Gears of War 2

Cuando el juego superó al nombre
Resulta curioso que hace unos días comentara en el análisis de Resident Evil 2 las frecuentes virtudes que se pueden encontrar en el universo de las secuelas y hoy esté aquí comenzando el año con otra de ellas. Aunque este sin duda es un caso bastante diferente del anterior: al contrario de con la saga Resident Evil, la franquicia de Epic Games no me había ilusionado especialmente en sus inicios. Sí, el motor Unreal Engine 3 del que hacía uso daba lugar a un apartado técnico apabullante. Y que decir del tan bien ideado como implementado sistema de cobertura. Pero aun con esas, me parecía un juego más “vacío” en su interior de lo que otros percibían. ¿De que te sirve acompañar un gran apartado técnico de un original control si luego demuestras poca inspiración en el diseño de niveles?
Gears of War era un juego cuidado y muy bien publicitado (todo sea dicho). Incluso antes de su salida a la venta su nombre parecía haberse ganado ya un sitio en el Olimpo videojueguil. Por supuesto no perdí la ocasión de jugarlo y terminarlo en cuanto me fue posible (apenas una semana después del estreno) y desde luego mi valoración difirió de la mayoría. Nunca consideré a Gears of War un mal juego (de hecho creo que realmente se ha ganado un renombre en la industria por méritos que van más allá del puro marketing), pero tampoco vi en él posibilidades de hallar esa obra maestra que algunos pregonaban.
Y he aquí que se empieza a mostrar cosillas de su secuela, primero a cuentagotas y luego en cantidades industriales. Para alguien como yo, relativamente desencantado con la primera entrega y utilizando apenas el juego online (me encantan toda clase de videojuegos pero ni tengo un acceso regular a internet ni soy especialmente competitivo), Gears of War 2 parecía destinado a no entrar en mi casa, o no al menos por el momento. Pero pasaron algunas semanas desde su estreno (el cual ciertamente no seguí con demasiado interés en favor de otros títulos para mí más atractivos, como Mirror’s Edge o Fallout 3), y el azar quiso que lo nuevo de Epic Games acabase llegando a mi consola y en apenas un par de horas de juego pulverizara todas mis expectativas en torno a él.
Es cierto que su modo online ha decepcionado, y no por tener pocas posibilidades y modos sino por padecer un más que frecuente e irritante lag así como numerosos bugs. A falta de que se solucionen ambas lacras mediante la asignación de más servidores para lo primero y parches para lo segundo, de lo que sí puede al menos presumir Gears of War 2 es, irónicamente, su modo campaña. Y digo irónicamente porque tras jugar a la primera entrega y ver la información mostrada sobre esta segunda (no le he prestado mucha atención, como ya he dicho, pero tampoco ninguna), la saga de Epic me parecía tomar un rumbo mucho más enfocado al multijugador que a la historia. Aquí me esperaba, como se suele decir, un “más de lo mismo”, la misma rutina de salas donde cubrirse y disparar, cubrirse y disparar, cubrirse y disparar… hasta llegar a los créditos sin enterarte muy bien de por qué lo estás haciendo.
Pero no, muy al contrario de lo que yo creía, Gears of War 2 no es esa clase de secuela. No es un “más de lo mismo” sino un “mucho (pero mucho) mejor de lo mismo”. Va punto por punto, apartado por apartado refinando y mejorando palpablemente todo lo bueno y lo malo de su antecesor, haciendo que este palidezca y se noten incluso más las carencias que quizás algunos no apreciaron en su día. O en otras palabras, creo que Gears of War 2 es realmente el juego que debería ocupar el trono que injustamente tiene la primera entrega. Es una verdadera joya que puede pedirle cuentas no solo a su sobrevalorado antecesor, sino a cualquier otro título de acción en tercera persona de cualquier consola o generación.
¿Cómo puede un decepcionado con la franquicia como yo pasar de mirarlo con cierta indiferencia a casi adorarlo? La clave está en una palabra: diseño. El diseño de niveles en Gears of War 2 no es solo que sea superior al del original, es que hasta resulta díficil creer que haya sido realizado por el mismo equipo. Gráficamente es un juego mucho más vistoso, pero no tanto por una mejora técnica (la nueva versión del Unreal Engine usado permite ciertas mejoras, como una recreación del agua más realista, mejor iluminación o mayor número de enemigos en pantalla, pero a grandes rasgos sigue estando a un nivel muy similar) sino por una soberbia dirección artística. Los grises y marrones vuelven a dejarse ver con frecuencia, pero esta vez la paleta de colores se amplía mucho y da lugar, junto a una arquitectura especialmente inspirada, a escenarios muy bellos y variados entre sí según avanza el juego.
Visitaremos escenarios nevados, cuevas subterráneas que brillan con tonos azules y verdes, fortalezas Locust de rojo intenso que nos recordarán al mismísimo infierno y otras sorpresas que prefiero dejar descubrir al jugador por sí mismo (desgraciadamente no puedo citar los mejores momentos y localizaciones del juego sin fastidiar por el camino las sorpresas que guarda su desarrollo). Cada nivel es distinto al anterior y más espectacular si cabe. Mientras la primera entrega era un mera exposición de buen hacer técnico con poca inspiración, en esta ocasión el diseño es sencillamente sublime.
Pero la mejora en el diseño no se limita a la construcción de los escenarios, sino también repercute en el desarrollo. Por supuesto el juego se sigue levantando sobre la premisa del sistema de cobertura, pero en esta ocasión se hace un uso mucho menos abusivo de él. Los tiroteos no son tan constantes, por lo que el juego se siente mucho más ligero. Las secciones de acción no se solapan entre ellas, sino que están más repartidas y dejan paso a nuevas ideas tan bien o mejor implementadas. O en otras palabras, Gears of War 2 no es un simple mata-mata, es un shooter más inteligente, con “chicha”, muy bien planteado y donde el aburrimiento difícilmente hace acto de presencia.
La primera parte dejaba algunos (aunque escasos) destellos para romper el monótono desarrollo, como los berserker (esas criaturas ciegas que nos perseguían rompiendo paredes), una pequeña sección a bordo de un vehículo o el avance por unas calles oscuras explotando barriles para crear focos de luz y evitar unos pájaros asesinos. Gears of War 2 multiplica en un mucho por ciento esta variedad, creando un juego infinitamente más dinámico y fluido. Ahora estamos despejando tejados con morteros; más tarde nos subiremos a un gran carro de combate que debemos defender de hordas enemigas; luego seremos nosotros los que conduciremos por una nevada sección montañosa llena de enemigos, al más puro estilo Mass Effect; buscaremos la forma de cruzar un inmenso lago subterráneo; o incluso sobrevolaremos un bosque a lomos de un Reaver (esas criaturas con tentáculos) mientras disparamos como locos e intentamos llegar a salvo a la civilización. Si en la variedad está el gusto, Gears of War 2 puede presumir de tener un paladar exquisito.
Durante el juego solo nos enfrentaremos a las típicas hordas de Locust, sino que hay una nueva serie de enemigos comunes que se estrenan en esta ocasión, en especial los que hacen de monturas para sus amos (a veces incluso nuestra). Dentro de los Locusts “normales” también hay algunas novedades, pero lo que sin duda se lleva la palma son los jefes finales, que de nuevo sirven para volver a poner a este juego por encima desu antecesor. RAAM y el Corpser se quedan en agua de borrajas ante criaturas como nuestra nueva antítesis, Skorge (el nuevo RAAM, podemos decir) o gigantescas criaturas como el Gusano Perforador y el Leviathan. Sin duda unos combates memorables.
Después está el tema del guión. Está claro que esta es una saga claramente enfocada a la acción y no a contarnos un argumento especialmente elaborado, pero aún así el sabor de esta faceta en la primera parte era más que amargo. Gears of War 2 demuestra que un juego enfocado a la acción pura y dura puede a la vez desarrollar un rico trasfondo sin necesidad de que ello obstaculice ni le robe terreno a la parte jugable. Las cinemáticas nos enseñan por fin lo que hay más allá de los maromos que controlamos durante el juego. Vemos como está afectando la guerra a ambos bandos, como se organiza cada uno, las motivaciones personales de algún personaje e incluso el plateamiento de varias cuestiones interesantes que seguramente se resuelvan en la tercera entrega.
Los personajes principales (Marcus y compañía) siguen teniendo esos cuellos gigantescos, esos brazos que parecen literalmente a punto de reventar con tanto músculo y muestran continuas formas de desprecio por todo, pero por suerte esta vez se han vuelto especialmente graciosos. En un tono que podríamos denominar como auto paródico, los diálogos entre tan brutos protagonistas se han alargado y exagerado con el fin de provocar más de una risa fácil al jugador (a lo que sin duda ayuda el gran trabajo con su doblaje al castellano). En alguna ocasión muy concreta el juego pretende dar la nota emotiva (en dos momentos muy puntuales hasta lo consigue), pero el valor de sus escenas reside en el énfasis esperpéntico que Epic le ha logrado dar a estos “hombres-bestia”.
En definitiva, y como podéis ver, Gears of War 2 es mucho más que una secuela, es la confirmación de que la tan adorada primera entrega tenía muchas cosas por pulir y quedaba un gran camino por andar. Camino que Epic ha recorrido de forma elogiable, todo sea dicho, redireccionando lo que era ya un buen juego hacia otro más que excelente. A falta de ver como se culmina la trilogía, en mi humilde opinión esta franquicia ahora sí que se ha ganado ese lugar privilegiado en el Olimpo videojueguil que algunos ya le regalaban hace un par de años. Es una verdadera lástima que los fallos del online hayan aguado un poco la fiesta, pero eso no quita que estemos sin lugar a dudas ante uno de los pesos pesados, no ya de la generación o de Xbox 360, sino de toda la industria. Un juego absolutamente épico.
Decía yo al final del análisis del primer Gears of War que aquel era como un huevo Kinder con una sabrosa cáscara de chocolate, pero que venía sin regalo dentro. O lo que es lo mismo, un gran juego desde el punto de vista técnico y, en cierto modo, jugable, pero un relativo desastre en cuanto a ofrecer una experiencia de juego variada y sustanciosa. En esta ocasión no solo creo que el huevo trae dentro el juguete, sino que el juguete me parece incluso mejor que el chocolate (que ya es decir viendo el “chocolate” que se gastan aquí). Así que ante preguntas sobre si Gears of War 2 es un más de lo mismo o si está a la altura de la primera entrega, solo puedo decir dos cosas: la primera, que no, no es un más de lo mismo a pesar de las evidentes similitudes por compartir saga (como puede pasar en casos como Halo o Metroid Prime); y la segunda, que no creo correcto preguntarse si esta entrega está a la altura del nombre, sino si la primera entrega realmente está a la altura o merece tantos halagos después de que una secuela como esta nos haya demostrado que lo que se podía mejorar era tanto.