Super Mario Bros.

El fontanero que revolucionó los videojuegos
Lanzado en 1985 por Nintendo para la Nintendo Entertainment System (comúnmente conocida como NES), Super Mario Bros. se ha convertido en un clásico atemporal y un icono de la generación de niños (y no tan niños) que crecieron con él. Sin duda se trata del juego, con excepción quizás del Pong o el Pac-Man (o “comecocos”), que todo el mundo conoce o del que alguna vez ha oído hablar, sea o no un jugador habitual. De hecho, una encuesta realizada hace ya unos años demostró que Mario era más conocido que el propio Mickey Mouse.

¿Cómo puede un simple juego llegar a convertirse en todo un icono de la cultura? Bien, pues en realidad es algo muy simple. Aún hoy, en este mundo de alta definición, gráficos ultrarrealistas, consolas con potencia abrumadora y superproducciones que se alargan durante años, Super Mario Bros. es uno de esos poquísimos elegidos que todavía logra engancharnos tanto como en su época. ¿Por qué? Sencillamente, porque es un juego ideado para divertir. Ni más ni menos.

Se trata también del juego que catapultó definitivamente a Nintendo hacia el éxito. Aunque bien es verdad que no lo hizo solo, pues le acompañaron títulos como The Legend of Zelda, Donkey Kong (donde Mario debutó bajo el nombre de “Jumpman”) y Metroid. Pero sin duda este primer juego de Mario (bueno, en realidad era el segundo. El primero, Mario Bros. era un título arcade para dos jugadores en una simple pantalla) fue la obra que realmente mostró a la industria de que eran capaces los videojuegos. De hecho, su creador, Shigeru Miyamoto, alcanzó para muchos el estatus de leyenda por sus logros con este juego (pocos sabían que la espectacular trayectoria del desarrollador nipón no había hecho más que comenzar).

A pesar de lo primitivo que nos puede resultar hoy en día, Super Mario Bros. estableció muchos estándares que guiarían a la industria durante años en todas las áreas: jugabilidad, gráficos, música, efectos de sonido, diseño de niveles, secretos y, posiblemente lo más importante, su enfoque hacia un mercado de masas. Algo similar a lo que Nintendo haría años después con la saga Pokémon o actualmente con Nintendogs y Brain Training en Nintendo DS. No en vano, fue uno de los principales motores que hizo a la industria del videojuego salir de la crisis que atravasaba a mediado de los ochenta.

Entrando ya a comentar el juego propiamente dicho, Super Mario Bros. es un plataformas en su forma más pura. El éxito de Mario marcaría una era en la que gran cantidad de títulos similares inundarían el mercado. Lo que hizo que este juego sobresaliera por encima de los demás es el hecho de que fue el primer juego de desplazamiento lateral de estas características. Es decir, no estaba restringido a una simple pantalla (como Pac-Man, Pong, Mario Bros., etc), permitiendo así que las fases fuesen mucho más grandes que cualquier otras hasta entonces en el mundo de las consolas. Introdujo y popularizó la idea de los distintos “niveles”, haciendo que el juego en conjunto ganase en duración y diversidad.

La historia no era más un simple pretexto para lanzarnos a la aventura (tónica que siguen emulando los títulos de Mario actuales). En pocas palabras,  el rey Bowser rapta a la princesa del Reino Champiñón (Princesa Toadstool, que no tomaría el nombre de Peach hasta Super Mario 64) y se apodera de dicho reino. Como es de esperar, una vez en la piel del fontanero nos tocaría viajar a lo largo del mundo con el fin de salvarla y derrotar al malvado Koopa.

La jugabilidad en Super Mario Bros. es tan simple como podría ser, aunque eso no le exime de suponer todo un desafío. De hecho, parte de su encanto reside en que es tan fácil cogerlo y ponerse a jugar como difícil tener éxito si no se posee cierta experiencia y/o habilidad. Como con todo, cuanto más practicas, mejor lo haces.

El juego nos lleva a recorrer un total de ocho mundos, divididos a su vez en cuatro niveles (siendo el cuarto de cada uno un castillo de Bowser). Mario termina cada fase al alcanzar una bandera al final de la misma, excepto en los mencionados castillos, donde el objetivo final es acabar con Bowser. Cada mundo está repleto de monedas y bloques rompibles, por no hablar de los enemigos. La mayoría se puede derrotar saltando sobre ellos o golpeando desde abajo el bloque sobre el que se encuentren. Si recolectamos cien monedas seremos premiados con una vida extra (o “1-Up”, popular término acuñado por Nintendo).

Además, si un segundo mando está conectado a la consola, entonces dos jugadores pueden jugar alternativamente. Es decir, uno juega hasta que termina la fase (o muere) y entonces pasa a jugar el siguiente, que controla a Luigi, el hermano de Mario. No hay ninguna diferencia jugable entre ambos personajes, solo difieren en el nombre y en el color de la ropa (Luigi viste de verde en lugar de en rojo).
Mario además tiene una serie de habilidades que dotan al juego de una personalidad propia. Empezamos con un Mario diminuto, que morirá de un solo toque por parte de un enemigo y nos arrebatará una vida (la partida empieza con tres). Sin embargo, si encontramos y tomamos un champiñón marrón, Mario pasará a ser Super Mario, resistirá un toque antes de hacerse pequeño otra vez y podrá romper los bloques. Estos bloques son uno de los elementos más importantes del juego. Solo tenemos que ponernos debajo de ellos y saltar, consiguiendo puntos o monedas. También existen unos bloques marcados con un signo de interrogación. En ellos encontraremos mejoras como el antes citado champiñón marrón (para pasar de Mario a Super Mario), el champiñón verde (para conseguir una vida extra), la flor de fuego (para lanzar bolas de fuego y derrotar fácilmente a los enemigos) o la estrella (que nos dota de invencibilidad durante unos instantes al ritmo de una pegadiza melodía).
Los niveles de Super Mario Bros. eran únicos y muy complejos para su época. Contenían elementos que no se habían visto antes, como las famosas tuberías. La manera en que los niveles fueron diseñados te hacía sentir como si estuvieras realmente en otro mundo. Por ejemplo, repartidos a lo largo de las fases nos encontramos multitud de las citadas tuberías verdes, en algunas de las cuales podemos entrar. Dentro nos encontraremos monedas, mejoras o atajos. El diseño de los niveles es muy interesante. Mientras los enemigos son el principal obstáculo para Mario, también nos enfrentaremos a fases en las que deberemos sortear peces voladores, bolas de fuego giratorias, grandes o pequeños precipicios, plataformas que solo se aguantan unos segundos antes de desplomarse, etc.

En definitiva, Super Mario Bros. es una obra maestra icónica que se las arregla para impresionar y sorprender incluso hoy en día, aunque solo sea porque al jugarlo (o rejugarlo) uno se da cuenta de lo innovador y magníficamente diseñado que fue para su época. Tan sencillo como genial, a pesar de todo el tiempo transcurrido desde su estreno sigue tremendamente adictivo y desafiante. Un juego que siempre será recordado y adorado por toda una generación, esa generación a la que le enseñó el tremendo potencial para divertir que pueden tener los videojuegos.