Painkiller

Imagina Ser Serious Sam

Cuanto le debe el mundo de los videojuegos a los estudios independientes, o también denominados pequeños… Gracias a ellos y a sus ganas de salir adelante y hacerse un hueco, surgen títulos sin mucho marketing o promoción detrás. Pero como reza el dicho, “si algo es bueno, se vende solo”, y eso es lo que ha ocurrido con esta producción que tratamos ahora. No es la única reciente, ya que compañías como 1C, GSG Game World o los creadores del maravilloso The Witcher van abriéndose paso (firme, eso sí) en un mundo donde parece que últimamente las ansias de ganar dinero y la fagocitación de estudios está a la orden del día.

En este caso, los chicos de People Can Fly y Dreamcatcher nos trajeron un shooter en el más puro estilo de la palabra: disparar y disparar sin cesar. El argumento es solo una excusa, aquí lo que vale es matar hordas del infierno hasta que te salgan callos en los dedos, y con algunos jefes finales usar el cerebro un poquito, pero nada más. Parece simple, pero en su simpleza está lo grande de este título. Vayamos por partes (antes de empezar, señalar que Painkiller salió para Xbox, pero no así la edición Black que aquí comento, con lo cual no puedo decir que tal es la versión para consola).

En Painkiller encarnaremos a Daniel, un humano que murió en un accidente de tráfico junto con su mujer. Esta va al cielo, pero Daniel se queda vagando por el purgatorio. Aquí, como ya se sabe, van las almas que han hecho algo malo en su vida anterior, pero no el mal suficiente como para ir al infierno. El problema es que nuestro protagonista no recuerda por qué se “merece” estar atrapado en el purgatorio.

Para purgar su alma, tiene que ayudar al cielo a retener la invasión que planea eternamente el infierno, evitando que consumen sus planes, con lo que él solo es un peón en una partida de ajedrez (con la diferencia de que si lo matan, se convertirá en un alma sin presencia que no podrá nunca salir de allí). Pero Daniel se revela como un personaje con grandes aptitudes para el combate contra los demonios, y de ser un don nadie a enfrentarse a la misión más peligrosa de todas: encontrar y cerrar los portales que envían a los demonios al purgatorio (y de paso limpiar el lugar de los mismos).

Tras terminar cada ronda de niveles (hay siete rondas en el juego compuestas por una serie de niveles cada una, según la dificultad serán más o menos) se nos dará una secuencia bastante larga, pero sin llegar a aburrir. He de decir que la historia cumple en el sentido estricto, oséase, quien juegue a Painkiller esperando una historia como Constantine o Fausto se equivoca de juego. Eso sí, cumple lo justo como para que tampoco sea un simple “mata mata”, pero lo cierto es que es una pena, porque si se hubiesen esforzado más les hubiese salido algo realmente bueno y destacable. La base tiene potencial, aunque es evidente que la orientación del juego es clara y concisa, y los programadores no querían hacernos perder tiempo para disfrutar de lo que realmente está hecho con mimo.


El apartado técnico roza la excelencia y envejece del diez. En las capturas adyacentes a este análisis lo podéis comprobar, y es que es increíble lo que han conseguido los desarrolladores con tan poco presupuesto. El mismo motor se ha licenciado a varias empresas, lo que demuestra que es bastante bueno y de calidad.

Los enemigos muestran un modelado excepcional y en todo momento parecen demonios del infierno, y variedad hay la que quieras y más. Dado que el juego anda cerca de la treintena de fases y que en cada una hay tres tipos de enemigo… haced vosotros mismos los cálculos. Además son de diseño original: si por ejemplo el escenario es una base de la II Guerra Mundial, los enemigos más numerosos serán una especie de soldados enmascarados para la guerra química, con fusiles y bayonetas; después, unos mas difíciles de matar que tienen lanzallamas o lanzagranadas, tanques, artillería,…

Los escenarios presentan una recreación artística apabullante. Si estás dentro de un monasterio, no lo dudarás y te sumerge de una manera impresionante. Lo que no es tan bueno es que no hay interacción con el escenario, mas allá de romper cajas con ítems, y es una pena, porque aunque el juego no se acerque al realismo, ver como un trozo de pared se desprende fruto de un error al apuntar con la escopeta hubiese sido un puntazo. Pero es un detallito que no logra empañar el acabado visual del juego.

Asimismo la optimización es de matrícula, y cabe destacar que con los requisitos mínimos puedes jugar en nivel medio (con alguna que otra ralentización, pero ya es notable que se pueda). Lo más sorprendente es que las hordas constantes de enemigos no someterán a tu PC a sufrimiento. Lo único que puede hacer que este se resienta algo es el humo, pero eso es algo común en todos los juegos si no tienes mucho equipo.


En cuanto al sonido, la música de ambiente acompaña en los momentos de relax y exploración, que dicho sea de paso, son pocos, pero ayudan a meterte en harina. En cambio, cuando sea hora de un combate oiréis una pista de música rock-heavy que os pondrá en faena y os ayudará a deshaceros de las hordas infernales. Da igual que no te guste el heavy, te gustará el detalle.

El doblaje, que decir del doblaje… Sí, esta doblado al castellano, pero si os digo que el doblador es ni más ni menos Tomás “IwannabetheMaxPayne2” Rubio (la voz nasal por excelencia) quizá os eche para atrás instalarlo en castellano. Mi consejo es que si sabéis inglés como para escucharlo lo pongáis en VO, pero si no entendéis inglés hablado (el juego carece de subtítulos cuando se habla) ponedlo en español la primera vez, haced de tripas corazón y después rejugadlo en inglés para purificar vuestra alma y oídos en caso de que no queráis ir al purgatorio. Los efectos de sonido de las armas, enemigos… son correctos y bien diseñados. No te hacen emocionarte hasta el clímax, pero sí que están diseñados con esmero.


En cuanto a la jugabilidad, baste decir que Painkiller es un shooter. Así que, antes de nada, definamos
“shooter” correctamente: un shooter es un juego donde te dan una pistola y tu única motivación es masacrar hordas de enemigos para llegar al final. Ni exploración, ni tarjetas llave, ni NPC… nada, masacra para llegar al final. Realmente shooters en el mercado hay pocos, siendo el rey de la colina indiscutible Serious Sam Second Encounter, y habiendo subproductos como el Nitro Family o Serious Sam 2 (batacazo a una saga que precisamente no necesitaba innovar). Definido este subgénero, y esperando que los que leáis esto no llaméis shooter a un juego solo porque muestre vista en primera persona, sí podemos incluir a Painkiller en este subgénero.

Ahora pensaréis que no innova y es un mata mata más. El problema de este género, es que los que buscan estos juegos solo buscan diversión sin pretensiones, y un paso en falso, una pizca de innovación que fastidie la sencillez puede ser tan ideal como una gota de aceite en un vaso de agua. Pero podemos decir que Painkiller ha decidido innovar en este género y para bien. ¿Cómo hacer un mata mata profundo? Pues poniendo ciertos retos por opcionales, es decir, que si quieres los haces y si no, pues no, aunque son demasiado jugosos como para no picarse por ellos

Tras la intro, se nos muestra el mapa de misiones. Elegimos la que queremos (sí, podemos volver atrás porque nos gustó aquel nivel o para completar ciertos elementos de los que hablaré más adelante) y entramos. En el primer nivel solo disponemos del arma Painkiller (que da nombre al título), quizá de las más efectivas en el juego. El ataque principal es una cuchilla giratoria de gran poder que cercenará a todo aquel que ose acercarse. El disparo secundario lanza el núcleo hacia el objeto sólido al que apuntes, y crea un rayo de luz entre el núcleo y el arma que portes, matando a todo el que ose cruzar la línea. Por último, existe un modo de disparo “oculto” que se puede descubrir por casualidad, que es mantener pulsado el botón de disparo primario (la cuchilla) y entonces el secundario. Esto lanzará la cuchilla en la dirección que estés apuntando.


Para hacer volver el núcleo o la cuchilla, solo hay que pulsar el botón derecho y retornará esté donde esté. No os engaño si os digo que podéis pasar el juego solo con ese arma, y salvo algunos malos que atacan de lejos u otro tipo que si estás cerca te ralentiza, no os veréis muy apurados. Esto en sí no es malo, solo demuestra que la primera arma no tiene porque ser la mala.

En realidad ninguna la es. Y hay, contando la Painkiller, cinco tipos. Pensaréis que son pocas. Error, cada una tiene un disparo secundario, e incluso una de ellas tiene un tercer disparo al estilo de la Painkiller. No digo más por si alguien quiere averiguarlo, pero esto eleva el plantel a doce tipos de ataques distintos. Eso sin mencionar los combos. No cuentan más que para despachar más rápido a algunos enemigos, pero se agradece. Por ejemplo, ciertos tipos de enemigos son resistentes de cojones a las balas ¿Qué podemos hacer? Disparar el congelador (disparo secundario de la escopeta), que emite dos proyectiles que congelan al objetivo. Una vez congelado, disparamos a ese enemigo con la escopeta y estallará en pedazos. La munición abunda a rabiar, así que los poco diestros en el gatillo no sentirán que se les acaba, y si eso ocurre podrán usar la Painkiller, efectiva para “Dummies” y expertos.

Los enemigos no tienen IA. Se lanzarán en tropel a nosotros o nos dispararán. Lo que importa en este tipo de juego es el número, y en este caso Painkiller se luce. Solo tendrás como momento de respiro el llegar a un checkpoint marcado como un círculo rojo, pero una vez pasado volverás a masacrar, y así hasta el fin de nivel. Eso sí, cada enemigo tiene sus pautas de ataque y comportamiento. Por ejemplo, y como mencioné arriba, hay uno que ralentiza tus movimientos alarmantemente, lo que ayuda a que el resto te de estopa a rabiar y te recuerden el significado de la palabra “Pain”. Hay otros que disparan a lo lejos, algunos que son lentos, otros rápidos… Saber el comportamiento es parte vital para aventajar el número del enemigo. Cuando un enemigo muere, se queda su alma, de color verde o roja (esta difiere en los puntos de vida que te otorga, siendo un alma verde un punto de salud, y la roja diez). Cuando recojamos 66 almas nos transformaremos por unos 10 o 15 segundos en un demonio que masacrará sin oposición a sus enemigos y que no podrá ser dañado.


Para acabar, algunos enemigos necesitan de usar elementos del escenario o el ingenio para matarlos. Asimismo, un gigante solo morirá si lo exponemos a un rayo de luz, o cierto enemigo final si hacemos explotar burbujas, o lanzándole meteoritos que caen…

Pero no todo es mata mata porque sí. Al finalizar el nivel nos darán las estadísticas basadas en el número de enemigos abatidos, los objetos encontrados, secretos, oro, tesoros… y una condición para conseguir una carta del tarot negro (ejemplos: matar a todos los enemigos del nivel, pasarte el mismo solo con la ballesta, etc). Si la consigues, te darán una carta a usar cuando quieras (solo una vez por nivel) que contiene un poder determinado. En el nivel fantasía (fácil) esto no existe, pero en los siguientes niveles de dificultad serán de gran ayuda, ya que las ventajas nos sacarán de más de un aprieto, aunque es posible pasárselo sin las cartas en nivel infernal si tenemos habilidad con el ratón y nos movemos bastante. Podremos desbloquear un nivel de dificultad aún mas jodido (y en este tendrás la definición gráfica y dolorosa de “infierno”), pero hay que reunir en el modo difícil todas las cartas del tarot negro, tarea harto difícil (valga la redundancia).

Por cierto, decir que carece de animaciones para pasar de arma a arma (al tocar la tecla del arma correspondiente, distinta a la que usemos en ese momento, cambia de repente, sin animaciones), detalle que indica que el juego pretende cautivarte por su jugabilidad directa.

La edición Black (la analizada) es limitada, y trae extras, como la BSO, un Como se Hizo, videos variados sobre el juego y la expansión Battle Out of Hell, con diez niveles más y dos armas nuevas, pero el planteamiento es el mismo, y su duración oscila de las ocho horas a más de dos días, según hagas los retos o te limites a llegar al final. Resumiendo, un juego para descargar adrenalina y que para nada se hace repetitivo o aburrido a pesar de pertenecer al subgénero que pertenece. Ahora mismo la edición Black se vende por nueve euros (os recuerdo que es una edición de coleccionista) y aunque es difícil echarle el guante, pilladla si la véis. 100% recomendable.