Gears of War

La zona gris
Gears of War nos sitúa en un lejano planeta, Sera, parecido a la Tierra, que ha sido devastado por una guerra civil debido a la disminución de los recursos. Mientras los hombres luchaban entre ellos, bajo la superficie una nueva especie, conocida como “horda Locust”, planificaba su ataque contra los humanos para conquistar el planeta. Los Locust finalmente se mostraron por primera vez, abriendo agujeros en la superficie de la tierra e iniciando una ofensiva en el que sería denominado como “Día de la Emergencia”.

Desde el inicio, controlamos al veterano de guerra Marcus Fenix, sacado de la cárcel por su amigo Dom Santiago para ayudar al gobierno a luchar contra los Locust. El mayor problema con esta raza no es que sean rematadamente violentos y estén decididos a exterminar la humanidad. No señor. Lo que los hace especialmente molestos es que viven en un complejo sistema de túneles bajo tierra, por lo que tanto averiguar su paradero como saber donde aparecerán para atacar es totalmente imposible. Es por eso que incluso el más sencillo viaje a través de la superficie del planeta se puede acabar convirtiendo en un peligro. Así es como Epic se las arregla para explicarte cómo y por qué los enemigos aparecen delante de ti, y rápidamente se establece cual va a ser el patrón de todo el juego.

Entrando ya en los combates, lo más destacable en Gears of War es que hace un buen uso de la cobertura, algo que justifica plenamente la elección de la vista en tercera persona. Rápidamente aprenderemos que incluso en los niveles más fáciles no se puede correr por ahí a lo Rambo y durar vivo más de siete segundos. En lugar de eso, debemos protegernos detrás de los marcos de las puertas, escombros o columnas, que se convierten en nuestros mejores aliados. Simplemente pulsando el botón A cerca de cualquier cobertura (ilustrado con un icono para que sea doblemente claro) nos ponemos en posición defensiva, mientras que apretando el gatillo izquierdo nos permite apuntar con el arma (a lo Resident Evil 4) pero sin perder en ningún momento nuestra preciada cobertura.

Una vez que asimilamos los controles, el juego rápidamente se asienta en una serie de, a veces demasiado largas, sesiones de cúbrete y dispara. Según avanzamos, el juego empieza a brillar algo más, con diferentes tipos de enemigos, algunos escenarios increíbles y nuevas armas con las que trastear. Justo cuando te estés empezando a cansar de tanta cobertura, te encontrarás frente a un Berserker ciego, que te seguirá por los pasos y te matará de un solo golpe. Además es invulnerable a las armas normales, por lo que te tocará encontrar otra forma de eliminarlo. O las pequeñas criaturas negras aladas que salen de noche y devoran en cuestión de segundos todo aquel que se atreva a entrar en las sombras, por lo que debemos cruzar una ciudad estallando barriles para crear focos de luz y alejarlos. Momentos como estos se agradecen para romper con la rutina, pero desgraciadamente no hay demasiados. No esperes un Halo en tercera persona. Además, el personaje se siente demasiado rígido cuando lo movemos normalmente, y al correr ya no puede prácticamente ni girar.

Los cinco actos del modo campaña se acabarán antes de que te des cuenta. En torno a ocho horas nos puede llevar terminarlo, salvo que elijamos un nivel de dificultad alto y avancemos lentamente debido al alto número de muertes. Aunque el juego sigue siendo corto. También es cierto que tiene algunas desviaciones en el camino, por lo que vale la pena rejugárselo de nuevo, amén de por los logros. Hay unas chapas repartidas por los niveles que podemos coleccionar. Son treinta en total, y dan un logro por cada diez, por lo que una segunda vuelta para los coleccionistas es casi inevitable. Pero realmente sigue habiendo muy pocos extras por los que exprimirlo.

Y cuando estés sentado frente a la tele, viendo ya los créditos finales, probablemente te preguntarás si Gears of War da un paso adelante para los shooters en algún sentido. ¿Aporta algo que ningún otro juego haya logrado antes? ¿Tiene alguna característica innovadora en cualquier sentido que lo haga ser considerado un juego especial? ¿O simplemente es como un equivalente a las grandes producciones de Hollywood que sirve para mostrar la potencia de Xbox 360?

Bien es cierto que es casi imposible no ser seducido por su enorme apartado técnico. Muchas veces nos paramos a recordar cuando juegos tan realistas como este solo cabían en nuestra imaginación. A menudo nos sorprende con escenarios exageradamente detallados, casi hasta parecer fotografías. Algunos despuntan sobre el conjunto, como un camino nocturno donde el agua de la lluvia resbala por la corteza de los árboles, dando lugar a brillos y efectos espectaculares; o unas cavernas bajo tierra, llenas de magma y vapores. No obstante, aunque mantiene un nivel excelente durante toda la campaña, hay tres peros que se le pueden poner. El primero, que al ser en tercera persona, ayuda un montón a camuflar texturas borrosas que en un título en primera persona serían criticadas, y que solo apreciamos al hacer zoom sobre ellas con las armas. Esto no es un defecto propiamente dicho, pero sí un detalle a tener en cuenta a la hora de compararlo con otros shooters en primera persona que a simple vista puedan parecer más discretos.

Después está el tema del color, o más bien de la ausencia del mismo. Gears of War parece querer ser el estereotipo de juego adulto, porque a la violencia explícita que se le supone, no añade ni un mísero color vivo, su paleta se reduce a innumerables tonalidades de grises y marrones. Por haber, ni hay rojo para la sangre, que es granate. Juegos como BioShock o Halo 3 demuestran que se puede conseguir un juego adulto con una amplia y bella paleta de colores, pero Gears reniega de ellos, provocando que a las pocas horas, a pesar de cambiar el diseño de los escenarios, estos se sientan todos demasiado parecidos. Por último, están los personajes. Nuestros marines tienen cuellos gigantescos, unos brazos que parecen que estén literalmente a punto de reventar con tanto músculo, y muestran continuas formas de desprecio por todo. En el universo Unreal podrían quedar bien, pero aquí están completamente en desacuerdo con la noble y elegante arquitectura de Sera.

Pero vamos a afrontarlo de una vez, los gráficos no lo son todo. Exceptuando el fotorrealismo antes citado, si cogemos al azar cualquier fase y la estudiamos con detenimiento, no encontraremos nada extraordinario ni nuevo a ningún nivel. Las batallas contra decenas de aliens, la variedad de armas o el sistema de cobertura y disparo que hemos visto en otros juegos funcionan bien en Gears of War, pero no estamos realmente ante un nuevo paso hacia el futuro del entretenimiento. Lo que tenemos aquí es un competente juego de acción, tan pulido y refinado como podría ser, y, por tanto, muy agradable. Pero si Epic hubiera dedicado la misma atención y fuesen tan ambiciosos con la jugabilidad (mayor variedad de situaciones) como con el motor, quizás habríamos tenido algo realmente grande entre manos.

En cuanto a la trama, brilla por su ausencia, con pocos vídeos que realmente nunca enseñan nada respecto al pasado de los protagonistas o el origen de la guerra. Todo es avanzar, recibir órdenes, avanzar, recibir una nueva orden, y así sucesivamente. Uno se puede preguntar si esta ausencia absoluta de historia se debe a que los recursos se emplearon en su totalidad a la creación del motor y diseño de niveles, o es una especie de tapadera para sorprendernos con un hilo interesante en próximas entregas. Lo cierto es que, como juego individual, Gears of War carece absolutamente de un argumento sólido e interesante.

Inevitablemente, visto lo visto, el componente multijugador de Gears of War es posiblemente la gran noticia. Sin duda es el motivo de peso por el que los usuarios con conexión a internet deben hacerse con una copia de este juego. Así como las opciones del modo campaña desaparecerán en un par de días, el online sabrá recompensar a los fans del género, además teniendo en cuenta lo bien que funciona el Xbox Live en este aspecto, hay semanas de diversión asegurada para los más aficionados a esta clase de juego.

En definitiva, Gears of War está a la altura de las expectativas en cuanto a la espectacularidad audiovisual que muchos exigen a esta nueva generación de consolas. Sin embargo, en la práctica nos encontramos también con un juego que nos ofrece un desarrollo bastante repetitivo, una trama demasiado simple y ninguna novedad reseñable para el género. Si buscas acción sin descanso, grandes gráficos y un buen modo online, este es tu juego. Si quieres algo más, sigue buscando. Gears of War es un juego que se debe probar antes de catalogar. Puedes pasmarte viendo sus detalladísimos entornos, encandilarte con su frenesí de batallas y más batallas, destrozar Locust con tu motosierra y tirarte semanas con el online. O también puedes ver un juego descuidado en su desarrollo, donde el envoltorio lo es todo, como un huevo Kinder con una sabrosa cáscara de chocolate, pero que viene sin regalo dentro. De ti depende si prefieres el chocolate o el juguete.