Falkenberg. El Cazador – La Venganza de la Calavera – Capítulo II – Autor: Lester Knight – VS – Therion: The Wondrous World

¡Hola queridos lectores! Aqui estoy una semana mas para intentar que paseis un buen rato, pero antes de nada quisiera daros una noticia que afectara de modo irreversible a toda Gamefilia… Nuestro gran amigo y compañero Lester Knight ha perdido definitivamente la cordura… ¿Que por que digo esto? Fijaros en el titulo de la entrada y lo comprendereis (O tal vez no, depende completamente de vuestra percepción). ¿Como alguien podria haber imaginado que un grandisimo escritor como es Lester Knight, me propondria estrenar en exclusiva en mi blog uno de los capitulos de su relato? Esto ademas, es un hecho sin precedentes, ya que hasta ahora nadie me habia propuesto una colaboracion en el blog… ¡Y creedme si os digo que estoy especialmente orgulloso por que la primera sea esta! (A pesar de la extraña y desconocida enfermedad mental que sin duda le ha llevado a dar este paso… ¡Mejorate tio!). En cualquier caso, aqui os traigo lo prometido, solamente esperando que los disfruteis tanto como yo.

Relatos de Falkenberg. El Cazador: Endimión Tau Titán Conciencia Orión Pesadilla al Borde de la Realidad La venganza de la calavera – Capítulo I

Falkenberg. El Cazador – La Venganza de la Calavera – Capítulo II

Conseguir lo imposible o convertir en maquina. Esas eran sus opciones. Falkenberg guiaría a su clase en el enfrentamiento decisivo contra su destino: la imponente pirámide de metal negro reluciente de trescientas toneladas de peso, que debían elevar por encima de sus cabezas mediante sus poderes psíquicos, si querían despertar mañana como seres humanos.

Los Instructores estaban profundamente decepcionados con la última promoción del curso de graduación. La mayor parte de los alumnos no habían soportado las duras pruebas de selección. Valiosos activos entregados a la madre muerte o convertidos en Cyborgs Guerreros, cuyos compañeros graduados no verían más de tres veranos.

La decisión fue unánime: no apoyarían más el desarrollo de Mentalizadores puramente humanos. Era el momento de evaluar sus recursos y determinar quién, debería aceptar implantes cibernéticos para garantizar su rendimiento óptimo durante décadas, y aquellos que precisarían de un cambio más radical.

La pirámide era la prueba de selección natural más cruel de La Academia. El último reto que superaban los alumnos graduados antes de abandonar el centro, verificando si poseían algún defecto genético que hubiera eludido los exámenes anteriores. Su crueldad radicaba en que lesionaba de un modo irreversible el organismo humano. Un Mentalizador extremadamente fuerte la superaba pagando el precio de unos años de vida. Otro más débil moría en cuestión de horas.

Ahora ya nada de eso importaba. Los supervivientes serían evaluados, y en cuestión de días los implantes cibernéticos sustituirían las partes más débiles e ineficaces de su organismo. Mientras, los moribundos renacerían como Cyborgs integrados en La Colmena, donde serían miembros productivos.

Era un buen día para renunciar a la humanidad.

La clase de Falkenberg caminaba en silencio hacia La Pirámide escoltada por legiones de Soldados Symbión. Clones idénticos de un legendario soldado Imperial caído en desgracia, cuya mitad del cerebro era un implante cibenértico conectado a La Colmena, que les controlaba como si fueran maquinas, dotadas de la capacidad de obedecer las órdenes de un modo creativo.

Su concepto intimidador se veía acentuado por su aspecto: armadura negra flexible, casco plateado que ocultaba los horrores de su interior, y un fúsil láser muy potente, empleado habitualmente en el combate contra tropas de Infantería Blindada. Tenían la capacidad de fuego necesaria para desintegrar una clase de Mentalizadores con bajas mínimas. Los escudos de energía que les protegían garantizaban su victoria. El esfuerzo adicional de superar sus defensas bajo semejante fuego, era un reto que ninguna clase de Mentalizadores podía esperar superar con vida.

Además estaba su Cyborg. Capitaneaba a las dos centurias de Soldados Symbión que les seguían en perfecta formación. Todos sus mecanismos funcionaban al máximo rendimiento, plenamente preparado para entrar en combate psíquico. Si alguien intentaba escapar, antes de que el primer soldado diera la alarma, El Cyborg lo reduciría a cenizas con una tormenta de fuego mental.

Se lo estaba pasando a lo grande. Oleadas de rayos psíquicos brotaban de sus manos, impacientes. Cada cierto tiempo descargaba su odio quemando la piel de un alumno con una pequeña descarga. Lo peor de todo eran sus carcajadas mecánicas, tétricas, inhumanas y humillantes. Quería provocarles. Ansiaba disfrutar del placer de sofocar una revolución.

El temor de los alumnos era tal, que se negaban a comunicarse telepáticamente entre ellos. Buscaban con la mirada a Falkenberg a la espera de una señal. Todos estaban dispuestos a luchar y morir si él ordenaba luchar. El Cyborg lo sabía.

Cyborg: ¿Qué pasa, escoria? ¿Quieres abandonar con tus ratas el barco? ¿La Pirámide es demasiado real para una leyenda?

El Cyborg dirigió una descargable terrible de rayos psíquicos contra Falkenberg, que se mantuvo impasible, y extendió su mano izquierda abierta para recibirla. Una lluvia de rayos menores se dispersó al chocar contra ella. Su piel se cubrió de ampollas en segundos, su brazo temblaba, y sus ojos azul celeste ardían, dispuestos a no ceder un milímetro.

El olor a carne quemada estremeció a toda la clase que observaba la escena paralizada. La primera línea de Soldados Symbión les apuntó con sus armas, intuyendo el conflicto. El Cyborg se reía a carcajadas aguardando la respuesta de Falkenberg. Sin revelar el menor signo de dolor en su rostro estoico, le mostró su mano izquierda carbonizada hasta casi el codo. Un amasijo de ampollas deformaban su contorno de carne quemada y sangre reseca. Concentró su voluntad hasta el nivel celular de su organismo y se produjo el cambio: las ampollas se disolvieron, y las heridas cicatrizaron, mientras la carne bajo su piel la carne palpitaba estimulando el proceso de regeneración. En unas horas estaría recuperado.

Falkenberg le dedicó una sonrisa glacial, abriendo y cerrando con agilidad los dedos rígidos, que un segundo antes era incapaz de mover. Le dio la espalda y continuó la marcha en silencio.

Sólo La Colmena evitó el baño de sangre. No soportaba que lograra humillarlo aún siendo Cyborg. La certeza de que no tardaría más que unas horas en cobrar su venganza le tranquilizó.

Mañana Falkenberg sería un Cyborg como él.

Los presagios no eran buenos. Ni la belleza de los árboles frutales de la periferia de la plaza, ni la majestuosidad de sus columnas, ni el hermoso reflejo del Sol en el suelo de mármol blanco, podía disimular el horror de la sangre de aquellos que les habían precedido. La Pirámide les aguardaba en el centro de la plaza. Innumerables charcos de sangre cercanos a ella, indicaban el lugar donde sus compañeros habían reventado por la presión de la prueba. A partir de cada charco se iniciaba un rastro de sangre reseca que terminaba en la entrada de La Torre de Instrucción, el hogar de los Instructores y La Colmena.

La Torre de Instrucción era un prodigio del poder mental. Un edificio cónico de gran altura tejido con un cristal blanco más resistente que cualquier aleación conocida, creado gracias a los poderes combinados de Los Instructores. Dotado de amplios ventanales verticales y balcones privados, decorados por obras de arte esculpidas en cristales de millones de colores, basadas en temas de naturaleza o mitología antigua. Concebido como un lugar de belleza conmovedora e iluminación, en tiempos donde la vida humana y el conocimiento eran valorados.

En la actualidad representaba la profanación de lo humano.

Los aullidos de los moribundos se escapan por las ventanas hasta los oídos de la clase, acompañados por los ruidos del instrumental de las maquinas que transformaban a humanos conscientes en Cyborgs. Obligados a sufrir la operación mientras La Colmena adaptaba a su mente a la nueva condición, ignorando la agonía que suponía el proceso, consciente de que después lo borraría de la memoria del sujeto. Lo único que recordaría de la operación era lo desgraciado que se sentía antes de ser Cyborg.

Que vulnerable y miserable es ser humano. Carne y hueso ajena al auténtico poder.

Las dos centurias de Soldados Symbión rompieron filas envolviendo a La Pirámide y la clase en un anillo defensivo. Con una coordinación perfecta, guardaron la misma distancia entre cada soldado, e hicieron los mismos movimientos, apuntando a las cabezas de los alumnos. Indicándoles con el cañón del arma las posiciones que debían ocupar en su propio anillo de concentración.

Falkenberg asintió una vez más a sus compañeros. La supervivencia les obligaba a obedecer. El sacrificio salvaría vidas. Un combate por la libertad acabaría con todas. Cuando el anillo estuvo compuesto. Falkenberg lo recorrió haciendo un alto con cada compañero. Tocaba sus sienes con las manos, manchando sus rostros con la sangre de la mano herida, y apoyaba su propia sien contra la suya un instante. Las mentes de ambos quedaban sintonizadas a nivel inconsciente. Como Director de Mentes durante la prueba era su obligación afinar sus percepciones con todos sus compañeros.

Ninguno de ellos ocultaba el hecho de estar aterrado. Eran hombres y mujeres valientes sometidos a una presión extrema. Lucharían por su orgullo y la responsabilidad hacia sus compañeros. La seguridad de Falkenberg les permitía creer que saldrían adelante.

No era un líder corriente. Carecía de discurso, empatía, altruismo, valores y no invertía el menor esfuerzo en ocultarlo. Se limitaba a hacer lo que debía en el momento preciso. Y en un pequeño universo donde el menor error causaba la muerte, su guía era la única esperanza de supervivencia.

El Cyborg recorría el espacio entre la clase y los Soldados Symbión a la espera del primer cobarde, guardando un silencio impropio de él, que sólo podía significar una cosa: la presencia de un Instructor.

Respondiendo a sus inquietudes, tres centurias de Soldados Symbión adicionales y cinco Cyborgs Guerreros entraron en la plaza, tomando posiciones detrás de su guardia. Un ejército personal.

Unos pasos resonaron en las mentes de todos los Mentalizadores, Cyborgs y Symbión de la plaza. La ilusión del sonido procedía de La Torre de Instrucción.

Khern Drasar. El Humano.

Se asomó desde uno de los balcones más cercanos a La Pirámide, situado por encima de su cima. Posición desde la que parecía, y era, un dios. Flotaba en el aire ostentando su inmenso poder mental. Vestía una túnica blanca con mangas anchas, bordada con hilo dorado, y botas de caña alta de cuero negro. Infinidad de collares, anillos y pendientes de oro, amplificaban su poder gracias a las joyas de piedras exóticas que llevaban incrustadas; se decía que el mismo las había encontrando en mundos inexplorados lejanos al Imperio.

Era el hombre más atractivo de La Academia. Rasgos patricios de una belleza clásica, escultural y simétrica. Más propios del concepto de perfección masculina de un campeón de la antigüedad que de un ser de carne y hueso. Su cabellera sedosa de color negra azabache como el ala de un cuervo, le hubiera caído hasta los tobillos, de no ser porque flotaba impulsada constantemente por los ecos de su energía.

Era genéticamente perfecto. El mejor alumno de la historia de La Academia. Su potencial era tal que antes de graduarse fue nombrado Instructor. Le apodaban “El Humano” por su rechazo a mancillar su cuerpo con implantes cibernéticos, a los que los demás Instructores habían accedido para igualar sus capacidades. Aunque, en realidad, él era El Instructor más inhumano de todos.

Su belleza palidecía ante la arrogancia de sus pretensiones, el orgullo que dictaba sus actos, las pasiones que le consumían, y la crueldad de la que extraía placer. La maldad se reflejaba en su rostro como un grito. Mientras la mirada de sus ojos de un color excepcionalmente ámbar, anhelaba saborear nuevas dosis de sufrimiento.

Era el ser más despreciable y egoísta de La Academia.

Su voz melódica penetró en sus mentes llegada de todas partes. Tronando omnipresente y todopoderosa, dando la sensación de estar escuchando la voz de un Titán.

¡Regocijaos en el día de vuestra liberación!

 

Y de esta manera termina la grandisima colaboracion de Lester Knight en este humilde blog, espero que la hayais disfrutado… Un momento… ¿No pensais que se me olvida algo? ¡Claro! la musiquilla que os ha acompañado durante la lectura! Por si a alguien le interesa, se trata del tema "The Wondrous World of Punt" del album Sirius B de Therion. ¡Adoro este grupo!

 

 

The Wondrous World of Punt

 

The caravan is close to enter
Inside the land of Punt
Rivers of gold and scented lakes
Beyond the desert dunes
Eye of the sun is hot and carving
Have we been led astray?
Punt is a world of unseen bliss
But can we trust the eyes?

A lost land. Precious dream
Wondrous world of Punt
Ruled by Bez
Listen when he’s playing his harp

In the desert you’ll maybe find

Your world of Punt

Find a light in a dream

Neter Ta, the Land of gods and beasts
World of Punt, your dream is lost today

Neter Ta, world of Punt
You will forever live on the fields

The vision was so near, it was so real
Fata Morgana played her game
A world of wonder, you saw…
(But) in the morning it
vanished in the night

 

Grandes del Metal:

 

 

Crónicas de Mundo Destierro:

 

 

¡Hasta la proxima entrada!