¡QUE GRANDE ES SER GRANDE!

La vida de un lagarto es de lo mejor, ya que si estás cansado no está mal visto que te tumbes a la bartola y te pongas a tomar el sol. Además, si eres más grande, del tamaño de un cocodrilo, es que no tienes ni que lavarte, abres la boca y ya tienes a dos o tres pájaros a tu servicio quitándote la caries de los dientes. Y si te entra hambre, pues cierras la boca y punto.
El caso es que siempre me han fascinado los reptiles, mucho antes de la serie ‘V’, porque yo al ser un duende tan pequeño siempre los veo como dragones, y pienso ‘quién fuera dragón’ o al menos, ‘quién pudiera volar sobre uno de ellos’.

Videojuegos donde aparezcan dragones hay miles, y donde tengas que acabar con ellos hay cientos de miles, pero donde el protagonista sea un dragón, o maneje a uno de ellos, los puedes contar con los dedos de las manos… de los pies… y algo más. No obstante, sorprende que uno de los primeros juegos en ser protagonizado por un dragón siga siendo también uno de los mejores de todos los tiempos, original e irrepetible.
Para la gente que se acaba de incorporar a esta apasionante forma de ocio que son los videojuegos les diré que antes de los polígonos existían los sprites o gráficos 2D creados a partir de píxeles que eran los puntitos que aparecían en pantalla. Pues bien, debido a la baja resolución de los equipos, estos sprites no solían ser muy grandes, y de serlo, se reservaban para los enemigos de final de fase. Thanatos te ponía al mando de un enorme dragón que ocupaba más de un cuarto de la pantalla de juego, tamaño inimaginable para los equipos de 8 bits de aquella época.

En 1986, Durell Software, creadores de otro de mis juegos preferidos (Saboteur), saca al mercado un juego donde un guerrero es transformado en dragón a causa de un hechizo (y encima le coge en época de exámenes), por lo que tiene que penetrar en tres castillos para rescatar a una bruja (no, no es Elvira), un libro de hechizos (no, no es el de las Embrujadas), y un caldero mágico (no, no se refiere a una olla a presión), para poder recuperar su apariencia humana. Durante su aventura nuestro dragón se tendrá que enfrentar a unos minúsculos humanos que le arrojan de todo menos pipas, a gigantescas abejas o arañas, y a dragones de dos cabezas. Para combatirlos nuestro héroe dispone de su contundente aliento (ya que además de tener halitosis posee una potente llamarada), y de sus garras, pues gracias a no cortarse las uñas en siglos puede capturar a sus enemigos y arrojarlos al suelo, o sostener piedras y lanzárselas para demostrarles lo importante que es salir a la calle con casco.

Pero no os creáis que vivir como un dragón es tarea fácil, porque aparte de no encontrar ropa interior de tu talla, cualquier roce o daño hace que nuestro corazón vaya más rápido que el acelerador ese de partículas que está tan de moda. Por suerte, si nos quedábamos sin fuego, como no teníamos un mechero cerca, bastaba con devorar a unas doncellas que permanecían atadas y custodiadas por un caballero (la gente es muy rara). El caso es que era terriblemente divertido y difícil el velar por la vida de nuestro dragón y el de la bruja, pues si está se caía de nuestro lomo y perdía la vida, nuestra partida terminaba irremediablemente al no poder recuperar nuestra forma humana (aunque si el guerrero se parecía al Pozi, mejor era no terminar el juego).

Desde entonces ningún otro título supo reflejar el vuelo de un dragón de esa manera, aunque pronto empezaron a proliferar múltiples shoot ‘em up (matamata de toda la vida) de scroll o desplazamiento vertical u horizontal que tras aparecer en las máquinas recreativas o arcade fueron en su mayoría convertidos a los ordenadores.
Dragon Spirit fue una máquina arcade lanzada con bastante éxito en 1987. No era más que otro mata marcianos de movimiento vertical creado por Namco, pero tenía la ‘originalidad’ de manejar a un dragón en vez de a una nave espacial. Sobra decir que los proyectiles en forma de misiles eran sustituidos aquí por llamaradas y las bombas por cagadas de dragón (bueno, creo que esto último no llego a implementarse). Tuvo una segunda parte en 1990 llamada Dragon Saber que permitía la participación en cooperativo de dos jugadores (aunque siguieron sin implementar lo de la cagada del dragón).

En 1989 y a la estela del magnífico R-Type salen dos mata marcianos arcade de scroll horizontal: Saint Dragon y Dragon Breed. En ambos manejamos un dragón cuyo cuerpo es invencible, sin embargo en el primero manejamos a un dragón de metal, y en el segundo a un dragón chino manejado por un humano (ni idea de la nacionalidad). Dragon Breed es sin duda un clásico y el mejor arcade sobre dragones que existe, ya que como Thanatos hay que cuidar del personaje que monta al dragón y encima en ocasiones este puede bajarse dando paso a un juego de estilo plataformas. Ambos tuvieron sus respectivas conversiones a los 8 bits.

Ese mismo año sale Dragon Scape para Amiga, otro shoot ‘em up que nos ponía en manos de un dragón con la única novedad de tener un desplazamiento multidireccional. Un juego muy recomendable para dejar a tus amigos porque tampoco pasaría nada si llegaran a perdértelo.

Al año siguiente aparece Dragon Strike en el Amiga, cuya versión NES era muy similar gráficamente al Dragon Spirit, pero que al estar basado en el Dungeons & Dragons incluía elementos de rol y el dragón podía ser mejorado. Aunque nunca llegué a probar la versión de NES, de la del Amiga tan sólo puedo decir que me trae recuerdos muy agradables ya que utilizaba el disquete a modo de posavasos.

También para la NES sale en ese mismo año el juego Dragon Figther, que no hubiera pasado de ser otro mata marcianos más de desplazamiento horizontal si no hubiera sido porque la protagonista tenía la habilidad de convertirse en dragón una vez conseguía rellenar la barra correspondiente (hay que ver lo mal que llevan algunas los cambios hormonales).

Pero hubo que esperar a las 32 bits para disfrutar de los mejores juegos de dragones. Aunque sin duda, quién mejor supo combinar el vuelo de un dragón con la acción y las excelencias técnicas de una consola ese fue el Panzer Dragoon de la Sega Saturn, que vio la luz en 1995. Por desgracia, el nefasto destino de esta videoconsola no hizo justicia a muchos de sus títulos, muy por encima de la media mostrada en aquellos tiempos. Sin embargo, los buenos jugadores no se olvidan de este increíble juego y de su precuela, sobretodo después de que tanto Xbox como PS2 tuvieran posteriormente sus respectivas versiones.

El tercer título de la Saturn, con sus cuatro discos en los que se reparten las 12 horas de juego, se ha convertido en todo un clásico. Tras la introducción, de diez minutos de duración (los videos del MSG4 son largometrajes al lado de esto), el jugador se ve rodeado por multitud de efectos de luz, transparencias, y morphing que se acompañan de magníficas melodías mientras se disfruta de la influencia en el diseño del francés Moebius. Si te estás leyendo está entrada un poco por encima aburrido ya de tanto dragón, y dando gracias porque no me dio por hablar de los dinosaurios, te diré que este juego es un MUST HAVE en toda regla.

Posteriormente fue la PSX quién recogió el testigo (que no testículo) del dragón como protagonista de un videojuego, con el soberbio Spyro de 1998. El juego nos ponía en las manos a una cría de dragón que se movía de forma fascinante por un amplio mundo en 3D. El protagonista hacía de todo (como el perro del anuncio de la once), corría, volaba, nadaba, y hasta le quedaba tiempo para pasarse por su página web personal. La calidad del mismo y su infantil diseño hicieron que pudiera ser disfrutado por un amplio abanico de jugadores. Y aunque poligonalmente no estuvieran definidos, Spyro los debía de tener bien grandes, porque pronto confundieron sus huevos con los de la gallina de oro. De Spyro se han llegado a hacer hasta siete juegos diferentes para las consolas de SONY, de los cuales personalmente me quedo tan sólo con los dos primeros. Se trata de una saga que sin duda merece ser remozada y que a buen seguro daría mucho juego en las consolas de esta generación.

Ese mismo año sale también una nueva recreativa de desplazamiento vertical que consigue dejar en evidencia (y no digo en bragas porque prácticamente hoy en día ya sólo se usa el tanga) a los títulos anteriores del mismo estilo, Cyvern. El lado negativo es que no tiene conversión para consolas (al menos que yo sepa), pero el positivo es que siempre puedes emularlo si encuentras la ROM, lo cual es altamente recomendable ya que de seguro disfrutarás con está joya gráficamente sobresaliente, de sonido trepidante, y una dificultad que ríete tu de las pruebas físicas para ser bombero.

En 2000 aparece la última arcade que yo conozca hasta la fecha en la que haya un dragón por protagonista. En Dragon Blaze, creada por Psikyo, son hasta cuatro los héroes con su correspondiente montura a los que se pueden seleccionar para enfrentarse a esta máquina de scroll vertical que admite el modo cooperativo para dos jugadores. Aunque en 2004 salió una versión para la PS2, y a pesar de tener una pinta exquisita, como no he jugado a este título el único comentario que puedo realizar es que tengo que cambiarle las pilas a mi ratón inalámbrico porque ya tiene el led de carga en rojo.

Pero también la PS2 recibió títulos donde los dragones tenían el papel protagonista. Lamentablemente ninguno de los tres permitía el uso del dragón durante toda la aventura, y aunque eso le otorgaba una mayor variedad al título, también lo convertían en un mero co-protagonista del personaje humano. Lo que si está claro es que en todos ellos, las fases en las que manejas al dragón son lo mejor del juego, y que se nota la influencia ejercida años antes por Panzer Dragoon.
Drakan: Order of flame sale en 1999 de la mano de Surreal Software para PC, y combina lo mejor de las aventuras de Tomb Raider, con una protagonista semejante a Lara, y elementos de otros géneros como los RPG. Gráficamente lucía muy bien, con cambios climáticos, y el hecho de que pudieras llamar y montarte al dragón en cualquier momento (en el buen sentido de la palabra), y atacar a los enemigos de tierra desde el aire lo convertían en un juego impresionante. Drakan es uno de esos juegos que pese a no tratarse de obras maestras si que merecen la pena ser disfrutados y ocupar un hueco en nuestra ludoteca, y prueba de su éxito fue su versión en 2002 para la PS2, DraKan: The ancient’s gate, que si bien no sorprendió a nadie en ningún aspecto, al menos se mantuvo a un nivel aceptable que lo convierte en el mejor título protagonizado por dragones de esta consola.

Reign of Fire para PS2 y XBOX estaba basada en la película de su mismo nombre aparecida en 2002, y a pesar de la mediocridad del film (nótese que mediocridad aquí significa ‘malo de cojones’), el juego se tomó algunas libertades para hacerlo mucho más jugable y divertido. Sin embargo, no destacaba en nada, salvo por unos gráficos correctos y una buena ambientación, y lo mejor que ofrecía era la campaña con los dragones a la que sólo se accedía tras finalizar la campaña con los humanos (si lo hubieran hecho al revés la mayoría de la gente sólo se hubiera pasado la primera parte del juego).

Drakengard sale para la PS2 en 2003 de la mano de Square Enix por lo que a priori, vistos los trabajos de este estudio, el título prometía. Pero ya lo dice el refranero ‘cría fama y tócate la rama’ (es que el refrán original no rima), porque por desgracia no tuvo nada que ver con otros títulos de la compañía, su mezcla de géneros al estilo Dinasty Warriors y Panzer Dragoon no llegó a convencer a nadie (ni siquiera su segunda parte editada en 2005), y la longitud de los niveles, junto a la simplicidad y monotonía lo convertían en mi opinión en un juego más aburrido que el discurso del Rey el día de Nochebuena.

Pero lo peor estaba aún por llegar, porque en 2007 SONY anunció con bombo y platillos (por no decir con una orquesta entera) la llegada de Lair, no como el juego de dragones definitivo sino como un juego capaz de demostrar la ‘superior capacidad’ de su consola PS3. Lamentablemente con lo de ‘superior capacidad’ se estarían refiriendo al tamaño de la consola en sí, ya que el juego se diluyó en sus propias expectativas, pues una implementación nefasta del sixasis (eso que trae incorporado el mando, que según SONY es más importante que la vibración, pero que pocos juegos lo usan, y por eso los nuevos mandos vibran), junto con una más que cuestionable tasa de framerate, dieron al traste con un más que buen apartado gráfico y sonoro.

Tras esta decepción, el duende que os escribe espera impaciente que alguien se tome el suficiente interés como para despertar a un verdadero dragón del letargo de su cueva, y nos deje tomar las riendas de su montura con una brillante puesta en escena digna de un ser de semejantes proporciones. Hasta entonces, los fanáticos de los dragones seguiremos soñando con el regreso de Thanatos, o la aparición de Smaug ‘El Dorado’ en el mundo de los videojuegos.
¿Y TU QUE OPINAS?, ¿CUAL ES TU JUEGO DE DRAGONES FAVORITO?
(CONTIENE SPOILERS: los del ‘Bubble Bobble’ son dinosaurios)

CARATULAS PARA EL RECUERDO

Ahora que las ‘discretas’ booth babes o modelos promocionales del E3 han dado paso a unas azafatas de lo más recatado, vuelvo a rememorar la censura a la que en ocasiones se ha visto impuesta la publicidad en el mundo de los videojuegos. El primer recuerdo que me viene a la cabeza es la portada realizada por Luis Royo para el juego GameOver, de la mítica compañía española Dinamic, la cual tuvo que ser ‘retetada’, digo ‘retocada’ más allá de nuestras fronteras.

En primer lugar os dejo la versión española sin censurar. Podéis ver al protagonista escudado y casi escondido tras una mujer imponente posiblemente porque:

a) Es muy tímido y le da vergüenza salir en portada

Pon un comentario con la palabra TIMIDO en el asunto

b) Es muy listo y la pone delante para distraer a los enemigos

Pon un comentario con la palabra LISTO en el asunto

c) Tiran más dos tetas que dos carretas

Pon un comentario con la palabra TETAS en el asunto

 

Está es la versión inglesa, algo más modosita, donde se oculta el marcado pezón de la protagonista con un ‘delicado’ y ‘poco llamativo’ logo de la compañía creadora, que para más inri ya se encuentra repetido un poco más arriba:

Por el amor de Dios, ¿no les bastaba con eliminar la forma de la areola? ¿Por qué no aprovecharon para promocionar otra cosa? No sé, si miras los pechos de la protagonista y ves un cartel que dice ‘Maquinarias Paco’, ya tienes una idea de a quien llamar cuando necesites maquinaria pesada para cargarte el edificio donde vive la persona que elucubró semejante forma de censura (o al menos te creas una idea de cómo puede ser el estereotipo de mujer que trabaja en dicha empresa. Si, definitivamente quiero trabajar para ‘Maquinarias Paco’).

Esta es la versión inglesa con una censura más acorde con las circunstancias. Aquí podemos ver que a veces la sutileza también tiene lugar en el rudo mundo de los juegos de acción, y que con realizar un cambio en el wonderbra de la chica bastaba:

Y ya que estamos en ello, os dejo una muestra de las pantallas de carga del juego que en aquellos tiempos resultaban también verdaderas obras de arte (por cierto, no entiendo porqué no sale la cara del protagonista en ellas).

Sin embargo, GameOver a pesar de su ‘llamativa’ publicidad era un magnífico shooter de scroll horizontal con unos soberbios gráficos y una endiablada acción frenética que a mí personalmente me desquiciaba por la extrema dificultad conforme avanzaba el juego (supongo que por eso se llamaba GameOver, por el enorme número de veces que aparecía la frase ante los ojos del jugador). Un título altamente recomendable si disfrutas con los juegos de acción en los que se requiere un alto grado de manejo del joystick y una buena capacidad de reacción.

Nota mental: Ya se que en aquella época las imágenes de las portadas de los videojuegos eran un poco sexistas pero

1) El público al que mayoritariamente iba dirigida esa publicidad era masculino en un 99,99% y…

2) ¿A quién le amarga un dulce?

COMO DAR UN GRAN SALTO

Ya sé que los duendes somos algo canijos, por eso aunque muchos me animaban con la frase de ‘los mejores perfumes vienen en frascos pequeños’, yo siempre quise dar un GRAN salto, aunque no en altura, ya que a pesar de que soy pequeñito, al ser tan sensible, la gravedad me afecta bastante. Por eso, el salto no era literal, pues en la vida real tengo un record personal de tan sólo tres milímetros saltando hacia arriba.

El caso es que quería dar el salto generacional, y no me refería a eso que sienten los padres cuando de repente pasan a ser abuelos y al mirarse al espejo se encuentran con muchas más canas y arrugas de las que tenían el día anterior, lo que quería era tener en casa una consola de las nuevas.

Todo en la vida tiene un inicio y un final, eso que en ciclismo llaman etapas, y ella había resultado ser una de las mejores de mi vida, pero había decidido abandonarla como a un perro en un día de verano. Aunque siempre estaría conmigo, a mi lado, estaba claro que a pesar de haberme dado más de lo que había podido soñar, ella formaba ya parte de mi pasado.

La miré con los ojitos que pone el gato en Shrek, puse música de Luis Fonsi de fondo… ‘nadaaa es para siempreee amooor, hoy nos toca compartir la misma lunaaa’ (yo es que siempre he sido muy romántico y sentimental para las despedidas)… y le dije con delicadeza… ¡Troll el último que llegue al centro comercial!, tras lo cual acabé arrojándola contra el sofá del salón. Emocionado, salí corriendo por la puerta mientras apretaba los párpados para evitar que se me vieran las lágrimas (lo cual casi hace que rodara escaleras abajo), y al entrar en el ascensor grité ‘POR FIN VOY A COMPRARME UNA CONSOLA DE NUEVA GENERACION!, ¡DIOS QUE ‘GUSTAZO’!’.

Lamentablemente, a causa de la emoción no me percaté de la presencia en el ascensor de la señora mayor del quinto, y una madre del tercer piso con sus dos hijos pequeños. Abandoné el portal mientras la madre me miraba con ojos acusadores mientras los niños le decían ‘Mama, ¡yo también quiero una!’, y la abuela sorda como una tapia le preguntaba ‘¿Es a usted a quién le dijo el chico lo del ‘polvazo’?’.

Me dirigí corriendo hacía unos grandes almacenes, pero tras pasar un par de calles me detuve en seco. Tenía la sensación de que algo me faltaba, así que comencé a verificar mentalmente que la puerta de casa estaba cerrada, que no había dejado ningún grifo abierto, que había hecho mis necesidades, e incluso que llevaba dinero encima en forma de una tarjeta de plástico que además tenía saldo. Entonces, ¿Qué era lo que me faltaba?. ¡Coño!, ¡no había decidido aún que consola comprar!.

Bueno, calma, tranquilízate. – pensé.

¡Siempre puedo consultar al experimentado y objetivo vendedor del lugar! – me dije.

¡Pfff! – solté el aire por la boca y me fui descojonado calle abajo pensando en lo absurdo de lo que acababa de pensar (al menos en el centro comercial al que voy las personas del departamento de videojuegos tienen el mismo conocimiento sobre consolas que sobre física nuclear, es decir, ninguno. Aunque en su favor he de decir que saber de videojuegos es mucho más complicado que la fisión nuclear de los átomos).

Entré en la tienda con la cabeza bien alta, no como cuando no tienes un duro y tratas de localizar una ganga entre los juegos de reventa evitando que el dependiente del establecimiento se acerque a ti para preguntarte ‘¿Desea algo?’. Que si se trata de un chico piensas en responderle ‘Si, llevarme todo lo que hay en la tienda sin pagar’, y si se trata de una chica piensas en…

Pues eso, que estaba en la tienda y no sabía que consola comprar. Así que gracias a mi entrenamiento con el Brain Training, y tras alegrarme de no aparentar los 73 años que el cabrón del profesor Kawashima dice que debo tener, pensé rápidamente…

– ¿Qué tal la PS3?. ¿Podría comprármela?.

– Si, tal vez te dieran algo por donar tu cuerpo a la ciencia ¡pedazo de imbécil!. ¿No ves que no te llega?. – me explicó la única neurona que tenía en funcionamiento.

– ¿Y que tal si me compro la Wii?.

– Negativo. El día que tengas que crear tu Mii serás el primer baneado por feo, y además ya tú has jugado al Trauma Center y al Cooking Mamma en la DS. – Me volvió a explicar la cabrona de mi neurona.

– ¿Y si adquiero la 360?.

Tio, cómprate la Xbox ya, que me estás espantando al personal, y a ver si se te quita la fea costumbre de pensar en voz alta. – dijo el vendedor con gesto enfadado al ver como todo el mundo huía de mí y salía de la tienda.

Así que al final acabé haciéndole caso al vendedor, y compré la 360 más baratita con disco duro y el juego Oblivion. Si, has leído bien, ¡Oblivion!. ¡Dícese del juego intragable por mi PC con el que siempre había soñado jugar!. La culpa la tenía mi ordenador que siempre se ha llevado mal con los juegos de clase alta…

– Me vas poniendo una de DirectX10, unos shaders, y… – decía el juego.

– ¡Oye!, ¡oye!, ¡tranquilo!. ¿Pero tu que te crees?, ¿Qué eres mejor que el XP y el Office juntos o qué?. A mi me bajas los humos y te me pones a funcionar sin sombras, sin efectos, y sin nada. – le interrumpía mi equipo de sobremesa.

Y claro, con ese carácter no me extraña que el Oblivion se sintiera dolido y saliera tan mal en la pantalla de mi ordenador.

Llegué a casa y desembalé la 360 a mordiscos (la caja era más rara de abrir que la que aparece en Hellraiser), instalé todo, inserté el juego, y sencillamente empecé a babear tan sólo con el editor de personajes. Mi éxtasis llego a tal punto, que cuando comencé a jugar jadeaba más que la chica del anuncio del Herbal Essences. Y de pronto, fundido en negro. ¡WTF! (que es como ‘jolines’ en inglés pero con un poco más de mala leche). ¿Qué era eso?, ¿una broma de Kojima?. Imposible, ¡era el Oblivion!. Así que decidí que aquel era el momento de poner en práctica una técnica ancestral aprendida con el uso de ordenadores, la llamada ‘Tio, apaga y enciende de nuevo a ver que pasa’.

– ¡Eureka! (o ¡Isabel!, el caso es ganar un poco de dinero insertando publicidad de latas de atún en esta entrada del blog). – grité.

– ¡Está viva! (como dijo el primer anciano que probó la Viagra). – exclamé..

– ¡Jo que susto! (como dijo la primera novia de Paquirrín cuando lo vio a plena luz del día). – pensé.

– Nada, nada, a la mierda el Oblivion, voy a utilizar el dashboard. ¿Qué tal si me bajo una demo?. – dije en voz alta.

No recuerdo que demostración descargué, ni cuanto tiempo pasó, pero lo único que sé es que a la media hora volvió a quedarse la pantalla de nuevo a oscuras.

– ¿Será un salvapantallas?. Hmm, no, por mucho que apriete nada no vuelve a encenderse. ¿Y que son esas tres luces rojas alrededor del botón de encendido?. – me pregunté a mi mismo porque no había más nadie en casa.

El manual no explicaba nada, así que le imploré a la persona más entendida en la materia, San Google bendito.

Primer resultado: Luces de la muerte.

– ¡Glups!. – tragué saliva.

Segundo resultado: Las tres luces rojas de la muerte.

– ¡Glups!. – Volví a tragar saliva.

Tercer resultado: El anillo de la muerte.

Aquí fue cuando apreté el ojete y me fui a por un vaso de agua porque de los nervios no encontraba ni saliva. Corrí en busca de mi PS2, lloré, le pedí perdón y le supliqué que volviera conmigo. Puse en ella el primer juego que encontré a mano y la muy resentida me dijo ‘disc read error’ en la pantalla, o sea, que no quería arrancar y que no pensaba leer el DVD. ¡Jamás debí arrojarla al sofá de esa manera!. Total, que encima a la oportuna de mi vecina le da por poner una canción de Julieta Venegas, ‘que lástima pero adiooos, me despido de ti y me voyyyy’. ¡Que hijo de puta era el destino!, ¡como me la había devuelto por lo de la canción de Luis Fonsi!.

– ¡Pero si la 360 es nueva!. ¡Dios mio!, ¡si le llegó a poner el Oblivion al PC, directamente hubiera explotado! – pensé.

Embalo todo de nuevo, y pongo cinta adhesiva en las costuras hechas sobre el cartón con mis dientes. No estaba satisfecho y quería que me devolvieran el dinero, ya que aquello era una estafa, como cuando te compras un juego original de PC y a lo único que consigues jugar es a hacer de pirata para saltarte la protección.

– ¡Oiga!, ¡vengo a devolverle esta consola que se apaga y…

– Si, déjela por aquí y coja una nueva de aquel estante.

– ¡Es que le he puesto el Oblivion

– No pasa nada. Coja una de aquel estante.

– ¡Es que estaba bajando una demo y…

– ¡Le he dicho que coja una del estante!. – y tras colocarse el flequillo en su sitio añadió. – Es que ha venido una remesa defectuosa.

¿Remesa?, ¡que raro!, no había leído nada de eso en Internet. Yo no tengo coche así que fui andando nuevamente con una consola que no había tardado ni un día en darme un disgusto. Asustado, aparté el Oblivion y alquilé el Viva Piñata ya que era el juego más simple que te podías encontrar para la 360.

Así que allí estaba yo, un hardcore de tomo y lomo plantando manzanos y zanahorias mientras ayudaba a unos conejos a mantener relaciones sexuales, cuando de pronto en mi jardín se desata una tormenta y empieza a llover. Por lo visto el susto para la consola fue tan fuerte que la consola se quedó completamente paralizada dejando al pobre señor conejo congelado en medio de un coito. No me podía creer lo que estaba pasando, y no era por la ‘cortada de rollo’ que le había dado al conejo.

Reinicié la consola pensando que hubiera sido de ella si en vez de estar jugando a eso hubiera estado en medio de un Survival Horror, ¿se mearía en los condensadores?. Empecé a jugar de nuevo, y mientras plantaba semillas en el juego una duda se sembraba en mi cabeza. ¿Me habría tocado otra vez una consola en ‘mal estado’?.

– ¡Joder!, ¡que no es una lata de conserva con fecha de caducidad!. ¿Cómo podía una consola venir en mal estado?.

Cuando la consola se volvió a congelar de nuevo regresé corriendo a la tienda pero con las manos vacías.

– ¡Por favor!. ¡Tiene que ayudarme!.

– ¡Cálmese!, ¿Qué le pasa?.

– Mi consola se está muriendo. Aún no se queda en negro, pero intuyo que no le queda mucho tiempo. ¡Hemos de hacer algo!.

– Pues tráigala aquí y…

– ¡No!, ¡no quiero otra consola!, ¡quiero esa!. ¡Tiene que existir algún medio de evitar esto!. ¡Ya he tenido un cadáver en casa y no quiero volver a pasar por eso nunca más!.

– Bueno, quizás unos ventiladores…

– ¡Pero quién se cree que soy!. Yo jamás podría abrir el cuerpo aún caliente de mi consola, podría romperle la etiqueta ‘Warranty void if removed’ y entonces perdería toda esperanza de volverla a ver con garantía!.

– Cálmese, estos ventiladores son externos.

– ¿Externos?, hmmm. Me llevaré unos. ¡Cualquier cosa con tal de salvarle la vida!.

Volví a toda prisa a casa (¡uf!, ¡Cuánto ejercicio!. Por eso es que no me compré la Wii con el Wiifit hasta mucho tiempo más tarde). Tembloroso me acerqué a la consola y le puse los ventiladores en la parte trasera cual supositorio salvador. Entonces le di al botón de encendido. Una pequeña hélice comenzó a girar y aumentaba en velocidad conforme aumentaba el ruido. Aquello tenía más potencia que el motor de un transbordador espacial y hacia el mismo sonido.

Despeinado a causa del viento generado, y agarrando la consola para que ésta no se lanzase a volar desde la estantería, comprobé que el Viva Piñata iba totalmente fluido. Acabé el Oblivion, Bioshock, Halo3, y algunos más, y ella nunca ha necesitado la asistencia de un servicio médico, digo técnico. No sé, fue como ponerle un marcapasos, el caso es que le cambió la vida, y la mía. Y así fue como salvé la vida de mi consola Xbox360, que es de las primeras que salieron al mercado, y como de paso di el GRAN SALTO (o traspiés) hacía las consolas de séptima generación.

Después vendrían la Wii y la PS3, pero esas tienen su propia historia… ¿Y tú?, ¿Has dado ya un gran salto?. ¡Espero tus comentarios!.

¡Saludos electrizantes!

TODOS SOMOS CONEJOS

Si, si, tú, que estás leyendo esto… Reconócelo, tú también eres un conejo… No, no, quítate las manos de las orejas y deja de tocarte los dientes porque no me refiero a tu aspecto físico, y mucho menos a tu habilidad para correr o saltar.

 

Si has leído o visto ‘Alicia en el país de las maravillas‘ sabrás a lo que me refiero. Todos somos un conejo, un gran conejo blanco con un reloj en la mano. Y es que independientemente de que nos guste la zanahoria o no, lo que nunca falla es que siempre vamos corriendo a todas partes al grito de ‘¡Dios mío!, ¡Dios mío!, ¡qué tarde voy a llegar!‘.

Desde que nacemos, desde que nos despertamos, el tiempo nos maneja y esclaviza las 24 horas del día, 365 días al año durante toda nuestra vida. Pero su voracidad no sólo hace estragos en nuestros hábitos alimenticios sino también en nuestra forma de jugar y disfrutar de los videojuegos.

 

Si miramos al pasado, cuando los ordenadores de 8 bits colmaban el mercado y el medio de almacenamiento predominante era el casete (que triunfaba más que ahora con las cintas de Camela), disfrutar de uno de aquellos juegos era, como más tarde confirmó Enrique Iglesias, ‘casi una experiencia religiosa‘.

 

¿Que contenían aquellas cintas?, pues lo mismo que las otras, ¡música!. Pero olvídate de las sesiones Trance o Dance, aquel sonido tenía menos ritmo que un japonés cantando en un karaoke, con la dificultad añadida de que el único instrumento escogido para reproducir la melodía era ¡un simple pito!. Le dabas al botón de ‘Play‘ y tras unos pantallazos psicodélicos en color cian, verde y magenta (que ríete tú del Polybius), los bordes de la pantalla se convertían en un arco iris de líneas multicolor que cambiaban de tono conforme se escuchaba ¡Piiii Pipiripiripipiiii Piiiiriipiiii… ¡Menuda marcha!.

Entonces, tras unos minutos de espera, aparecía la pantalla de carga que, debido al gran tamaño de los pixeles, normalmente no era más que la versión en punto de cruz de la carátula. Y tras una nueva tanda de pitos de verbena que se prolongaba durante más de cinco minutos, cuando pensabas porqué coño al tío que grabaron pitando no le daba un ataque al corazón o simplemente perdía el conocimiento tras quedarse su cerebro sin oxígeno, surgía un inesperado silencio que indicaba el fin de la carga y predecía al esperado menú del juego.

 

Aquellos fueron los comienzos de los tiempos de carga en un videojuego, pues una vez superada la primera parte había que poner a cargar la segunda cara de la cinta para continuar con el juego. Y es que aunque el cartucho parezca ser el único dispositivo inmune a este mal común de los videojuegos, el único cartucho que conocen algunos es el de papel que les dan cuando van a comprar los churros. Como les pasa a los aficionados al Scatergoris que han aceptado PC como plataforma de juegos, donde el tiempo de carga ha evolucionado cual pokemon convirtiéndose en un ente mucho más poderoso.

 

Primero la instalación, que dependiendo del tamaño del juego a veces acababas de pagar la hipoteca y tú todavía insertando el quinto disquete, o el tercer CD, o el segundo DVD (porque la mayor capacidad de los dispositivos de almacenamiento no asegura una reducción del número de unidades requeridas para la instalación). Y en segundo lugar, la configuración, proceso mediante el cual ajustas los requisitos del juego hasta darte cuenta de que tu equipo es tan sólo capaz de mover una pelota y dos palitos (y dad gracias, porque antes tenías que configurar la memoria de los juegos basados en DOS a través de los disquetes de arranque).

 

Vale que estos dos procesos sólo los tengas que realizar una vez, pero yo me he visto en ocasiones tan nervioso e impaciente por probar un juego que no atinaba a quitarle el envoltorio, así que tener que realizar toda esta liturgia era y es sinceramente un engorro. Pero además, en muchas ocasiones este proceso se dilata en el tiempo si desafortunadamente tras ejecutar el juego sale un pantallazo azul o un mensaje de error de Windows. Es entonces cuando recurres a la familia, y no a la tuya precisamente, sino a la de Bill Gates, ya que empiezas a cagarte en su padre, luego en su madre, y posteriormente en el día que decidieron tener descendencia.

 

Sin embargo, esto parece ser un efecto colateral de la presencia de disco duro en un sistema, ya que la nueva generación de consolas también lo está padeciendo a su manera. No en la Wii porque no tiene disco duro, no en la XBOX360 porque lo tiene pero para Microsoft como si no existiera, y si en la PS3. Yo sin ir más lejos reuní un día a toda mi familia alrededor del sillón del salón gritando: ¡Que tengo el GTA IV!, ¡que tengo el GTA IV!, ¡ya veréis!, ¡ya ve… Mientras aquello se instalaba nos pusimos a discutir sobre si tardaba mucho, sobre si tanto Bluray para nada, sobre si se iba a enfriar la cena, sobre si alguien quería cenar ahora, sobre si ya era muy tarde, sobre si… total, que al final nos hinchamos a ostias y del juego ya nadie se acordaba (así que en mi casa es verdad que el GTA incitó a la violencia, e incluso antes de probarlo).

 

Por eso para el MGS4 ya iba con la lección más que aprendida y no avisé a nadie sobre la adquisición del juego. En esta ocasión iba a disfrutar de una instalación más intima, más privada, fuera del entorno familiar. Y cuando vi a Solid Snake fumándose aquel cigarrillo pensé: ¡Coño!, ¡qué idea tan buena!, así te indica cuando va a terminar la instalación. Uno, dos, tres, cuatro, cinco, hasta seis cigarrillos llegué a contar en menos de diez minutos. ¡Joder!, ¿para que guarda la cajetilla?. Si yo nunca he fumado, y cuando terminó la instalación ¡tenía hasta mono de tabaco!.

Como veis los tiempos de carga o de instalación han acompañado a los videojuegos desde sus comienzos, y han aparecido en mayor o en menor medida en infinidad de juegos, ya que son inherentes a los soportes de almacenamiento magnéticos y ópticos. No sólo a la hora de empezar a jugar el juego, sino con las interrupciones lógicas del cambio de fase o incluso dentro de un mismo nivel (desesperante el caso de los juegos que aprovechan cada puerta como excusa para cargar los datos).

 

Sin embargo, los cartuchos de las generaciones pasadas y de las portátiles, junto a nuestro acelerado ritmo de vida, es lo que ha llevado a hacerlos tan molestos y a que se muestre ese ‘conejo blanco‘ interior que todos llevamos dentro, que nos incita a ganar cualquier segundo a nuestra ración de tiempo diaria. Hasta los más curtidos con los ordenadores y los PC de sobremesa no pueden evitar que en ocasiones estos tiempos les parezcan excesivos, probablemente también por la mala optimización que presentan algunos títulos a la hora de cargar los recursos (sin ir más lejos, me parece incomprensible que a día de hoy juegos como WWE SmackDown! vs. RAW 2006 en la PSP tarden cuatro minutos antes de poder ser disfrutados).

 

Pero al fin y al cabo, ¿para qué sirve un videojuego?, pues para divertirse. Así que recordad los tiempos pasados y mirad con otra cara el presente, y si tarda unos minutos pues que tarde, ya que salvo casos excepcionalmente claros de desgana o mal hacer por parte de los programadores, deberíamos tener un poco más de paciencia a la hora de disfrutarlos porque, en ocasiones, ‘lo bueno se hace esperar‘.

NEXTGEN: COSAS DE LA WII (ii)

Bueno, hoy toca nueva tira cómica, y en esta ocasión la perjudicada es la XBOX360, aunque realmente ella no tenga la culpa… Gracias por los comentarios anteriores, ya que vuestras opiniones me ayudan a mejorar. Aunque me resulta más fácil escribir que dibujar, voy a intentar hacerle caso a Franchuzas en cuanto encuentre un poquito de tiempo, a ver que sale…

Muchas gracias por vuestra visita y espero que comentéis que os ha parecido!

A los masoquistas que quieran ver de que van las tiras anteriores, aquí les dejo los enlaces… 

Cosas de la PS3 (i)

Cosas de la PS3 (ii)

Cosas de la Wii (i)

 

Por cierto, la GUERRA DE GUERRILLAS ya ha empezado… ¿Has escogido ya tu bando?…

Olvídate de la película ‘Che, el argentino’, aquí para revolucionario ya tenemos a Logan

GUERRA DE GUERRILLAS

La paz y la tranquilidad reinaban en la comunidad de Gamefilia hasta que un elemento ajeno al mundo de los videojuegos sembró la semilla de la discordia entre los blogueros causando la peor guerra de ‘guarrillas’ (uy, perdón, quise decir guerrillas) vista en una bitácora.

Todo comenzó con la aparición de una inocente imagen en un bloque lateral cuando muchos de los blogs aún se hallaban despertando de su letargo vacacional. Dicha imagen invitaba a los visitantes a unirse sin contemplaciones a un bando, pero yo como siempre, no lo tenía claro.

Olvídate de la película ‘Che, el argentino’, aquí para revolucionario ya tenemos a Logan… 

Así que para tener una mejor opinión al respecto, salí dispuesto a convertirme en uno de esos reporteros que no dudan ni un momento en acudir allí donde se forma la merimorena (por eso de estar en Meristation), y no me refiero a los de ‘Está pasando’, sino a los reporteros de verdad, los reporteros de guerra.

Pero como soy consciente de que uno no puede salir a un campo de batalla así, sin más, sin protección alguna, me puse mi condón favorito y un casco improvisado con una de las macetas que mi tía tiene en la azotea.

Sin embargo, me daba vergüenza salir con un tiesto lleno de motivos florales, así que antes de hacer nada lo pinté de color marrón caca por eso de que a mí personalmente me parece una mierda cualquier tipo de guerra o confrontación, y ésta con más motivo, pues había sido causada por el sexo.

Y es que a nadie se le escapa que siendo el chocolate su sustitutivo, es normal que en Gamefilia estén todo el día pensando en la Nutella o la Nocilla, lo cual no hace sino confirmar mis sospechas de que son todos unos salidos.

Tras esperar un tiempo prudencial para que se secara la pintura, me dispuse a salir a pleno campo de batalla. El paisaje no podía ser más desolador ni más dulce.

Por un lado, el frente pro Nutella, lanzaba huevos Kinder a modo de granadas pero sin la sorpresa de dentro (¡qué cabrones!), y por el otro, el grupo liberador Nocilla arrojaba botes de cristal rellenos tan sólo con la crema blanca y con la otra mitad vacios.

Me arrastré como pude entre el fango de cacao hasta llegar al borde de una de las trincheras donde un blogger me amenazó apuntándome con una barrita de Kinder Bueno.

¡Alto ahí!. ¡Ese chocolate que llevas es demasiado oscuro para ser de Nutella! – exclamó.

Eee… es pintura… es un casco color marrón… – balbuceé.

¡A mí no me engañas!. ¡Eso es una maceta!. ¡Seguro que te envían los de Nocilla para espiarnos la fórmula!

¡Pero si el porcentaje de los ingredientes viene en la etiqueta!. ¡Vengo en son de paz!

¡Aquí no hay paz que valga!. ¡Estás con ellos o con nosotros!. ¡Decide!.

Hmm… no sé… ¿Vuestra marca es de confianza?. Es que como es Italiana y yo le tengo tanta tirria a su equipo nacional de fútbol…

Quita, quita. ¡Si sus productos son buenísimos!. Deberías probar las bolitas de Ferrero Rocher…

¿Éstas bolitas?. ¡Qué buena pinta!. Aunque saben un poco raro… ñam… ñam… ¿Por qué le habéis quitado el envoltorio dorado en el que venían?

¡Pero qué haces desgraciado!. ¡Te estás comiendo las cagadas de la cabra que tenemos como mascota!. ¡Largo de aquí, asqueroso!.

Y así fue como regresé al campo de batalla, sin nada nuevo que contar y con una halitosis terrible, por lo que decidí arrastrarme hasta llegar al bando contrario.

¡Alto ahí!. ¡Hueles demasiado a avellanas para ser de Nocilla!

Eso es porque no me has olido el aliento…

¡Joder!. ¡Tienes razón!. Apesta a…

Uno de los productos de Michelle Ferrero, con sabor a mierda de cabra…

Así que no te gustan los producto de Ferrero, ¿eh?. Entonces eres de los nuestros… Entra, entra…

Nada más introducirme en la trinchera un escalofrío recorrió mi chocolateado cuerpo, pues en aquel lugar sólo se podían ver vejestorios más cascados que Solid Snake en Metal Gear Solid 4.

¡Bienvenido!. ¡Nosotros somos la ‘generación Nocilla’!.

Ya… pero… ¿de qué siglo?.

Me encanta tu sentido del humor. Necesitamos a gente como tú, savia nueva que sepa transmitir a las nuevas generaciones el valor de las buenas tradiciones. ¿Te gusta la Nocilla?.

Hombre, la Nutella sabe más a avellana, es menos dulce, y resulta más fácil de untar…

Es cierto, estos sándwiches de degustación están para cagarse por patas…

¿Cómo?. ¡No me puedo creer que os estéis rindiendo!. Ñam, Ñam… dejádmelos a mí… Ñam… Ñam… ¡No voy a dejar que os tienten!.

¡Pero qué haces desgraciado!. Están para cagarse por patas porque les hemos puesto laxante!. La idea era colocárselos delante de sus narices y cuando los probaran…

Ñiiiii…

Si, efectivamente, esa era la cara que iban a poner… así, totalmente lila…

¡Dioooosss!. ¡Que no llegoooo!.

Efectivamente, luego se tenían que agarrar el culo con las dos manos, así de esa forma, apretando los dientes… ¡eh!, ¿a dónde vas?.

Y me fui, pero literalmente. En pleno campo de batalla me bajé los pantalones y empecé a crear más chocolate que suizos y belgas juntos. Y mientras hacía lo que hiciera falta con tal de terminar con aquellos retortijones, ante la mirada atónita de ambos bandos, un bote de crema de cacao y avellanas de la marca Hacendado se me cayó de los bolsillos…

Lo último que recuerdo es verme a mí gritando ‘¡me gusta más esta marca porque sale más barata!’, mientras un centenar de huevos Kinder y vasos de cristal a medio llenar se abalanzaban sobre mí.

Desperté días más tarde en un hospital. Los médicos dijeron que me había salvado por muy poco, que me habían sacado chocolate hasta de los huesos del oído, y que de no ser porque llevaba puesto mi condón favorito hubiera tenido cacao en el 100% de mi cuerpo.

Lo único que espero es que ésta traumática y dolorosa experiencia os sirva de algo y os ayude a reflexionar en pos de un mundo en armonía donde poder untar lo que uno quiera sin sentirse bajo sospecha o amenaza. En esta era de globalización, de horizontes sin límites, los gustos de las personas no deberían estar sometidos a la presión mediática ejercida por dos marcas. Por cierto, hablando de chocolate, me apetece una taza, pero no sé cual tomar… ¿ColaCao o Nesquik?.

¿Tú cual prefieres?. ¡Rápido, decídete, y comenta aquí tu respuesta!.

COMO CONVERTIR A UN EXPLOTADOR EN UNA ESTRELLA DE LOS VIDEOJUEGOS

Hoy os voy a hablar de algo muy serio. Tan serio como la triste realidad que se esconde tras una falsa fachada de fama y éxito. La luz de la superestrella que todos creen ver en las portadas de los juegos y de las revistas no llega ni para iluminar la bombilla del cuarto de baño de la Hormiga Atómica. Os voy a hablar de la miserable vida de Mario, el protagonista más mezquino y más cabrón que haya pisado el escenario de un videojuego.

El afable y bonachón personaje ha creado su carrera profesional en base a montones de engaños, estafas, y mentiras, pero pocos son los que se han percatado de ello. Lamentablemente, queridos Nintenderos, yo voy a abriros los ojos, así que agarraos el paquete (los salidos por favor dejad detocaros los güevos, ya que me estaba refiriendo al de los cleenex) porque aquí empieza la terrible y verdadera historia del icono de la gran ‘N’ japonesa (No, la ‘N’ no viene de Nestlé… he dicho japonesa… joder, es que hay que explicároslo todo…)

Como todos sabéis Mario empezó siendo carpintero y yo no sé que tienen los carpinteros (aparte de un buen serrucho) que son como la San Miguel, pues ‘donde van triunfan’. Ya en el pasado, San José que se dedicaba a clavar tachas con la punta de… su martillo, tuvo un niño al que llamó Jesús y le salió echo un Cristo, lo cual fue noticia de portada hasta en la propia Biblia. Luego vino Harrison Ford, que a pesar de ser carpintero se dedicó al mundo del cine sin haber tenido tablas. Y ya el colmo fue este tal Mario, que quería ser famoso a toda costa y al final lo ha conseguido. Algo tan impensable y escalofriante como si un día te levantaras y vieras a Malena Gracia convertida en estrella de Hollywood.

No existe nadie que conozca el nombre real de este señor, pero lo que si tengo claro es que antes de llamarse Mario todos le conocían como ‘Jumpman’o el ‘Hombre Salto’, ya que a nadie se le escapaba la cara de trepa que tenía. El caso es que Mario, que era un regordete que se dedicaba a encerrar animales y a exhibirlos en el circo, tenía una novia de pelo rubio llamada Paulina (no, no era Paulina Rubio). Hasta aquí no difiere en nada de lo que ya hemos visto en las biografías de Ángel Cristo y Bárbara Rey, y con esto no quiero decir que ellos sean el Mario y la princesa Peach españoles, sino que Mario y Paulina eran muy admiradores de esta pareja circense.

Pues bien, Mario trataba como el culo a DK, que era el ‘gorila’ de su circo, y aparte de estar en la puerta controlando la entrada de la gente al interior de la carpa, le obligaba a hacer horas extras y lo tenía todo el día haciendo recaditos. De hecho, el diminutivo DK que con el que Mario le llamaba venía de Donkey Kong o ‘Mono Idiota’.

Pero un buen día a Kong, que era muy aficionado a ver el canal Fox, se le hincharon las pelotas (y no me refiero a las que utilizaba en sus clases de pilates), así que se dio a la fuga tras ver el último capítulo de Prison Break. Sin embargo cometió el error de llevarse a Paulina consigo a modo de rehén. Vamos a ver Kong. ¿Qué episodio de la serie te perdiste?. ¿Acaso Michael Scofield se escapó con la doctora Sara Tancredi por muy enamorado que estuviera?.

Como Kong tenía mucho pelo en el cuerpo pero pocas luces en la cabeza, se dirigió con Bárbara Rey, perdón, quise decir con Paulina, a una fabrica de Heineken a celebrarlo, y se cogió tal borrachera que terminó en el último piso lanzando barriles de cerveza al ritmo de la Macarena.

¿Y que tiene todo esto de malo?. ¡NAAADA!. ¡Señores!, ¡que levante la mano quién no haya mandado a la mierda a su jefe el explotador y lo haya celebrado yéndose de botellón y tirándose a la mujer de éste!…¿Sólo uno?… Bueno… pues… ¡quién no ha dejado un trabajo inaguantable y ha salido por la noche a celebrarlo!… ¡Aja!, ¡lo sabía!…

Lo que os vengo a decir es que DK aparte de pedir las copas en nombre de Mario, no hizo nada que no hubiera hecho alguno de nosotros. Sin embargo, ¿que coño hacía la gente vitoreando y animando a Mario?. Pues yo tengo la respuesta, y es que tanto cine y televisión no pueden ser buenos…Como diría sr. Nutella más conocido como Logan Keller, cuanto daño han hecho los remakes de King Kong (exceptuando el de Peter Jackson). Y es que lo que pasó después nos muestra hasta que punto puede llegar la hipocresía humana.

Mario aprovechando el estado de embriaguez de Kong puesto que aún no se había inventado la cerveza ‘SIN’, lo encierra en una jaula y lo esconde en la selva con el fin de venderlo a un friki-fan de ‘El Planeta de los Simios’ que quería disecarlo.

¡Pero tío!, ¡Se te ha ido la pinza completamente!. ¡Mario no puede hacer eso! – os escucho gritar interiormente (sobretodo a los que estáis viendo esto en horas de trabajo)

Pues no, ni falta que me hace, porque hay que aprender a leer entre líneas… ¿Qué pasa?. ¿No os suenan de nada las Game&Watch?. ¿No os suena el juego Donkey Kong Jr.?. Aaaah, ya empezáis a recordar, ¿eh?. No obstante, para los que os suene todo esto a chino, o no os guste esa nacionalidad y directamente os hagáis los suecos, aquí está la prueba que corrobora mis palabras…

He aquí la pantalla del juego de la Game&Watch Panorama de 1983 donde Mario está rascándose el pito en una rama mientras observa impasible el cruel sufrimiento al que es sometido este gorila privado de su libertad.

¿Sorprendente, eh?. Pues más sorprendente fue ver como la gente babeaba al ver a Donkey Kong Jr. rescatando a su padre de las garras de este rufián. ¡Qué bonito!, ¡es tan pequeño y adorable!, ¡pero que monadas hace este monito tan mono! – decía el público en general. ¡Señores!. ¡Déjense de redundancias!. ¡Si el pobre bebe gorila tenía que escapar de una banda de pájaros con más mala leche que los que salían en la película de Hitchcok, y encima tenía que sortear un abismo insondable de agua para salvar a su padre! (vale, no era un abismo insondable de agua sino un charco, ¡pero es que el pobre no sabía nadar!).¡Donde cojones veían lo bonito!.

Por suerte, tras su rescate Donkey Kong pudo rehacer su vida y fue perdonado por el público, consiguiendo de esta manera reintegrarse en la sociedad, crear una familia, e incluso hasta tener su propia serie de videojuegos. Pero, ¿que pasó con Mario?. Y sobretodo, ¿porque nadie se acuerda de esto?. Pues porque el muy astuto y cabrón dejó su relación con Paulina, se fue a vivir con su hermano Luigi, se cambió el nombre de Jumpman por el actual Mario, empezó a salir con una tal Peach, y además abrió un negocio dedicado a la fontanería en un sitio de mala muerteconocido como Mushroom Kingdom o Reino Seta. Como para encontrarlo…

A partir de aquí la historia de sus éxitos se escriben con letras de oro (o al menos en código HTML) en la Wikipedia, pero ahora todos sabéis la verdad que se oculta tras este oscuro personaje al que agitáis con un ‘palito’ cuando jugáis al Mario Galaxy…

Si piensas que Mario es mala persona:

PON UN COMENTARIO CON LA FRASE ‘MARIO APESTA’ EN EL ASUNTO

Si por el contrario piensas que es buena gente:

PON UN COMENTARIO CON LA FRASE ‘MARIO FIESTA’ EN EL ASUNTO

Si piensas que prefieres a Sonic u a otro personaje:

PON UN COMENTARIO CON LA FRASE ‘MARIO SIESTA’ EN EL ASUNTO

Si sencillamente no piensas…

PON UN COMENTARIO CON LA FRASE ‘¿QUIEN COÑO ES MARIO?’ EN EL ASUNTO

Si vas a dejar este blog sin comentar algo…

PON UN COMENTARIO CON LA FRASE ‘YO ES QUE TENGO PRISA’ EN EL ASUNTO

Los participantes ganarán directamente y sin sorteo previo un maravilloso espacio donde ubicar sus comentarios en esta entrada. ¡No dejes pasar esta oportunidad y comenta!.

NEXTGEN: COSAS DE LA WII

Bueno, hoy toca nueva tira cómica, y por si os habéis perdido alguna de las anteriores aqui os de dejo sus enlaces:

Cosas de la PS3 (i)

Cosas de la PS3 (ii)

En esta ocasión la perjudicada es la Wii, que vé como las demás le critican su poca capacidad multimedia. ¿Nadie les ha dicho que los buenos perfumes se venden en frascos pequeños?…

Muchas gracias porvuestra visita y espero que comentéis que os ha parecido!

UNA VIDA NO ES SUFICIENTE

Allí estaba yo, cual mosca cojonera, pegado a la derecha de mi amigo. Mis ojos se movían en sus cuencas a una velocidad pasmosa, de arriba abajo y viceversa, intentando grabar cada segundo en mi cabeza, intentando memorizar cada detalle. Porque por aquel entonces, una vida era muy importante, mucho más que ahora, ya que el precio de la vida rondaba… las 25 pesetas.

Si, lo reconozco, yo viví aquella época en la que algunas monedas aun tenían grabadas la silueta de Franco, y en la que cuando te hacías un chichón en la frente venía tu abuela y te apretaba tan fuerte una de estas monedas sobre la zona hinchada, que al final se te quedaba grabado en relieve el perfil del Rey o del Generalísimo. El chichón desaparecía, por supuesto, aunque no sé si por el susto de ver la cara de loca que ponía mi abuela mientras corría sin dentadura hacía mí moneda en mano, o porqué de tanto apretar me metía el chichón para adentro en vez de dejarlo hacía afuera. Y es que por lo visto ella no sabía de la existencia del hielo, aunque ni falta que le hacía, porque aquello realmente le funcionaba.

El caso es que con cuatro monedas de esas yo ya tenía para jugar a las recreativas, por lo que no era de extrañar que me golpeara la cabeza un par de veces entre semana (que le íbamos a hacer, es que siempre he sido muy torpe). Luego, quedaba con mis amigos y nos íbamos a las boleras, unos antros de mala muerte llenos de mesas de billar y alguna que otra máquina, donde estaba mal visto que niños como nosotros entraran. Pero allí estábamos, sorteando quién sería el primero en jugar, y mientras todos rezaban que les tocara a ellos, yo lo hacía por quedarme el último.

La causa de esto viene de los extraordinarios reflejos con los que he sido dotado desde el día de mi nacimiento, ya que si el sentido arácnido de Spiderman se debía a la picadura de una araña, la lentitud de los míos se debe a la mordedura sin duda de una mosca Tse-Tsé, esas que te contagian la enfermedad del sueño. Así que si por algún casual me tocaba ser el primero, yo era carne de cañón, y el protagonista moría a los dos minutos de juego porque las máquinas de antes no se andaban con chiquitas. Me rio yo de los niveles de dificultad del tipo Modo Superviviente, Modo Extremo, Modo Dios, Modo Salvaje, Modo Desafío, Modo Quetedén o Modo Pacagarseporpatas. Los niveles de dificultad no existían, eran un mito, y nada más empezar a desplazarte hacía la derecha aparecían siete disparos que iban directos a tu cabeza (si, todos los protagonistas iban a buscar al malo de turno siempre a la derecha, y no, no era porque los malos estaban afiliados al PP). Por suerte, las balas podían ser esquivadas, ya que eran más grandes que los implantes mamarios de Pamela Anderson y se desplazaban más lento que el coche de Fernando Alonso en su segunda etapa con Renault (si, siento tener que abriros los ojos pero Max Payne no inventó el tiempo bala, antes venía incorporado por defecto en todos los juegos árcade).

Así que, como decía en un principio, allí estaba yo cual mosca cojonera, archivando en décimas de segundos más datos que el robot de la peli ‘Cortocircuito’, como el número de enemigos en pantalla, la zona en la que aparecían, el número de impactos para ser derrotados, forma de esquivar los proyectiles, tiempo que quedaba para la merienda, etc. De esta forma, cuando llegaba mi turno, tras introducir una moneda en contestación al mensaje de ‘Insert Coin’, mi mente comenzaba a reproducir en mi cabeza todo lo visto anteriormente y mis manos se comportaban como un autómata hasta que lograba alcanzar un punto en el que nadie había estado antes, y no me refiero al Karma, me refiero a un nuevo nivel. A partir de ese momento, ante la mirada atónita de mis amigos y sus bocas abiertas llenas de asombro, la vida de mi personaje quedaba en manos de la diosa fortuna.

Y no hay dolor más grande y más profundo en esta vida llena de sprites (me refiero a los gráficos y no a los refrescos) que la de ver aparecer en pantalla la frase ‘Continue?’. Entonces no hacía falta saber idiomas para darse cuenta que lo que había pasado a mejor vida era tu moneda y no quedaba otra que volver a insertar una nueva si uno quería reiniciar la fase, por lo que la vida de tu protagonista siempre era directamente proporcional al número de monedas guardadas en el bolsillo. En eso si que son realistas las recreativas, porque la probabilidad de seguir con vida depende en gran medida del nivel de riqueza.

Y es que antes de aparecer Nintendo, los programadores de videojuegos creían que los ‘casuales’ eran los que entraban a jugar a las boleras sin llevar monedas sueltas y tenían que solicitar cambio, por lo que los juegos estaban basados en una célebre serie de televisión llamada ‘Fama’ y que decía: “Queréis la fama. Pero la fama cuesta y aquí es donde vais a empezar a pagar”. Porque estar entre las diez mejores puntuaciones costaba sangre, sudor, parte del dinero ahorrado para tus estudios y el gasto de casi toda la herencia familiar. Todo esto para poder poner tus iníciales. ¡Iníciales!, ¡tanto esfuerzo y sufrimiento para que sólo te dejaran escribir tres letras!.

¡Mirad!, ¿veis ese tercer puesto con 3.567.832 puntos?. Pues ese soy yo, ALB, Andrés Loira Barrero.

¡Pero que dices!, si esa la hice yo el otro día, ALB es de Antonio Lotina Buenafuente.

¡Pero de que vais!, ¡si esa puntuación es mía!. ¡Si ALB viene de Alberto!.

Pero había una cosa peor que te quitaran la vida poco antes de acabar con el jefe final, peor que no insertar la moneda antes de los diez segundos que duraba el ‘Continue?’ en pantalla, y era… acabar el juego. Terminar uno de aquellos juegos era una experiencia en muchas ocasiones traumática, porque después de haberte arrastrado por pantanos, ciénagas, volcanes, planetas, cavernas y bosques, de haberte enfrentado a dragones, extraterrestres, malvados y mutantes, y de haber rescatado a la doncella, novia, mujer o amiga de turno, lo único que hacían aquellas estúpidas máquinas era mostrar un frio y distante mensaje de ‘congratulations!’. Y al no ver ni un modesto gesto de agradecimiento por parte de la rescatada en pantalla (con o sin lengua), presa de tu frustración gritabas:

¿’Congra’ que?. ¡Joder!, ¡con todo lo que he hecho ME tendrían que estar besando el culo!.

A lo cual la recreativa te respondía poniendo la misma musiquilla del principio y mostrándote un listado llamado ‘Credits’ de todas las personas a las que TU deberías besar el culo por haber creado semejante juego para tu ocio y esparcimiento.

Así que cuando os jactéis de jugar en el modo de dificultad más elevada, cuando grabéis la partida a mitad de una fase, o cuando os paséis diez minutos visionando el video final de un juego, recordad la de chichones que costaba poder tener una vida de la de antes.

 

¡SALUDOS ELECTRIZANTES!