No More Heroes

Moé!
Todos aquellos a los que les sea familiar el nombre de Killer 7, recordarán que despertó entre los usuarios amor y odio a partes iguales. Su particular estilo no dejó indiferente a ninguno de los que lo probaban. Con un aspecto gráfico completamente atípico y surrealista, acompañado de un control que se podía antojar poco ortodoxo, no fueron pocos los que lo dejaron de lado a pesar de su magnífica trama. Con No More Heroes, Goichi Suda (creador de ambos títulos) y su equipo han querido mantener esa especie de aura de juego que ante todo desea alejarse de cualquier canon y provocar, pero aplicándole una jugabilidad más al alcance del jugador medio. Podemos decir que es algo así como la “casualización” de Killer 7. Pero que nadie me entienda mal, No More Heroes es un juego dedicado a los jugadores de toda la vida, no tiene nada que ver con esa idea de abrirse camino en nuevos mercados. Aunque eso sí, lanzarlo en Wii le ha venido como anillo al dedo para su magnífico control, que está muy por encima de cualquier otro juego de espadas de la consola (Twilight Princess, Soul Calibur Legends, Samurai Warriors: Katana, etc).
Pero dejemos el tema del control por ahora. Hay algo que debe ser tratado desde el primer momento, y es el estilo que derrocha No More Heroes. Todo el juego se basa y entretiene gracias al mimo que se ha puesto para crear su particular universo, lleno de los personajes más bizarros que uno se pueda imaginar. Para hacerse una idea, coged a Tyler Durden (Brad Pitt) de El club de la lucha, y juntadlo con “la novia” (Uma Thurman) de Kill Bill. Si tuviesen un hijo, este sería Travis Touchdown, el prota del juego que nos ocupa.
Tenemos entonces a un completo descerebrado (además, físicamente hablando, con un parecido más que razonable a Johnny Knoxville de Jackass) con una katana (láser, por supuesto) y un talento especial para matar con ella. A veces se aprecian ciertos matices sensibleros, pero en general podemos ver, para deleite del jugador, como Travis es un personaje rematadamente desequilibrado. Y lo más curioso, que con todo casi parece normal comparado con el extravagante plantel de personajes que pululan por el juego. El extremo frikismo de Touchdown pasará a un segundo plano cuando conozcamos a los otros asesinos, un reparto de jefes finales de auténtico lujo, y que sostienen sobre sus hombros el peso del juego (algo así como un Shadow of the Colossus donde cambiamos el inhóspito y bello mundo por una pequeña ciudad estadounidense y los colosos por asesinos chalados).
Lo que da comienzo a la trama de No More Heroes es la ambición de nuestro querido Travis Touchdown de convertirse en el asesino número uno. Tras acabar casualmente con el número 11 de la lista de la UAA, la liga de asesinos de Santa Destroy (ciudad ficticia donde transcurre el juego), una bella jovenzuela llamada Silvia Christel, con acento francés y una descarada afición por calentar braguetas, le ofrece a Travis la oportunidad de concertar y librar combates a muerte contra los distintos asesinos que ahora están por encima de él. Una historia relativamente simple, pero a la vez compleja, gracias a los matices de los distintos personajes, y con un sorprendente final (decir que deja con la boca abierta es quedarse corto, muy corto).

Según el propio Suda, para crear la historia se basó en una parte concreta de la película de culto El Topo (1970), de Alejandro Jodorowsky. Se trata de un Western surrealista, atípico, y como le llaman muchos, hasta psicodélico. En una parte de dicha película, el personaje del Topo se ve alentado por una mujer para que encuentre a los cuatro maestros asesinos del desierto y acabe con ellos. No More Heroes recoge la esencia de estos duelos contra grandes maestros con casi poderes sobrenaturales, al más puro estilo de las películas de artes marciales de Japón y las de Akira Kurosawa, solo que lo trata de una forma bastante más frívola. Recapitulando entonces, podemos decir que este juego es una como una mezcla entre Shadow of the Colossus y El Topo, llevado todo ello de la forma más parecida posible a un ánime japonés. Una explosiva mezcla que funciona muy bien y da lugar a un juego único.

Pero si algo se puede alabar de No More Heroes es que supone una experiencia que logra ir más allá de los videojuegos, muy cercana al cine o al ánime, pero al mismo tiempo sin dejar de ser un videojuego. Tiene gran cantidad de vídeos, llenos de humor, de situaciones inverosímiles y, como no, abundante gore. Pero esta puesta escena, aunque muy trabajada y motor principal de la experiencia, no ensombrece para nada la parte jugable, que se siente al mismo nivel de diversión y espectacularidad. Es elogiable como Suda ha conseguido un acertado equilibrio donde otro grande, su buen amigo Hideo Kojima, no ha logrado completamente en la saga Metal Gear Solid. Podemos apreciar claramente los paralelismos que existen (intencionados o no) en el planteamiento de los jefes. Al igual que Snake, Travis se presenta ante unos formidables rivales, con sus propias historias y personalidades, aspecto que tanto Kojima como Suda trabajan de forma sublime. Con estos jefes, el protagonista (Snake/Travis) mantiene un interesante diálogo previo al combate, y otro, normalmente más emotivo, al final del mismo, tras la derrota del rival, mientras presenciamos su lenta muerte (parece que tanto Kojima como Suda creen que un buen rival no puede nunca morir en el acto).

Pero donde encontramos la mayor diferencia entre estos dos genios no es en el “antes” o el “después” de los mortales combates, sino en el “durante”. Kojima trabaja mucho para que las cinemáticas de diálogo sean lo más parecido al cine que puede lograr un videojuego, pero luego, a la hora de enfrentarnos realmente a nuestro enemigo en el campo de batalla, la espectacularidad pierde algunos enteros (aunque en la saga existen algunas excepciones). Sin embargo, en No More Heroes, cuando empieza la verdadera batalla, es decir, la que nosotros jugamos, el nivel de espectacularidad se mantiene (incluso aumenta), y todo ello se acompaña de una exquisita jugabilidad. No solo disfrutamos de los enemigos, sino que disfrutamos de los combates.

Todo el juego rebosa humor, a veces hasta en pequeños detalles que muchos jugadores pasarán por alto. Detalles como ver que nuestro asesino en sus ratos libres juega con su pequeña gatita; o que nuestro maestro, Thunder Ryu, insiste en que nos ¿desnudemos? antes de empezar con el entrenamiento; un bar donde un borracho (ruso, como no) nos pedirá que le traigamos sus bolas (no es tan malo como suena); por no hablar de la peculiar forma que tenemos para guardar nuestro avance (sentándonos en el retrete). También existen multitud de guiños a otros videojuegos o películas, especialmente a Star Wars (el “homenaje” va más allá de la espada láser), o una incesante referencia a juegos retro en los menús, indicadores o estadísticas del final de cada misión, todo con una interfaz llena de píxeles y con pegadizas sintonías MIDI como las de antaño.

En definitiva, No More Heroes está impregnado de mil y un detalles que arrancan irremediablemente unas sonrisas (a veces carcajadas) al jugador. La peculiar relación entre el propio Travis y Silvia Christel (nombre sacado de Sylvia Kristel, famosa actriz erótica) tampoco tiene desperdicio, así como las hilarantes llamadas que nos hace esta antes de cada combate y podemos oír por el altavoz del mando de Wii si lo sujetamos como un teléfono. Todo en este juego está calculado para ofrecer una experiencia excitantemente fresca y divertida. Y para muestra, aquí bajo estas líneas podéis ver la intro en inglés, aunque tranquilos porque tanto la versión PAL como la NTSC cuentan con sendos subtítulos en castellano (una de las principales lacras de Killer 7 por estos lares, ya que nos llegó sin ningún tipo de traducción).

Como hemos citado ya antes, aunque de forma superficial, el control de No More Heroes funciona a las mil maravillas. Aunque algunos puedan considerar frustrante el hecho de que a estas alturas siga sin haber en Wii un juego de espadas que traslade nuestros movimientos a la pantalla (el primer vídeo de la beta de Red Steel hizo mucho daño), cuando prueben el manejo de la katana de Travis, probablemente cambien de opinión. Pulsando el botón A haremos ataques con nuestra arma. Estos ataques serán altos o bajos en función de la posición en la que tengamos el mando de Wii en nuestras manos. Si un enemigo, por ejemplo, se cubre por arriba, deberemos pulsar A mientras tenemos inclinado hacia abajo el mando, para hacer así un ataque bajo y romperle la defensa. También usaremos el botón B para golpear con nuestros brazos y piernas, además de poder agarrar a un adversario si este está noqueado (unas estrellas girando alrededor de su cabeza nos indicará que es hora de agarrarlo). Es entonces cuando en pantalla aparecerán unas grandes flechas para mostrarnos en que dirección debemos mover el mando de Wii y el nunchaku para realizar un movimiento de lucha libre.

Estas indicaciones también nos aparecerán cuando la vida del enemigo esté muy mermada, para que con un corte dirigido, ahora sí con nuestro mando, le demos el golpe de gracia. Espectacular y divertido. Además, cada vez que acabemos con un enemigo, se activará una especie de tragaperras en la parte inferior de la pantalla, que ocasionalmente nos premiará con un modo especial, el “Dark Side”, en el que Travis adquiere durante escasos segundos poderes devastadores como ralentizar el tiempo para los enemigos (no así para él), disparar unas destructivas bolas de fuego o ejecutar unos poderosos ataques que acabarán con cualquier rival de un solo golpe. Durante este breve periodo de tiempo, cambiará el color de la pantalla (se volverá gris, el fondo se oscurecerá o todo se verá en negativo, por ejemplo), al mismo tiempo que suena una música diferente mientras duran los efectos (a lo Super Mario y sus estrellas de invencibilidad). Estas habilidades añaden más variedad a las luchas, ya de por sí entretenidas, dando lugar al probablemente mejor sistema de combate de la consola.

Pero bueno, no todo van a ser elogios para No More Heroes. Como todo juego tiene sus defectos. Aunque lo más chocante de este título llenos de virtudes es que su mayor defecto es la mayor parte del mismo. Es decir, la ciudad de Santa Destroy. Al más puro estilo GTA, entre asesino y asesino podremos recorrer libremente toda la ciudad a pie o montados en nuestra descomunal moto (tardaremos un tiempo en habituarnos a su peculiar control, aunque en más de una ocasión se nos quedará encajada de forma absurda entre las farolas de la calle). En general mantiene una estética acorde con el tono de juego, pero técnicamente luce muy por debajo de la media que ofrecen las secciones de los asesinos. Y con esto no me refiero solamente al poco número de polígonos, popping o dientes de sierra que puede presentar. Está claro que en ese aspecto no sale demasiado bien parada, pero ciertamente puede ser hasta parte del aroma provocador que desprende el juego. Lo que realmente mosquea de la ciudad es que, sencillamente, llega a ser aburrida.

Existen un reducido número de tiendas y lugares que visitar: una tienda de ropa (podemos cambiar el atuendo de Travis comprando o bien encontrando camisetas en algunos contenedores de la ciudad); una nave donde nos venden nuevas espadas láser (hay cuatro contando con la que empezamos. Si compramos las tres restantes accederemos al verdadero final del juego); un videoclub donde comprar cintas de combates de lucha libre que harán que nuevos movimientos se añadan a nuestro repertorio; un gimnasio donde podemos mejorar nuestras estadísticas mediante unos pocos ejercicios (tal como en GTA San Andreas, solo que aquí no cambia el aspecto físico de nuestro personaje); el bar de Lovikov, que nos mandará encontrar unas pequeñas bolas rojas por la ciudad a cambio de aprendernos una serie de habilidades (recomiendo “memoria de un niño”, que nos permitirá correr casi a la velocidad de la moto pulsando B); y por último, los dos centros donde podemos conseguir trabajo.

Estos centros juegan un papel clave en la ciudad, ya que una vez acabado con un asesino, para enfrentarnos al siguiente de la lista debemos pagar una cuantiosa suma para concertar el duelo. Para reunir el dinero, deberemos poner a Travis a trabajar. Los trabajos en Santa Destroy están divididos en dos grupos: los trabajos normales y los asesinatos. Los normales se llevan en forma de minijuegos, como recoger cocos, repostar coches en una gasolinera o cortar césped. La primera vez resultan curiosos y francamente divertidos. Pero cuando somos conscientes de que la suma ganada es ínfima comparada con la que debemos pagar para acceder al siguiente duelo, nos veremos obligados a acudir al segundo tipo. Las misiones de asesinar no son nada nuevo, ya que antes de acceder a cada jefe tendremos que lidiar con decenas de sus secuaces. Aunque seguramente en la vida real fuera así (nadie se imagina que un cortacésped tenga un salario superior al de un asesino), se deberían equilibrar algo más las ganancias y no provocar que la opción rápida y fácil para acceder a los jefes sea repetir una y otra vez las mismas misiones de asesinato.
Otra pega que se le puede encontrar es que, a pesar de que en su versión americana cuenta con un indiscutible parecido con Kill Bill debido al alto componente gore y las constantes cercenaciones, en la versión PAL (al igual que la japonesa) han sustituido la sangre por “humo” negro pixelado y los desmembramientos de las secuencias son eliminados. El propio Goichi Suda comentó en una entrevista que la versión original había sido concebida sin sangre, pero es algo que cuesta creer si hablamos de alguien que afirma trabajar al más puro estilo Tarantino, o basando su juego en El Topo, película con alto contenido gore. Por tanto, de poder elegir, recomiendo encarecidamente el hacerse con la versión NTSC por internet (ya que también posee los subtítulos en castellano y gracias al reciente Freeload se puede jugar en nuestras consolas PAL). Pero para los que no podáis por algún motivo haceros con ella, la versión “censurada” sigue siendo espectacular y deja un sabor de boca igualmente dulce.
Concluyendo ya, decir que No More Heroes es un juego típicamente atípico, una nueva obra de culto de este genio japonés que es Goichi Suda. No llegará a todos los públicos, pero a aquellos que lo haga, lo hará de una forma especial, como muy pocos juegos mejor tratados por la crítica consiguen lograr. Al igual que Super Smash Bros Brawl, es un juego cuidado hasta el extremo, solo que en lugar de intentar conseguir un éxito comercial como aquel, en este el empeño se ha dirigido a conseguir un videojuego que rompa moldes y se convierta en una pieza de arte digital. Y vaya si lo han conseguido.