RETROJOYAS: CHAMPIONS OF NORRATH – RETURN TO ARMS

Cualquier parecido con el blog JuegosPeligrosos de Franchuzas es pura coincidencia… Bueno, vale, lo he puesto para ver si os creéis que es su blog y así os animáis a leer esta entrada…

Bienvenidos una vez más a mi sección Retrojoyas sin ‘P’, donde se repasan los títulos que a pesar de no aparecer en el Top Ten de la plataforma para la que fueron diseñados, si que se merecen un puesto privilegiado en cualquier ludoteca que se precie. Hoy le toca el turno a un título que encarna lo mejor del género ‘Saja y Raja’ (Hack&Slash).

En 1996 una terrible plaga apareció en los PC de muchos jugadores que como yo cayeron inevitablemente bajo los efectos de su increíble jugabilidad. Blizzard fue la compañía culpable de las enormes ojeras que se reflejaban en mi cara, más grandes que dos bolsas del Carrefour, y de las legañas que a duras penas me dejaban ver lo que estaba sucediendo en pantalla. A nadie se le escapa que ‘Diablo’ revolucionó el concepto de los Action RPG adaptándolo de forma excelente a la mecánica del ratón mediante la técnica ‘Apunta y Dispara’ (Point&Click.)

A pesar de la ingente cantidad de juegos de calidad dentro de este género que han salido en PC, el catálogo para las consolas no ha tenido tanta fortuna. En diciembre de 2001 Snowblind Studios sorprendió con una soberbia adaptación de la saga Baldur’s Gate para PS2 bajo el nombre de ‘Dark Alliance’, un trepidante juego de acción que incluía algún que otro toque de rol al introducir unas pocas reglas de la tercera edición del mundo de Dragones y Mazmorras (como base para los combates, los atributos del personaje o la evolución de los niveles, aunque sin tanta profundidad como en la saga de PC), y que destacaba por su sencillez, acción, jugabilidad, y ambientación. A la estela de su éxito, tres nuevas versiones salieron al mercado mejorando lo ya visto anteriormente (‘Dark Alliance II’, ‘Champions of Norrath’, y ‘Return to Arms’), siendo este último el que llevó a la saga a la máxima expresión, convirtiéndose a día de hoy en el mejor referente de este tipo de juegos visto en una consola.

Si fuera por el diseño de la portada no lo compraba ni Dios… ¿Pero porqué nadie le dijo al del fondo que sonriera cuando estaban sacando la foto?

Como todo ‘Saja y Raja’ que se precie, el desarrollo del juego es muy sencillo (para complicarte la existencia ya están los sudokus) ya que consiste únicamente en atravesar fases plagadas de enemigos de diferentes colores y tamaños para subir el nivel de nuestro personaje a través de los puntos de experiencia obtenidos tras sus muertes. En cada fase existe una misión principal y una serie de misiones secundarias o aventuras proporcionadas por PNJs (personajes no jugadores), que terminarán enfrentándonos con un enemigo final que además de un mayor tamaño también posee una gran barra de vida y unos diferentes patrones de ataque. Derrotados estos jefes deberemos retornar para informar al personaje que nos encomendó la misión y así avanzar en la trama. Sin embargo no todas las misiones son obligatorias, ya que algunas solo sirven para acumular experiencia, obtener objetos especiales, o conocer pequeñas historias o hechos relacionados con algunos personajes secundarios.

Para ello el juego nos da la opción de elegir a nuestro héroe entre siete clases/razas distintas, y personalizarlo con un nombre (hay que bautizarlos antes de jugar), sexo (aquí no valen las ambigüedades), color de pelo (a base de tinte Loreal), tono de piel, y lo más fundamental, el tipo de peinado (de entre los muchos diseñados por Llongeras). Las clases/razas disponibles son las cinco de toda la vida:

-Guerrero, devastador en el combate cuerpo a cuerpo y experto en el uso de armas de dos manos (que sería de un juego de fantasía heroica sin un Conan que se precie)

-Explorador, domina el combate cuerpo a cuerpo con el uso de armas a distancia (y lo mejor de todo, el personaje femenino está cañón)

-Elfo Oscuro, combina su habilidad en el combate cuerpo a cuerpo con el uso de magia negra (jugar con el y llamarlo Drizzt Do Urden, es lo mejor que te puede pasar en esta vida para los seguidores de R.A. Salvatore)

-Clérigo, experto en poderes de sanación o protección, y el uso de armas romas como mazos (invocar al dios del airbag para evitar los golpes tiene que ser la leche)

-Mago, experto en ataques mágicos (¡temblad Tamariz y Copperfield, temblad!)

Junto con dos nuevas razas que son la poll… la bomba:

-Shaman, combina el ataque mediante conjuros y el uso de armas (dar caña con un lagarto personalizado en lo referente al color, cuernos, y crestas, aunque lo llames Juancho, no tiene precio. No he visto nada igual, el diseño de su equipamiento es simplemente alucinante).

-Berserker, bajo la forma de tigre, león, o pantera (te da la opción de elegir cual es tu tipo de felino favorito, pero no te deja escoger Angora) se esconde un guerrero enfocado a causar sólo daños extremos ya que carece de escudo.

Sinceramente, los Iksar son uno de los mejores personajes con los que he jugado en un videojuego… lagarto, lagarto…

Esta elección no sólo afectara a la apariencia física de tu personaje, sino a sus atributos, ya que estos no pueden ser definidos desde cero sino que cuentan con unas puntuaciones predeterminadas, con sus propias ventajas e inconvenientes. Aunque el juego permite la personalización posterior de estos añadiendo a tu elección una serie de puntos a:

-La Fuerza, que afecta a la cantidad de daño que se puede causar en el combate cuerpo a cuerpo y a la cantidad de peso capaz de transportarse (¿Qué te creías?, ¿qué se ganaba a base de entrenar en el gimnasio?. ¡Iluso!)

-La Inteligencia, que afecta a la cantidad de mana disponible por el personaje para invocar las magias y a la velocidad de su regeneración (tranquilo, no hace falta ser ningún superdotado para superar el juego)

-La Destreza, que afecta a la precisión de tus ataques con armas así como a la cantidad de daño causado por ellas

-La Estamina, que afecta a la cantidad de vida disponible por el personaje y a su velocidad de regeneración

Tras esto, con un refresco y unos Munchitos, ya tenemos todo lo necesario para entrar en juego, pero dejad que os ponga en situación contándoos por encima cual es el argumento. Innoruuk (un tio más malo que su nombre) ha sido destruido, pero la influencia de este Príncipe de Beukelaer del Odio persiste y una nueva puerta hacia los planos del poder se ha abierto amenazando su actual existencia. Firiona Vie (una chica playboy) te ha invocado para que le ayudes a detener este nuevo asalto. En tu mano está decidir si un Campeón de Norrath como tú prefiere seguirla en el sendero de la luz, o si por el contrario te gusta más Natasla (la buenorra de su antagonista) y la acompañas hasta su apartament… por el sendero de la oscuridad. Esto que parece una decisión trascendental, el bien o el mal, se complica aún más cuando el que juega es un chico. ¿La rubia o la morena?, ¡Dios no se que hacer, las dos están para mojar el pan!.

Por mi no os peléis chicas, que puedo jugar con las dos… es lo que en el argot videojueguil denominan rejugabilidad…

El inventario es una parte importante en este tipo de juegos, ya que los atributos físicos de nuestro personaje decidirán el peso de la carga que este es capaz de soportar y este depende en gran medida del peso de los objetos que forman parte de nuestro equipo, el cual se compone de armas, armaduras, y complementos (si tu personaje es femenino, lleva un bolso adicional para el maquillaje).

En la sección de armas aparecerán todo tipo de espadones, espadas, cimitarras, sables, dagas, hachas, mazas, martillos, lanzas, arcos, ballestas (de todo salvo grapadoras y clips de oficina), con sus respectivas variaciones de tamaño, peso, manejo, y unas enormes posibilidades de modificación. Es decir, cada objeto ocupará un determinado número de casillas dentro de tu inventario, por lo que las armas más grandes y pesadas disminuirán tanto tu capacidad de carga como de movilidad. Además éstas pueden clasificarse en rápidas, normales y lentas, por lo que habrá que decidir si realizar un movimiento lento pero devastador, o varios pero sin tanta contundencia (casi igual a lo que le ocurre a las parejas en la cama). En cuanto al manejo algunas sólo pueden ser utilizadas a dos manos, lo cual aunque aumenta considerablemente nuestra potencia de ataque, impide que podamos estar bajo la protección de un escudo. Otra de las posibilidades es la de equipar al personaje con dos armas de una mano simultáneamente (en vez de usar el escudo), con lo que el poder destructivo también aumentará notablemente de esta forma. Respecto a las armaduras tenemos de todo y en oferta, cascos, petos, pantalones, guantes, y botas, con las mismas limitaciones en cuanto a espacio y peso. Todos estos objetos cuentan con unas ranuras en las que podremos insertar elementos para variar sus atributos y conseguir efectos beneficiosos, dichos objetos se mostrarán en azul, mientras que los objetos que no puedan ser utilizados por tu personaje por ser incompatibles con su clase/raza aparecerán iluminados en rojo (no hay nada más jodido que conseguir una megasuperarmabestial pero resulta que tu personaje no puede utilizarla).

El espacio dedicado a los objetos lo ocupan pociones, pergaminos y joyas. Mientras las pociones se dividen básicamente en las que recuperan vida, maná, u ambas (aquí echo en falta alguna para aliviar la tos), los pergaminos de umbral nos trasportarán hacía el punto seguro más cercano (si utilizas otro pergamino podrás volver al punto en el que te encontrabas al principio), y las joyas como medallones, pendientes, anillos, y figuras, una vez equipados servirán para aumentar los atributos de nuestro personaje. Existe un último grupo de objetos (cristales, piedras, gemas, trozos de chicle, etc) que, como comenté con anterioridad, insertados en las armas y las armaduras consiguen alterar y mejorar su comportamiento, dándonos ventajas de forma pasiva como daño por fuego (impresionante los efectos de luz de las armas flamígeras, venenosas, o gélidas), mayor velocidad, etc.

Esto si que es un arsenal de armas y no lo que aparece en HALO, sólo le falta un par de imperdibles y una escoba…

La forma de obtener estos objetos es recogiéndolos de los enemigos muertos, mediante cofres, o adquiriéndolos en tiendas con el dinero recolectado, donde además podremos vender cualquier objeto de nuestro inventario para conseguir un poco de dinero extra (la crisis ha llegado hasta a los personajes de videojuegos).

Los hechizos son de dos tipos, los pasivos que están en acción permanentemente y permiten aumentar determinados atributos del personaje, y los activos, que son los que lanzamos contra los enemigos o sobre nuestro propio personaje y que necesitan ser activados mediante un botón del pad. Conforme aumentemos nuestra experiencia podremos distribuir nuevos puntos para ir adquiriendo nuevas habilidades o hechizos, o desarrollar hasta niveles insospechados los que tenemos ya aprendidos.

El apartado gráfico de Return to Arms es excelente, ya que exprime al máximo el motor 3D de Snowblind, el cual es capaz de mover una gran número de enemigos y objetos en pantalla a la vez que se ejecutan logrados efectos especiales sobre unos escenarios bastante detallados (ja, ja, me rio yo del Dinasty Warriors). De este modo podremos observar como se generan efectos de luces y sombras en tiempo real (a causa de las antorchas por ejemplo), los cuales no sólo influirán en los personajes que aparecen en pantalla sino que también provocarán reflejos y brillos sobre la superficie de los objetos que decoran los distintos niveles del juego.

Como electroduende que soy os digo que aquí se han gastado un montón de pasta en los recibos de la luz… ¡cuantos efectos de iluminación!…

Por si esto fuera poco, el uso que hace el motor de las cámaras es sencillamente sobresaliente, puesto que la perspectiva isométrica mostrada del terreno puede ser rotada 360 grados o aumentada/disminuida haciendo únicamente uso del stick analógico derecho del pad, con lo que ningún elemento del escenario puede quedar fuera de nuestro alcance (vamos, que nuestro campo de visión es casi tan bestial como el ojo de Sauron).

Los distintos escenarios son muy numerosos al igual que la cantidad de niveles, y sus texturas representan perfectamente el ambiente de cada uno de ellos, pudiéndose encontrar en su interior mazmorras inmensas o laberínticas cargadas de buenos detalles (como hogueras, ratas, y otros animales u objetos) aunque con decorados algo reiterativos (es lo malo de ir a IKEA, que al final todo el mundo acaba teniendo los mismos muebles en casa).

Pero lo mejor del juego son los espectaculares efectos de luces y partículas que presentan las armas y armaduras encantadas, o que aparecen a la hora de mostrar las magias y las explosiones, ya que su gran calidad logra una increíble ambientación y una mejor inmersión del jugador dentro de la acción. Además, el efecto del agua merece ser destacado aparte, ya que es una de las mejores representaciones de este medio vistas en el hardware de esta maquina pues, transparencias aparte, consigue recrear los efectos de las ondas generadas por el paso de los personajes sobre un fluido (bueno, realmente parece que andamos sobre mercurio, pero haced como si yo no os hubiera dicho nada).

Ya lo dice el refrán, el que parte y reparte se lleva la mejor parte… esta es la dinámica de los ‘Hack&Slash’…

Por otro lado, los modelados de los personajes son bastante notables (para aquella época), y las animaciones de estos se encuentran recreadas con una fluidez y naturalidad digna de elogio, siendo muy vistosas y variadas tanto a la hora del ataque como de la muerte. Otros de los elementos que logran elevar la calidad gráfica del juego es que el aspecto de nuestro personaje se ve afectado en gran medida por la forma de las armaduras y las armas que llevemos equipadas en ese momento, y que existe una gran variedad de criaturas (arañas, escorpiones, orcos, goblins, ogros, esqueletos, ciclopes, minotauros, tejones, trasgos, grunts, escarabajos, warboars, tormentors, amphians, creeps, monstruos marinos, hombres de las nieves, teletubbies… bueno, por fortuna estos últimos no aparecen en el juego, pero acojonan bastante) a las que enfrentarnos a lo largo del juego (aunque realmente no varían mucho dentro de un mismo nivel). Todo este conjunto de excelencias y bondades técnicas consiguen mostrar en pantalla un ambiente bastante realista que logra la inmersión del jugador en la historia.

No ocurre lo mismo con las escenas de vídeo recreadas con el motor del juego y que se incluyen para ayudar al desarrollo de la trama, ya que estas no tienen ni la calidad ni el nivel de lo ofrecido en otros títulos del catálogo de PS2, debido en gran medida a la simplicidad de las mismas (vamos, que si los que hicieron estos videos hubieran animado Beowulf, directamente los espectadores se hubieran suicidado cortándose las venas con los bordes de la butaca).

Algunos enfrentamientos con los enemigos finales son realmente impresionantes, como el de este dragón y su guarida del tesoro… recuerdo que aquí dije… ¡huye, por dios, huye!…

Respecto al apartado sonoro, los temas que suenan durante el desarrollo del juego, a pesar de ser épicos y recrear perfectamente el ambiente del mismo, no pasarán a los anos… digo, anales de la historia. Sin duda, esto se debe a que estos en su mayor parte están relegados a ser un mero acompañamiento de la acción, siendo casi imperceptibles, y sólo destacan en momentos importantes dentro del juego, como ante los enfrentamientos con los jefes finales. No obstante, contiene un par de melodías bastante notables y de bastante calidad (¡Qué esperabais!, ¡ni que los hubiera compuesto Vangelis, o Ennio Morricone!).

Sin embargo, el sonido es otra de las bazas importantes de las que dispone el juego para recrear toda la acción que tiene lugar en el campo de batalla. Existe un enorme repertorio de efectos sonoros de calidad para los conjuros, las armas, las explosiones, los enemigos y los escenarios, destacando especialmente los comentarios de las expresiones de los personajes durante el juego (que si no tiene suficiente mana, que si los objetos pesan demasiado, ¡que labia tienen los jodíos!).

Así mismo, es obligatorio destacar la buena labor en el doblaje y traducción del título al castellano, así como la presencia de subtítulos, lo cual se agradece bastante debido a la gran cantidad de diálogos y textos de los que hace gala el juego durante el transcurso de la historia, aunque este gran esfuerzo pueda pasar un poco desapercibido debido al aburrido contenido de las conversaciones, y es que los diálogos así como el guión son bastante flojos (os lo dice un seguidor de R.A. Salvatore).

Aunque combatir dejando a nuestro personaje expuesto sin ningún tipo de protección puede resultar agradable a la vista, lo cierto es que es tremendamente nocivo para nuestra salud…

El control del juego es excelente y se ha diseñado para realizar multitud de acciones de una manera sencilla e intuitiva, haciendo uso de unos pocos botones. Con el stick analógico izquierdo movemos a nuestro personaje, y con los botones principales saltamos, atacamos, invocamos magia, e interactuamos con objetos y personajes. Por otro lado, la cruceta digital nos permite cambiar de hechizo mediante un menú radial de conjuros ofreciendo de este modo la posibilidad de acceder rápidamente a las habilidades durante las batallas sin tener que dejar de movernos. Otros de los aciertos ha sido el uso de los botones R y L para usar las pociones de vida y maná rápidamente, así como para bloquear y cambiar de arma (de mano o de proyectil), y de los sticks análogicos izquierdo y derecho para centrar la cámara o activar la aparición de un mapa traslúcido en pantalla (uno grande en medio de la pantalla u otro de menores dimensiones ubicado en una esquina) cuando son pulsados.

Si habéis conseguido leer hasta aquí (lo cual ya merece una medalla tipo Logankeller al ‘mejor lector’), y os creéis que este juego debe ser una auténtica obra de arte, estáis muy equivocados, ya que no deja de ser un ‘Saja y Raja’ con todo lo malo que ello conlleva. La IA de los enemigos no deja de ser escasa, quedándose en ocasiones quietos mientras les atacas desde la distancia y viniendo a por ti en masa en plan kamikaze. Sin embargo, esto no llega a ser tan acuciante ya que la variedad y multitud de los mismos en el campo de batalla hace necesario el uso de determinadas estrategias a la hora de afrontar los combates. Otro de los puntos débiles de este género es la repetitividad hasta la saciedad de su sistema de juego, y la excesiva linealidad de sus escenarios y misiones a pesar de la inclusión en ocasiones de unos sencillos puzzles, convirtiéndose en un juego bastante monótono. Sin embargo, para ayudar a evitar tal sensación el juego nos ofrece la posibilidad de jugar en modo cooperativo, lo cual consigue duplicar, triplicar, o cuadriplicar (dependiendo del número de jugadores y de si tienes o no multipad) la diversión, ya que aporta una dimensión completamente nueva al juego por el pique continuo de subir antes de nivel, conseguir más dinero, u obtener los mejores objetos del escenario. Y aunque si bien es cierto que las batallas finales se hacen mucho más fáciles, también es verdad que los recursos al ser compartidos hacen que la ganancia de experiencia sea mucho más lenta o que los objetos equipados no sean tan poderosos. Además como ambos personajes han de permanecer en pantalla, a veces la posición de un jugador en un extremo de la pantalla impide la huida del otro que se encuentra en el otro extremo viendo como un enorme enemigo final acaba con la vida de su personaje imposibilitado para la fuga (en definitiva una bonita manera de pelearte y reconciliarte con tu novia, así como de atraerla al lado oscuro de los videojuegos).

Por si esto pareciera poco, el juego cuenta (más bien contaba, ya que no creo que ahora sea posible encontrar una partida) con la posibilidad de jugarlo en su modo online a través de Internet con partidas de hasta cuatro jugadores, y con la increíble posibilidad de importar los personajes con el nivel y el equipamiento del título anterior a este juego, Champions of Norrath. Lamentablemente esto es sólo posible con las versiones PAL del juego que salió en Inglés, Francés, y Alemán, y no para la que salió en Inglés y español, un suceso bastante inexplicable que empañó la calidad del título al quedarse sin respuesta la reiteradas quejas de los usuarios españoles.

Pero no todo acaba aquí, ya que la duración del juego es bastante elevada, pues se necesita bastante tiempo para avanzar por los más de 40 niveles, aún con el nivel de dificultad más bajo seleccionado, y dejando de realizar todas las misiones secundarias. Además las ligeras variaciones de la trama dependiendo del personaje elegido para realizar la aventura, de si seguimos el camino del bien o del mal, de los cambios en nuestra mecánica de juego dependiendo de nuestro personaje y de las habilidades desarrolladas, así como la introducción de pequeñas submisiones dentro del juego propias de cada clase/raza, hacen de Returns to Arms un título bastante rejugable aunque su final siempre sea el mismo.

En resumen, un juego francamente impresionante y uno de los mejores Hack&Slash de los últimos tiempos. Una joya programada en exclusiva para PS2 (se trata de una versión específica para el sistema PAL y no de una mera conversión) que combina la riqueza del mundo de Dragones y Mazmorras con el manejo sencillo e intuitivo requerido en una consola. Si no lo has probado, no sabes lo que te estás perdiendo…

VERSION ORIGINAL (I): EL GUARDIAN (I)

VERSION ORIGINAL (I): EL GUARDIAN (I)

Bienvenidos a una nueva sección de mi blog. Como sabéis, en Gamefilia abundan los buenos escritores y por ende existen multitud de entradas con soberbios relatos y opiniones. Pero, ¿creéis que es posible que haya tanta gente que sepa narrar tan bien una historia o expresar su punto de vista de forma tan sublime?. Efectivamente, la respuesta es NO.

A partir de hoy en VERSION ORIGINAL os voy a enseñar como fueron redactados originariamente los textos de muchas entradas de éxito antes de que algún electroduende como yo ayudara a su autor a convertirlos en algo medianamente decente. Comenzaré con Desmodius y su aportación al proyecto literario de ‘El Guardián’. Aquí os dejo como era su entrada originalmente antes de que un duende como yo le diera la estructura y contenido definitivos.

EL GUARDIAN (I): ‘JODIDO POR LOS DIOSES, NINGUNEADO POR EL RESTO DEL MUNDO’

En los inicios del tiempo no había televisión, lo sé porque mi abuelo tan sólo ‘veía’ la radio. En realidad tampoco había tiempo, ya que no se habían inventado aún los relojes digitales ‘CASIO’ con calculadora incorporada. Por no haber, no había ni bombillas, ni calefacción, por lo que todo era oscuridad y frió, y no existía nada con lo que limpiarse el culo, por lo que los dioses se sentían muy incómodos sin nada que animara el ‘cotarro’ donde estos vivían.

Un día, pasados de anfetas, y con más alcohol en su cuerpo que Massiel el día de su cumpleaños, los dioses empezaron a sentirse mu’ chungos e inevitablemente acabaron echando la pota y de esta forma tan espontánea nació el Universo.

Sin embargo, la responsabilidad no era para los dioses, y para poder seguir con sus juergas sin tener que estar en constante vigilancia de lo que pasaba en cada uno de los planetas decidieron elegir un ser en cada un de ellos que se hiciera cargo del marrón, al que decidieron llamar extraoficialmente ‘el pringao’. En el caso de los humanos, como nadie quería hacerse cargo de aquel curro, decidieron motivarlos ofreciéndoles el puesto bajo el título de ‘El Guardián’, y como había un dios por cada día de la semana prometieron conceder siete deseos a quién se ofreciera a aceptar el puesto de trabajo.

– A ver coleguita, ¿que es lo que quieres?, ¿chocolate?, ¿farlopa? – dijo el primer dios al único humano que apareció en la entrevista de trabajo.

– No, yo paso de dulces, quiero ser ‘Eternamente Joven’ como esa peli tan mala de Mel Gibson – contestó el hombre.

– Vale, concedido, aquí lo tienes, toma esta jeringuilla…

– ¡Tio!, ¡que no me va el rollo de las drogas!

– Que no tontolaba, que es una inyección de Botox. Tu póntelo en las arrugas y ya verás como me lo agradeces.

– Joder, vaya mierda. Para esto prefiero ir de inmortal por la vida.

– Venga, venga, eso te lo concedo yo, toma – dijo otro de los dioses.

– ¿Pero que coño esto?

– ¿Qué va a ser?. Pues una peluca y una espada. Con este disfraz vas a ser igualito que Christopher Lambert, el protagonista de la película ‘Los Inmortales’. ¿Estarás contento, eh?.

– Pero… ¿que mierda de dioses sois?. ¡No os enteráis de nada!. ¡Quiero ser alguien especial!. No sé… ¡quiero saber hacer magia elemental!

– Pues toma este regalo y da el deseo por cumplido – dijo el tercer dios.

– ¿Un caja de un juego básico de ‘Magia Borras’?. ¿Me estáis tomando el pelo?. ¡Nadie es especial por saber hacer un juego de cartas!. ¡Yo lo que quiero es ser alguien importante!. ¡Quiero tener la sabiduría de todos los pueblos del mundo!

– Pues el mago David Copperfield empezó así y acabo con la modelo Claudia Schiffer. Pero bueno, venga yo te cumplo este último deseo, te lo he puesto con Vista. – dijo el cuarto dios.

– ¿Vista?

– Si, si, es el sistema operativo del portátil. Es para que puedas consultar en cualquier momento la enciclopedia Encarta de Microsoft. No me des las gracias que tampoco me ha costado tanto, me la he bajado de Internet y lamentablemente no está en español, aunque siempre puedes desear saber idiomas.

– ¿Estáis de coña, no?. ¡Si yo he siempre he sido de Linux!. Me estáis empezando a cabrear. ¡Tenéis suerte de que no tenga una fuerza sobrehumana!

– ¿Qué no la tienes?. Pues nada hombre, tu tranquilo que yo te la concedo – dijo el quinto dios.

– ¿Ya está?. ¿Así sin más?. No noto nada diferente…

– ¿Cómo que no?. A ver, intenta levantar aquel pedrusco de allí, el más grande

– Ñiii… Ummm… Joer, ¡no puedo!

– ¡Claro que no!, ¿Qué haces cogiendo eso con las manos?. Yo te he puesto la fuerza en el pito. Estaba viendo ayer unos videos en Youtube de un hindú que no veas lo que hace el poder de la concentración. Diez kilos levantaba el tío, eso sí, su miembro viril daba pena verlo…

– ¡Mi pene!, ¡mi pene desgraciao!, ¡que le has hecho!, ¿no puedes dar marcha atrás al deseo?

– Lo siento, una vez asignado este no puede ser revocado…

– ¡Pues quiero manipular la esencia del tiempo!, ¡quiero cambiar mi destino!

– Esta bien, esta bien, que así sea – dijo el sexto dios.

– ¿Un cronómetro marca ‘Citizen’ y un vale de Iberia para cambiar el destino de cualquier vuelo?. ¡O me concedéis un superpoder decente o no pienso firmar ningún acuerdo de trabajo!

– Como quieras, ¿cuál es el superpoder que quieres tener? – dijo el último dios.

– Quiero poder adoptar la forma de cualquier animal.

– Hecho, y aquí tienes esta lámpara de regalo.

– ¿Una lámpara?, ¿y para que quiero yo una lámpara?

– Hombre, es imprescindible si quieres hacer sombras chinescas. Mira, mira, así se hace el conejo…

– Pero, ¡seréis cabrones!, ¡quiero pasar una noche salvaje con Carmen Electra!

– Lo siento, pero sólo podemos otorgar cada uno un deseo por persona y ya te los hemos cumplido todos, así que automáticamente tu contrato ha quedado firmado.

Desde entonces cuentan las leyendas que ‘El Guardián’ vaga por todos los programas del corazón de las teles del mundo apareciendo en entrevistas más allá del Reino de Telecinco o el Bosque de Antena3, y que espera ansioso el momento en que los dioses regresen y dé por concluido por fin su trabajo basura.

– Ay si, conozco muy bien esa historia Lezith, guapetón – replico un hombre de estatura bastante baja, corpulento, de larga y rubia cabellera con trenzas y facciones bastante adustas, acentuadas con un gesto de fastidio causado por sus hemorroides.

– Siux, te he citado aquí para decirte una cosa – dijo un hombre alto y delgado, de cabello corto y tez morena.

– Tu pide por esa boquita machote, que yo te ayudaré como pueda con la postura que me pidas… digo, con lo que sea que me pidas…

– Hace tres días tuve un sueño erótico en el que tres chicas se metían en mi cama, ¡y a mi no se me levantaba la tienda de acampada!. ¡Fue horrible!.

– Uy, que me vas a contar a mi… Menuda pesadilla…

– El caso es que desde entonces no me pongo palote y para recuperar mi virilidad necesito encontrar al Guardián, que es el único que puede preguntar a los dioses por la fórmula de la viagra…

– Oigh, pero eso es muy muy muy peligroso briboncete. Atravesar una explanada llena de Yonkies sin metadona para llegar a él es un suicidio, pero cruzar un centro comercial en época de rebajas es una muerte segura.

– No te preocupes, confío en mis visiones y en mi tarjeta VISA oro…

– ¿VISA oro?, ¿Por qué no lo dijiste antes maricón?. ¡Voy corriendo a por mi escoplo y mi martillo para ponerlos a tu servicio!. ¡Con lo que me gusta viajar a lugares exóticos!.

Siux partió sin más mientras Lezith pensaba en el extraño incidente que tres días antes le había llevado a ir en la búsqueda de El Guardián. Un mago blanco que no era Saruman pero que era igualito de feo lo había ido a visitar a su ferretería. Tras algunas preguntas sin importancia acerca de tuercas y alcayatas, le dijo que el destino de la humanidad estaba muy jodido, que la culpa de la crisis la tenía Zapatero, y que debía matar a El Guardián, antes de que nadie iniciara una guerra al intentar quitarle los ‘dones’ divinos que le habían sido otorgados por los dioses.

Luego, pronunció unas palabras con acento andaluz y algo se desvaneció súbitamente en el aire. Era evidente que el mago tenía problemas de gases, pero antes de irse definitivamente le oyó decir ‘Ozú, mi arma, te he brindao unas habilidades mágicas pero esto es tarea de dos guerrero, azin que buscate un coleguilla cojone’.

El ferretero comprobó e inmediato sus nuevos poderes, con un simple movimiento de caderas podía romper pequeñas nueces con el culo, y con un poco de concentración era capaz de provocar diarrea a cualquiera que se encontrara en su entorno más cercano. El momento de emprender un viaje hacia la muerte segura y cumplir un cometido imposible se acercaba cada vez más.

En próximas entradas iré poniendo los textos originales de otros grandes y reconocidos bloggers de Gamefilia. Temblad! XD

BIOGRAFIA: AQUEL MARAVILLOSO VERANO (III)

Bueno, aquí os dejo por fin LA ULTIMA ENTREGA de esta gran anécdota que fue que me atropellara un coche. Si la primera parte os hizo gracia, y la segunda os dio grima, espero que en esta ocasión os dé ambas cosas a la vez…

 

Me llevaron a una habitación, y una vez allí colocaron una enorme pesa que se unía a la herradura mediante un cable, la cual quedaba colgando por el exterior del lado inferior de mi cama. Pase la noche en aquel cuarto, y al despertarme noté con satisfacción que el peso se encontraba más cerca del suelo y que efectivamente había realizado su cometido. Poco después me visitó una chica extranjera vestida de enfermera de muy buen ver y con una esponja en la mano.

-¡Destápate! – me dijo.

Aunque aquello era el sueño de cualquier chico hecho realidad y una forma perfecta de perder mi virginidad, el trauma causado en mí el día anterior por la enfermera de las tijeras y el hecho de que me estaba poniendo palote sólo con verla, me causaron tal vergüenza que sólo pude responder:

-Esto… ¿puedo?… ¿puedo bañarme yo sólo? – y desapareció por la puerta sin mediar palabra dejándome en una mano la esponja y en la otra una palangana de agua tibia. Ni que decir tiene que tuve que esperar a que el agua se enfriara para poder bajar la hinchazón.

Por la tarde, tras haber almorzado únicamente una albóndiga (aunque del tamaño de una bola de bolos), entró una señora vestida de celeste haciendo uso de una escoba.

-¡Jesús!, ¿Qué te ha pasado? – preguntó la señora de la limpieza al verme.

-Nada, sólo que ayer me atropelló un coche, me rompí el fémur, me taladraron la rodilla, y me han puesto un peso para que los dos trozos del hueso vuelvan a su posición normal.

-¡Pobrecito! Bueno, espero que te mejores. Me voy para no molestar más.

-No señora, si usted no es moles…

-¡TOING! – escuché.

Aquello me enseñó que hasta la más buena de las personas tiene un lado oscuro (que no es el ojete), y que puede convertirlas de manera repentina en un ser de muerte y destrucción. Y es que la buena señora en un error tremendo de cálculo le había dado por quitar también el polvo de mi pesa, lo cual inevitablemente hizo que se descolgara del cable, y que en una milésima de segundo, las dos partes de mi fémur volvieran a ponerse una encima de otra.

-¡Ay, perdona! ¿Te he hecho daño? – preguntó la señora de la limpieza.

No señora, yo es que me retuerzo así de dolor porque me gusta practicar como sería la cara de tener serios retortijones debidos a un exceso de ingestión de fabada.

-¿Llamo a una enfermera? – preguntó de nuevo

-Err… si, por favor – contesté. O si no mejor déjelo, llame a un sicario o a un asesino a sueldo para que acabe con su vida lentamente, en agonía, y finalmente me pase la factura, gracias – pensé.

Afortunadamente hizo su aparición un medico con gafas de culo botella para calmarme, uniformado con una impoluta bata blanca.

-¡Hola amigo! ¡Soy el médico que va a operarte! – su voz sonaba un poco a Yo soy Coco y vengo con mi Jaca Paca.

Volvió a colocar el peso en su sitio, y sacando con disimulo del cuarto a la señora de la limpieza comenzó a explicarme como sería mi intervención.

-Bueno, bueno, bueno. ¡Que sepas que el fémur es el hueso más duro de romper! ¡Mira que eres difícil! Eres muy afortunado por tan sólo haberte roto el fémur en un atropello, y que este no se astillara en pequeños trozos o saliera al exterior perforándote el muslo.

Fue entonces cuando me percaté de que aquel señor era peor animando que Massiel en una fiesta sin bebidas alcohólicas.

-Las fracturas de fémur de esta índole son muy fáciles de arreglar. Primero realizamos una pequeña incisión en la parte superior e inferior de la cara externa del mulo. Luego introducimos una barra metálica del tamaño del fémur y esta servirá de guía para que el hueso vuelva a pegar en condiciones.

-¡Genial! – exclamé.

-Desgraciadamente, en tu caso, por ser adolescente el hueso todavía está en fase de crecimiento, y como este lo hace por sus extremos no podemos realizar este tipo de intervención.

-¡No fastidie! – le dije.

-Por este motivo, lo que vamos a realizarte es un corte longitudinal de arriba a abajo en tu muslo y ponerte una placa con 7 tornillos a la altura de la fractura, es una operación larga y probablemente pierdas bastante sangre, por lo que necesitamos que llames a tus amistades y vengan a donar. Lo malo es que como te rompas nuevamente el hueso con la placa puesta éste se quedara hecho añicos.

Definitivamente, este hombre animaba menos las fiestas que el payaso del Mc Donalds, y como en aquella época a nadie se le había aún ocurrido idear el teléfono móvil (y llevar uno modelo góndola de telefónica en el bolsillo era algo bastante cantoso) no pude enviar un mensaje de texto a mis amistades con la frase ‘Si quieres donar manda un SMS con la palabra DONO al 7878’.

-Pero no te preocupes. Te vamos a poner un metal especial para que tu cuerpo no pueda rechazarlo, y no te pite al pasar los detectores de metales de los aeropuertos.

Como no me podía hundir más en la miseria, los días previos a la intervención quirúrgica estuve pensando en que aquel metal podía ser el Adamantio, como el de las garras de Lobezno, y que así me convertiría en el primer ser humano en tener un fémur indestructible, o en si debido a la operación me convertiría en un pararrayos andante, o en si la placa vendría con extras incorporados como la detección del cambio del tiempo, y otras cosas semejantes.

El día de la operación me sentía como el muñeco del famoso juego con el mismo nombre pero sin la enorme bombilla roja sobre mi nariz, e imaginaba al doctor persiguiéndome por todo el hospital con unas enormes pinzas de metal tratando de sacarme un hueso de plástico sin que la gigantesca bombilla se iluminara mientras de fondo se escuchaba una pegadiza musiquilla cuya letra decía ‘Tú eres el doctor, y el enfermo se te escapa. ¡Operación!’.

Ya en el quirófano, un hombre vestido de verde me preguntó si estaba nervioso, a lo cual le respondí con un NO rotundo para hacerme un poco el valiente. Lo que no sabía es que segundos después me iba a conectar a un aparatito que iba a medir mis pulsaciones por minutos y estás estaban más revolucionadas que las hormonas de un adolescente viendo fotos de Carmen Electra.

-Así que no estabas nervioso, ¿eh?. No te preocupes, es normal, pero ahora con esto que te estoy inyectando vas a dormir a pierna suelta. Cuenta hasta treinta – dijo mientras vertía un líquido transparente por el catéter que habían introducido en mi mano derecha.

-Oye, pon la música, que vamos a empezar – dijo una cara oculta tras una mascarilla de color verde, y alguien puso en marcha un radiocasete.

¡Ja! ¡Qué van a conseguir dormirme con un líquido! ¡Con lo que me cuesta a mi conciliar el sueño! ¡Como no me contéis ovejitas! 1, 2, 3, 4…

Lo último que recuerdo es que tras más de cuatro horas de intervención desperté desnudo en una camilla mientras era abofeteado por un enfermero.

-¡Oye tú, despierta! ¡Ya puedes despertar!

-Dgrffg agg… – No recuerdo lo que intente decirle, tan sólo quería dormir y dormir aunque estuviera en bolas y conectado a bote de suero lleno de sangre helada. Por lo menos puedo decir que conozco la refrescante sensación que tendría un vampiro si tomara granizada.

-¡Plas! ¡Plas! – me golpeó unas cuantas veces más, no se si por sádico gusto, o para cerciorarse de que estaba despierto pero la anestesia me había dejado grogui.

Al día siguiente amanecí con 57 grapas galvanizadas tamaño 24/6 en el muslo y un nuevo compañero de cuarto. Después de la experiencia con la taladradora, y en vista de cómo se las gastaban en la seguridad social, me supuse que para graparme habrían usado alguna grapadora marca Petrus, que son bastante conocidas.

-¡Hola! ¿Qué tal? ¿Qué te ha pasado en la pierna? – me preguntó sonriente aquel hombre desconocido.

-Nada, que me atropelló un coche, me rompí el fémur, me taladraron la rodilla, me pusieron un peso para que los dos trozos del hueso volvieran a su posición normal, me colocaron una placa y siete tornillos dentro del muslo, y lo cerraron con 57 grapas -respondí

-Bah, eso no es nada. Peor es lo mío. Me caí por la escotilla de un barco y tengo destrozado el ligamento cruzado de la rodilla. Eso si que duele. ¡DIOS! ¡ESO SI QUE DUELE! ¡DIOS! ¡QUE ALGUIEN ME DE ALGO PARA CALMAR EL DOLOR! ¡DIOS! ¡LLAMA A UNA ENFERMERA! – empezó a gritar con los ojos en blanco.

El resto de mis noches en aquel hospital transcurrieron entre mis dolores de pierna, mis molestias de espalda por no poder cambiar de posición, y una alarma despertadora que se activaba a las 4 de mañana con el dulce sonido de ¡DIOS! ¡QUE ALGUIEN ME DE ALGO PARA CALMAR EL DOLOR!.

Pero una mañana amanecí sin que el sobresalto de la alarma humana me hubiera despertado. Miré tímidamente de reojo a mi derecha y vi la cama vacía. Suspire aliviado y volví a cerrar los ojos deseando descansar tranquilo. Nada más cerrarlos alguien me grito al oído ¡FRANCO! ¡FRANCO HIJO PUTA!. Era mi nuevo compañero de cuarto, un anciano que durante las semanas siguientes me despertaba a las 6 de la madrugada para recordarme lo chungo que había sido la guerra civil.

¡SALUDOS ELECTRIZANTES!

EL GUARDIAN: CAPITULO IV

Esta es la historia de ‘El Guardián’, un hombre obligado a velar la vida de un mundo en constante lucha por darle muerte. Aquí os dejo con la cuarta entrega:

INDICE DE CAPITULOS

Capítulo I: Bendecido por los dioses, condenado por los hombres

por Desmodius

Capítulo II: La huida de ‘El Guardián’

por Shaiyia

Capítulo III: El huérfano de la alquimia

por RikkuInTheMiddle

Capítulo IV: El sendero de los muertos

por Electroblog

 

EL GUARDIAN (IV): EL SENDERO DE LOS MUERTOS

En lo alto de aquella cima no les esperaba más que el frío, la desolación, y un viento encolerizado que les retaba una y otra vez abofeteando sus caras, golpeando sus vestiduras, y azotando sus oídos con un escalofriante grito. Miles de metros más abajo, se dibujaba un sendero serpenteante cuya silueta se entrecortaba con las pilas de cadáveres que se hacinaban a su alrededor. Ninguno de los tres se atrevió a retirar de su rostro la túnica que impedía al hedor de la muerte acceder a sus pulmones.

El reino de Hagar tal y como venía descrito en los antiguos escritos había desaparecido. Poco o nada quedaba de su esplendor y grandeza, tan sólo unas ruinas que se veían diminutas en lo alto de aquella escarpada montaña. A lo lejos, un paisaje desolado y oscuro retenía millares de esqueletos cuyos dueños habían participado en la batalla más cruenta que el mundo de Thalos había conocido. Quinientos años antes, en ese mismo lugar, los hombres se enfrentaron por segunda vez al elegido por los dioses con la obsesiva idea de arrebatarle el poderoso don que le había sido otorgado. Una hueste de más de cien mil criaturas surgidas de todos los rincones de la tierra se habían concentrado aquella noche en el valle para, junto con los ejércitos comandados por los reyes de Hagar y Greicot, someterse a las órdenes de Hilar, un ambicioso hechicero con el poder y la osadía suficientes como para desafiar a los dioses y pretender acabar con su protegido.

El silencio era sepulcral, las miradas de los hombres y las bestias observaban absortas la negra silueta de su líder a lomos de uno de los pocos diablos nocturnos que aún quedaban con vida. Alzó su mano, y tras su gesto, uno a uno miles de soldados uniformados y armados ascendieron por la rocosa pendiente de la montaña y se adentraron en sus entrañas por la estrecha gruta que daba paso a su interior.

El filo de una espada negra oxidada rasgó el aire, pero Lezith la esquivó grácilmente con un simple movimiento de cintura al tiempo que detenía con su mano un enorme mazo punzante que iba directo al cráneo de Nihls. Observó la sangre caliente que manaba de su mano herida, pero no sintió dolor alguno, hacía tiempo que había dejado de sufrir y de albergar emoción alguna, pues su alma y su cuerpo se encontraban vacíos desde el mismo momento en que una espada profanó el corazón de su madre.

Hubiera sido un regalo del cielo poder morir en su regazo en aquel instante, pero los soldados de Breox encontraron más sencillo y divertido abandonarlo en manos de las bestias salvajes. El destino hizo que fuera encontrado por una patrulla de Triazz, que en vez de devorarlo vivo como hacían con todos los seres a los que daban caza, decidieron llevarlo a su aldea para convertirlo en su esclavo. Durante los años siguientes creció entre ellos, sometido a sus vejaciones, a sus malos tratos, y a sus torturas, pero también observándolos en el arte del combate y de la caza. Pronto advirtieron que su mascota tenía una habilidad innata para convertir con sus manos cualquier metal al calor de una fragua en un preciado y refinado siervo de la muerte, por lo que no dudaron en dejarlo definitivamente al servicio del herrero. Un día, el crujido del látigo azuzado por la mano de su amo fue contestado por la afilada punta de una diminuta hoja de bronce diseñada para mantenerse oculta en un paladar. Luego, tras apropiarse de su mejor creación convirtió aquel lugar en un lago de sangre negra y espesa, y mientras juraba que algún día haría arrepentirse a los dioses por su insultante desidia, lo poco que quedaba de su corazón le indicó el camino de vuelta hacía el territorio donde años atrás tuvo lugar su alumbramiento.

El Triazz sonrió al ver humear la sangre al frío contacto de la noche, y no se percató del sutil movimiento de Lezith, que desenvainando con su otra mano una negra espada logró trazar con su filo una línea invisible en la frente de la víctima. La cabeza se separó en dos partes, y una amalgama caliente de fluido y vísceras resbaló por su mejilla. Luego, con un simple gesto de su mirada, presionó el pecho del asaltante que había cogido a Syok por sorpresa hasta conseguir triturar sus pulmones, evitando de esta forma que asestara a su compañero un golpe mortal con su cimitarra. Finalmente, en un vano intento por sobrevivir, el último asaltante realizó un ataque directo al corazón del herrero, pero éste con una rapidez pasmosa desvió el estoque con su arma y sus dedos sangrantes se aferraron como tenazas al cuello del humanoide.

– ¿Sabes donde está la entrada a la grieta? – gritó Lezith mirando fijamente a su adversario.

Recibió un impacto de saliva por respuesta. Sin inmutarse, guardó su espada y golpeó el rostro de la criatura con su puño libre. Al retirarlo, lo mantuvo en alto para que pudiera ver como la cuchilla que salía de su muñequera de cuero llevaba engarzado un globo ocular. La criatura respondió profiriendo alaridos de dolor mientras miraba horrorizada su ojo recién cercenado.

– ¿Sabes donde está la entrada a la grieta? – volvió a repetirle con más fuerza.

Horas después de que la fila de soldados penetrara por la estrecha oquedad, un enorme temblor sacudió la montaña y la boca que habían utilizado como entrada empezó a vomitar un río de sangre sobre el que flotaban restos mutilados y carne. El terror cundió entre los millares de hombres y bestias que esperaban en el valle, y tras un estruendo que hirió la superficie de la tierra, el caos y los gritos comenzaron a reinar sobre ella. Enormes cicatrices se elevaron por la ladera de la montaña y convirtieron su cumbre en escombros, haciendo perecer bajo las rocas o desaparecer en el interior de la grieta a casi un tercio de aquellas tropas. Finalmente, una enorme explosión, que se elevó hasta casi tocar las estrellas, hizo fenecer a la mitad de los soldados que aún se hallaban en pie, y despejó el negro manto de nubes en el que se envolvía la noche. Fue entonces cuando todos pudieron ver la señal marcada en el cielo, la luna roja de Ashmar con sus tres pequeños satélites descansando equidistantes entre sí bajo la purpúrea mirada del astro. El ojo del guardián del que tanto hablaban las viejas leyendas se había formado y sólo la muerte aguardaba al incauto que se hubiera atrevido a despertarlo.

Del cráter recién formado surgió un extinto demonio rojo de proporciones inmensas, el cual, extendiendo por completo sus alas, alzó el vuelo e incineró con el simple uso de su aliento al resto de tropas que aún permanecían con vida. Luego, descendió en picado y disminuyó considerablemente su tamaño, hasta el punto de posarse en la tierra completamente transformado en humano, justo en el mismo lugar donde Hilar y los reyes habían permanecido a salvo gracias a una esfera de protección invocada por el hechicero. La figura nacarada de un hombre alto y corpulento, desprovisto de vello o de cualquier vestidura, se acercó hacía ellos con paso firme y pausado. En su frente y sobre sus ojos, los observaba una tercera pupila de color rojo bajo la cual descansaban tres lunares púrpuras equidistantes. Sin duda alguna era El Guardián.

– ¿No estás cansado de huir Guardián?, ¿no te hastía tener que ocultarte de aquellos a los que algún día salvaras su vida?. Deja que sea yo quién alivie tu peso, deja que sea yo quién lleve la pesada carga del destino de Thalos. – dijo Hilar con voz temblorosa mientras ambos reyes se arrodillaban estremecidos ante la presencia de aquel ser sobrenatural.

– ¿Qué puedes ofrecerme tú simple hechicero?. ¿Qué cosa queda en este mundo que aún pueda dar otro sentido a mi existencia? – le escucharon pronunciar aunque en ningún momento separara sus labios.

– Te ofrezco la vida que siempre llevaste, retornar al pasado, la libertad. – respondió Hilar.

– ¿Y como piensas devolvérmela? Ni siquiera tu magia o la mía tienen el poder suficiente para cambiar el designio de los dioses. Te lo advierto mortal, no trates de engañarme…

– No, jamás me atrevería a hacerlo. Tan sólo acuérdate de sus palabras, los dioses dijeron que podrías conferir tu don siempre y cuando sacrificaras tu bien más preciado.

– Ya no me queda nada más que dar… – respondió aquel ente mirando hacia otro lado.

– Lo sé. Quién entrega su vida a los dioses, poco a poco entrega también la de los suyos, ¿cierto?. Es tu maldición Guardián, pero también puede ser la mía. ¿Recuerdas a Ilaila?. Ya la has sacrificado. He aquí sus lágrimas, otórgame tus poderes y yo te la devolveré viva a cambio. Sabes que no necesito más para encontrarla entre los muertos. – dijo Hilar mostrándole un diminuto frasco.

Sorprendido, aturdido por un profundo dolor que creía olvidado, la pupila roja del elegido se encendió tiñendo con su color la totalidad de lo que su mirada abarcaba, e instantes después desapareció transformado en una bandada de diminutos seres alados. El hechicero sonrió mientras calmaba a su montura y veía a los reyes correr aterrorizados. Había inyectado el veneno de la duda, ya sólo era cuestión de tiempo que El Guardián acabara regresando a su lado.

– ¿Sabes donde está la entrada? – gritó por última vez.

Su pregunta sólo obtuvo suplicantes llantos de clemencia por parte del interrogado y un desagradable olor a orín ocasionado por el miedo. Con un golpe seco hendió la cuchilla en la garganta de su preso, y sólo el ruido del viento volvió a perturbar la noche en lo alto de aquella colina. Lezith sonreía con desgana mientras dejaba caer el cuerpo sin vida al suelo.

– No importa donde está esa gruta, basta seguir mis visiones para encontrarla, ¿verdad Nihls? – dijo guiñando un ojo y acariciando la melena del asustado chico. Su famélica imagen hacía que a su mente retornaran terribles recuerdos enterrados por el paso de los años. Sin embargo, Syok de Asgaroth no reconocía a la persona que tenía delante, algo en él había cambiado, parecía no ser el mismo con el que había partido tan sólo unos días antes desde Tiresia. Apesadumbrado, el curtido guerrero murmuró en su idioma natal unas palabras que el joven huérfano llegó a escuchar pero sin discernir su verdadero significado, ‘Que los dioses me perdonen si estoy condenado a matar a su hijo’.

Terminaron de atravesar lentamente El Sendero de los Muertos, la frontera entre los vestigios del Reino de Hagar y la árida región que fue devastada por la fuerza de El Guardián hace ya tanto tiempo. Conocida como el Reino de las Cenizas por mantenerse oculta bajo la perenne noche de las nubes de polvo surgidas tras la gran explosión, su oscuridad custodiaba celosamente la entrada hace siglos olvidada del Bosque de los dragones.

Esto es sólo una parte de este gran relato, si quieres conocer el resto de la historia, no te pierdas el próximo capítulo en el blog de LoganKeller. Si te ha gustado la idea y quieres colaborar dando continuación a este fantástico proyecto literario, ya sea escribiendo, realizando ilustraciones, o cualquier cosa que se te pase por la cabeza, tu aportación será bien recibida, así que no lo dudes más y apúntate en el índice de capítulos.

¡Saludos Electrizantes!

 

BIOGRAFIA: AQUEL MARAVILLOSO VERANO (II)

Hoy, por petición popular (bueno, recientemente tan sólo me lo ha pedido Logan), voy a postear la segunda entrega de mis vivencias personales tras mi atropello. Os recomiendo encarecidamente que os leáis esta entrada si queréis cogerle el hilo al argumento…

Una vez dentro de la ambulancia, el conductor se dirigió a toda leche al hospital. Era como ir en el formula uno de Fernando Alonso pero por un camino de cabras en vez de un circuito asfaltado mientras te gritan al oído NANO NANO NANO NANO (onomatopeya de cómo suena la sirena de una ambulancia). Con cada bache que cogía, yo veía algo más de cerca eso tan bonito que vemos brillar por las noches y que no son las farolas, y con cada gesto de dolor que mostraba más me decía el chico de la ambulancia que yo era un quejica porque con la protección que me acababa de poner era imposible que aquellos saltos de camilla me afectaran.

Cuando llegamos al hospital, una chica vestida de enfermera se aproximó a mí y me puso la mano a la altura de la entrepierna.

¡Dios! ¡Cómo me haces esto! ¡Mi sueño erótico por antonomasia y yo aquí impedido! – pensé. Aunque realmente no estaba impedido del todo, porque empecé a notar como mi corazón tenía que desviar la sangre que bombeaba al muslo afectado hacía mi miembro viril, que por lo visto no quería que me olvidara de él en aquellos difíciles momentos.

De repente, aún no se bien de donde (no me dio tiempo a preguntarle), la enfermera sacó unas enormes tijeras. ¡Dios! ¡Me quería amputar la única parte de mi cuerpo que aún funcionaba con normalidad en aquellas circunstancias y que jamás se fracturaría a causa de un accidente de coche!

Intenté huir de aquella Lorena Bobbitt en potencia, pero con una habilidad sorprendente que yo sólo había visto con anterioridad en Eduardo ManosTijeras, cortó mi pantalón vaquero en un Tris y un Tras, dejándome en calzoncillos en la camilla en mitad de aquel pasillo de hospital atestado de gente. Sonreí como buenamente pude al público que me observaba y comprendí que el peor color de calzoncillos que puedes llevar el día de tu accidente es el blanco.

Bastante tiempo después de andarme exhibiendo en paños menores apareció un hombre para llevarme con la camilla a la sala de radiografía. La mesa estaba helada y yo tenía un dolor en la pierna insoportable.

– No te muevas – dijo desde una pequeña sala próxima
– ¡Plong!, se oyó como ruido de fondo al hacerme la radiografía
– Hmm, aquí no se ve nada. ¿Seguro que te duele?

No, no me ocurre nada. Lo que pasa es que me gusta llamar la atención de la gente porque me excita, ¡no te jode! – pensé.

– Si, me duele bastante – alegué.
– Ok, entonces probemos en otra posición. Gira la pierna – me dijo el amable enfermero.
– No puedo – respondí, en parte porque me resultaba imposible hacerlo, y por otro lado porque siempre he sido reacio a probar nuevas posturas raras sin previo calentamiento.
– Vamos, no seas quejica, que no tienes nada – contestó mientras me giraba la pierna 90 grados hacía la izquierda (pareciendo desconocer el significado de la palabra ‘sutileza’) y yo gritaba de dolor.
– No te muevas – me dijo el ya no tan amable enfermero.
– ¡Plong! – se volvió a oír.
– ¿Ves como no tienes nada? – dijo desde el cuarto.

Yo ni respondí, porque gracias a su gentil acción en aquel momento yo sólo podía ver las estrellas mientras me palpitaba la pierna al ritmo de una buena batukada.

– Esta bien. Túmbate que voy a hacerte una de la pierna entera y ya lo dejamos – afirmó algo molesto, mientras me hacía sentir como un modelo en declive que ya nadie quería ver posando para una revista y que de hacerlo sólo sería leída por una pequeña minoría.
– ¡Plong! – se escuchó de fondo.
– ¡No jodas! – exclamo el enfermero desde el cuarto.
– Chico… – vino mientras intentaba dejar de sonreírse
– ¡Buenas noticias!, tu tobillo está intacto. Ahora, lo que es el fémur, lo tienes partido en dos, ¡y sus dos mitades se han montado una encima de la otra!

Más tranquilo, sabiendo que lo único que tenía era un sándwich dentro de mi muslo formado por dos crujientes capas de hueso, me volvieron a abandonar a mi suerte en medio de un pasillo. Sin embargo, ya no era un casual en calzoncillos, era el magnifico poseedor de una fractura de fémur. Así, si alguien se paraba y me preguntaba que hacía allí, podría responder:

– Aquí, esperando a que me traten mi fractura de fémur.

Lo cual era mucho mejor que decir:

– Aquí, que me han dejado en calzoncillos y no se lo que tengo.

Como aquel hospital estaba abarrotado de pacientes hasta la médula, me metieron en una ambulancia y me llevaron directamente a la sala de urgencias de otro hospital menos congestionado. En aquella sala ocurrió uno de los hechos más insólitos de mi vida.

– Te voy a anestesiar la rodilla – me dijo un enfermero jeringuilla en mano.
– ¡Pero si lo que tengo roto es el fémur! – grité alarmado
– Ya, pero ¿ves esta herradura? – preguntó

Y lo miré con cara de loco mientras intentaba no enseñarle mi dentadura, no fuera que al final me hubieran confundido con un caballo.

– Pues te la voy a poner en la rodilla, para colocarle un peso, y de está forma conseguir separar los dos trozos de fémur, ya que se te han montado uno encima del otro.
– Vale – contesté resignado mientras me pinchaba en la rodilla.

Al rato regreso el enfermero pero sustituyendo la inocente jeringuilla por una taladradora y broca en mano.

– Bueno, ¿estás preparado? – me dijo sonriendo.
– ¡Para qué! – grité con el alma en un puño.
– Hombre, para ponerte la herradura te tengo que hacer dos agujeritos, uno a cada lado. ¿Con que te pensabas que hacíamos los agujeros en urgencias? Tranquilízate, que es una Black & Decker.

Suspiré, y a mi mente vinieron muchas escenas de películas gore como ‘Tu madre se ha comido a mi perro’, pero no quería pensar en lo que habían taladrado anteriormente con aquella herramienta, así que me limité a tumbarme y a sentirme algo aliviado, porque al fin y al cabo la taladradora era de una reconocidísima marca. Me pregunté si era necesario el que utilizara tacos para una mejor sujeción.

Como si de una sesión en directo del programa Bricomanía se tratara (Ostia, me llamo Pachi y hoy voy a enseñaros como colocar un objeto decorativo en vuestra rodilla), empecé a sentir la broca penetrando desde el lado interior y observé como ésta salía por el lado exterior.

– ¡Ostia! – dijo el enfermero mañoso
– ¿Que pasa Pachi? – pensé.
– Me ha salido la broca por un sitio que no es. Espera, que lo intento de nuevo – me comentó el ya no tan mañoso enfermero.

Volvió a introducir la broca por el agujero (no penséis mal) realizado en el lado interior de la rodilla, pero varió ligeramente la trayectoria para que esta saliera por una nueva ubicación.

– ¡Ahora si! – dijo con un gesto de satisfacción mientras admiraba su obra.

Introdujo una barrita de hierro por uno de los agujeros y dejó que sobresaliera por ambos extremos de la rodilla, y luego enganchó la herradura. Deseé al menos, que ésta fuera una de la buena suerte.

(CONTINUARA)

ESTO NO PUEDE ESTAR PASANDO (ii)

Si no te has leido la primera parte, te recomiendo que al menos le des un vistazo aquí

 

Por suerte Luis había quedado con unos amigos, así que no tenía que preocuparme por ver más su cara de ‘de la que te estás librando chaval’. Lo malo es que me dejó tan sólo unos pantalones de licra de los que usaba cuando empezó en el gimnasio. Así que allí estaba yo, en aquel salón, con mis pantalones de licra, y rodeado de mujeres. Yo miraba las paredes sin saber bien que decir o como iniciar una conversación, y ellas no paraban de fijarse en mis nuevos pantalones. Por fin Paula rompió el hielo y dijo:

 

– ¿Qué tal si jugamos un rato a la Wii?. – un molesto silencio acompañó a su pregunta a la vez que sus amigas se miraban las unas a las otras.

 

– ¿Qué dices Alex?. ¿Se te da bien esto de los videojuegos?.

 

– ¡Pero si soy el mejor!. Yo juego con mi PC y mi PS2. No tengo la Wii, pero suena divertido. ¿Qué juegos tienes?

 

– Ahora mismo sólo el Wii Sports, y el Galaxy que nos prestó un amigo de Luis.

 

– ¡Pues venga ese Sports que os voy a dar a todas por cu… os voy a dar una paliza! – dije levantándome con un brinco del asiento.

 

Por primera vez sus amigas sonrieron, y aunque en un primer momento pensé que por fin me estaba integrando, enseguida me día cuenta de que de lo que se reían era de mi paquete prensado en la licra que se había quedado al descubierto con aquel estúpido salto. Decidimos jugar una partida a los bolos y el destino decidió que fuera yo quién empezara (el destino y cuatro dedos índices apuntando hacía mí tras preguntar quién iba a ser el primero).

 

– Ponte la correa. – me indicó Paula.

 

– No hace falta. Yo este mando lo controlo bastante bien. – le dije mientras me concentraba en realizar un pleno. Quería demostrarles mi habilidad con los videojuegos, dejarlas con la boca abierta, enseñarles que estaban ante alguien que se había acabado el ‘Dios de la Guerra’ en todos los niveles de dificultad.

 

Lancé con un rápido movimiento de mi brazo y la bola se deslizó por la pista hasta hacer caer todos los bolos. Lo había conseguido, estaban con la boca abierta, aunque no miraban la pantalla del televisor de 32 pulgadas, su vista estaba fijada en el marco de la ventana que estaba a su derecha.

 

– ¡Te dije que te pusieras la correa! – gritó Paula, tras lo cual miré mi mano derecha en busca del mando para comprobar que efectivamente estaba vacía.

 

– ¡Mierda!, ¡la crema hidratante! – recordé mientras a mi mente venían imágenes de lo que minutos antes me había sucedido en el cuarto de baño.

 

– ¿Qué haces ahí parado?. ¡Baja a buscarlo!

 

– Esto… Paula, si te parece ya vamos nosotras a por él. Total, no creo que podamos seguir jugando. – dijo una de las chicas.

 

– ¿Ya os vais?. – les preguntó.

 

– Si, os dejamos solos para que habléis con más tranquilidad sobre el ‘tema ese’… – dijo otra de las amigas.

 

Se despidieron y, al salir, Paula sonrió para decirme:

 

– Bueno, será mejor que te explique de una vez porqué me he decidido por fin a llamarte y quedar contigo en mi casa.

 

Un cosquilleo recorrió mi estomago. Era lo mejor que me había pasado en todo aquel desastroso día. La seguí hasta su cuarto de paredes empapeladas con posters y estanterías plagadas de peluches, y una vez traspasado el umbral de la puerta me invitó a sentarme junto a ella en el borde de su cama.

 

– Alex, yo quería pedirte una cosa. – dijo mientras sus ojos color miel me miraban directamente a los míos.

 

– ¿Si?

 

– Yo, quería…

 

Sonrió, y fue entonces cuando mis mejillas comenzaron a arder como si formaran parte de una barbacoa en pleno desierto, y a enrojecerse como si quisieran competir en color con el sobre de Ketchup de un Mc Donalds. Estaba tan nervioso que no pude evitar llevar mi mano a la nuca para retener las gotas de sudor que se deslizaban inundando el cuello de mi camisa, y desviar la mirada hacía el techo como si allí se encontrase algo verdaderamente interesante.

 

Es que me da vergüenza decírtelo, ¿sabes?. Porque es algo muy personal.

 

Yo… Tu sabes… tu sabes que puedes confiar en mí… me puedes decir cualquier cosa… – balbuceé.

 

Ya, por eso te he llamado. No puedo aguantar más. ¡Tengo un retraso de tres días!.

 

¿Co… ¿Cómo?.

 

¿Verdad que te parecen un montón?. No sé cómo he podido dejar que pasara tanto tiempo sin decírtelo.

 

Fue entonces cuando pensé, ¿Retraso?. Pues será mental porque lo que soy yo ni la he tocado. A no ser… A no ser por todos esos sueños que he tenido con ella, porque de húmedos no tenían nada, ¡eran directamente películas porno amateur!. Pero… pero, ¡que coño!, nadie deja embarazada a una chica con un sueño por muy salido que sea!. Alex, tranquilo, tienes que aclararlo…

 

Reco… reconozco que siempre he querido hacerte un favor, pero es que lo del retraso me ha cogido por sorpresa. – atiné a decirle.

 

Si, tienes pinta de eso. Pero no te preocupes. Sé que te gusta un montón este tema y por eso te he llamado. ¿No te importa verdad?.

 

Nuevamente la bombilla de una pregunta se iluminó en mi cabeza. ¿Que insinuaba?. ¿Que tenía cara de salido?. ¿Que cada vez que la veía soltaba más baba que un caracol?. ¿Que tenía dos melones como para… Vale, vale, si, ponía cara de salido, pero ¡como para no ponerla con aquel monumento que tenía delante!. Un momento, ¡qué está pasando aquí?. Tiene un retraso y quiere montárselo conmigo. ¡Esta tía quiere meterme el paquete a mí en vez de yo a ella!. ¿Pero de que va?. ¡Tendrá cara!.

 

Pues no, la verdad es que no me importaría hacerlo pero que sepas que yo no voy a cargar con la culpa de tu retraso. – dije.

 

No te preocupes, cuando termines de hacer lo que tengas que hacer hablare con todos y les diré lo que ha pasado. Mientras no se enteren mis padres…

 

De pronto se iluminó en mi mente la palabra ‘ninfómana’ con luces de neón, y pensé, joder con la Paula, ¡quién iba a suponer que era ninfomaníaca!.

 

¿Todos?. ¿Pero a cuantos te estás refiriendo?.

 

No sé, ¿diez mil?, ¿once mil?. Es que ya he perdido la cuenta.

 

Mientras el mundo se me venía arriba, la hinchazón de la entrepierna se me venía abajo, y sin saber bien que decir, lo único que tenía claro es que no quería ser un número más en su lista, por muy buena que estuviera.

 

Mira Paula, yo… yo… no sé si podré.

 

Venga, no te hagas de rogar. ¿Te parece bien encima de esta mesa?.

 

Juro que en aquel momento mi cabeza quería llamarla frívola, decirle que era una persona fría y sin sentimientos, pero no sé cómo terminó hablando mi pene.

 

Esto… vale… por mí de acuerdo.

 

Gracias, sabía que no me ibas a dejar así.

 

Se dio la vuelta y se agachó para plasmar aún mejor su hermoso trasero en aquellos pantalones vaqueros que dejaban entrever la fina tira de un tanga rojo. Mi mano palpitaba al ritmo de los latidos de mi corazón, que hacía unos segundos había vuelto a bombear la sangre a una parte vital de mi cuerpo que no era el cerebro. Y cuando estaba a unos milímetros de tocar aquel culo sobrenatural, ella se levantó y puso la torre de un ordenador encima de la mesa.

 

Bueno aquí lo tienes.

 

¿El qué? – pregunté desconcertado.

 

El ordenador. Llevo tres días sin actualizar mi blog, la de gente que se estará preguntando porque no he posteado nada. Seguro que es un virus de esos que rondan por Internet. Como se entere mi padre, con las de cosas importantes que guarda en el disco duro, seguro que me lo prohíbe fijo.

 

El… ¿el retraso es por esto?.

 

Si, es que ni siquiera arranca. Menos mal que me han dicho que eres un crack de los ordenadores. Gracias por venir, eres un encanto. Bueno me voy que he quedado con mi novio un momentito, vuelvo con él en media hora y me cuentas que tal va.

 

Eh… si, si.

 

Se colocó un pequeño bolso blanco en el hombro, abrió la cubierta de su teléfono móvil y marcó un número de su agenda al tiempo que acercaba el dispositivo al oído.

 

Hola, ¿Dónde estás?. Si, si ya está en casa. Ok, salgo ahora mismo a buscarte.

 

Y mientras veía su estilizada espalda desaparecer por el marco de la puerta sólo se me ocurrió gritar:

 

No te preocupes, seguro que no es nada y lo arreglo en un abrir y cerrar de ojos. Yo es que para esto soy un…

 

Se oyó el portazo de una puerta, y tras él desapareció la voz de Paula hablando por el teléfono.

 

…gilipollas. – terminé por decir en voz baja, con el corazón destrozado, y la cabeza gacha apuntando hacia el piso.

 

LA GRAN ESCAPADA

¿Os creíais importantes cuando hacíais novillos en el colegio?. ¿Os parecía una hazaña desaparecer del trabajo una semana?. ¿Os regodeáis  de haberos ido de viaje a algún confín del planeta?. ¿Estaís orgullosos de haberos fugado de casa?. ¡Tonterías!, nadie sabe lo que es sentir una gran escapada sin haber probado primero ‘The Great Scape’…
¡Bienvenid@s gamefilactic@s de nuevo a mi sección ‘RetroJoyas’ sin P!.

Norte de Alemania, 1942, eres un prisionero de guerra capturado y encerrado en un antiguo castillo convertido en un campo nazi de alta seguridad, ubicado en lo más alto de un monte bordeado por acantilados que van a parar al mar (¿qué chungo, ¿no?). La situación no parece fácil, ya que la única entrada autorizada es una estrecha carretera donde desde una caseta se vigila la documentación de todo aquel que quiera salir o entrar. Sin embargo, a pesar de la férrea vigilancia a la que estás sometido, tus planes de fuga consiguen  que aún no te hayas convertido en otro prisionero más adaptado a la monótona rutina de la prisión.

Si Azpiri hubiera dibujado la portada aquí habría una chica con ‘dos buenas razones’ para comprar el juego
¿Menudo panorama, eh?. Pues este fue el original reto que en 1986 bajo el sello de Ocean nos propuso Denton Designs, creadores también de otros títulos míticos como Frankie Goes to Hollywood o Where Time Stood Still (no todos los juegos buenos de aquella época iban a ser españoles).
Hoy en día existen multitud de juegos de éxito basados en la infiltración y el sigilo, pero ninguno de ellos funciona con 48k de memoria (me rio yo del Giga de mi Mac), y es que con parte de esta irrisoria cantidad consiguieron mover fluidamente un entorno 3D completamente detallado con perspectiva isométrica. El truco estaba, como en otros muchos juegos del Spectrum, en el uso del negro como color de fondo y del terreno, que aquí además de aligerar la carga grafica aumentaba el realismo en las zonas de túneles o a la llegada de la noche, donde el uso de focos al iluminar el suelo le daban al juego un ‘realismo’ formidable para aquellos tiempos.

 

Vaya presentación más currada, ¿eh?. Los grafistas aquí se volvieron locos con el diseño
Además, el campo de concentración se encuentra perfectamente recreado, desde el interior del castillo, a los barracones, así como el descampado para pasar lista, y hasta las zonas para recreo y deporte necesarias para cumplir con la Convención de Ginebra (¡nazis, pero legales, hoygan!).
Pero sin duda donde realmente destaca esta pequeña joya de la programación es la inmersión que consigue al recrear la rutina diaria de uno de estos campos. La vida en el campamento está regida por alarmas que señalan mediante breves pitidos cuándo es la hora de levantarse, la de los recuentos, la de las comidas, la del ejercicio, y la de acostarse, reservándose un sonido largo y continuado para los intentos de fuga. Si por cualquier motivo nos retrasáramos ligeramente a presentarnos a alguna de estas llamadas, nos pondrían inmediatamente en busca y captura. Además, los guardias alemanes realizan patrullas a lo largo de rutas que recorren los distintos rincones del recinto en intervalos y periodos similares de tiempo, y controlan los límites del campo marcados por los muros y las alambradas a través de hombres que vigilan desde lo alto de las torretas (vamos, que te sentirás mas observado que los de Gran Hermano). Por tanto, es indispensable memorizar y estudiar las rutas y los horarios para conocer a fondo de cuanto tiempo se dispone antes de que suene la siguiente alarma o pase nuevamente una patrulla.

¡Es hora de levantarse gandules!, ¡el último que llegue se queda sin desayuno!
Sin embargo, no todo resulta tan sencillo. El Comandante controla la totalidad del recinto de forma completamente aleatoria, por lo que su comportamiento e itinerarios no se encuentran regidos por ningún patrón, y nunca sabes con seguridad el momento y el lugar en el que puedes encontrarte con él dentro del campo (ni IA ni leches, el comandante es un completo mamonazo y punto). Si te pillan en cualquier zona no autorizada, puedes intentar escapar corriendo pero si te atrapan irás directo al calabozo sin ninguno de los objetos que llevabas encima para salir al poco tiempo con la moral por los suelos. Y es que aunque al inicio de la partida el control de los guardias no sea muy estricto, cuantas más veces te pillen en zonas no autorizadas, más severa se hará la vigilancia hacía los prisioneros mientras realizan sus quehaceres diarios.
Entre sus muchos logros estaba también la libertad otorgada al jugador para planear su fuga, ya que existen al menos tres modos distintos para escapar, a través de la alambrada, por medio de los túneles excavados por antiguos prisioneros, y cruzando la puerta principal mientras suplantas la personalidad de otro. Pero cualquiera de ellos requiere estar en posesión de valiosos objetos que tan solo podrás encontrar a base de exploración, o esperando cada cierto tiempo la llegada de paquetes de la cruz roja conteniendo ayuda. El primer fardo que llega contiene una bolsa de dinero, el tercero una tableta de chocolate con el que podrás entretener a los perros a sobornar a un preso del tercer barracón de la derecha para que pase por ti las revisiones, pero en el más importante se encuentran una tenazas con las cuales puedes abrir un hueco en la valla, y ese no llegará hasta que hayan transcurrido bastantes días.

¡Hoygan!, ¡Que yo hasta que no me tomo mis cereales All Bran no soy persona!. Por cierto, ¿alguien podría conseguirme un Actimel?
De está forma, escapar a través de la valla, aunque es la manera más fácil de planear la fuga también es la forma más complicada de llevarla a cabo, ya que por la noche los focos hacen prácticamente imposible la tarea y durante el día las alambradas se encuentran patrulladas por guardias y perros que darán la alarma en cuanto detecten tu presencia. Y aunque debajo del castillo se encuentran varios desagües y túneles realizados por antiguos presos, su laberíntica forma, los desprendimientos de roca que obstaculizan el avance, y la falta de luz hacen que la huida por esta ruta resulte bastante peligrosa si no nos hacemos antes con la iluminación apropiada, una pala para abrir paso, y narcóticos para eliminar a los perros que rondan por los alrededores de la salida. No obstante, elijas el plan que elijas, lo que será siempre indispensable antes de concluir tu fuga es estar en disposición de la brújula y del pasaporte para no perderte en las afueras y pasar los controles, o de lo contrario serías atrapado irremediablemente y regresarías a la prisión.
Entre los objetos más preciados del juego están la ganzúa para abrir puertas, el uniforme de guardia que te permite pasar desapercibido frente a los guardias pero no ante la mirada del Comandante (debe ser que este huele el miedo en el aire), la comida para junto al narcótico adormilar a los perros, o la bolsa y la radio.
Por tanto, resulta imprescindible encontrar y utilizar los objetos específicos de la fuga planeada. Entre las muchas tretas posibles está la de sobornar a algunos prisioneros con dinero para que creen un poco de jaleo y así llamar la atención de los guardias mientras aprovechas el bullicio para infiltrare en otras zonas del campo sin ser detectado.

¡Mierda!, ¡Pensé que era una conga y he acabado en un campo de concentración!
Otro de los puntos fuertes es la forma tan original de diseñar la interface que representa los elementos del juego. A la izquierda de la pantalla aparece una bandera cuyo color nos permite identificar los límites en los que estamos autorizados a estar en el interior del campo. De esta forma, cuando la bandera está en verde nuestro personaje está dentro de los patrones de lo que es la vida diaria en el campo, mientras que se tiñe de rojo cuando el personaje pisa una zona para la cual no tiene permiso de permanencia o paso (como el patio durante la noche, o las dependencias de los guardias). Además, la altura de la bandera nos revelará el estado de nuestra moral. Así que mientras esta sube cuando conseguimos objetos útiles, también disminuye cuando somos  capturados y se nos confiscan los objetos que anteriormente hemos encontrado. Cuando dicho indicador llega a cero, es decir, cuando la bandera se encuentra totalmente abajo, la moral de nuestro protagonista llega a su límite y se convierte en un prisionero más del campo de guerra impidiéndonos el control sobre de él, y como consecuencia, terminando la partida en curso (no hay muchos juegos donde uno tenga que tener el mástil bien erguido para poder seguir jugando).
El control es bastante sencillo, se basa en un movimiento en ocho direcciones combinando el botón de disparo para recoger, soltar o utilizar objetos, y cuando dejas de manejar al personaje durante un determinado lapso de tiempo, este vuelve a la rutina de trabajo que en esos momentos están realizando sus compañeros. Sin embargo, el personaje sólo puede cargar con dos objetos a la vez (cosas de tener tan sólo dos manos y ningún bolsillo), aunque podrá esconderlos en aquellas zonas poco transitadas por los guardias de seguridad, ya que de encontrarte un guardia o el comandante con algún objeto encima, estos son confiscados de inmediato con la consecuente disminución de tu moral.

Aquí me gustaría ver a Michael Scofield el de la serie Prison Break para ver como se las arregla para salir de esta
La melodía inicial es horrible y el sonido es lo peor del juego pues prácticamente brilla por su ausencia, salvo por el sonido de la alarma que prácticamente es lo único remarcable en este aspecto. Pero pocas deficiencias más se le pueden otorgar a este juego, ya que las que aparecen a nivel gráfico se deben más a las limitaciones técnicas de los equipos de la época que del título en sí. Así, por ejemplo se le puede criticar el reducido campo de visión que se tiene del campo, ya que la zona de juego no se aplica al total de la pantalla sino que se encuentra limitado a un recuadro en el interior de esta, o el uso de los mismos sprites para la representación de los soldados y prisioneros. Desgraciadamente, esto es un lastre que aún se viene arrastrando en el mundo de los videojuegos, ya que es difícil ver un título donde no se repita el modelado de algún enemigo o personaje no jugador.
En definitiva, ‘The Great Scape’ es un clásico en el catálogo del Spectrum, una joya que aún no ha sido superada por ninguna otra (si obviamos el título de Opera Soft publicado al año siguiente, ‘La abadía del crimen’). La sensación de riesgo que conlleva la exploración a hurtadillas, la emoción de encontrar objetos y la sensación de poder utilizarlos en un plan de fuga convierte su experiencia de juego en algo sumamente interesante. Así que deja de llevarte por el lado oscuro de Zerael, Señor de todo lo Indi, y vuelve a disfrutar con los antiguos juegos…
 
 
 
NOTA: Para los que os eche un poco para atrás el apartado gráfico del juego, os recomiendo el ‘Escape from Colditz’ de Amiga, que es el único juego que consiguió recuperar en algo el espíritu de este clásico. Las recientes versiones en 3D con títulos como ‘The Great Scape’ (la versión del 2003 de Pivotal Games), o ‘Prisioners of War’ se quedaron tristemente en meros intentos de recuperar a esta vieja gloria.

MI GENERACION DE CONSOLAS

Reconozco que jugar a Gears of War es un espectáculo visual para mis ojos, pero en ocasiones he de confesar que me divierto más jugando con unos amigos al Wiiplay. No obstante, mi extraña conducta es completamente entendible si os digo que yo fui el flamante poseedor de una videoconsola PHILIPS VIDEOPAC 7200.

Sí, mucho después de los dinosaurios, hubo un tiempo donde Japón sólo era conocida por el Sushi, y donde PHILIPS y ATARI sacaban al mercado las primeras consolas de videojuegos, las llamadas consolas de PRIMERA GENERACION.

 
La precariedad del hardware (asombroso para aquella época) no permitía grandes alardes gráficos o de programación, por lo que la base de los juegos se centraba únicamente en su jugabilidad. Así que si os seguís quejando de la pobre evolución gráfica de Pro Evolution Soccer 2008 y de sus deficiencias jugables ¡es porque nunca habéis probado esto!: 

(yo lo jugaba en blanco y negro)
 
Si encima usamos los flamantes mandos (joystick) ‘ergonómicos’ de aquella generación, tenemos la combinación perfecta:

Ja! Ja! Me rio de los que piensan que jugar al PES2008 en la Wii con un Wiimote es divertido. Alucinad con la amplia gama de movimientos:
 
Pase largo: Botón de acción
 
Pase corto: El mismo botón de acción
 
Tiro a puerta: ¡Que sólo hay un botón de acción!
 
Robo del balón: Atropella con tu muñequito al rival que lleva el esférico
 
Control del portero: ¡Que dices! ¡Si no hay portero!
 
¿Y que me decís de la IA de los 6 jugadores por equipo?. ¡Ninguna!. ¡Donde y cuando se ha visto pensar a un jugador de fútbol!.
 
¿Qué queréis un árbitro, alineaciones, estrategias y los nombres y equipamientos oficiales de todas las ligas del mundo?. ¡Para que!. ¡Si lo único que le hace falta a un juego de este tipo es poder tirar a puerta!. ¡Y para eso nada mejor que representar fielmente las porterías con unos buenos palitos!.
 
Y es que en aquellos tiempos una videoconsola era un extraño aparato para ser utilizado por tu hijo en el salón:
 
¡Manolo! ¿Dónde se ha metido el niño?
 
Ahí, en el salón, delante de la tele dándole al palito.
 
¡No me digas que ha cogido una te tus pelis guarras y le está dando a la manivela!
 
¡No cariño, no!. Está jugando con el trasto ese que se conecta al televisor y tienes que darle a la pelotita con una raqueta virtual…
 
Así que si pensabais que Nintendo fue la inventora de los juegos de cartucho, estabais muy, pero que muy, equivocados. Y para muestra un botón… digo… un cartucho… de la PHILIPS VIDEOPAC.

Y ya por último, no he podido evitar cerrar los ojos y recordar AQUELLOS MARAVILLOSOS AÑOS (no me refiero la serie), y pensar como hubieran sido los grandes juegos de la pasada SEXTA GENERACION en una de las increíbles consolas de aquella época. Por ello, he creado e ideado estos dos pantallazos que espero sean de vuestro agrado:

¡AHHH!, ¡QUE TIEMPOS AQUELLOS!

ESTO NO PUEDE ESTAR PASANDO (i)

Cogí el frasco de eau de toilette y me rocié con él de arriba a abajo sin acordarme de que mi cara se encontraba recién rasurada. Apreté los parpados en un gesto de dolor y me aproximé al espejo para ver de cerca los enrojecimientos que empezaban a formarse en mi piel. Duchado, vestido, engominado, perfumado, cortado e irritado, corrí por el estrecho pasillo hasta llegar a la puerta de la calle dejando tras de mí un rastro de fragancia más impactante que el de la mofeta de los dibujos animados Pepe L’Amour. Sin duda si la chica del anuncio de ‘Busco a Jack’ lo hubiera encontrado con mi perfume, se hubiera desmayado con el exceso de olor antes de haberse bajado la cremallera del escote.
Apreté el botón del ascensor pero éste no dio indicios de ponerse en marcha. Intrigado eché un vistazo a sus puertas metálicas y me encontré con un trozo de papel de cuadros pegado con cinta adhesiva que tenía escrito a bolígrafo ‘no funciona’. Sin dudarlo ni un segundo descendí raudo por las estrechas escaleras para toparme un rellano más abajo con una anciana que subía con demasiada parsimonia.
– Hombre… Alex… Contigo quería yo hablar… – me dijo.
– Esto… lo siento doña Gloria, yo es que tengo prisa. – respondí.
– Es que resulta, que me comenta Luisa, la del quinto… Ya sabes, esa señora gordita con el pelo corto y rizado que vive en el quinto y que hace años se separó de su marido. Pues ayer, cuando salía a comprar el pan para acompañar la ensaladilla… Porque mira que hace años que no me daba a mi por hacer ensaladilla… pero total, ayer me dije que con el calor que hacía no estaría mal hacer una ensaladilla bien fresquita… pero claro, yo la ensaladilla no la paso sin pan. Así que me comenta Luisa que tiene manchas de humedad en el techo a causa de un escape del termo del vecino de arriba, y como yo estoy debajo de ti pues me dio por mirar esta mañana y la verdad es que he visto unas manchas… Pero claro, con la edad que tengo mis ojos ya no ven como antes, pero para mí que son ¡imágenes de la virgen!. Yo esto ya lo fui a hablar con el párroco don José que casualmente estaba esta mañana en la parroquia y me dijo que…
Media hora después, tras meditar seriamente si huir en dirección a la azotea y lanzarme desde ella a la calle, o si amordazar a la señora y esconderla en mi cuarto de baño, le juré con lágrimas en los ojos que iría a su casa a ver lo de las ‘manchas’ tan pronto como me fuera posible. Me despedí dándole un fuerte abrazo y aproveché para auparla dos escalones más arriba. Por fin tenía vía libre.
Salí corriendo con la esperanza de que la línea siete tuviera el mayor retraso de su historia, mientras sorteaba por el camino toda clase de obstáculos: una señora, el hijo pequeño de la señora, la maletita con ruedas del colegio del hijo pequeño de la señora, un chico absorto con su mp3, y hasta a una chica en patines. Todo menos una cosa, una fatídica boñiga recién exprimida por el culo de un perro que se interpuso en mi camino. Y mientras me resbalaba bajo la asombrada mirada del dueño de aquel condenado caniche, observé como el autobús cerraba sus puertas y continuaba la marcha. 
– ¡Mierda!. – grité.
– ¿Y qué te pensabas que era?. ¿Chocolate?. Mi ‘Paquito’ caga como cualquier otro perro. – dijo el simpático anciano propietario del animal.
– Joder!. ¿Y ahora qué hago?. – pensé en voz alta.
– Pues limpiarte, como todo el mundo. – contestó el anciano mientras me acercaba el papel de periódico con el que pensaba recolectar el preciado trofeo de su mascota.
– ¡No tengo tiempo!. – respondí. – ¡Llego tarde!. ¡Taxi!, ¡taxi! – grité al tiempo que alzaba la mano.
Afortunadamente un vehículo con un cartel de ‘Libre’ en el parabrisas se detuvo ante mi desesperada llamada. Sin embargo cuando me disponía a abrir la puerta del coche, este comenzó a acelerar sin previo aviso, y cuando el conductor sacó su calva cabeza por la ventanilla pude oírle decir:
– ¡Estás loco si piensas que voy a dejar meterte en mi coche para que me cagues toda la tapicería!. ¡Búscate a otro!.
Giré el reloj de mi muñeca, ya que siempre me había quedado algo grande, para poder ver la hora, y un escalofrío de angustia recorrió mi recién perfumado cuerpo. Hacía un cuarto de hora que debía de estar en su casa, y encima le había prometido que no iba a llegar tarde. Así que hice lo que cualquier hombre cagado como yo habría hecho en aquella situación, correr. Correr como un guepardo, como un galgo, como una gacela, aunque muchos hubieran afirmado por mi aspecto que el que corría era más bien un gorrino. Y así fue como llegué a casa de Paula más de media hora después, en pleno mediodía de un Sábado de verano, por lo que para cuando me presenté delante de su puerta estaba completamente empapado en sudor.
Toque el timbre con miedo a un calambrazo causado por la humedad de mi cuerpo, pero afortunadamente no fue así, y escuché los pasos de alguien que se acercaba para abrir la puerta. Me coloque el pelo mojado como buenamente pude, aunque lo único que conseguí fue cambiar mi flequillo de un lado a otro, y entonces ella abrió la puerta para dejar relucir todo su esplendor (esplendor puede sustituirse aquí como ‘pedazo de escote’).
– Hombre, por fin has llegado. Te estaba esperando.
– Si, lo siento, se me ha hecho un poco tarde.
– ¿Que te ha pasado? – preguntó con cara de desagrado mientras me miraba de arriba a abajo.
– Esto… no te lo vas a creer, pero es que he venido corriendo.
– ¿No tienes coche?.
– Eee… si, si… pero es que no me gusta cogerlo. A veces prefiero ir andando para hacer deporte. – mentí.
– Ya, ¿y esa mancha marrón?. – preguntó señalando mis pantalones.
– Pues… no sé, me habré rozado con algo. ¿Me dejas ir al baño?.
– Claro, pasa.
Entre cual extraño y al seguir las indicaciones de su mano traspasé una puerta que sin duda era la entrada al salón. Allí estaban el sofá, el comedor, la televisión, y tres amigas suyas a las que yo no esperaba encontrar allí.
– Ho… Hola. – saludé sorprendido.
Sin embargo mi saludo no tuvo más respuesta que una débil sonrisa reflejada en la cara de una de ellas, mientras la otras dos me miraban con indiferencia.
– Este es Alex.- dijo a sus amigas. – enseguida viene, va un momentito al baño porque se ha cagado el pantalón.
– ¡No, no!, ¡es un roce!. Alguna mancha de aceite o algo…- decía mientras me abalanzaba hacía el baño que había visto entreabierto al final de otro pasillo.  
Cerré la puerta, me quité los pantalones, y me giré rápidamente hacía el sonido de un grifo que parecía abierto. Sin embargo me di de bruces con otro tipo de ‘grifería’ con un aspecto bastante diferente a lo que me esperaba.
– ¡Eh, tio!, ¡pero que haces! – oí gritar al propietario del pene que tenía delante de mis narices.
– Yo… yo… yo sólo iba a…
– Eres otro de los amigos ‘raritos’ de mi hermana, ¿verdad?. ¡Pues ya puedes ir dejando de mirármela pervertido! 
Se abrochó los pantalones y salió del cuarto dando un portazo al tiempo que le escuchaba gritar:
– ¡Tu amigo es un enfermo!. ¡Esto es el colmo!, ¡me ha intentado tocar el pito!.
Avergonzado cogí el primer bote que encontré en el lavamanos y apliqué su contenido directamente sobre la mancha. Luego metí la parte del pantalón afectada bajo el agua para observar con asombro como aquello no mostraba signo alguno de crear espuma. Me fije detenidamente en el bote y me mordí la lengua por no gritar cuando leí ‘crema hidratante’ en la etiqueta del mismo.
Suspiré, me puse los pantalones nuevamente y salí como un torero al ruedo improvisado en el que se había convertido aquel salón. Todos me estaban esperando y me miraban con ojos acusadores.
– Alex… – dijo Paula.
– Yo… estaba buscando el grifo…
– ¿El grifo? – preguntó al no comprender el significado de mis palabras.
– Es que entré con prisas y no me di cuenta de que hubiera nadie dentro. Pensé que alguien se había dejado el grifo abierto. – expliqué.
– ¿Y esa mancha de blanca de ahí?
– Es crema hidratante.
– ¡Pero tío!, ¿tu eres normal?, ¿estás bien de la cabeza? – me preguntó su hermano mientras yo veía como se le hinchaba una vena del cuello.
– Déjalo Luis. ¿Podrías por favor dejarle uno de tus pantalones? – dijo Paula intermediando entre su hermano y yo al ver que este se me acercaba peligrosamente.
– ¡Joder!, no si al final seré yo quién le tenga que pedir disculpas a este imbécil… – respondió airadamente mientras se dirigía a su habitación.
 
CONTINUARA…