BioShock

Utopía sumergida
Irrational Games es un estudio que durante mucho tiempo nos ha dejado juegos de gran calidad, pero que realmente nunca consiguió el reconocimiento que merece. Ya había trabajado en títulos como System Shock 2, Freedom Force o SWAT4. Su último título, BioShock, tenía a algunos fans emocionados con la idea de volver a un universo similar al de System Shock, pero realmente no había captado la atención de muchos jugadores hasta hace poco. Después de numerosas apariciones en ferias, el interés por BioShock empezó a crecer lentamente como una bola de nieve, y tras los primeros análisis con notas por las nubes se creó definitivamente una gran expectación en torno a él. BioShock es una fantástica experiencia de juego. No se puede decir en sentido estricto que haga nada realmente nuevo o revolucionario, pero la forma en que reúne tantos componentes importantes lo convierte en un título extraordinario.
Todo tiene lugar en el mundo de Rapture, una gran ciudad submarina creada a mediados de los 40 por Andrew Ryan, un rico industrial frustrado por las medidas económicas del gobierno. Ryan cree que un hombre debe tener derecho a las ganancias de su trabajo, que estas no pertenecen ni al gobierno, ni al pueblo ni a Dios. Entonces crea Rapture como un refugio para sus ideales y todo aquel que los comparta. El jugador asume el papel de un hombre llamado Jack, que se ve involucrado en un accidente de avión en la excelente escena de apertura. Tras recuperar la conciencia, Jack se encuentra en el medio del océano, muy cerca de una pequeña isla, que se descubre como la entrada a Rapture. En seguida descubrimos que la ciudad se encuentra en un estado de deterioro y desorden absoluto. Muchos de los ciudadanos se han convertido en Splicers debido a la manipulación de su estructura genética y a la mala conservación de ADAM, la sustancia que permite tal modificación. Nada más llegar, contactamos por radio con un hombre llamado Atlas, que nos informa de que Ryan se ha vuelto loco por el poder, y necesita de tu ayuda para llegar a su familia. A partir de ahí, como se desarrollan los hechos es uno de los puntos fuertes de BioShock, así es mejor no profundizar para no desvelar el interesante argumento.
Aún así, sobre la trama de BioShock es necesario recalcar que el mérito no es tanto de la riqueza del guión, sino de la acertada forma de ponerlo en pantalla. Por norma general, los videojuegos suelen incluir secuencias cinemáticas intercaladas en medio del propio juego, escenas gracias a las cuales se nos va desvelando poco a poco la trama. En estas escenas, el jugador tiene un papel pasivo, es decir, saltan en el momento en el que tienen que saltar, y nos limitamos a verlas. Pero BioShock rechaza esta estructura narrativa, y nos ofrece otra forma de conocer los detalles argumentales. La jugabilidad y la narración se fusionan para crear un todo compacto. El jugador no recibe el discurso narrativo de una forma tan consciente como en los demás juegos, ya que no se ve obligado a parar y soltar el mando para ver una escena. En lugar de eso, según avanzamos por Rapture un torrente continuo de información nos llega a través de nuestros ojos y oídos. Debemos tomar un papel más activo y construir mentalmente la historia con los pequeños fragmentos que recibimos en forma de grabaciones que podemos encontrar por ahí repartidas, pintadas en las paredes o alguna que otra secuencia en tiempo real que actúa como parte del juego más que como cinemática propiamente dicha. Es algo parecido a lo que nos ofrecía el escáner de Metroid Prime, pero llevado más allá si cabe.
El mundo de Rapture está lleno de personalidad e interactividad. Muchas partes están literalmente desmoronándose a nuestro paso, con agua brotando por todas partes, explosiones y muchos edificios saqueados delante de nuestras narices. El aspecto de esta ciudad decadente nos cuenta una historia sobre la avaricia y la vanidad humana, que está causando que este paraíso submarino se destruya. También se debe elogiar el esfuerzo de Irrational para crear una lograda ambientación en los años 50, con la pegadiza música de la época, carteles de propaganda hilarante y una estética en general que nos hace viajar décadas en el tiempo. La banda sonora combina sabiamente populares melodías antiguas con temas creados para crear tensión en el juego. Pero podría decirse que la parte más impresionante de Rapture es el agua. El agua que brota a través de las grietas en el techo o en el suelo, o las corrientes que bajan por las escaleras. Se ve muy natural, y realmente da la sensación de que la ciudad se está desmoronando según paseamos por ella.
El control está perfectamente ajustado y todo se hace muy sencillo a pesar del amplio abanico de opciones que se va abriendo según avanzamos en el juego. El gatillo derecho lo usaremos para usar las distintas armas de fuego (o la llave inglesa, que resulta bastante más útil que la típica palanca de los Half-Life). En cambio, el gatillo izquierdo quedará relegado al uso de los plásmidos, poderes que adquirimos gracias al antes citado ADAM, sustancia que modifica la genética de los humanos y gracias a la cual podemos lanzar rayos, fuego, congelar enemigos o incluso invocar enjambres de abejas con nuestras propias manos. Tanto con las armas como con los plásmidos, el juego se permite introducir ciertos toques RPG, ya que podremos mejorar la eficacia y contundencia de nuestras armas o poderes, aunque no mediante el uso continuado, sino gracias a unas máquinas repartidas por Rapture que nos permitirán elegir que aspectos mejorar. Y no solo en cuanto a los ataques se refiere. También podemos conseguir o mejorar habilidades tales como volvernos temporalmente invisibles o nuestra capacidad de pirateo (de cajas fuertes, torretas o máquinas expendedoras, que se lleva a cabo mediante un curioso y divertido minijuego, similar al mítico Pipeline).
Sobrevivir en Rapture se reduce a un par de cosas básicas. Una vez con las armas en la mano, debemos conseguir munición, la cual aparte de encontrase diseminada por ahí, como en cualquier shooter, también la podemos comprar cual chocolatina en unas curiosas y coloridas máquinas expendedoras. Es una sensación bastante surrealista encontrarse en medio de una ciudad devastada y acercarse a comprar balas a una máquina llena de luces que ríe y vocifera “el bandido de la munisión” a la vez que suena música mejicana de fondo, o ver como se despide de nosotros con un educado “muchas grasias” tras la compra. Otra de las claves para sobrevivir será encontrar unas jeringas rojas y azules, también diseminadas por toda Rapture. Las rojas rellenan nuestra barra de salud, mientras que las azules nuestro ADAM, mediante una pequeña animación en la que nuestro personaje se las inyecta de la forma más bestia posible en el brazo.
Ya me he referido varias veces a como el ADAM es una de las mayores ventajas que tenemos a la hora de enfrentarnos a los peligros de Rapture. Ahora bien, dicha sustancia también es uno de los quids más importantes del título. Unas niñas pequeñas, denominadas “Little Sisters”, llevan dicho ADAM en su cuerpo. Aquí nos enfrentamos a dos problemas. El primero, encontrar a dichas niñas y el segundo, luchar contra sus guardias personales, los temibles “Big Daddies”. Los Big Daddies están genéticamente modificados y se mueven metidos en unas grandes escafandras. Para obtener el ADAM de las Little Sisters debemos entonces enfrentarnos a estos guardianes en una lucha a muerte. Tras derrotarlos, podemos capturar a las niñas y decidir que hacer con ellas: cosechar todo su ADAM (lo que implica acabar con su vida) o salvarlas y dejarlas marchar (ellas nos recompensarán también con ADAM, pero en menor cantidad). Es esta opción moral, a la que nos enfrentamos bastantes veces a lo largo del juego, la que determinará el final del mismo.
Un detalle destacable del juego es que a partir de cierto punto nos haremos con una cámara de fotos. Con ella, podremos fotografiar a cualquier enemigo, y nos asignarán una cantidad de puntos en función de la pose, la distancia, si están vivos o muertos, etc. Esto servirá para investigarlos. Cuanto más investiguemos a un enemigo en concreto (es decir, cuantas más fotos saquemos de diferentes individuos de una misma especie), conseguiremos ventajas como hacerlo más vulnerable a nuestros ataques. Hay varios tipos de Splicers (los enemigos comunes), así como los citados Big Daddies y Little Sisters, por lo que investigarlos por completo a todos ellos lleva su tiempo. Por supuesto, es una tarea opcional, pero a más de uno le atraerá, ya que también es una sencilla manera de conseguir logros en Xbox 360.
La presentación gráfica y sonora de BioShock es sencillamente impresionante. La sensación de encontrarnos a finales de los 50 en una ciudad sumergida a cientos de metros en el océano está perfectamente lograda. Decir que Rapture tiene una ambientación sublime es quedarse corto. Las habitaciones inundadas, las constantes explosiones, la locura de los supervivientes, la interesantísima trama que se esconde detrás de todo el desastre… El Unreal Engine 3 luce en este juego su mejor aspecto, y lejos de la sobriedad de Gears of War, nos ofrece una atmósfera llena de color, pero a la vez trágica, dejándose inundar por el humor negro que empaña cada estancia. Me quito el sombrero ante los desarrolladores de Irrational Games, por dar en el clavo de una forma tan admirable. La banda sonora, con gran cantidad de temas clásicos de esa época, pone la guinda a uno de los pasteles más dulces que han tomado forma de shooter en una consola.
Con una duración bastante correcta (algo más de diez horas), no ofrece ningún tipo de multijugador. Sin embargo, todo aquel que se sumerja (y nunca mejor dicho) en este título, será automáticamente consciente de que no le pegaría nada a un juego de estas características meter con calzador un online que probablemente nada tendría que ver con la propuesta que el juego nos intenta ofrecer. Casi más como aventura que como shooter, BioShock se revela como una de las experiencias más complejas y gratificantes que ha dado últimamente el mundo de los videojuegos. Descubrir Rapture es algo que nadie afín a esta industria se puede perder. Con una atmósfera deslumbrante, una gran historia narrada de una forma tan peculiar y uno de los diseños más exquisitos que se han visto en un videojuego, BioShock te arrastra a su mundo para investigar el cómo y el por qué de la terrible situación que allí abajo está ocurriendo. Variado, original y sorprendente, sube por méritos propios al Olimpo de los videojuegos.