Madrid, a lunes 28 de abril de 2008

Madrid.

 

Lunes 28 de Abril de 2008, 7:20 AM.

  

Suena el despertador y la pequeña gatita se emociona y comienza a saltar sobre mi para que me levante a ponerla comida. Mis movimientos son lentos, y muestran una falta de coordinación que hace que cualquiera que me vea pueda confundirme con un zombi. Haciendo un gran esfuerzo, aparto las sabanas y me levanto. La gata empieza a maullarme y a ronronear. La miro y la veo entre las brumas que forman las legañas de mis ojos. Parece feliz de que me levante ya, el caso es ¿Soy yo feliz? Paso a paso me acerco a la cocina para recoger el saco de pienso. En esos instantes es cuando me doy cuenta de que mi cabeza palpita sin compasión. Me parece que ayer me pase con la cerveza.

  

Decido darme una ducha después de llenar el platito de “Bruna”. Espero que me siente bien, o que por lo menos me despeje, aunque en estos casos el arreglo suele ser solo temporal. Aunque en la próxima hora vuelva a ser un ser humano cualquiera, a lo largo de la mañana volverá la insistente cefalea y mis largas horas en el curro se tornaran eternas. ¿Quién me mandaba pillarme ese trozo ayer? ¿No podía haber sido un domingo tranquilo en casa? Al parecer, ayer no pensé eso, y ahora pago las consecuencias. Siento impulsos de llamar al trabajo y decir que me he levantado fatal, pero el fuerte chorro de agua tibia de la ducha me despeja como una bofetada bien metida en la mejilla. ¡Animo Ramiro que esta semana solo consta de 3 días!

  

Salgo de la ducha, me seco con la toalla y me dirijo a la habitación para vestirme. La ducha no me ha arreglado nada el dolor de cabeza, y ya estoy pensando seriamente en no ir al trabajo. Pero como soy consciente de que mi curro no es especialmente duro, agarro la misma ropa que me puse ayer, me visto rápidamente y me pongo a aguardar la comida del día en un Tupper. La gatita me esta esperando en la puerta de la cocina, al parecer después de pegarse el banquete, ahora tiene ganas de juerga. La envidio, ¿Quién fuera gato de compañía para que la vida constara en comer, dormir y jugar? Por lo menos se que ella esta contenta en estos momentos, y me alegro de que yo sea el que hace eso posible. La lanzo una pelota (Que sufran los vecinos de abajo, a mi tampoco me gusta estar escuchando reggaeton durante todo el fin de semana sin descanso) y su loco juego comienza a tan temprana hora de la mañana.

  

Pero mi tiempo en casa termina, y la realidad me golpea en la conciencia diciéndome que ha llegado la hora de partir como todas las mañanas hacia el trabajo. Me pongo la chupa de cuero, cojo mi mochila y mi bolso, me acerco a Carmen que esta todavía dormida y la doy un beso en la mejilla. Salgo de casa, y cuando aún no he traspasado el umbral ya empiezo a imaginar que el tiempo pasa rápidamente y es la hora del regreso a casa por la tarde. Pero es solo un sueño, por que me queda por delante un largísimo día.

  

Por que es lunes a primera hora, y eso para el más común de los mortales es como un tiro en la cabeza al que le echan sal y limón para que el sufrimiento sea extremo hasta el último momento.

  

PD: Entrada dedicada a todos aquellos que han sufrido, sufren y sufrirán los lunes.

  ¡Hasta la próxima entrada!