ICO

Poesía Virtual
De vez en cuando aparece alguna película o libro en los que nos gustaría sumergirnos durante mucho tiempo, donde lo importante no es acercarse al final para ver que nos depara, sino saborear cada instante como si fuera el último. Y es que, por desgracia, no es demasiada la frecuencia con la que se logra crear de la nada un mundo tan fascinante que hasta nos molesta tener que abandonarlo. Extrapolándolo al mundo de los videojuegos, podemos también decir que muy rara vez una de estas obras digitales nos puede deparar unas sensaciones como las arriba descritas. Solemos estar tan ocupados salvando al mundo o coleccionando ítems, que todo a nuestro alrededor fluye rápido y no llegamos a entrar realmente en el juego. Esto es algo de lo que uno solo se da cuenta al viajar al mundo de ICO.

Si ya lo has jugado, entenderás perfectamente de lo que estoy hablando. Sino, seguramente te preguntarás que es exactamente ICO, y lo cierto es que aún después de haberle dedicado muchas horas es difícil responder a esa pregunta. La trama tiene poco peso, y se demuestra por el hecho de que apenas vemos unas pocas líneas de diálogo en todo el juego. Hay también pocas cinemáticas, pero cada una de ellas aporta mucho a la emotividad del juego. Lo cierto es que ese es precisamente uno de los factores que ayudan a engrandecer este título. ICO cuenta con una atmósfera y un diseño que nos atrapa más que la mejor de las historias. No es como una novela, es como el paso previo a la creación de la misma. Es fácil hacerse a la idea de como funciona esto pensando en el ejercicio mental que debemos hacer a la hora de plantearnos la tarea de escribir una bonita historia. Antes de que llege al papel, todo se gesta en nuestra cabeza, donde unos personajes casi abstractos se mueven por un mundo aún mudo y bastante indefinido. ICO es como el paso previo a la narrativa. A partir de él podríamos hacer una maravillosa novela, pero nunca tendría la magia que tiene presentar así un concepto, tan puro como lo muestra el juego. Solo atmósfera y belleza. Y puzles. No se necesita nada más.

El juego da comienzo con una inquietante escena en la que vemos a tres jinetes llevando a Ico (el niño con cuernos que protagoniza y da nombre al juego). Ya desde este momento queda patente la ambientación que envuelve a este gran título, fuertemente influenciado por la Europa Medieval y con rasgos precolombinos. Los solitarios paisajes son de una belleza inigualable. Esta introducción termina con la cámara enseñándonos un sobrecogedor plano del imponente castillo levantado en medio de una playa, hacia el que se dirigen los jinetes y donde transcurrirá el resto del juego. La creencia en el pueblo de Ico es que sus cuernos son fruto de una maldición, por lo que lo encierran vivo en un sarcófago, en lo más profundo del castillo. Por suerte para él, una vez se han marchado los jinetes un temblor hace caer su sarcófago y lo libera. Nuestra tarea, de ahora en adelante será simple y llanamente la de huir de la misteriosa fortaleza.

Pero no estaremos solos. Tras cruzar un par de habitaciones nos encontraremos con una joven de blanca tez encerrada en una jaula. A partir del momento en el que la liberemos, nos seguirá durante todo el juego en busca también de la ansiada libertad. La comunicación entre Ico y Yorda (así se llama la misteriosa muchacha) se reduce a un pequeño intercambio de frases, ya que no se entienden al no hablar el mismo idioma. No obstante, el juego consigue simbolizar perfectamente como una fuerte conexión crece entre ambos personajes durante su particular periplo. Nuestra tarea consistirá en abrirnos paso por la fortaleza acompañados de Yorda, llevándola casi todo el tiempo de la mano para que no se quede atrás. En algunas ocasiones nos debemos separar de ella para resolver algún que otro puzle, pero sin alejarnos tampoco mucho. De hecho, en las limitaciones de Yorda reside el reto del juego. Para Ico sería muy fácil ir de un punto a otro, ya que cuenta con un amplio abanico de movimientos como agarrarse a las repisas, empujar objetos, saltar plataformas o subir por cadenas colgantes. Sin embargo, abrir un camino para nuestra compañera es ya otra historia.

Para lograr que la frágil joven avance con nosotros, debemos ir resolviendo una serie de puzles y obstáculos, una de las señas de identidad de ICO. Todos ellos requieren usar la cabeza y una pequeña dosis de paciencia. Algunos parecen necesitar más suerte que lógica, pero para la gran mayoría es preciso tener agudizado el ingenio, así como unas buenas dotes observatorias, ya que debemos analizar con cuidado todo el escenario en busca de las posibles soluciones para avanzar. Jugar a títulos como este con unos cuantos puzles complejos siempre da la sensación de ser un poquito más productivo que un juego de acción o un shooter. Existe un grato sentimiento de logro que aparece cada vez que consigues bajar un puente o encender una vela, y que no puede ser igualado memorizando combos de ataque. Uno siente que realmente está jugando tanto con su cabeza como con sus manos. Incluso si te encuentras con un puzle difícil, el hecho de poder disfrutar de la estancia en el maravilloso mundo del juego compensa la posible frustación cuando tardas más de lo normal.

Además de resolver los citados puzles que nos permiten avanzar por el castillo, también tendremos que estar atento para proteger a Yorda de los espíritus sombra que a veces nos saldrán al paso. En tales ocasiones, Ico podrá usar un simple palo para defenderla. De hecho, ni siquiera tendremos un contador de vida (como podéis ver en cualquiera de las capturas, en el juego no hay ningún marcador en pantalla), la partida termina si los enemigos en forma de sombra atrapan a Yorda. Hay varios tipos de sombras, de distintos tamaños, unos corren, otros vuelan y otros incluso caminan por las paredes. Suelen atacar en grupos y se dividen para distraterte mientras por otro lado intentan llevarse a nuestra indefensa compañera. Su aparición no es demasiado frecuente, pero aumenta notablemente la tensión cuando entran en juego. Aunque su peso para el desarrollo no es tan valioso como el de los puzles, sí que sirven para que tomemos conciencia de hasta que punto Yorda nos necesita para sobrevivir. ICO en el fondo es la historia de una gran amistad. Una amistad entre dos desamparados personajes que se acaban de conocer y dependen el uno del otro para salir adelante (nosotros la protegemos y le allanamos el camino, pero ella también tiene la habilidad de abrir determinadas puertas). Es por ello que en pocas horas los lazos que los vinculan son ya muy fuertes, y da lugar a situaciones enternecedoras y emotivas.

Por si todo esto fuera poco para hacer de él un juego más que sobresaliente, en su día ICO era, visualmente, uno de los juegos más impresionantes de PlayStation 2. El ambiente cobra vida gracias a logradísimos efectos de iluminación, el brillo del sol salpica paredes, suelo, árboles e incluso cada una de las hojas (muy bien hechas, por cierto), creando un conjunto artístico extremadamente bello. Y si el sol participa activamente en la recreación del preciosista mundo, la oscuridad no se queda atrás. Cada elemento (incluidos los protagonistas) tiene su propia sombra. Esto es algo que acaba llamando la atención cuando uno juega. Mención también a las estancias interiores, que suelen estar bañadas por contrastes gracias al buen uso de claroscuros. A pesar de la logradísima ambientación onírica, todo parece real sin dejar de ser como un lejano sueño.

La fortaleza es un nunca acabar, es absolutamente descomunal, y en todo momento está aderezada por una de las mejores atmósferas jamás recreadas en un juego. Cuando sales a la parte superior y te paras a observar todo el paisaje desde lo más alto, mientras oyes el rumor del viento y escuchas como algunos pájaros trinan ajenos a la maldad que se esconde en lo profundo de la fortaleza, sientes que muy pocas veces en tu vida podrás formar parte de algo tan bello y místico. Puede que podamos completarlo en unas ocho o diez horas, pero aunque el viaje durase solo un par de ellas, el dinero estaría bien empleado. Es un juego que se mete dentro de ti y te encierra dentro del castillo, como si fuesemos el propio Ico.

Una vez cruzado el umbral de la pantalla de título, cualquier tecnicismo deja de importar. Valorar a ICO por su apartado técnico sería una ofensiva frivolidad. ICO es algo más que eso. Mucho más. Es un título que sin duda merece ser de los abanderados a la hora de definir a los videojuegos como el octavo arte. Puede que algunos jugadores se encuentren en él ciertos momentos de frustración y repetición, pero la experiencia final es tan agradable, tan inmersiva y en definitiva, tan bella, que no puedo dejar de recomendar a todo aquel que nunca lo haya probado que intente hacerlo ahora. Perderse en el castillo con Ico y Yorda es una experiencia tan maravillosa que, irónicamente, a más de uno le dará pena que el objetivo sea escaparse.

Poniendo ya el punto y final a este pequeño análisis, decir que intentar valorar a este juego etiquetándolo de excelente u obra maestra se queda corto. Más que corto, inapropiado. Y es que solo hay una forma de correcta de definir a ICO. Una obra de arte. Como reza el título del análisis, estamos antes una especie de poesía virtual. Una obra muy personal y diferente que no se limitó a seguir el compás que marcaba la industria. Y como cualquier otra obra de arte, te puede gustar o no, pero lo que es seguro es que no te dejará indiferente.