Grand Theft Auto IV

Érase una vez en América…
Cuando Grand Theft Auto III fue lanzado en 2001, cambió radicalmente el modo en el que el mundo veía a los videojuegos. GTA III simulaba la vida en una gran ciudad tridimensional (parodiada de la cultura norteamericana) en la que el personaje tenía completa libertad de movimientos, inclusive para hacer el mal (¿y acaso hay algo más divertido que eso?). Siete años después, tras dos entregas que aprovecharon ese mismo concepto aportando su propia personalidad, nos llega la que podríamos considerar como la verdadera secuela de aquella obra maestra. El título (Grand Theft Auto IV) ya nos da una clara pista de por donde irán los tiros (y nunca mejor dicho, porque aquí los tiros no escasean precisamente).

Y es que para empezar, la ciudad es la misma que en GTA III. Liberty City repite su aparición por tercera vez en la saga (recordemos que Rockstar lanzó hace no mucho un pseudo spin-off para PSP bajo el subtítulo Liberty City Stories), por lo que no solo se pierde el impacto que GTA III causó por ser el primer título en representar una ciudad a gran escala en 3D, sino también por no ofrecer el diseño de esta demasiadas novedades para el jugador veterano. Por supuesto ha habido grandes cambios aparte de la excelente actualización gráfica. Se ha llevado a cabo un soberbio trabajo a la hora de recrear la ciudad, todo está infinitamente más detallado que en el resto de la saga: coches, peatones, edificios, efectos meteorológicos, etc. La física también ha sido muy mejorada y repercute en todo lo que se mueve por la ciudad, dando lugar al conjunto más realista que se ha visto nunca en un juego de estas características. El punto quizás más flojo lo ponen los personajes en los primeros planos de las escenas, donde se ven caras con un nivel bastante mejorable y algunos vestigios de animaciones de la anterior generación. Lo cierto es que en líneas generales se trata de la misma ciudad, pero Rockstar ha aprovechado las ventajas de las consolas de nueva generación para crearla de cero y ofrecer una urbe mucho más compleja, detallada y llena de vida.

Pero vayamos por partes, lo primero es hablar del nuevo protagonista, Niko Bellic. Niko es un inmigrante ilegal de Europa del Este que llega a Estados Unidos en busca del popular sueño americano, así como por otras razones de su pasado que a medida que el juego avance iremos conociendo. Nada más desembarcar (tras una excepcional intro) en el continente americano, Niko se reencuentra con su jovial primo Roman, que sorprendentemente no vive en el citado sueño americano que había descrito en sus mensajes de correo electrónico. De hecho, está endeudado hasta las cejas, trabaja en una pequeña empresa de taxis que apenas da dinero y varios metafóricos tiburones nadan alrededor de él. Con esta perspectiva tan poco afortunada, Niko tendrá que empezar a trabajar como mercenario para toda clase de individuos y así ganar dinero, ayudar a su primo e intentar empezar de una u otra forma esa nueva vida que todos desean.

Todas las escenas que, como de costumbre, sirven para ponernos al corriente del objetivo de cada misión o simplemente narrarnos algo de la trama, cuentan en esta ocasión con una calidad bastante por encima de lo que anteriormente ha ofrecido esta saga. Además, en contados momentos podremos tomar decisiones que repercutirán directamente en como evoluciona la historia. La presentación suele ser muy buena (salvo en algunas ocasiones, donde los vídeos serán simples transiciones sin demasiada sustancia) gracias a un enfoque más cinematográfico y una mejora evidente en la expresividad de los personajes. Aunque en cuanto a estos existe un importante desequilibrio: si bien cuando desembarcamos empezamos a conocer gente que derrocha una personalidad muy interesante y bastante carisma (como el propio Niko, Roman, Vlad, Brucie o Mikhail), según avanzamos en el juego y descubrimos Liberty City los personajes se vuelven más genéricos y parece un popurrí extraído de los anteriores GTA. Muy pocos personajes se salvan, aunque hay honrosas excepciones (recordad este nombre: Florian).

Como de costumbre, el reparto de voces (en inglés) es genial. Lo cierto es que su nivel es tan bueno que no se echa demasiado de menos un doblaje al castellano. Sin embargo, en las ocasiones en las que mantenemos una conversación con alguien en el coche, se hace lioso leer los subtítulos y conducir al mismo tiempo. Lo mismo en cuanto a la tele de nuestros pisos, que nos deja ver una serie de canales que no cuentan con ningún tipo de traducción. La música apenas hace acto de presencia en las escenas y queda relegada en su mayor parte a la radio del coche. Como de costumbre, contamos con un importante número de emisoras de gran calidad, cada una con su propia temática (rock, reggaeton, jazz, etc).

Entrando ya en lo que es el juego en sentido estricto, la ciudad donde tiene lugar todo está formada por tres grandes islas y algunas otras más reducidas. Cada una de ellas tiene su propio estilo, aunque no lo verás desde el principio, ya que debemos pasar varias misiones hasta que se nos permita circular por los puentes que unen las islas entre sí. Al comienzo del juego todo funciona como una especie de tutorial, donde cada misión sirve para enseñar como funcionan algunas características básicas del juego que posteriormente serán necesarias para avanzar. Como su título ya indica, podemos robar coches a cualquier incauto y conducirlos por toda la ciudad, pero esto no significa que este sea un título meramente de conducción (aunque sea esta una de las partes más divertidas). También podemos visitar un montón de lugares, y no solo como parte de una misión. Existen tiendas de ropa, restaurantes, bares donde nos podemos emborrachar (un efecto muy logrado, por cierto) e incluso distintos sitios de ocio para jugar al billar, a los bolos, a los dardos o ver espectáculos. ¡Si hasta podemos ir a un club para ver en directo monólogos del gran Ricky Gervais! (renderizado para la ocasión). Sin olvidar la ineludible cita con el club de striptease. Faltaría más.

Pero sin duda la novedad más destacable de esta entrega en el sector ocio se encuentra en la incorporación de los ciber. Sí, has leído bien. Por todo Liberty City hay repartidos una serie de locales donde por un precio simbólico podemos acceder a ordenadores con internet. En un par de misiones debemos usarlos para fines tan distintos como concertar una cita o pedir trabajo. En ellos también responderemos a nuestro correo o navegaremos por la red, donde podemos visitar multitud de páginas, aceptar unos trabajos opcionales de robos de coches o descargarnos melodías para el móvil. Sí, has vuelto a leer bien otra vez. Poco después de llegar a Liberty City seremos obsequiados con un útil teléfono móvil. Durante el juego recibiremos llamadas de la gente que conozcamos (a veces incluso de la que estamos por conocer) que te preguntarán si quieres quedar para tomar algo o acudir a alguno de los centros lúdicos de la ciudad (ya sabes, billar, striptease, bolos, striptease, dardos, mmm… y striptease).

Y es que estas amistades que podemos mantener es otra de las interesantes novedades de esta edición. Lo cierto es que las citas con mujeres ya estaban presentes en GTA San Andreas, pero aquí la mayor parte de las veces quedaremos con nuestro primo Roman o nuestros nuevos amigos mafiosos. Podemos llamarles nosotros, aunque a veces nos llamarán ellos mismos. Si nos negamos a quedar con frecuencia bajará el porcentaje de amistad (que podemos comprobar en el completo menú de estadísticas), por lo que será interesante desconectar de vez en cuando de las misiones y dedicarle un tiempo a los colegas (y novias, por supuesto). Todo esto es opcional (podemos hacer las misiones pasando de quedar con ellos), pero dota al juego de una mayor sensación de realismo, ya que por primera vez se profundiza en las relaciones interpersonales al margen del “trabajo”.

Saltando ahora a las misiones, decir que son bastante variadas, aunque no todo lo que podrían. La mayoría de ellas se basan en la conducción o en los disparos (o en ambas cosas a la vez), pero a largo plazo presenta poca innovación en el desarrollo. Como novedad, decir que algunas misiones pueden suceder en un segundo plano mientras estás haciendo otras cosas. De improvisto, mientras paseamos tranquilamente, nos llaman para que vayamos rápidamente del punto A al punto B para llevar a cabo una tarea. Tendremos que coger rápido un coche (si no tenemos ya uno) y conducir hacia esa localización, meterse en un tiroteo y luego salir pitando. Esta clase de misiones añaden realismo al juego, y ayuda en la tarea de lograr que Liberty City se sienta como una ciudad viva, donde puede saltar la acción en cualquier momento, pero también puede resultar molesto, tanto porque puede fastidiarte una cita, como por si mueres y tienes que reiniciar.

La conducción es excelente y ofrece grandes mejoras en la física de los vehículos. Algunos se dejan manejar mejor que otros, obviamente, y hasta nos podemos encontrar coches en diversos estados de desgaste, los cuales podemos incluso llevar a un autolavado para eliminar el polvo o barro que cogen. Podemos guardar nuestros favoritos aparcándolos en una plaza señalada delante de los pisos francos (se han eliminado los tradicionales garajes). Por ejemplo, podemos reservar los mejores coches deportivos para cuando quedamos con los amigos, o especialmente para las citas, ya que las mujeres suelen hacer comentarios sobre nuestra ropa y nuestro coche. También existe una interesante opción, que es coger un taxi (y por una vez coger no significa robar) y dejar que nos dé una vuelta por la ciudad. Esta es una de las mejores formas de hacer turismo, ya que nos sentamos atrás y vemos todo cómodamente desde la ventanilla. También es una forma rápida de llegar a cualquier punto de la ciudad, ya que pulsando un botón podemos saltar el viaje y aparecer en el destino en cuestión de segundos.

Otra de las mejoras más palpables es el nuevo sistema de combate, el cual usaremos muy a menudo. No son pocos los personajes que intentarán acabar con nosotros, pero afortunadamente la experiencia de Niko en la guerra hará de él un asesino formidable. Al igual que en Gears of War, el uso de la cobertura es imprescindible. Debemos protegernos detrás de los marcos de las puertas, coches o columnas, que se convierten en nuestros mejores aliados en medio de un tiroteo. Con solo pulsar el botón pertinente cerca de cualquier cobertura nos ponemos en posición defensiva, mientras que apretando el gatillo izquierdo se nos permite apuntar con el arma sin perder en ningún momento nuestra preciada protección. Los niveles de acción se hacen bastante más asequibles que en las anteriores entregas, y su espectacularidad también gana enteros.

Tampoco se puede pasar por alto el hecho de que, por primera vez en muchos años, GTA IV tiene un verdadero modo multijugador. Acepta un total de 16 jugadores y se puede cargar desde nuestro teléfono móvil en el modo para un jugador, sin necesidad de ir al menú. Los diferentes modos son bastante variados: se pueden hacer desde carreras con armas al estilo Mario Kart (pero más bestia) hasta el típico Deathmatch, salir con nuestro equipo y obtener contratos para robar coches, y algunas cosas más. Hay también misiones cooperativas para cuatro jugadores, como, por ejemplo, en la que debemos escoltar a un jefe mafioso desde el aeropuerto hasta su casa, mientras decenas de SWAT controlados por la máquina se lanzan a por él. Todas estas misiones se juegan en la totalidad del mapa, sin limitaciones. Sin duda este multijugador online ofrecerá muchas hilarantes horas que serán gustosamente empleadas con nuestros amigos.

Desde que desembarcamos en Liberty City hasta que, tras un largo camino, llegamos a los créditos finales, GTA IV nos ofrece una de las experiencias más completas y ricas del mundo de los videojuegos. La ciudad puesta ante nosotros da la sensación de estar más viva, es mucho más real y las sensaciones que transmite han evolucionado. Sin embargo, cuando nos habituamos al maravilloso detallismo técnico que ha exigido un mastodóntico esfuerzo por parte de Rockstar, descubriremos que la dinámica es exactamente la misma que hizo al mundo girar la cabeza y sorprenderse hace siete años. Se ha cogido la estructura de GTA III y se le han añadido grandes virguerías para hacer de esta Liberty City una ciudad más cercana a la vida real. Sin embargo, en más de una ocasión sale a la superficie el antiguo desarrollo y se impone por encima de simulaciones de lo cotidiano o gráficos mejorados.

Es, por así decirlo, un GTA III adaptado a los nuevos tiempos. Y que nadie se piense que esto lo digo como algo malo, o como una dura crítica al juego que nos ocupa. No. GTA IV es un esfuerzo formidable por evolucionar la saga (que no revolucionar), pero que a pesar de la incalculable calidad que atesora, no lo convierte en esa obra maestra que sí fue el primer viaje a Liberty City. Pero eso no impide que estemos ante uno de los mejores juegos de la generación y de los más serios candidatos a juego del año. Soltarte en medio de una gran ciudad y con total libertad para hacer lo que quieras siempre ha sido muy divertido, y no iba a ser menos en esta ocasión. A pesar de la relativa falta de originalidad y abundante repetición en el desarrollo, el juego nos consigue volver a enganchar gracias al carisma de algunos personajes y el competente multijugador. Puede que no sea tan grande ni tan completo como San Andreas, pero sube la saga a un nuevo nivel y asienta unos sólidos cimientos sobre los cuales seguramente Rockstar acabe edificando otros Grand Theft Auto.