STAR WARS: REPUBLIC COMMANDO (ORDEN 66) – CAPITULO III: LA FLOR DE LA ESCARCHA

Esta es la historia de lo que ocurrió con el Escuadrón Delta, el comando de élite que, casi al final de las Guerras Clon, no siguió la Orden 66 dictada por el Canciller Palpatine que ordenaba la ejecución de todos y cada uno de los Jedi, pues eran considerados enemigos de la República Galáctica.

INDICE DE CAPITULOS

Capítulo I: De vuelta a Kashyyyk… otra vez

por LoganKeller

Capítulo II: Oculto en la base enemiga se haya

por El_Rei_Vax

Capítulo III: La flor de la escarcha

por Electroblog

 

CAPITULO (III): LA FLOR DE LA ESCARCHA

 

(Ruego encarecidamente la reproducción CONTINUADA de este tema durante la lectura del relato)

Love Theme from Attack of the Clones

Composed by John Williams
Orchestrated by Conrad Pope and Eddie Karam
Performed by The London Symphony Orchestra and The London Voices


 

El caza Sith invadió el hangar de la nave deslizándose estrepitosamente durante centenares de metros apoyado sobre su base y la única ala que aún le quedaba intacta, dejando tras de sí una estela de luces y fuegos de artificio en forma de chispas y trozos de metal proyectados en todas direcciones. A pesar de los múltiples esfuerzos de las torretas láser por derribarlo, ninguno de aquellos disparos habían conseguido superar la pericia de su piloto. Detenido, convertido en un amasijo de planchas deformadas y humo, se encontraba ahora a merced de varias unidades de soldados armadas con sus flamantes y ligeros rifles DC-15S, que habían irrumpido en la zona del incidente acompañando al ruido estridente de las alarmas. Sus miradas casi cegadas por la multitud de titilantes luces rojas permanecían alerta apuntando a los restos humeantes de aquel caza y buscando en el hermoso rostro de quién tenía el mando de aquella nave Acclamator I cualquier indicio de orden de ataque.

Ella permanecía inmóvil, sorprendida ante los precipitados sucesos que acababan de acontecer. Una misteriosa y solitaria nave Sith había aparecido en los monitores de sus radares, y desobedeciendo cualquier aviso de retirada, había puesto rumbo en dirección a la nave de asalto republicana. A pesar de haber conseguido dañar seriamente una de sus alas, la habilidad de su ocupante había logrado sortear el resto del arsenal defensivo que había salido a recibirle, e impactar a una velocidad vertiginosa y sin control sobre la superficie de la bahía de almacenamiento número 02. Sin embargo, la joven Jedi no sabía que hacer ni que pensar, conocía perfectamente aquellas naves Interceptor que habían sido creadas originariamente por la ya destruida Fragua Estelar, y si bien era cierto que su menudo perfil las convertían en un blanco extremadamente difícil, resultaba tan imposible como extraño que estuviera pilotada por el propietario de una Fuerza que le resultaba familiar. Finalmente, rechazó con rapidez aquella idea, pues ésta presencia resultaba tremendamente poderosa, mucho más que cualquier otra que pudiera haber sentido en el pasado, y porque la persona a la cual le recordaba hacía mucho tiempo que había partido hacía algún remoto lugar del Espacio Desconocido, haciendo uso del único mapa estelar que aún quedaba por ser inutilizado.

La cápsula ennegrecida del piloto se abrió repentinamente, a lo cual ella contestó desplegando su persuasivo e impresionante sable doble de hojas amarillas. La silueta de un hombre encapuchado con una inquietante mascara purpúrea surgió de entre las sombras, decenas de falanges se apresuraron a ejercer una mayor presión en los gatillos sobre los que se apoyaban, pero el pitido del droide utilitario T3 que lo acompañaba hizo temblar la empuñadura de la Jedi. Fue entonces cuando alzó su mano y ordenó el alto de cualquier tipo de ofensiva, luego, se aproximó lentamente hasta el desconocido y ambos se fusionaron en un efusivo abrazo.

Su corazón palpitó aceleradamente conforme se aproximaba al lugar donde parecía provenir la fuente de poder. Ante él se alzaban dos puertas enormes de más de veinte metros de altura bordeadas por indescifrables símbolos de algún arcano y olvidado lenguaje. Incrustó sus uñas en la fina holgura vertical que quedaba entre ellas y se concentró en separarlas. Breves instantes después los portones de metal cedían repentinamente y un viento gélido profería un agudo alarido al escapar por el hueco formado por el lento y agónico peregrinar de ambas estructuras hacía el interior de las paredes de piedra negra. Se escuchó un grito no humano y la posterior ascensión hacía el exterior de la cueva de unas pisadas que retumbaban sobre el rocoso terreno. Mientras se mantenía impasible a la espera de descubrir cual sería su próximo adversario, su siguiente víctima, una sombra gigantesca apareció abarcando la total magnitud de la abertura haciendo insignificante el tamaño de la misma.
El espectacular ente que tenía delante no tenía rostro, ni siquiera un cuerpo físico, se trataba de una desproporcionada aura oscura en la que tan sólo se podía diferenciar lo que parecían ser sus extremidades. La figura de lo que posiblemente fuera su mano derecha se difuminó en el aire para adoptar la forma de un puño asiendo una enorme espada en cuyo oscuro filo podían distinguirse vacíos con el mismo aspecto de las runas que había visto sobre las puertas. Intentó encender sus dos espadas láser haciendo uso de La Fuerza pero ésta inexplicablemente ya no estaba ahí, simplemente había desaparecido. Sorprendido, activó ambos sables de forma manual y los cruzó a la altura de su pecho en un claro gesto de defensa para, acto seguido, observar como aquel brazo descomunal descendía sobre él como un rayo fulminante que caía desde el mismo cielo.
En el silencio de la oscura noche pudo oírse el zumbido de un haz de luz rojo y otro violáceo que a duras penas lograban aplacar el embiste de la sobrenatural criatura. Habría resultado muy sencillo utilizar sus poderes de caballero Jedi para soportar el peso de aquel ataque con tan sólo una de sus armas, y liberar la otra para asestar una mortal estocada en el flanco de su temible rival, pero la realidad era otra, ya que sus articulaciones crujían a cada segundo como queja ante la pesada carga que estaban soportando, y su lamento se había convertido en un dolor intenso y punzante que azotaba todo su cuerpo. Aterrado e inmovilizado, tanto por su enemigo como por la idea de sentirse como un simple mortal, nada pudo hacer para evitar la afilada garra del brazo de la bestia que había permanecido libre hasta aquel preciso momento. Su hora había llegado, la sangre salpicó sus ojos, y mientras caía al suelo notando como la vida se le escapaba por las heridas abiertas, un sentimiento de pánico lo embargó por completo. La muerte se lo llevaba sin dejarle mediar ni una sola palabra, sin darle tiempo a que pudiera regresar para decirle lo mucho que la amaba.

Las tareas de reparación, tanto del caza como de las instalaciones, se prolongaron durante semanas, tiempo durante el cual se había normalizado la situación en la nave, que se dirigía hacía una pequeña base ubicada en el planeta natal de quién la llevaba bajo su cargo, Talravin. Tras delegar algunas de sus obligaciones de mando, se encargó personalmente de curar las lesiones de su inesperado huésped, como ya había hecho en una ocasión anterior, mientras que éste, postrado en la cama de su cuarto, esperaba ansioso la visita diaria de su particular ángel de la guarda.

– Aún no puedo creerme que hayas vuelto, Revan. ¡No puede ser cierto!. – gritaba al tiempo que lo rodeaba con sus brazos.
– No por mucho tiempo, tengo un asunto urgente que resolver. – contestó evitando su mirada.
– ¿Estás de broma, verdad?. Sabía que algún día ‘Tetrés’ te traería de regreso hasta mí. – respondió con un sonrisa que iluminaba toda su cara.
– Siempre has sido muy lista. – sonrió.
– ¡Pero si estás helado!. – dijo mientras sujetaba una de sus manos.
– No soy yo. Toma, te he traído un regalo.
– ¿Un regalo? – respondió sorprendida. – Vienes con ese aspecto, como si hubieras sobrevivido a la propia muerte, ¿y te preocupas por traerme un regalo?. ¿Qué es?. – preguntó con los ojos muy abiertos al tiempo que intentaba descubrir lo que el Jedi ocultaba en uno de sus puños magullados.
– Una flor de la escarcha. – dijo mientras el rostro de ella cambiaba toda su alegría por un gesto de decepción.
– Acabas de llegar, no pensarás en irte… de nuevo… no… al menos, no ahora… – pronunció titubeando.
– Dicen que esta flor es tan fría como la distancia que separa a los amantes…
– …y que su belleza refleja la vida de quien la recoge. – dijo interrumpiéndole. – Si, conozco esa historia.
– Quédatela.
– No, a donde tu vayas yo iré contigo.
– Por favor, guárdala. Si mi vida llegara a marchitarse, la flor se ajará con ella. – contestó mientras la obligaba a sujetarla por medio de ambas manos.
– No quiero saber de ti por medio de una flor, Revan. – sollozó, al tiempo que se aferraba a su pecho, abrazándolo.
La miró dulce y lentamente a los ojos, y se dejó ahogar en el amor que le profesaban, luego acarició su cabello cobrizo y la mano se le impregnó con el olor de su pelo. Ella cerró los parpados al sentir resbalar por sus mejillas la tersura de unos dedos que buscaban como refugio el amparo de su cuello. Sus bocas se aproximaron tan despacio que el mundo pareció detenerse alrededor de ellos, para poco después engarzarse en un beso que convulsionó sus labios. El roce de sus cálidas lenguas y el néctar embriagador que las recubría destaparon el deseo que durante tanto tiempo se había ocultado bajo la férrea disciplina que requerían sus vidas. Luego, sus manos liberaron aquellos senos de la prisión de la ropa que los cubría, y una vez quedó absorto ante la belleza de aquel torso desnudo, sus dedos se deslizaron por entre las múltiples grietas que conformaban las cicatrices de su espalda. Eran las mismas heridas de las que indirectamente había sido participe, las mismas marcas cuyo dolor arrojaron a Bastila al lado oscuro de La Fuerza, guiada por Malak y por el odio. Sus cuerpos, despojados ya de cualquier pudor que no fuera el de su propia piel, se unieron en un sinfín de caricias mientras sus alientos expiraban enérgicamente toda pasión contenida, para mucho después caer derrotados presas de un temblor incontrolado, y del cansancio caliente y húmedo que los cubría.

Se aproximó hasta donde se encontraba el cuerpo inerte de a quién había servido con lealtad durante las Guerras Mandalorianas, en el tiempo en el que era conocido como el Lord Oscuro del Sith. Sin embargo, su cadáver lacerado por inmensas garras no mostraba rastro alguno de su antiguo poder, y sus pupilas tan sólo reflejaban el vacío de la noche. Miró momentáneamente alrededor y sintió un escalofrío de terror al toparse con aquellas puertas abiertas, pero otro mucho más mayor sobresaltó su cuerpo cuando al regresar su mirada contempló como los ojos de Revan le observaban mientras su corazón volvía a bombear la sangre de nuevo.

– ¡Estas vivo!, pero… ¡es imposible!. ¿Cómo…?.
Aún debilitado señaló con el dedo índice de su temblorosa mano hacía los oscuros portones, los gritos de la extraña criatura podían oírse otra vez.
– Has… ¡has despertado al Guardián Primigenio!, ¡el primer Cazador de la Fuerza!.
Revan empezó a comprender que es lo que había sucedido, aquella bestia primitiva había consumido su Fuerza.
– Escucha. Kreia, tu antigua maestra, está muerta – desveló a Revan mientras éste intentaba incorporarse y las pisadas de la descomunal forma se escuchaban cada vez más cerca. – Yo… yo la maté. Pero antes de fenecer me descubrió tu paradero y predijo nuestros destinos. Estoy aquí para salvarte, ¡ve hacía el Halcón y enciende sus propulsores!. – dijo indicando la silueta azabache de una nave que se encontraba muy próxima al Interceptor Sith con el que había llegado al planeta.
La sombra gigantesca hizo nuevamente acto de presencia, motivada sin duda alguna por la existencia de una nueva fuerza en los alrededores de la entrada de aquella enorme cueva. La Exiliada desenvainó su espada láser y el color azulado de la misma se reflejó en su cara. Sin duda, tras la muerte de Kreia, se había convertido en una experta combatiendo cualquier técnica que hiciera uso del consumo de La Fuerza.
Inexplicablemente se hallaba vivo y sentía su poder nuevamente, incluso parecía que éste se había duplicado en su interior, por lo que corrió hasta el Halcón de Ébano cumpliendo con la orden que La Exiliada le había dado. Apartó bruscamente al droide T3-M4 que se había aproximado para saludarlo pues se encontraba obstaculizando el camino que llevaba a la cabina de mando, y una vez allí encendió los motores. La luz que proyectaban se reflejaba con tal intensidad sobre el cuerpo de la sombra que su forma fue agujereándose paulatinamente mientras ésta era pasto de las llamas. Herida, y en un desesperado intento por eludir el mortal ataque, está convirtió una de sus extremidades en una lanza que se abalanzó sobre los motores provocando severos daños en muchos de ellos. Sintiendo como los vacíos generados en su interior se volvían cada vez más grandes, la criatura se volvió para refugiarse en las entrañas de la oscura caverna de la que había salido, pero la experimentada Jedi se había adelantado a su maniobra y se encontraba cortándole la retirada. Sin apenas fuerzas para volver a enfrentarse a los pocos propulsores que aún quedaban en funcionamiento, y sintiendo próxima su muerte, extendió por completo sus extremidades y envolvió por sorpresa a La Exiliada. Revan gritó desesperado, conocedor de que no podía ayudarla desde el lugar donde éste se encontraba. Únicamente tuvo tiempo para observar como la valiente e intrépida Jedi era consumida por las mismas llamas que daban muerte a la criatura.
Cuando llegó a su lado ya era demasiado tarde, su cuerpo se encontraba enteramente carbonizado. Los trozos de negra piel que cubrían su boca se separaron levemente para expirar una frase que pronunció con su último aliento de vida.
– Debes… regresar… y acabar con… la amenaza. Eso… eso dijo Kreia. – La voz de Revan debilitada por el dolor tan sólo pudo contestar con un escueto ‘gracias’ a modo de respuesta.
Pasaron varios días en los que se mantuvo al lado de los restos de la Jedi Exiliada, a la espera de que algún suceso extraño hiciera desaparecer sus heridas, como había ocurrido con él. Sin embargo nada de esto sucedió, y no tuvo más opción que la de darle el descanso que se merecía. Cerca de donde se encontraba, un árbol de la escarcha mostraba con orgullo sus flores ajeno a la tragedia. Arrancó una de ellas y se dirigió junto al droide a la nave con la que había aterrizado en el planeta donde los vestigios de los Verdaderos Sith amenazaban con sesgar más vidas.

– Revan, no entiendo porque tienes que marcharte ahora. Podrías quedarte aquí, conmigo. Podríamos…

– He abierto una puerta que encerraba la mayor amenaza que se pudiera cernir sobre universo alguno. – le interrumpió mientras agachaba la cabeza.
– ¿De qué estás hablando?, ¿qué… que es lo que has hecho Revan?. – contestó sorprendida.
– Desperté a un guardián primigenio, y con él a alguna extraña y olvidada alteración de La Fuerza cuyas implicaciones aún no logro entender.
– Déjame ayudarte. Déjame ir contigo. Juntos… – respondió suplicándole.
– ¿Y arrastrarte conmigo a una muerte segura?. ¡No puedes pedirme eso Bastila, sabes que no lo haré!. – dijo cercenando sus palabras nuevamente.
– ¿Una muerte segura?. ¡Como puedes decirme eso!, ¡como puedes esperar que asienta con la cabeza mientras veo como te vuelves a alejar de nuevo! – gritó mientras ahogaba su voz en un llanto y su rostro se llenaba de lágrimas.
– ¡Compréndeme!, ¡soy una amenaza!, ¡para ti!, ¡para la república!, ¡para cualquier galaxia!, ¡incluso para mí mismo!. ¡No puedo dejar que nadie más conozca el paradero ancestral de los Sith!, ¡no sería seguro!. Y ahora que incluso yo lo sé, debo desaparecer junto con ese maldito planeta.
– ¿Y Estás dispuesto a entregar tu vida?
– Mi vida eres tu Bastila, y eres lo único que no estoy dispuesto a perder.
Paralizada, sabiendo que ella hubiera obrado de la misma manera, sintiendo el latir de su corazón en carne viva ante la dolorosa verdad recién desvelada, permaneció callada.
Días después todo estaba preparado para la partida. La nave que le había sido asignada se encontraba en perfectas condiciones y Revan se había asegurado de que en esta ocasión la memoria de T3-M4 no pudiera ser manipulada por Bastila. Ella no dijo nada, permaneció refugiada tras uno de los ventanales de los pasillos que daban acceso al hangar. En cierto modo ambos habían cumplido su sueño, ella lo había vuelto a ver como éste le había prometido, y él podría enfrentarse una vez más a la muerte sin miedo a perder la batalla. La grúa depositó al droide en el asiento del copiloto, y luego, oculto tras su mascara, Revan sorbió las amargas lágrimas provocadas por la despedida y el triste sentimiento de dejar todo lo que de verdad quería tras la superficie de aquel cristal. Bastila observó la ignición de los impulsores dobles de iones, mientras sentía como aquel ruido ensordecedor que empujaba a la nave hacía el exterior también alejaba todo amor de su vida. Aguantó las lágrimas como pudo, pero cuando estaba a punto de retirarse, una de ellas se escapó a través de su mejilla. Su alma había terminado de quebrarse al notar que la flor que guardaba en su mano ya había comenzado a derretirse.

Bueno, espero que halláis disfrutado con mi pequeña aportación a esta gran iniciativa ideaba por Logan, bajo los auspicios de la Lady del Lado Pringoso de La Fuerza, Rikkuladelmedio. Y por si acaso os habéis emocionado (ojala, al menos con esa intención me he pasado días estrujándome la cabeza y reescribiendo el texto), ya sabéis que no me gusta que visitéis mi humilde blog sin intentar robaros una sonrisa… así que… ¡a la mierda este final y venga un poco de humor a nuestras vidas!

¡UN ABRAZO A TOD@S! ¡NOS LEEMOS! XD