Super Smash Bros. Brawl

Las estrellas de Nintendo se parten la cara… otra vez
En 1999 Nintendo lanzó al mercado un juego para Nintendo 64 llamado Super Smash Bros, un título de lucha enfocado principalmente al multijugador y que se basaba en un curioso sistema que no consistía en acabar con la vida del rival, sino en debilitarlo lo máximo posible y echarlo fuera del escenario. Además de este interesante planteamiento, el juego contaba con otro atractivo gancho: en vez de crear de cero una nueva plantilla de luchadores, Nintendo optó por poner en el título a los personajes más populares de sus sagas (Mario, Link, Samus, Kirby, Pikachu…). Y el juego era francamente divertido, sin lugar a dudas, pero tampoco lo que podemos llamar un “must have” (un título imprescindible). La historia cambió cuando unos pocos años después (2001, 2002 en Europa) Nintendo sacó una secuela, Super Smash Bros Melee, para GameCube. En esta ocasión, HAL (el estudio encargado del desarrollo) se superó a sí mismo, creando un juego mucho más pulido, completo, lleno de extras y diversión. El juego fue alabado por la crítica, pero sobre todo por los fans (de hecho se convirtió en el más vendido de Cube, por encima de los propios títulos de Mario, Zelda o Metroid).

Por eso no es de extrañar la expectación que se ha creado en torno a esta tercera entrega. Desde las primeras noticias (allá por el E3 de 2006), el juego se ha convertido en uno de los más esperados de Wii. Con carta blanca desde Nintendo para que Sakurai (la cabeza pensante detrás de todo esto) tuviese a su disposición todos los medios para hacer de este el mejor Smash Bros, el mimo que han puesto en él es algo que podemos ver con poca frecuencia. Más personajes, más escenarios, más modos y online. Brawl es un Melee al cuadrado, y de eso nadie tiene dudas. La pregunta ahora es ¿consigue desmarcarse y ofrecer una experiencia nueva o se queda en una simple mejora de lo ya visto? Empezamos entonces con el análisis.

Brawl parece partir de la premisa de “si está bien, no lo toques”. La jugabilidad sigue intacta, y su novedad más destacable sea quizás la inclusión del Smash Final, un movimiento especial que tiene cada personaje y solo se activa cuando destrozamos un pequeño ítem que aparece ocasionalmente. Estos ataques son extraordinariamente poderosos, consiguiendo en la mayoría de los casos KO’s al instante. Son espectaculares (los de algunos personajes más que los de otros) y divertidos de usar. Además, parte de la gracia reside en que cuando aparece este ítem todos se abalanzan hacia él, deseando ser ellos los que ejecuten el preciado movimiento. La Bola Smash (así se llama el ítem) flota por el aire y necesita bastante daño para romperse y liberar su poder, por lo que a veces se dan situaciones curiosas como que un personaje golpea repetidamente la bola y llega otro, apenas la toca y esta revienta dándole la oportunidad de lanzar el ataque, mientras el primero se queda con cara de tonto.
Otro importante añadido son los ayudantes, aliados que podemos invocar (consiguiendo antes otro determinado ítem). Entre ellos podemos encontrarnos a personajes tan variopintos como un Metroid, Gray Fox (Metal Gear), Andross (Starfox), Lakitu (Super Mario), Hans (Golden Sun) o un Nintendog gigante que tapa toda la pantalla. Son bien recibidos, ya que le dan una nueva dimensión a la batalla, aparte de ofrecer un cameo a personajes como Gray Fox o Hans, que lamentablemente no acabaron como jugables.
Pero lo primero es lo primero, dejar el mando a un lado y disfrutar de la espectacular intro que precede a la pantalla de “press start”. Soberbia. En un par de minutos logra transmitirnos toda la fuerza que tiene el título. Una vez llegamos al menú, vemos que ha cambiado bastante respecto al de Melee. Para empezar nos metemos en el modo clásico y seleccionamos a un personaje. Al principio tenemos la nada desdeñable cantidad de 21 personajes, pero que, como de costumbre, aumentará según juguemos en los distintos modos (hasta sumar un total de 35). El modo clásico es, sin ningún género de dudas, el que menos evolución ha sufrido. De hecho, me atrevo hasta a decir que el del Melee me parece mejor (¿dónde diablos está la divertida fase de llegar a toda prisa a la puerta más lejana?).
Tiene un total de 12 peleas (Master Hand incluida), y la acción se corta solo en un par de ocasiones para ofrecernos dos de las típicas fases de romper las dianas (en esta ocasión no hay una por personaje, sino una por cada dificultad, y que es común para todos). Tras acabar, nuestro personaje se transforma en trofeo para luego dar paso a los créditos. ¿Recordáis la curiosa forma en la que cruzábamos el espacio mientras disparábamos a los nombres de los desarrolladores? Pues en la memoria se queda, porque aquí lo han cambiado por una sosa pantalla negra en la que pasan las caras de los personajes, los ayudantes, los pokémon y los trofeos que tenemos. Nuestra tarea (si queremos) será dispararles para obtener monedas. Y ya está, modo clásico completado. Si es tu primera vez con esta saga, seguro que la experiencia será inmejorable, pero para los veteranos probablemente dejará un sabor de boca no del todo dulce.
Uno se puede llegar a plantear en este momento si realmente era necesario lanzar Brawl ahora. Técnicamente la mejora es pequeña (evoluciona lo justo respecto al Melee como para que se note) y además se trata de un juego que no aprovecha en ningún sentido el mando de Wii (de hecho, aunque podemos usarlo con o sin nunchaku, es recomendable que todos aquellos que posean el mando de Cube se inclinen hacia esta opción). Super Smash Bros Brawl se trata de uno de esos juegos que hasta cierto punto se ven perjudicados por la poca evolución técnica de Wii. Pero cuando volvemos al menú de modos para un jugador y a la derecha del modo clásico veamos un llamativo logo que reza “El Emisario Subespacial” es cuando empieza a cambiar el asunto. Será en este juego (sí, lo podemos llamar juego, ya que no baja de las 7-8 horas) donde notaremos en que han estado trabajando Sakurai y su equipo.
De una forma genial se mezcla la lucha con las plataformas, al estilo de algunas de las fases de scroll lateral que ya había en el modo aventura de Melee. Solo que aquí sí se nota (y mucho) un aumento de calidad en todos los sentidos. Hay decenas de fases, las cuales no se limitan siempre a correr y saltar hacia delante, sino que a veces tendremos que usar la cabeza y activar interruptores, buscar llaves o encontrar salidas ocultas. Las transiciones entre fases están hiladas gracias a multitud de vídeos (sin duda el principal motivo por el que se recurre a un disco de doble capa por primera vez en Wii), los cuales tienen una calidad extraordinaria. Algunos son de corte cómico, mientras que otros son sencillamente espectaculares (dejan con la boca abierta en más de una ocasión). La puesta en escena es sublime.
La recta final termina con un laberinto al más puro estilo Super Metroid (aunque más fácil, por supuesto) en el que incluso necesitaremos usar un mapa con frecuencia, para llegar después al gran final y comprobar que los créditos que habían desaparecido del modo clásico se han movido para aquí, donde sí presentan una mayor calidad que en el Melee. Quizás, por ponerle una pega, la calidad del argumento es algo secundario (a pesar de la excelsa calidad de las cinemáticas), pero lo cierto es sirve perfectamente para mostrarnos de forma divertida la interacción entre los personajes de este peculiar universo. La mayoría de ellos se encuentran por casualidad mientras están luchando contra unos enemigos comunes. Podemos ver como Pikachu y Samus encuentran el traje chozo juntos, o como en una hilarante escena el Capitán Falcon extermina sin querer a casi todos los Pikmin del Capitán Olimar.
Aún sin contar con una trama elaborada, estas escenas son realmente divertidas y hacen que merezca aún más la pena jugar a esta aventura. Otro de los aspectos destacados de este modo es que frecuentemente nos encontremos con jefes finales, personajes enormes que ocupan casi toda la pantalla y a los que deberemos eliminar por el método tradicional (bajándole la barra de vida) en vez de lanzarlos fuera del escenario. Estos enfrentamientos están bien diseñados y en ocasiones resultan bastante espectaculares. Además, una vez terminado el Emisario Supespacial, podremos enfrentarnos a todos ellos en un nuevo y retador modo que se desbloquea.
Además, por si no bastara la duración, variedad y espectacularidad para engancharnos a esta aventura, el juego nos brinda la oportunidad de recorrer todas estas fases con otra persona (offline), por lo que si tienes hermanos/as o amigos gorrones que no salgan de tu casa, ya puedes ir haciéndote con Brawl. Por supuesto, aunque el Emisario Subespacial proporciona una gran experiencia para dos personas, en este campo el tradicional modo multijugador (llamado Brawl en esta ocasión, como no) sigue siendo el rey. En líneas generales mantiene la base de Melee, pero aquí se resiente menos la falta de innovación que en el modo clásico. Más adelante comentaré un poco como funciona, pero los veteranos en seguida verán que el concepto sigue siendo el mismo. Por otro lado, vuelve el modo Eventos (pequeñas peleas predefinidas en las que debemos ganar bajo ciertas condiciones especiales), todo un extra para un jugador en el Melee, que en esta ocasión también podemos disfrutar en cooperativo. Lo mismo podemos decir del Brawl multitudinario, las minifases de romper dianas o la clásica prueba de lanzar el saco de arena, en las que también se pueden enfrentar dos jugadores.
En cuanto a la plantilla, regresan todos los personajes de Melee (excepto Dr. Mario, Mewtwo, Pichu y Roy), y se unen otros tan carismáticos como Wario, Ike, Meta Knight, Capitán Olimar o Pit (rescatado de Kid Icarus, título de NES con secuela en GameBoy, y sobre el que se rumorea su regreso). Hasta se admite, por primera en la saga, la aparición de dos personajes ajenos a Nintendo: Solid Snake (saga Metal Gear Solid) y Sonic el erizo. En cuanto a este último, se nota que la decisión de incluirlo se tomó en el último momento, ya que su aparición en el Emisario Subespacial es anecdótica. Sin embargo Snake sí que juega un papel más importante.

En cuanto al nivel de los personajes, está bastante equilibrado. Ninguno es el rey absoluto, todos tienen sus ventajas y sus puntos flacos. Algunos se controlan de forma tan diferente al resto que es toda una experiencia probarlos, es casi como si cambiases de juego. Mi personaje revelación de esta entrega es Wario, aunque lo grande de este juego es que para cada jugador se ajustarán de una u otra forma, según el estilo de juego que prefieran. Por ejemplo, Snake basa parte de su ataque en trampas y armas, que combina con golpes rápidos de sus puños y patadas. En el otro extremo tenemos a Ike, un personaje que con su espada lanza ataques extremadamente poderosos pero muy lentos, por lo que aprender a calcular bien el ritmo de combate de nuestro rival será la línea que separe recibir una paliza de ser nosotros los que “apalizemos”.

Por supuesto, el principal objetivo de un Smash Bros ha sido siempre el multijugador, y Brawl no es una excepción. Una buena cantidad de modos están disponibles para que los jugadores puedan jugar de la forma que quieran. Y con esto no solo se refiero a escoger entre peleas por tiempo o por vidas, sino que los combates son completamente personalizables. Si quieres jugar con un Yoshi gigante metalizado, que los únicos objetos sean pokéball y nos movamos en un escenario donde apenas haya gravedad, puedes hacerlo. La mayor limitación a la hora de plantear combates originales es la imaginación del jugador. De hecho Brawl incluye hasta un completo editor de fases, por lo que no estaremos ni siquiera limitados por el diseño de los escenarios que vienen en el juego. Aún siendo este relativamente simple (evidentemente no podemos crearlos con el detalle de los originales), abre las puertas a infinidad de posibilidades para quien lo sepa aprovechar.

Pero si por algún motivo tu vida social te impide librar combates contra amigos (o lo haces con menos frecuencia de lo deseado), Brawl se anticipa a tus deseos y te trae, por primera vez en la saga, la posibilidad de pelear online. En un menú simple elegimos entre jugar contra amigos o desconocidos. Los amigos los deberemos agregar a una lista mediante el habitual (y tortuoso) intercambio de códigos. Una vez hecho este trámite, podemos librar todo tipo de peleas, casi como en el multijugador offline. También podemos enfrentarnos por parejas a otros retos como el Brawl multitudinario o la prueba del saco de arena, donde se puede trabajar en equipo o por turnos, para ver quien lo lanza a más distancia.

Esto en el online con amigos. Después, por si no tenemos a nadie agregado o simplemente no están disponibles, podemos dejar que el juego nos busque rivales al azar. Existen tres modos: Brawl clásico (todos contra todos, pudiendo participar de 2 a 4 jugadores), por equipos (2 vs. 2) y el curioso modo espectador. Sobre los dos primeros nada que añadir, ya que su funcionamiento sigue el mismo patrón que el online con amigos o el multi offline, pero el tercero nos da la posibilidad de ver combates en directo de otros jugadores. En la antesala de dicho combate nos dejan apostar sobre cual creemos que va a ganar (aunque no sabemos el nombre ni las estadísticas de los que juegan, solo el personaje que usan). No es que tenga mayor utilidad este modo, pero aún asi todo añadido se agradece, y puede que más de una vez entremos en él para descansar nuestros agujeteados dedos, y de paso poder sacarnos unas monedillas extra. Pero vamos, que la mayor parte del tiempo se dedicará, obviamente, al Brawl clásico.
El lag rara vez hace acto de presencia, por lo que la experiencia es casi redonda. Casi pero no, pues lo cierto es que hay tres pegas que le podemos poner. La primera, y más preocupante, es que es bastante difícil acceder a las batallas con desconocidos (nos podemos tirar bastante tiempo en el escenario de espera, previo al combate, sin éxito). La segunda, que no existe una clasificación al estilo de la que había en Mario Strikers Charged Football, donde podíamos ver nuestras estadísticas y como quedaríamos situados en la lista en comparación con los demás. La otra pega es la que sufren todos los títulos online de Wii: la carencia del chat de voz. Cuando uno juega a Brawl realmente echa de menos esta opción, ya que en una pelea a cuatro daría mucho juego (o en batallas por equipos). La única forma de comunicarnos es mediante unos cortos mensajes que podemos asignar a las cuatro direcciones de la cruceta de control (donde se hacen las burlas), y que saldrán en un globo encima de nuestro personaje. Este sistema, además, solo funciona en las peleas contra amigos.
Supongo que con todo esto ya os vais haciendo una idea de lo que ofrece el juego, pero lo cierto es que aún me quedan bastantes cosas en el tintero. Hay montones y montones de extras. Algunos repiten de Melee, como los trofeos. Pero en esta ocasión el abanico de extras es notablemente más amplio. En el modo Baúl nos encontramos (a parte de los trofeos y la pegatinas que se consiguen el Emisario Subespacial, y el anteriormente citado editor de escenarios) interesantes novedades como el álbum, donde está las fotografías que sacamos de los combates, las cuales podemos enviar a una tarjeta SD o a otra Wii por internet; el lanzamonedas, un nuevo minijuego para conseguir trofeos que sustituye a la tragaperras de Melee; los desafíos, donde se nos muestra las cosas que hemos desbloqueado, así como pistas para saber que tenemos que hacer para desbloquear lo que nos falta; las repeticiones, ya que podemos guardar vídeos de peleas de hasta tres minutos, online u offline, además de repeticiones de las pruebas de dianas, saco de arena o Brawl multitudinario; incluso se nos brinda la opción de probar pequeñas demos de los juegos clásicos que popularizaron a los personajes del juego (Super Mario Bros, Ice Climber, The Legend of Zelda, Kid Icarus, etc). Duran realmente poco (un par de minutos), pero sirven para que los que nunca los hayan probado capten como era la mecánica de aquellos grandes juegos.
En fin, que todo esto y muchas otras cosas que vosotros descubriréis se encuentran en este interesante rincón de Brawl. Sin olvidar las opciones, donde a parte de las completísimas estadísticas, podemos recrearnos oyendo toda la magnífica banda sonora (un recopilatorio de escándalo que cuenta con más de 300 melodías: versiones originales, mezclas de las melodías más características de cada saga y, como no, sintonías propias creadas para la ocasión).
En definitiva, esto es, en líneas generales, lo que ofrece Super Smash Bros Brawl. Ahora bien, toca formularse de nuevo la peliaguda pregunta del inicio: ¿ofrece Brawl una experiencia nueva o se queda en una simple mejora de lo visto en Melee? Y la respuesta es “fifty-fifty”. Brawl bebe de las fuentes de Melee, nace de él y aprovecha casi toda su estructura. Habrá muchos momentos en los que experimentamos cierto déjà vu. ¿Es entonces recomendable hacerse con este juego para alguien que tenga Melee y aún disfrute en la actualidad con él? Bien, es una decisión bastante personal que cada uno debe de tomar por sí mismo, pero mi opinión es un sí rotundo.
Puede que el modo clásico sea casi lo mismo, y la experiencia multijugador varíe poco a grandes rasgos. Pero lo cierto es que la inclusión del Emisario Subespacial (si no la mejor aventura para un jugador de un juego de lucha, una de las mejores), el online (a pesar de sus limitaciones) y el nuevo catálogo de personajes y escenarios (algunos de los móviles son realmente espectaculares) creo que son suficientes razones para jubilar definitivamente a Melee. El multijugador es tan divertido y fenomenal como lo ha sido siempre, sino mejor, ya que también se molesta en incluir cooperativo en casi todos los modos. Es absolutamente abrumadora la cantidad de contenido que esconde, e incluye suficientes mejoras sobre su antecesor como para que pueda ser considerado el mejor capítulo de la serie con diferencia. Un juego casi eterno que bien se merece un espacio en tu estantería.