El Origen by Desmodius – Capítulo 1: Destino

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¡Bienvenidos todos!

Por favor, perdonen el retraso que sufrió la historia ayer, pero es que tuve un pequeño imprevisto y no pude publicar este capítulo ayer. Así que, ahora sí, pasen y lean el primer capítulo de El Origen, la primera colaboración de este blog, escrita por Desmodius


El Origen

Capítulo I
Destino

La armonía que había regido a la humanidad desde el comienzo de los tiempos se había visto amenazada desde hacía varios años por la ambición de un demonio, Ayperos II, que había expandido el territorio que regía su estirpe. Ayperos nació siendo un semidemonio, hijo de una súcubo exiliada y un humilde pastor.

Tras enterarse de su pasado y legado, Ayperos reclamó su derecho de volver al mundo de los demonios; pero estos le exigieron un sacrificio para permitirle regresar: asesinar a su familia para demostrar que tenía la maldad necesaria en sus venas. El demonio aceptó sin miramientos; después de realizar su cometido, siempre fue conocido como el “asesino de Abrahel”, su madre y la súcubo que decidió renunciar al legado de su sangre para poder amar a un pastor humano.

Al ser bienvenido en las oscuras tierras de los demonios, el cruel asesino maldijo el nombre bajo el cual su madre lo había criado y decidió obtener uno nuevo; siendo un joven semidemonio, retó al gran príncipe Ayperos por el derecho a mandar sobre sus treinta y seis legiones de demonios.

El duelo fue intenso y duró tres días completos; al final de la tercera noche, ambos seres de la oscuridad se hallaban exhaustos y malheridos. El semidemonio hizo una diestra estocada directo al pecho de su oponente, del cual comenzó a brotar sangre negra y espesa. Al final, el joven asesino reclamó el nombre y las legiones de su rival vencido: ahora sería conocido como Ayperos II, el comandante de treinta y seis legiones y asesino de Abrahel.

Conforme los años avanzaron, Ayperos se hizo de un gran renombre entre los demonios. Se decía que era un general cruel con sus legiones, pero que ningún imperio humano había logrado resistir sus devastadores asedios. Siendo bastante joven, Ayperos había conseguido algunas hazañas que otros comandantes del Inframundo nunca habían siquiera intentado.

Desde hacia siglos, los comandantes de las miles de legiones demoníacas había estado separados y enemistados por sus intereses personales; sin embargo, Ayperos se propuso lo imposible: reunirlos a todos y dirigirlos hacia la victoria: la completa devastación de la humanidad bajo el eterno reinado del caso en el mundo. La Tierra sería un lugar oscuro, envuelto en las tinieblas, en el cual ningún humano volvería a ser libre.

Su misión era casi imposible, pero la recompensa y esperanza de ver realizados sus planes, motivó a Ayperos a recorrer los más inhóspitos lugares del planeta para encontrar y convencer a los comandantes del Infierno de unirse a su causa.

En medio de la oscuridad de la noche, Abel se despertó súbitamente; su corazón latía furiosamente contra su pecho, parecía que quería abandonar su cuerpo. Se hallaba empapado en sudor y confundido ante aquel intenso temor que lo obligó a despertar. Jadeando, se percató de que media docena de guerreros lo rodeaban; todos se hallaban contemplándolo con incertidumbre e intriga.

-Lamento haberlos despertado, amigos. Fue sólo… una pesadilla.- dijo débilmente.
-Tus lamentos sonaban a algo más que una simple pesadilla. Estos hechos se están volviendo cada vez más frecuentes, Abel, debes descubrir qué es lo que sucede o empeorará.- sentenció con una voz ronca un guerrero delgaducho, con una larga cabellera rojiza y diversas cicatrices en el torso.
-Sí… gracias, Gerhard, lo tendré en cuenta. Ahora, saldré a ver la luna un momento… necesito aire fresco.
-Si ves cualquier movimiento sospechoso o escuchas el galope de los guardias, vuelve de inmediato; sabes que ellos hacen rondas nocturnas por aquí a estas horas.

Abel, un demonio con apariencia semejante a la de un humano con piel azulada, cruzó el umbral del humilde hogar en donde los guerreros habían decidido resguardarlo los últimos diez años. Inmerso en el silencio de aquel paraje, contempló la luna mientras su corazón se tranquilizaba lentamente. Inevitablemente, se llevó una mano a la espalda y comenzó a tocarse los muñones que tenía en lugar de alas.

Aquellos que lo habían encontrado y adoptado hacía tantos años, le habían explicado que le habían mutilado las alas antes de que ellos lo hubieren encontrado, moribundo, en un río cercano a su pueblo. Seguramente, él había sido una de las primeras víctimas de los destierros masivos de Ayperos II. Cuando el gran demonio ascendió al poder, mandó a desterrar a cualquier demonio que pareciera débil o incapaz de seguir sus rigurosos mandatos.

Abel sabía que había sido rescatado de la muerte por una afortunada coincidencia del destino. Gerhard había salido a pescar ese día y, después de algunas horas, encontró el cuerpo moribundo de Abel. Por su aspecto, el guerrero decidió en primera instancia abandonarlo en el río, ya que debía ser un demonio que se había revelado en contra de los mandatos de Ayperos.

Sin embargo, algo inexplicable hizo cambiar de opinión al caballero y revisó el cuerpo del demonio. Descubrió que seguía con vida, pero era simplemente un delgado hilo el que lo ataba al mundo de los vivos. Gerhard lo llevó con los demás guerreros del pequeño pueblo y los animó a intentar curar al malherido demonio. Lo primero fue desenterrarle una delgada espada dorada de la espalda; el filo del arma rezaba “Abel, fruto de la redención.” Gerhard decidió llamarlo de esa forma: Abel.

Tardó cerca de dos semanas, pero el demonio comenzó a dar señales de mejoría. Su aspecto, aunque demoníaco, transmitía seguridad y confianza. Tras un mes de intensos cuidados, Abel pudo abrir los ojos. Se hallaba débil y hambriento. Fue alimentado con algunos animales vivos, para que recuperara la fuerza necesaria para sanar por completo.

Un par de meses después, el demonio se hallaba recuperado por completo. Pronto, quienes lo rodeaban pudieron comprobar que, pese a su aspecto, no era un ser maligno. Aun con todos los cuidados, y el milagro de haber sido rescatado, Abel no podía recordar hecho alguno de su pasado: todo se veía envuelto en una densa oscuridad que le impedía evocar cualquier imagen sobre su verdadera identidad.

Durante los últimos diez años, el demonio había vivido en completa armonía con los habitantes del pueblo. Debía ser cuidadoso con los guardias demoníacos que patrullaban el pueblo, ya que si lo encontraban, seguramente lo llevarían de vuelta ante Ayperos, donde no correría con la excepcional suerte que la vez anterior. Los habitantes del pequeño pueblo habían aprendido a alertar discretamente al demonio cuando los guardias se aproximaban.

Era complicado explicar por qué, durante todo ese tiempo, jamás habían intentado llevarlo a un lugar más seguro. Quizá, una de las razones era porque habían pocos lugares seguros ya en los alrededores; además, transportar a un demonio sin ser detectados por los guardias de Ayperos, parecía una empresa imposible.

Abel abandonó sus recuerdos, al ver que el cielo comenzaba a iluminarse con la lejana luz del Sol. El demonio suspiró al comprobar que su corazón latía con normalidad y regresó a sus aposentos, donde concilió el sueño sin mayores dificultades.

El entorno volvía a ser completamente oscuro: no podía verse nada más allá de la densa niebla que rodeaba a Abel. El demonio gritó con todas sus fuerzas, pero un eco sordo fue su única respuesta. Repentinamente, un débil rayo de luz alumbró un camino frente a él. El demonio lo siguió y, lentamente, se percató de que se hallaba en un bosque, pisando una manta de hojas rojizas, frente a un imponente templo blanco.

Una hermosa joven le susurró desde unos árboles cercanos. El demonio se acercó y pudo percatarse que la silueta de la joven se hallaba compuesta por las ramas de dos grandes árboles sin hojas. La joven lo vio con una mirada dulce y compasiva.

-Sabes por que estás aquí.- dijo ella, con un tono gentil y amable, casi maternal.
-No, realmente no.- respondió Abel, absorto en la confusión.
-Tú lo sabes, es la única forma.
-¿De qué hablas? ¿Qué es esto? ¿Quién eres tú?
-Tú lo sabes, siempre lo has sabido; pero temes que deba ser así.
-No te entiendo, ¿conoces mi pasado?
-Sólo así podrás redimirte y hacer justicia por lo inocentes.
-¡No sé de qué estás hablando…! ¡Quiero conocer mi pasado! ¡Quiero saber por qué siempre tengo visiones que no entiendo sobre momentos que no recuerdo en mis sueños!
-Sólo hazlo, forja tu destino y resuelvo tus dudas por ti mismo.
-¿De qué hablas?
-Búscame y lo comprenderás.
-Pero, ¿Dónde…?

Abel abrió los ojos repentinamente. La luz del Sol le estaba llegando directamente al rostro, ya era tarde. Su corazón se hallaba tranquilo, aquella no había sido una pesadilla más; por el contrario, aquel extraño sueño había sido muy agradable y acogedor. Sin pensarlo, menos entenderlo, el joven demonio comenzó a alistar su armadura. Gerhard y sus amigos habían preparado de forma especial tal armadura para intentar ocultar la mayor cantidad de rasgos que pudieran delatar su verdadera naturaleza.

Al abandonar sus aposentos y sorprender a sus amigos, un caballero de baja altura, corpulento y larga cabellera dorada le dirigió la palabra:

-Abel, ¿qué haces con la armadura…? La ronda de los guardias será al atardecer, como siempre, y no hay necesidad de que ocultes de esa forma, por ahora.
-No me ocultaré esta vez, Oriol. Planeo abandonar el pueblo y forjar mi propio destino, ya es hora.
-¿De qué estás hablando? ¿Acaso te volviste loco? No, no, debe ser que no dormiste lo suficiente… anda, quítate la armadura y duerme un par de horas más, lo necesitas.- dijo un hombre delgado y alto, con facciones ásperas y un espesa barba negra en contraste con su calvicie; que se hallaba al lado de Oriol.
-No, no he enloquecido. No sé cómo explicarlo, pero ahora veo las cosas más claras: siempre lo he sabido. Yo debo hacer cara a Ayperos, debo enfrentarlo y vencerlo. Sí, sé que suena a un suicidio seguro; pero sé que es mi destino. Iré al templo abandonado en el bosque del norte, ahí descubriré más sobre mí mismo.

Atónitos, todos los presentes observaban al joven sin dar crédito a las palabras que había pronunciado. Antes de que pudieran reaccionar para detenerlo, el joven salió del lugar y comenzó a andar hacia el norte. Comería en alguna posada en el camino, porque si se detenía a comer con sus amigos, estos nunca permitirían que realizara su recién adquirida misión.

-¡Espera, espera! ¡Abel, espera!- gritaba Gerhard, al tiempo que extendía una mano para detener al demonio por el hombro -olvidas esto.
-¿Mi espada? ¿No me dirás que esto es una locura y que debo desistir?
-No tiene sentido que intente detenerte. Siempre supimos que estaba destinado a hacer algo más allá de nuestro entendimiento; si te rescatamos y cuidamos todo este tiempo, fue bajo el pleno conocimiento de que no sería para siempre. Eres especial, Abel; no sé por qué o cuál sea realmente tu destino, pero sé que tienes una gran misión por cumplir y que lo lograrás.
-Gracias. Ayperos ha llegado demasiado lejos y, si los rumores son ciertos, en breve tendrá a su disposición todas las legiones del Inframundo. Si nosotros no lo enfrentamos, entonces le habríamos entregado el mundo sin mayores dificultades. No si pueda lograrlo, pero quiero pensar que habrán otros si yo desisto.
-Claro que sí, no lo dudes.

Con un simple gesto, ambos amigos sedespidieron; ninguno de los dos sabía si se volverían a ver o si tenía sentidooponerse a Ayperos, pero la esperanza de ver un nuevo mundo regido por laarmonía, como otrora, era lo suficiente alentador como para dejar de lado talesdudas. Abel envainó su espada dorada y siguió su camino hacia el norte, haciasu destino. 


Y así comienza esta historia. Ya hemos conocido a los personajes principales, ¿pero qué pasará después? ¿Cuál es esa misión de Abel? ¿Será Ayperos derrotado? Bueno, dado que éste es sólo el primer capítulo de la historia, es difícil responder a todas esas preguntas.

Pero paciencia, ahora sólo queda esperar al próximo sábado para ver el próximo capítulo.

 

Dream Avatar  ¿Por qué deben hacer a Abel exactamente igual a mí? Y mi piel es VIOLETA, no AZUL.