Banjo-Kazooie: Baches y Cachivaches

GTA + Banjo Tooie + Mario Kart + Lego = Baches y Cachivaches

Aunque siempre supe que volvería a ver a Banjo y a Kazooie en una consola de sobremesa, tras varios años de noticias contradictorias y aparentes cancelaciones, comencé a olvidarme de ellos. Por eso, cuando finalmente su regreso se concretó en un título llamado “Nuts & Bolts”, la sorpresa y la ilusión fueron dobles. Y es que por fin podría disfrutar de un nuevo plataformas 3D de calidad, rememorando las viejas aventuras de un oso y un pajarraco de los que me había “enamorado” a finales del siglo XX.

Sin embargo, cuando empezaron a concretarse los detalles del juego el bajón fue de los que hacen historia. Todas mis expectativas quedaron reducidas a un mínimo atisbo de esperanza: el nuevo Banjo no tenía pinta de parecerse en nada a lo que yo tanto había disfrutado en N64. Pero un Banjo es un Banjo, así que mantuve las ganas y esperé pacientemente su lanzamiento.

Cuento esta “historia real” porque pienso que, como yo, muchos se sentirán identificados con ella. Y también pienso que, de nuevo como yo, muchos se llevarán un chasco con Baches y Cachivaches si esperan reencontrarse con el juego de antaño. Pero si –como finalmente consiguió hacerlo este analista- superáis esa decepción inicial, os sumergís en su nuevo planteamiento y olvidáis vuestras expectativas dejando que el título fluya sin compararlo con sus predecesores, probablemente descubráis una de las propuestas más entretenidas, simpáticas y originales de la presente campaña navideña: un juego imprescindible para pequeños y mayores capaz de ofrecer muchas horas de diversión.

Baches y Cachivaches es un título extraño que toma elementos de diferentes géneros para asentar sus cimientos jugables. Tras darle unas cuantas vueltas, creo que he sido capaz de desentrañar su fórmula, que comparto con vosotros. El resto del análisis lo basaré en dicha fórmula, espero ser capaz de transmitiros adecuadamente el resultado que consigue.

GTA + Banjo Tooie + Mario Kart + Lego = Baches y Cachivaches

No me detendré en explicar una trama que, como en tantos otros, se limita a hacer de hilo conductor del juego, y que en líneas generales es completamente absurda (aunque no deja de ser muy graciosa). Sí os diré que trata de enlazar con la conclusión de su predecesor y que, de una forma muy tosca –pero efectiva-, reelabora el universo creado en los títulos anteriores para encajarlo en la diferente propuesta que se nos presenta con esta tercera entrega de la saga. Sin duda, es mejor que os sorprenda con su humor irreverente y gamberro sin que yo os destripe nada.

GTA…

Posiblemente éste sea el elemento de la fórmula que se presenta en menor dosis. Pero es evidente que ahí está. Porque Baches y Cachivaches es en muchos momentos un juego de conducción en el que se nos pide que completemos misiones diversas consistentes en ir del lugar A al lugar B, enmarcadas en enormes escenarios en los que podemos movernos libremente sembrando el caos con nuestro vehículo. Asimismo, como en GTA, Banjo puede ir a pie, pero no tiene mucho sentido hacerlo salvo en casos excepcionales, ya que ello implicaría consumir el doble o el triple de tiempo en cada desplazamiento. La policía también se convierte en un molesto problema que dificultará nuestra tarea –a menos que sobornemos a su comisario, un enorme y desagradable gorrino- y la mayoría de los enemigos con los que nos toparemos (casi siempre testimoniales) estarán ahí para que los atropellemos, choquemos contra ellos o les disparemos.

De igual modo se nos presenta un mapa en el margen inferior derecho de la pantalla, que facilita nuestra orientación y nos indica los diferentes objetivos de los que disponemos.

Obviamente, ahí acaban las semejanzas con el título de Rockstar porque, a pesar de que también hay una ciudad, el mundo de Banjo nada tiene que ver con las hiperrealistas calles que transitamos en GTA, ni los vehículos que manejaremos se parecen remotamente a los que utilizamos en dicho juego.

+ Banjo-Tooie…

Me consta que hay muchos seguidores de la saga para los que Banjo-Tooie supuso un importante revés. Y aunque yo lo considero un notable avance, es cierto que reducía el plataformeo en pro de la búsqueda de objetos, de la exploración y de retos más “fragmentados”. En Baches y Cachivaches aumentan aún más las diferencias con respecto al original: la exploración sigue siendo importante –los mundos que visitaremos son inmensos escenarios encapsulados-, pero los retos específicos y fragmentados priman sobre todo lo demás. La obsesión por conseguir todos y cada uno de los jiggies, jinjos, notas musicales y demás objetos característicos de la saga, sin embargo, sigue ahí con la intensidad de siempre. Incluso desbloquear los logros, de los que por regla general no soy muy amigo, suma valor esta vez a la testaruda necesidad de “hacerse con todo”.

También hay un cierto plataformeo, básicamente en el mundo central. Ciudad Duelo es una inmensa y detallada ciudad de cuento de hadas repleta de habitantes-animales con los que interactuar. Desde ciudad Duelo –que en muchos sentidos recuerda a la ciudad Delfino de Super Mario Sunshine- podremos acceder a los otros 6 mundos que componen el juego, aunque para desbloquearlos tendremos que conseguir diferentes piezas de puzzle (las archifamosas “jiggies”). Lo curioso es que cada vez que consigamos “jiggies”, tendremos que recogerlas en extraños artilugios y transportarlas con nuestro vehículo hasta el banco –una esfera flotante completamente transparente- donde quedarán almacenadas. Cuando alcancemos una cantidad determinada se nos entregará OTRA pequeña esfera que también tendremos que transportar a OTRO extraño artilugio para finalmente desbloquear el primero de los 6 (o 5) actos en los que se divide cada mundo. No siempre será fácil cumplir este objetivo, y en algún momento tendremos que pensar un poco para conseguirlo. La posterior acumulación de “jiggies” abrirá, ahora sí de forma automática, el acceso a los siguientes actos. Así pues, la función de las “jiggies” como tales pierde algo de sentido, dado que no hay puzles que completar.

Los mundos a los que accederemos son variados, inmensos y muy originales en cuanto a diseño. No quiero destripar sorpresas, pero hay algunos que encandilarán irremediablemente a los más fieles seguidores de la saga. En cada uno se esconden 200 notas musicales, algunos jinjos (sí, esas extrañas “aves” también hacen acto de presencia en este nuevo Banjo) y multitud de retos que superar.

En este sentido Baches y Cachivaches no defrauda: a nivel gráfico es precioso, y en más de una ocasión os encontraréis admirando embelesados esos colosales, coloridos y luminosos escenarios. Y aunque si os acercáis mucho descubriréis que las texturas no son tan detalladas como aparentan, lo cierto es que no importa demasiado: Banjo no es un juego en primera persona y luce maravillosamente si no nos dedicamos a analizar cada píxel. Sin embargo, en ocasiones la fluidez del juego se verá resentida por esa excesiva carga gráfica. Es una pena y afortunadamente no es un fenómeno frecuente pero, cuando se da, puede resultar un tanto frustrante.

El diseño artístico de los personajes y de los mundos podrá gustar más o menos, pero es innegable el enorme trabajo que hay detrás, y personalmente he quedado muy impresionado con algunos de ellos.

También regresan las melodías clásicas, que en esta ocasión suenan mejor que nunca (y que inevitablemente acabaremos tarareando como tontos mientras jugamos), así como los graznidos, gorgoritos, zumbidos, suspiros, gruñidos y demás algarabías que dan voz a los personajes del juego. En mi opinión, un diez a RARE por la valentía, y por respetar esos sonidos tan familiares que para muchos de nosotros son ya historia viva de los videojuegos, y que harán las delicias de los jugones más nostálgicos. El resto de efectos sonoros, sin sorprender, cumple sobradamente con la función de sumergirnos en los fantásticos e imaginativos mundos que el juego despliega ante nosotros.

Ciudad Duelo difiere en gran medida del resto de mundos, y ella sola, como decía antes, aporta todo el “plataformeo” que encontraremos en el juego. En este sentido es el mundo más “Banjo” de Baches y Cachivaches. Aquí sólo disponemos de un vehículo muy limitado que irá mejorando a medida que progresemos en el juego (al principio el carrito no podrá ir por el agua, ni subir cuestas pronunciadas) por lo que, sobre todo al principio de nuestra partida, confiaremos mucho en los saltos de Banjo para alcanzar los lugares más inaccesibles. De cierto modo se sustituye así a los movimientos que íbamos aprendiendo en las entregas anteriores. Porque en Baches y Cachivaches Banjo sólo puede saltar, nadar y bucear, y Kazooie empuñar una llave inglesa con la que atacar y manipular objetos (es como una barita mágica que los hace flotar en el aire). Esto es todo, si bien es verdad que la llave inglesa resultará muy útil para mover cajas que nos ayuden a alcanzar lugar altos, o a transportar nuestro vehículo allí donde nunca creímos que podría llegar.

Ciudad Duelo es, además, el lugar que pasaremos más tiempo explorando. Hay 900 notas musicales que recopilar, 57 cajas con piezas para construir vehículos, jiggies secretas, jinjos que rescatar, minjos –jinjos malignos- que hallar y encarcelar, y unas cuantas sorpresas más que dejaré que descubráis vosotros mismos… Sin duda, será el mundo más “agradecido” por los fans de la saga, y recomiendo encarecidamente que paséis las primeras horas de juego deambulando por él, familiarizándoos con sus calles y encontrando el máximo número de notas y cajas. Eso no sólo os facilitará luego las primeras misiones, sino que hará más sutil la transición de la jugabilidad “clásica” a la nueva propuesta de Rare.

Ciudad Duelo se divide igualmente en 6 barrios comunicados por teletransportes –que agilizan los desplazamientos pero que debemos localizar antes de poder utilizarlos- en los que encontraremos de regreso a algunos de los personajes más carismáticos de la saga realizando labores completamente nuevas. Incluso algunos, a cambio de notas musicales –que actúan como la moneda del juego- nos ofrecerán diferentes mejoras: Mumbo –el extraño chamán- nos dejará su garaje para construir nuevos vehículos y almacenar las piezas con las que hacerlo. Bottles, el topo, nos dará pistas sobre el juego y sobre cómo jugarlo. Humba, la india capaz de transformar a Banjo y a Kazooie en lo más inimaginable, vende ahora planos en los que nos da ya hechos los vehículos, y piezas con las que fabricarlos. Boggy, el oso polar, nos permitirá mejorar ciertas habilidades de Banjo. El rey Jingaling, que nos “cederᔠa los jinjos que encontremos en otros mundos como piezas de bingo para conseguir notas musicales y piezas de vehículos. Klungo, el reformado ayudante de la bruja Gruntilda que nos regalará notas musicales si superamos las diferentes versiones de un juego de 8-bits desarrollado por él mismo: una lección magistral de RARE que demuestra que los clásicos de hace 25 años todavía pueden resultar muy divertidos si están diseñados con inteligencia.
Y por supuesto la mismísima bruja Gruntilda, archienemiga de Banjo y Kazooie que siempre habla en verso, y a quien tendremos que enfrentarnos en los diferentes mundos para obtener las mejoras del vehículo que utilizaremos en ciudad Duelo.

También conoceremos nuevos personajes entre los que destacan Tomás Trofeo, del que os hablaré más adelante, y el Señor de los Juegos, responsable de la nueva aventura de nuestros añorados protagonistas. El Señor de los Juegos convierte la experiencia de Baches y Cachivaches en una suerte de paródico “juego dentro del juego” –si se me permite, un “metajuego”-, algo a lo que siempre han hecho referencia los amigos de RARE, pero que en esta ocasión explicitan con total claridad. Homenajeando una vez más a los clásicos, la cabeza del Señor de los Juegos es un monitor dorado con fondo verdoso en el que se intuyen claramente las “raquetas” y la “pelota” de PONG. Cada vez que haya tiempos de carga, la pantalla de nuestro televisor se reconstruirá en un puzle dorado –como en los títulos anteriores- y la cabeza del Señor de los Juegos asomará, dándonos sabios consejos para que podamos completar el juego satisfactoriamente. Es interesante comprobar que los homenajes a lo largo de Baches y Cachivaches abundan, hasta el punto de que en algún momento se hacen respetuosas referencias a Mario, sin utilizar su nombre.

Otra gran noticia de la que poco puedo deciros ahora es que Baches y Cachivaches finalmente cumplirá lo que fue el delirio de los jugones en la época de N64: el famoso mito de la “ice key” –y de los 6 huevos de colores- del Banjo-Kazooie original. Unos objetos secretos muy difíciles de encontrar cuyo misterioso propósito era desbloquear contenido oculto en la secuela, Banjo-Tooie. Desafortunadamente, eso nunca ocurrió, y los fans de la saga nos quedamos con un palmo de narices. El famoso misterio se convirtió en mito, y si buscáis en la red seguro que todavía encontraréis foros en los que se habla del enigma de la llave de hielo. Pero con Live Arcade parece que finalmente se resolverá la incógnita, y finalmente podremos hacer uso de los objetos secretos del Banjo-Kazooie original en Baches y Cachivaches. ¿Cómo? Sinceramente, no lo sé. Aunque tengo mis sospechas después de haber pasado casi 10 horas deambulando por ciudad Duelo…

+ Mario Kart…

Aunque tal vez sería más correcto decir Diddy Kong Racing o Banjo Pilot, ya que la variedad de vehículos –aéreos, terrestres, espaciales, marinos y hasta submarinos- la pone sólo nuestra imaginación.

Cuando accedemos por primera vez a un mundo éste se nos introduce con una “entradilla”, como si de una serie televisiva se tratara (de hecho he reconocido parodias de Buck Rogers y Dallas –a ver si algún lector es capaz de identificar alguna otra), en la que los diferentes personajes del juego se nos presentan interpretando un papel determinado: Mumbo se puede convertir en un granjero desesperado, Jolly en un extraterrestre inverosímil…

Una vez dentro “sólo” tenemos que explorar ese inmenso escenario con el vehículo que consideremos oportuno, encontrar las 200 notas y, en cada uno de los actos en los que se subdividen, localizar a los jinjos y contactar con los diferentes personajes disponibles –fácilmente localizables en el mapa-, que nos plantearán situaciones determinadas y pedirán nuestra ayuda a cambio de “jiggies”.

Los jinjos proponen retos simples, en los que básicamente se trata de ganar o perder utilizando vehículos: llevarlos de un lugar a otro en un tiempo determinado, derrotarlos en una carrera, encontrar objetos perdidos, lanzarlos lo más lejos posible al golpearlos con nuestro vehículo, combatir en plan “sumo” para sacar a nuestro contrincante de unos límites marcados… Al superar sus desafíos los jinjos abandonan el mundo y obtenemos fichas de Bingo que podemos usar en ciudad Duelo a cambio de premios.

En cambio, los diferentes personajes requerirán de nuestros servicios –mediante ingeniosos e irreverentes diálogos- de muy variadas e insólitas maneras. Aquí la resolución de los retos está basada generalmente en una cuestión de tiempo, y en función de nuestros resultados obtendremos unas cuantas notas musicales, una “jiggy” o un trofeo especial (Tomás Trofeo). Los desafíos, como digo, son tremendamente variados y de nuevo dependen de los vehículos poniendo en jaque nuestra habilidad como conductores: carreras al más puro estilo Mario Kart, persecuciones aéreas, enfrentamientos en los que tendremos que destruir el vehículo de Gruntilda, transportar objetos de un lugar a otro, y un sinfín de propuestas originales que dibujarán en vuestros labios más de una sonrisa…

Nuestros tiempos se pueden colgar después en un marcador on-line, y si lo deseamos podemos descargar y ver cómo los mejores jugones han logrado los suyos, consiguiendo de paso pistas sobre cómo mejorar nuestra actuación. Resulta realmente adictivo tratar de hacerse con los “Tomás Trofeo”, e incluso nos picaremos intentando llegar al “top ten” mundial –o como mínimo acercarnos.

Y es que obtener las “jiggies” no será excesivamente difícil –excepto en el tramo final del juego- pero hacerse con todos los “Tomás Trofeo” será una historia muy diferente. De hecho, desde ciudad Duelo, Tomás Trofeo nos ofrece la posibilidad de repetir todos esos desafíos y, a cambio de cuatro trofeos, nos recompensará con una nueva “jiggy”.

Es importante mencionar que los retos se desarrollan en el propio mundo que visitamos, y ponen de manifiesto su genial diseño, que a priori puede engañar por su apariencia excesivamente simple.

+ Lego (o Tente, o Mecano)…

¿Entonces Baches y Cachivaches se basa únicamente en utilizar vehículos para superar retos? No exactamente. En realidad, el núcleo del título es otro: la creación de dichos vehículos. Porque un desafío puede ser muy complicado al principio, pero con las piezas adecuadas –que habremos ido encontrando y acumulando a lo largo del juego- las ideas claras y mucho ingenio, podemos construir vehículos que facilitarán enormemente su resolución. Al principio utilizaremos los planos de Humba y poco más, pero a medida que vayamos avanzando nos veremos obligados a modificar e incluso crear aparatos completamente nuevos, hasta el punto de que muchos retos los pasaremos más tiempo en el garaje, ideando el cachivache definitivo, que participando propiamente en ellos. Y superarlos exitosamente con nuestras creaciones puede convertirse en una experiencia absolutamente satisfactoria.

El editor es asombrosamente intuitivo y mucho más simple de lo que podría parecer, y muy pronto estaréis experimentando con vuestras creaciones en “la sala de pruebas” que se pone a nuestra disposición en el garaje de Mumbo. El comportamiento “físico” de los vehículos es formidable –cuando comprendemos las reglas “internas” que lo rigen-, y variables como el peso, la posición de las ruedas, la potencia de los motores, la situación de las hélices o incluso el consumo, tienen claros efectos cuando ponemos en funcionamiento nuestros vehículos. También dispondremos de artilugios varios para adaptar nuestros inventos a los retos correspondientes: armas diversas que requerirán de munición, muelles que nos permitirán saltar -o empujar objetos-, escudos protectores, aspiradoras, etc… De esta forma podemos encarar dichos retos de múltiples y variadas maneras: no existe una única solución, pero sí fórmulas más efectivas que otras.

Podéis imaginar así cuán necesario resulta encontrar todas las cajas que se ocultan en ciudad Duelo, o adquirir las piezas específicas que nos venderá Humba. Para colmo, he leído que a lo largo del juego se esconden diferentes piezas especiales que dotarán a nuestros vehículos de habilidades sumamente especiales. Sin embargo, hasta el momento, he sido incapaz de hallarlas.

Además, si optamos por hacerlo, podemos compartir los planos de nuestras creaciones con otros usuarios, o descargar los suyos, así como realizar álbumes de fotos para inmortalizar nuestros mejores momentos.

Este aspecto del juego, ante el que debo confesar que fui un auténtico escéptico, se consolida como un inteligente, satisfactorio, sencillo y original editor que sabrán manejar prácticamente todos los jugones, y que sin duda encantará a aquellos padres con ganas de compartir su afición con los más pequeños de la casa: obliga a pensar mínimamente, a tener imaginación y a disfrutar creando. Es curioso cómo algunos de los títulos más relevantes de estas navidades basan su jugabilidad, en mayor o menor grado, en la capacidad creativa de sus usuarios. Little Big Planet, Wii Music y Baches y Cachivaches, cada uno a su manera, lo hacen. Y con mucho éxito, dicho sea ya de paso.

= Baches y Cachivaches

El resultado global es un juego muy adictivo que arrastrará a todos esos jugadores “completistas” en una larga¬ larguísima aventura, repleta de situaciones hilarantes y momentos inolvidables. Los fans de la saga agradecerán las múltiples referencias a los “Banjos” anteriores, aunque tendrán que superar la decepción inicial para disfrutar plenamente de un título que no es lo que esperaban.

Baches y Cachivaches es ideal para cualquier tipo de público, su dificultad está muy bien ajustada y no obliga a que superemos todos los retos para que podamos acabarlo. Sin embargo invita una y otra vez a que exploremos sus mundos, y mejoremos los resultados en los desafíos. Incluso las opciones “multiplayer” son realmente completas y entretenidas –ofreciendo variaciones sobre los diferentes retos para que los superemos colaborando o enfrentándonos contra otros jugadores.

No puedo cerrar este largo –y espero que no demasiado cansino- texto, sin plantear un notable “pero”. Y es que se hace difícil de entender por qué RARE ha optado por reducir tan drásticamente el componente de “plataformas”. A pesar de que los desafíos con los vehículos demuestran ser imaginativos y plantean múltiples situaciones, lo cierto es que en algunos momentos pueden hacerse algo repetitivos. La variedad que hubiera aportado combinar eso con los momentos de “plataformeo” más tradicional que se atisban en ciudad Duelo podría ser precisamente lo que le falta a Baches y Cachivaches para convertirse en una de las experiencias más divertidas de la presente generación.

Pero que no os confunda esta crítica al final del análisis. Baches y Cachivaches es un juego absolutamente recomendable, incluso diría que imprescindible, y la dignísima tercera parte de una de las sagas más respetables que nos ha brindado esta industria.