Wii Music

¿Qué es Wii Music?
En HazardGames intentamos explicártelo

Un analista de videojuegos muy probablemente nunca haya encontrado reto tan estimulante como el de explicar a sus lectores en qué consiste un título tan difícil de definir, tan diferente y único, que rompe esquemas y redefine no ya el concepto de juego musical, sino la idea misma de videojuego.

La mayoría de vosotros ya sabréis que Wii Music ha provocado respuestas muy dispares entre los medios tradicionales: de una medianía a ser considerado un juego sobresaliente, lo más interesante ha sido descubrir cuán diferente era la descripción que unos y otros hacían del videojuego, hasta el punto de hacer dudar al ingenuo lector de si dichos analistas habían jugado al mismo título.

Pienso que la primera función de un analista es explicar muy bien cuáles son las características jugables de un videojuego y la experiencia que ofrece, así como evaluar –de forma más o menos argumentada- hasta qué punto sus gráficos, el sonido o la ambientación, entre otros, potencian luego dicha experiencia. Sólo al final, tras haber presentado esos datos, debe valorarlos, porque de lo contrario condiciona en gran medida la opinión de sus lectores, proyectando siempre una mirada sesgada sobre aquello que trata de analizar. Así pues, siempre he creído que es muy importante diferenciar los hechos de las valoraciones personales, de modo que sea el lector quien finalmente pueda juzgar libremente tomando como base el texto presentado.

Ante un título como Wii Music, esto se me antoja aún más necesario.

Para entender en qué consiste Wii Music es muy importante que os aseguréis de comprender muy bien qué significan y en qué se distinguen los siguientes conceptos musicales. Os recomiendo que accedáis a estos enlaces y leáis las definiciones con detenimiento antes de continuar (especialmente la primera): ritmo, tempo, compás, tono y nota musical.

Wii Music comienza presentando un tutorial imprescindible, en el que se nos explican los cuatro modos que tenemos de tocar los diferentes instrumentos de los que dispondremos a lo largo del juego (unos 60). El modo piano, por ejemplo, se toca colocando el nunchaku y el wiimote de forma horizontal, y moviéndolos de tal forma que simulamos estar presionando una tecla como si cada una de nuestras manos fuera un dedo. Dependiendo de la fuerza del movimiento, daremos más intensidad al sonido. Con A, C, B o Z podremos provocar trémolos o sordinas, manteniendo presionado A o C incluso arpegios, y con el stick analógico hacia arriba o hacia abajo podremos realizar un glisado creciente o decreciente (como si deslizaráramos los dedos sobre el teclado del piano). Las flechas de la cruceta, anecdóticas, provocan curiosas reacciones visuales en el Mii intérprete, que encantarán a los más pequeños de la casa.

Explico sólo las características del modo piano para que os hagáis una idea de cómo se tocan los instrumentos en Wii Music, pero los otros modos (guitarra, violín y flauta) tienen sus características específicas. Además, no todos los instrumentos aprovechan todas las variables comentadas, habiendo algunos mucho más simples y asequibles para jugadores menos hábiles. Es muy importante entender bien el funcionamiento de cada modo instrumental, para poder luego sacar toda la punta a nuestras interpretaciones.

El tutorial continúa presentándonos a los “Be-Nitos”, curiosas notas musicales que cumplen la función de metrónomo, marcando el ritmo básico que debemos seguir mientras suene la melodía. Son nuestro espacio de trabajo y nuestra guía, y suenan tanto en los altavoces del televisor como en el del wiimote. La canción empieza, y nos damos cuenta de que si la seguimos al ritmo que marcan los “Be-Nitos”, el propio juego pone las notas musicales que dan armonía a la melodía, de un modo que casi parece mágico. Es como si la parte de la canción que interpreta tu instrumento estuviera silenciada, y al mover el mando tú le dieras sonido. Imaginas la melodía en tu cabeza (y para ello debes conocerla bien), la oyes en silencio, y sólo la haces sonar cuando lo consideras oportuno. En cambio, si no seguimos dicho ritmo, producimos sonidos cacofónicos que empañan nuestra interpretación.

Sin embargo, también podemos improvisar, creando “subritmos” siempre que respeten el tempo y el compás marcado por los “Be-Nitos”. Y estos ritmos pueden construirse de muchísimas y múltiples formas, con silencios, con negras, blancas, redondas, corcheas o semicorcheas que “colocamos” sacudiendo rítmicamente el mando. También podemos manipular el instrumento, y jugar con las diferentes técnicas que ofrece. En este sentido, el juego puede ser de todo menos simple.

Estos son, a grandes rasgos, los cimientos jugables sobre los que se asienta Wii Music. Conozcamos ahora cómo y de qué manera se aplican.

Aquí tenéis el tutorial completo con el que se inicia el juego.
El meollo del juego está en el modo “Improvisación”, que a su vez se subdivide en “Ensayo instrumental”, “Sesión de grupo rápida” y “Sesión de grupo personal”. En “Ensayo instrumental” se nos presenta a todos los instrumentos musicales que hayamos desbloqueado. Allí encontraremos breves descripciones de cada instrumento, podremos conocer cómo suenan y qué técnicas podemos aplicar sobre ellos.

En “Sesión de grupo rápida”, de 1 a 4 jugadores pueden unirse a la banda para interpretar una melodía presentada al azar con instrumentos asignados también al azar. Este modo puede resultar divertidísimo si los participantes tienen las ganas y la paciencia de aprender la melodía, el papel que desempeña cada uno de sus instrumentos, y a posteriori qué grado de improvisación pueden aportar. En caso contrario, el resultado será una cacofonía insoportable y absolutamente frustrante, que quitará las ganas a cualquiera de seguir tocando (y aún más de seguir escuchando). Para facilitarnos el aprendizaje de la melodía y para ayudarnos a entender qué papel ejerce el instrumento que tocamos, con el botón menos podemos desplegar un gráfico que nos indica un ritmo prefijado que podemos seguir a rajatabla. De este modo interiorizamos la melodía, nos familiarizamos con ella, y vamos practicando hasta encontrarnos cómodos con sus ritmos. Es curioso cómo uno se da cuenta en seguida de si lo hace bien o mal, se va “picando”, y al poco siente la necesidad de mejorar la interpretación, de aportar algo más allá del ritmo marcado.

El gráfico que indica en qué momento debemos hacer sonar nuestro instrumento. Su función es meramente orientativa para que nos familiaricemos con la melodía.
A partir de ahí todo puede ser ya improvisación, sacar a la luz nuestras habilidades rítmicas y, en el hipotético caso de que 4 amigos se reúnan, iniciar discusiones sobre el desempeño y el papel de cada uno de sus miembros. De hecho, cuantos más jugadores haya más complicado resulta seguir la melodía, ya que desaparecen las referencias y abundan más los errores. Sin embargo un resultado óptimo puede convertirse en una de las experiencias más satisfactorias que un videojuego pueda ofrecerte. Llega un momento en que los jugadores ya no necesitan mirar al televisor, cierran los ojos y escuchan la melodía en su cabeza. Así surge de sopetón toda la filosofía en la que Nintendo se basó para crear el wiimote y este juego en concreto: se trata de que realmente creas que estás tocando ese instrumento, de que te “flipes” un poco y sientas la música en tu interior. Lo más curioso es que al alcanzar este punto es cuando realmente consigues los mejores resultados, todo suena mejor y la experiencia es auténticamente única, similar a cuando dejas que la música te embriague y bailas convencido de que lo estás haciendo bien (algo de lo que, todo sea dicho ya de paso, no todo el mundo es capaz).

Si el resultado final nos parece satisfactorio, podemos guardar nuestra canción en un álbum, para visualizarlo después o compartirlo con nuestros amigos. También se nos ofrece la posibilidad de modificar su carátula para personalizar nuestra “obrita maestra”.

La canción “Campanita del lugar” con improvisaciones del pianista.
Tarda en cargar, pero vale la pena verlo.
El modo “Sesión de grupo personal”, que también permite un máximo de 4 jugadores, ofrece la posibilidad de exprimir el juego hasta límites insospechados. Aquí podemos escoger la melodía –debidamente identificada y descrita- y el escenario en el que tocaremos (que cambia de forma sutil la acústica). Hecho esto, se nos presentará en pantalla a los seis miembros de la banda tocando ya la melodía, cada uno en un recuadro llamado “sección”. Desde este menú se nos da la posibilidad de modificar a placer todos los elementos que se nos puedan ocurrir, mientras comprobamos en tiempo real los efectos que producen dichas variaciones sobre la melodía: podemos manipular el estilo musical, el tempo, incorporarnos nosotros mismos sustituyendo a uno de los músicos para practicar la melodía con el instrumento que elijamos, podemos eliminar a miembros de la banda para que no participen, silenciarlos a todos para escuchar solamente a uno y entender cómo encaja su interpretación, o incluso cargar nuevos músicos con diferentes instrumentos y maneras de interpretar… Este modo funciona como una especie de intuitivo y sencillo editor musical en el que podemos reconstruir desde sus bases la estructura completa de la canción.

De hecho, podemos sustituir a cualquier miembro de la banda –recordad que le llamamos “sección”- y tocar en su lugar el mismo u otro instrumento. De esta forma vamos descubriendo el encaje que cada instrumento puede tener en el “todo” melódico que conforma la canción. Cuando efectuamos nuestra interpretación individual o de grupo, a posteriori podemos sustituir a los músicos predeterminados por las interpretaciones propias que mejor nos hayan quedado, hasta llegar a un punto en el que la banda al completo –todas las “secciones”- puede estar conformada por las interpretaciones de los jugadores, con nuevos instrumentos y características, cambiando radicalmente el estilo inicial de la melodía. A este proceso el juego lo denomina “superponer secciones”. Lo mejor de todo es que podemos compartir estas interpretaciones con nuestros amigos (eso sí, lamentablemente sólo con los que tengamos en lista) a través de la red mediante los álbums, descargar los suyos y sustituir con sus “secciones” las nuestras. A partir de ahí podemos iniciar de nuevo todo el proceso de modificación, que en el fondo no es más que ir depurando la melodía hasta que nos parezca satisfactoria, o hasta que simplemente nos hartemos.

La “sesión de grupo personal” es infinita en el sentido profundo de la palabra, ya que el conjunto de variables es tan grande que nunca obtendrás la misma melodía: desde tu actuación con el instrumento propiamente dicho, hasta la manipulación de los múltiples parámetros que Wii Music nos deja modificar, nos convertimos en arquitectos e intérpretes de la canción seleccionada.

Wii Music ofrece también una serie de entretenidos minijuegos en el modo “Juegos”: Mii director, Sinfonía de campanas y Tono perfecto. En Tono perfecto se plantean preguntas-problema musicales de diversa índole que debemos resolver en el menor tiempo posible, tales como ordenar sonidos según su tono, identificar una serie de notas o reestructurar ritmos musicales, entre muchos otros. El grado de dificultad va aumentando a medida que progresamos, hasta niveles ciertamente altos.

En Sinfonía de campanas se trata de sujetar el nunchaku y el wiimote a modo de campana y sacudirlos para hacerlos sonar cuando se nos indica en pantalla. Podemos configurar la complejidad del minijuego, y pueden participar hasta cuatro jugadores. Al final se calificará nuestra intervención, estimulándonos para repetir la prueba hasta obtener un mejor resultado. Este modo de juego es muy simple, pero tremendamente entretenido, especialmente entre cuatro jugadores.
En Mii director se nos pone al frente de una orquesta, que al ritmo de nuestra batuta podrá interpretar 5 melodías diferentes. Este minijuego pone de relieve una vez más la auténtica filosofía de Wii Music: Créetelo. Créete que están tocando al son de tu brazo. Cierra los ojos y marca el tempo… En realidad lo que hacemos es tomar el papel del metrónomo, por lo que debemos seguir el ritmo marcando un tempo muy concreto sin salirnos del compás, alterándolo según el momento musical de la melodía –ahora más rápido, ahora más lento. Igual que en Sinfonía de campanas, aquí también somos puntuados en función de cómo lo hagamos. La gracia es descubrir en qué momentos debemos acelerar el ritmo y en cuáles reducirlo, y en qué grado.
La gestión de los álbums se efectúa en el modo Vídeos. Como curiosidad, durante la visualización de un álbum podemos centrar nuestro interés sobre cualquier intérprete si mantenemos pulsado el puntero del wiimote sobre él. Lo peor: los álbums sólo se pueden compartir entre amigos que tengamos registrados en nuestra Wii. Sospecho que Nintendo puede estar preparando un canal que serviría de plataforma mundial para compartirlos (de hecho me parecería muy grave que no lo hicieran).

El último modo de juego –Clases- incluye una serie de tutoriales que nos permitirán irle tomando el pulso a Wii Music. Estos tutoriales se desbloquean a medida que vamos jugando, y son una herramienta fundamental que todo jugador debería estudiar con interés para comprender bien las posibilidades que ofrece el título.

Si conectamos la Wii Balance Board podemos acceder a un modo extra, el de la batería. De ello os hablaré en una futura edición de este análisis, ya que a día de hoy no dispongo del periférico. Prometo solventar este tema y modificar este texto tan pronto me sea posible.

En los demás aspectos, Wii Music sigue a pies juntillas los estándares establecidos por la “franquicia” de títulos con el prefijo Wii, desbloqueando extras a medida que exploras el juego (tales como melodías o nuevos instrumentos), y presentando unos menús limpios y estructurados, una inmejorable integración de los Miis y unos gráficos simples pero muy nítidos que cumplen sobradamente sin estropear la experiencia de juego. Los Miis, como en Wii Sports o Wii Fit, son la representación de tu yo en el mundo virtual del juego, y la sincronía de tu Mii con los gestos que realizas usando el wiimote hace que te identifiques de forma inmediata con el personaje que gesticula como tú al otro lado de la pantalla. De hecho, la línea entre realidad y ficción se hace más fina: tú eres, más que nunca, el monigote que ves en el televisor. Este logro, del que se ha hablado muy poco en los medios especializados y al que se ha dado muy poco reconocimiento, es en mi opinión una de las mayores hazañas conseguidas hasta ahora en el mundo de los videojuegos, y el auténtico motivo del éxito masivo de Wii.

Pero Wii Music tampoco está exento de defectos. Es cuestionable el número total de melodías de las que dispondremos cuando las hayamos desbloqueado todas y para colmo, aunque populares, en general no son en absoluto iconos de la historia de la música (salvo excepciones). Está por ver si Nintendo ofrecerá alternativas vía descarga desde la Tienda Virtual, pero aunque puedan parecer pocas, lo cierto es que dominar el medio centenar de melodías no será precisamente coser y cantar. Y es por eso, enlazando con la segunda crítica, que Nintendo ha optado por seleccionar una serie de canciones reconocibles y relativamente sencillas, que no complicasen más de la cuenta el proceso de aprendizaje.

Otro aspecto que para algunos podrá resultar chocante es el uso de tecnología MIDI para dar sonido a los instrumentos musicales. En realidad este título hubiera sido imposible sin el uso de dicha tecnología, dado que la música se produce en “tiempo real”, por decirlo de algún modo. La calidad sonora de los instrumentos es bastante irregular, y así como el violín o el piano suenan de maravilla, en algunos casos tendremos que usar un poquito la imaginación para identificar ciertos sonidos con los reales. El uso de perros o gatos como instrumento es también un pelín ridículo, pero sin duda su graciosa simplicidad cautivará a los jugones más jovencitos.

Wii Music es el videojuego musical por excelencia, y se aleja diametralmente de títulos como Guitar Hero o Rock Band, con los que me atrevería a decir que comparte poco más que la etiqueta del género. Como hizo Wii Sports en su momento, rompe moldes en muchos sentidos, hasta el punto de ampliar las fronteras del concepto mismo de videojuego. Leí hace unos días un artículo en el que se afirmaba que Wii Music es probablemente el “software” más bienintencionado que ha desarrollado Nintendo en toda su historia. Coincido plenamente con tal apreciación.

Wii Music acerca los fundamentos de la música al gran público, los simplifica con genialidad y simpatía y, como la auténtica magia, nos sumerge en un maravilloso engaño haciéndonos sentir que tenemos verdadero control sobre la melodía que interpretamos. No es un título para todos los públicos, pues exige del jugador esfuerzo, implicación y ganas de aprender, y hasta cierto punto un acto de fe, una complicidad que intenta ganarse desde el tutorial inicial. Ni que decir tiene que todos aquellos que tengan problemas para seguir el ritmo en una discoteca –o en cualquier evento musical- van a sentirse muy frustrados. Aunque con paciencia bien podrían aprender mucho con este juego.

Miyamoto y su equipo lo han conseguido una vez más, regalándonos una experiencia de fascinante frescura. Su innovadora propuesta funciona, pero hay que tener la mente muy abierta para no quedar desconcertados ante Wii Music. Tendremos que derribar todo prejuicio y apartar las ideas preconcebidas que los años entre videojuegos hayan podido incrustar en nuestra memoria. Dejar que nos cautive sin oponer resistencia. Reconocer con humildad que, a pesar de nuestra experiencia, con Wii Music partimos de cero, y que debemos mirarlo con los ojos profanos de quien no sabe, de quien descubre y se sorprende.

Esos mismos ojos, en definitiva, con los que miran quienes llamamos, con ligereza y demasiado desprecio, público “casual”…

*NOTA IMPORTANTE: Si a lo largo del texto he cometido algún error en el uso de la jerga musical, pido disculpas. Lamentablemente no tengo conocimientos profundos sobre el tema (aunque he tratado de ilustrarme mientras realizaba el análisis!).