Portal

Un pequeño pero sabroso trozo de tarta
Debo decir que no me llamó especialmente la atención cuando a finales del año pasado salió al mercado el recopilatorio The Orange Box. Es cierto que solo por Half Life 2 (sin duda uno de los mejores shooters de la historia) y sus dos primeras expansiones (Episodio 1 y Episodio 2) se convertía automáticamente en un imprescindible, pero el hecho de lanzarlos todos ellos en inglés me echó inicialmente para atrás, ya que el citado Half Life 2 lo disponía en su primera versión para PC, con el espléndido doblaje al castellano que ya lo caracterizara en su lanzamiento hace tres años. Sin embargo, pasado el tiempo, me decidí a rectificar este error, no solo por las ganas que tiene uno de no se le oxide su inglés, sino porque también habían llegado a mis oídos muy buenas críticas sobre el juego que hoy nos ocupa. Uno de los cinco títulos que incluye The Orange Box, y casualmente uno de los que no me habían llamado la atención en el primer momento.

En 2005, un grupo de estudiantes desarrollaron un proyecto llamado Narbacular Drop. El objetivo del juego consistía básicamente en moverse por una mazmorra colocando y manipulando portales que nos trasladaban instantáneamente de un punto a otro. Este original juego ganó premios y llamó la atención de la industria. Valve Software, desarrollador de ambas entregas de Half Life, se hizo con todo el equipo detrás de Narbacular Drop, que empezó a hacer un juego nuevo tomando el motor Source y ampliando ese genial planteamiento que los había lanzado a la fama. Así nació Portal.

Portal nos pone en la piel de una mujer (a pesar de ser un juego en primera persona y no haber cinemáticas, podemos verla si jugamos bien con la colocación de los portales) que está recluida para realizar una serie de experimentos con el fin de investigar el funcionamiento de dichos portales. Nunca llegamos a saber los motivos de por qué estamos allí, pero lo cierto es que despertamos en una cámara de pruebas, la primera de las 19 que constan en el experimento. Nuestra tarea consiste básicamente en entrar y salir de cada una de ellas, aunque suele resultar más complicado de lo que parece. Por suerte, casi al inicio nos hacemos con un arma de mano que abre portales dimensionales. ¿Cómo funciona? Crea con un disparo un portal azul en una superficie lisa. Luego uno naranja en otra. Entra dentro de cualquiera de ellos y saldrás por el otro. Así de simple.

Pues no, no es tan simple. No al menos cuando entras por un portal en la pared y sales por el techo. Podemos mantener el impulso al atravesar un portal, por lo que es posible realizar acciones tan inverosímiles como "caer hacia arriba". O podemos crear un portal encima de una amenaza (una pequeña torreta automática) y acto seguido crear otro debajo de una pesada caja. La caja caerá por el portal e irá a parar encima de la torreta, tumbándola en el suelo por el golpe. O incluso tan simple como crear un portal a nuestros pies para una huida instantánea a otro punto del mapeado.

Esta clase de acciones hacen de Portal un juego único. Gracias a nuestra arma de portales podemos trasladarnos a casi cualquier parte, las paredes, trampas o vallas no suponen los impedimentos que en cualquier otro juego. Además, en seguida nos acostumbramos a este poder. ¿Por qué cruzar un largo pasillo si podemos aparecer en el otro extremo en poco más de un segundo? Al principio el diseño de niveles es muy básico, con el fin de que asimilemos como funciona el sistema, pero se irá haciendo más complejo según superemos las pruebas. Tendremos que usar la gravedad para lograr fuertes impulsos gracias al brusco cambio de dimensión, buscar el modo de llevar cajas para activar interruptores que aparentemente son inaccesibles o crear mediante los portales rutas para que unas bolas de energía lleguen a determinados puntos. Cada vez se exige más razocinio al jugador para superar los tests, pero lo cierto es que nunca, ni en las últimas fases, se llega a volver frustrante.

Además, por si no fuera poco lo que Portal ofrece jugablemente (en sus escasas dos horas, diría que ofrece más experiencias novedosas que el 95% de los juegos "normales"), Valve lo ha dotado de una ambientación con calculadas dosis de intriga e hilaridad. Sin entrar en muchos detalles, decir que el contexto aparentemente fiable y relajado del principio del juego irá evolucionando hacia una experiencia bizarra que se permite jugar incluso con una atípica sensación de peligro.

Como ya he dicho, solo un par de horas nos llevará acabar Portal, aunque seguro serán dos de las más sorprendentes, ingeniosas y, en definitiva, divertidas horas de nuestra vida "videojuegil". Cabe decir que tras terminarlo se desbloqueará el nivel avanzado, que complicará los puzles de algunas fases, pero aún así es una pena que el juego se acabe tan pronto. Aunque esto es un arma de doble filo: de haberlo alargado más, quizás se podría dar al garete con la experiencia. Portal consigue entretenerte ininterrumpidamente durante ese par de horas, sin ningún altibajo en el desarrollo, lo cual es prácticamente imposible en un juego de mayor duración. Por muy genial que sea una fórmula, si se estira más allá de sus posibilidades corre el riesgo de quedarse flácida (desarrollo a lo largo insulso). Es por eso que su mayor (y único) inconveniente es, irónicamente, parte de lo que lo hace tan especial.

Sorprendentemente, Portal ha acabado eclipsando por completo al resto de grandes títulos que lo acompañan en el recopilatorio. Episodio 2, expasión inicialmente llamada a ser la estrella de The Orange Box, palidece ante la mayor revelación jugable del pasado 2007. En una época donde las viejas y exitosas fórmulas se repiten hasta la saciedad, nadie debería perderse esta pequeña obra maestra. Mientras vemos los hilarantes créditos, a uno no le queda más remedio que dar las gracias (en voz baja o alta, a gusto de cada uno) a ese pequeño grupo de estudiantes por crear un planteamiento tan brillante, y como no, a Valve, por creer en ellos y traernos a todos esta magnífica adaptación. A veces las cosas más grandes salen de los sitios más pequeños.