El especial de hoy. Como no celebre las 15000, RECOMENDACIONES PARA LAS 20000!!!

Lista de regalos que debes darme por leer esta entrada:

-PS3

-PC de verdad

-Viaje con todo a pago a Silent Hill

Inserte regalo aquí

 

 Coñas aparte, hoy es un día feliz para el blog, ya que luego de meses sin actividad (propia), por fin hemos llegado a las 20000 visitas. Y es que para variar un poco, las he logrado sin casi ningún esfuerzo (por mi parte al menos). Porque no es que este blog se caracterice precisamente por tener períodos de vagancia extrema sin actualizaciones durante los cuales las visitas aumentan (potencialmente) por obra y gracia del Espíritu Santo, ¿no?

 

 Pero ya basta de autocríticas irónicas-destructivas!!  Que esto es un fieshta!! Y como fieshta que es, tenemos a invitados de lujo de la talla de:

Dream Avatar El surrealisticamente idiota feliz de fabri (avatarizado)

Dream Avatar Devil…

Y uno que ncontramos tirado por ahí pero como se parecía a los otros lo incluímos en la fiesta.

 

Pero bueno, ¿qué clase de celebración sería esta si no pusiéramos recomendaciones de páginas que a nadie le importan?

 

Recomendación: Si a rikku le gusta ver a Leggy, yo prefiero a Xarity

 

Creo que el título lo resume bastante bien, ¿no?

Xarity es un youtubero que, como shadowleggy, se dedica a hacer animaciones-parodia a varios survivals. Sus videos son muy divertidos y altamente recomendables (y en mi opinión, mejores que los de leggy).

 Sus videos se caracterizan por:

-Tener un gran dibujado

-Contar ridícula cómica historia

-Parodiar a los más icónicos survivals, tales como Resident Evil, Silent Hill o Fatal Frame 2 (esos viejos recuerdos)

 

 Aquí les dejo uno de mis videos favoritos de Xarity:

 

Pueden ver más de sus videos aquí

 

 

Bueno, y ahora que ya he terminado con la recomendación ha terminado la entrada, ¿no? ¡¡NO!!

Todavía tengo dos avisos mas con los que torturarlos:

 

Aviso N°1: Tengo libro de visitas

 Y desde hace bastante tiempo. Es más, mi libro de visitas es mi primera entrada de todo el blog. Es sólo que nunca le he dedicado un bloque lateral, y siempre olvido actualizar los "capítulos". Es que siendo la persona activa y siempre actualizante que soy algo se me tenía que pasar, ¿no? (léase la ironía)

 

 Aviso N°2: Hay un concurso en mi blog al que nadie jamás volvió a prestar atención

 Pues sí, es ni más ni menos que mi concurso de resolver el caso, un concurso que lleva en mi blog desde mayo de este año y que todavía nadie ha podido resolver. ¿Piensas resolverlo o dejarás que el misterio quede escondido en las tinieblas por siempre?

 Por cierto, también hay una medalla para el ganador.El primero en adivinar que fue Desmodius el que la diseñó ganará un jugoso premio sorpresa (y no, no es el secreto sobre cómo dominar al mundo Very Surprised)

http://i149.photobucket.com/albums/s62/Galford1/Otros/Medalla-DdSH.png

 

Aviso N°3: Se acabó la entrada

 

Ya pueden dejar sus comentarios…

El Origen by Desmodius – Capítulo 3: «Encuentro»

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Bueno, aquí estamos de nuevo con un nuevo capítulo de "El Origen", una gran historia escrita por Desmodius para el blog.

Abel por fin llegó al templo blanco que había visto en sus sueños. ¿Pero qué le espera allí? ¿Por qué le han traído hasta ese lugar? y más importante, ¿podrá resolver los misterios de su paado? Para averiguarlo, sólo hay una solución: leer el resto de la entrada.

Perdonen todos el pequeño retraso que sufró esta entrada, pero tuve algunos asuntos personales que resolver primero ^^.


 

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Capítulo III
Encuentro

Abel atravesó un pequeño bosque que tenía frente a sí y encontró, al fin, lo que había estado buscando vehementemente desde hacía tanto tiempo: el imponente templo blanco donde se le sería revelado su destino y, quizá, la verdad sobre su pasado.

El joven demonio corrió velozmente hacia el templo, seguramente dentro se hallaría la enigmática joven que había visto meses atrás en sus sueños. En el interior, el edificio transmitía una indescriptible sensación de paz y tranquilidad. Despojándose de su casco, Abel contempló los diversos corredores y se dispuso a buscar a la joven en cada rincón de aquel lugar.

Tras unos minutos de recorrer un amplio pasillo, escuchó el sonido agua fluyendo; el joven demonio se aproximó cautelosamente hacia la fuente de aquel misterioso murmullo: una delgada puerta de madera adornada con diversos grabados finamente hechos. Abel abrió la puerta cuidadosamente y halló una delgada silueta frente a sí.

-Abel, no creí que llegaras tan pronto. Por favor, siéntate a mi lado.
-¿Eres… eres la joven que me pidió venir a este lugar en mis sueños…?
-Sí, soy yo. Me llamo Callidora, soy una hechicera de la naturaleza. Pertenezco a la Noble Casta del Viento.
-Parece que no necesito presentarme, Callidora. Eres más bonita de lo que recordaba en mis sueños.
-Muchas gracias, joven demonio; aunque ésta es sólo mi apariencia humana, realmente puedo lucir muchas y diversas formas, así como la que tú viste en tus sueños.

Abel observó lo que Callidora, una hermosa joven, con delicadas facciones, ojos de color ámbar y una larga rojiza, se hallaba haciendo: manipulaba mágicamente una esfera de agua que tenía entre las manos.

-¿Te asombra mi habilidad con el agua, joven demonio? Soy una hechicera del bosque, por lo que puedo controlar fácilmente los cuatro elementos de la naturaleza; sin embargo, mi mayor poder se concentra en la magia del aire. Dime, Abel, ¿a qué has venido realmente a este lugar? Yo te llamé, pero fuiste tú quien decidió venir.
-He viajado mucho desde mi hogar, he sorteado diversos peligros y obstáculos, derroté a un monstruo invencible… sólo deseo conocer mi pasado.
-Yo puedo ayudarte con tu destino, joven demonio, pero tú debes descubrir tu pasado por ti mismo. Es un hecho innegable que quien desconoce su pasado no puede aceptar la encomienda de su destino. Infinidad de milenios atrás, mucho tiempo antes del que ser vivo alguno pueda recordar, se supo que alguien amenazaría el orden natural del Universo; asimismo, se decidió que alguien debería evitarlo: tú.
-¿Fui elegido para enfrentar a Ayperos mucho antes de que cualquiera de los dos hubiera nacido?
-Así es, joven guerrero. Tu pasado es un arma fundamental para vencerlo, pero lamento decirte que lo desconozco; puede asegurarte que eres un semidemonio, porque tu sangre no es puramente negra (como la de los demonios), y que fuiste exiliado por motivos muy importantes. ¿Conoces el significado del símbolo que llevas en la frente?
-¿De qué símbolo estás hablando?
-Tienes grabado un símbolo especial en la frente, entre los huecos donde deberías tener los cuernos. Significa que ningún demonio puede matarte o herirte, debes ser llevado ante Ayperos si eres capturado. Este símbolo es exclusivo de los demonios exiliados por pertenecer a las familias de los comandantes, príncipes o reyes del Inframundo; o, en ciertos casos, por conocer secretos muy importantes de tales familias.
-¿Crees que pertenezco a una familia muy importante del Inframundo y que por eso me exiliaron?
-Es probable es que seas pariente de Ayperos I, ya que Ayperos II te mutiló las alas y los cuernos; eso, para los demonios, significa la mayor deshonra posible.
-¿Por qué no puedo recordar mi pasado…? Lo he intentado cientos de veces, pero no logró ver más allá del momento en que conocí a mi amigo Gerhard.
-Tienes un “sello de olvido”. Es magia negra muy poderosa que no puedo deshacer, pero sí debilitar. Quítate el peto y extiende los brazos. No puedo revelarte tu pasado, pero sí puedo ayudarte a descubrirlo.

Abel cumplió las órdenes de la hechicera y ésta le colocó una mano sobre la espalda, mientras musitaba velozmente un hechizo ininteligible. En pocos momentos, el demonio comenzó a sentir que la espalda le ardía; sus pensamientos se volvían oscuros y confusos. Todo se volvió oscuro, no hubo sonido ni luz que lo guiara.

El demonio abrió lentamente los ojos, se hallaba recostado en una amplia y reconfortante cama en medio de una majestuosa habitación blanca. Estaba empapado en sudor y la espalda continuaba ardiéndole; se puso en pie y abandonó la calidez de aquel recinto. La joven hechicera se hallaba en el pasillo, contemplando el cielo nocturno desde una ventana con una mano vendada.

-Veo que por fin has despertado, por un momento temí que te hubiera pasado algo peor.
-¿Qué te ocurrió en la mano, Callidora?
-No le des importancia, joven demonio, la magia negra es difícil de combatir y siempre tiene sus consecuencias. Afortunadamente, pude mermar la fuerza del sello que aprisiona tus recuerdos. Espero que esta noche puedas soñar con parte de tu pasado. Regresa a tus aposentos, es tarde y mañana tendrás que enfrentar una importante prueba.

Pese a estar dictando órdenes, la voz de la joven hechicera nunca perdía su dulzura. Abel la contempló por unos instantes y regresó a su cama. El joven cerró los ojos y deseó con tus fuerzas descubrir parte de su pasado esa noche.

La oscuridad se rompió bruscamente por un débil rayo de luz… “Abel, Abel…” alguien lo llamaba, era una suave voz…

-Despierta Abel, es casi mediodía y tu prueba se acerca.
-¿Qué…? ¿Ya amaneció? Pero… no tuve sueños, sólo dormí…
-El sello era muy poderoso, quizá tardes unos días en comenzar a tener recuerdos.

Abel acompañó a la joven hasta un amplio y lujoso comedor ubicado en la parte posterior del templo. La joven hechicera había preparado viandas que lucían muy apetitosas para Abel. El joven demonio degustó sus alimentos en poco tiempo y se dirigió a la joven hechicera, que intentaba ocultar su mano herida.

-Debí haberme disculpado ayer por la herida de tu mano, lamento haberte causado este problema.
-No es culpa tuya, sino de quien te colocó el sello. Soy una hechicera mucho más poderosa de lo que crees, sabía que podía ocurrirme cuando decidí ayudarte; no le des importancia, joven guerrero. Ahora, descansa. Tu prueba comenzara en dos horas. Este templo es seguro, aquí nadie podrá hacerte daño. Yo debo atender algunos problemas del bosque, por lo no volveré hasta el momento de tu prueba.

La joven se desvaneció al instante. Abel recorrió el templo varias veces mientras ella regresaba; el lugar era enorme, la fachada sugería que el templo era muy amplio y sus interiores confirmaban que era realmente vasto. Después del tiempo acordado, la hechicera apareció nuevamente ante Abel, quien ya había preparado nuevamente su armadura.

-¿Estás preparado, joven guerrero?
-No sé cuál será mi prueba, pero tengo confianza en que podré superarla. Sí, estoy preparado.
-Muy bien, acompáñame.

Callidora condujo al joven demonio a una trampilla fuera del templo. Descendieron a un lugar que parecía haber estado enterrado por décadas. Una columna central era el único adorno, aparte de las antorchas, en la estructura de aquella empolvada cueva. La hechicera apuntó con un dedo hacia el fondo del lugar y el polvo desapareció relevando un círculo labrado en el suelo con símbolos mágicos.

La hechicera le ordenó pararse en medio del círculo a Abel, iría a una mazmorra en el Inframundo donde se escondía un tesoro de gran valor. Callidora pronunció un veloz hechizo y el joven demonio se desvaneció produciendo una ráfaga de viento.

Abel se halló al instante frente a una imponente puerta de piedra con grabados de hombres siendo torturados; como la hechicera le había indicado, Abel colocó su espada frente a la puerta como un tributo. Un demonio de los grabados cobró vida y extendió los brazos para tomar la espada, se la colocó en el cinto y el arma se convirtió en parte del grabado.

La puerta se abrió pesadamente y el joven demonio avanzó hacia la oscuridad de su prueba. La grisácea estatua de un fornido demonio se hallaba en el centro de aquel lugar en ruinas, con una espada atravesada en el abdomen: era un demonio de piedra; la prueba de Abel consistía en obtener esa espada.

El joven demonio se abalanzó sobre la estatua, pero ésta cobró vida súbitamente y lo repelió con un potente golpe. Con una velocidad inesperada, la estatua se arrojó hacia Abel y lo golpeó frenéticamente contra el suelo; después lo tomó por un brazo y lo arrojó violentamente contra un muro.

Abel estaba malherido y había sido derrotado en un par de minutos. La estatua se arrojó nuevamente hacia él y lo tomó por una pierna para comenzar a azotarlo impetuosamente, nuevamente, contra el suelo. Después de una feroz golpiza, el demonio de piedra lanzó a su enemigo contra un muro y comenzó a golpearle enérgicamente la cabeza.

Con un violento impacto, Abel sintió que tenía roto el brazo izquierdo. Estaba gravemente herido y la sangre de sus heridas no le permitía ver con claridad. Ante una pequeña oportunidad, el joven demonio se tendió en el suelo y, haciendo uso de toda su fuerza, se deslizó ágilmente detrás de su oponente.

Tomó firmemente la empuñadura de la espada y la extrajo del cuerpo de su oponente. El demonio de piedra se desplomó al instante y dejó a Abel confundido en medio de aquel reciento débilmente iluminado por algunas antorchas. Conciente de su estado, el joven guerrero corrió tan veloz como sus heridas se lo permitieron hacia el mismo lugar que había utilizado para entrar.

Débilmente, pronunció: “Por favor, sácame de aquí.” Al instante, apareció nuevamente en la empolvada cueva donde Callidora lo esperaba. El joven demonio se desplomó, malherido, con la espada a su lado.

-¿Y qué es esto, Callidora?
-Es una de las dos esencias del Origen. Debes saber que el primero que existió dividió su esencia en dos partes y de ellas provienen el caos y el equilibrio. Ambas han prevalecido en este mundo para asegurar que la armonía prevalezca eternamente; en caso de que hubiera algún problema, la persona que reuniera las dos esencias del Origen obtendría el poder para restaurar la armonía…

Abel, malherido y exhausto, no pudo seguir escuchando las palabras de Callidora. Todo se volvió oscuro y confuso. Un débil rayo de luz iluminaba un paraje delante.

-Abel, tu padre forjó esta espada para ti. Está hecha con “metal negro”, un material especial del Inframundo. Tiene grabado tu nombre para que te proteja en todo momento.
-Entonces… ¿esta espada es mía? ¡Pero es muy pesada y no sé cómo usarla!
-Aprenderás con el tiempo, mi querido hijo. Aun eres muy joven, pero pronto comprenderás que debes conocer las artes de combate muy bien para poder sobrevivir en este mundo. La oscuridad comienza a adueñarse de todo.
-Claro, mamá.
-Mira, allá está tu hermano…

“Abel, Abel, ¡abre lo ojos…!” El joven demonio despertó súbitamente, se hallaba nuevamente en sus aposentos, sobre el regazo de Callidora, quien tenía un gesto de profunda angustia. Al ver que el joven demonio reaccionaba, la hechicera lo abrazó cálidamente y unas pequeñas lágrimas recorrieron su rostro.

 


Otro gran capítulo, otro gran final. ¿Cuándo dejará de sorprendernos Desmodius? Espero que nunca ^^

 

Por cierto, para los interesados, el PDF ya está en fase de producción. Pero todavía queda bastante que esperar para poder verlo (no menos que tres capítulos de la historia, para ser más precisos)…

 

*Esta es la parte de la entrada en la que Devil debería criticar todo lo escrito, pero está tan ofendido con lo que le han hecho a su persona que decidió no aparecer. Esperamos que no lo extrañen demasiado (aunque a él no le importa en absoluto)

El Origen by Desmodius – Capítulo 2: «Profecía»

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Bienvenidos a otra espectacular colaboración por parte de Desmodius.

Ésta vez, continuando con la historia de El Origen, seremos testigos del comienzo del viaje de Abel. Pruebas, desafíos y contratiempos se interponen con su destino. ¿Será capaz de superarlos? ¿O caerá en el olvido, al igual que el resto de guerreros que desean la gloria y la fama para sí mismos? Leed y comprovadlo vosotros mismos (rima Very Happy).


 

El Origen

Capítulo II
Profecía

Había transcurrido cerca de tres semanas desde que Abel había abandonado el resguardo de su pueblo; pese a sus numerosas precauciones, en un par de ocasiones había sido detenido e interrogado, pero su disfraz le había bastado para eludir a los guardias demoníacos y continuar con su andanza.

En todo ese tiempo, las palabras que había dicho aquella misteriosa joven en sus sueños habían invadido por completo sus pensamientos, las repetía para sí mismo en todo momento. ¿Tendría ella las respuestas a sus tormentos? ¿Conocería la verdad sobre su pasado? ¿Era realmente su destino enfrentar a Ayperos? Tales dudas agobiaban al demonio en su viaje.

Durante sus diversas incursiones en tabernas y posadas, había escuchado numerosas noticias sobre el caos sembrado por Ayperos y sus legiones; parecía que el demonio había logrado aliarse con otros comandantes y su poderío era devastador. Afortunadamente, su asedio se concentraba en un lejano reino de occidente.

Las noches eran crueles para Abel bajo el frío manto de la noche y el constante acecho de las feroces criaturas de la oscuridad. La única vez que el joven viajero había decidido resguardarse en una posada, se vio forzado a huir furtivamente a medianoche, perdiendo la mitad de sus provisiones, a causa de la sorpresiva llegada de algunos guardias demoníacos.

Conforme el tiempo avanzaba, el otoño azotaba con mayor intensidad los paisajes que Abel recorría. El Sol se ocultaba más frecuentemente tras espesas nubes, mientras el joven demonio marchaba a través de caminos cubiertos por follaje amarronado.

Al llegar a una pequeña aldea protegida por altos árboles desnudos, Abel se acercó a una pequeña posada para descansar un momento antes de proseguir su recorrido; el demonio se dispuso a abastecerse de víveres suficientes para los siguientes días, pero las pocas monedas de oro que le quedaban no le eran suficientes.

El impetuoso viento de la tarde hacía que Abel pensara en diversas soluciones para sus predicamentos, hasta que oyó la lejana conversación de otros dos viajeros, ataviados con pesadas armaduras de guerra y diversas armas.

-…No, claro que no. Si lo hacemos así tendríamos que perder parte de la recompensa.- decía un hombre de baja estatura, corpulento y con diversas cicatrices en el rostro.
-Pero esta aldea ha sufrido durante tanto tiempo, si contratamos a esos mercenarios lo lograríamos sin duda.- le respondió un hombre de estatura media, más corpulento que su amigo, pelirrojo y con gesto adusto.
-¡Sólo son tres mil…! -bajó un poco la voz, pero Abel seguía escuchándolos- sólo son tres mil monedas de oro y los mercenarios nos piden más de mil por sus servicios.
-Dos mil monedas de oro y una aldea segura no son suficiente recompensa, ¿eh?
-Como sea, ellos nos piden el pago por adelantado y no tenemos…

Con un gesto, uno de los dos viajeros le indicó al otro que Abel los estaba observando y ambos decidieron marcharse del sitio sin decir una palabra más. El demonio lamentó no enterarse del resto de la historia, ya que esa recompensa le hubiera servido de sobremanera en su viaje al norte.

Abel se acercó silenciosamente al dueño del lugar y aspiró profundamente antes de suavizar su voz:

-Oiga, soy nuevo en este lugar, me dirijo al norte; pero ya no tengo dinero. Escuché a dos tipos hablando sobre una buena recompensa por hacer algo peligroso, ¿sabe usted de qué se trata?
-Claro, forastero, en unas cuevas al norte de aquí habita una peligrosa criatura que ha destruido varios pueblos en los alrededores. Por las noches, abandona su guarida y ataca ferozmente a todo pueblo que encuentra su paso; lo llamamos “Eriagnea”. Por ahora está empeñada en traspasar los muros de Dakhoris, la ciudad al noreste de aquí; le han dado batalla durante una semana, pero el monstruo es demasiado poderoso para vencerlo, así que el rey ha ofrecido una recompensa de tres mil monedas de oro a quien lo derrote y lleve su cadáver ante él.
-Suena muy interesante.
-¿Interesante? ¡Es una locura! No creo que alguien esté lo suficientemente loco como para poder arriesgar su vida por tan poco dinero. De todas formas, Dakhoris caerá muy pronto.
-No si yo puedo evitarlo, gracias por la información.

El joven demonio había tomado la decisión de vencer a aquella criatura y así ayudar a las ciudades que eran asediadas; claro, sin despreciar la recompensa que se ofrecía por su cadáver. Tomó el último sorbo de hidromiel de su copa y se dispuso a buscar a aquella criatura antes del anochecer, ya que el monstruo tendría ventaja en la oscuridad.

Estaba convencido de que podría vencer a aquella bestia sin grandes dificultades, su actitud heroica había incrementado notablemente en los últimos días. Derrotar a Eriagnea sería una importante prueba para saber si sería capaz de afrontar los retos que el destino le deparaba.

Durante un par de horas, Abel avanzó sin saber exactamente cuál era el camino indicado, sólo guiado por su instinto. Al llegar a un pequeño claro entre los árboles, pudo divisar algunos cadáveres y evidentes signos de batalla, el ambiente estaba impregnado de la inconfundible fetidez de la muerte; el escondite de la bestia debía estar cerca.

Al avanzar entre algunos árboles, Abel observó enormes entradas a las profundas cuevas donde seguramente habitaba el monstruo que buscaba; una de ellas se hallaba marcada por diversos rastros de sangre. El demonio desenvainó su espada, recordando cómo Gerhard le había enseñado a usarla años atrás, por si algún día se hallaba en graves dificultades.

Abel empuñó con fuerza su arma y avanzó sigilosamente a través de la espesa oscuridad del túnel subterráneo. Pocos minutos después, el demonio hurgó entre las cosas que llevaba consigo y encontró una antorcha envuelta en tela; desenvolvió la antorcha y la hizo arder con unas pequeñas piedras.

El cauto demonio aguzó sus sentidos y sucedió a su fuente de luz durante varios minutos, antes de escuchar el estrepitoso sonido de cuerpos siendo devorados por una criatura aparentemente enorme; Abel dedujo que la criatura se hallaba detrás de una prominente estalagmita.

Con un ágil movimiento, el demonio rodeó el obstáculo y empuñó firmemente su espada ante su enemigo, iluminado débilmente por su antorcha… pero no había algo ahí. Abel observó velozmente a su alrededor, pero no pudo encontrar a criatura alguna; el ruido había cesado repentinamente. Un fuerte impacto en el suelo alertó al joven demonio que, sobresaltado, apuntó sus armas hacia tal sitio.

Se acercó lentamente, pero no pudo ver monstruo alguno nuevamente; lo que había causado el ruido anterior había sido un cadáver mutilado que yacía en el suelo. Abel reaccionó ante aquella escena y levantó la vista, iluminando el techo de la caverna con su antorcha.

Una enorme araña negra con afilados colmillos ensangrentados lo observaba con un gesto aterrador en aquella desfigurada cara que hizo proferir un desgarrador grito al demonio. El joven guerrero se apartó de un salto segundos antes de que Eriagnea pretendiera aplastarlo. En medio de la oscuridad, Abel estaba en completa desventaja, por lo que decidió atraer al monstruo hacia el exterior.

El veloz demonio corrió con ímpetu por el camino que recordaba, una ruta lineal, hasta vislumbrar débilmente los rayos de la luz exterior. Podía escuchar los rugidos de su cazador detrás de él, sabía que el monstruo estaba a escasos metros de poder atraparlo y devorarlo vivo.

Con un ágil y veloz movimiento, Abel se abalanzó hacia la salida del oscuro túnel; el monstruo emergió segundos después que él. A la luz del exterior, la apariencia de la enorme araña era espantosa: sus ocho patas eran largas y anchas, con algunas púas rojizas al final de cada una; sus diminutos ojos, amarillentos, transmitían un miedo irracional; su cuerpo entero era negro, salvo algunas marcas rojas cerca de su cabeza.

Abel recobró el aliento y envainó su espada nuevamente; la criatura centró toda su atención en su presa y se arrojó ferozmente hacia él. Abel se deslizó por debajo del fétido monstruo e intentó cortarle una pata, pero su espada fue incapaz de atravesar la piel de la bestia. Con diestros movimientos, Abel atacó a la invulnerable criatura sin poder herirla.

Al forcejear contra una de las patas del monstruo, Abel terminó montado sobre su deforme cabeza; el joven guerrero no dudó por un instante en atacar el posible punto débil de la bestia: sus aterradores ojos. Tomó con decisión su espada y, haciendo gala de su naturaleza demoníaca, la clavó con todas sus fuerzas en uno de los dos ojos más grandes de la enorme araña.

El monstruo rugió ferozmente de dolor mientras Abel enterraba con mayor ímpetu su espada; al sobresalir únicamente la empuñadura del arma, el intrépido demonio comenzó a mover la espada y destrozarle el cráneo a la bestia; tras un exhausto forcejeo, Eriagnea cayó vencida. Abel desenterró su espada y observó el cadáver de aquella malévola criatura.

Durante un par de horas, Abel no hizo algo más que descansar y pensar en cómo podría llevar el gigantesco cadáver de Eriagnea a la ciudad de Dakhoris. Tras hurgar nuevamente entre sus pertenencias, encontró varios cuerdas gruesas; ató a la bestia por las patas y los otros extremos de las cuerdas, a su cintura.

Cerca del anochecer, Abel pudo ver una imponente muralla con un pequeño boquete en el extremo izquierdo; Eriagnea debía haber provocado ese daño y esa noche pretendería, por fin, adentrarse en la ciudad. Al entrar por las puertas de la ciudad, fue recibido con gritos de júbilo y sonoras ovaciones. Fue ayudado y escoltado por la guardia real hasta el palacio.

En presencia del monarca, Abel desató las cuerdas que lo unían al monstruo y señaló las heridas mortales que habían causado su muerte.

-Bendito seas, noble caballero; te agradezco, en nombre de esta ciudad y mi reino completo, que hayas vencido a este abominable monstruo y nos hayas librado de su tormento. Cualquier servicio que requieras será atendido de inmediato… ¿cuál es tu nombre, osado caballero?
-Abel, mi señor, nombrado así en honor a la espada que empuño en batalla.
-Que curioso, creía que la espada llevaba el nombre de su dueño, no al revés. No dudes, Abel, que serás recompensado por esta magnífica hazaña. Por favor, acepta mi invitación al banquete real que oficiaré por la muerte de este engendro y, por supuesto, en honor a ti.
-Su Majestad, sería incapaz de rechazar tan generosa invitación.

Abel cenó espléndidamente esa noche, deleitado por los bufones y artistas al servicio del rey. Exhortado a pasar la noche en el palacio, por fin descansó plácidamente en unos lujosos aposentos. Al amanecer, el rey le entregó personalmente la recompensa al joven guerrero e insistió en su permanencia en tal lugar, asegurando que sería atendido día y noche por cualquier necesidad que presentara.

Lamentablemente, Abel se vio forzado a declinar tan dadivosa oferta y únicamente pidió un medio de transporte para avanzar de forma segura hacia el norte; el rey comprendió la negativa del joven y le ofreció uno de los mejores carruajes reales, junto con una escolta de veinte guardias. Abel no pudo negarse en aquella ocasión y partió hacia su destino en su nuevo carruaje, colmado de provisiones.

Varios días después, el joven demonio reconoció el paisaje de los alrededores, se hallaban cerca del templo blanco. Hizo señas al guardia que conducía el carruaje y la caravana entera se detuvo. Abel tomó diversas provisiones, guardando algunas debajo de su amplia armadura, y salió del carruaje; agradeció los servicios de su escolta y les dio la orden de regresar a Dakhoris, alegando que el resto del viaje sólo le correspondía a él.

Su escolta lo despidió y deseó suerte antes de marcharse de vuelta a su hogar. Abel contempló su entorno, los árboles desnudos bajo el nublado cielo de un atardecer particularmente frío anunciaban que el invierno estaba muy próximo. Una fuerte brisa le transmitió un mensaje al demonio, que reconoció de inmediato la dulce voz:

“Y al derrotar al monstruo, el guerrero habrá probado su valía y su derecho a buscar las dos esencias de El Origen. Tentado por la avaricia, él demostrará que su corazón es puro y noble al rechazar los vanos tesoros de los humanos Así estaba escrito, Abel, y así se ha cumplido. Es tu profecía.”

 


 

 

Hay que felicitar a Desmodius por otro capítulo tan genial de esta magnífica historia. Un final genial que nos deja con ganas de más es el broche de oro para terminar con el segundo capítulo.

Y ahora un poco de hype publicitario, ya que aquí les mostraré la portada del PDF de la historia:

http://i149.photobucket.com/albums/s62/Galford1/Otros/ElOrigen-Portada.png

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Dream Avatar ¡Qué capítulo tan genial! ¿No Devil?

….

Dream Avatar ¿Devil?…

Dream Avatar ¡Se supone que soy malvado, no un héroe!

El Origen by Desmodius – Capítulo 1: Destino

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¡Bienvenidos todos!

Por favor, perdonen el retraso que sufrió la historia ayer, pero es que tuve un pequeño imprevisto y no pude publicar este capítulo ayer. Así que, ahora sí, pasen y lean el primer capítulo de El Origen, la primera colaboración de este blog, escrita por Desmodius


El Origen

Capítulo I
Destino

La armonía que había regido a la humanidad desde el comienzo de los tiempos se había visto amenazada desde hacía varios años por la ambición de un demonio, Ayperos II, que había expandido el territorio que regía su estirpe. Ayperos nació siendo un semidemonio, hijo de una súcubo exiliada y un humilde pastor.

Tras enterarse de su pasado y legado, Ayperos reclamó su derecho de volver al mundo de los demonios; pero estos le exigieron un sacrificio para permitirle regresar: asesinar a su familia para demostrar que tenía la maldad necesaria en sus venas. El demonio aceptó sin miramientos; después de realizar su cometido, siempre fue conocido como el “asesino de Abrahel”, su madre y la súcubo que decidió renunciar al legado de su sangre para poder amar a un pastor humano.

Al ser bienvenido en las oscuras tierras de los demonios, el cruel asesino maldijo el nombre bajo el cual su madre lo había criado y decidió obtener uno nuevo; siendo un joven semidemonio, retó al gran príncipe Ayperos por el derecho a mandar sobre sus treinta y seis legiones de demonios.

El duelo fue intenso y duró tres días completos; al final de la tercera noche, ambos seres de la oscuridad se hallaban exhaustos y malheridos. El semidemonio hizo una diestra estocada directo al pecho de su oponente, del cual comenzó a brotar sangre negra y espesa. Al final, el joven asesino reclamó el nombre y las legiones de su rival vencido: ahora sería conocido como Ayperos II, el comandante de treinta y seis legiones y asesino de Abrahel.

Conforme los años avanzaron, Ayperos se hizo de un gran renombre entre los demonios. Se decía que era un general cruel con sus legiones, pero que ningún imperio humano había logrado resistir sus devastadores asedios. Siendo bastante joven, Ayperos había conseguido algunas hazañas que otros comandantes del Inframundo nunca habían siquiera intentado.

Desde hacia siglos, los comandantes de las miles de legiones demoníacas había estado separados y enemistados por sus intereses personales; sin embargo, Ayperos se propuso lo imposible: reunirlos a todos y dirigirlos hacia la victoria: la completa devastación de la humanidad bajo el eterno reinado del caso en el mundo. La Tierra sería un lugar oscuro, envuelto en las tinieblas, en el cual ningún humano volvería a ser libre.

Su misión era casi imposible, pero la recompensa y esperanza de ver realizados sus planes, motivó a Ayperos a recorrer los más inhóspitos lugares del planeta para encontrar y convencer a los comandantes del Infierno de unirse a su causa.

En medio de la oscuridad de la noche, Abel se despertó súbitamente; su corazón latía furiosamente contra su pecho, parecía que quería abandonar su cuerpo. Se hallaba empapado en sudor y confundido ante aquel intenso temor que lo obligó a despertar. Jadeando, se percató de que media docena de guerreros lo rodeaban; todos se hallaban contemplándolo con incertidumbre e intriga.

-Lamento haberlos despertado, amigos. Fue sólo… una pesadilla.- dijo débilmente.
-Tus lamentos sonaban a algo más que una simple pesadilla. Estos hechos se están volviendo cada vez más frecuentes, Abel, debes descubrir qué es lo que sucede o empeorará.- sentenció con una voz ronca un guerrero delgaducho, con una larga cabellera rojiza y diversas cicatrices en el torso.
-Sí… gracias, Gerhard, lo tendré en cuenta. Ahora, saldré a ver la luna un momento… necesito aire fresco.
-Si ves cualquier movimiento sospechoso o escuchas el galope de los guardias, vuelve de inmediato; sabes que ellos hacen rondas nocturnas por aquí a estas horas.

Abel, un demonio con apariencia semejante a la de un humano con piel azulada, cruzó el umbral del humilde hogar en donde los guerreros habían decidido resguardarlo los últimos diez años. Inmerso en el silencio de aquel paraje, contempló la luna mientras su corazón se tranquilizaba lentamente. Inevitablemente, se llevó una mano a la espalda y comenzó a tocarse los muñones que tenía en lugar de alas.

Aquellos que lo habían encontrado y adoptado hacía tantos años, le habían explicado que le habían mutilado las alas antes de que ellos lo hubieren encontrado, moribundo, en un río cercano a su pueblo. Seguramente, él había sido una de las primeras víctimas de los destierros masivos de Ayperos II. Cuando el gran demonio ascendió al poder, mandó a desterrar a cualquier demonio que pareciera débil o incapaz de seguir sus rigurosos mandatos.

Abel sabía que había sido rescatado de la muerte por una afortunada coincidencia del destino. Gerhard había salido a pescar ese día y, después de algunas horas, encontró el cuerpo moribundo de Abel. Por su aspecto, el guerrero decidió en primera instancia abandonarlo en el río, ya que debía ser un demonio que se había revelado en contra de los mandatos de Ayperos.

Sin embargo, algo inexplicable hizo cambiar de opinión al caballero y revisó el cuerpo del demonio. Descubrió que seguía con vida, pero era simplemente un delgado hilo el que lo ataba al mundo de los vivos. Gerhard lo llevó con los demás guerreros del pequeño pueblo y los animó a intentar curar al malherido demonio. Lo primero fue desenterrarle una delgada espada dorada de la espalda; el filo del arma rezaba “Abel, fruto de la redención.” Gerhard decidió llamarlo de esa forma: Abel.

Tardó cerca de dos semanas, pero el demonio comenzó a dar señales de mejoría. Su aspecto, aunque demoníaco, transmitía seguridad y confianza. Tras un mes de intensos cuidados, Abel pudo abrir los ojos. Se hallaba débil y hambriento. Fue alimentado con algunos animales vivos, para que recuperara la fuerza necesaria para sanar por completo.

Un par de meses después, el demonio se hallaba recuperado por completo. Pronto, quienes lo rodeaban pudieron comprobar que, pese a su aspecto, no era un ser maligno. Aun con todos los cuidados, y el milagro de haber sido rescatado, Abel no podía recordar hecho alguno de su pasado: todo se veía envuelto en una densa oscuridad que le impedía evocar cualquier imagen sobre su verdadera identidad.

Durante los últimos diez años, el demonio había vivido en completa armonía con los habitantes del pueblo. Debía ser cuidadoso con los guardias demoníacos que patrullaban el pueblo, ya que si lo encontraban, seguramente lo llevarían de vuelta ante Ayperos, donde no correría con la excepcional suerte que la vez anterior. Los habitantes del pequeño pueblo habían aprendido a alertar discretamente al demonio cuando los guardias se aproximaban.

Era complicado explicar por qué, durante todo ese tiempo, jamás habían intentado llevarlo a un lugar más seguro. Quizá, una de las razones era porque habían pocos lugares seguros ya en los alrededores; además, transportar a un demonio sin ser detectados por los guardias de Ayperos, parecía una empresa imposible.

Abel abandonó sus recuerdos, al ver que el cielo comenzaba a iluminarse con la lejana luz del Sol. El demonio suspiró al comprobar que su corazón latía con normalidad y regresó a sus aposentos, donde concilió el sueño sin mayores dificultades.

El entorno volvía a ser completamente oscuro: no podía verse nada más allá de la densa niebla que rodeaba a Abel. El demonio gritó con todas sus fuerzas, pero un eco sordo fue su única respuesta. Repentinamente, un débil rayo de luz alumbró un camino frente a él. El demonio lo siguió y, lentamente, se percató de que se hallaba en un bosque, pisando una manta de hojas rojizas, frente a un imponente templo blanco.

Una hermosa joven le susurró desde unos árboles cercanos. El demonio se acercó y pudo percatarse que la silueta de la joven se hallaba compuesta por las ramas de dos grandes árboles sin hojas. La joven lo vio con una mirada dulce y compasiva.

-Sabes por que estás aquí.- dijo ella, con un tono gentil y amable, casi maternal.
-No, realmente no.- respondió Abel, absorto en la confusión.
-Tú lo sabes, es la única forma.
-¿De qué hablas? ¿Qué es esto? ¿Quién eres tú?
-Tú lo sabes, siempre lo has sabido; pero temes que deba ser así.
-No te entiendo, ¿conoces mi pasado?
-Sólo así podrás redimirte y hacer justicia por lo inocentes.
-¡No sé de qué estás hablando…! ¡Quiero conocer mi pasado! ¡Quiero saber por qué siempre tengo visiones que no entiendo sobre momentos que no recuerdo en mis sueños!
-Sólo hazlo, forja tu destino y resuelvo tus dudas por ti mismo.
-¿De qué hablas?
-Búscame y lo comprenderás.
-Pero, ¿Dónde…?

Abel abrió los ojos repentinamente. La luz del Sol le estaba llegando directamente al rostro, ya era tarde. Su corazón se hallaba tranquilo, aquella no había sido una pesadilla más; por el contrario, aquel extraño sueño había sido muy agradable y acogedor. Sin pensarlo, menos entenderlo, el joven demonio comenzó a alistar su armadura. Gerhard y sus amigos habían preparado de forma especial tal armadura para intentar ocultar la mayor cantidad de rasgos que pudieran delatar su verdadera naturaleza.

Al abandonar sus aposentos y sorprender a sus amigos, un caballero de baja altura, corpulento y larga cabellera dorada le dirigió la palabra:

-Abel, ¿qué haces con la armadura…? La ronda de los guardias será al atardecer, como siempre, y no hay necesidad de que ocultes de esa forma, por ahora.
-No me ocultaré esta vez, Oriol. Planeo abandonar el pueblo y forjar mi propio destino, ya es hora.
-¿De qué estás hablando? ¿Acaso te volviste loco? No, no, debe ser que no dormiste lo suficiente… anda, quítate la armadura y duerme un par de horas más, lo necesitas.- dijo un hombre delgado y alto, con facciones ásperas y un espesa barba negra en contraste con su calvicie; que se hallaba al lado de Oriol.
-No, no he enloquecido. No sé cómo explicarlo, pero ahora veo las cosas más claras: siempre lo he sabido. Yo debo hacer cara a Ayperos, debo enfrentarlo y vencerlo. Sí, sé que suena a un suicidio seguro; pero sé que es mi destino. Iré al templo abandonado en el bosque del norte, ahí descubriré más sobre mí mismo.

Atónitos, todos los presentes observaban al joven sin dar crédito a las palabras que había pronunciado. Antes de que pudieran reaccionar para detenerlo, el joven salió del lugar y comenzó a andar hacia el norte. Comería en alguna posada en el camino, porque si se detenía a comer con sus amigos, estos nunca permitirían que realizara su recién adquirida misión.

-¡Espera, espera! ¡Abel, espera!- gritaba Gerhard, al tiempo que extendía una mano para detener al demonio por el hombro -olvidas esto.
-¿Mi espada? ¿No me dirás que esto es una locura y que debo desistir?
-No tiene sentido que intente detenerte. Siempre supimos que estaba destinado a hacer algo más allá de nuestro entendimiento; si te rescatamos y cuidamos todo este tiempo, fue bajo el pleno conocimiento de que no sería para siempre. Eres especial, Abel; no sé por qué o cuál sea realmente tu destino, pero sé que tienes una gran misión por cumplir y que lo lograrás.
-Gracias. Ayperos ha llegado demasiado lejos y, si los rumores son ciertos, en breve tendrá a su disposición todas las legiones del Inframundo. Si nosotros no lo enfrentamos, entonces le habríamos entregado el mundo sin mayores dificultades. No si pueda lograrlo, pero quiero pensar que habrán otros si yo desisto.
-Claro que sí, no lo dudes.

Con un simple gesto, ambos amigos sedespidieron; ninguno de los dos sabía si se volverían a ver o si tenía sentidooponerse a Ayperos, pero la esperanza de ver un nuevo mundo regido por laarmonía, como otrora, era lo suficiente alentador como para dejar de lado talesdudas. Abel envainó su espada dorada y siguió su camino hacia el norte, haciasu destino. 


Y así comienza esta historia. Ya hemos conocido a los personajes principales, ¿pero qué pasará después? ¿Cuál es esa misión de Abel? ¿Será Ayperos derrotado? Bueno, dado que éste es sólo el primer capítulo de la historia, es difícil responder a todas esas preguntas.

Pero paciencia, ahora sólo queda esperar al próximo sábado para ver el próximo capítulo.

 

Dream Avatar  ¿Por qué deben hacer a Abel exactamente igual a mí? Y mi piel es VIOLETA, no AZUL.

El Origen by Desmodius – Índice

El Origen

 

¡Bienvenidos!

Es un placer para mí presentarles la primera colaboración del blog, escrita por Desmodius y traída en exclusiva para ustedes.

 

De la mano de Desmodius, conoceremos la historia de Ayperos II, el más grande de los emperadores demoníacos, quien planea conquistar el mundo de los humanos y extender el Inframundo hasta el último rincón del universo. ¿Pero lo logrará? ¿O por el contrario, será derrotado y vencidas por siempre las hordas del mal? Bueno, eso es algo que sólo nuestro amigo Desmodius puede responder….


El Origen
por Desmodius


Índice:

 

Prólogo: Creación

 

Capítulo 1: Destino

 


Capítulo 2: Profecía

 


Capítulo 3:
Encuentro

 

Capítulo 4: Sacrificio

 


Capítulo 5:
Redención

 


Epílogo: Eternidad

 

 


No os olvidéis de leer el primer capítulo, que será publicado ésta misma noche (para la gente de la península ibérica será mañana por una diferencia horaria, lo siento)

 

Y por último, sólo queda felicitar el gran trabajo que Desmodius está invirtiendo en esta historia, y que de no ser por él, ustedes no estarían leyendo esta entrada.

Gracias especiales al Duende por hacer el banner de la historia.

 

*El índice está dispuesto a cualquier modificación por parte del autor de su historia.