Pokémon Rojo y Azul

¿150 bichos en tu bolsillo? Suena asqueroso…
…pero lo cierto es que resulta toda una experiencia. Supongo que todo el mundo habrá oído hablar en más de una ocasión de los títulos que hoy nos ocupan. Se trata, posiblemente, de los mejores juegos hechos para una consola portátil (aunque tengan que rivalizar en un magnífico podio con Tetris y Link’s Awakening). Se trata (como habéis podido deducir por el título) de las primeras entregas de la saga Pokémon, Rojo y Azul (originalmente Rojo y Verde para Japón). Lanzados en febrero de 1996 (aunque no llegarían a territorios americano y europeo hasta 1998 y 1999 respectivamente) la suma de sus ventas lo convierten en el segundo juego más vendido de la historia (más de 30 millones). Tampoco pasó desapercibido el fenómeno mediático que surgió a la sombra de estas entregas, así que hoy toca echar un vistazo al pasado para recordar que hacía tan únicos a estas dos títulos que marcaron un antes y un después en el sector.

El juego nos pone en la piel de un joven entrenador de pueblo Paleta (con nombre a elegir, pero que adoptaría para la mayoría el de Ash, sobre todo a raíz de la serie de televisión que aprovechó el tirón del juego). El profesor Oak, vecino nuestro a la vez que uno de los mayores expertos en pokémon (aunque sea plural, se dice pokémon) nos da a elegir una de esas tres criaturillas en su laboratorio. Cada uno de estos pokémon pertenece a un tipo distinto: Charmander es de fuego, Squirtle de agua y Bulbasaur del tipo planta. Los combates (pues sí, a pesar de lo adorables que resultan la mayoría de ellos, los usaremos para luchar) se resuelven gracias a un sistema similar al piedra-papel-tijera, donde fuego gana a planta, planta gana a agua y agua gana a fuego. Tras elegir uno de estos tres icónicos pokémon (ya que son los utilizados para indicar el color de cada versión en la caja), el sobrino de Oak (y desde este momento nuestro mayor rival) elige de entre los dos restantes el que tenga ventaja sobre el nuestro y nos reta en el que será el primer combate del juego.

A partir de aquí, nuestro entrenador abandonará pueblo Paleta con el objetivo de convertirse el mejor entrenador pokémon del mundo. Para ello tenemos varios objetivos por delante. El primero de ellos, capturar el mayor número de pokémon que podamos. Hay un total de 150 criaturas repartidas entre las dos entregas (139 son comunes, mientras que los 11 restantes son exclusivos de una u otra versión), por lo que si intentamos (como reza el eslogan catch ‘em all) hacernos con todos, tenemos una ardua pero emocionante tarea. Deberemos recorrer el mundo, atravesando pueblos, montañas, bosques, ciudades e incluso el mar, ya que cada especie tiene su propio hábitat. En las zonas donde se encuentran los pokémon salvajes, al pasear se nos aparecerán en forma de combates aleatorios. En dichos combates nuestro objetivo será debilitarlos, pero sin llegar nunca a bajarles toda la vida (la cual aparece en pantalla para facilitar el cálculo de los ataques que le podemos hacer antes de debilitarlos por completo). Será entonces cuando deberemos lanzarle una de nuestras Pokéball, unos pequeños artilugios esféricos que podemos encontrar en cualquier tienda y sirven para guardar y transportar los pokémon fuera de las peleas. Por supuesto, solo los podemos capturar si son salvajes, ya que de intentar hacernos con el de algún otro entrenador, este nos bloqueará automáticamente la Pokéball.

Como habrás podido suponer, por los caminos nos encontraremos con otros entrenadores que al igual que nosotros recorren el mundo capturando y entrenando pokémon. La mayoría de ellos se nos acercarán si establecen contacto visual con nosotros y nos retarán a una pelea de la que normalmente no podemos evadirnos. Por ello, si queremos evitar las peleas, debemos andar con cuidado de no pasar directamente delante suya, aunque a veces no sea posible. Pero lo más recomendable es enfrentarnos a ellos, ya que ganando aumentamos el nivel de nuestros pokémon, además de conseguir dinero para gastar luego en las citadas Pokéballs, pociones y otros útiles objetos.

Las batallas se realizan por turnos, como en casi todo JRPG. Al empezar, tanto nuestro entrenador como el rival envían al primer pokémon de la lista de seis que podemos llevar con nosotros al mismo tiempo. La pelea dura hasta que uno de los entrenadores acaba con todo su equipo debilitado (ya que los pokémon nunca mueren). Aunque las ventajas de una clase sobre otra juegan un papel fundamental (a parte de los anteriormente citados elementos, hay otros muchos como eléctrico, psíquico, volador, hielo, etc), también hay otros factores que influyen, como el nivel de nuestro pokémon (evidentemente), sus estadísticas (velocidad, ataque, defensa…) o sus ataques (cada uno puede tener un máximo de cuatro ataques, que suelen ser del mismo tipo del pokémon en cuestión, aunque a veces podemos encontrarnos con que pueden aprender movimientos ajenos a su elemento natural).

En la pantalla de los combates nos aparecen cuatro opciones: atacar (donde tenemos acceso a los diferentes movimientos de los personajes), objetos (desde donde usar las Pokéball, las pociones o algunos potenciadores), pokémon (pues eso, por si queremos cambiar al pokémon que estamos utilizando por alguno de los otros cinco que tenemos en la reserva) y huir (opción que solo sirve en peleas contra pokémon salvajes, ya que no podemos abandonar por la mitad un combate contra otro entrenador). Esta interfaz es simple y funciona muy bien, por lo que al poco tiempo de empezar el juego ya dominaremos todos los menús. Es, sin lugar a dudas, uno de los sistemas de luchas más intuitivos y eficaces de cualquier JRPG. Las posibilidades que se abren combinando la gran cantidad de pokémon que hay (150) con los movimientos (55 en total: 50 normales y 5 especiales que podemos usar tanto dentro como fuera de los combates, para ver en la oscuridad, romper rocas que obstaculizan el camino, etc) son casi infinitas.

Una vez que creamos tener un equipo fuerte y equilibrado, el siguiente paso será acudir a los gimnasios repartidos por el mundo y retar a sus líderes. Hay un total de ocho, y cada uno suele tener un potente equipo basado en un elemento concreto (roca, agua, eléctrico…). Cada vez que venzamos a uno de ello se nos obsequiará con una medalla. El objetivo principal del juego pasará a ser entonces el de recorrer todas y cada una de las ciudades en busca de estos gimnasios, para una vez con las ocho medallas en la mano poder acceder al último reto: el Alto Mando, una pequeña liguilla donde nos esperan los mejores entrenadores pokémon del mundo. Pero aunque esta es la base del juego, durante el mismo nos encontraremos con bastantes situaciones que le dan variedad al desarrollo, como investigar una torre fantasma, irnos de safari, buscar unos pokémon legendarios o chafar en más de una ocasión los planes del malvado Team Rocket, una organización que se lucra robando pokémon.

Es tal la cantidad de cosas que podemos ver o hacer en este juego que antes de su salida parecía impensable que una simple Gameboy pudiese dar vida a un mundo tan complejo y fascinante como lo es el de Kanto (lugar donde transcurre toda la acción). El mapeado es gigantesco, tendremos que recorrer decenas de bosques y caminos para llegar a las ciudades. Cada una de ellas está llena de vida. Están pobladas por multitud de personajes con los que podemos hablar y nos contarán pistas o simplemente detalles sobre su vida o la propia ciudad. Podemos entrar en prácticamente cualquier casa, en las tiendas (algunas de varios pisos, al más puro estilo El Corte Inglés), y como no, en los centros pokémon. Estos centros son uno de los sitios de referencia, ya que es a donde debemos acudir para curar a nuestro equipo (servicio afortunadamente gratuito) y administrar los pokémon capturados para decidir cuales llevar con nosotros y cuales dejar guardados para futuras necesidades. Otra función importante de estos centros pokémon es que nos permite conectarnos mediante el cable Link a la Gameboy de un amigo para mantener combates contra ellos o bien intercambiar pokémon. Como he comentado, existe un reducido número de estas criaturas que son exclusivos de una u otra versión, por lo que para hacerse con todos es imprescindible pasar por este pequeño trámite tarde o temprano.

Y es que realmente el gran logro de Pokémon es esa asombrosa capacidad que tiene de atraparte en su mundo y meterte el gusanillo por conseguir a todas estas maravillosas criaturas. Aunque el juego se estructura en base al más que suficiente desarrollo de vencer a los líderes de gimnasio y acceder al Alto Mando (lo cual puede llevar en torno a unas ocho horas, una por entrenador), lo cierto es que el atractivo de ir capturando más y más criaturas pasa de ser un objetivo subordinado a la historia a constituir el principal gancho del juego. Completar nuestra Pokédex (una pequeña enciclopedia de bolsillo que se actualiza con los datos de los nuevos pokémon vistos y capturados) parece al inicio una tarea ciclópea, casi inabarcable, pero según avanzamos y nos metemos en la dinámica, acaba resultando casi una necesidad para el jugador.

Como he empezado diciendo, Pokémon Rojo y Azul son juegos que marcaron un antes y un después, ya que se convirtieron en un fenómeno social sin precedentes. Se puede discutir el estado actual que sufre la franquicia, que parece que vive una especie de estancamiento (debido a la sobreexplotación derivada de su espectacular éxito), pero lo cierto es que, sea cual sea el futuro de esta serie, de lo que no cabe duda es que estas dos primeras entregas (a las que se le añadiría posteriormente la versión Amarillo, basada en la serie de televisión, pero que en líneas generales mantenía el mismo desarrollo) son dos pequeñas obras maestras de bolsillo y unos de los juegos mejor planteados y más adictivos de la historia.