Viva Piñata

Y al sexto día, Rare creó la piñata
A la hora de desarrollar juegos llenos de colorido e imaginación, no hay nadie como Rare en esta industria para dar lecciones de maestría. Salvo algunas excepciones (echad una partida al Killer Instinct si aún no lo habéis hecho), pasear por entre el catálogo de esta gran compañía británica es como pasear por una feria: montones de luces, puestos con chucherías y atracciones en las que montar, válidas tanto para niños como para gente más crecidita que pasa de absurdos prejuicios y sabe reconocer la verdadera calidad independientemente de los colores que se utilicen para representarla. Viva Piñata, en esta hipotética feria, seguramente sería el puesto de algodón de azúcar. Un algodón de azúcar extremadamente dulce, pero sin llegar a ser empalagoso.

Si hace unos años alguien nos dijera que de un juego de criar y cuidar piñatas con vida propia saldría una de las más satisfactorias experiencias videojueguiles, seguramente nos reiríamos en su cara. Salvo que ese alguien fuera un desarrollador de Rare y nos pusiese el juego delante de las narices. Entonces el que se reiría en nuestra cara sería él. Un planteamiento tan extravagante como trasladarnos a una isla exótica y darnos un deteriorado jardín que debemos arreglar para atraer a un montón de estas curiosas criaturas puede parecer destinado a engendrar un título de segunda o tercera fila. Pero tras su aparente simpleza y la estética que erróneamente se puede tachar de infantiloide, Viva Piñata esconde un desarrollo muy profundo y adictivo. Con cuerpo de Los Sims, cabeza de Harvest Moon y corazón de Pokémon, Rare logró construir una criatura de asombrosa calidad.

El panorama inicial puede parecer desolador: un estropeado terreno que se limita a apenas unos pocos metros cuadrados de tierra es todo lo que tenemos para empezar. Pero casi que mejor, porque la información al inicio nos llega a raudales y el principal objetivo consiste en comprender los diversos menús, las acciones diponibles y, en definitiva, como demonios se juega a Viva Piñata. Tras un par de retoques al jardín, una secuencia nos presentará a la primera de nuestras futuras mascotas, un pequeño gusano que responde al nombre de Whirlm. Tanto esta primera especie como las sucesivas que irán apareciendo (cada vez que cumplamos o estemos próximos a cumplir los requisitos que necesitan) serán presentadas con estas escenas y empezarán a merodear por los alrededores de nuestro jardín.

En un inicio todas las piñatas serán de unos sobrios blanco y negro, pero una vez decidan por propia voluntad establecerse en nuestro pequeño reino, se volverán coloridas como por arte de magia. A partir de ese momento, podremos renombralas y, como quien dice, empezar a jugar a ser dios con ellas. Al citado Whirlm (renombrado a Manolo, Snake o como nos dé la gana) le tendremos que buscar una pareja para empezar con la procreación. Dada la simpleza de condiciones de esta especie, en seguida el segundo de estos animalillos se afincará en nuestro jardín. Por otro lado, el género no importa en Viva Piñata (directamente no existe, todas las criaturas deben ser hermafroditas), así que una vez tengamos dos piñatas de la misma especie, solo habrá que esperar a que entren en celo (simpáticamente representado por unos corazones en la cabeza de las mismas) para que la familia se disponga a aumentar.

Llegado este momento, solo tenemos que seleccionar a uno de los futuros procreadores y dirigirlo a su potencial pareja, para que una vez reunidos, podamos entrar en el “minijuego de reproducción”. Como lo oís. En Viva Piñata, dada su naturaleza accesible para todos los públicos, la cópula propiamente dicha se ha sustituido por unos minijuegos donde controlando a una de las piñatas debemos recorrer un camino rodeado de bombas (sin tocarlas, por supuesto) para llegar hasta su alma gemela (al menos durante ese par de minutos que dura la cópula). Después de este sencillo proceso, que además nos sirve para embolsarnos una pequeña cantidad de dinero, las piñatas se recogerán a su nido (tenemos que habérselo construido nosotros previamente) donde, tras la pertinente danza de cortejo, finalmente pondrán un huevo.

Pero no será tan fácil, no al menos con todas las piñatas. Aunque los Whirlm tiendan a procrear como conejos, otras especies nos saldrán más exigentes. Si bien el que cuenten con un nido donde realizar su danza de cortejo es una condición imprescindible para todas las especies (y que debemos construir específicamente para cada raza, aunque dentro de la misma después pueden usarlo cuantas parejas queramos), descubriremos al hacernos con nuevas piñatas que cada una impone sus propios requisitos, tanto para alojarse en el jardín como para procrear. Que tengamos una determinada parcela con agua, que tengamos determinado tipo de árbol frutal o que se puedan merendar a determinadas piñatas son ejemplos de las condiciones exigidas por algunas de las diversas especies. Al mismo tiempo, cuanto más grandes y más raras sean, más complicado se volverá el minijuego de reproducción.

Si lo hacemos bien, en cuestión de horas pasaremos de tener una par de pequeñas piñatas con forma de gusanos o pajarillos (suelen estar basadas en algún animal) a grandes criaturas con forma de caballos, ciervos o vacas (en total hay unas sesenta especies diferentes). Según vayamos demostrando nuestra pericia con el cuidado tanto de las piñatas como del propio jardín (sembrando semillas de las que germinarán flores, plantas y árboles, regándolas, poniendo vallas, antorchas, estanques, adornos, etc), este irá aumentando en tamaño, recibiremos mejoras de accesorios como la pala (utilísima tanto para trabajar el terreno como para apalear, y nunca mejor dicho, piñatas) y podremos acceder a múltiples nuevos objetos que convertirán nuestro otrora cutrecillo recinto en un zoológico de lo más apañado.

Cerca de nuestro jardín se haya un pueblo con varias tiendas. No lo podemos visitar realmente, ya que nunca llegaremos a salir del cuadrilátero por el que se extiende nuestro jardín, pero sí podemos acceder a cada una de las citadas tiendas desde el menú. En ellas, los excéntricos mercaderes nos venderán desde toda clase de semillas y objetos para el jardín (decoración y nidos) o las piñatas (como los caramelos de enamoramiento, una viagra camuflada que nos ahorra tener que pasar el trámite de cumplir los requisitos de ciertas especies antes de la cópula), por no hablar de que nos podemos incluso hacer con algunas piñatas a golpe de talonario (solo ciertas especies y con el juego ya avanzado). También podemos vender lo que creamos que no necesitamos, o incluso criar piñatas para lucrarnos gracias a ellas. Por otro lado, en el pueblo también podemos contratar a gente para que nos cuide el jardín, ya sea vigilando a las piñatas o regando y cortando las malas hierbas cuando sea pertinente.

Pero no todo van a ser facilidades en este pequeño paraíso. De vez en cuando, aparecerán unas piñatas salvajes de color rojo con el único objetivo de hacer enfermar a las nuestras. Pueden hacerlo atacándolas directamente o soltando en nuestro jardín unos pequeños caramelos amargos que envenenarán a quien se los coma. En caso de que alguna de nuestras piñatas enferme, ya sea por la ingesta de estos caramelos o por otros motivos, podremos llamar a un médico para que las cure previo pago. Lo positivo de esto es que cuando una piñata se “muere” o rompe (quizás lo último sea lo más apropiado), suelta los caramelos que llevaba dentro (no olvidemos que es una piñata), que servirán para alimentar a las demás.
Para añadir algo más de salsa al juego, de vez en cuando también se nospropondrán ciertos retos, como por ejemplo conseguir determinadaspiñatas en un corto espacio de tiempo. De lograrlo, ganaremosexperiencia y seremos recompensados. Más allá de estos desafíos, eljuego carece de una finalidad que vaya más allá de relajarnos cuidandonuestro jardín, lo cual por otro lado es más que suficiente para, degustarnos la propuesta, tirarnos días y más días con él. O inclusovolver de vez en cuando para desconectar de otros títulos donde predomina laacción, la violencia y los guiones (a veces estúpidamente) enrevesados. La excusa ideal para huir de cualquier tópico.Viva Piñata es sinónimo de relax y, como decía al principio, dulzura.
La guinda a este suculento pastel lo pone (como no, tratándose de Rare) el exquisito apartado visual. El juego hace un gran uso del hardware de Xbox 360 para dar vida con lujo de detalle a cada una de las piñatas: su diseño, su pelaje (simulando pequeños trocitos de papel), sus movimientos, sus expresiones… todo en ellas, desde las más pequeñas a las más grandes, es recreado de forma intachable. Los demás personajes (mercaderes y visitantes ocasionales del jardín) también están a la altura, al igual que los cientos de elementos del mundo (agua, hierba, plantas, árboles, construcciones…) que hacen de Viva Piñata un juego donde recrear nuestra vista. Simplemente precioso. La única pega que se le puede poner en este apartado es el evidente popping que se da a menudo en los reflejos del agua. La banda sonora, que salvo algunos temas rockeros se limita a ambientar con tranquilas melodías clásicas, también ofrece un gran nivel. Además, todas las voces del juego, que no son pocas, han sido dobladas al castellano.
En definitiva, Viva Piñata no solo es un juego que supone una oferta muy diferente a lo que solemos ver, sino que además lo hace de una forma excelente. Sus funciones online son meramente anecdóticas (enviar objetos o comparar piñatas) y el hecho de que el jardín tenga sus límites (incluso en su versión más extensa) hará que tengamos que deshacer y reconstruir algunas zonas para hacer sitio a nuevas especies de piñatas (en algunos casos como con el hipopótamo llega a ser casi sangrante). Pero quizás su mayor lastre acabe siendo los prejuicios del jugador que se deje engañar por su estética y no le dé una merecida oportunidad. Porque a pesar de sus defectillos, Rare ha logrado construir una experiencia de juego original, bonita y muy bien pulida. Un verdadero algodón de azúcar que desde aquí os animo cuanto menos a probar.