Wario Land: The Shake Dimension

Wario de importación: a sacudidas con el Wiimote

Encarar el análisis de este juego ha resultado ser una tarea harto incómoda. Básicamente porque me he encontrado ante un título que obviamente ha sido desarrollado a toda velocidad para cubrir una época de sequía en Wii, un título además corto -en apariencia- y absolutamente desfasado a nivel técnico, pero que sin embargo ha absorbido mi tiempo de ocio hasta que lo he exprimido al 100%.
Wario fue presentado como némesis de Mario en Super Mario Land 2: 6 Golden Coins para Gameboy, y a partir de ahí le "robó" el protagonismo en las portátiles. El fontanero de rojo y azul no reapareció en un título original hasta el lanzamiento de New Super Mario Bros. para NDS, mientras Wario se hacía con el dominio plataformero durante casi tres lustros. Su primera incursión en solitario fue Wario Land: Super Mario Land 3, que inauguraba una saga en forma de plataformas 2D algo atípicos, con una jugabilidad muy diferente a la ofrecida por los títulos de Mario. El nuevo personaje se ganó el corazoncito de los fans, que lo acogieron con cariño, hasta el punto de haber llegado hoy a Wii en un formato tan tradicional como el que le vio nacer.
No vale la pena ahondar en los detalles de una trama que sirve de excusa para justificar los objetivos del juego, pero sí os diré que viene introducida por un vídeo de dibujos animados bastante correcto y muy en consonancia con el talante del personaje protagonista. El diseño gráfico que encontraremos después dando vida a Wario Land: The Shake Dimension respeta los parámetros establecidos por el corto inicial, presentando personajes bien animados, enmarcados en unos entornos ramplones pero muy funcionales.

Es evidente que no nos hallamos ante un juego que exprima la potencia de Wii -de hecho pienso que incluso en N64 (o NDS) este título hubiera sido posible- y que además resulta un tanto "rústico" a ojos acostumbrados a las maravillas técnicas que nos está ofreciendo la generación actual. Tampoco se detecta un esfuerzo especial por mostrar diseños originales en 2D que utilicen mínimamente esos efectos que podrían dar un toque de calidad a los escenarios. No. Todo es extremadamente simple, "retro" y clásico. Hasta la banda sonora es tan discreta que solamente se desliza, sin molestar, a lo largo del juego. Uno diría que este título estuvo pensado para ser lanzado a través del servicio WiiWare, pero que finalmente se depuró hasta justificar su publicación en formato físico. Personalmente pienso que se ha tomado la decisión correcta, porque esta versión definitiva de Wario Land funciona, y bien merece el honor de ocupar un lugar en la colección "videojueguil" de nuestra estantería.

El juego nos invita a superar las fases repartidas en 5 islas, y en cada fase el objetivo es rescatar a un prisionero para luego regresar en el menor tiempo posible a la entrada de dicho nivel. Así pues, podemos dividir el desarrollo de las fases en dos partes muy bien diferenciadas: una primera en la que prima la exploración hasta la liberación del cautivo, y una segunda parte absolutamente frenética que se sostiene sobre la necesidad de regresar antes de que acabe el tiempo marcado, no sin dejar de explorar y recopilar ciertos objetos que sólo pueden obtenerse durante esa carrera contrarreloj.

Así pues, al rescatar al prisionero se bloquean ciertas rutas, y se hace necesario utilizar una especie de cañones que aceleran enormemente la carrera de Wario -limitando sus movimientos y permitiéndole atravesar determinados bloques- pero cuyos efectos quedan anulados si chocamos contra algún obstáculo. Son estos tramos del juego los más frustantes, y suponen un auténtico desafío. Afortunadamente si cometemos algún error siempre podemos retomar la partida justo en el momento en que se inicia la cuenta atrás, para intentarlo de nuevo.

Cada fase plantea también algunos retos optativos, entre los que se incluyen encontrar una serie de tesoros, recopilar una cantidad de monedas u obtener tiempos determinados. Son estos retos los que convierten a este Wario Land en una aventura profundamente adictiva (puede haber hasta 10 en algunas fases), y pienso de veras que acabar el juego sin superarlos sería como ir a la playa en un día sin sol: una experiencia incompleta. Es aquí cuando realmente nos veremos obligados a explorar a fondo, a poner sobre la mesa toda nuestra habilidad y a exprimirnos la sesera para revelar todos y cada uno de los secretos del juego.

Para colmo, al terminar todas las fases de una isla (o mundo) deberemos enfrentarnos a un poderoso enemigo final. Descubrir sus puntos débiles nos hará sudar la tinta gorda…

Además, con el dinero obtenido podremos luego comprar objetos diversos, tales como corazones que aumenten la vida de Wario, mapas que abran el acceso a nuevas islas o melodías para coleccionar y escuchar, entre otros extras. Este factor tan simple sirve como estímulo, y nos animará a recoger tantas monedas como nos sea posible, y a regresar a niveles ya superados para sacarles todo el jugo.

La implementación del wiimote es tan tosca como lo es el personaje protagonista, dotando de una fuerte personalidad al juego. Algunos argumentarán que las funciones que se efectúan con los sensores de movimiento también podrían realizarse con el uso de los botones, pero lo cierto es que sacudir el wiimote para producir terremotos que afecten los escenarios -o agitarlo para vaciar bolsas de monedas u obtener objetos de los enemigos que agarremos- es una manera de identificarse con Wario, de ser tan bruto como él y, qué demonios, al fin y a la postre resulta realmente divertido. Estos movimientos, de los que no se abusa a lo largo del juego, también atraerán a un público más ocasional, que muy posiblemente disfrutará con este título tanto como el mal llamado jugador tradicional. La curva de dificultad está muy bien ajustada, y un buen tutorial al inicio del juego a modo de fase nos enseña sin textos cómo manejar a Wario.

(Vídeo del tutorial)

El magnífico y variado diseño jugable de las fases consigue que nunca se hagan repetitivas, e implementan también el uso del wiimote de formas diversas y originales (apuntar con un cañón, lanzar a los enemigos en la dirección deseada, deslizarse sobre raíles…) Dado que el mando se sujeta de forma horizontal, estos movimientos generalmente se realizan ladeando el wiimote suavemente en una u otra dirección. Por supuesto seguiremos utilizando la embestida como ataque, pero algunos bloques requerirán de medidas especiales para ser destruidos. No debemos olvidar nunca que Wario puede saltar y utilizar su trasero para abrirse camino…
Existen también algunas fases en las que, con la intención de "desengrasar" durante unos minutos las fórmula establecida, se nos pondrá al control de un submarino. Recuperando la mecánica de los clásicos juegos de naves, se tratará de avanzar en un "scroller" horizontal en 2D disparando a todo lo que se mueva hasta llegar al final del nivel. En este caso también se hará uso de los sensores de movimiento, e inclinando el wiimote desplazaremos arriba o a abajo el submarino.
Lo cierto es que Wario Land: The Shake Dimension es un juego variado y exigente que nos arrancará más de una sonrisa. Su tono gracioso y gamberro se contagia, y empapará al jugador durante toda la partida sin que éste se dé mucha cuenta de ello. No creo que la prensa especializada eleve este título al podio de los "must-have" para Wii, esencialmente porque desde el plano técnico podrá interpretarse ora como un trabajo rápido y torpe, ora como un sentido homenaje a los clásicos en 2D, pero en ningún caso se le considerará a la altura de los estándares que se exigen hoy en día.

Sea como fuere, a este analista lo que de verdad le satisface es haber disfrutado de una experiencia de juego muy grata, adictiva y sobre todo rabiosamente entretenida, lo que a sus ojos convierte a Wario Land: The Shake Dimension en un título absolutamente recomendable para todo tipo de públicos. No asombrará a nadie, pero sin duda desborda diversión sin complicaciones por todos y cada uno de sus poros, y desprende un aroma clásico que lo diferencia de la mayoría de títulos que saturan el mercado actual de videojuegos de sobremesa.