CRÓNICAS DEL SEÑOR ROSA. CAPÍTULO IV: JUEGOS DE GUERRA

¡Hola queridos lectores! Ya se que hoy ya puse el III capitulo de las "Cronicas del Señor Rosa", pero dado que mañana no tendre tiempo material de preparar la entrada del 4º capitulo, me voy a permitir el lujo de publicarla hoy (Sin que sirva de precedente), Poco mas tengo que añadir a este hecho, salvo que hasta el lunes (Siguiendo mi sana costumbre de no hacer entradas en fin de semana) no tendreis mas "señores rosas".

AVISO ANTES DE COMENZAR A LEER: En este capítulo se usan de forma indiscriminada referencias que pueden dañar irreversiblemente vuestra concepción de la realidad (Aun mas que en anteriores capitulos). Quisiera tambien avisar que si tienes algun aprecio por alguna religion no leas lo que sigue a continuacion. Avisad@ quedas.

CRÓNICAS DEL SEÑOR ROSA

CAPITULO I: SOBRE LOS ORÍGENES DEL UNIVERSO

CAPÍTULO II: EL DESPERTAR

CAPÍTULO III: IMAGINANDO DIOSES

CAPITULO VI: UNA ESPECIE DOMINANTE

CAPITULO VII: EL GRAN, GRAN HERMANO

CAPÍTULO VIII: LOS EVANGELIOS SEGÚN "MORGENNES"

CAPÍTULO IX: LOS EVANGELIOS SEGUN LOGANKELLER

CAPITULO X: LOS EVANGELIOS SEGUN "RIKKUINTHEMIDDLE" 

CAPITULO IV: JUEGOS DE GUERRA 

Los exaltados dioses estaban enfadados – de eso no cabe ninguna duda -, y después de pasarse un buen rato soltando improperios acusadores contra aquel que les había dotado de existencia – Decir que un dios tiene “vida” es algo tan fantástico como negar la existencia del “Señor Rosa”, es por eso que he preferido utilizar la palabra “existencia” en su lugar – decidieron al unísono detenerse unos instantes a meditar sobre el siguiente paso a dar. Lo que decidieron en esos segundos de reflexión no soy capaz de criticarlo, ya que al tratarse de decisiones “divinas”, un simple y patético mortal como yo, no puede llegar ni siquiera a imaginar los procesos mentales que les llevaron a hacer lo que hicieron – Aunque haciendo uso de mi libertad de expresión daré una opinión constructiva al respecto: “Fue una autentica y genuina gilipollez”-.

 

Sin venir a cuento, se empezaron a golpear sin compasión entre ellos, haciendo que la palabra “guerra” cobrara su sentido más exacto –Si, ese que suele coincidir con la primera definición en los diccionarios -. El “Señor Rosa” los miro con los ojos como platos, extrañado por el inusual giro que habían tenido los acontecimientos, así que se sentó sobre una estrella gigante roja, imagino un enorme Bowl de palomitas y se puso a matar el aburrimiento mirando el espectáculo que le brindaban en bandeja de plata aquellos dioses – Eones mas tarde un “venusino” que tuvo la suerte de conocer en persona al “Señor Rosa”, creó un anfiteatro basándose en las premisas de esa cómoda y privilegiada situación para observar espectáculos, lo llamo “teatro”. Por desgracia su nombre se ha olvidado, y el merito de ese “invento” se lo llevo un humano cuyo nombre también ha sido borrado por el tiempo -.

 

Decir que se derramo sangre en las continuas batallas entre dioses seria un clarísimo error por mi parte, ya que dada su ya descrita “condición divina”, el más poderoso golpe no era capaz de hacer mella en su estructura, y si además añadimos el aliciente de que los dioses son “seres” con un enorme temperamento que se baja rápidamente cuando notan la mas minima sensación de dolor – De ahí su obsesión por habitar en lugares nubosos o marítimos en donde una caída no es capaz de causarles ni la mas minima torcedura de tobillo – tenemos como resultado que la batalla termino bastante antes de lo que en un principio hubiera podido parecer – Aun así duro varios milenios, un tiempo bastante breve si lo comparamos con la eternidad que parecía que podía llegar a durar -.

 

El cambio en el rumbo de la guerra que acabaría desembocando en el final de la misma, llego sin apenas ruido, pero causo un gran revuelo en las “altas esferas celestiales”. Un par de fornidos dioses griegos que habían combatido codo con codo durante incontables batallas descubrieron en un cruce de miradas que lo que sentían uno por el otro era amor. Un amor que les llevo a soltar las armas y a dar rienda suelta a sus deseos carnales mas prohibidos – Llegado a este punto tan crucial en los acontecimientos, y bajo el temor de que los lectores mas conservadores se estén llevando las manos a la cabeza, me gustaría hacer un inciso para aclarar un par de puntos bastante importantes sobre los dioses: “Los dioses no tienen sexo definido. Da igual que su apariencia recuerde vagamente al de una jovenzuela de turgentes pechos o a un macho ibérico moreno con ojos azules. Es por eso que el amor que se profesan entre ellos no atiende a diferencias banales como la existente entre “tuercas” y “tornillos”, o como les gusta decir a algunos “peras” y “manzanas”. Definitivamente, esa es una de las pocas cosas que deberíamos aprender de los dioses -.

 

La imagen de los dos amantes de cuerpos aceitosos en medio del campo de batalla, dio lugar a un tsunami de muestras de amor entre compañeros de batalla, que siguiendo el ejemplo de aquellos dos primeros amantes, no dudaron en mostrar al universo entero las muestras de lujuria y pasión que habían mantenido ocultas – Las escenas que se produjeron a continuación desde luego que no son actas para todos los públicos, ya que su clasificación podría considerarse hoy en día como XXX o (+18), pero como esta obra tiene carácter documental, me permitiré el placer de describiros sin entrar en detalles morbosos algunas de ellas -.

 

Las más bellas diosas se aprovechaban de las habilidades amatorias de seres con millares de lubricados seudópodos. Dioses sin forma definida acariciaban cariñosamente las rechonchas barrigas cerveceras de campechanos barbudos de profunda mirada. En medio de las estrellas danzaban alegremente siluetas resplandecientes que ya habían tenido múltiples orgasmos con animales fantásticos de inigualable potencia sexual. Dragones, dragonas y draconianos revoloteaban haciendo arder el fuego de la pasión. Aves de los más maravillosos y vistosos plumajes realizaban rituales de apareamiento para atraer a su regazo a misteriosas y exuberantes diosas de la oscuridad. Demonios cubiertos de dolorosos cuernos repartían sexo oral a diestro y siniestro entre aquellos que no habían hallado una pareja con la que pasar un buen rato…

 

Finalmente, cuando todos los presentes se hallaron exhaustos por el siempre bien recibido esfuerzo de hacer el amor, se dejaron mecer por la marea estelar y encendieron al unísono un cigarrillo cada uno. Al humo resultante de dicha acción se le llamo mas tarde – En cartografía interestelar – nebulosas.

 

Una vez terminada la sesión, el “Señor Rosa” se abrocho la bragueta, se levanto de su asiento térmico y con toda la tranquilidad del cosmos se acerco a los dioses. La patada que les propino fue tan fuerte que les mando al otro lado del universo en cuestión de nanosegundos. ¡Estaba cansado de tantos juegos de guerra! A raíz de esta precipitada despedida, los dioses se quedaron a vivir por el resto de su existencia en el nuevo y tranquilo lugar al que habían llegado por mediación de aquel acto de bondad por parte de nuestro protagonista. Es por eso que quisiera debatir en este momento las inexplicables y absurdas ideas que se han dado durante toda la historia del universo sobre si la creación de los seres vivos fue obra de algún dios. Esta claro que no fue así, ya que las preocupaciones de los dioses a partir de entonces pasaron a ser tan licitas como: “quien la tiene más grande”,  “quien es la mejor amante” o “cuantos dioses te has pasado por la piedra esta noche”.

 

La creación de la vida será explicada en el siguiente capitulo, y solo os adelantare que no fue hecha realidad por ningún dios o diosa. Sino por el “Señor Rosa” y este a la única definición que atiende es a la de “Señor Rosa”.

CONTINUARA… CAPÍTULO V: ÉRASE UNA VEZ… LOS MUNDOS

¡Hasta la proxima entrada!