Spore

Jugando a ser Dios… o Darwin

¡Ha ocurrido un milagro! Gracias al trabajo de Will Wright (Los Sims, SimCity) y al aguante de mi vieja chatarra informática, por fin os puedo traer un análisis en tiempo real, cuando más hace falta, cuando todo el mundo habla de él. Mi ordenador, vieja gloria de la diversión ahora lleno de óxido, hacía tiempo que no movía uno de los grandes títulos que salían al mercado. Ya no recuerdo la última vez que me ilusioné con un estreno fulgurante para PC. Y cual fue mi sorpresa al descubrir que cumplía holgadamente (mentira, los mínimos muy ajustadamente) los requisitos y, en efecto, pronto me vi disfrutando de este impresionante videojuego.
¡Oh!, ¿ha dicho impresionante? Así es, porque fuera de valoraciones personales, es innegable que este título eleva a la enésima potencia uno de los elementos claves en la jugabilidad: la personalización. Sin duda, el buque insignia de este gran título, que nos permitirá configurar a nuestra voluntad desde un ser unicelular hasta los propios planetas. Seremos prácticamente un dios creador, un ser todopoderoso que de la mano de las criaturas que crea otorgará vida y forma a toda una galaxia.

Los ámbitos de personalización son casi ilimitados en lo referente a nuestra especie, de la que iremos conformando sus aspectos físicos, sus ciudades o sus vehículos, llegando por último a los mismos planetas e incluso al himno que nos acompañará en nuestra divina gesta.
Contamos con potentes editores (uno de ellos el de criaturas que tantos polémicos engendros desarrolló en su versión demo) para hacer nuestra voluntad sobre su mundo. Contaremos con multitud de opciones (desde decenas de tipos de brazos, piernas, ruedas, máscaras… vamos, de todo) que nos permitirán crear nuestros seres, vehículos o edificaciones. Hecho esto podremos, mediante tres capas de color y un amplio número de texturas, dar vida a todo lo que pase por nuestra mente, las opciones a mí no se me quedaron para nada cortas. Volveréis una y otra vez al creador para poner a prueba vuestro ingenio e imaginación, sin duda una herramienta de lo más atrayente.

Mi especie, el noble pueblo de Atreides, en la época tribal.
Se podría decir que es feo, pero yo lo considero simpático.
El juego se subdivide en cinco “fases” que coinciden con diferentes estadios a lo largo de la evolución. Comenzaremos desarrollando una célula, pasando luego por un animal, una tribu, una civilización y por último un imperio galáctico (el estadio que más posibilidades tácticas nos ofrece). Veremos el desarrollo de nuestras criaturas desde aguas primigenias hasta los límites insondables del espacio (llegada la última fase podréis verlo en toda su magnitud), siempre bajo nuestro liderazgo y valores que irán marcando un determinado itinerario, tanto en capacidades como en las costumbres de nuestros súbditos/creaciones. Todo influirá en la línea temporal de nuestra evolución: el tipo de alimentación, el tipo de interacción con otras sociedades o la vertiente de nuestra civilización.
Los cinco estadios son totalmente diferentes en cuanto a mecánica y desarrollo:

En el estadio celular seremos un protoalgo intentando fagocitar el mundo. Seamos pacíficos herbívoros o agresivos carnívoros, estaremos solos en la jungla de la vida. Nadie puede vivir sin defenderse y tendrá que luchar por la supervivencia, así que pensad en como vuestro organismo puede resultar intimidante, grande y dañino (púas, veneno, electicidad, ¡todo vale!). Tendremos que desplazarnos en 2D sobre el acuático caldo de cultivo de la vida, alimentándonos para crecer y reproduciéndonos para acceder al editor de criaturas donde iremos marcando las pautas de nuestra evolución. No os preocupéis si morís, porque simplemente tomaréis el control de otro organismo idéntico al vuestro (digamos un primo) en otra parte de este mar primigenio.
Una especial mención a los horripilantes fondos que transformaron mi estadio celular en una horrible pesadilla. Debajo de nosotros veremos criaturas de pesadilla, seres venidos de planos paralelos de una maldad hedionda (es indescriptible, solo poned el detalle del juego en alto y descubriréis poco a poco el misterio que habita en los fondos marinos y que todos recordareis hasta el final de vuestros días).


En el estadio de criatura habremos salido del mar para continuar la lucha en tierra. Sobre piernas, la lucha ya no será a escala individual sino a escala de especie. Tendremos que aliarnos o exterminar a nuestros rivales en busca de la facultad de la inteligencia que nos guiará al próximo estadio. Para acabar con ellos podemos recurrir a la clásica pauta de mordiscos, embestidas y zarpazos. La otra vertiente, la social, consistirá en comunicar e impresionar a otros seres mediante cantos, danzas… (que tendrán varios niveles de ejecución, lo que nos llevará a mejorar, mediante órganos y partes, nuestra capacidad para esta interacción social). Esto nos proporcionará las mismas recompensas que matarlos y además nos permitirá conseguir aliados para pelear o para continuar con ese proceso socializador (que mejorará puesto que también se suman los efectos de nuestros aliados).
Tener aliados, por lo tanto, es igual de valioso para exterminar como para aliarse con los otros. Estas dos vertientes bien equilibradas son una elección voluntaria que tendremos que seguir realizando durante todo el juego (lo que forma parte de su encanto). Comer volverá a ser vital, para mantener nuestra energía y poder realizar nuestras tareas, así como ir descubriendo nuevas partes para el creador de criaturas que nos permitirán mejorar las habilidades que necesitemos.
La muerte de un miembro de la especie vuelve a no significar nada en el camino de la evolución, ya que retomaremos el control de otro miembro y continuaremos nuestra aventura. Una vez configuremos definitivamente nuestra especie (a base de cópula) y alcance la inteligencia para hacer humor (eso dice Wright al menos) daremos un paso más en la pirámide del Spore.

El estadio tribal podríamos considerarlo una evolución del anterior. La mecánica es la misma, conquistar o aliarnos, solo que ahora dispondremos de muchas más variables (convirtiéndose en un juego de estrategia en tiempo real). La primera es que ahora nuestra especie está definitivamente creada, podremos retocarla con ropajes, máscaras (muy bonitas) y accesorios varios que dotan a nuestros seres de un acertado aspecto arcaico y tribal. El centro neurálgico de la actividad será la aldea que podremos construir según nuestras necesidades, ya que los edificios ofrecerán herramientas y armas a nuestros “súbditos”. Tendremos también que recolectar fruta, pescar y pastorear feas criaturas (las mismas que pululaban el mundo en el estadio de criatura, y que no sé por que, por lo general son animales raros o feos).
La interacción con los demás se complica, ya que ahora necesitaremos instrumentos musicales y regalos para cautivarlos. También contaremos con los poderes del chamán (el líder de la tribu) que nos ayudará a seducir a nuestros convecinos. Bajo el poder de herramientas como lanzas, hachas y antorchas, será nuestra la elección de arrasar aldeas.
Aunque la ambientación de esta fase tan mística, tribal y misteriosa me atrae sobremanera, es a mi ver la más floja del juego en variedad y duración, pero aún así resulta muy atractiva. Recordad ir desbloqueando todas las opciones de los editores de cada estadio, ya que nos abrirán muchísimas posibilidades. Una vez nuestra raza domine el mundo, pasaremos a la siguiente etapa.

En el estadio de civilización intentamos dominar todo el planeta, aunque a veces nuestro mayor enemigo podemos ser nosotros mismos. Contaremos con una ciudad para gestionar, que producirá recursos y ciudadanos descontentos. Necesitamos un equilibrio entre la producción fabril y la felicidad de la gente, lo que solo lograremos con una correcta distribución de los edificios (que previamente hayamos diseñado). Tendremos que hacernos con fuentes de recursos (la especia será el foco de luchas en este universo) y lanzarnos a la conquista del resto de ciudades del globo planetario (muy bonita la rotación alrededor del planeta esférico, ¿verdad Ptolomeo?).
Según nuestro itinerario, a lo largo de la evolución (más herbívoro-social o más carnívoro-agresivo) nuestra primera ciudad estará centrada en el aspecto religioso, económico o militar, que serán las tres vías de conquistar las ciudades enemigas. Por supuesto, será convenciéndolos, comprándolos o destruyéndolos hasta que rindan sus banderas a nuestros pies. Por tierra, mar y aire, nuestros vehículos llevarán nuestro credo, dinero y/o fuerza a donde quiera que se nos opongan.
El juego, de dificultad media-baja, comienza en este estadio a generarnos algún que otro problema, el número de variables a manejar se hace más grande y con ello los problemas con los que tenemos que lidiar. Un detalle magnífico que deja esta parte es la posibilidad de configurar el himno de tus naciones con un editor fácil y completo. Podremos (incluso de forma aleatoria) crear fantásticas melodías en cuestión de cuatro clicks.

El estadio espacial o galáctico comienza una vez que dominemos nuestro mundo. Tendremos acceso al vuelo interplanetario, abriendo así ante nosotros toda una galaxia (y para nada hablo de forma metafórica, es ofensivamente enorme). Podremos viajar de planeta en planeta hasta llegar a hacernos preguntas metafísicas, como cual es el origen del universo o cuanto es una milla en km. Crearemos nuestra nave espacial, que flotará en nuestra atmósfera y mediante la rueda del ratón (botón predefinido) la podremos hacer ascender, ascender y ascender hasta ver desde arriba la espiral de la galaxia.
Este es, sin duda, el estadio más completo, complejo, largo y divertido. Comenzaremos en nuestro primer planeta y con nuestra pequeña nave galáctica tendremos que explorar el cosmos, forjar alianzas, conquistar planetas y comerciar con la especia. Hasta ahí, todas las opciones típicas de un juego del espacio. Pero también podremos terraformar planetas inhóspitos creando atmósferas, colocar especies abducidas en otros planetas para crear ecosistemas, conseguir herramientas para moldear el relevo y orografía planetaria (también muy variadas y de las que podremos sacar planetas de autentico ensueño)… y un largo etcétera que nos cautivará durante horas. Encuadrado en el marco de la galaxia, todo estará en nuestras manos, con detalles curiosos como el monolito de 2001 (Una Odisea del Espacio), que como en la película permitirá a especies en otros estadios evolucionar. Tendremos que ir consiguiendo medallas, comerciando, defendiendo aliados, conquistando o colonizando planetas, explorando, viajando… Todo un itinerario que tendremos que ir recorriendo en nuestra navecilla, que irá ganando en poder, velocidad y resistencia con la compra de artefactos y accesorios.
Hacernos con el control de los planetas y sus recursos en las distintas especias (de distintos colores), así como crear alianzas y rutas de comercio abrirá el marco para enriquecernos y desarrollarnos como el imperio que colonizara la galaxia de Spore.

Gráficamente agradable, con nuestras creaciones moviéndose e interactuando de forma eficiente y bella (rezando, corriendo despavoridos…), es además, como ya comenté al inicio, un título muy bien optimizado, precisando pocos recursos a pesar de todo lo que pone en pantalla. Grácilmente acompañado por melodías ambientales (donde se introducen después nuestros himnos) origina una suave amalgama que dulcificará nuestras muchas horas enfrente de este título, dándole como siempre la batuta a nuestra capacidad para crear y personalizar.
Al igual que hace unos años seguimos el camino de la evolución de la mano de E.V.O: The Search for Eden, por mucho que les pese a los ”creacionistas” podemos volver a recorrerlo ahora de la mano de Spore. Pero eso sí, envuelto en la compleja (y completa) tercera dimensión, teniendo como más que nunca por bandera el poder de hacer del mundo nuestra voluntad. Daremos vida a una especie desde el inicio de los tiempos hasta el futuro más lejano… ¿Será tal vez a nuestra imagen y semejanza?