Relatos extraordinarios presentan: La soledad de Jonas

Hola fieles lectores (Si es que hay alguno xD), Ya que ayer me fue imposible hacer una entrada, hoy os pongo un relato de los mios, para que paseis un ratito. Leerlo y me comentais que os ha parecido ¿De acuerdo? 

 

 

LA SOLEDAD DE JONAS

 

“Jonás abrió los ojos, y a su alrededor solo vislumbro oscuridad. Intento levantarse después de frotarse los ojos para eliminar los restos de legañas, y sintió como sus extremidades respondían de mala manera por la falta de alimento de los últimos días. Se apoyo en una pared próxima con las manos, y con un enorme esfuerzo se logro poner de pie. Sintió un pinchazo en la sien tan potente que apretó los dientes y emitió un gruñido tan fuerte como sus escasas fuerzas le permitieron. Mientras el creciente dolor de cabeza le taladraba el cerebro, recordó entre brumas mentales el como había llegado a esta situación.

  

Recordó como había encontrado abierto aquel escondido almacén en la vieja zona industrial al otro lado de la calle residencial al intentar huir del abrasador sol. Como había recorrido las desmoronadas estancias lenta y minuciosamente en busca de algo de alimento que llevarse a la boca. Como finalmente encontró en uno de los abandonados despachos, tras unas pilas de cajas, un pequeño armario minibar lleno de viejas botellas de Bourbon, la mayoría de ellas, con el precinto de garantía todavía puesto. ¡Aquella había sido una buena noche para emborracharse, recordar los buenos momentos y olvidar todo lo malo en la mas absoluta soledad!

  

Avanzo lentamente y con mucho cuidado por la habitación, palpando todo a su alrededor para no tropezar con alguno de los destrozados muebles que le rodeaban, aunque restos de escombros desperdigados por el suelo le hacían sentir que de un momento a otro caería golpeándose contra el suelo y no podría volver a levantarse. Esto ultimo no ocurrió, y finalmente localizo la puerta del despacho. Estaba abierta. Intento recordar si al final con la borrachera la había cerrado, pero esa parte de la noche anterior había abandonado definitivamente su cabeza. Y en cualquier caso, poco importaba, ya que hacia semanas que no veía a nadie por la ciudad. Se paro en el umbral, y noto la desagradable sensación de que todo a su alrededor giraba sin ningún control. Instantes después se encontró agachado en una esquina vomitando bilis y restos de alcohol que su cuerpo no había podido aun asimilar. Cuando se incorporo se alejo trastabillando sin importarle haber dejado el suelo lleno del espeso fluido. Nadie acudiría para reprocharle nada, pues se encontraba solo en ese infernal lugar.

  

Encontró la cinta que abría la persiana de una ventana próxima. Y durante unos instantes dudo si era conveniente dejar pasar la luz que probablemente le cegaría y le incrementaría el ya de por si horrible dolor que le palpitaba en el interior del cráneo. Finalmente, agarro con fuerza la deshilachada cinta y tiro hacia abajo, dejando pasar una ingente cantidad de luz solar por todo el recinto. El haz de luz dejaba ver el polvo que flotaba en el ambiente, y alguna de sus partículas reflejaban la luz de tal manera que parecían aquel mágico “polvo de hadas” que hacia volar a los niños perdidos hacia Nunca Jamás. Observo a su alrededor, y vio las botellas de whisky vacías amontonadas al lado de la chaqueta que había utilizado como lecho aquella noche, así como el vómito que había depositado segundos antes sobre la descolorida pared y suelo, extendiéndose como una implacable marea. Sintió como se le revolvía el estomago de nuevo al ver la escena, y antes de volver a vomitar se alejo de aquel lugar que se le antojo que olía a alcohol, bilis y sudor.

  

La puerta que daba al exterior estaba cerrada. Jonás agarro el pomo metálico y sintió como se le quemaba la palma de la mano debido al mortal calor que despedía el sol. Giro el pomo y miro el exterior. Contemplo como los edificios de aquel pequeño barrio obrero antes ocupados por innumerables familias, despedían una triste sensación de abandono y decadencia, mientras un vengador sol mataba cualquier resto de vida en las solitarias calles. Contemplo el Bulevar comercial que ya no tenía las colas de clientes que lo abarrotaban en los viejos tiempos. Levanto su vista hacia el cielo de un azul profundo comprobando que estaba igualmente abandonado por las aves que antaño lo surcaban sin ningún límite de espacio, y que ninguna nube tapaba aunque solo fuera por breves instantes la estrella que lo alumbraba. “¿Cómo hemos llegado a esta situación?” se pregunto Jonás, aunque sabia sobradamente la respuesta. Se sabia desde hacia demasiado tiempo. Tanto, que si la humanidad hubiera querido se habría podido evitar, el problema estuvo en que no quiso. Volvió al interior del edificio para recoger la chaqueta que había utilizado esos últimos días para evitar que el sol le quemara. Y salio al exterior en busca de algo de alimento.

  

Caminaba despacio por las calles, para no echar a perder inútilmente las pocas fuerzas que le quedaban. Miraba con añoranza las calles de aquel lugar que hasta hacia unos meses había llamado hogar. Las jardineras vacías de plantas. Las paradas de autobús y las bocas de metro sin ningún viajero. Y no pudo reprimir que unas lágrimas resbalaran por su mejilla al pasar por delante de la casa que tan buenos momentos le había hecho pasar con su querida Lucia.

  

Habían pasado tres días desde la última vez que había estado con ella. Encerrados en casa día y noche haciendo el amor y recordando los buenos tiempos y esperando el final que habían sufrido todos sus vecinos al acabarse la reserva de alimentos de la ciudad. Por suerte Jonás y Lucia tenían una buena reserva de alimentos en la despensa. Y dado que ambos eran conscientes de que aquello no duraría mucho tiempo, habían decidido pasar los últimos momentos de su vida haciendo lo que mejor sabían hacer desde que se conocieron 15 años atrás. Amarse. Pero ahora… Ahora Lucia yacía muerta sobre la herrumbrosa cama, alimentando a las ratas y cucarachas que seguramente sobrevivirían a aquella catástrofe que asolaba al planeta. ¿Por qué a escondidas Lucia había dejado de comer? Jonás ahora comprendía el sacrificio que su amor había realizado en pos de mantenerle a el con vida, aunque solo fueran un par de días más. Pero el no lograba recuperarse del duro golpe que le había dado el destino, dejándole abandonado a su suerte, completamente solo en un mundo en plena decadencia.

  

Mientras lloraba mirando su antigua vivienda, Jonás tomo una última decisión. “¿Merecía realmente la pena el prolongar la vida en un lugar en donde la vida había sido negada desde hacia tiempo? Tal vez las religiones no estaban tan equivocadas al proponernos una alternativa a la desaparición total de nuestro cuerpo y alma. Tal vez un paraíso nos espera cuando la lógica nos dice que una vez muertos solo nos queda la existencia eterna como polvo. Tal vez el esperado armagedon había llegado para llevarnos a todos a un nuevo lugar donde nuestro afán creador y autodestructivo no tuviera límites. Tal vez los sueños de los hombres continúen vagando por el infinito espacio por siempre buscando el momento de volver a reencarnarse en existencia terrenal. Tal vez…”

  

Una hoja arrugada de un viejo diario pasó volando arrastrada por el viento y se detuvo a los pies de Jonás, interrumpiendo sus cavilaciones. Jonás se agacho, recogió y leyó el texto amarilleado y casi borrado por el sol. Se trataba de la portada del diario que daba la noticia de que todo había terminado, y de que los errores acumulados por el ser humano en los últimos años habían finalmente dado el fruto que todos esperaban pero que nadie quería creer. La capa de ozono había sido finalmente destruida por los gases tóxicos, dejando pasar toda la potencia calorífica de la estrella que nos alumbraba y daba vida, en forma de destructores rayos ultravioletas. Jonás noto un fuerte dolor en el pecho al releer aquella terrible noticia y evocar las imágenes que habían dejado ver las pantallas de televisión en los últimos programas que emitieron. Y su mano instintivamente apretó el papel hasta hacerlo una bola y lo tiro lo mas lejos que pudo hasta que golpeo contra la acera y rodó por el suelo arrastrado por el viento.

  

Jonás se quito la camiseta, zapatos, calcetines, pantalón y ropa interior. Aparto su ropa a un lado y tumbo su cuerpo desnudo en las ascuas que ahora formaban la calzada. Sintió como a velocidad de vértigo el calor del astro le formaba llagas en todo el cuerpo y como el agua que lo formaba se evaporaba convirtiéndose en pequeños hilos de vapor. Y a pesar de que el dolor y la tortura se le hacia insoportable se prometió a si mismo que no dejaría escapar ni un grito de dolor, pues el mayor dolor ya lo había sufrido días antes, cuando Lucia le abandono para toda la eternidad. Miro al sol y noto como todo se volvía de un blanco intenso para tornarse momentos mas tarde en la más absoluta negrura. El último hombre sobre la tierra había muerto tal y como el primer hombre había llegado al mundo. Y con el, murió también el sueño de la humanidad, que se había prolongado ya muchos siglos.

  

Ahora sobre la marchita tierra, solo existen resquicios de lo que había sido su especie dominante. Derruidos edificios que se tornaran polvo con el paso de los milenios. Oxidados vehículos de metal que se volverán polvo por la corrosión. Restos de papel provenientes de  periódicos, libros y panfletos publicitarios que serán arrastrados por el viento hasta hacerse polvo por la eterna erosión. Ahora solo queda un recuerdo que se tornara polvo cuando nada de lo creado por el hombre en toda su existencia quede en pie…”

  

Jonás dejo de escribir y se levanto del escritorio. Hecho una mirada hacia la cama donde dormía placidamente Lucia y sin hacer ningún ruido se acerco y la dio un suave beso en la frente. Jonás volvió a la mesa, apago la lamparita y enfilo hacia la cocina para comer algo. Las largas horas escribiendo con la tenue luz de la lamparita le habían dejado los ojos agotados. Abrió la nevera y sintió el suave frescor que emanaba de ella. Cogió un yogurt y se dirigió al sofá. – ¿Cómo puede mi amor dormir con el calor que hace? – se pregunto mientras encendía el televisor y ponía el canal internacional de noticias. Las noticias eran las de siempre. Guerra en Oriente Medio, hambre en África, pobreza en Suramérica, violencia en Norteamérica e indiferencia y atisbos del renacer del racismo en Europa. Accidentes en la carretera. Entupidas discusiones entre Políticos. Violencia machista. Fútbol para mantenernos contentos y alejados de los problemas que nos rodeaban. Y para terminar una noticia que le hizo esbozar una sarcástica sonrisa – “Científicos estadounidenses confirman que este año el hielo de los polos se ha derretido al doble de velocidad que el año anterior por el efecto invernadero…”