Castlevania: Symphony of the Night

Una obra maestra con olor a ajo
Por Markov

Para nadie es un secreto que la nipona Konami es una de las compañías más conocidas por su gran trabajo desde prácticamente los inicios de la industria. Gran parte de su prestigio se debe al hecho de haber creado varias franquicias de las que han salido auténticas joyas, juegos imprescindibles en el repertorio de cualquier jugador que se precie durante las generaciones de 8 y 16 bits. Entre ellas, una de las que cuyo nombre suele ser sinónimo de calidad es la popular saga Castlevania -donde plataformas y aventuras se conjugaban a la perfección-, que toma como base la leyenda de Vlad Tepes y muchas otras fábulas nacidas de la literatura desde una perspectiva épica: la pugna entre una legendaria familia de cazavampiros -los Belmont- y el profano vampiro Drácula que, junto a sus lacayos, tiene como propósito esclavizar a las almas de los humanos, impulsado por el vehemente rencor que tiene hacia los mortales.

Y es que Castlevania conserva a Drácula como ese enigmático y fantástico ser con poderes sobrenaturales y también inmortal, radicalmente opuesto al acostumbrado "vampiro moderno" que aparece en películas y videojuegos tales como Blade, Underworld o Vampire the Masquerade, donde un vampiro no llega a ser ni un tercio de imponente, elocuente y poderoso de lo que es el Drácula de Castlevania, incluso llegando muchas veces a mostrar a los hombres lobos como criaturas más poderosas que los propios vampiros.


A lo largo de varias generaciones, esta prolífica saga nos ha dejado títulos tan destacables como Castlevania: Simon Quest, Castlevania 3: Dracula Curse, Super Castlevania 4, Castlevania 64, etc. Pero si hay una entrega que ha marcado un punto de inflexión en la franquicia es el del presente análisis, Castlevania: Symphony of the Night, que se arriesgó cambiando la fórmula tradicional de los Castlevania anteriores, "la linealidad nivel por nivel". Título que ha destacado por su jugabilidad, originada de una brillante fusión entre plataformas, aventura y RPG, y que sin duda nos recordará a Super Metroid de SNES. Podemos incluso decir que el nivel de SotN
aún no ha sido alcanzado por ninguna de las entregas posteriores de la saga -quizás en algún caso alcancen una calidad similar, pero nunca superior-.

Entrando ya en materia, si notamos algo particularmente curioso y destacable en cuanto a la primera impresión con Castlevania: Symphony of the Night, es que, a diferencia de entregas como Dracula X -cuya estética era totalmente manga-, esta tiene una cierta tendencia de arte romano fusionado con el estilo manga tradicional que le sienta muy bien a la atmósfera general del juego. Pero esa no es la única sorpresa; para maravillar a todas la personas –entre ellos yo- que hayan jugado anteriormente Castlevania: Dracula X, o también conocido como Castlevania: Rondo of Blood, está el gran detalle de que después del FMV de apertura, comienzas a jugar en la fase final de dicho juego, mostrando a Richter Belmont con habilidades muy útiles y conservando algunas de la entrega anterior.


Durante esa fase, si exploramos un poco e improvisamos, nos percataremos de algunas maravillas que nos ofrece el juego en cuanto a jugabilidad o la música de fondo, un rock alternativo japonés. Richter puede correr rápido, girar el látigo a libertad, efectuar maniobras ofensivas al presionar correctamente botones entre el D pad y un botón -creo que era círculo- y también si estamos pendientes de nuestro alrededor, encontraremos ítems que, además de ser inútiles para Richter, jamás han aparecido antes en un Castlevania anterior, lo que sería desconcertante para muchos jugadores fieles a la saga. No tardaremos nada en enfrentarnos a Drácula, pero obviamente será pan comido, ya que aún estamos iniciado el juego.

Pero después de enfrentarte a Drácula y leer el prólogo, seguramente te sorprenderá otro pequeño detalle: el personaje principal no es Richter Belmont -ni siquiera otro miembro de la familia- sino que verás como la silueta que se acerca al pérfido portón del castillo es, ni más ni menos, el hijo de Drácula, Adrián Fahrenheit Tepes -más conocido como Alucard-. Personaje que por cierto ya habíamos visto en Castlevania 3: Dracula Curse, donde ayudaba al Belmont de turno en su cruzada contra el Conde y posteriormente se autoinducía un sueño profundo para librar al mundo de su maldición. Sin embargo, en la entrega actual despierta de ese letargo debido a situaciones más anormales que de costumbre en el caótico castillo de Vlad Tepes Mathias Conqvist, donde se encontrará con Maria Renart, cuyo objetivo es buscar a Richter, desaparecido después de derrotar a Conqvist.


El protagonista es Alucard, desde que inicias el juego hasta terminarlo, y desde el momento que empezamos a controlarlo, nos adentramos en los maravillosos y genialmente logrados escenarios del caótico castillo, que exploraremos libremente, con la soberbia orquesta de Michiru Yamane como música de fondo, donde el mapeado del juego es brillante y complejo, pero sin diferir mucho del estilo tradicional, ya que en nuestro periplo encontraremos trampas y entradas secretas que abriremos con ayuda de la fuerza, llaves o interruptores. Será también normal encontrarnos con puntos inalcanzables o puertas mágicamente selladas que podremos abrir con ayuda de artilugios mágicos, y por esta razón, más de una vez estarás obligado a volver a escenarios anteriores para lograr dicho objetivo. Afortunadamente, para comodidad del jugador habrá cuartos de teletransporte que se activarán al entrar en ellos, en pro de mejorar la experiencia de juego y no dirimir la emoción de adentrarnos en un escenario oculto, lo que nos demostrará que en este castillo caótico y cambiante se puede encontrar diferentes ambientes y climas. Cavernas avernales, un coliseo sanguinario y cuartos adornados con parafernalias al más puro estilo renacentista, muy acertado en la época en que se desarrolla el juego. Toda una sorpresa dentro de un castillo que yace bajo una mística Luna y la típica nebulosa.

A diferencia de los juegos anteriores, los comandos están basados en RPGs tradicionales: una barra de HP -vida-, de MP -magia- y de corazones para nuestros ítems arrojadizos como los cuchillos o el siempre confiable agua bendita, nuestro personaje se fortalecerá en base a la experiencia adquirida, gracias a la cual subirá de nivel y potenciará una serie de habilidades, como en cualquier RPG que se precie. Los elementos que se han agregado a este juego y que lo hacen diferir de los demás se pueden enumerar hasta llenar una lista bastante notable, y entre ellas está el uso de armas de combate cuerpo a cuerpo, un amplio repertorio -con la excepción del tradicional látigo- con diferentes habilidades y efectos.


Debes también recordar que Alucard es un vampiro, y por tanto tiene habilidades sobrenaturales. Al igual que Richter al principio -conociendo los comandos correctos- los especiales de Alucard suelen ser bastante útiles, llamativos -siempre a costa de tu MP, por supuesto- y lo suficientemente potentes como para acabar con las hordas bizarras provenientes de fábulas lovercraftianas, romanas, griegas y egipcias, entre otras culturas. Pero todas ellas no deberían ser rival para nosotros una vez nos hagamos con la dinámica del juego, gracias al progresivo fortalecimiento del personaje -derivado de la subida de nivel-, la amplia amalgama de armaduras, escudos, armas y collares -entre otros accesorios varios- y la aparición de los familiares, una serie pequeños lacayos seleccionables desde un menú -dado que solo podemos llevar uno a la vez- que cuentan con habilidades propias, por lo que nos serán de vital ayuda en más de una ocasión.

El juego también logra llevar más allá una de las ideas claves de la franquicia: "más vale maña que fuerza", no importa cuan fuerte sea Alucard, si no sabes aprovechar lo que tienes a tu disposición, morderás el polvo ante los Jefes y enemigos más poderosos en un santiamén; por otra parte, si eres hábil con el personaje pero sólo cuentas con armas de bajo nivel y habilidades que ofrecen las reliquias, la experiencia será dura, aunque el desafío que amerita tal osadía es una de las grandes experiencias del juego.


El polimorfismo también está a la orden del día, sin duda otro elemento maravilloso del personaje. Justo como relatan las historias de vampiros de abolengo, Alucard puede transformarse en lobo, murciélago y niebla. Obviamente, estas habilidades las aprenderás para ayudarte en los obstáculos que surgirán en tu periplo hacia el oscuro trono de Drácula, pero sin duda la mejor parte es aprovechar las transformaciones para sacar ventaja en una situación precaria durante un combate: para darte una idea, cuando parece que esquivar un ataque es ya imposible, no hay más que aprovechar la propiedad etérea de la transformación en niebla para eludirlo. Con todo lo anteriormente mencionado, está claro que el jugador tiene muchas opciones a la hora de planear como exterminar al enemigo. Una excelente manera de aprender a utilizar varias tácticas es desbloquear la enciclopedia de monstruos, donde unas pequeñas secuencias en forma de demostración nos enseñan tácticas para buscar los puntos débiles de un Jefe.

La fauna de enemigos que puebla SotN es tan variada que podríamos identificar a muchos de varias mitologías anteriormente mencionadas -nunca faltan los icónicos murciélagos o los caballeros con hacha-. Algo que destaca es que, a pesar de ser un juego en 2D, el detalle, la naturaleza y la forma de atacar de los enemigos están muy bien logradas, incluso la forma en que mueren es muy llamativa, ya que no se limita a un simple desvanecimiento, sino que pueden envolverse en llamas hasta desparecer en sus cenizas o desmoronarse miembro por miembro, entre otros efectos, dependiendo de la naturaleza demoníaca o deífica del enemigo en cuestión, siempre acompañados de un gruñido, alarido o grito de agonía cuyo sonido es de una gran calidad. Cada uno tiene sus propias debilidades y a la vez pueden inducir a Alucard en estados como envenenamiento, maldición, petrificación, etc -sí, a pesar de ser vampiro es proclive a las nimiedades que afectan un humano común y corriente-. La forma de morir de Alucard -desapareciendo en una estela de sangre- sería posteriormente tomada por las entregas de Nintendo DS como la forma de muerte estándar de los personajes.


Los diálogos y los efectos de sonido en general están muy bien logrados, a pesar de no ser algo destacable. Se debe dar mérito a la forma de ser de cada personaje que se encuentran con Alucard: la Muerte en todo su semblante habla con una voz rasgada y fantasmal; el propio Alucard tiene una voz característica de vampiro; y Richter posee una voz muy entonada, como si de un momento a otro fuera a dar un discurso. Y la animación de los personajes es suave, detallada y bastante trabajada. Mención especial a la forma en la que brilla el color de la parte interior de la capa de Alucard -claro está, dependiendo de que capa uses-.

¿Pero qué destaca sobre todos los elementos positivos de Castlevania: SotN? ¿Qué hace que esta joya no deje indiferente a nadie? Sencillamente, sus soberbias composiciones, su estética renacentista, su jugabilidad y su amplio abanico de posibilidades. Todos estos elementos se unen en una maravillosa simbiosis, creando una atmósfera realmente brillante y bien lograda, que resume de forma muy precisa cómo es realmente un vampiro y su lúgrube ecosistema. Todo amante de la literatura quedará encantado ante la riqueza que ofrece Castlevania: SotN, y no precisamente por su trama, sino por la ambientación y las exquisitas composiciones de Michiru Yamane que sirven para enriquecer enormemente la experiencia.


¿Y cuáles son los puntos negativos de este juego? El primero, que tampoco fue el pionero con ese planteamiento, ya que indudablemente bebe de las bases sentadas anteriormente por Super Metroid -de ahí que a este estilo de juego se le llamase posteriormente "
Castleroid" o "Metroidvania"-. El segundo, que muchos de los que no hayan jugado un Castlevania en la época de 8 y 16 bits o que tampoco sientan especial predilección por las 2D, no lo disfrutarán tanto como los que somos veteranos en la saga. Y por último, el juego fue "retocado" respecto a la versión japonesa, perdiendo algunos niveles secretos y un par de los familiares anteriormente citados. Pero son solo unos pequeños detalles que no afectan para nada a la calidad indiscutible del juego.

Y es por eso que las entregas posteriores de Castlevania parecen quedarse a medio camino en su búsqueda del éxito, debido a que tienen un altísimo listón por alcanzar, un peso titánico cae sobre sus hombros, cortesía de un juego atemporal, un "must have" de PlayStation y Sega Saturn, el culmen de una saga histórica -si eres fan de las aventuras en 2D-, que no debe faltar bajo ningún concepto en tu estante. Un perfecto paradigma de como servirnos en bandeja de plata la fantasía pura y dura en todo su esplendor.