cuenta siquiera. E incluso así, se le da más crédito a esas terceras personas que a un servidor, que sólo pretendía hacer una pequeña gracia, que se tomó la molestia de leerse las normas de cabo a rabo para asegurarse de que no las incumplía.

Repito: me han tachado de mentiroso. Sin pruebas. Unos desconocidos. Coincidiendo con un día pésimo para mi. Y como considero que en mi estado actual no estoy capacitado para seguir escribiendo objetivamente, anuncio un cese temporal de la convivencia matrimonial (mi último chiste pésimo) entre Gamefilia y yo. Siento no poder cumplir mi firme compromiso con la entrada de Auron, espero que en unas semanas mi moral se haya recuperado.

Y por cierto, dejo bien claro que este texto no va contra nada ni contra nadie en especial para que no me tergiversen. Simplemente me voy, y espero regresar en breve.

Chau