De Pelicula: Anna y el Rey


How can I not love you?
Joy Enriquez
OST Anna and the King

Reconócelo, si estás leyendo esto es porque te aburres más que yo después de haber enviado al SAT mi consola para que la repararan, así que intentaré entretenerte en los próximos 120 minutos. ¿Qué no tienes tanto tiempo?. ¡Pues lee más rápido!.
Antes que nada te advierto que NO voy a poner SPOILERS por un tubo, a tocateja, a punta pala, a mogollón, a tutiplén, y por si no te ha quedado claro, BASTANTES. Por lo que si no has visto la película PUEDES SEGUIR LEYENDO, aunque no creo que a estas alturas de tu vida te pase algo por saber que AL FINAL ELLA MUERE TRAS UNA NOCHE DE SEXO TORRIDO CON EL BUTANERO Y EL JUBILADO DEL QUINTO. Bueno, realmente este es mi final enfermizo y alternativo, el verdadero no lo voy a contar, pero al menos sé que si has llegado hasta aquí es porque además del morbo te interesa saber de que va la película.
Si en CINE DE BARRIO critico los títulos favoritos de Morgennes, es decir, aquellos que no me gustan XD, aquí os hablaré de esas obras que forman parte de mi colección de películas no clasificadas como ‘X‘, aunque las otras sean mucho más fáciles de comentar, pues a no ser que seas como Momome, con decir ‘pedazo de perolas tenía la muy…’ bastaría para saber de que van.

Si creiáis que lo del principe Carlos de Inglaterra con su amante Camila Parker era un amor imposible, es porque no sabiáis de esta historia

Seguro que habrá alguno que por su título se piense que se trata de un remake de la serie Ana y los Siete, porque además de tener una protagonista llamada Ana, hay un padre calvo que desconocía el significado de la palabra preservativo, pero nada más lejos de la verdad, Ana y el Rey, está basada en el libro ‘Anna and the King of Siam’ de Margaret Landon, y este a su vez en una historia real. Sin embargo, no se trata de la única adaptación de esta obra al cine, en los tiempos donde las películas a color eran lo último de la tecnología (me río yo del HDMI), esta novela se convirtió en un musical de éxito en Broadway llamado ‘El Rey y yo’, sobre el que pocos años después se haría una película con el mismo nombre (galardonada con 5 Oscars y nominada a 12), y cuyo actor principal, Yul Brynner, se llevó el Oscar al mejor actor, y es que no era difícil que no bordara el personaje si lo representó en teatro en más de 4.000 ocasiones.

Pero existen muchos ejemplos de pelis de éxito cuyo título empieza por ‘El Rey…’ como ‘El príncipe de Egipto’, ‘El príncipe de las mareas’, ‘El príncipe de Zamunda’, o ‘El príncipe de Beukelaer’. Vale, vale, ahora mismo no me acuerdo de ninguna que no sea ‘El Rey León’, pero al menos las que os he puesto se aproximan jerárquicamente, menos el de Beukelaer, que es el nombre de unas galletas de chocolate y lo he nombrado porque me ha entrado hambre mientras estaba escribiendo.
Para empezar en Siam no había condones, ni televisión, ni videoconsolas, así que si creíais que ‘101 Dálmatas’ era el máximo exponente en lo que a apareamiento y reproducción desmedida de una especie se refiere, es porque no sabéis como se las gastaba (más bien, como se las cepillaba) el rey Mongkut. Pero no os creáis que el tipo sólo le daba al sable, también tenía sus preocupaciones e inquietudes, y no de la clase ‘ante la duda, la más tetuda’ precisamente, y es que entre procreación y procreación supo darse cuenta de la amenaza que suponía el colonialismo inglés. Así que ni corto ni perezoso, y haciendo caso del sabio que dijo ‘si no puedes con tu enemigo, únete a él… pero por si acaso… ni te agaches, ni le des la espalda’, contrató los servicios de una profesora de inglés para toda su prole y su harén de esposas (y dad gracias que a estas últimas no las apuntara además a clases de francés o griego), con el fin de ayudarle también a modernizar el país (y no, no me refiero a que fuera la encargada de ponerle el Interné) manteniendo al mismo tiempo el valor por las viejas tradiciones.

¡Ja!, si pensábais que la vida del dueño de la mansión de Playboy era de lo más interesante es porque… ¡no conociáis las andanzas de este rey!

¿Cómo?, ¿que vaya mierda?, ¿que aquí no hay acción?. Eso lo piensas porque aún no he contado que el rey lo interpreta nada más y nada menos que Chow Yun-Fat (realmente se llama Manolo Gutiérrez, pero estoy poniendo nombres orientales para ver si esta entrada sale en portada, ¡tiembla Ichigoichie!), uno de los actores estrella de muchas de las películas de John Woo. Vamos, que viene a ser como la Penelope Cruz de Pedro Almodovar pero con menos ‘lope’ y más de lo otro, porque al fin y al cabo se trata de un tio.
¿Qué?, ¿que vaya cagada?, ¿que aquí no hay otros actores de peso?. Eso es porque aún no sabes que la ‘teacher’, Anna Leonowens, es interpretada por Jodie Foster, que aunque es flaquita y chuchurrida, fue ganadora en dos ocasiones de una de esas estatuillas de Hollywood envueltas en el papel que recubre los Ferrero Roché. Así que la interpretación es simplemente soberbia, de hecho dicen que Jodie llamaba ‘majestad’ a su compañero de reparto fuera del rodaje para que le saliera con normalidad durante las grabaciones (menos mal que no era un remake de ‘El mundo de Wayne’, porque si no se hubiera pasado todo el film gritando ‘¡mola!’ y ‘¡marcha, marcha, es genial!’).
Y diréis, ¡pero que me estás contando!. Si gente, la Foster y Chow (el único actor del mundo al que no le gusta que lo llamen dos veces por su nombre) hacen dos representaciones impecables, hasta tal punto, que sólo por esto ya valdría la pena el visionado de la película, pero por fortuna ésta cuenta con algunos alicientes más. Como su fotografía, simplemente espectacular, llenando a cada momento la pantalla de un colorido y exotismo visual increíbles, o como su vestuario, que recrea a la perfección los atuendos propios de tan rica cultura (aunque esto no sea muy difícil, porque allí la gente se levanta de la cama por la mañana y con la misma sabana de color se visten, o sea, olvídate de ver un Zara o Mango en algún lugar del reino). Y para rematar una excelente OST (que son las siglas en Inglés de ¡Ostia!, ¡Sonido Tremendo!), no sólo por sus bellas y orquestadas melodías de corte místico y oriental, sino por la fantástica balada cantada por la preciosa voz de la cantante Joy Enríquez. Que por cierto, esta chica si que es guapa, y es que yo no sé lo que le habéis visto a la Jennifer LO sin ser ese trasero enorme que se sale en todo momento de la pantalla en la megasuperincreible película ‘ANACONDA’ (no confundir con su versión porno ‘Ana La Cachonda’ donde la única serpiente que sale es la del actor protagonista). Lo siento Mark Anthony, pero esto es lo que hay, y ese culo desorbitado no se puede ocultar, y es que si te bailara la danza del vientre en vez de pañuelos tendrías que darle cortinas. Si a esto le añadimos miles de extras locales o actores asiáticos como Kay Siu Lim o Bai Ling (joder, esto ya merece una portada, ¿no?), y que en determinados momentos se hable en siamés (no, no es como el maullido de los gatos), lo cierto es que uno no puede sino recrearse la vista y los oídos en algunos pasajes del film.
Pero este largometraje también tiene cosas de ‘WTF!’, o lo que es lo mismo, de ‘¡PQC!’ (¡Pero Que Coño!), como su guión, que a pesar de ser haber sido reescrito en al menos cinco ocasiones no me extraña que finalmente no le gustara a las autoridades Tailandesas y los mandaran a rodar por cul… a rodar por Malasia, donde finalmente se terminó de grabar la película, tras construir a la antigua usanza un palacio real de Bangkok con papel maché y cinta adhesiva que ríete tú de ‘El Escorial’ (el decorado más grande jamás construido después del de ‘Cleopatra’). Y es que su argumento falta a la verdad en todos los sentidos, y no sólo porque verdaderamente nunca hubo ‘tomate’ entre su majestad y la profesora (ya que lo máximo que ocurrió en la vida real es que ésta y su hijo aparecieron en el testamento tras la muerte del rey a causa de una grave enfermedad, aunque nunca heredaron nada), sino porque además se inventan por todo el morro la situación política que tuvo lugar en aquellos momentos del siglo XIX. Hay que ver que cara más dura tienen estos Yonkies… digo, Yankees, y es que todo lo que tocan lo americanizan sobremanera, y es este el principal motivo por el que esta superproducción hace aguas, por los altibajos en el desarrollo de la trama, por la forma tan poco objetiva de mostrar el contexto histórico, y porque ‘la batalla final’, trompeta y fuegos de artificios incluidos, es de lo más absurdo que he visto en mucho tiempo.
Pero si conseguimos abstraernos de estos detalles y nos centramos en la verdadera ‘batalla’ que se desarrolla a lo largo de toda la película, la interpretativa, y en la trágica historia de amor paralela que sirve para dar pie al enfrentamiento entre el rey y la profesora, lo cierto es que uno disfruta de una romántica película grandiosamente recreada que culmina con un hombre que pese a haberlo tenido todo se da cuenta de que jamás fue dueño de un amor real, así como del verdadero valor de la mujer en un tiempo y una cultura donde la tradición y las costumbres las había relegado al papel de sirvienta, madre, y esposa.
Vale, ya sé que vosotros, personas curtidas en el noble arte de arrancar cabezas a marañas de zombies en algún survival horror o de sortear insondables abismos de muerte en algún plataformas, habéis perdido cualquier tipo de sensibilidad, empezando por vuestros callosos dedos a causa de machacar tanto el ‘pad’, pero yo que crecí entre joysticks y la suavidad imprecisa de los ratones de bola no puedo evitar emocionarme cuando al final antes de separarse ambos protagonistas se dicen:
– Me pregunto si dadas las circunstancias sería apropiado para el Rey invitar a Ana a bailar.

– Ya he bailado antes con un rey, majestad.

– Y yo con una mujer inglesa.
Y mientras bailan juntos este le besa la mano, le mira a los ojos, y le confiesa:
– Hasta ahora, señora Leonowens, no había entendido la idea de que un hombre pudiera estar satisfecho con una sola mujer.
Cagon to… me ha pasao otra vez… ¡no!, ¡no es una lágrima!, es que estoy redactando esta entrada demasiado cerca de la pantalla del ordenador… ¡snif!…
En fin, si te van los amores imposibles, el sabor de las antiguas superproducciones de Hollywood o de la comida asiática, y ver a dos actorazos como la copa de un pino (me refiero a la altura interpretativa y no al color) lograr por si mismos dar credibilidad a toda una película, sin duda, no debéis perdérosla.
Aquí os dejo un trailer de está película en su versión original…