Haciendo ruido con la PS2 y un MTV Music Generator 2

No he sido el primero ni seré el último en utilizar unaPlayStation 2 para componer música, y mucho menos con todo lo que todavíatienen que dar de sí títulos como Guitar Hero y Rock Band, que empujan aljugador a coger los instrumentos y aporrearlos al gusto. En mi caso, una copiade MTVMusic Generator 2 me ha tenido colgado prácticamente los últimos seis años, locual se dice pronto. En sentido amplio, es con diferencia el juego que más heutilizado en la consola de Sony. En sentido estricto, ni siquiera es un juego. En realidad es un maravilloso artefacto de aspecto naif para modelar el ruido.

Su interfaz es de lo más sencillo, y en esencia funciona como un editor ygrabador de sonidos, que podemos ir colocando según su función: ritmo, bajo,melodía, voz. Lo bueno es que su biblioteca de sonidos puede manipularse demanera casi ilimitada e incluso permite crear tus propios samples con un pianoa partir de otros sonidos. O conectar un micrófono y grabar en directo tusmuestras. Y videos musicales con fluorescentes. A partir de aquí es como uncollage o un puzle que puedes resolver usando las matemáticas o persiguiendo elmás puro de los presentimientos.

Se supone que la presencia de grupos como Gorillaz y Apollo4.40, incluso el apadrinamiento de David Morales, debía ser suficiente para queMTVMusic Generator 2 ahuyentara a todo aquel no tuviera aspiraciones a DJ,lo cual es un error. Su biblioteca de sonidos incluye pistas e instrumentosseparados por géneros, incluidos el pop, el rock y el indie (como estilo), yestructuras pensadas para componer según los patrones del trance, el uk garage,el house o el r&b. Otra cosa es que consigamos componer una canción pop “delibro”, donde todo suena más o menos enlatado (las voces disponibles en labiblioteca, por ejemplo, suenan a rayos). Mucho más divertido me parece podercoger sonidos, incluso fragmentos de temas, y alterarlos, estirando sus notas,aplicando efectos y filtros y dándoles, en definitiva, un sentido distinto alque tenía al principio.

Más allá de los remixes (y hay temas enteros de artistasconocidos para triturar y masticar), como herramienta para la creación meparece notable, aunque mi experiencia con este tipo de programas era cero(luego ya me procuré probar otros de la competencia e incluso el Fuityloops). Lo más interesante: poder recrearmeen dos de los aspectos a los que pongo más atención cuando escucho música: lasbases rítmicas y la atmósfera.

Para lo primero, como decía más arriba, son buenas lasmatemáticas, aunque MTV Music Generator 2 permite crear ritmos aleatorios, quesuperpuestos pueden llegar a tener efectos secundarios y funcionar como unmantra superenredado (con el que se puede jugar, a su vez, a ir deshilachando).Me he lo he pasado pipa a base de retorcer ritmos desequilibrados, que a menudose rompen de forma atropellada para seguir otros patrones y que se mueven adistintas velocidad, calculando a oído y con una libreta qué debería venirluego, si esto o lo otro.

También le he dedicado mucho tiempo a intentar que sonidosno sean fácilmente identificables (transformar un bombo y unos platillos en dospalos contra la puerta de un coche, por ejemplo) y divertirme alterando elpapel que se supone que tiene que tener cada instrumento dentro de una canción.La idea, salvando las distancias, era producir en el oyente esa sensación quete hace pensar durante un momento: ¿esto es una guitarra o un teclado?

Pero para aleatorio, la creación de atmósferas. Aquísí que los accidentes y puro error tienen mucha responsabilidad en laproliferación de chasquidos y quejidos digitales por todas partes, como si ellector de CD estuviera pasando por una capa de grava. Me he divertidoemborronando melodías y probando instrumentos dentro de una tubería, aplicandoretardos, estirando los ecos, levantando cuidadosamente capas y capas desonoridades frías y rugosas. Tonos bajos y graves que me inspiraban más tonosbajos y graves.

Estas atmósferas creo tienen que tienen que ser extrañas yreconocibles a la vez, así que me he preocupado casi siempre de colocar algúnasidero en medio de las tormentas sonoras, aunque algunas partes carecentotalmente de control. Una imagen: un invernadero al que aplicas algún tipo decombinación extraña de productos y en el que las plantas crecieron de formadesmesurada y anómala. A todos los temas le hubiese venido bien alguna poda,porque tanta rama acaba por pinchar.

Al final me han salido unas treinta “composiciones”, a lasque desde el principio agrupé bajo el nombre de En Construcción porque de forma casi obsesiva, durante un periodode tiempo, estuvieron en estado de permanente mantenimiento. Cualquier escuchapodía acarrear cambios, que a su vez llevaban a otros cambios y que al finaldejaban al original o algunas partes irreconocibles (perdí algunas buenas ideasasí). La foto elegida como portada es un fragmento del cartel del concierto deun grupo escocés sacado de la parte final del antiguo NME, en el que los grupos anunciaban sus giras a página completa.Los estudios La Cocinadel Invierno no tienen dirección postal ni consta inscrita en ningún registrolegal.

Si intento juzgar lo que escucho, creo que todos los “temas”pecan de sobreproducción (ejem), una saturación que hace difícil que el queescucha pueda reconocer o agarrarse a algo durante mucho tiempo porque siemprellega algo para distraer su atención, pero también creo que, quizá porque hansalido de algún lugar de mi cabeza, es eso lo que me invita a fijarmeconstantemente en sus desarrollos e intentar identificar lo que escucho. Otro juegomás.

En ese sentido, tampoco se me escapa que en general, lo hayaquerido o no, todas las composiciones suenan como podría sonar la banda sonorade un videojuego disparatado, que tartamudea a causa de un bug y en la que depronto se oyen saltos por allí, disparos, campos de fuerza y campos en guerra,naves espaciales, tribus primitivas, rugidos animales, algo de suspense,terror, el acelerón de la velocidad…

Siendo benévolo conmigo mismo, en general, el sonido baratoy de aparato estropeado me parece encantador, igual que muchas transicionesentre las partes de un tema, aunque se confirma que soy malísimo con losfinales. No hay chimpún que valga. El “riguroso mono” fue sobre todo unaimposición por mis precarios métodos de grabación. Porque, cuidado, LA preguntaes: ¿cómo coño podía pasar los temas desde una memory card de Ps2 a miordenador, y a un formato que fuera reconocible? Aquello fue una chapuza. Todo quedóperdido de sangre…

Y si tuviera que ponerme estupendo, me gustaría imaginarme todosestos extraños fragmentos sonoros como si estuviesen hechos de mercurio tembloroso (uyuyuy), deshaciéndosecon facilidad en partes más pequeñas y juntándose para formar a otras nuevas,todo completamente irregular e inestable. Quedesprendieran eso que llamamos sonido magmático, como algo que se desborda de surecipiente. Considero un acierto que al menos algunos “pasajes” estimulen miimaginación de lector de ciencia-ficción. Aunque eso tampoco es muy complicado.

Ni que decir tiene que me lo he pasado como un indio.

 

¡Eh, tú! Aquí un pirado ha hecho un FAQ donde incluso se sirve de‘Smell Like Teen Spirit’ de Nirvana para poner ejemplos de las posibilidades de MTVMG2.

¡Sí, tú! Aquí lo que salió de mi PS2, ilustrado de forma dramática. Efectos secundarios: dolor decabeza, mareos, cacofonías, pitidos.