Metal Gear Solid

Snake… ¿Snake? ¡SNAKE!
Un grupo de terroristas que se autodenomina como "los hijos de Big Boss" ha tomado una base militar situada en Shadow Moses (Alaska) y amenaza con lanzar un arma nuclear si no se atiende a sus peticiones. Curiosamente, este grupo está liderado por los miembros de una unidad especial llamada FOXHOUND, unidad a la que tanto nuestro espía protagonista (Solid Snake) como el coordinador de la misión (Roy Campbell) han pertenecido en otro tiempo. Así comienza este intrigante título, en el que partiremos hacia dicha base con dos objetivos principales: el primero, rescatar al Jefe DARPA, Donald Anderson, y al presidente de Armstech, Kenneth Baker, ambos retenidos por la fuerza en Shadow Mosses. El segundo, averiguar si los terroristas tienen realmente la capacidad de lanzar una arma nuclear, y de ser así, detener dicho lanzamiento.

Este es, muy por encima, el punto del partida del argumento de Metal Gear Solid. Durante el transcurso del juego la trama avanzará al ritmo de una montaña rusa, y no por presentar altibajos, sino por ofrecer un conjunto de intensas sensaciones que no se habían visto anteriormente en un videojuego. Metal Gear Solid es un juego de acción que no se puede ni remotamente comparar a nada lanzado en su época. Una de esas primeras obras que demostraron que la industria del videojuego podía ofrecer un gran respaldo para el desarrollo de apasionantes historias.

También podemos decir de este juego que fue una especie de pionero en otro sentido. Lanzado poco después de que Sony sacara al mercado el popular Dual Shock, Metal Gear Solid mostró como el uso de la vibración en un pad puede llegar a mejorar notablemente la experiencia de juego. Ya sea para tratar de imitar un ataque al corazón o para relajar nuestras manos tras una intensa sesión "machaca botones", el mando se utiliza como un elemento cinematográfico más que a día de hoy sigue siendo usado en la mayoría de los juegos.

El escritor y director de esta genial obra, Hideo Kojima, quería lograr una experiencia lo más cinematográfica posible. Y para hacerlo, tiró de algunos recursos que llamaron poderosamente la atención en su momento. Por ejemplo, no quería sacar al jugador "fuera" del juego usando las populares CG que tanto abundaban en PlayStation. Todo lo que sucedía en pantalla estaba generado por el propio motor del juego. Y la verdad es que no se resiente para nada el acabado final, ya que el apartado técnico era uno de los mejores de la consola. También quiso asegurarse de que el juego contaría con un estelar reparto de voces. Es inevitable comentar aquí que dichas voces fueron dobladas al castellano en el que es sin duda uno de los mejores trabajos que hemos visto en este país. Oir a Solid Snake hablando castellano (a cargo del ya mítico Alfonso Vallés) forma parte de la memoria colectiva de toda una generación de jugadores.

A parte del excelente doblaje, cada personaje cuenta con un intenso trabajo detrás para dotarlo de una fuerte y característica personalidad. No solo destaca Solid Snake, rey indiscutible de la acción, y poseedor de un carisma que lo convierte en uno de los héroes más recordados y queridos de la historia, sino que cualquiera de los participantes activos del guión tienen su sitio bien definido, con soberbia puesta en escena de interesantes juegos de emociones. Y es que a pesar de encontrarnos entre el reparto a personajes de lo más variopinto (rayando incluso en lo sobrenatural), la humanización de todos ellos es algo que incluso hoy muy pocas veces ha sido superado. Nos llegamos a preocupar realmente por la suerte de nuestros camaradas, nos dolerán las traiciones y los enemigos serán algo más que un modelado recubierto de pixels. Están vivos, tienen toda una vida a sus espaldas y no están exentos de emociones. Traumas, temores, manías. Ese halo fantástico y a la vez realista que se teje según nos implicamos en la historia es algo que hace de Metal Gear Solid un juego único y prácticamente insuperable.

Este enfoque tan cinematográfico que se le dio al título provocó (y provoca) también alguna que otra crítica. No falta gente a la hora de afirmar que Metal Gear Solid (así como cualquiera de sus continuaciones) cuida tanto su puesta en escena, la forma de narrar la excelente historia, que luego la parte jugable acaba inevitablemente desmereciendo, ya que solo ocupa un porcentaje relativamente pequeño (en comparación con cualquier otro juego) y su espectacularidad se reduce enteros. En cuanto a esto, decir que si bien tiene algo de cierto, no es tan mala la cosa como se puede llegar a pintar. Es indudable que la puesta en escena de las cinemáticas acaparan mucha de la fuerza que impregna este título, no hay más que coger y pasárselo de un tirón, saltándose todos los vídeos, y ver que el juego decae bastante. Ahora bien, esta parte jugable, a veces infravalorada, es un excelente camino de transición por el guión, con una jugabilidad bien ajustada y para nada exenta de momentos tensos de infiltración y tiroteos. Aunque el deseo de descubrir que parará a continuación en la trama sea quizás el mayor incentivo para avanzar, el diseño de niveles y las habilidades de Snake redondean la faena, enganchándonos irremediablemente hasta que terminamos el juego.

De hecho, para que nos familiaricemos con la dinámica del juego, se pone a nuestra disposición un serie de pequeñas fases de entrenamiento, las VR Missions. En ellas, controlaremos a Snake por un mundo virtual (doblemente virtual, vaya) donde se nos plantea una gran variedad de niveles en los cuales debemos demostrar nuestras dotes de infiltración y llegar a un determinado punto del mapa sin ser vistos. También hay una variedad en la que, arma en mano, debemos acabar con todos los enemigos. Son unos niveles simples, pero realmente adictivos. Seguro que más de uno se ha encontrado alguna vez rejugándolos en más de una ocasión solo por mejorar los tiempos.

Y lo mejor es que toda esta habilidad que vayamos cogiendo podrá ser aplicada después en el propio juego. Como ya he comentado antes, el diseño de niveles es impecable. Excepto en unas pocas áreas, cada zona está pensada para avanzar mediante el uso del sigilo. Al fin y al cabo, este es un juego de espionaje. Por ejemplo, en la primera zona nos encontramos con un par de guardias merodeando cerca del ascensor que nos lleva a la base propiamente dicha. El escenario nos deja un amplio margen para que nos podamos mover sin demasiada dificultad, pero eso sí, sin quitar ojo del radar que nos indica tanto la posición de los soldados como su radio de visión. Burlar su vigilancia será fácil, pero la sensación satisfaciente. A partir de ahí, el juego repite esta dinámica, pero añadiendo otras variables (más soldados, pasillos estrechos, cámaras de vigilancia…) para suponer un reto constante.

Metal Gear Solid es uno de esos pocos juegos a los uno puede encontrarse jugando horas y horas antes de tener que parar para comer, dormir u otros quehaceres de menor importancia. Snake cuenta con una impresionante variedad de armas, objetos, movimientos y acciones disponibles. Por ejemplo, podemos golpear una pared con el puño para llamar la atención de algún guardia desde detrás de una esquina y esperar a que se acerque a la fuente del sonido, mientras nosotros damos un pequeño rodeo y lo cogemos por detrás, para acto seguido estrangularlo, romper su cuello, ejecutar una llave de judo o simplemente apuntarle con una pistola con silenciador. Otras interesantes opciones pasan por el uso de un rifle francotirador, el control remoto de un misil para llegar a puntos inalcanzables a pie o incluso de varios tipos de granadas con distintas funciones. Por no hablar de las ya icónicas cajas de cartón, en las que Snake se podrá ocultar para pasar desapercibido. Siempre y cuando dicha caja pertenezca a la zona donde nos encontramos en ese momento, ya que sino haremos sospechar al enemigo, ojo. Esto es solo una pequeña muestra, pero el juego oculta bastantes más posibilidades para sorprender durante su desarrollo.

Lo cierto es que la idea de poder pasarse la mayor parte del juego sin tener que acabar con los enemigos ya es una genialidad en sí misma. El juego nos brinda la opción de elegir entre medir cada uno de nuestros pasos, buscar cada escondrijo natural que nos aporte el escenario e ir infiltrándose sigilosamente en la bien custodiada base. Y claro, también podemos coger nuestra SOCOM y abrirnos paso a tiros. Esta opción es indudablemente más rápida, pero también aporta menor satisfacción que la grata sensación del trabajo bien hecho. Aunque bueno, el balón queda siempre en el tejado del jugador, y solo él puede decidir como llevar a cabo la misión.

Tiremos por la vía que tiremos, la complejidad del juego es progresiva y cuenta con una equilibrada curva de aprendizaje, que nos permite acostumbrarnos los nuevos objetos y armas que vamos obteniendo. Sin embargo, nunca se siente como si te llevara de la mano. A pesar de que Shadow Moses es bastante lineal, el diseño general y la disposición de todas las áreas está maravillosamente realizado.

Cambiando de tema, la música es también otro de los puntos fuertes del juego. Las, a veces épicas, a veces inquietantes melodías logran hacer de cada escena (e incluso a veces en el propio juego) algo especial. Se nota como todo está acertadamente calculado, cuanto entra la música, cuando sale, el ritmo y el volumen de la misma… Se fusiona con el excelente reparto para no solo conseguir el ansiado efecto cinematográfico, sino incluso elevarse en algún momento por encima de la experiencia que ofrece el propio cine. De como la música en Metal Gear Solid sirve para enfatizar la emoción contenida (o no tanto) de cada instante, se podría hacer un análisis a parte. Pero lo mejor y más recomendable es, como siempre en estos casos, comprobarlo en persona.

Otra de esas cosas que hacen a este juego una obra tan grande es todo ese conjunto de curiosidades de las que lo ha plagado Hideo Kojima. Por ejemplo, nos encontraremos con un miembro de FOXHOUND que será capaz de "leer nuestra mente". Esto, a efectos prácticos, significa que el juego explora nuestra tarjeta de memoria en busca de partidas de otros juegos de Konami (la compañía desarrolladora de Metal Gear Solid, por si a alguno se le escapa). Por tanto, este jefe final nos puede sorprender con comentarios sobre nuestro gusto por juegos como Suikoden o Castlevania: Symphony of the Night.

Otra forma que este curioso personaje tiene para leer nuestra mente es la de anticiparse a todos nuestros movimientos con el mando. De hecho, para combatirlo se nos presentan dos opciones: una larga y tediosa, y la otra simplemente cambiando el mando de un puerto a otro. Además, sabemos en que momento debemos cambiarlo gracias a un mensaje que aparece en pantalla, una pantalla negra donde la palabra HIDEO se empequeñece y desaparece hacia la esquina superior derecha (¿lo pillas? Hideo. Video. Juego de palabras). Esto hará que el jefe deje de leer nuestra mente y se equilibre el combate.

Pero hay muchos otros casos de estos detalles no convencionales que plagan el juego. Detalles como hacernos mirar la parte de atrás de la caja para averiguar la frecuencia del codec de un personaje. O escondernos dentro de una caja de cartón en una cueva llena de lobos, causando que uno de ellos nos orine encima para que después podamos cruzar sin peligro, ya que nos identifican por el olor. Infinidad de estos momentos llenan el juego, y nos hacen suponer lo bien que se debió pasar el equipo de Kojima al desarrollarlo. Por no hablar de las curiosas formas que tendremos que actuar para lograr escapar de una prisión cuando en cierto punto del juego consiguen atrapar a Snake. Son muchos los guiños y detalles que podríamos enumerar (y elogiar) de Metal Gear Solid, pero como siempre, la gracia no reside en leerlos en una página o en un blog, sino encontrárselos de casualidad en el juego.

Concluyendo ya con este pequeño repaso a un juego que sin duda marcó toda una época, decir que estamos ante una indiscutible obra maestra. Puede que a algunos las largas charlas por codec se le hagan pesadas, pero lo cierto es según la trama avanza estos diálogos cobran mucho más peso y llegan a enganchar como si de una radionovela se tratara. Logra conjugar a la perfección la experiencia cinematográfica con la experiencia jugable y nos narra una historia como prácticamente nadie ha sabido hacerlo. Y hay que recordar que nos lo trajo de vuelta. A él, a Snake. Mejor que nunca. Un inmejorable paso a las 3D, una historia épica llena de los más inesperados giros, una jugabilidad a prueba de bombas, decenas de detalles curiosos y un soberbio doblaje acompañado de una banda sonora a la altura. ¿Qué más se puede pedir? [voz lejana: ¿Chicas en bikini?] Mmm…