ENEMIGO MIO: La Ciencia Ficción más infravalorada

ENEMIGO MIO: La Ciencia Ficción más infravalorada

Resulta al menos curioso que dos de mis películas favoritas, ENEMIGO MIO, y ENEMIGO A LAS PUERTAS empiecen con la misma palabra, tan curioso como que la primera de ellas sea una completa desconocida para muchos amantes de la Ciencia Ficción, quizás debido a que muchos de los seguidores de sagas, series, o películas espaciales reconocidas como Star Wars, Star Trek, Alien, Starship Troopers, Alien Nation, o Babylon 5, rara vez se atreven a visionar cualquier otra alternativa, y mucho menos cuando esta se trata de un film rodado hace más de 25 años con escaso éxito de crítica.

Tras leer la entrada de Rikku sobre las excelencias de Stargate, no he podido evitar retrotraerme a mi infancia y recordar como mi madre tenía la malsana costumbre de enviarme a comprar el pan en mitad de cada episodio de la serie Galactica. Traumas aparte, también recordé cuando ella me llevaba al videoclub para alquilar algo que me gustase y la pobre terminaba pasándose el fin de semana visionando películas con algún extraterrestre o unas espaditas de por medio. Una de esas mañanas de Sábado me dio por escoger una cinta en formato BETAMAX de SONY (si, la compañía japonesa ya me la había metido doblada con su formatito, luego vino el UMD, y ahora tengo el Bluray de mi PS3 muerto de risa), porque aún no teníamos VHS, en cuya portada salía la cara de un hombre mirando a un alienígena, ambos con cara de muy pocos amigos. Luego regresamos a casa alegremente esperando una espectacular batalla estelar (bueno, quizás mi madre no tan alegremente), y aunque no hubo tal espectacular batalla, lo cierto es que en algún momento del largometraje acabamos abrazados mientras intentábamos disimular alguna que otra lagrimita. Aquella película se llamaba ‘Enemy Mine’, como posteriormente le pondrían a uno de los capítulos de la serie ‘Stargate SG1’, y quizás sea ese el motivo por el cual al leer el artículo de Rikku su nombre apareció perdido en algún lugar de mi memoria.

Si os deprimisteis cuando a Han Solo lo inmortalizaron con Carbonita en vez de con una cámara digital, si os sangró la nariz la primera vez que la princesa Leia salió en bikini frente a Jabba el Hutt, o habéis llorado imaginándoos lo doloroso que debe ser para un Wookiee el darse la cera, no sólo sois unos frikis de cojones, sino que seguramente esta película os pueda llegar a emocionar.

A la izquierda portada chula americana de la película, que no me preguntéis cómo, pero es la que yo recuerdo que ví. A la derecha portada menos chula a lo Star Wars que supuestamente se distribuyó por estos lares.

Antes que nada ya os aviso que los efectos y diseños de esta película son en mi opinión algo ‘casposos’ incluso para aquella época, por decirlo de una forma original y elegante, porque si hubiera querido describirlos con una palabra menos sutil, la hubiera sustituido por ‘mierda’. Vale que el futuro del que trata, año 2092, antes parecía muy lejano y ahora nos queda muy cerca (aunque yo no creo que llegué para soplar las velitas), pero eso no explica que al principio del film aparezcan naves espaciales con armas láser y después en el enfrentamiento cuerpo a cuerpo los humanos sigan defendiéndose a base de escopetas y pistolitas. Bueno, eso de ‘naves espaciales’ quizás me haya quedado algo exagerado, porque las de la raza enemiga tienen un pase, pero es que las de los humanos son simplemente un F-18 ‘tuneado’ desplazándose por un fondo de planetas y estrellas pintados sobre una cartulina. Respecto a los monstruos que aparecen en el planeta, pues que queréis que os diga, son dos, y para estar hechos con un poco de plastilina, gomaespuma, tela, y papel maché, no están nada mal, aunque personalmente a mi me causa más pavor la montaña de basura que hablaba en ‘Fraguel Rock’. Pero aunque sea evidente que los efectos especiales comparados con otras producciones de aquel tiempo no son lo más loable de está producción (y es que hasta en las fiestas de mi pueblo los fuegos de artificio son más espectaculares y coloridos, porque en esta película las explosiones son sólo chispas), y que resulte obvio que los diseñadores tenían una imaginación más escasa que el vocabulario del personaje Timmy en ‘South Park’ (joder, que casi al final de la pelí el ‘prota’ para pasar desapercibido se pone un gorro y una gabardina a lo Humphrey Bogart en pleno 2095), es justo reconocer que el maquillaje del rostro de la raza alienígena con aspecto reptiliano está muy logrado, y aunque sin duda se encuentra muy influenciado por los lagartos ‘V’, éste es mucho más expresivo que el de la serie, logrando hacer verosímiles las muestras de furia, pena, dolor, o ternura en el rostro del alienígena.

Tres cosas que no debería tener una buena película de Ciencia Ficción espacial, un monstruo que se note que es de cartónpiedra, un tio llevando una gabardina y una escopeta en un planeta inexplorado, y chispas para simular fuego o explosiones.

En este punto es cuando seguramente estaréis pensando ‘a ver, una mierda de naves, de efectos especiales, de armamento, de vestuario, con una sola raza alienígena, ¡coño!, ¡como no va a estar infravalorada!, ¡lo preocupante es que aún te acuerdes de ella!’. Bueno, es que lo mejor lo explico ahora.

Estas son las naves humanas, un F-18 ‘tuneado’ que despega y aterriza como un Harrier, todo un alarde de imaginación e ingenio por parte de los diseñadores. Ya puestos a hacer el capullo ya podrían haber puesto un Seat 127 con alas.

Un profesor que me daba clases de Geología en la Universidad decía algo así como que en un futuro, si desapareciéramos, probablemente los extraterrestres podrían saber de que año eran los restos enterrados gracias a los envases de CocaCola que habría alrededor. Pues bien, mi profesor era seguramente el padawan del guionista porque en una de las escenas el protagonista se pone muy feliz cuando se encuentra con una lata de PepsiCola (aquí otra vez se lucieron ideando un envase tan estúpido como voluminoso). El caso es que dicho guionista fue nada más y nada menos que el autor del libro en que se basa la película, Barry B. Longyear, y que fue galardonado en su día con los premios Hugo y Nebula. Eso fue lo que me cautivó en su día, su original planteamiento, lástima que años después visionara el clásico ‘Infierno en el Pacífico’, rodada 17 años antes, la cual planteaba algo muy similar, la convivencia en una recóndita isla del Pacífico durante la Segunda Guerra Mundial de un Americano y un Japonés, donde curiosamente ambos actores, Lee Marvin y Toshiro Mifune, habían participado realmente en dicha guerra en bandos contrarios.

La historia trata más o menos de lo siguiente, en medio de una guerra interestelar entre la raza de los humanos y los Dracs (¡sólo dos!, ¡y yo quejándome del mini universo del MASS EFFECT!), dos pilotos se ensalzan en una batalla que termina arrojándolos a ambos en mitad de un planeta inexplorado llamado Fyrine IV. Después de un primer enfrentamiento, ambos combatientes entienden que deben de cooperar juntos si quieren sobrevivir a las frecuentes lluvias de meteoritos y demás lindezas de este planeta hostil. Durante el paso del tiempo crean un lazo de amistad que les llevara a salvarse la vida en varias ocasiones, y a aprender su cultura e idioma. El problema viene cuando el Drac se INSEMINA A SI MISMO (¿será porque en el fondo es un ‘Drac’ Queen?, ¡toma giro argumental!) y se queda en estado de gestación, y al mismo tiempo aparece una plataforma espacial que expolia los minerales de los planetas con la mano de obra gratuita proporcionada por Dracs esclavizados. ‘Y hasta aquí puedo leer’, que hubieran dicho en un antiguo programa televisivo. El guión tiene algunos toques de humor muy buenos que amenizan la verdadera esencia que se esconde bajo su argumento, un problema que sigue arrastrando nuestra raza hasta el día de hoy, la xenofobia, por lo que en ese aspecto el film no ha envejecido ni un ápice. Además, el epílogo final, aunque simple y escueto, es de los más bellos que he visto en este tipo de películas.

A esta estupenda caracterización se le une una sobervia interpretación. Vale que Gossett se levantada con muy mala cara por las mañanas, pero os aseguro que esa jeta es puro maquillaje.

Por otro lado, si de algo se puede jactar este film es que tanto su director como sus dos actores principales son gente muy reconocida incluso en el momento en que tuvo lugar el rodaje. Por ejemplo, su director es nada más y nada menos que Wolfgan Petersen, culpable de haber rodado un año antes la maravillosa ‘La historia interminable’ (¿qué fue del tal Limahl, el cantante de la canción y del grupo Kajagoogoo?. ¡Ala!, ¡ya tenéis deberes para este verano!). Al personaje principal humano le da vida Dennis Quaid, el de ‘Gran Bola de Fuego’ o el de mi queridísima ‘DragonHeart’ por el tremendo doblaje de Paco Rabal, pero a fuerza de ser sincero su trabajo me pareció un pelín lamentable, aunque no es de extrañar si le añadimos la pésima voz que le pusieron, de los peores doblajes que he escuchado a pesar de estar a cargo de José María del Río, que era quién ponía la voz en los documentales de ‘Cosmos’ al científico Carl Sagan. Todo lo contrario ocurre con su enemigo, el cual está interpretado por Louis Gossett Jr. (el sargento de ‘Oficial y Caballero’, y doblado perfectamente por quién también le puso la voz en esta misma película), y aunque sin duda su trabajo en este largometraje provoque a más de uno un ataque de risa, a mi me pareció loable, y si no que levante la mano el guapo que sepa interpretar mejor a un lagarto hermafrodita embarazado de si mismo (¡tócate los ‘eggs’!, vaya un papel!, y que os creéis, ¿qué el Dustin Lee Hoffman o el Al Pacino lo hubieran hecho mejor?). Más allá de lo absurdo de saber quién es la persona que se encuentra detrás del maquillaje, o del disfraz que cubre todo su cuerpo, a mi me pareció una representación muy seria, emotiva, y acertada, de lo que podría ser una raza similar a la humana en emociones pero con una cultura completamente distinta, que ya quisieran para si otras películas. A destacar la saliva de la boca, que fue una ocurrencia del actor, y los sonidos guturales a la hora de hablar en otro lenguaje. Para la anécdota queda que la actriz Carolyn McCormick, que tuvo su papelillo en este film, es también la responsable de ponerle la voz a algunos personajes femeninos del juego Deus Ex que tanto gusta por estos lares. Y como colofón final la música quedó a cargo del maestro Maurice Jarre, creador entre otras de las melodías de ‘Ghost’ y ‘Fearless’ (estas son mis favoritas), y aunque no me parece su mejor creación los cierto es que en la escena del nacimiento sus notas consiguen un sonido precioso e intimista que hace que esta se convierta en un evento donde el espectador pueda dejar aflorar sus emociones con facilidad.

No tiene mucho que ver, pero si yo no duermo, vosotros tampoco. ¿Os acordaís del guaperas de Limahl?, pues toma digievolución en cantante de orquesta. Que malo es el paso del tiempo. ¿Ande se habrá dejao el peinao?.

Pero lo mejor de todo son sus paisajes. Juro que me enamoré de ellos desde un principio, cuando el protagonista se parapetaba tras enormes rocas volcánicas, quizás debido a mi corazón canario, lo cierto es que me parecían unos paisajes espectaculares, y no estaba mal encaminado porque una imagen casi al final del largometraje me dio la razón. Se trataba de la imagen del famoso ‘lago verde’ (llamado así por su color característico, provocado por las algas en ese pequeño reducto de agua de mar) o Lago de Los Ciclos que existe en la playa de El Golfo en la isla de Lanzarote, donde nació mi padre (por muy raro que le suene a la gente de fuera de las islas, por mis venas corre sangre ’conejera’). Y entonces me pasó lo mismo que cuando visioné el final de ‘El Sexto Sentido’, y es que todo lo que había visto cobraba otro significado, porque aquel planeta inhóspito se transformaba ante mis ojos en el Parque Nacional de Timanfaya (montañas del fuego), lo cual me dejó simplemente alucinado. Es una sensación muy parecida a cuando ambientan una ‘peli’ americana en una ciudad como Barcelona o Madrid, que te parece más real porque reconoces sus calles. He visto unas cuantas películas rodadas en la isla de Achinech, nombre aborigen de Lanzarote, como ‘Hace un millón de años’, ‘Cuando los dinosaurios dominaban la tierra’, ‘Viaje al centro de la tierra’, o la reciente ‘Los abrazos rotos’, pero lo siento por Almodóvar y el resto de directores, porque sólo con ‘Enemy Mine’ he tenido la sensación de estar en otro mundo, algo así como lo que sientes cuando te pierdes por los paisajes de mi segunda isla.

Timanfaya y Lago Verde, dos lugares donde el corazón se sobrecoge cuando llegas a creer que te has teletransportado a otro planeta. Aquí os pongo unas fotos que hice el año pasado cuando pasaba allí mis vacaciones para que veáis que no han cambiado sus mágicas formas.

Y como este es el tipo de entradas que por el tiempo al que hace referencia le hace sentir a uno más ‘viejuno’, lo voy a dejar hoy aquí, recomendándoos encarecidamente esta película, de la que estoy seguro, os guste o no, os mantendrá entretenidos más de una hora y media este verano si sabéis buscar bien en San Google Bendito y en las páginas que permiten ver las películas de forma Online. Y es que acostumbrados como estamos a tanta escena generada por ordenador, la verdad es que a veces resulta incluso un alivio presenciar este tipo de obras donde a pesar de que los decorados interiores parecen decorados y las luchas son poco creibles, lo que prevalece al final de su visionado es su mensaje universal de respeto y amor. Espero que como a mi, su breve escena final en el precioso planeta Dracon os quede grabada en la memoria con la voz del narrador ‘Y Davidge llevó a Zammis a su planeta. Cumplió su promesa y recitó los nombres de los antepasados de Zammis ante el sagrado consejo de Dracón. Y cuando llegado su tiempo Zammis llevó a su propio hijo ante el sagrado consejo, el nombre de Willis Davidge fue añadido al linaje de los Jeriba’.

Lagartos o humanos, ¿que nos diferencia?, ¿acaso los chinos no comen también ratones?. Que levante la mano quién en alguna ocasión no haya querido ver muerto al plasta del Mickey Mouse

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